Papa evitó correr a cura pedófilo
LOS ÁNGELES (AP).— Antes de ser Papa, el cardenal Joseph Ratzinger se resistió a despedir a un sacerdote de California que cometió abusos de menores, revelaron archivos de la Iglesia conocidos ayer. En la misma jornada, se difundió que El Vaticano y responsables de la Iglesia Católica en Canadá intentaron mantener en secreto abusos sexuales contra menores cometidos por un religioso canadiense, amigo del papa Juan Pablo II. En una carta fechada en noviembre 1985, firmada por él, Ratzinger expresó temores sobre las consecuencias que el despido del cura tendría para el “bien de la Iglesia universal” y “el daño que puede provocar en los fieles de la comunidad de Cristo, considerando la corta edad” del sacerdote en cuestión, Stephen Kiesle, quien tenía en ese momento 38 años. La correspondencia, obtenida por The Associated Press, representa la mayor refutación hasta el momento a la posición de la Santa Sede de que Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI, no trató de impedir el despido de sacerdotes pedófilos cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. La carta, en latín, forma parte de la correspondencia entre la diócesis de Oakland, California, y la Santa Sede sobre la propuesta de despedir al reverendo Stephen Kiesle. El Vaticano confirmó la firma de Ratzinger en la carta, pero se negó a hacer declaraciones sobre su contenido. “La oficina de prensa no cree que sea necesario responder a cada documento sobre situaciones legales que es tomado fuera de contexto”, dijo el reverendo Federico Lombardi. La diócesis recomendó remover a Kiesle en 1981. El caso estuvo en lista de espera por cuatro años en el Vaticano hasta que Ratzinger respondió al obispo de Oakland, John Cummins. Pasaron dos años más para que Kiesle —condenado en 1978 a tres años de libertad condicional por abusar de dos jóvenes— fuera expulsado del sacerdocio. En su carta, Ratzinger dijo que los argumentos para expulsar a Kiesle eran de “grave importancia”, pero afirmó que se requería una evaluación cuidadosa y más tiempo. En Canadá Los medios locales señalaron que en una carta de febrero de 1993, el ya fallecido obispo canadiense Joseph Windle escribió al entonces nuncio apostólico en el país, reverendo Carlo Curis, que estaba intentando “a toda costa” que no se hicieran públicos los abusos de monseñor Bernard Prince. La misiva se conoce luego de que fuera presentada esta semana como posible prueba en una demanda civil de varias víctimas de abusos contra la diócesis de Pembroke, en Ontario. En la carta, el obispo Windle también recomendaba que el Vaticano no promoviera a Prince para evitar que las víctimas de abuso —que estaban dispuestas a no denunciar al religioso por “ser de origen polaco”— abandonaran su silencio. “Las consecuencias serían desastrosas no sólo para la Iglesia canadiense sino para la Santa Sede”, afirmó entonces. Según la prensa canadiense, Prince era amigo de Juan Pablo II y en el momento en el que Windle escribió la carta acababa de ser enviado al Vaticano para ocupar un puesto relacionado con sociedades misioneras.
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