ESPECIAL ![]() Satán está en México. Mezclado con otras creencias, oculto en la ambición de todo tipo de personas -políticos, artistas, hombres de negocios, narcotraficantes, policías-, el satanismo deja su huella en crímenes rituales -con mutilaciones de personas y sacrificios de animales- que las autoridades judiciales suelen atribuir con ligereza a simples ajustes de cuentas del narcotráfico o a la saña de algún desequilibrado mental. El Instituto Cristiano de México se dedicó a seguir la marca de la pezuña hendida y la encontró en las grandes ciudades del país así como en los estados del norte
Rodrigo Vera “En México, el satanismo no es una religión autóctona. Es una religión importada de Estados Unidos y Europa que cobra popularidad más recientemente con la globalización". Tal es una de las conclusiones del estudio La clasificación del satanismo en México, elaborado por el Centro de Investigación del Instituto Cristiano de México (ICM). Actualizada en septiembre pasado, la investigación señala que en los últimos 12 años ha habido un "resurgimiento" del satanismo en algunos países europeos, en Estados Unidos y México. Precisa: "En México se ha detectado mayor incremento en los estados de Nuevo León, Tamaulipas y Chihuahua. Así mismo, en el sureste mexicano y en zonas de la costa donde se sincretiza con otras creencias de sustrato ocultista. Las grandes ciudades, como el Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey, han visto un incremento de todas las clasificaciones de satanismo, aunque, en general, su práctica continúa siendo marginal, relativamente hablando". Así lo define:
Y aclara que esta religión tiene raíces judeocristianas, al igual que la católica: "La deidad, en este caso, se toma de la tradición judeocristiana clásica que representa a Satanás como una figura que encarna el Mal Absoluto en oposición a Dios, representación del Bien Absoluto". Según el estudio, en México hay cuatro tipos de satanismo: de iniciación informal, comercial-religioso, satanismo no tradicional y, por último, el tradicional, más elaborado y en el que ya se practican las llamadas misas negras. Sobre el primero, refiere:
Aunque este primer nivel "no es muy elaborado", dice, constituye "un peldaño" para que los jóvenes mexicanos se muevan más allá del "discurso contracultural" y de los "pequeños actos vandálicos". Con la ley o con el crimen Respecto del satanismo "comercial-religioso" en México, el estudio plantea: "Las prácticas en este nivel tienen un énfasis más litúrgico y centrado en el estudio de textos y en la asistencia a un edificio o local, definido como templo o iglesia satánica (...) En México, el satanismo comercial-religioso es marginalmente popular en círculos de artistas y entre algunos personajes de la política, o en personas con poder adquisitivo en búsqueda de poderes sobrenaturales para atraer dinero, éxito sexual, o causar maldiciones a rivales". Estos grupos "procuran no violar las leyes penales y civiles", pues esto podría afectar "sus intereses" y su "imagen pública". De ahí que sus prácticas satánicas sean muy discretas y con cierto tinte snob. Por lo general, hacen una trasplantación en México de la "cultura hedonista" estadunidense. Fue precisamente en Estados Unidos, en la ciudad de San Francisco, donde se erigió la primera Iglesia de Satanás, fundada por Anton Szandor La Vey en 1966 y protegida por las leyes de ese país. Es un satanismo más institucionalizado y fuertemente influido por la mercadotecnia, pues "para ganar popularidad y legitimidad social se comercializa y anuncia como un producto o franquicia. Sus logotipos y materiales se encuentran bajo copyright y se vende el derecho de membresía en 200 dólares, asegurando absoluta confidencialidad".
Además, la dinámica de estos grupos "es poco predecible, por el rígido control que ejerce el líder principal o sumo sacerdote", así como por el "sistema de complicidades mutuas que tienden a desarrollar sus miembros". En la familia El "tradicional" es el cuarto tipo de satanismo detectado en México, y una de sus principales características es que se transmite generacionalmente a través del núcleo familiar:
En la clasificación del satanismo en México se explica que los sacrificios humanos son comunes debido a que "entre mayor sufrimiento tenga la víctima, se libera más energía, de la cual el satanista se apropia para transformarla en poderes sobrenaturales. Al mismo tiempo, la crueldad es la antítesis de la compasión y, por ende, entre más sufrimiento se ocasiona, se complace más a la deidad del culto, en este caso Satanás, quien recompensará a sus seguidores".
La policía judicial mexicana, dice, ignora los tipos de homicidios, de mutilaciones y de abusos sexuales de los grupos satánicos. Y expresa convencido:
Desde hace años, el avance de los grupos satánicos tiene en alerta a la Conferencia del Episcopado Mexicano. En 1997, el entonces secretario general de este máximo organismo de la cúpula eclesiástica, Ramón Godínez Flores, advertía:
Por su parte, la investigadora Pilar Salamullana, en su libro Sectas satánicas, documentó las operaciones en México de dos sectas satánicas: los Hijos del Fuego y Santería Cristiana. Los integrantes de la primera -que opera también en Estados Unidos y Francia- se distinguen porque adoran a Lucifer mediante la invocación a los difuntos, las prácticas sexuales y los tatuajes del número 666 en el pecho. A la segunda secta, cuyos líderes fueron Adolfo de Jesús Constanzo y Sara Villarreal -conocida como La Doncella de Satán -, se le descubrieron dos capillas en el rancho Santa Elena, en Matamoros, Tamaulipas, y ocho centros en la Ciudad de México. En éstos se encontraron huellas de sus rituales: altares, velas, carne humana cortada en rodajas, vasijas con cerebros humanos, cabezas de cabra y plumas de gallina. Los adeptos de ambas sectas, se dice, son narcotraficantes mexicanos y estadunidenses que, además, practican el canibalismo, la magia negra y el vudú.
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