Dios te salve

Javier Betancourt

Anda circulando un correo electrónico esparciendo el rumor de que autoridades eclesiásticas intentaron boicotear la exhibición de Dios te salve (Conspiracy of Silence; Reino Unido, 2003), una cinta que aborda la cuestión del celibato y denuncia el silencio de la Iglesia en torno a la epidemia del sida dentro de la institución misma.

Si la hablilla tuviera fundamento, entonces el ala ultra conservadora habría aprendido muy bien la lección de El padre Amaro -el anónimo autor mismo del correo lamenta ingenuamente que no se haga igual alharaca que entonces, y exactamente como en la película, más vale no hacer ruido y no darnos por enterados.

Lo cierto es que Dios te salve, escrita y dirigida por John Deery, y cuyo guión fue premiado por la International Screenwriting Awards (Hartley-Merrill), acomete la difícil tarea de denunciar y discutir asuntos tabú de la Iglesia sin sensacionalismo. Independientemente de la cuestionable imposición, tardía, del celibato a los ministros de la Iglesia, un argumento estadístico adquiere un peso enorme para el espectador: en los últimos 25 años, más de 100 mil sacerdotes han renunciado a su ministerio.

Los seminarios se hayan cada vez más desiertos. Luego de un confuso preámbulo en el que un cura que se atreve a denunciar, durante un concilio del Vaticano, que en la Iglesia hay religiosos muriendo de sida, es severamente reprimido; la historia, situada en la católica Irlanda de hoy en día, se desarrolla primero en uno de esos seminarios de pocas vocaciones y menos tolerancia. Las manos del religioso con la leyenda pintada, "La Iglesia muere de sida", pegadas desesperadamente al cristal de la limusina que lo lleva forzadamente al aeropuerto, permanece como la imagen más impactante de la película.

Dios te salve nunca se aparta de su tesis: homosexuales o heterosexuales, la exigencia del celibato asfixia a muchos curas, como lo vemos tan seguido en la prensa en relación a los escándalos de abuso sexual. El objetivo de Deery es plantear la controversia, aunque el primer incidente se desarrolla en el ambiente del seminario, cargado de testosterona, donde algunos seminaristas juegan deportes rudos y después planean con quién van a pasar la noche, la intriga salta pronto los muros del seminario hacia la vida familiar y la sociedad irlandesas.

Sorprendido al salir de la habitación de un compañero, Daniel (Jonathan Forges) es injustamente expulsado del seminario por el autoritario rector; paralelamente, Sweeny (Patrick Lynch), el sacerdote reprimido en el concilio del Vaticano, se suicida. David Foley (Jasón Barry), reportero del periódico local, conecta los dos incidentes y decide sacar a la luz el asunto. El grupo conservador en torno al obispo recurre a prácticas mafiosas, tratando de evitar el escándalo a toda costa.

"Los sacerdotes no pueden negar su sexualidad, gay o lo que sean", declara uno de los sacerdotes amigo del suicida y de su pareja, otro exreligioso. Deery establece la controversia desde el interior mismo de la Iglesia, en Dios te salve abundan personajes eclesiásticos que cuestionan el celibato y se debaten contra la injusticia de la constante "conspiración del silencio" -como reza el título en inglés de la cinta-. También dirige al espectador hacia el conflicto de la orientación heterosexual de Daniel, tan convencido de su vocación religiosa como enamorado de su novia.

Filmada en un estilo directo y realista, sin efectismos, que recuerda la primera etapa de Neil Jordan, Dios te salve expone el dilema de una sociedad auténticamente católica expuesta a la doble moral y al prejuicio de dogmas contra la sexualidad, que condicionan la vida auténtica de su fe.

 

Fuente: Revista Proceso
Número 1526
29/01/2006