Bajo el yugo de la Luz
Por Béla Braun
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Secta usa
celebración anual del 14 de agosto para traficar con
indocumentados centroamericanos a los Estados Unidos
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Dice tener
millones, pero el Censo de Población indica que no llega a
los 200 mil miembros.
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Nexos con el PRI
protegieron a su máximo líder, acusado de abusar sexualmente
a niñas.
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Cómo se vive hoy
en la colonia Hermosa Provincia, una narrativa
actualizada.
Publicado originalmente en Revista Picnic, Mayo de 2005.
“EL PUEBLO DE DIOS”
En la Guadalajara católica
sobran los dedos que amablemente le señalen al viajero y al curioso el
camino más directo para llegar al “Pueblo de Dios”.
—Sigue la avenida Hidalgo
hasta donde termina y por ahí preguntas—dice una voz amable,
corroborando la fidelidad de una instrucción previa.
Hidalgo atraviesa la ciudad
en sentido poniente-oriente. Al cruzar Calzada Independencia el paisaje
comienza a transformarse tan gradualmente que cuando uno está ya bien al
oriente, apenas y recuerda la belleza lenta y calurosa del centro, o de
la avenida Chapultepec. Ya no es esta la ciudad de antiguas casonas de
esplendor renovado, alzadas soberbias al paso de arboladas avenidas de
camellón; las plazuelas y los parques, los monumentos históricos y las
iglesias magníficas han quedado bien atrás. Este es el dominio de las
callejas oscuras y estrechas, de las escasas avenidas anchas y
descuidadas, de las casas cuyas paredes, coloreadas más por el trazo
juvenil del aerosol que por la brocha gorda, se desmoronan lentamente
conforme el suelo vibra bajo el tránsito pesado.
Guiados por nuevos dedos
índices, los visitantes encuentran pronto la calle que conduce a la
entrada principal de la colonia Hermosa Provincia y muy pronto el
paisaje ha cambiado radicalmente y es obvio que ya se está ahí.
No es el discreto monumento
al fundador de la Luz del Mundo, Aarón Joaquín, lo primero que llama la
atención; tampoco son las casas uniformemente pintadas de azul y blanco;
ni las calles radiales con nombres hebreos que confluyen en la Glorieta
Central; ni siquiera es el enorme templo, postal inevitable de la
Guadalajara moderna, increíblemente ostentoso e imponente lo que primero
indica a los visitantes que ya se está en la mítica colonia sede de la
secta: son las mujeres y sus faldas absolutamente largas y su ropa que,
pese al calor, cubre cada resquicio de piel bajo el cuello y son sus
caras sin maquillaje lo primero en evidenciar que se ha entrado a un
pequeño mundo dentro del mundo, a una ciudad en miniatura dentro de una
gran ciudad.
Una vez ahí, los visitantes
abandonan el automóvil en la calle de Jericó: es imposible seguir
adelante a menos que se proceda a pie.
La tarde pierde la batalla
lentamente y, blandiendo los últimos rayos del sol, cae frente a una
noche que se anuncia silenciosa, espectral.
Todo es distinto aquí. Las
casas, que arquitectónicamente no se distinguen del resto de las
improvisadas construcciones populares de las afueras de Guadalajara,
poseen una imagen distintiva. Como ya se dijo, todas son azul y blanco,
pero además, varias de ellas están decoradas con motivos religiosos y
muchas veces en el camino los curiosos verán la consigna: “Feliz
cumpleaños SJF” inscrita con diamantina en el centro de un corazón de
unicel. Desde cualquiera de las calles confluentes se advierte el templo
de 60 metros de altura, sede mundial de la Iglesia del Dios Vivo,
Columna y Apoyo de la Verdad, La Luz del Mundo, o simplemente la Luz del
Mundo. Su iluminación amarillenta y la antena en cuya punta brilla una
luz roja intermitente para ahuyentar a los aviones hacen que la
construcción, ya de por sí monumental, se imponga en el medio de una
noche incipiente y silenciosa. Es una extraña sensación de irrealidad la
que provoca el paisaje. Absortos en él, los forasteros han pasado por
alto un detalle que ahora, de súbito, como cuando se despierta de un
sueño para resurgir en otro, se hace notorio: todo el tiempo ha estado
sonando entre las calles de la colonia un canto angélico que parece
pertenecer al ambiente, ser generado espontáneamente y esparcido por el
viento. Pero no son los ángeles los que entonan esos himnos: el sonido
proviene de bocinas distribuidas por toda la Hermosa Provincia. Los
altavoces están protegidos por una estructura metálica que los resguarda
del robo o del vandalismo, actos, por cierto, poco imaginables en un
lugar donde cada acto y cada pensamiento parecen estar vigilados en todo
momento.
No son ángeles, pero tampoco
es música grabada lo que suena entre las calles de la Hermosa Provincia.
Se trata del servicio nocturno amplificado sistemáticamente para llevar
“la palabra del Señor” a cada resquicio de este “Pueblo de Dios”,
término con que más de una vez los visitantes habrán de escuchar a los
pobladores referirse a sí mismos, dándole a la palabra pueblo una
doble connotación: lugar y grupo de gente.
Una vez en el centro de la
colonia, es decir, en la Glorieta Central, donde el inmenso templo se
alza rumbo al cielo, el asombro de los curiosos crece. Las casas que dan
a esta glorieta distan mucho de ser las modestas viviendas donde los
albañiles, los obreros, las sirvientas, los carpinteros y las enfermeras
técnicas viven sus vidas casi privadas: se trata de casas de dos o tres
pisos en cuyos frentes hay jardines y fuentes, y en cuyas fachadas
pueden leerse pasajes bíblicos o alabanzas; diseños estrafalarios,
balcones de aluminio, enredaderas, dibujos con escenas pastoriles y
detalles diversos de un mal gusto ecléctico y ostentoso hacen a los
visitantes preguntarse ¿quiénes viven ahí? La pregunta no tendrá una
respuesta clara ni monolítica.
—Gente que, gracias a Dios,
ha prosperado. Gente de la Iglesia—dirá Samuel Martínez, un hombre en
sus cuarenta, “obrero” de esta misión evangelizante perpetua que es la
Luz del Mundo, quien habrá de interceptar a los curiosos para hablarles
de la palabra del Señor, en el interior del templo.
UNA CASA PARA EL ALTÍSIMO
La mayor parte de los
asistentes a ese servicio vespertino abandonan el templo en unos cuantos
minutos. Aprovechando la circunstancia, los extraños se aventuran en un
movimiento inverso para conocer el interior de la construcción. Si por
fuera el edificio se distingue de cualquier otra sede religiosa por su
opulencia rebuscada, su peculiar simetría, su carencia de líneas rectas
y su estructura de bases superpuestas que se estrechan una sobre la otra
mientras ascienden, provocando precisamente la ilusión de elevación, por
dentro el espectáculo es todavía más extraño.
Las bancas de madera oscura
alargadas donde la congregación hace lo propio se distribuyen en dos
secciones: las mujeres se sientan a la derecha y los hombres a la
izquierda. Luego, en un segundo nivel, a la manera de gran teatro, se
localiza la segunda sección de butacas, donde se sientan las jovencitas;
más arriba, en el tercer nivel que desde abajo luce imposible por lejano
y oculto, se sientan los jóvenes varones.
Como es de esperarse no hay
imágenes religiosas dentro del templo. La iconografía se limita a las
trompetas y las alas; el colorido interno redunda en el naranja, el
café, el dorado, el amarillo y algunos otros tonos sobrios y oscuros que
contrastan con el mármol del frente del templo, donde se localiza el
púlpito y el espacio para el coro regular.
¿Cómo fue que lograron los
visitantes llegar tan lejos? Eludiendo sin querer la vigilancia estrecha
a la que son sometidos los curiosos que día a día y con distintas
intenciones se acercan a conocer este lugar de fantasía sórdida.
Atraídos por un sonido fuerte
similar a un balido, cuyo eco revienta entre las curvas paredes
interiores del templo, los extranjeros avanzan con timidez hacia el
frente, donde finalmente son interceptados por Samuel Martínez, quien
se convertirá en guía y predicador obligado, custodio y amable vigilante
de sus dudas y de sus movimientos.
—Esa es la forma en que
tratamos de agradarle al Señor. Hay que expresar las cosas
sentidamente—explica Samuel para dar respuesta a una pregunta sobre el
origen del misterioso llanto.
Arrodillado a cinco metros de
los forajidos, un hombre moreno y delgado con escaso cabello y
vestimenta humilde y sobria entrelaza los dedos frente a su cara
mientras ofrece su “sentida súplica” a Dios. Como posteriores visitas al
templo habrán de confirmar, es ésa la manera en que los devotos miembros
de la Luz del Mundo se dirigen a su Señor. El llanto parece validar la
autenticidad de la oración. Sin embargo, se trata de un llanto sin
lágrimas y sin pañuelos desechables. El hombre arrodillado termina su
oración y se levanta tan tranquilo, sin señales visibles de haber
llorado; rápidamente alcanza a una mujer en el pasillo y juntos se
dirigen a la salida.
Samuel invita a los curiosos
a sentarse “un momento” para proceder con una de las obligaciones
básicas de cualquier “obrero” (categoría más baja dentro del cuerpo de
predicadores de la LDM): hablar de la palabra del Señor.
En visitas subsecuentes, los
curiosos comprobarán que las citas bíblicas con que los obreros explican
su comportamiento y su peculiar forma de vida son casi siempre las
mismas. Los más avezados las recitan textualmente, los otros las
reproducen conforme su memoria se los permite e improvisan o adaptan el
resto al mensaje que quieren dar.
A las afueras del templo, de
día y de noche, hombres y mujeres montan guardias para interceptar a los
múltiples visitantes. El trabajo parece cumplir dos propósitos: acercar
a los curiosos a la doctrina de la LDM y cerciorarse de que no perturben
el orden o indaguen más allá de lo bien visto.
Distraídos durante la prédica
de Samuel Martínez, los visitantes escudriñan con la mirada cada rincón
del templo. Les llama particularmente la atención el trono plateado que
se sitúa justo bajo la parte más alta del templo.
—Ahí sólo se sienta el Siervo
del Señor—aclara Samuel Martínez para aplacar la curiosidad de sus
escuchas.
El Apóstol de Jesucristo
oficia algunos servicios al año desde ese trono: el 14 de febrero, día
de su cumpleaños, y el 14 de agosto, cumpleaños de su padre Aarón, el
fundador de la iglesia, fechas máximas en el calendario litúrgico de la
organización, son las únicas ocasiones en que es seguro que asista. La
mayor parte del resto del año ese sitio permanece vacío, y los
oficiantes regulares deben conformarse con un pequeño púlpito colocado a
la izquierda de la congregación.
Desde la perspectiva del
privilegiado, son las mujeres quienes están a la izquierda. Además,
detrás de él hay un espacio amplio de butacas azules que normalmente
permanecen vacías, pero que en ocasiones especiales, dice Samuel
Martínez, son ocupadas por los miembros del coro, quienes con voces
celestiales cantan al oído del Apóstol.
LA IMAGEN DEL REBAÑO EN EL
MUNDO DE LOS EXTRAVIADOS
Para el profesor Raymundo
Martínez, de 50 años, quien trabaja en una escuela marista de
Guadalajara, “la Iglesia de la LDM ha dado tema de conversación para los
tapatíos desde hace mucho; los pertenecientes a esta secta se
distinguen, en el caso de las mujeres, por su forma de vestir, que es
muy típica, y los hombres, por ser gente muy trabajadora y muy
confiable; son excelentes trabajadores en la construcción, como obreros,
como zapateros, eso los distingue del resto”.
Este testimonio concuerda en
esencia con el de la mayoría de los entrevistados tapatíos, quienes
opinan que al interior de la secta se ejerce tanto control sobre los
miembros que éstos acaban por adoptar formas de comportamiento que no
les son comunes a la generalidad de los mexicanos.
Son bien conocidas las
restricciones que la jerarquía de la iglesia impone a sus fieles: las
mujeres deben vestir “honestamente”, abstenerse de usar pantalones o
faldas cortas, maquillaje o joyas; ni hombres ni mujeres pueden beber
alcohol, fumar, o consumir cualquier tipo de droga; son mal vistos el
juego, el baile y cualquier distracción de carácter “mundano”. Y aunque
no es una regla escrita, es evidente que el control de la natalidad
tampoco se ejerce al interior de la secta, pues el número mínimo de
hijos reportado por algún entrevistado para Picnic es de cinco.
De hecho, la mayor parte de los miembros de la iglesia con quienes se
habló tenían siete hijos.
Además, se ha documentado que
la asistencia al templo es obligatoria varias veces por semana para
todos los miembros.
Pero hay otros temas que
desde hace mucho incentivan las conversaciones entre tapatíos sobre la
LDM.
Recuerda Raymundo Martínez:
“Los primeros comentarios que escuché sobre Samuel Joaquín Flores eran
sobre el ejercicio del derecho de pernada. No fue una sorpresa cuando
ocurrió el escándalo de 1997. Fue como corroborar lo que ya se decía
desde antes”.
Fernando M. González ha
documentado que en el año 1942, el diario El Occidental, de
Guadalajara, publicó una nota en la que se denunciaba que el fundador de
la Luz del Mundo, Aarón Joaquín, padre del actual líder, había abusado
sexualmente de una joven de 16 años. Según fuentes al interior de la
iglesia, a consecuencia de dicha relación nació Abel, hijo ilegítimo de
Aarón Joaquín, quien después fue reconocido y registrado legalmente por
su padre para evitar que el escándalo creciera.
Tras la publicación en 1997
de diversos testimonios que involucran a Samuel Joaquín Flores en el
abuso sexual de menores de edad de ambos sexos, la imagen de la iglesia
se ha vinculado estrechamente con ese hecho. A consecuencia de ello, la
jerarquía de la LDM ha procurado mantener un sistema de comunicación
abierto con los medios masivos y con los curiosos en general. Ejemplo de
ello son los desplegados publicados en los diarios de Guadalajara en los
que aparece Samuel Joaquín durante la Santa Cena (cada 14 de agosto)
acompañado por gobernadores, ex gobernadores, alcaldes y miembros
distinguidos de la sociedad tapatía. Sin embargo, el Siervo de
Jesucristo jamás ha concedido una entrevista a los medios.
EL ABOGADO DEL APÓSTOL
La oficina de Orestes Sánchez
es básicamente discreta. Se ubica en un edificio inadvertido de la
colonia Tabacalera, en el Distrito Federal. Desde ahí, el abogado
especialista en derecho eclesiástico recibe a los medios de comunicación
que, como éste, se interesan por recoger la versión oficial de la
iglesia de la Luz del Mundo sobre temas diversos.
Orestes defendió a Samuel
Joaquín Flores de las acusaciones de abuso sexual que varios ex miembros
de su iglesia presentaron infructuosamente en la Procuraduría de
Justicia del Estado de Jalisco.
Se acude a este sitio con la
intención de saber sobre los fundamentos teológicos y la organización
jerárquica, económica e institucional de la LDM. Siempre dispuesto a
responder a las inquietudes del reportero, Orestes Sánchez, de mirada
juguetona y triste, aspecto vivaracho y hábil con las palabras, atiende
a cada pregunta como lo hacen todos los miembros de la secta, con
múltiples referencias bíblicas.
Respecto a la fecha de la
fundación de la LDM, por ejemplo, Sánchez argumenta:
—La
Iglesia cristiana remonta sus orígenes a la muerte de Jesucristo y a la
manifestación del Espíritu Santo. El día que desapareció el último de
los apóstoles, desapareció la Iglesia fundamentada en el principio de
los apóstoles. Para nosotros, en el año de 1926, el llamamiento por Dios
del hermano Aarón [al apostolado] da principio a la restauración de la
primitiva Iglesia Cristiana.
—Aarón
Joaquín, para ustedes, ¿es un apóstol?
—Es
apóstol. El es llamado al ministerio del apostolado y lo ejerce de 1926
a 1964.
— ¿Cómo fue llamado al apostolado?
—Voy a poner el ejemplo del
apóstol Pablo. Él no conoció a Cristo. Camino a Damasco iba persiguiendo
a los cristianos cuando el Señor se le presenta y lo llama al
apostolado. Para nosotros la prueba es el sentimiento religioso
manifestado en nuestro corazón y aceptado precisamente por la
predicación del hermano Aarón. No hay elementos objetivos o señales
evidentes. La señal más palpable es la predicación del Hermano Aarón.
El 6 de abril de 1926 él
sintió el llamamiento de Dios y a partir de entonces se dedicó al
apostolado. A partir de 1926 se dio el primer diálogo entre el hermano
Aarón y Cristo—concluye.
De tal diálogo surgió el
actual imperio religioso con presencia en 38 países, de los cuales
Estados Unidos, El Salvador y Colombia son los que más adeptos reportan
a la secta. Pero fue Samuel Joaquín, hijo del fundador y no éste quien
llevó al grupo a tal expansión. Además de él, existe un consejo de cinco
obispos con poder de decisión y 12 ministerios.
Las cifras oficiales, es
decir, las aportadas por la jerarquía de la Luz del Mundo, hablan de una
membresía de un millón y medio de personas en México y cinco millones en
todo el mundo. Esta cifra se ha reproducido en los medios de
comunicación desde hace años de manera automática. Sin embargo, de
acuerdo con cálculos del antropólogo Elio Masferrer, para llegar a los
cuales consideró el número de templos de la secta y su capacidad, así
como el número de ministros de culto registrados, es imposible que la
LDM cuente con más de 250 mil miembros en México. Pero el Censo General
de Población y Vivienda 2000 deja la cifra aún más abajo.
Se hace necesario plantear la
pregunta: ¿de dónde provienen los recursos para mantener y ampliar la
estructura de la iglesia? Ni el estilo de vida de su líder (quien a
decir de sus representantes nunca se sabe dónde está, pues viaja
constantemente a todos los países donde tiene presencia la iglesia), ni
las características operativas del grupo religioso podrían entenderse
con una feligresía de ese tamaño. Por ejemplo, según Orestes Sánchez, el
año pasado la zona centro, que comprende a los estados de México,
Querétaro, Morelos, Tlaxcala, Puebla y al Distrito Federal reportó un
remanente de alrededor de 240 mil pesos. Esto significa que, tras
descontar los gastos de mantenimiento y pago de servicios de los
templos, así como los sueldos de los empleados y los ministros de culto
y otros gastos administrativos, la zona central del país, que a decir
del propio Orestes Sánchez no es la que más fieles aporta a la LDM, fue
capaz de reunir casi un cuarto de millón de pesos en un año de
actividad.
Si las cifras sobre la
feligresía de la iglesia están infladas, como aseguran diversos
académicos, las cuentas reportadas son por lo menos sospechosas.
SUCESIÓN POR CONVENCIMIENTO
Tras el “llamamiento por
Dios” de Aarón Joaquín, en 1964, su hijo Samuel ocupó el poder. ¿Quién
lo nombró? El mismo que habrá de nombrar al sucesor de Samuel cuando
éste muera: Dios. Al menos eso afirma Orestes Sánchez, quien argumenta:
“Para nosotros el llamamiento
de los siervos de Dios es una facultad exclusiva de Dios. En su momento
oportuno él se encargará. Si a él le place manifestar a un continuador
así será. Yo tengo un sentimiento religioso. Dios me lo hará sentir y se
lo hará sentir a todos para que todos consientan en el sucesor”. Y a
pregunta expresa sobre los posibles sucesores, el representante legal y
mediático de la LDM va más allá:
“Yo no creo que el que
continúe al frente de la Iglesia sea uno de los hijos de Samuel
Joaquín”. Y asegura que aunque cuatro de los cinco hijos varones del
Siervo de Jerusalén son ministros de la secta, será el consejo de
obispos y los representantes legales de la Luz quienes en su momento
comunicarán a la Secretaría de Gobernación quién habrá sido elegido por
el Altísimo para continuar “la misión apostólica”.
DE VUELTA EN LA PROVINCIA
Ya una hora antes de que
inicie el servicio de las cinco de la tarde en la sede mundial de la Luz
del Mundo, en Guadalajara, un coro mixto ha comenzado a preparar el
ambiente en la Hermosa Provincia. Al igual que el día de la primera
visita, los altavoces reproducen los cantos que de tan perfectos parecen
salidos de un disco compacto bien producido.
Mientras tanto, los
visitantes toman asiento en una de las bancas que rodean al templo. Los
niños juegan, uno de ellos persigue implacablemente a un perro callejero
y lo golpea con una vara ante la mirada impasible de su piadoso padre.
Las niñas y las
preadolescentes aprovechan los pocos años de sus vidas que podrán
prescindir de las enormes faldas; poco a poco los feligreses se van
aproximando al templo y lo van llenando: hombres a la izquierda, mujeres
a la derecha. Algunas de ellas portan con “honestidad” largas faldas
ajustadas a la cadera que permiten adivinar, al menos en lo general, la
forma y la consistencia de sus cuerpos. Al parecer, con el tiempo las
mujeres de la Hermosa Provincia han sabido adaptar los estrictos
lineamientos sobre su atuendo a su inherente vanidad. Quizá por ello
pululan en la Hermosa Provincia las modestas boutiques donde se ofrecen
las faldas (a veces un poquito abiertas, hasta la altura de la
pantorrilla), las blusas y los velos con que están obligadas a asistir a
la “casa del Señor”.
Para los visitantes el
espectáculo sigue siendo tan asombroso como en el primer encuentro.
Llama la atención el Huerto de Getsemaní, con su aviario y sus leones de
piedra; también el Centro Cultural, donde se encuentra una librería que
ofrece revistas de la Luz del Mundo pésimamente editadas en países como
Colombia o México, además de videos, postales, historietas religiosas,
gorras, playeras, fotografías de Samuel Joaquín y todo tipo de
recuerdos. Ahí, los visitantes advierten un letrero amenazante:
“Hermano, se te recuerda que este local cuenta con cámaras de seguridad.
Evítanos la pena de tener que exhibir tu fotografía”, mediante el cual
se pretende disuadir a cualquier posible ladrón, “porque el 14 de agosto
viene muchísima gente y no se les puede vigilar a todos”, aclara la
encargada del local, una joven despreocupada que repite las frases como
Apóstol de Cristo o Pueblo de Dios con naturalidad y despreocupación.
Se ha escrito antes y se
corrobora en esta visita que la Hermosa Provincia es una “comunidad
total”, donde se puede nacer, crecer, educarse, trabajar y morir sin que
sea necesario salir al mundo real.
Clínicas, escuelas, registro
civil, deportivos, café internet y cementerio: todo alrededor del
gigantesco templo, que permanece ahí como eterno recordatorio de la
pertenencia a una comunidad de elegidos, con sus muchas obligaciones y
bajo la promesa de la vida eterna.
Después de dar un par de
vueltas alrededor del templo, los visitantes se sientan a escuchar los
cantos celestiales: “Te amamos, ¡oh, Samuel!, por todo lo que nos das”,
dice una de las estrofas. Y como ése, todos los himnos que se escuchan
por los altavoces distribuidos en la Hermosa Provincia, al menos todos
los que suenan esa tarde cálida de domingo, son alabanzas a Samuel
Joaquín Flores.
De pronto las voces
celestiales ceden su lugar a una horrenda voz que lloriquea con falsedad
notoria anunciando, se infiere, el inicio del servicio esperado.
Los visitantes se levantan,
pues, y caminan hacia el interior del templo. Pero, ahora sí, una mujer
de vestimentas honestas los intercepta y, amablemente, los conduce con
otra, más rechoncha y chapeada, quien les da la bienvenida y los lleva
adentro. Tras dar algunas explicaciones concisas, la mujer sitúa a los
forasteros en la última banca, como a 40 metros del púlpito donde un
pastor de nombre desconocido para la guía (“es que vienen del DF o de
otras partes y no los conocemos a todos”) emite lances amenazantes
acerca de la ira de Dios y da pie a la intervención de los fieles que
esa tarde, según se advierte, han acudido a la casa de Dios a ofrendarle
lo único que puede tener algún valor para él: el llanto, la alabanza, la
lectura de algún pasaje del Antiguo Testamento o un himno.
Todo el tiempo que los
incómodos visitantes observan el servicio son observados también por una
mujer que monta guardia detrás de ellos. Cuando la mujer se cansa o se
va para atender otros asuntos, su lugar es rigurosamente tomado por otra
mujer de igual aspecto institucional. Al mismo tiempo, desde las afueras
del templo un hombre de traje azul, muy similar al que usaría un
guardaespaldas o un miembro de algún equipo de seguridad privada
empresarial, vigila sin discreción las miradas indiscretas de los
extraños.
Toca el turno a un joven
varón que desea expresarle a Dios su agradecimiento a través de una
alabanza. El procedimiento es curioso: el hombre toma el micrófono y,
tras agradecer al pastor y pedir oración por el Siervo de Dios, comienza
un relato del Antiguo Testamento. Grita, llora, conduce su relato hasta
un punto de dramatismo exacerbado y, cada dos o tres palabras, es
interrumpido por un “¡Gloria al Señor!” emitido por el oficiante y
confirmado por la mujer que monta guardia detrás de los visitantes con
un “sí, amén” que suena como un “sí, pues” norteño.
Después de tanto sufrimiento,
de tanta ira y de tanto temor a Dios, los visitantes deciden que es
tiempo de salir. Son seguidos por la mujer regordeta que,
irremediablemente, comienza a hacer aquello para lo que está entrenada:
“Dice la palabra del Señor…”
Media hora después los
visitantes merodean los alrededores del templo. Observan la placa
conmemorativa de la fundación del mismo y leen en voz alta su contenido
para que quede registrado en la pequeña grabadora que llevan oculta.
Apenas se oye el clic del stop, una presencia se deja sentir en
forma de un ligero escalofrío en la espalda: aquel hombre de traje azul
observaba la escena tan de cerca y tan sigilosamente que se ha percatado
de la maniobra reporteril. Su silencio incómodo y su mirada amenazante
son una buena señal de que hay que salir de ahí pronto y dejarle al
Pueblo de Dios lo que le toca.
FE CIEGA
En una semana de estancia en
Guadalajara el reportero ha podido hablar con varios miembros de la Luz
del Mundo. Llama la atención que responden igual a las mismas preguntas,
lo que indica que saben siempre qué responder porque están entrenados
para hacerlo. El repudio por Ricardo Rocha y los otros periodistas que
desvelaron la verdad tras la misteriosa figura de Samuel Joaquín Flores
es evidente. El tema de los abusos es recibido siempre con la misma
respuesta: “mentira, difamación, obra del diablo, calumnias…”
Interesado en saber más sobre
cómo se vive al interior de la comunidad de la LDM, el reportero
contacta a Lorenzo Núñez, un albañil que pertenece a la secta desde hace
20 años. Núñez vive en la colonia Lagos de Oriente, vecina de la Hermosa
Provincia y de las otras colonias dominadas por la LDM. Se casó con una
“hermana” de la iglesia con quien engendró a siete hijos, la menor tiene
12 años y la mayor, 23.
Los motivos por los cuales
Lorenzo se dejó convencer por los predicadores de puerta en puerta para
acercarse a la Luz del Mundo y rebautizarse bajo sus tácitas leyes son
similares que los de otros entrevistados. Tampoco difiere mucho su
respuesta cuando se le pregunta en qué le ha ayudado pertenecer a la LDM:
“Bueno, por ejemplo, en no
ser vicioso, ser un poco más temeroso de las cosas de Dios, un poquito
más respetuoso. Antes había bebida, bailes, mujeres. Ese es el principal
cambio que se nota en cualquier persona que es cristiana. Se transforma
su forma de pensar y de ver las cosas. Es un cambio total.”
El resto de la entrevista es
muy elocuente; refleja el sentimiento general de los fieles del Apóstol
de Cristo, su incondicionalidad y su entrega a una fe prácticamente
ciega. A continuación se transcribe literalmente:
¿Qué tanto controla la LDM a
sus fieles?
No es tanto la Iglesia. Hay
una regla de fe que es la Biblia, que es un libro universal para todas
las iglesias y ahí dice lo que debes hacer.
¿Si usted es visto bebiendo o
haciendo algo “indebido”, qué pasa?
Se nos llama la atención de
una manera sencilla, no es un castigo ni mucho menos. Se nos amonesta
para no caer en los errores.
La iglesia impone ciertas
reglas a las mujeres sobre cómo deben vestirse. Por ejemplo, les prohíbe
maquillarse. ¿No es eso una forma de control?
La mujer es atractiva
simplemente por ser mujer. En el tiempo de antes no había maquillaje y
las mujeres eran hermosas. El maquillaje deteriora tu fisonomía.
¿Qué sensación le provocó el
escándalo del 1997?
Ninguna. Sabemos
perfectamente en lo que creemos.
¿Dejaría ir a su hija de 12
años a la casa de SJF sola?
(Aquí el entrevistado se
incomoda visiblemente y el tono de su voz se torna agresivo)
Hay un orden muy… que se
lleva dentro de la Iglesia. Alguien que no tenga nada que hacer, por
ejemplo, bajo un orden de nuestro jefe de grupo, no tiene nada por qué
ir. Todo es bajo un orden, no es bajo indisciplina.
¿Qué tipo de orden?
Por ejemplo yo pertenezco a
un grupo. Es un grupo de casados. Hay “Casados c, Casados c5, c6”
¿Dentro de ese grupo tiene
obligaciones?
¿En qué sentido?
Obligaciones dentro del grupo
Tenemos disciplina, que no es
lo mismo. Toda la Iglesia se ha formado por cooperación mutua. No es
obligatorio.
Nosotros nos toca velar para
cuidar el templo, o ayudar en ciertos aspectos. Ayuda mutua. Ayudar a
personas enfermas, desempleados, etc.
¿Si por causas de ese orden
su hija tuviera que ir a casa de SJF, se lo permitiría?
No tienen por que ir sola,
porque no es indisciplina. Nadie tiene que entrar solo o no tiene a qué
ir si no tiene algún quehacer.
¿Y si lo tuviera. Si por
ejemplo viniera algún ministro de Europa y se requiriera de ella para
darle la bienvenida…?
No. No es indisciplina ahí.
Si alguien se le invita y se organiza por grupo descendiendo jerarquías.
Pero si fuera invitada. A
través de un jefe de grupo, por escrito, a ir a casa de SJF para alguna
actividad, ¿la dejaría?
Si va el jefe de grupo, bajo
un orden, sí se puede ir. Nadie tiene por qué ir solo. Entonces sí la
dejaría.
Si en algún momento alguna
mujer de su familia le dijera que sufrió un abuso por parte de SJF,
¿usted le creería?
Hay que comprobar hechos,
porque si te acuerdas en aquella ocasión que Rocha hizo todos esos
comentarios, nada fue comprobado.
Bueno, pero tampoco se trató
de un familiar de usted…
No. Debe haber hechos.
Demandas y procedimientos. En nuestro caso no hay nada oculto, las cosas
son tan claras como lo ves aquí de día. Comentarios han hecho y no somos
los únicos. Nosotros vamos a hablar con base en una regla de fe que es
la Biblia.
¿Usted le pediría pruebas a
un miembro de su familia?
No es que se pediría, es que
se procede. Cuando hay un ilícito se procede. Uno tiene a su encargado
inmediato...
¿Usted la llevaría al MP a
levantar un acta?
Claro. Pero hasta el momento,
de lo que se ha dicho, de lo que se ha murmurado en difamación nada ha
sido comprobado, todos han sido comprados. Haga de cuenta que es similar
a la política del gobierno.
¿Si llegara a enterarse de
que lo que se decía era cierto, se saldría de la LDM?
No creo tal cosa. Y no creo
que llegue a suceder.
Y si le dieran pruebas, si
llegaran con fotografías…
Mire, usted sabe que hay
fotomontajes.
Y si lo viera con sus propios
ojos, ¿lo creería?
Tal vez sí.
¿Y se saldría de la Iglesia?
No. Yo tengo, en mi forma de
creer, no me baso…Por ejemplo, si usted fuera mujer y quisiera cometer
un error y provocar algo, usted puede hacerlo, cuando usted es mayor de
edad es responsable de sus actos. Yo tengo una regla de fe y si yo creo
que en esa regla de fe está la salvación de mi alma yo voy en base a
ella. Una persona después de los 14 años tiene uso del razonamiento.
Hasta ahorita no se ha probado nada.
A nosotros se nos enseña a
respetar al prójimo y a las autoridades. En mi creer no es el caso que
se violen las leyes. ¿Dónde está Rocha ahorita? ¿Dónde está la demás
gente?
Algunos ganaron el Premio
Nacional de Periodismo…
Ese éxito de esa gente, en
tres años dónde va a estar… Así como Rocha estuvo en un nivel muy alto,
de mucho prestigio, ahorita ve cómo está.
¿A que cree usted que se debe
eso?
El vociferar, el proliferar o
querer o llevar agua a su molino para escandalizar y difamar no te lleva
a nada bueno.
¿Fue un castigo divino?
Mira, para mí, atentar contra
las cosas de Dios, es sagrado y cualquiera que atente contra las cosas
de Dios, no esperes que te vaya bien en la vida, y eso te lo digo a ti
también, todo lo que hagas para bien vas a tener tu beneficio, pero todo
lo que hagas en contra de las cosas de Dios, hay una respuesta de parte
de Dios, y eso que te quede muy claro.
¿Qué es la Luz del Mundo?
En el artículo “Los destellos
de la Luz. Crónica de una polémica inédita en nuestro país”, el profesor
Elio Masferrer, antropólogo e historiador, define a la Luz del Mundo
como “un grupo religioso de carácter fundamentalista con un firme
control sobre sus integrantes y con una ideología puritana en lo sexual,
tradicionalista y algo machista”.
Esa fue la primera impresión
de un grupo de académicos invitados por la LDM para conocer su templo
sede y su doctrina en general, a principios de 1994.
Tres años después, el
suicidio colectivo del grupo Heaven’s Gate, en San Diego, California,
motivó la curiosidad del medio periodístico, que según Masferrer, acosó
a los investigadores en temas religiosos para que ayudaran a entender
dicho comportamiento.
Uno de los investigadores
entrevistados fue el profesor Jorge Erdely, director del Centro de
Investigaciones del Instituto Cristiano de México, quien catalogó a
Heaven’s Gate como una “secta destructiva” y la comparó con otros grupos
que habían cometido suicidios colectivos. Cuando los periodistas le
preguntaron a Erdely qué grupos religiosos en México eran capaces de
actuar así, él respondió: La Luz del Mundo.
Se basaba en una serie de
entrevistas realizadas en 1995 por otro investigador, Ricardo Becerra,
director del Centro de Investigaciones Religiosas, de California. En
esas entrevistas, Becerra preguntó a varios miembros de la LDM si
estarían dispuestos a suicidarse a petición de su líder, Samuel Joaquín.
Varios de ellos respondieron afirmativamente, aunque dudaban que el
Apóstol de Cristo fuera a pedirles algo así.
A la polémica sobre la
potencialidad suicida de los miembros de la LDM siguió un escándalo
mayor. Un grupo de ex miembros de dicha organización religiosa prestaron
sus testimonios a la prensa para denunciar que ellos (hombres y mujeres)
y muchos otros miembros de la iglesia habían sido forzados a mantener
relaciones sexuales con Samuel Joaquín. Como consecuencia de dichas
declaraciones, diversos testigos fueron acosados y obligados a abandonar
Guadalajara.
Pese a las múltiples
denuncias penales y administrativas levantadas en la Procuraduría de
Justicia del Estado de Jalisco y en la Secretaría de Gobernación,
respectivamente, Samuel Joaquín Flores nunca fue llamado a declarar. Su
representante legal, Orestes Sánchez, aseguró a Picnic que los
denunciantes “jamás acudieron a ratificar sus denuncias”, por lo que “ni
siquiera logró integrarse una averiguación previa”.
La Secretaría de Gobernación,
por su parte, incurrió en contradicciones varias veces y, finalmente,
aceptó revisar el caso, pero jamás se tomaron medidas.
No resulta extraño que un
régimen de las características del priista, que tenía un vínculo probado
y documentado con la LDM, se negara en ese entonces, durante el sexenio
de Ernesto Zedillo, a tomar medidas serias contra un grupo al que años
atrás había mandado a investigar, pues temía por su proclividad al
suicidio en masa.
Para saber si actualmente la
Dirección de Asociaciones Religiosas de la Secretaría de Gobernación
realizaba una investigación sobre la LDM, Picnic buscó al titular
de dicha dependencia, el Dr. Álvaro Estrada Castro, quien se negó a
hacer declaraciones o a brindar cualquier información sobre el caso.
Sin embargo, quien piense que
no hubo consecuencias por los testimonios de abuso en contra de Samuel
Joaquín Flores está equivocado. Uno de los testigos claves, Moisés
Padilla, cuyo padre jugó un papel fundamental en la Hermosa Provincia, y
que denunció haber sido víctima de la lascivia de Samuel Joaquín en una
playa de Nayarit, fue golpeado en dos ocasiones y finalmente fue
secuestrado, torturado y abandonado desnudo en terribles condiciones de
salud, hecho por el cual se inició la averiguación previa 2984/98 en la
Procuraduría de Justicia del
Estado de Jalisco.
Padilla
reconoció a uno de sus atacantes de un archivo de fotografías de la
Policía Judicial de Jalisco. Paradójicamente, fue ese cuerpo quien le
brindó protección durante algunas semanas después del incidente, hasta
que por recomendación de un funcionario del gobierno estatal, Padilla
decidió huir para siempre de esa entidad. Se refugió en Estados Unidos,
donde consiguió asilo político, pues el gobierno de aquella nación
dictaminó que, debido al vínculo probado entre el PRI y la Luz del
Mundo, el Estado mexicano no podía garantizar la integridad física de
Padilla.
La doctora
Lourdes Argüelles, investigadora y activista cubana radicada en
California que había indagado por años en el tema de la Luz del Mundo,
atestiguó en el juicio de asilo como perito técnico. El caso se recoge y
se documenta en un libro que aparecerá en el mercado estadunidense a
fines de este año, y del que es coautor el profesor Jorge Erdely.
TRÁFICO DE
INMIGRANTES
En entrevista
telefónica, Jorge Erdely relata el procedimiento mediante el cual la Luz
del Mundo ha impulsado por años la inmigración de fieles de esa secta
desde Centro y Sudamérica hacia México. Citando un documento de la
Secretaría de Gobernación que está bajo custodia del entrevistado,
Erdely refiere que:
“Entre enero de
1993 y noviembre de 2000, el gobierno mexicano expidió un total de 10
mil 262 visas especiales para que miembros de la Luz del Mundo entraran
a México en calidad de ministros de culto. De ellas, cinco mil 86 les
fueron concedidas a ciudadanos salvadoreños, tres mil 154 a colombianos
y las mil 700 restantes se repartieron entre personas de otras
nacionalidades.”
Según Erdely,
quien cita como fuente al ex ministro de Cultura de la LDM, Fernando
Flores González, el trámite ilegal de la visa se le cobraba muy caro a
los inmigrantes, quienes incluso se quejaron de ello mediante una carta
dirigida al propio Samuel Joaquín Flores.
Erdely coincide
con la doctora Lourdes Argüelles en la hipótesis de que la celebración
de la Santa Cena (que no es otra cosa que el festejo por el nacimiento
de Aarón Joaquín) sirve para traer a México a miles de inmigrantes a
quienes después se les busca introducir a los Estados Unidos, donde
trabajan en la construcción de los templos de la LDM en condiciones casi
esclavizantes.
El activismo de
Argüelles respecto a este tema se tradujo en la clausura de la
construcción de uno de esos templos en Ontario, California, donde
mujeres y niños trabajaban hasta la media noche y en condiciones
paupérrimas. La cadena estadounidense NBC transmitió un amplio reportaje
al respecto.
A SAMUEL LO QUE ES DE SAMUEL
Pese a las acusaciones por
abusos sexuales en contra de Samuel Joaquín Flores, el 14 de junio de
2004 el Auditorio Nacional se llenó de fieles que festejaban los 40 años
de “misión apostólica” del Siervo de Dios. Al evento fueron invitados
numerosos funcionarios del gobierno capitalino. La mayoría de ellos no
asistieron, pero enviaron representantes. Andrés Manuel López Obrador El
otorgó un reconocimiento a Samuel Joaquín Flores por su labor y por su
liderazgo de 40 años al frente de la secta más polémica en la historia
de este país; lo hizo mediante un representante: envió a Joel Ortega,
actual secretario de Seguridad Pública del DF y ex delegado en Gustavo
A. Madero, donde el flamante templo de la Luz del Mundo se construye
desde hace años y llama poderosamente la atención de quienes pasan por
el rumbo de la Raza, donde ya se alza monumental.
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