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Clara
estrategia que busca convertir a México
en un Estado confesional
Ricardo Alemán
Itinerario Político
El Universal
EL ANUNCIO de que el gobierno federal cancela el proyecto para construir
el nuevo aeropuerto internacional en el municipio mexiquense de Texcoco a lo que
deberá seguir el decreto oficial que cancela el de expropiación, desvió por
momentos la atención de la opinión pública sobre la trascendencia de la
violación constitucional al artículo 130 de la Carta Magna y su ley
reglamentaria, en la que incurrió el presidente Fox durante la quinta visita de
Juan Pablo II a México, y que en los hechos significó el fin del Estado laico
mexicano.
Pero por más
importante que resulte el hecho de que la administración de Vicente Fox haya
decidido echar marcha atrás a un proyecto de desarrollo que se vino al suelo
más por la incapacidad del gobierno, que por su sapiencia, comprensión y
respeto a los derechos de los texcocanos, lo cierto es que difícilmente un
acontecimiento de magnitudes nacionales podrá borrar la magnitud de la
agresión de Vicente Fox a la Ley Suprema y menos el atentado a uno de los
principios fundamentales de la democracia, como el del Estado laico; violaciones
que ni los más "conspicuos" colaboradores del Presidente ni los más
"avezados" dirigentes del Partido Acción han podido justificar.
Una vez
concluida la visita "pastoral" de Juan Pablo II, quedó claro no el
fervor católico del Presidente de todos los mexicanos una preferencia religiosa
que por lo demás todos conocíamos desde que inició su campaña presidencial
el 10 de diciembre de 1999 cuando enarboló el estandarte de la Virgen de
Guadalupe, o el 1 de diciembre de 2000 cuando inició su gobierno con oraciones
en la Basílica de Guadalupe, sino que en el así llamado "gobierno del
cambio", pretende ser un gobierno no orientado por el mandato popular,
civil y por las leyes del Estado laico, sino por los mandamientos de la ley de
Dios. Vicente Fox, el Presidente de todos los mexicanos, no se quedó sólo en
la inconstitucional sumisión al Estado Vaticano de la jefatura de Estado y de
gobierno que le confirió el mandato popular mexicano, sino que al despedir a
Juan Pablo II, le ofreció al jefe del Estado Vaticano que Juan Diego, el nuevo
santo, "sin duda será inspiración, motivación, y motivo de fortaleza
para todos los mexicanos y mexicanas".
Frente a esa
nueva violación constitucional, vale preguntar: ¿y dónde quedaron los
mexicanos y mexicanas, de los que también es presidente Vicente Fox, y que no
son católicos o que creen en el Estado laico? ¿Dónde quedan los mexicanos que
simplemente profesan otra religión, o ninguna, y para quienes Juan Diego no
significa nada? ¿O acaso Vicente Fox ya no es Presidente de todos los
mexicanos, sino sólo de los católicos y de los creyentes de Juan Diego?
Pero los
aparentes "dislates" de Vicente Fox el hecho de dar trato de jefe de
Estado al Papa, cuando éste sólo llegó a México como pastor, el de plegarse
ante la autoridad del Santo Padre, de acudir como jefe del gobierno y del Estado
mexicano a la canonización de Juan Diego, y el de convertir a la católica en
la religión oficial, están muy lejos de ser los "candorosos"
trompicones, resbalones y excesos de un ranchero venido a Presidente, deseoso de
expresar su fervor católico. No, la llegada de Vicente Fox al gobierno con la
ayuda decidida de la Iglesia Católica, la caída del PRI con la ayuda de
poderosos sectores económicos de la derecha mexicana, parece cada vez con mayor
claridad una estrategia o por lo menos una línea regresiva para conducir el
rumbo del país hacia un Estado confesional. Queda claro que la Iglesia
Católica, la mexicana y el Vaticano, ganaron o recuperaron para su causa a una
oveja descarriada, a un gobierno que por casi 150 años había conquistado el
derecho de Estado laico, que por momentos pareció anticlerical, pero que
finalmente, ahora regresa al redil. Vicente Fox entregó a la Iglesia Católica,
mexicana y vaticana, el poder civil que los ciudadanos le otorgaron a él el 2
de julio, con el riesgo que ello implica, de romper el delicado equilibrio entre
el poder manipulador de un credo único o mayoritario, por sobre el poder rector
de un Estado dócil, si no es que domesticado.
Y conocedor de
que la experiencia religiosa, en este caso la experiencia católica, favorece el
movimiento de solidaridad entre aquellos que están implicados en la misma
experiencia religiosa, el Presidente del "cambio" decidió montar la
imagen de su gobierno, un gobierno católico, guadalupano, juandieguista,
precisamente en el "barco" del catolicismo, el guadalupanismo y el
juandieguismo de la mayoría de los mexicanos, una mayoría que navega en las
mismas aguas y que presuntamente aplaude a un gobierno católico y a un
Presidente "valiente" que rompió con la "simulación" de
los viejos gobiernos del PRI que cohabitaban con la jerarquía católica, pero a
la que negaban en público. Fox ofreció en prenda la historia, los principios
laicos, la división entre el Estado y la Iglesia, a cambio de imagen, de puntos
de "rating" y de porcentajes a la alza en las encuestas.
Pero
transcurrido el montaje mediático, la euforia católica, la exaltación del
fanatismo, queda un pequeño detalle. ¿Cómo explicar la vuelta de tuerca, el
viraje histórico? ¿Cómo justificar que no sirvieron para nada las guerras en
favor del Estado laico y que la historia no sirve para nada? Santiago Creel, el
secretario de Gobernación, el que gustaba de exaltar su elevado sentido
juarista, el que llevó a su oficina del palacio de Cobián el retrato del
Benemérito, y que tiene en otro lugar especial y busto del indio oaxaqueño,
pareció atrapado entre sus convicciones y sus ambiciones presidenciales.
Pretendió justificar lo injustificable y apareció carente de recursos para
defender ideales frente realidades. ¿Cómo reconocer que su jefe, el Presidente
violentó la Constitución, echó abajo el principio de Estado laico y pasó por
alto la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público? ¿Puede un subordinado,
un secretario de Estado sancionar a su jefe, el Presidente de la República?
Debería, pero si Santiago Creel insinúa siquiera que su jefe encabezó un
inconstitucional y peligroso retroceso de la vida pública mexicana, vería
canceladas todas sus posibilidades de seguir de pie en la batalla por la
sucesión presidencial. Acaso por eso, un subordinado de éste, el subsecretario
para Asuntos Religiosos, Javier Moctezuma Barragán, debió salir al quite sin
mayor suerte. Dijo, entre otras explicaciones que no resisten el menor análisis
serio, explicaciones que más bien resultaron candorosas y mueven a la risa, que
Fox besó el anillo del Papa, "para no verse inamistoso o poco
cálido", como si la amistad y la calidez fueran sinónimos de sumisión y
hasta claudicación.
Pero hay otras
responsabilidades, acaso de la misma monta de las violaciones constitucionales
que cometió el jefe de las instituciones. Vale preguntar: ¿y donde está el
Congreso? Sí, porque el Congreso tiene facultades para pedir que el Presidente
rinda cuentas sobre la incumplida protesta presidencial de cumplir y hacer
cumplir la Carta Magna, al momento de protestar el cargo de presidente. ¿Quién
en el Congreso, qué partido, será el valiente en pedirle cuentas al Presidente
sobre las violaciones constitucionales y de la ley reglamentaria del 130
constitucional? En realidad la división del Estado y la Iglesia, el Estado
laico, fueron borrados desde el momento en que fue el Ejecutivo el responsable
de ofrecer todo lo necesario para la visita de Juan Pablo II. Seguridad,
vehículos, movilización de efectivos, servicios de salud, medios de
comunicación... ¿Cuánto le costó al Ejecutivo la visita del Papa? Y frente a
esto, ¿cuánto ganaron los mercaderes de la fe, incluidos los dos más
poderosos grupos televisivos? El retiro del gobierno foxista del proyecto
aeroportuario de Texcoco distrae, pero no es suficiente para ocultar lo que no
han podido siquiera explicar. Y si no, al tiempo.
En el camino
Por cierto, en cuanto al fallido proyecto de nueva terminal aérea que debió
construirse en Texcoco, se debe aclarar que en tanto no exista un nuevo decreto
presidencial, que anule el anterior decreto expropiatorio, no hay nada y todo
sigue igual. Esto es, que una mera declaración como la que hizo la Secretaría
de Comunicaciones, no es más que eso, una declaración sin validez oficial. Se
debe recordar que la Suprema Corte de Justicia recibió cuatro controversias
constitucionales contra el proyecto expropiatorio del gobierno federal. Tres de
ellas corresponden a Texcoco, Acolman y Atenco, y una al Distrito Federal. Las
de Acolman y Texcoco, que son las más avanzadas en su resolución, se
encuentran en la etapa de "instrucción", lo que quiere decir que se
recaban pruebas y testimonios, mientras que las restantes apenas iniciaron su
proceso. Hoy siguen esos procesos, y se cancelarán cuando no haya materia, esto
es, cuando desaparezca el decreto expropiatorio.... Mañana 4 de agosto, Martí
Batres, el líder de los diputados del PRD, ofrecerá su segundo informe de
actividades legislativas, en un evento que se llevará a cabo en el salón
Hermes, del Centro de Negocios y Comercio de la Ciudad de México... Y a
propósito de eventos, el lunes 5 de agosto, en el hotel Meliá se presentará
la Asociación Civil Libertad de Información-México, agrupación que convoca a
periodistas de los diversos medios y distintas tendencias, y que busca ejercitar
actividades de monitoreo, análisis y seguimiento de la legislación en materia
de transparencia y acceso a la información pública en México. Se trata de una
propuesta de convergencia "en los mínimos que unen a distintos sectores de
la comunidad mexicana preocupados por la libertad de información y sus
implicaciones en el derecho a saber de los mexicanos, bajo nuevas reglas de
conducta social que rechazan la simulación, manipulación y uso de los
intereses generales para beneficios personales".
Fuente: El Universal
Columna: Itinerario Político
Primera sección
Por: Ricardo Alemán
Fecha: Sábado 03 de agosto de 2002
VISITA DEL
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