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EL MANTO SAGRADO COBIJA A LOS ABUSADORES

Por: Rodrigo Vera 
Casi 30% de los 14 mil sacerdotes católicos que se calcula existen en 
México -unos 4 mil 200-  cometen algún tipo de abuso sexual con su feligresía. 
Tales cálculos provienen de los dos únicos centros de derechos humanos que 
investigan en el país los atropellos de los ministros de culto: el Departamento 
de Investigaciones sobre Abusos Religiosos (DIAR) y el Centro de 
Investigaciones del Instituto Cristiano de México (ICM).
El investigador Jorge Erdely, director académico del ICM, afirma:

“De acuerdo con mi experiencia, calculo que alrededor de 30% de los 
sacerdotes mexicanos está involucrado en algún tipo de abuso sexual. 
Es una cantidad similar a la de España, donde se realizó una encuesta 
seria que arrojó esta cifra”. 
Con él coincide, en entrevista por separado, el abogado Raymundo Meza 
Aceves, director jurídico del DIAR: 

“Nuestras estadísticas son similares. Estamos hablando de 30%. Es una 
cifra alarmante. En ella incluimos la llamada ‘cifra negra’, es decir, los casos 
que los fieles no denuncian por temor o por vergüenza”. 
Apoyado por la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Mexicano de la 
Juventud, entre otras instancias, el DIAR despliega una intensa campaña para 
prevenir a los niños, jóvenes y padres de familia contra posibles abusos de 
los ministros de culto.
Explica Meza Aceves:

 “Esta campaña la iniciamos hace dos años. Por lo pronto, estamos acudiendo
a explanadas públicas y a eventos multitudinarios para repartir nuestra folletería. 
Tenemos ya nuestra propia página en Internet, un teléfono abierto para recibir 
las quejas de la gente y un proyecto educativo con el Instituto Mexicano de la 
Juventud. Este mismo año entraremos en las escuelas para realizar ahí nuestra 
labor”. 
-¿Tan grave es el problema? 
-Por supuesto. Es muy alarmante, y no sólo por la cantidad de casos, que van 
en aumento, sino, sobre todo, porque quedan en la impunidad, sea por los 
privilegios del clero o porque la gente no se atreve a denunciarlos. 
El abogado muestra gráficas, folletos y estadísticas elaboradas por el DIAR, 
en las que se mencionan otras cifras sobre el problema: Del total de abusos 
cometidos por los ministros de culto de las diversas confesiones, 35% son 
“abusos sexuales”, y en 30% de los casos las víctimas son menores de edad. 
Meza Aceves habla de su experiencia como abogado del DIAR: 
“Desde 1993, cuando se creó este organismo, hemos atendido 220 casos de 
todo el país. Y yo diría que 90% ha tenido elementos para proceder 
judicialmente. Pero las víctimas muchas veces no quieren que se proceda. 
Inclusive, algunos de nuestros casos los hemos turnado a sus respectivas 
comisiones estatales de derechos humanos.” 
-¿Ha logrado que se arreste a ministros de culto? 
-Solamente a seis. Y le confieso que ninguno de ellos ha sido un sacerdote 
católico. ¡Nada! ¡Ningún católico! Muchas veces hasta los mismos agentes 
del Ministerio Público los protegen. Dicen: ‘Pobrecito, es un sacerdote, no lo 
podemos arrestar’. Otras veces interviene el obispo y las cosas llegan hasta ahí. 
Ejemplifica con un caso que, en 1994, trató en León, Guanajuato. El religioso 
salesiano Juan Manzo Cárdenas abusó sexualmente de varios menores, 
en la casa hogar Niño Don Bosco. Se introducía a los dormitorios donde 
pernoctaban 120 menores y abusaba sexualmente de algunos de ellos. 
La madre de una de las víctimas, el menor Carlos Rafael Rey Osorio (cuyo 
nombre se publica con autorización familiar) fue la única que se atrevió a 
denunciar los hechos. Se integró la averiguación previa número 203/994 y 
se descubrió que el director del plantel, el salesiano Juan Manuel Gutiérrez 
Guerrero, ya tenía conocimiento de los ilícitos. 
Comenta el abogado:

 “Recuerdo que el director exculpaba a su religioso, argumentando que 
tenía simplemente ‘una conducta de debilidad’. El caso llegó al entonces 
obispo de León (Rafael García González) y a la Procuraduría de Derechos 
Humanos de Guanajuato. Pero no logramos nada. El juez, Jesús Luna 
Hernández, negó la orden de aprehensión, escudándose en que la 
averiguación estaba mal integrada, mientras que la Procuraduría de 
Derechos Humanos sólo emitió una recomendación, pidiendo que se 
tuviera más cuidado. Fue todo”.
Manzo Cárdenas quedó en la total impunidad. “Sus superiores lo mandaron 
por un tiempo a África para enfriar el asunto. Después, regresó al país. 
Tengo entendido que hoy está en Tijuana. Continúa con los salesianos, 
como si nada hubiera pasado. Tenemos documentados muchos casos 
más. Aparte de los muchísimos otros que permanecen ocultos”. 
Y Meza Aceves toca un altero de abultadas carpetas dispuestas sobre 
la mesa. Contienen averiguaciones previas, misivas, testimonios escritos 
a mano, recortes de prensa, etcétera. 
-¿No les ha llegado ningún caso de algún obispo o de algún líder religioso 
importante acusado de pederastia?
-Sí, por supuesto. Nosotros aquí llevamos el caso del apóstol Samuel 
Joaquín, dirigente mundial de la Iglesia Luz del Mundo, de Guadalajara. 
Él abusó sexualmente de cinco muchachas menores de edad. Pero tampoco 
pudimos hacer nada. Lo protegió la Procuraduría de Justicia de Jalisco y, a 
nivel nacional, la Subsecretaría de Asuntos Religiosos, de la Secretaría 
de Gobernación. 
“Mire, a esa Subsecretaría llegan muchos casos sobre abusos sexuales 
cometidos por sacerdotes. Sin embargo, jamás los canaliza a las instancias 
judiciales. No hace absolutamente nada ante el problema. Incluso los archiva, 
catalogándolos como ‘casos de intolerancia religiosa’, que es un término 
erróneo.” 
La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público -considera- debe tener 
un reglamento para que se incluyan sanciones a los que cometan pedofilia 
u otros delitos. 
Y asegura que los obispos que están ocultando los casos de pederastia de 
sus sacerdotes  “incurren en el delito de encubrimiento”. 
Jorge Erdely concuerda:

“El obispo que conoce un caso de esos y no alerta a las autoridades 
comete encubrimiento. Eso es muy obvio. Una cosa es la lealtad a la 
institución y otra encubrir actos delictivos. Con todo este escándalo actual
sobre los abusos sexuales en el clero, creo que quienes están más 
atemorizados no son los sacerdotes pederastas, sino sus superiores, 
los obispos que los encubren y los cambian sólo de parroquia o de diócesis. 
“Con esto, lo único que hacen es darles más espacios idóneos para seguir 
delinquiendo, puesto que, según los estudios psiquiátricos, el pedófilo tiene 
índices impresionantes de reincidencia. Y hay sacerdotes que llegan a abusar 
hasta de 80 menores.” 
-A usted, ¿cuántos casos de pederastas le han llegado? 
-Directamente, más de 200 casos para que les dé asesoría. Pero aclaro que 
no todos son de pedofilia; digamos que son de abusos sexuales en general, 
cometidos por ministros de culto. 
Celibato, secretismo, impunidad 
Doctor en filosofía y en teología por la Universidad de Oxford, Inglaterra, 
donde realiza una investigación, Erdely es uno de los pocos especialistas 
en México que, durante años, ha venido escribiendo sobre el tema. Autor 
de las investigaciones Pastores que abusan, El evangelio social y Terrorismo 
Religioso, entre otras, ha combinado el aspecto académico con la defensa de 
los derechos humanos en ese terreno. 
Hace 11 años, en 1991, fundó el Centro de Investigaciones del ICM, con un 
grupo de académicos, cuando muy pocos reparaban en los abusos cometidos 
por ministros de las iglesias. 
Actualmente, el centro cuenta con diversas áreas -asesoría legal, atención 
médica y psicológica, área teológica, educativa y de documentación 
hemerográfica- y con la colaboración especializada de aproximadamente 
30 académicos. 
Dice Erdely:

“En Estados Unidos y Europa hay una red dedicada a rehabilitar 
a las víctimas de sacerdotes católicos. Hay centros de información sobre el 
fenómeno religioso. En México, yo intento hacer lo mismo”. 
Comenta, rotundo, que para el episcopado mexicano sería muy fácil dar a 
conocer sus cifras de sacerdotes pederastas: 

“La jerarquía católica tiene acceso a esas cifras, por supuesto. Sólo basta 
con que concentre la información del tribunal eclesiástico que tiene en cada 
una de sus diócesis. Incluso, puede hacerlo desde las parroquias. Y si además 
quisiera dar a conocer esas cifras, podría hacerlo fácilmente”. 
Sin embargo, “el episcopado está empeñado en minimizar el problema y 
exculpar a sus sacerdotes pederastas. Al mismo tiempo, le carga toda la 
responsabilidad a la víctima, haciéndola sentir culpable de que, si denuncia 
al sacerdote, dañará la imagen de la Iglesia”. 
Señala que, si persiste la víctima en hacer la denuncia, hay una “segunda 
etapa” en la que hay “amenazas de excomunión e incluso represalias contra 
su familia”, aunque este extremo se produce sobre todo en las sectas religiosas. 
Considera que la pederastia “es un problema que radica en la estructura 
misma de la Iglesia: la imposición del celibato sacerdotal, la cultura del 
secretismo y los amplios espacios para la impunidad. El problema es interno, 
no externo”. 
Esta “estructura perversa” -dice- se ve apoyada por las leyes canónicas, 
cuyas leves sanciones, como la de la “amonestación”, solapan aún más 
las prácticas pederastas. 
Erdely resalta que la “cultura para denunciar la pederastia” es el “factor 
externo” que hace diferente a la sociedad mexicana de la estadunidense: 
“Aquí todavía es un tabú cultural denunciar estos asuntos. Los mexicanos 
no queremos tocarlos. Tenemos miedo a no ser creídos. También influye 
el factor de la vergüenza. En nuestra cultura esto es extremadamente 
penoso. Y, además, es palabra contra palabra: la de la víctima y la del 
considerado líder moral. Esto lo documento ampliamente en el libro 
Pastores que abusan.” 
-Algunos jerarcas mexicanos sostienen que detrás del escándalo, iniciado 
en Estados Unidos, hay una conspiración contra la Iglesia. 
-Si no hubiera sacerdotes que violan niños, nadie tocaría este asunto que, 
además, ya es viejo. Nadie está descubriendo el hilo negro. Siempre ha sido 
un secreto a voces la pedofilia de los sacerdotes. Sólo que hasta hoy se está 
tocando, por la globalización de la comunicación; lo que ocurre en Estados 
Unidos repercute en México. Yo no veo ninguna conspiración. 
Indica que si la jerarquía mexicana realmente tiene “voluntad de cambio”, 
debería dar a conocer la lista de sus sacerdotes acusados de abuso sexual:
“Así, los padres de familia sabrán quién representa un peligro y quién no. Y si 
dejan a sus hijos en determinado colegio o parroquia”. 
Parte de la responsabilidad -acusa- la tienen también las autoridades 
gubernamentales, sobre todo la Subsecretaría de Asuntos Religiosos, ya 
que en lugar de transparentar la información para evitar más delitos, la está 
escondiendo para utilizarla en la negociación y en el chantaje político con 
la jerarquía”. 
Por lo pronto, los obispos mexicanos, durante su última asamblea plenaria, 
celebrada del 8 al 12 de abril, se negaron a revelar nombres y casos de 
pedarastia, argumentando que los sacerdotes son como “sus hijos”, y que 
“un padre jamás denuncia a su hijo”. 
El arzobispo de Xalapa, Sergio Obeso, declaró enfático: “La ropa sucia se 
lava en casa”. Y el presidente del episcopado, Luis Morales Reyes, argumentó
 “el derecho al silencio y a la reserva”. 
¿Los obispos cometen realmente delito de encubrimiento? ¿Qué estipula la 
legislación mexicana ante este caso? ¿Son las leyes civiles o las eclesiásticas
las que deben juzgar a los pederastas? 
Juan Velázquez, experto penalista, opina: “La ley penal exculpa a los que 
encubren, pero sólo por razones de parentesco, amor o gratitud con el 
victimario. De manera que a estos superiores eclesiásticos no se les puede 
acusar de delito de encubrimiento. Y menos todavía si se trata de delitos de
querella, en los que sólo las víctimas o sus tutores pueden acusar”. 
Agrega que, aun en el supuesto caso de que una autoridad eclesiástica 
acuse a uno de sus sacerdotes, “el Ministerio Público está imposibilitado 
para recibirlo, en delitos de querella”, como son la mayor parte de los abusos 
sexuales, excepción hecha de la violación, que es un delito que se persigue 
de oficio y ahí sí cualquiera puede denunciar. 
Pero -abunda- tanto en delitos de querella como de oficio, los obispos “no 
cometen ningún encubrimiento al no denunciar a sus sacerdotes”. 
Aclara que es “decisión” de cada quien, un “derecho absolutamente privativo”, 
el denunciar a un sacerdote ante los tribunales eclesiásticos o ante los civiles, 
pues las leyes canónicas y las civiles tienen jurisdicciones distintas”.

Fuente: Revista Proceso  No. 1329
Fecha: 21 de abril de 2002 
Sección: Religión
Página: 18-22
Por: Rodrigo Vera

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