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LA IGLESIA
CATÓLICA Y EL ABUSO SEXUAL DE MENORES
ENTREVISTA DE MILENIO AL DR. JORGE ERDELY
Para el investigador,
en nuestra transición democrática hay una área que no ha sido sujeta al
escrutinio público: así como se cuestiona la corrupción, los partidos o el
Ejército, debe haber una acción de la sociedad civil y los medios contra los
abusos de la Iglesia.
Al admitir que hay abusos sexuales en el clero, la jerarquía católica mexicana
está reconociendo que hay delincuentes en la institución que deben responder
penalmente ante la autoridad civil, afirmó el teólogo Jorge Erdely, director del
Centro de Investigaciones del Instituto Cristiano de México (CIICM).
Y sentenció: “Si las
autoridades católicas se resisten a revelar los nombres de sacerdotes
pederastas, no sólo se está negando la posibilidad de proteger y atender a los
niños que han sido víctimas de abusos, sino que incurren en el delito de
encubrimiento”.
El especialista, autor del libro Pastores que abusan, se refirió a las
declaraciones que emitió el miércoles pasado el vicepresidente de la Conferencia
del Episcopado Mexicano, José Guadalupe Martín Rábago, quien aseguró que los
casos de abuso sexual donde se involucra a sacerdotes “se mantienen en reserva
porque no pueden hacerse públicas las cifras”.
¿En México deben divulgarse los
nombres de sacerdotes pederastas, tal como ha ocurrido en Estados Unidos?
Desde luego. Y no sólo para brindar atención a los niños que han sido abusados
sexualmente. El problema más trágico e inmoral no es que se haya dañado a una
persona, sino que se deje libre a un criminal sin que la gente sepa con qué
clase de sacerdotes está tratando. Se deben publicar los nombres y decir de qué
parroquia son para que los feligreses tomen precauciones y la autoridad civil
tome cartas en el asunto.
¿Hacen falta reformas legales?
Uno de los grandes problemas es que la Ley de Cultos, expedida hace 10 años, no
tiene reglamento. Es decir, no hay lineamientos para sancionar este tipo de
conductas. Todo se resolvería si se aplicara el principio de que todos los
mexicanos somos iguales ante la ley, pero las sotanas no son tratadas igual ante
un tribunal.
¿Cómo explica la inacción de la
autoridad civil?
Es que el gobierno sí conoce estos delitos. No tengo datos de la presente
administración, pero en gobiernos anteriores era claro que sabían de la
situación. No ejercen acción penal porque prefieren utilizar esta información
para negociaciones políticas. Cuando la Iglesia empieza a presionar o ataca a
algún funcionario público, la información sobre abusos sexuales es usada para
contener a los curas. Al final, los únicos perjudicados son las víctimas, que no
reciben ningún tipo de asistencia.
¿Sabe de algún caso
específico?
Acuérdate del caso del nuncio apostólico Girolamo Prigione. Nunca se procedió
contra él cuando se descubrió que vivía en amasiato con la monja Alma Zamora.
Esa información estaba en la oficina de Asuntos Religiosos de la Secretaría de
Gobernación, pero jamás hubo algún señalamiento.
Mejor la religiosa resultó reprimida por su congregación.
También está el caso de violación de menores en la casa-hogar Don Bosco en León,
Guanajuato. El sacerdote encargado de los dormitorios, en 1994, confesó su
culpabilidad, pero no hubo ninguna sanción.
¿Por qué las víctimas no
denuncian?
¿Alguna vez ha platicado usted
con personas que hayan sido víctimas de abusos sexuales por parte de un
sacerdote?
No.
Estas personas tienen un daño más intenso que si hubieran sido violadas por
cualquier otra persona. El sacerdote es visto como una figura paternal, como el
representante de la divinidad, por lo que un abuso de esta índole genera una
confusión ética brutal. Sienten vergüenza y temor. Además, los clérigos amenazan
a sus víctimas con la excomunión, con agredir a los familiares, con no
ofrecerles los sacramentos.
Hay un problema de
autocensura...
Correcto. La mayoría de los mexicanos son católicos y se les inculca la idea de
que criticar a la Iglesia es atacar a la identidad y la cultura. Lo que no saben
es que, al querer proteger su fe, lo que están haciendo es encubrir a un
delincuente y poniendo en situación de vulnerabilidad a cientos de potenciales
víctimas. Es más: ni los medios se atreven a denunciar estos actos. Los obispos
tienen tal influencia en los círculos políticos y empresariales que son capaces
montar un boicot de publicidad.
¿Piensa que un celibato
opcional resolvería el problema de los abusos sexuales?
Es difícil saberlo. Está tan arraigada la cultura del encubrimiento que muy
probablemente estas prácticas seguirían. Hay que señalar que no sólo está el
caso de la pedofilia. También hay casos de seducción hacia clérigos de menor
jerarquía que permanecen ocultos por la idea de que el cura es representante de
la divinidad. Puede sonar duro, pero tanto los feligreses como los seminaristas
están dominados por una obediencia servil que los hace callar. De este modo, la
Iglesia se ha convertido en un espacio idóneo para la impunidad: los violadores
tienen fuero y protección por parte de la jerarquía.
¿Protección deliberada?
Yo pienso que en nuestra transición democrática hay una área que no está sujeta
al escrutinio público: la Iglesia. Se cuestiona la corrupción, los partidos, el
Ejército, los derechos humanos. Sólo falta la intimidad de la Iglesia. Aquí es
donde debe haber una acción de la sociedad civil y los medios de comunicación
para denunciar estos delitos. La jerarquía católica es quizá la única
institución que constantemente pide transparencia a otras instituciones, pero
que no ha querido dar cuenta
de los abusos que se cometen en su interior.
Fuente: Milenio
Diario, Domingo 14 de abril de 2002.
Sección: Tendencias.
Página: 33
Entrevista por: Juan Carlos Rodríguez T.
Título Original: La iglesia debe responder por abusos sexuales.