La Pasión según Mel Gibson:
Separando
la ficción
de la realidad
Dr. Jorge Erdely
Lea este importante
prefacio del autor
El medio es el mensaje
M. McLuhan
Scriptura sacra sui ipsius interpres
Antiguo axioma teológico
introducción: la santa alianza
¿Será verdad? ¿El Vaticano,
Hollywood y los evangélicos estadounidenses formando una santa
alianza para promover la película de La Pasión de Cristo?
Al menos más de uno de los muchos fans del actor estadounidense Jim Caviezel debió haber pensado esto
cuando supo que la estrella de Hollywood tuvo una audiencia privada con
el papa Juan Pablo II antes del estreno de la cinta y recibió hincado su
bendición por su actuación como Cristo en La Pasión.
Luego, los cines norteamericanos se llenaron aún más de católicos y
evangélicos para ver la polémica película producida y dirigida por el
legendario Mel Gibson.
De acuerdo con la agencia de noticias
italiana ANSA,
la reunión entre Caviezel, devoto católico de ascendencia irlandesa, y
el papa Juan Pablo II, se llevó a cabo el lunes 15 de marzo, después de
que el actor asistiera a una exhibición privada del filme dos días
antes. Ésta se llevó a cabo en la sede particular de los Legionarios de
Cristo, una controversial orden católica ultraortodoxa. Los Legionarios,
también conocidos como La Legión de Cristo, son reconocidos en la
sección de créditos al final de La Pasión por su colaboración en
el filme. Parte clave de la promoción de la película hacia los católicos
ha estado a cargo de la agencia de noticias ZENIT, de Roma, difundiendo
enfáticamente el imprimatur del Vaticano sobre la película.
ZENIT, aunque no lo explicita, pertenece a La Legión de Cristo.
La agencia cita en sus cables noticiosos
a altos prelados de la curia romana publicitando y alabando la película
producida y dirigida por el héroe de Hollywood, Mel Gibson. Allí los
tenemos: Hollywood y el Vaticano —rivales ideológicos acérrimos—
reconciliándose para dar a luz lo que se presenta como una épica
cinematográfica en la tradición de Ben-Hur, o Los Diez
Mandamientos, de Charlton Heston. Una épica que según la publicidad
de ZENIT, Gibson, y muchos medios de comunicación, presenta un retrato
fiel de las últimas horas de la vida de Jesús de Nazaret. ¿Es todo esto
realidad o ficción?
el nihil obstat evangélico
Una polémica cuidadosamente programada
precedió al estreno de La Pasión para mantener expectante la
atención del público norteamericano por meses antes de su estreno. En la
misma, fueron enlistadas, vía proyecciones privadas, influyentes
personalidades del Vaticano y del mundo evangélico estadounidense, las
cuales de inmediato se sumaron a la agenda publicitaria, otorgando
generosos avales morales y espirituales públicamente a la cinta
cinematográfica. Prominentes protestantes evangélicos fueron un paso más
allá y engrosaron las filas de los fervientes promotores de la película,
orquestando multitudinarias cruzadas nacionales, persuadidos de que La Pasión es un instrumento divino que traerá un gran avivamiento
espiritual de la fe de la nación americana y otros países.
El resultado de las estrategias
conjuntas no se hizo esperar. Luego de su estreno, La Pasión se
colocó como una de las películas más vistas de la historia fílmica,
provocando un furor de reseñas a favor y en contra que han ocupado desde
las páginas editoriales de The New York Times hasta los
boletines semanales de parroquias, escuelas dominicales protestantes y
docenas de páginas de internet.
¿películas que
producen experiencias espirituales?
Una vez más, las llamadas guerras
culturales de los Estados Unidos vuelven a convertirse en tema
central de la atención mundial y su vórtex mediático succiona a los
latinoamericanos, los cuales también han abarrotado las salas de cine
para ver La Pasión. Diarios americanos como The Houston
Chronicle, dan cuenta en reportajes cómo afecta la película las
emociones de los mexicanos. El diario registra también la publicidad,
que al igual que en Roma, hacen influyentes jerarcas hispanos. “Para los
fieles”, ha dicho el arzobispo de la Ciudad de México, cardenal Norberto
Rivera, “ésta película no es sólo entretenimiento, sino una auténtica
experiencia espiritual”.
Interesante: eso es exactamente el objetivo del filme según el prólogo
de Mel Gibson al álbum fotográfico oficial de La Pasión: “Pienso
en ella como contemplativa, en el sentido que uno es empujado a recordar
en una manera espiritual, la cual no puede ser articulada, sino sólo
experimentada”, dice el autor cuidadosamente.
imprimi potest : el sello del
vaticano
La verdad es que Mel Gibson no es Hollywood, sino sólo un miembro más de esa elite artística. Su película
tampoco fue producida por ningún estudio prestigiado, más bien la
financió él mismo, invirtiendo en la producción un poco de su millonaria
fortuna personal. El sonado filme, no es, pues, una producción de
Hollywood, ni mucho menos cuenta con su beneplácito. La Meca mundial
del cine se inclina decididamente por versiones aun menos apegadas al
Nuevo Testamento y más provocativas, como La última tentación de
Cristo, de Scorsese.
La Pasión,
estrictamente hablando, es una producción cinematográfica particular,
que como en el caso de la película de Scorsese —lo mismo que en El
crimen del padre Amaro—, refleja los valores, agenda y creencias de
sus productores. En este caso, La Pasión es una interpretación
particular del Evangelio por Mel Gibson y los sectores
ultraconservadores del Vaticano que lo ayudaron a convertirla en un
éxito cultural y religioso sin precedente. Descubrir cuál es esa agenda
y qué valores animan La Pasión de Cristo, es precisamente el
objeto de este análisis. Después de todo, ¿cuántas películas exitosas
conocemos que cuenten con respaldos públicos tan irrestricto del
Vaticano y de órdenes religiosas ultra-conservadoras?
atrapados por las guerras culturales
la secta de
mel gibson
En un vallecito soleado, enclavado cerca de Malibu Beach, al noroeste de
Los Ángeles, California, se levanta una pequeña capilla con sus pulcros
edificios adyacentes. Ése es el lugar en donde se reúnen cada semana los
aproximadamente 70 miembros de un reducido grupo separatista católico
tradicionalista llamado “The Holy Family” (La Sagrada Familia). Antes,
asistían a oír misa en latín en otro templo, pero éste fue eventualmente
absorbido por un grupo afín: La Sociedad de San Pío X, iniciada por el
célebre arzobispo monseñor Marcel Lefebvre, excomulgado por el Vaticano
el 1 de julio de 1988. El pequeño diferendo con los lefebvristas dejó a los 70 integrantes que forman parte de lo que se conoce como el
Movimiento Tradicionalista Católico, sin un lugar para adorar. Entre
ellos estaba el señor Hutton Gibson, padre de la estrella de Hollywood,
notorio por su fervor religioso y por difundir propaganda antisemita en
entrevistas. Particularmente por negar la existencia histórica del
Holocausto.
Mel Gibson acudió de inmediato al
rescate de su padre y el grupo religioso. Pero no a la manera de las
ciberépicas de violencia como Mad Max que lo hicieron famoso y
forjaron su multimillonaria fortuna. Ahora en la vida real, sacó de su
propia cuenta bancaria 2.8 millones de dólares para construir y sostener
un templo nuevo para las actividades de “The Holy Family”. Allí, Mel
Gibson escucha regularmente misa estilo tridentino en latín, en compañía
de su padre. En un latín parecido al que resuena en momentos
significativos de La Pasión de Cristo.
Allí se escuchan y se discuten también
los rígidos dogmas distintivos del Concilium Tridentinum, o
Concilio de Trento, que son característicos en todo el Movimiento
Tradicionalista Católico (MTC). El MTC es una polifacética variante de
catolicismo romano que rechaza los acuerdos del Concilio Vaticano II y
anhela un romántico retorno de la sociedad a eras como las del
franquismo español, cuando la Iglesia Católica gozaba de privilegios
políticos y controlaba leyes, conciencias y cultura. Cuando tenía, sobre
todo, un monopolio artificial sobre las almas, respaldado férreamente
por el poder del Estado.
en el movimiento tradicionalista católico
El MTC cuenta actualmente con un
promedio de 75 mil seguidores en los Estados Unidos y con más de 500
templos. La secta de Mel Gibson, (uso el término en el sentido de facción), forma parte de ese conglomerado, pero no rinde cuentas ni
está afiliada formalmente a ninguna organización mayor. Fuera de
abstenerse de comer carne los viernes y compartir una ideología
religiosa ultraconservadora, “La Sagrada Familia” es una facción
independiente más de las muchas agrupaciones y sociedades que componen
el mosaico del MTC en los Estados Unidos.
En registros financieros públicos, Mel
Gibson aparece como único beneficiario de las propiedades del Templo de
la Santa Familia y como CEO (Chief Executive Officer). En pocas
palabras, su rescate fue menos que heroico, o al menos, poco caritativo.
Legalmente, Mel es el dueño y director de la capilla y la organización
de “The Holy Family”. Quien oficia los servicios religiosos, sin
embargo, es un sacerdote católico ordenado por el Vaticano, que cuenta
con la anuencia del obispo de la diócesis. Muchos de los 63 millones de
católicos estadounidenses consideran a este tipo de grupos como
sectarios. Les inquieta en particular su heterogeneidad y potencial
cismático. La conocida revista católica de teología Concilium, en
su edición número 3 de 2003, examina esta controversia interna en un
artículo del sociólogo católico Luca Diotallevi. El sugestivo título del
artículo se traduce al español así: “¿Está el catolicismo en camino al
sectarismo?”. De particular preocupación resultan para el sociólogo la línea directa e influencia creciente en el Vaticano que tienen
dichos grupos, a expensas de la autoridad diocesana.
¿obra de arte o instrumento para adoctrinar?
Ésas son, de manera sintética, las
raíces espirituales del productor y director del éxito cinematográfico La Pasión, una película sobre la crucifixión de Jesús que puede
ser difícil o fácil de analizar, dependiendo de si se toma como arte o
como propaganda, esto es, instrumento de adoctrinamiento religioso. Tal
dilema no parece existir en los niveles más altos de la curia romana.
Prominentes oficiales del Vaticano la han aclamado como un éxito en los
dos ámbitos, tratando así de cerrar de antemano toda discusión al
respecto.
El cardenal colombiano Castrillón Hoyos,
un alto oficial del Vaticano, la ha exaltado como “un triunfo del arte”.
Maïa Morgenstern, la actriz rumana que actúa el papel de la madre de
Jesús, ha afirmado ante los medios de comunicación, que “la gente que
vaya y vea el filme, verá esencialmente una obra de arte” .
Sin duda alguna, toda producción cinematográfica tiene varios
componentes artísticos, La Pasión no es la excepción, y parte de
su éxito taquillero estriba sin duda en los talentos de Mel Gibson como
director y en los 30 millones de dólares que invirtió de su propio
bolsillo para la filmación. El resultado es una escenografía,
musicalización y actuación de alto impacto que transportan con facilidad
al público contemporáneo —especialmente al religioso— a la Jerusalén
bajo ocupación romana de hace 2 mil años. La interesante innovación de
dejar los diálogos en arameo y latín con subtítulos en inglés o en el
idioma en que se proyecta, logra uno de los efectos deseados: crear un
halo de misterio, el encuentro con un mundo antiguo y lejano, brusco y
extraño como la pronunciación de las consonantes guturales del arameo.
En ese mundo se logra también crear un pathos consistente con el
tema de la película, que se extiende lo más posible intentando cautivar
a la audiencia, pero que no puede lograrlo del todo al saturarla con el
exceso y repetitividad de algunas escenas, como la interminable
flagelación, a la cual, por cierto, los cuatro evangelios no le dedican
más de una frase corta, de no más de cuatro palabras por narrativa.
latín y
arameo: ¿los idiomas de jesús?
El arameo es un idioma semítico que está
entre los pocos que se han hablado continuamente por más de 3 mil años.
Según los registros más antiguos, existen evidencias epigráficas de su
existencia al menos desde el siglo X a. C., pero los filólogos lo
consideran mucho más antiguo. Actualmente, sólo alrededor de medio
millón de personas en diferentes partes de Medio Oriente aún lo cultivan
en forma oral, incluyendo judíos, cristianos ortodoxos sirios y familias
árabes. Más allá de eso, el arameo es estudiado como idioma de
investigación básicamente por especialistas para descifrar inscripciones
arqueológicas y leer textos como los Rollos del Mar Muerto o escritos de
las dinastías aqueménidas, cuyo imperio sucedió al caldeo y dominó el
Medio Oriente antes de las conquistas de Alejandro Magno y la
helenización del mundo Mediterráneo.
Existe consenso entre los lingüistas
contemporáneos que el arameo era un idioma que se hablaba a nivel
popular en el primer siglo de nuestra era en Israel. Pero el hebreo
clásico era también un idioma vivo, sobre todo en asuntos relacionados
con la sinagoga, el sanedrín, el estudio de la Torá y el culto del
templo en Jerusalén. Era, de hecho, considerado un idioma sacro, como lo
evidencian los estudios más recientes sobre los rollos de Qumram y los
esenios. De acuerdo con el doctor Timothy H. Lim, profesor de orígenes
del cristianismo de la Universidad de Edimburgo, Escocia, la sociedad de
la Palestina del Siglo I era realmente una sociedad multilingüística en
la que coexistían al menos cuatro idiomas. Predominaban el griego
koiné, el arameo, y el hebreo. El griego era la lingua franca en
todo el Imperio Romano en ese entonces, no el latín, cuyo auge vendría
hasta varios siglos después. En griego precisamente fue escrito el Nuevo
Testamento, incluidos los evangelios, para darle máxima difusión en el
Imperio. De acuerdo con las investigaciones del papirólogo Carsten
Thiede, profesor del departamento de Historia de la Universidad del
Neguev, Israel, el latín en Medio Oriente era usado muy poco, casi
exclusivamente para asuntos oficiales y protocolarios de la
administración romana. Los judíos bajo ocupación le tenían una peculiar
aversión, ya que era el idioma del ejército invasor y representaba el
imperialismo y la asimilación cultural.
Es aquí donde la selección de idiomas
antiguos para los diálogos originales de los actores en La Pasión se torna sospechosamente imprecisa. Tanto la oración de Jesús en
Getsemaní como los diálogos entre Jesús y los fariseos durante el juicio
ante el sanedrín se nos presentan en arameo. Lingüísticamente, eso es
poco verosímil. Es mucho más plausible que se hayan realizado en hebreo,
ya que el idioma no sólo estaba vivo, era considerado sacro, y se
utilizaba para las cuestiones religiosas, espirituales y formales.
iesus nazarenus rex iudaeorum
De acuerdo con el Evangelio de San Lucas
23:38, el letrero identificando a Jesús como “Rey de los Judíos” que fue
clavado encima de la cruz, fue escrito en tres idiomas: griego, latín y
hebreo. El arameo, curiosamente, no figura en los registros. San Juan
19:20 confirma exactamente lo mismo. El versículo explica más adelante
que muchos de los judíos leyeron el letrero. Es evidente entonces que la
multitud entendía bien hebreo y griego. El latín se insertó
necesariamente por tratarse de un proceso de ejecución romano y por
tratarse del idioma protocolario del imperio. Pero en La Pasión se opta por quitar el hebreo y el griego del letrero, y sustituirlos por
el arameo. Se deja así flotando la idea de que el hebreo no era usado,
dándole una importancia al latín que no tenía para la mayoría de la
gente.
Menos creíbles aún son los muchos
intercambios verbales en arameo entre soldados romanos y habitantes de
Jerusalén en arameo. El idioma coloquial común a ambas culturas era el
griego, y por ello era el instrumento natural de comunicación. No se
escucha el griego helenístico jamás en toda la película, sino melodioso
latín entre Pilato y sus subalternos, entre los soldados romanos, y —oh,
sorpresa—, en un momento de discusión teológica, entre el mismo
Jesús y Pilato. La imprecisión filológica es peccatta minuta para
los actores y productores de cine. No lo es así la manipulación de datos
y símbolos, la cual, como veremos más adelante, forma el código de
comunicación subyacente que se establece con la audiencia primaria para
la cual fue producida La Pasión de Cristo. Cuando a las
imprecisiones históricas se suman las omisiones y la yuxtaposición
tendenciosa de imágenes para consumo de una cultura mediatizada, se
brinda sustento al argumento de que La Pasión es realmente un
filme propagandístico, cuidadosamente codificado para lograr un fin
específico: normar desde la perspectiva sectaria de Gibson la sincrética
religiosidad del catolicismo popular, al reforzar dogmas específicos y
revitalizar símbolos desgastados por el abuso del rito.
distorsionando imágenes: un jesús occidentalizado
No me refiero al
Jesús que en una escena inverosímil conversa natural en latín fluido con
Pilato y trae a la memoria al cura que pronuncia en latín la misa en la
secta de Mel Gibson. Ese latín que se consideró en el medioevo un idioma
cuasi sacro y que terminó siendo el coto de poder de las elites
intelectuales religiosas y políticas mientras “el pueblo” era mantenido
en la ignorancia. ¿No fue el mismo papa Sixto V quien en su celo
tridentino produjo en 1590 una impresión “oficial” única y definitiva de
la Biblia Vulgata en latín y anatemizó a cualquiera que la
cambiase o que leyese otra edición diferente, emitiendo incluso una
escandalosa Bula?
Un Jesús de ojos verdes que no habla
hebreo, y con rasgos fisonómicos —a pesar de la barba y el atuendo—
europeos. Éste es, precisamente el Cristo desemitizado por influencias
como la doctrina tridentina del Deicidio, popular en el Movimiento
Tradicionalista Católico.
la proyección de arquetipos medievales
Cuando se realiza una representación
supuestamente bíblica de lo que se hablaba en Jerusalén y se omite el
griego, en el cual se registran las palabras del mismo Jesús, y que era
el idioma universal de la época, el descuido filológico huele a agenda
religiosa; a latín preconciliar obligatorio, a Vulgata Latina que no entiende el pueblo ni los “laicos”. No evoca al Nuevo Testamento
en griego de Erasmo de Rotterdam que dio base a las traducciones del
siglo XVI a los idiomas populares para que la gente común leyera y
entendieran por sí misma a Cristo. Y comprendiera, más que contemplar,
no sólo el significado de su crucifixión y muerte, sino también de su
vida, ejemplo y enseñanzas, temas que ocupan, por cierto, la mayor parte
de los cuatro evangelios, en contraste con el lento via crucis de
la tradición que inserta Gibson en la película. Un via crucis litúrgico, de peregrinaje con sus 14 estaciones y una interminable
flagelación extraída de las visiones de una monja estigmática.
La tradición del via crucis o
“vía dolorosa” tiene una veta mística penitencial y otra contemplativa.
No parece casual que media película siga cronológicamente su formato. En
su dimensión contemplativa contiene 14 meditaciones tradicionales sobre
los sufrimientos de Jesús, comenzando con su sentencia a muerte, las
tres caídas y terminando con su sepultura. El trayecto está marcado por
varias estaciones o paradas. En su dimensión penitencial, el via
crucis es un peregrinaje acompañado de rezos específicos con el fin
de obtener una indulgencia plenaria.
el via crucis : de vuelta
a las indulgencias
De acuerdo al documento oficial Enchiridion Indulgentiarium Normae et Concesiones, publicado en mayo
de 1986,
debe haber 14 cruces con imágenes pictóricas señalando los lugares en
los que, según la tradición, Jesús transitó en su camino al Calvario. A
todos los fieles que realicen devotamente el peregrinaje en los sitios
debidamente autorizados, “se les concede indulgencia plenaria”, dicen
las normas del Vaticano. ¿Indulgencias plenarias en el siglo XXI? Así
es: perdón divino a cambio de rezos y peregrinaje. El tinte medieval de La Pasión tiene pocas expresiones tan gráficas como su abierta
inclusión de las 14 estaciones de la vía dolorosa. El
peregrinaje se tenía que hacer antes en Jerusalén. Ahora, la oración y
práctica se puede hacer en distintas partes del mundo, siempre y cuando
se trate de “lugares aprobados”. El via crucis es una práctica
popular entre muchos católicos.
La selectividad lingüística del
productor de La Pasión no sería objeto de más de dos líneas en
este análisis, si no fuera porque la propaganda de la película afirma
que Mel Gibson se asesoró con eminentes eruditos en idiomas antiguos, y
porque su engañosa maquinaria de publicidad ha proclamado enfática que
la película es una representación fiel de las narrativas del Nuevo
Testamento. Críticos cinematográficos cultos ya han señalado muchas
inconsistencias y omisiones —también algunas adiciones— bastante
tendenciosas en lo que a esto respecta, y no es necesario repetirlas.
un diablo femenino y el herodes travestí
La realidad es que en lugar de una
representación fidedigna del juicio y crucifixión de Jesús, la película
ofrece al público una distorsión sectaria de la misma. Debe reconocerse
que el filme hace un esfuerzo por integrar los evangelios sinópticos con
San Juan como base de la trama, más aun allí esa curiosa selectividad aflora. En este sentido, la calidad del filme queda por debajo de una
novela histórica decente. Al margen de eso, su aportación más importante
es el acercar al hedonista público occidental a las brutales realidades
de un proceso de crucifixión de la época de Jesús. Pero aun esa
aportación se opaca por el mórbido medievalismo que se le imprime a las
escenas. No hay registro en el Nuevo Testamento de la presencia de una
diablo andrógino-feminizado en la oración del huerto de Getsemaní.
Tampoco de Judas Iscariote siendo atormentado por crueles niños —niños
judíos— que en su imaginación y la del público se transmutan en demonios
y lo orillan al suicidio. En ningún lugar de los evangelios existe la
más remota inferencia de que el rey Herodes fuera homosexual o travestí
como se le representa en La Pasión con una peculiar corte de
bufones y transexuales. Antes bien, las inferencias válidas que se
pueden extraer de los evangelios y fuentes históricas como Flavio
Josefo, es que Herodes era un corrupto y pragmático gobernante
heterosexual. San Marcos 6:17, por ejemplo, dice lo siguiente:
Porque el mismo
Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la
cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había
tomado por mujer.
El problema de La Pasión según
Gibson, no son en sí las imprecisiones ni la creatividad artística
inherente a todo filme. El problema es que los arquetipos clásicos del
catolicismo medieval y preconciliar van entretejiéndose con cuidado
antes de llegar al clímax de la película. Pronto, la distorsión
selectiva da paso a la ficción sin freno por el sesgo sectario que se le
imprime a la producción entera.
Los estereotipos y símbolos mencionados
son demasiado burdos, pero en películas de alto impacto tienden a
implantarse o reforzarse en el imaginario colectivo. Y ésta es una
película para millones de personas. Veamos algunos estereotipos que
presenta. Uno es el diablo personificado en términos de género como
mujer —la tentación encarnada y satanizada por excelencia a lo largo del
medioevo—. ¿Quién escarnece y se burla de Cristo, del hijo mismo de
Dios? Nada menos que un ficticio rey homosexual y su corte de travestís:
el odium homofóbico preconciliar hace acto de presencia y
se va imprimiendo otro estereotipo en el imaginario colectivo de la
audiencia.
¿promueve realmente el
antisemitismo?
Niños judíos cuyo único y edificante
papel es atormentar a un hombre enloquecido por la culpa. Sus rostros
mutan de muecas demoníacas a expresiones de crueldad; otro arquetipo
medieval conectado con la doctrina católica del Deicidio.
No. En el evangelio según Gibson,
ciertamente los niños en general no aparecen como criaturas virtuosas.
Ni aun se podría decir que inocentes. La mayoría parece engendros
malditos sacados de un cuadro del infierno de Dante. Y así, cada
licencia artística del cineasta, cada detour de los evangelios,
es aprovechado para establecer y reforzar códigos simbólicos con la
audiencia. Ni aun los bebés se salvan. Satanás feminizado se pasea
rondando siniestro, mientras Caviezel es flagelado: en sus brazos carga
un bebé de gesto tétrico —presumiblemente un símbolo del anticristo—,
tema obsesivo en sectores del Movimiento Tradicionalista Católico, en
especial en personas como el padre de Mel Gibson, quien al igual que el
obispo lefebvrista Richard Williamson, considera a los judíos como un
siniestro grupo que instaurará una religión mundial e infiltrará
secretamente al catolicismo con sus doctrinas. El anticristo, pues,
tiene raza. El Centro Simon Wiesenthal se equivocó cuando enfocó sus
críticas por el presunto antisemitismo de La Pasión. El problema
no era, como se planteó, el supuesto apego a los evangelios, literatura
finalmente hebrea que habla de un judío: Jesús, y una controversia entre israelitas sobre cuestiones teológicas. El
antisemitismo en La Pasión existe en el manejo de símbolos,
reflejo de los prejuicios tridentinos preconciliares que inspiran la
película. Los niños judíos son, finalmente, los hijos de quienes
entregan a Jesús para ser ejecutado, y cuyos padres rechazan al Hijo de
Dios.
el deicidio y la conspiración para infiltrar al vaticano
El siguiente ejemplo es ilustrativo de
esta mentalidad: Richard Williamson, quien fue ordenado obispo
personalmente por monseñor Marcel Lefebvre, declaró lo siguiente el 3 de
octubre del año 2000, acerca de un importante cardenal del Vaticano con
quien dialogaban entonces los lefebvristas, luego de ser declarados
cismáticos.
Creo que detrás del cardenal... están
operando villanos, ya sea judeo-masones o prelados trabajando para la
judeo-masonería, quienes son mucho más siniestros que éste cardenal....
Williamson cierra afirmando que el
mencionado cardenal sería desechado cuando no sirviera más a los
judíos-masones “para avanzar su adelantada marcha hacia la formación de una sola religión mundial”.
gibson y las visiones de ana catarina emmerick
De las escenas iniciales que quieren, y
a veces logran transportar al público al mundo de hace 2 mil años, y
tratar de acercarlo al mysterium tremendum et fascinans de Rudolf
Otto, se pasa bruscamente a las atmósferas místicas medievales que hacen
a la película por momentos inverosímil e inevitablemente mórbida. El
resultado es mysterium a secas.
Este problema se reafirma por la fuerte
influencia que ejercen en la película, a espaldas del público, los
escritos de la monja y vidente alemana del siglo XVIII, Ana Catarina
Emmerick.
La religiosa católica nació en un pueblo
aledaño a Münster, Westfalia, en 1774. De acuerdo con la Enciclopedia
Católica tenía visiones y éxtasis desde su infancia en las que se
asegura que se le aparecía Cristo frecuentemente para conversar con ella.
La religiosa también tenía una particular fijación con el purgatorio. Su biografía en la Enciclopedia Católica afirma que
sufría continuamente por ver los tormentos de las almas que allí se
consumían.
Luego de quedar confinada a su cama en
estado permanente de invalidez, se añade que la monja Emmerick comenzó
a presentar estigmata: misteriosas huellas sangrantes como de una
corona de espinas aparecían en su cabeza, marcas de cruces se le
imprimían en el pecho, e incluso, los signos sangrantes de los clavos
atravesándole las palmas de las manos. La mitología sobre Ana Catarina
de Emmerick establece, asimismo, que desde 1813 en adelante se alimentó
exclusivamente de la hostia y no probó ningún otro alimento. Murió el 9
de febrero de 1824.
vivió sin probar otro alimento que la hostia
El
obispo de Münster inició formalmente su proceso de beatificación desde
1892. El caso permaneció prácticamente inmóvil por falta de pruebas e
interés, hasta que fue retomado recientemente por el papa Juan Pablo II.
Se anticipa que próximamente se aprobará con vías a su canonización.
Como es sabido, el actual papa ha beatificado a 1,330 personas —a veces
vía fast-track— durante su pontificado. Más que todos sus
predecesores juntos en los últimos 500 años. La beatificación es el paso
previo a la canonización en el catolicismo, el equivalente a ingresar en
el santoral. Este contexto es importante, porque como han notado varios
especialistas, la beatificación y canonización masiva es parte de una
estrategia de fortalecimiento de símbolos y fervor popular ante la
incesante pérdida de fieles que sufre la Iglesia Católica en continentes
como América y Europa. Alejandrina María de Costa, una mujer paralítica
de Portugal, está entre las más recientes figuras beatificadas por Juan
Pablo II. Similar a la leyenda sobre Emmerick, el Vaticano sostiene que
la beata Alejandrina vivió los últimos 13 años de su vida sin probar más
alimento que la hostia consagrada.
La principal obra literaria de Ana
Catarina Emmerick fue publicada en 1833. El título nos es peculiarmente
familiar: La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
El libro es una recopilación y traducción al alemán del poeta Klemens
Brentano de las visiones que la monja le dictó en su lecho de muerte en
el dialecto de Westfalia. No fue un dictado cualquiera. Catarina le
indicó a Brentano desde un inicio que él era el elegido para cumplir el
mandato de Dios: escribir las revelaciones de los sufrimientos de Jesús
que Dios le había permitido contemplar a ella para que las almas se
pudieran salvar.
la revelación salvífica
Dicho en otras palabras, las visiones extáticas de Ana Catarina proveían
de importantes detalles que no se registran en los evangelios sobre la
flagelación, sufrimientos y crucifixión de Jesús. Y éstas eran revelaciones indispensables para salvar a muchas almas. Su
propósito literario, pues, era indiscutiblemente evangelizador.
Exactamente como La Pasión según
Gibson.
Brentano aceptó sin dilación la urgente
encomienda y publicó finalmente el libro ya mencionado. La monja aprobó
escrupulosamente antes cada palabra, ya que tenía las revelaciones por
visión sagrada. Brentano preparó paralelamente otra obra complementaria
de Ana Catarina: La vida de la Santísima Virgen María, publicada
eventualmente en 1852.
engaños publicitarios
Mel
Gibson y sus guionistas se inspiraron libremente —a veces con gran
literalismo— en los escritos místicos de Ana Catarina de Emmerick para
su película. La publicidad masiva especificaba, sin embargo, otra cosa:
que estaba basada en los evangelios. Sólo en un breve prefacio a su
libro de fotos de la película, Gibson hace una críptica alusión a
“visiones aceptadas” como parte de sus fuentes documentales.
Nunca, sin embargo, dice de quién son las visiones, ni por
quién han sido “aceptadas”. Ahora sabemos que se tratan de las
visiones de la mística Emmerick. La conexión con La Pasión es tan
obvia, que The Catholic Company está promocionando el primer
libro de Catarina de Emmerick a un precio de $18 dólares. Dice así el
anuncio: “El libro que inspiró a Mel Gibson”. En cuanto a que se trata
de “visiones aceptadas”, lo único que sabemos con certeza es que son
visiones aceptadas por Gibson y excéntricos círculos místicos como la
secta “The Holy Family”.
la mística de münster contradice los evangelios
Hay
contradicciones notorias entre las visiones de Ana Catarina y los
evangelios. Examinemos algunas que se reflejan en la película. El Nuevo
Testamento afirma que Jesús fue flagelado según la costumbre romana de
la época antes de su crucifixión. Las visiones de Ana Catarina afirman
que fue azotado con varas. Más es mejor, de acuerdo con Mel Gibson, así
que junta eso a la flagelación que registra el Evangelio. Pero sumar, a
veces resta. Y éste es un buen ejemplo. El intento por acercar al mundo
occidentalizado a las realidades de una muerte por crucifixión del Siglo
I, pierde fuerza y credibilidad por la exageración del castigo.
Interminables azotes con varas primero, según la religiosa, flagelación
con látigo romano después, de acuerdo con los evangelios. ¿Qué dice la
historia? Todo proceso romano de ejecución en el siglo I era iniciado
por ley con flagelación con látigo. La crucifixión de Jesús fue un acto
con sanción oficial llevado a cabo bajo las leyes romanas.
El Evangelio concuerda con la historia; las visiones de Emmerick,
no.
muerte por crucifixión: investigaciones médicas
Un
artículo científico sólidamente documentado fue publicado en el
prestigiado Journal of the American Medical Association, en 1986.
En el mismo, el doctor William Edwards, patólogo e investigador de la
respetada Clínica Mayo, en Rochester, ofrece una perspectiva médica
sobre el proceso de crucifixión y muerte en los tiempos de Cristo.
El trabajo se basa en fuentes históricas serias sobre lo que constituía
un proceso de flagelación y crucifixión pública en el Imperio Romano del
primer siglo. El resultado es una investigación, que aunque técnica, es
realista y bien documentada. El director de La Pasión hubiera
beneficiado al público consultando fuentes como ésta en vez de visiones
especulativas. La descriptiva investigación de Edwards no minimiza en
nada los efectos del flagellum o látigo de varias colas en el
cuerpo humano: están allí descritos con todos sus dolorosos y dañinos
estragos. Asimismo, la pérdida hemática, los golpes contusos por el
trato brutal de los soldados romanos que refleja correctamente el rostro
de Jim Caviezel en momentos de la película, rostro herido que contrasta
con la iconografía e imágenes clásicas, las cuales, fuera de sangre
pintada, perpetúan modelos grecorromanos de estética facial intacta.
disminuyendo a cristo y exaltando la ficción
En La Pasión, el realismo y la retórica aristotélica del pathos detienen el tiempo enfocándose demasiado en el trato dado a Jesús antes de ser crucificado. El hecho central de la crucifixión misma
es minimizado debido a esta asimetría escenográfica. Y lo es a tal
grado, que la película bien podría llamarse “La flagelación de Cristo”.
A diferencia de la minuciosa investigación del doctor Edwards y de
trabajos históricos contemporáneos como los de Martin Hengel, profesor
de la Universidad de Tübingen, en La Pasión el público no tiene
manera de ver realmente qué significa una muerte por crucifixión.
El registro del Nuevo Testamento dice que estuvo clavado durante seis
largas horas, mucho más de lo que tomaba una flagelación. De esta
manera, vemos que se da más énfasis a las visiones de la mística alemana
que al registro del Nuevo Testamento. El resultado es una disminución de
los evangelios como fuente documental. En La Pasión de Gibson, la
crucifixión no es una crucifixión normal. Ni siquiera una ejecución
particularmente cruel como la presenta el Nuevo Testamento. Es, sobre
todo, un proceso de flagelación sólo soportable por un superhombre. La
implicación teológica es una disminución de la humanidad de Jesús.
En el filme, no hay paso que Cristo dé
—con cruz o sin cruz— que no vaya acompañado de un golpe, un empujón o
un latigazo. Se le lanza de cabeza también desde un muro alto antes del
juicio del Sanedrín y sólo lo detiene de estrellarse contra el suelo una
cadena que lo deja suspendido. No muestra huellas después ni de un leve
esguince cervical. ¿Qué narrativa seria registra eso?
cur deus homo : la metafísica de san anselmo
En
otra escena, un Jesús destrozado se levanta con visible esfuerzo luego
de innumerables y gráficos azotes con cañas, para seguir siendo
golpeado. Hay aquí ecos de la teología medieval de San Anselmo, monje,
filósofo y metafísico que calculó en términos casi matemáticos el dolor
substitutorio que Jesús sufrió en pago de la deuda por los pecados de la
humanidad. ¡Como si un azote menos fuese a malograr la redención! Su
cruz además, no es como la de los dos ladrones. Ellos solamente cargan
el patibulum, o travesaño, sobre sus hombros. Pero de acuerdo con la
mística Ana Catarina, Jesús cargó una cruz completa. Idéntica a las que
se veneran en templos o iglesias, y se venden como souvenirs y amuletos
o en fotos en el sitio oficial de internet de La Pasión. Una cruz
parecida en forma a las que cargan en las procesiones jet-set de Semana
Santa en Jerusalén, o en las más brutales de Las Filipinas, entre
dramáticas escenas autoflagelantes para expiar culpas e intentar curar
remordimientos u obtener gracia divina. Una cruz igual a la que dice la
biografía de Emmerick que se le pintaba de la nada en el pecho.
El
Jesús de Gibson, abraza y casi besa el mástil de la cruz al iniciar el
via crucis. Dice así un extracto del fantasioso libro de Emmerick:
“...Jesús se arrodilló cerca de ella, la abrazó y la besó... Los
soldados levantaron a Jesús sobre sus rodillas, y tuvo que cargar con
mucha pena con esta carga pesada sobre su hombro derecho. Vi ángeles
invisibles ayudarle, pues si no, no hubiera podido levantarla. Mientras
Jesús oraba, pusieron sobre el pescuezo a los dos ladrones las piezas
traveseras de sus cruces
[17]
.”
Allí están dos escenas tal cual, copiadas —o plagiadas—, en La Pasión.
manipulando imágenes y textos: la eucaristía prefigurada
Leer esta porción de los escritos de Ana
Catarina evoca exactamente otras imágenes particularmente fantásticas de
la película.
“El modo horrible como habían
fracturado los miembros de los ladrones hacía temblar a las santas
mujeres por el cuerpo del Salvador. Mas el subalterno Casio,... tuvo una
inspiración súbita. La ferocidad bárbara de los verdugos, la angustia de
las santas mujeres, y el ardor grande que excitó en él la Divina gracia,
le hicieron cumplir una profecía. Empuñó su lanza, y dirigiendo su
caballo hacia la elevación donde estaba la cruz, se puso entre la del
buen ladrón y la de Jesús. Tomó su lanza con las dos manos, y la
clavó con tanta fuerza en el costado derecho del Señor, que la punta
atravesó el corazón, un poco más abajo del pulmón izquierdo. Cuando
la retiró salió de la herida una cantidad de sangre y agua que llenó su
cara, que fue para él baño de salvación y de gracia .”
La teología mística da aquí un salto ad hoc a la licencia cinematográfica. Lo único que dicen los
evangelios es que del costado de Jesús salió agua y sangre al ser
perforado por la afilada lanza romana, otro procedimiento estándar para
asegurarse de la muerte de los ejecutados. El ya citado artículo del
patólogo clínico W.D. Edwards da una explicación de este suceso en
términos médicos. La muerte por crucifixión a menudo era acompañada por
hipovolemia y no era inusual que terminara en una falla cardiaca congestiva que
conllevaba la acumulación de fluidos acuosos en el pericardio,
e incluso, exudados serosos en la pleura.
Una cantidad pequeña de agua pudo haber salido de manera natural al
momento de ser perforadas dichas membranas. La sangre, en cambio, debió
haber sido mayor en cantidad, proviniendo del ventrículo derecho del
corazón, o de lo que se conoce como un hemopericárdium.
Esta explicación es consistente con la fisiopatología médica de una
muerte por crucifixión de acuerdo a estándares científicos modernos y es
congruente con el relato del Nuevo Testamento. Pero en La Pasión no brota simplemente agua y sangre. Sale literalmente un largo baño de
regadera a presión sobre el soldado romano—llamado también Casio—de tal
magnitud e impacto que éste cae extático de rodillas. Otro mensaje
codificado: ¿qué es esto sino un reflejo en el escrito de la mística
Emmerick de la doctrina de la transubstanciación? ¿Y quién tiene el
mítico poder de transformar el cuerpo y la sangre de Cristo a voluntad
en una hostia y otorgar gracia por ósmosis o contacto físico? El cura
ordenado oficialmente por el Vaticano. Nadie más.
A través de intentar reforzar la
sacralidad del dogma de la transubstanciación, La Pasión es un
instrumento útil para revalorar el oficio del sacerdocio católico que ha
perdido credibilidad como nunca en los Estados Unidos y en el mundo,
debido a los innumerables casos de paidofilia y abuso sexual infantil
encubiertos por obispos durante años. ¿Será mera coincidencia que tal
éxito cinematográfico de alto impacto se estrene justo cuando la
credibilidad pública de los sacerdotes y el Vaticano pasa por una de sus
peores crisis en la historia?
mariología y transubstanciación en la pasión
Reforzar el simbolismo de la eucaristía
como sacrificio cruento es el principal tema teológico que corre a lo
largo de la trama de La Pasión. El marcado énfasis mariológico va
paralelo, en un plano secundario que llegará a intersectarse en el
clímax escenográfico de la película. La mística de Münster viene de
nuevo muy a la mano para comunicar esos objetivos. Un ejemplo poderoso
es la escena de la madre de Jesús limpiando esmeradamente con paños
blancos la abundante sangre de éste que ha quedado regada por el piso
del pretorio después de su prolongada flagelación. El énfasis de la
cámara es deliberado y trasmite con claridad el mensaje: vincular de
manera gráfica la sangre redentora con la madre del redentor, sangre,
que por cierto, aparece singularmente roja y con pocos signos de seguir
el proceso fisiológico normal de coagulación y condensación que las
condiciones del caso exigirían. Esa época del año del pesach o
pascua judía, es de temperaturas altas en Jerusalén, lo cual acelera la
rapidez de los tiempos de coagulación en pruebas estándar como las de
Lee White (véase la clásica Hematología de Wintrobe). La arena,
el polvo y las superficies rugosas del piso favorecen más la
condensación rápida y la formación de coágulos. En la escena no se ve ni
uno solo, a pesar de la gran cantidad de sangre. Otra selectividad es
que el color parece de sangre arterial (más roja y brillante), no tanto
de sangre venosa, más oscura y opaca. Al parecer el látigo romano
cercenaba exclusivamente vasos arteriales y no venas, lo que es, por
supuesto, imposible en un evento real. Pero la sangre roja y brillante,
luego del largo tiempo de látigo y cañazos, está allí, atípicamente
fluida y recolectable, fresca. En otras tomas, sin embargo, en especial
la que filma pequeños charcos cuando María se acerca a limpiarla, el
color y la consistencia de la sangre se asemeja más a la del vino tinto
de consagración. La de La Pasión, es pues, una sangre mística.
Como la de las reliquias sacras medievales que se afirma que contienen
sangre de algún santo que de tiempo en tiempo vuelve milagrosamente a
fluir. Como la sangre que escurre pintada de los retratos del Sagrado
Corazón de Jesús. Como la misteriosa sangre que, se dice, aparecía en
los estigmas de la vidente Ana Catarina que inspiró a Mel Gibson. Como
la sangre que —aunque en forma invisible— se vuelve a hacer literalmente
presente en la hostia en el sacrificio de la misa, según el dogma de la
transubstanciación, doctrina medieval, declarada de fide, o de
creencia obligatoria para el católico, sólo hasta el IV Concilio
Laterano, en 1215 d.C.
La escena de María limpiando la sangre
del piso del pretorio es, finalmente, otra visión más del libro de
Emmerick puesta en escena con algunos retoques.
la escena de la verónica y el sudario de turín
Asimismo aparece en La Pasión otro cuadro que brilla por su ausencia en los registros del Evangelio,
pero que está consignada en la tradición católica en rezos procesionales
como el via crucis. Es una toma parcialmente evocativa de
controversiales reliquias contemporáneas, como el venerado Sudario de
Turín. La leyenda se basa otra vez en las visiones de la monja. Mel
Gibson halla la forma de ir más allá de la tradición de La Verónica, y
decide detener la cámara en ese punto con mucha deliberación. La escena
de la imagen del rostro de Jesús calcada en el paño blanco con mucha
nitidez aparece intercalada tres veces. El efecto deseado es inmediato y
la mente de la audiencia la conecta con aquello a lo cual se asemeja: la
del famoso rostro de Jesús en el Sudario de Turín, una conocida reliquia
cuyo origen no es sino un comprobado fraude del siglo XIV, pero que
resulta útil hoy en día para alimentar el fervor y misticismo popular.
misticismo medieval: maría co-redentora
El entramado de imágenes selectivas va
construyendo paso a paso un lenguaje simbólico para fortalecer diversas
creencias y dogmas populares. Las últimas horas de Jesús se convierten
así en pretexto para promover el peculiar tipo de catolicismo místico en
que cree Gibson. Y no sólo el de Mel Gibson, sino el de sectores
ultraconservadores del Vaticano.
El actual pontífice inició su papado
consagrándose a la Virgen María con el famoso lema totus tuus, el
cual hizo, incluso, inscribir en su escudo de armas. El lema de
su pontificado es mucho más que una peculiaridad personal y tiene un
profundo significado para Juan Pablo II, según lo ha expresado en
distintos escritos. El latín totus tuus quiere decir “todo tuyo”
y es una abreviación de una máxima original del místico mariano del
siglo XVIII, Grignon de Montfort. Completo, el rezo de consagración a la
virgen dice así: Totus Tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te
in mea omnia. Praebe mihi cor Tuum, Maria.
Grignon de Montfort, quien eventualmente
fue canonizado, consideraba esta consagración un poderoso secreto
espiritual. En español, el rezo dice lo siguiente:
Todo tuyo soy, y todo lo que tengo
es tuyo. Te recibo en todas las áreas de mi vida. Muéstrame tu corazón,
oh, Maria.
Tous tuus,
pues, tiene un profundo simbolismo espiritual para Juan Pablo II. Su
vida devocional lo ubica como papa en una teología mariocéntrica más que
en el cristocentrismo que quisieron empujar los acuerdos del Concilio
Vaticano II. Por ello, desde que inició su pontificado ha tenido como
una de sus prioridades doctrinales fortalecer el culto mariano en todo
el mundo y llegar a oficializar la doctrina de María Co-Redentora,
elevándola de un estatus aceptado por muchos católicos como mediatriz
de toda gracia, a un nivel similar al de la segunda persona de la
Trinidad. Esta propuesta no es nueva, en el medioevo hubo tales
intentos, e incluso el papa Benedicto XV dio firmes pasos en esa
dirección. Pero Juan Pablo II ha tenido fuerte oposición por parte de
muchos teólogos católicos europeos para designar oficialmente a Maria
co-redentora. El recurso pontificio, al parecer, es cultivar entonces el
apoyo de las masas de fieles. ¿Vox populi, vox Dei? Lo que se
desea oficializar en el Vaticano es credo y praxis común ya en grandes
sectores de América Latina, África y otras zonas del mundo.
Teológicamente, María es percibida funcionalmente por muchos como
co-redentora. La película de La Pasión según Mel Gibson fortalece
decididamente esos puntos para su publico. Eso es reflejo natural de la
fe personal de Gibson. El actor y productor ha afirmado repetidamente su
creencia en María como co-redentora de la humanidad.
Las afinidades doctrinales de Mel Gibson y el papa Juan Pablo II,
explican la promoción sin precedente que el Vaticano ha hecho a la
película.
monjas, mariolatría y maternidad universal
Aunque en los evangelios son muy escasas
las menciones a María en el juicio y proceso de crucifixión de Jesús, en
la versión de Gibson de La Pasión es el segundo personaje más
prominente de la película —el tercero es el Diablo—, tal como aparece en
los escritos visionarios de Ana Catarina. Vale la pena hacer algunas
observaciones sobre cómo se proyecta la imagen mariana. De inicio llama
la atención de nuevo el asunto de los rasgos fisonómicos. De acuerdo con
los descubrimientos más recientes de la antropología física, la María
bíblica, una mujer judía de la semidesértica Palestina, difícilmente se
parecería a la María del filme de Gibson. Ésta carece de un aspecto
decididamente semítico. Tiene rostro notoriamente blanco y cabello negro
escasamente visible, con facciones más bien europeas. La representación
facial de la actriz Maïa Morgenstern se podría comparar, en alguna
medida, con algunas veneradas imágenes de la Virgen en santuarios
importantes como los de Lourdes y Fátima. Incluso se asemeja en algunas
fotos a Bernnardette Soubirous, la extinta vidente del grotto de
Lourdes. Es cierto que la actriz de La Pasión, nacida en
Bucarest, es de ascendencia judía, pero no por sus genes deja de tener
un fenotipo de europea del Este. O sea, la selección de la actriz tiene
un sesgo etnocéntrico.
Se trata de un rostro mariano relativamente universal y de
aspecto decididamente místico. Maïa Morgenstern sale cubriendo su cabeza
en la película con un velo negro con filo claro que dista mucho de lo
que se usaba en la Palestina y el mundo del Mediterráneo del Siglo I.
Parece más bien un velo de monasterio.
La María de Mel Gibson sale vestida de
negro a la manera de algunas monjas y místicas medievales. Se presenta
al público de inmediato como teniendo una conexión suprasensorial con
Jesús y su misión redentora. La actriz aparece sintiendo en su cuerpo
las agonías de Jesús a cada intervalo. En contraste, el Nuevo Testamento
no dice nada al respecto y varios pasajes contradicen esa suposición,
sugiriendo más bien incomprensión de su parte ante la misión redentora
de su hijo.
Una vez establecida la conexión
suprasensorial entre ambos personajes, la creatividad artística del
héroe de Mad Max va formulando su nueva versión del Evangelio. En La Pasión según Gibson, María es llamada “madre” en primera
persona seis veces; cuatro por Juan, una por Pedro, y otra por Jesús. En
los cuatro evangelios hay sólo dos referencias parecidas en San Juan. En
ellas, Jesús se refiere a ella como “mujer”. Nadie la llama en primera
persona madre, ni como título honorífico, ni tampoco como expresión
filial.
El uso de “mujer” por Cristo en escenas como las Bodas de Caná
sugieren más bien un distanciamiento público de Jesús con María en
relación con su ministerio, no con su vínculo familiar ni su
relación afectiva.
Por todo esto, resulta particularmente
significativa la escena en la que Pedro —arquetipo mítico del papa y su
línea sucesoria histórica— se refiere a ella como madre,
postrándose a sus pies luego de negar a Jesús, para confesarse con ella.
La dramática toma capta a un lloroso Pedro de rodillas, negándose a ser
confortado por las manos maternales de María erguida, quien le dice
sollozante que no es digno de ser tocado por ella.
El apóstol Juan también la llama madre
cuatro veces en la película para brindar sustento a la creencia de la
maternidad universal de María.
El Nuevo Testamento afirma enfático que
la madre de Jesús se casó con José y procreó hijos. Curioso. En una
escena de la niñez de Jesús, y otra más siendo éste ya un adulto,
siempre aparecen ausentes sus hermanos. Hermanos, de acuerdo al
griego adelphos, que significa etimológicamente “de la misma
matriz”, lo que excluye, por lo tanto, la extravagante explicación de
que en vez de hermanos, eran primos. Gibson y sus guionistas hacen,
pues, ficción teológica y reafirman con imágenes visuales el dogma de la
virginidad perpetua de María, una tradición católica de origen tardío,
que se formuló semioficialmente hasta el siglo V d.C., exactamente
durante el auge del ascetismo monacal y bajo las influencias gnósticas
que repudiaban la sexualidad matrimonial como inherentemente pecaminosa.
el clímax sacramental de la pasión
El énfasis mariológico continúa en La
Pasión. ¿Cae Jesús exhausto bajo el peso de los golpes y la cruz?
Allí está su madre, quien le trasmite fuerzas sobrenaturales para
pararse y continuar su tarea de morir para redimir a la humanidad.
¿Desfallece él en el camino? Una mirada de ella basta para infundirle
sobrenaturalmente energía.
Las escenas se suceden —siguiendo fieles
la secuencia tradicional de las tres caídas y las 14 estaciones del via crucis— para conducir al público finalmente al clímax; una
crucifixión con fuertes matices teológicos sacramentalistas y
eucarísticos que yuxtaponen a María como co-redentora.
Una toma del juicio de Jesús ante el
Sanedrín, que podría pasar inadvertida, ha preparado al público receptor
de antemano. Entre las acusaciones que se le hacen a Cristo ante el sumo
sacerdote, de acuerdo al relato del Nuevo Testamento, súbitamente
aparece otra que insertó el guionista de Gibson. De entre el tumulto de
fariseos y saduceos enardecidos sale una voz airada que acusa a Jim
Caviezel atestiguando, según se traduzca el arameo, que Jesús ha
afirmado ser el pan de vida y que “no se puede heredar la vida eterna si
no se come su carne y no se bebe su sangre”.
El versículo fue tomado prestado y
sacado de contexto de San Juan 6:53-54. De acuerdo con la narrativa
misma del Evangelio de Juan y lo que dicen los sinópticos, ese tema
jamás formó parte de las acusaciones que se le hicieron en el juicio
ante el sumo sacerdote. Pero son muy convenientes para la agenda
tridentina de La Pasión. Se ha allanado el terreno para la
crucifixión mística-sacramental.
Gibson omite, por supuesto, añadir que en
San Juan 6:63 Jesús explicó claramente que esas palabras eran
metafóricas: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada
aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”
dios de dios, luz de luz...
En cuanto a lo anterior, el vaivén y
superposición de las imágenes finales de la película no dejan lugar a
dudas. A estas alturas, el arte de la propaganda se desarrolla ya sin
pudor alguno: Jesús sangrante clavado en la cruz, flashbacks de
la última cena, en la que el pan se sostiene en forma casi litúrgica. Se
filma el vino en el vaso. Cristo en carne viva, sangrando y redimiendo,
María al pie de la cruz, salpicada de sangre redentora, diciéndole:
“carne de mi carne, corazón de mi corazón...”
Los comentarios son innecesarios. La
yuxtaposición de imágenes lo ha dicho todo. La audiencia primaria, el
catolicismo popular, entiende los símbolos, la audiencia informada
comprende la agenda, y los que se imaginan que la película es una
representación fidedigna del Nuevo Testamento, no entienden nada. La
Pasión presenta finalmente a un Jesús descontextualizado de su
propia vida y mensaje, desligado de su ejemplo y discurso. Reformulado
en una ficción mística y simbiótica. Es un Jesús cualitativamente
distinto al de los evangelios.
respaldos publicitarios del vaticano a la película
Habitualmente cauta, la jerarquía
conservadora de Roma da de inmediato su imprimatur al
reduccionismo del Evangelio según Gibson y lo colma de inusuales
respaldos y aclamaciones de sus más altos representantes, comenzando por
el papa Juan Pablo II. Con tan explícitos contenidos, ¿cómo podría ser
de otra manera?
El padre Augustine Di Noia, subsecretario
de la Congregación para la Doctrina de la Fe, afirma sin rubor en una
entrevista que la película de Gibson “es absolutamente fiel al Nuevo
Testamento”.
Desde el Vaticano, el encargado de
supervisar la ortodoxia de la doctrina católica en todo el mundo, omite
mencionar que se basa en gran parte de las visiones místicas de la
multimencionada Ana Catarina Emmerick y el sesgo tridentino que le
imprimió el productor.
¿Y los líderes evangélicos? En una
entrevista con la revista Christianity Today, Mel Gibson mismo
declara hallarse sorprendido de la gran acogida que La Pasión ha
recibido entre los evangélicos en muchas partes del mundo, a pesar de su
marcado sesgo católico tradicionalista.
Desde personalidades como Billy Graham y
líderes evangélicos muy prominentes en el mundo, la recomiendan, la
promueven activamente sin reservas usando su influencia para que
millones de seguidores llenen las salas de cine en la esperanza ingenua
de que ayude a evangelizar a las multitudes y reavive la fe de
muchos de sus fieles.
El sacerdote Di Noia tiene más claro
cuál fue siempre el propósito y la principal audiencia del filme:
Cristo ‘recuerda’ la Última Cena
incluso mientras actúa el sacrificio del que hace memoria. Para muchos
católicos que vean estas imágenes, la misa nunca volverá a ser lo mismo .
conclusiones: la pasión como misa cinematográfica
Contrariamente a lo que señala la
impresionante maquinaria publicitaria que presenta La Pasión de
Mel Gibson como una épica fiel a los evangelios, la película es en
realidad una simbiosis de sus peculiares creencias tridentinas
personales y las visiones de una monja mística del siglo XVIII que
reclamaba tener estigmata. La estructura de los evangelios
sinópticos y partes selectas de San Juan sólo sirven de introducción y
montaje. De esa plataforma parte cronológicamente la trama en forma
procesional, siguiendo casi al detalle el tradicional via crucis con sus 14 estaciones y escenificando los misterios del Rosario. Como
herramienta de comunicación, el propósito del filme es trasmitir una
interpretación oficiosa de una porción significativa, pero muy corta y
sin contexto, de la vida de Jesús. En La Pasión, la forma es el
vehículo para hacer atractivo el contenido. El formato fílmico es sólo
la envoltura de la agenda. Por ello es necesario enfocarse en los
contenidos y contextos, ya que el arte es aquí, en realidad, pretexto.
Gibson y sus guionistas tienen un público
o audiencia principal en mente: las masas populares católicas. La agenda
del Vaticano, al respaldar el filme, es también muy clara. Reafirmar la
doctrina clásica del sacramento de la eucaristía y promover la doctrina
de María co-redentora en una sociedad mediatizada, condicionada por
imágenes, literaria y teológicamente desinformada. Proveerla de un
“Evangelio digital” de símbolos, fácil de asimilar, con formato de alto
impacto emocional para fijar ideas y reforzar dogmas. Para millones de
personas funcionalmente analfabetas, que desconocen los entretelones del
poder del dogma y que jamás leerán el Nuevo Testamento, porque
sencillamente no leen casi nada, las escenas de La Pasión según Mel Gibson quedarán indeleblemente grabadas en su imaginación
como un registro veraz de las últimas horas de Jesús. Será —quizás para
toda su vida— el único “Evangelio” que conocerán. Su único punto de
referencia sobre Jesús.
Se convertirá, de facto, en una
versión comprimida de fácil evocación, desconociendo que lo que les fue
vendido en cines y DVD’s no es más que una interpretación facciosa,
mórbida y preconciliar de cilicios y misterios, tendencias que muchos
católicos contemporáneos rechazan.
El Jesús europeizado de La Pasión,
no es el Cristo del Sermón del Monte, de la confrontación con el establishment, de la Palabra y el ejemplo. No es el de la
resurrección que infunde esperanza, por más, que pequeños sound-bytes del filme intenten vincularlo con esas narrativas. Es más bien un Jesús
litúrgico descontextualizado. El Cristo sangrante de las procesiones
populares y los remordimientos. Y a final de cuentas, es la versión
sacramentada, misteriosamente ingerible. El Jesús de acceso instantáneo
para las masas mediatizadas. Misterioso como el latín que habla el
sacerdote que se dice poseedor del poder de transubstanciar los
elementos del pan y el vino en el cuerpo y la sangre misma del actor que
vieron sufrir una y otra vez en la película, que puede ser recibido en
la hostia sólo de sus manos consagradas, para poder así librarles de sus
culpas.
La película de Mel Gibson será hasta cierto punto polisémica
(tendrá distintos significados) para diferentes audiencias, excepto para
la audiencia primaria para la cual se planeó. Para ellos será una
novedosa misa escenográfica y un mensaje para resacralizar la imagen
mundial de los sacerdotes, a través de reforzar el dogma de la
transubstanciación. Los respaldos públicos irrestrictos del Vaticano a
través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no dejan dudas
acerca de su intención pedagógica.
evangélicos hacia el ecumenismo
Por supuesto, hay también varias
audiencias secundarias. Una muy poderosa e influyente es la de
influyentes círculos evangélicos estadounidenses. El señuelo de una
película de Jesús basada en el Nuevo Testamento respaldada por una
estrella de Hollywood como Mel Gibson, resultó ser irresistible para
ganar momentum en las guerras culturales. Desde Billy Graham
hasta la Cruzada Estudiantil para Cristo, le otorgaron sus más amplios
respaldos. El resultado fue un movimiento hacia un ecumenismo
conservador sin precedentes para promocionar La Pasión de Cristo y hacerla un éxito cinematográfico religioso sin igual en la historia.
Aunque el filme es primordialmente un instrumento para inculcar y
promover los excéntricos dogmas católicos de la secta de Mel Gibson,
sirvió también como plataforma ecuménica en el país más importante del
mundo. No se trata de un suceso insignificante.
La temática central de la película, se
ha dicho, es revalorar la eucaristía ante millones de católicos
nominales, que cada vez están más alejados del catecismo oficial y de
las nociones esenciales de su fe por desinterés, la influencia de
distintas ideologías de moda y los continuos escándalos de sacerdotes
paidófilos encubiertos por sus obispos. Revalorar el sacramento,
imbuirlo de su tradicional significado para millones de personas,
vinculándolo a los sufrimientos y muerte de Cristo, es una estrategia de
adoctrinamiento magistral.
Es interesante cómo cambian las
culturas. Crear la percepción de lo sacro ocurrió esta vez, no en
una catedral ni en la misa, no en un mitin papal multitudinario, sino en
miles y miles de cines. Y la gente finalmente patrocinó, el esfuerzo al
pagar su boleto de entrada y comprar los souvenirs y camisetas de La Pasión.
efectos del filme en la identidad religiosa
El formato de entretenimiento que traen
implícitas las promociones cinematográficas estilo Hollywood, tiene
problemas inherentes para lograr metas tan ambiciosas. Es innegable el
impacto emocional que La Pasión provoca en muchas personas, pero
sólo estudios etnográficos de largo plazo dirán cuánto tiempo durará.
Que el evento ha generado mayor interés en el tema de Jesús, es
incuestionable, como se consigna claramente en la cobertura de los
medios de comunicación. Esto ha abierto oportunidades que son
aprovechadas por católicos, anglicanos, evangélicos, y agrupaciones
religiosas diversas con distintos fines: lo mismo para diálogos
ecuménicos e interreligiosos que para fomentar las reconversiones a la
propia fe o hacer prosélitos de la ajena. Particularmente se utiliza
para hacer una afirmación pública de la identidad religiosa personal y
grupal ante culturas seculares que se perciben como hostiles. Como dijo
radiante, gracias a la película, una tímida adolescente protestante de
secundaria: “¡Mel Gibson es cristiano, igual que yo!”. Es evidente en
este ilustrativo ejemplo que la identificación de la adolescente con el
actor Gibson, quien goza de aceptación cultural y admiración en Estados
Unidos y el mundo por ser una estrella de cine —no por ser católico
tradicionalista— le proporcionó un ánimo renovado para afirmar la fe
propia y ser una evangélica más pública, esto es, menos defensiva.
hollywood, harry potter y la noción de lo sagrado
Las emociones de los seres humanos están
vinculadas a los diversos estímulos que las generan. Los valores y los
principios, aunque son afectados por éstas, no dependen directamente de
ellas. Los valores pertenecen al ámbito conceptual y volitivo, y en
algunos casos intuitivo. En La Pasión, el principio o dogma
católico de la sacralidad de la hostia transubstanciada en el cuerpo
real y la sangre de Cristo, se trata de fortalecer por medio de una
cinta cinematográfica promocionada al estilo Hollywood. El plan es
ambicioso, pero omite tomar en consideración las distinciones arriba
mencionadas. Desencadenar emociones a nivel popular es una cosa,
inculcar principios es algo completamente diferente. Aquí es donde los
medios seleccionados por Mel Gibson y sus asesores espirituales
contienen una falla fatal.
Además del formato de entretenimiento
inherente a las épicas hollywoodenses, está el problema de la
comercialización masiva del filme y toda la parafernalia de artículos y souvenirs que suelen ir aparejados. En ese sentido, el
tratamiento que se le da a los valores que se pretenden establecer como
sagrados está a la par de lo que la industria del cine estadounidense
hace con éxitos comerciales como Harry Potter o Star Wars.
Alrededor del filme y sus personajes se crea una subcultura artificial
para capturar la imaginación del mayor número de personas, por el mayor
tiempo posible. Los especialistas en mercadotecnia y psicología de
masas, saben de antemano que trabajan con una cultura consumista que
responde a determinados estímulos publicitarios. En el caso de las
películas de ficción basadas en los libros de J. K. Rowling, o de los
álbumes de estampas, pulseras y muñequitos de La Guerra de las
Galaxias, ése es siempre el modelo a seguir. Al margen de las
implicaciones de la manipulación de emociones y la explotación del
público consumista cautivo, ese tipo de mercadotecnia no les genera
mayor dilema ético a sus avatares.
en
los atrios del templo de la pasión
En el caso del Jesús sacramentado de La Pasión de Gibson, la situación es totalmente diferente. La vulgar
mercadotecnia y atmósfera comercial que acompañan dicha épica, tienen
necesariamente un efecto contraproducente: al final de cuentas se
trivializa el sacrificio de Cristo. Al convertir los hechos narrados en
mercancía, en vez de sacralizarlo como se pretende, lo profana. En este
sentido, el axioma del filósofo de la tecnología Marshall McLuhan, viene
muy a la mano: “El medio es el mensaje”.
En el sitio oficial de internet de la
película de Gibson, un solo click introduce al cibernauta a
escenarios que evocan a los mercaderes del templo que Jesús echó de los
atrios hace 2 mil años. En un rincón de la pantalla están a la venta por
112 dólares y 50 centavos, un par de fotos de Jim Caviezel alzando en
sus manos un pan y acercando a su boca el vino en la última cena. En
medio de ambas, viene un clásico texto eucarístico. Otra foto, ésta de
la cruz vacía original de la película, se ofrece al público en elegante
marco de madera por el mismo precio. Para presupuestos más modestos está
un cuadro con el rostro de Caviezel coronado de espinas acompañado del
versículo de Isaías 53:5. Cuesta 37 dólares.
La selección de productos es mucho más
amplia, no se detiene en las redituables fotos o pósters sueltos más
económicos. Se ofrece también una variedad de llaveros, camisetas
estampadas, tarros de café, tarjetas postales, y aun joyería de plata.
Es de notarse que todos los productos cuentan con el membrete de
“oficiales” o aprobados por los productores de La Pasión.
“repartieron entre sí mis vestidos...”
La vendimia incluye el clásico soundtrack original de la película, otorgado a la marca Sony
Music, que se vende por 18.98 dólares. Por su parte, los derechos para
imprimir el libro fotográfico de La Pasión fueron a parar al
sello editorial evangélico Tyndale Publishers House. El libro de 160
páginas cuenta con un prefacio de media cuartilla firmado por Mel
Gibson. A su lado, una foto de página entera muestra al actor de perfil
usando visiblemente un escapulario con una cruz. Titulado The Passion,
disponible al presente sólo en inglés y encuadernado en pasta dura,
contiene fotos selectas de escenas de la película, acompañadas de
versículos tomados de una paráfrasis bíblica de pobre calidad literaria.
¿Su precio? 25 dólares, más gastos postales de envío.
Es interesante detenerse a examinar
algunos otros artificios que se venden al mayoreo en los atrios del templo de La Pasión. Por ejemplo, entre las camisetas
estampadas, predominan dos tipos de iconos: un sagrado corazón de Jesús
estilizado, y la corona de espinas. La manufactura de las camisetas es
casi idéntica a las que se venden a las salidas de los conciertos de
rock. Para los hombres, se ofrecen sólo en color negro, las de
damas, exclusivamente en blanco. Además del respectivo icono, todas
incluyen la palabra siblátha en letras arameas: el detalle le
añade un pequeño toque enigmático a la mercadotecnia. El sustantivo con
artículo definido condensado en siblátha, derivado de la raíz
aramea (SBL) significa literalmente la carga, o algo pesado que se
transporta. En manos de los publicistas de La Pasión se trata de
equiparar la palabra a los sufrimientos que Jesús llevó en el Calvario.
En teoría lingüística, la traducción, sería un equivalente dinámico de La Pasión, mas no parece sino un truco de mercadotecnia para
medrar con el enigma de lo antiguo.
La sección de joyería es de las más
surtidas en www.thepassionofthechrist.com. Por supuesto, la tienda
virtual oficial de la película no es el único lugar donde se venden
estos artículos. Multitud de comercios y librerías católicas y
evangélicas de Estados Unidos, se encuentran invadidas con éstos
productos a raíz de una lucrativa estrategia de mercado perfectamente
coordinada.
un clavo convertido en joya: “the passion nail tm”
Las réplicas en miniatura hecha en plata
sterling de los clavos utilizados en la crucifixión de Jesús para filmar La Pasión, se ofrecen a 50 dólares la pieza. El precio incluye
una cadenita plateada corriente para colgárselo al cuello. En un lado
del clavo, el cual mide alrededor de dos centímetros, viene inscrito
Isaías 53:5, el versículo con el cual inicia con solemnidad el filme de
Gibson. El aspecto más llamativo de esta novedosa pieza de joyería es que tiene nombre y marca registrada. Se llama “The Passion Nail TM”. Las siglas tm significan “Trade Mark”, o sea, marca
comercial. El clavo es, en todo el sentido del concepto, un producto de
mercado, y aunque el souvenir religioso se presenta como memorabilia sacra, lleva las mismas siglas que una lata de
aluminio de Pepsi. “The Passion Nail TM”,
por cierto, se ofrece también en llavero con hechura más económica de
peltre, y en otros adornos.
siblátha
Los llaveros de La Pasión incluyen también réplicas de la cruz del filme acompañadas del epígrafe
arameo ya mencionado, e incluso un letrero en miniatura como el que
mandó clavar Pilato en la cruz, pero estilo La Pasión.
Todos estos artefactos están a su vez
comercializados en una línea especial para jóvenes y adolescentes. Esto
se hace a manera de botones estilo rockero y collares de cordón de cuero
con un toque contracultural light. Los precios varían entre 12 y
17 dólares por pieza.
El sitio en inglés de lapasióndecristo.com tiene subsidiarias en España, Brasil, “América
Latina” (sic), la India y varios países de Europa. En una sección
denominada herramientas para testificar, vende materiales
proselitistas. De entre sus productos, el que más llama la atención es
un paquete de “tarjetas para testificar”. Se ofrece la versión cruz con
tres fotos pequeñas de la película, y la versión con el epígrafe siblátha en arameo. Presumiblemente el atractivo de poner un vocablo
en un alfabeto antiguo ininteligible para la mayoría de las personas es,
además de llamar la atención, provocar la pregunta sobre su significado.
Expliqué ya que siblátha en arameo antiguo significa simplemente la carga, pero según Gibson, significa toda la carga que Jesús
llevó por nosotros, o sea, La Pasión. Dado que ésa es la
respuesta oficial, se sobreentiende que de allí se propiciaría un
diálogo con fines testimoniales.
souvenirs “oficiales” para evangelizar
Ambos paquetes de tarjetas para
testificar, lo que en lenguaje técnico significa para evangelizar (ámbito evangélico) o para evangelización (ámbito católico),
tienen por encabezado el título promocional completo de la película. En
el dorso vienen impresos tres versículos bíblicos selectos y una breve
explicación de cada uno en términos teológicamente ortodoxos,
notoriamente más cercanos a la tradición evangélica que a la católica.
Se puede afirmar que reflejan más la sola fide y la sola
gratia que los acuerdos del Concilio de Trento de 1546. Las tarjetas
terminan con una oración de formato fijo que en menos de tres líneas
insta al lector a repetirla para aceptar a Jesús y recibir
automáticamente salvación y el perdón de sus pecados. Examinada con
cuidado, la oración parece contener una absolución declaratoria implícita.
A 24 centavos de dólar por tarjeta, nos dice el anunciante, no
hay manera más económica de convertir al prójimo.
el medio es el mensaje : la muerte de jesús como mercancía
¿Son realmente eficaces estas estratagemas
evangelísticas? Como todo intento simplista por comunicar un mensaje
trascendente como el Evangelio, este tipo de métodos está destinado a
fracasar. En vez de responder inteligentemente a las preguntas e
inquietudes naturales que al respecto del tema tiene la gente; en lugar
de hacer una presentación contextualizada e integral de quién fue Jesús,
sus enseñanzas y su vida, el Evangelio es reducido a una versión
instantánea de consumo masivo. A una efímera aspirina para el alivio de
la conciencia culpable y el remordimiento.
Lo más significativo de las tarjetas
evangelizadoras de La Pasión está en lo que parece un mero
detalle publicitario, pero que es en realidad mercadotecnia religiosa de
altos vuelos.
El encabezado de cada tarjeta es
exactamente el título publicitario completo de la película y atrás viene
la oración salvífica. La semiología es clara. La película de La
Pasión se establece como mediadora cultural entre el texto bíblico
que se cita en las tarjetas y el pueblo, o quien las lee. Dicho de otra
forma, el filme La Pasión es el intérprete válido del mensaje de
Jesús para las masas que no conocen por sí mismas los evangelios. La
imagen comercializada sustituye al logos como medio de
comunicación del mensaje.
El mercado de símbolos, textos y souvenirs de marca registrada basados en La Pasión según
Gibson, reafirma lo que se ha repetido ya: que el público principal
del filme es el religioso. Evidencia también otra cosa: un intento bien
orquestado para penetrar más allá, a la cultura popular, copiando
estratagemas comerciales de otros fenómenos cinematográficos. Si esto
será eficaz o no, es aún prematuro para saberlo, pero a fin de cuentas
los métodos utilizados lo que hacen es trivializar a Jesús y su obra al
convertir su muerte en mercancía. No nos extraña, que esté ausente de la
película la escena del Evangelio en que Jesús echó fuera a los
mercaderes del templo, pasaje clave no sólo porque refleja su rechazo a
la mercadería religiosa en el nombre de Dios, sino porque explica una de
las razones por las que los saduceos y fariseos lo querían crucificar:
su oposición al comercio de la fe que profana lo sagrado.
Al final del día, siempre quedarán en el
aire preguntas importantes que muchos observadores de esta polémica
cinta y su promoción seguramente se harán. Una de ellas es qué
percepciones culturales se generarán al convertir la muerte digitalizada
de Jesús en un artefacto comercial de consumo masivo. Otra, es a dónde
irán a parar los más de 2 mil millones de dólares, que según cálculos
conservadores, dejará como ganancia a Mel Gibson su película y la venta
de diversos derechos relacionados. ¿Qué proyectos religiosos se
financiarán con esos ingresos? ¿O irá todo a parar a las arcas del
millonario actor para aumentar su fortuna personal? ¿Quizás una parte
significativa se usará para promocionar la ultraconservadora agenda
religiosa del Movimiento Tradicionalista Católico en Estados Unidos y
grupos religiosos afines que idealizan un romántico retorno al medioevo?
¿Se conocerá algún día lo que sucedió tras bambalinas para poner en
marcha y hacer exitoso un proyecto tan ambicioso en muchos sentidos?
¿Inaugura La Pasión una nueva era de ecumenismo entre católicos y
evangélicos conservadores en Estados Unidos y quizás en otras partes del
mundo? ¿Qué efectos tendrá en la cultura popular y en la religiosidad de
las mayorías la proyección de alto impacto de estereotipos y arquetipos
como los que nos presenta La Pasión? ¿Continuarán las multitudes
acríticas siendo engañadas con facilidad por estrategias publicitarias
masivas que manipulan símbolos y textos, medrando con sus inquietudes
espirituales o con sus creencias? El tiempo seguramente nos dará muchas
de estas respuestas. Por lo pronto, de acuerdo con un reciente artículo
de Christianity Today ,
una iniciativa de dos comunidades franciscanas ha recolectado 10 mil
firmas para solicitar formalmente a Mel Gibson que dirija y produzca una
épica cinematográfica sobre la vida del fraile estigmático, San
Francisco de Asís. Christianity Today, la revista evangélica de
más circulación en el mundo, respalda con beneplácito la iniciativa.
Nostalgia
por el medioevo. No hay otra forma de describir la extraña atmósfera que
prevalece hoy en día en muchos círculos religiosos.
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