Sin penitencia
Sacerdote acusado se libra de la justicia en
México y Estados Unidos
Por BROOKS EGERTON y
BRENDAN M. CASE / The Dallas Morning News
El obispo mexicano tenía problemas
entre su gente. Un agresor casi asesina a uno de sus sacerdotes cuya
mala conducta sexual era bien conocida para el obispo. Y ahora los
pobladores relataban a la policía acerca de los muchos jóvenes que
visitaban la residencia parroquial del sacerdote.
El obispo estadounidense tenía otro
problema: una falta de sacerdotes de habla hispana para servir a una
creciente población inmigrante.
Y así, en 1987, el reverendo Nicolás
Aguilar tuvo la oportunidad de comenzar de nuevo en el Sur de
California. Sólo nueve meses más tarde, el padre Aguilar se desplazó
nuevamente, dejando atrás uno de los más grandes casos de abuso sexual
de menores de la Arquidiócesis de Los Ángeles. Otra vez, el escándalo se
controló cuando el sacerdote salió del país.
La historia de la travesía
internacional del padre Aguilar encaja con un patrón que los líderes de
la Iglesia Católica Romana han repetido alrededor del mundo, según los
resultados de una investigación de un año de The Dallas Morning News.
En este caso, los dos obispos se han
convertido en prominentes figuras de la jerarquía global católica. Uno
de ellos, Norberto Rivera, es ahora cardenal de la Ciudad de México y
uno de los hombres más poderosos de su país. El otro, el cardenal de Los
Ángeles Roger Mahony, encabeza la diócesis más grande de los Estados
Unidos.
El padre Aguilar es más que un secreto
en el closet de la iglesia. Después de esquivar cargos penales en
California, donde la policía dijo que había abusado de al menos 26
niños, él fue acusado formalmente de abuso en 1997 en México. Él
permaneció en el ministerio durante el juicio, con apoyo de la iglesia,
aun después de ser encontrado culpable el año pasado. Recientemente,
evitó una sanción en base a un tecnicismo, dijo un juez mexicano.
El cardenal Rivera no respondió a
peticiones por escrito del Morning News acerca de información
sobre el sacerdote. Cuando se le abordó recientemente después de una
misa sobre lo que ha pasado con el padre Aguilar desde su regreso a
México, el cardinal dijo que: "Lo ignoro absolutamente".
El cardenal Mahony declinó ser
entrevistado. Su vocero, Tod Tamberg, no respondió a la mayoría de las
preguntas del Morning News , aunque afirmó que Aguilar había sido
aceptado en Los Ángeles después que el cardenal Rivera escribió que el
sacerdote quería trasladarse ahí "por razones familiares y de salud".
El padre Aguilar, negó todos los
cargos.
"Dios sabe que todo es una calumnia
para destruirme", dijo el sacerdote de 62 años, al Dallas Morning
News en una breve entrevista en un juzgado en Tehuacán, a 150 millas
al sureste de Ciudad de México.
Numerosos documentos y entrevistas con
ex feligreses sugieren lo contrario.
En un barrio pobre de Tehuacán,
Catalina Cortez recordaba cómo permitió que su hijo de 11 años visitara
la casa del padre Aguilar los sábados por la tarde, en 1997, para
prepararse para la primera comunión.
Ella no sabía nada sobre la
desaparición hacía 10 años del sacerdote de Los Ángeles entre alegatos
de abuso sexual.
"Este Aguilar venía a nuestra casa y
pedía que los niños fueran con él a dormir ahí", dijo Cortez, cuyo hijo
fue uno de los cuatro niños que denunciaron supuestos abusos a la
policía. "Yo traté de respetar lo que quería, porque él era un sacerdote
y yo soy una persona cualquiera".
'No te acerques a Aguilar'
Laicos, desde seminaristas,
feligreses, hasta la policía, se han quejado por mucho tiempo sobre el
padre Aguilar.
Los señalamientos de abuso sexual
contra el padre Aguilar comenzaron a surgir en los años 70, de acuerdo
con Jorge Cadena, un ex estudiante de preparatoria del seminario de
Tehuacán. Él dijo que un compañero de clase le contó que el padre
Aguilar lo había atacado.
"Todo el mundo sabía que mejor no te
acercabas a Aguilar", dijo Cadena, quien es ahora profesor de ingeniería
en una escuela técnica cercana. "Pero cuando me quejé con los sacerdotes
a cargo, me botaron de la escuela".
En 1986, o principios de 1987, cuando
el padre Aguilar estaba dirigiendo una parroquia en Cuacnopalan, cerca
de Tehuacán, alguien intentó asesinarlo. Un sábado por la noche, un
lugareño lo halló en la residencia de la iglesia en un charco de sangre.
Él fue agredido con un garrote o
herido con una botella o recibió un balazo, dependiendo del relato. No
existen registros públicos del delito, que quedó sin resolverse. Las
autoridades dijeron que el padre Aguilar no quería entablar una acción
judicial.
Miguel Pérez, un vecino de la iglesia
que era el comisario local en ese entonces, dijo que ayudó en la
investigación y sospechaba que el padre Aguilar había sido atacado por
uno o más de sus invitados.
"Los fines de semana, el cura siempre
tenía visitantes, jóvenes y adolescentes que ahí pasaban la noche", dijo
Pérez, quien vive todavía frente a la iglesia.
El padre Aguilar dijo que el ataque
fue resultado de una disputa de tierras que involucraba un lote junto a
la iglesia. Sus vecinos, insistió, "dijeron que nunca me iban a dejar en
paz".
Nuevo trabajo en el este de
Los Ángeles
En abril de 1987, como resultado de
discusiones sobre el padre Aguilar entre Tehuacán y Los Ángeles, el
sacerdote fue transferido a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe
al este de Los Ángeles. Y casi dos meses después, él fue nuevamente
transferido, a St. Agatha en el sur-centro de Los Ángeles.
El vocero del cardenal Mahony no
respondió a preguntas sobre la razón del traslado.
El padre Aguilar mantuvo lazos con las
familias de la primera parroquia. Para diciembre de 1987, dos
monaguillos de ese templo le habían contado a su madre que el sacerdote
Aguilar los había tocado.
Ella se comunicó con el sacerdote en
jefe de la parroquia. Él le rogó que se quedara callada, dijo. El
sacerdote en jefe también alertó al jefe de personal sacerdotal de la
arquidiócesis, el monseñor Thomas Curry.
Mientras tanto, el esposo de la mujer
se contactó con otra pareja a quien el padre Aguilar había ofrecido su
amistad. Pronto, sus hijos también dijeron que habían sido víctimas de
abuso.
En un fin de semana en enero de 1988,
su madre llamó a la escuela parroquial, cuyo director notificó a la
policía el siguiente lunes por la mañana.
Fue demasiado tarde. Monseñor Curry
quien es ahora obispo y aún trabaja para el cardenal Mahony había
informado al padre Aguilar sobre los alegatos por lo menos dos días
antes y lo había suspendido.
El padre Aguilar había dicho al
monseñor Curry que regresaría a México, de acuerdo con reportes
policiales. El monseñor no alertó a las autoridades sobre los planes del
sacerdote. Mientras tanto, el padre Aguilar le pidió a un familiar que
lo llevara en coche hasta Tijuana.
Después, la hermana Judith Murphy, una
monja que fue abogada del cardenal Mahony por 17 años, rehusó los
pedidos de la policía de los registros de la iglesia.
"Mi mayor problema fue la obstrucción
de la Iglesia Católica", dijo Gary Lyon, quien fue detective principal
del caso Aguilar, pero ahora ya jubilado.
Janice Maurizi, un fiscal de Los
Ángeles agregó, "la arquidiócesis facilitó su huida".
No se han presentado cargos penales
acusando a alguien de encubrimiento en este o cualquier otro caso de
abuso en Los Ángeles. Sin embargo, la oficina del fiscal de distrito
está investigando la posible "culpabilidad penal de alguien en la
jerarquía de la arquidiócesis", que se encargó de las acusaciones de
abuso, dijo el fiscal William Hodgman, quien dirige la investigación.
El vocero del cardenal Mahony declinó
a dar una respuesta sobre los señalamientos de las autoridades.
Luego de que el padre Aguilar dejó Los
Ángeles en 1988, el cardenal Mahony escribió al cardenal Rivera,
pidiéndole cooperar con los detectives. El cardenal Mahony describió su
pedido como "tan urgente", aunque había esperado dos meses para enviar
la misiva.
"Es casi imposible determinar
precisamente el número de jóvenes acólitos que él ha molestado
sexualmente, pero el número es grande", escribió el cardenal Mahony. "Es
necesario que este sacerdote esté detenido y regresado aquí a Los
Ángeles para sufrir las consecuencias de sus acciones tan inmorales".
El cardenal Rivera brindó los nombres
de los padres y el pueblo natal del padre Aguilar. Él también señaló a
su contraparte estadounidense en Cuacnopalan, escena del anterior
misterioso ataque al sacerdote.
"Usted comprenderá que no estoy en la
posibilidad de localizarlo y mucho menos de poderlo enviar por la fuerza
a que comparezca en los tribunales", escribió el cardenal Rivera, en una
carta fechada el 17 de marzo de 1988. "Puedo informarle que el padre
estuvo por más de 10 años en la parroquia de San Sebastián Cuacnopalan,
y sin duda alguna la policía ahí puede encontrar mucha información".
El cardenal Rivera también recordó al
cardenal Mahony que él le había dado, cuando envió al padre Aguilar a
Los Ángeles, "un resumen de la problemática homosexual del padre". (vea
el texto completo de las cartas en www.dallasnews.com)
Ese término es "una clave del haber
sido sorprendido con jóvenes", dijo el reverendo Thomas Doyle, un ex
funcionario de la embajada del Vaticano en Estados Unidos, que ha
revisado muchos archivos de personal de clérigos pederastas. Él dijo que
altos líderes eclesiásticos generalmente no consideran la homosexualidad
adulta consensual como un problema, a pesar de sus declaraciones
públicas de lo contrario.
El cardenal Mahony escribió al
cardenal Rivera, diciendo que "no admitimos ningún sacerdote aquí con
cualquier problema homosexual". Dijo que nunca había recibido la
advertencia y le pidió que la enviara nuevamente. El cardinal Rivera no
lo hizo así, de acuerdo con la oficina del cardenal Mahony.
El cardenal Rivera no respondió a la
petición del Morning News de una copia de la advertencia.
Las cartas que obtuvo el Morning
News provienen del archivo criminal de Los Ángeles a través de una
petición hecha por el periódico bajo la ley de documentos públicos.
Los casos no van a ninguna parte
Para cuando los obispos mantenían
correspondencia en 1988, detectives de Los Ángeles estaban dando fin a
su investigación.
La oficina del fiscal de distrito, no
viendo alguna señal de que la iglesia iba a devolver al sacerdote y con
el temor de que no fuera extraditado, presentó sus 10 casos más fuertes
a juicio en México. (El sistema jurídico de ese país permite que
ciudadanos mexicanos sean juzgados en el país por delitos cometidos en
el exterior.)
Los casos no llegaron a ningún
lado.
Enrique Zepeda, el abogado principal
del consulado de México en Los Ángeles, dijo que la policía de Los
Ángeles no presentó ninguna evidencia de que el sospechoso era de
México, y que era requerido legalmente. Asimismo, ninguna evidencia
demostró que el padre Aguilar era sacerdote, dijo Zepeda, quien no
manejó el caso en ese momento. Él y sus jefes de la oficina de la
Procuraduría General de México no divulgarían los documentos.
Sin embargo, expedientes de la iglesia
mexicana que estaban a la mano revelaron que el padre Aguilar nació en
México y fue ordenado al sacerdocio ahí, y que ha pasado la mayoría de
su vida adulta en misiones sacerdotales en ese país.
La policía de Los Ángeles dice que las
autoridades mexicanas jamás se mostraron preocupadas por verificar la
nacionalidad o estatus sacerdotal del padre Aguilar. Los mexicanos
normalmente obtienen estos documentos por si mismos, manifestó el
detective Fernando González, quien forma parte de la unidad de
enjuiciamiento extranjero y quien colaboró en el caso de Aguilar.
Los expedientes de la unidad indican
que las autoridades mexicanas solicitaron las actas de nacimiento de los
acusantes, las cuales se les facilitaron rápidamente en cada ocasión y
los cuales reportaron extraviadas en al menos una ocasión.
En 1995, los procuradores mexicanos
finalmente le presentaron el caso a un juez, quien lo desestimó
sosteniendo que era demasiado antiguo como para procesarlo. "No sé qué
pasó en México", dijo el detective González. "No te podría decir si se
planeo o si sólo sucedió".
Maurizi, quien supervisa
enjuiciamientos en México para el Fiscal de Los Ángeles, dijo que se
quejó en repetidas ocasiones al predecesor de Zepeda. Hace cerca de dos
años, finalmente logró que admitiera lo que había sucedido, dijo.
"El sistema jamás enjuiciaría a un
sacerdote", dijo el predecesor Jorge García-Villalobos, según Maurizi.
García-Villalobos, quien ahora trabaja
en el sector privado en la Ciudad de México, dijo que sólo estaba
señalando que enjuiciar a un sacerdote sería difícil en cualquier país,
y no se diga México, donde existe una mayoría católica. Sin embargo, él
sostuvo que jamás dijo que sería imposible hacerlo.
Tras ser instado por Maurizi,
García-Villalobos recomendó una indagación federal sobre la razón por la
cual las acusaciones no habían sido procesadas con mayor rapidez y si
existía la posibilidad de que el sacerdote haya cometido más delitos en
México. Él y Zepeda no saben en qué acabaron las recomendaciones.
La aparente falta en procesar el caso
Aguilar agresivamente es poco usual. Las autoridades en ambos lados de
la frontera dicen que casi todos los enjuiciamientos extranjeros en
México culminan en condenas.
El único caso parecido que el Morning News pudo encontrar de otro sacerdote quien debía ser
enjuiciado en México por acusaciones de abuso sexual a un menor en
California también se demoró años y finalmente fue desestimado por ser
demasiado antiguo.
La historia del niño que huyó
En 1995, el año en que el caso fue
desestimado, el directorio de la iglesia indicaba que el padre Aguilar
servía en una parroquia de la Ciudad de México. La arquidiócesis también
obtuvo un nuevo líder ese año: el cardenal Rivera.
Sin embargo, para 1997, el padre
Aguilar se encontraba de regreso en su diócesis originaria de Tehuacán,
trabajando en la periferia de la ciudad. Su base era la capilla de San
Vicente Ferrer, un modesto edificio de concreto en la parroquia de San
Nicolás Tolentino.
Un día, un niño de 12 años quien
estaba activo en la parroquia huyó de su casa. Sus padres lo hallaron en
la casa de un pariente a 75 millas de distancia, donde había llegado por
autobús acompañado por un amigo de 14 años.
El hijo le dijo a su padre la razón
por la cual había huido: el padre Aguilar había abusado de él por meses,
según la declaración que el niño le dio la policía. Pronto, su amigo y
otros dos muchachos indicaron que el padre Aguilar también había abusado
de ellos.
"Sentí que alguien me había echado
agua hirviendo cuando supe de eso", dijo María de Jesús González, madre
del niño de 12 años.
El padre Aguilar había escogido a su
hijo como el líder de un grupo que estudiaba el catecismo. El sacerdote
colmaba al niño de atenciones, y a menudo le pedía que se quedara
después que los otros chicos habían marchado, según reportes de la
policía.
"El padre Nicolás me decía que lo que
hacía con él era normal, entre hombres", le dijo el niño a la policía en
una declaración obtenida por el Morning News.
El sacerdote también amenazó con matar
a la madre o el hermano menor del niño si él le contaba del abuso a
alguien, según documentos de la corte y entrevistas.
González llevó resueltamente a los
chicos a la estación de policías para que dieran declaraciones tras
enterarse de las acusaciones. Ella repitió esas afirmaciones en una
entrevista de radio. Y "la gente aquí me dijo que me iban a linchar por
haber denunciado a un sacerdote", dijo.
Ella no desistió, y el caso prosiguió.
En 2003, seis años después de que se presentaron las quejas iniciales,
el juez estatal Carlos Ramírez declaró al padre Aguilar culpable de una
acusación de delito menor de abuso basado en las acusaciones de un menor
de 14 años.
El juez Ramírez condenó al padre
Aguilar a un año en prisión, pero el sacerdote mantuvo su libertad bajo
fianza mientras apelaba la decisión ante un tribunal federal. Los jueces
federales hace poco confirmaron la condena, pero le perdonaron la
sanción, sosteniendo que el delito era demasiado antiguo, dijo el juez
Ramírez la semana pasada.
Sin embargo, fue el mismo padre
Aguilar quien demoró el caso, dijo el juez, puesto que esperó cuatro
años para comparecer ante el tribunal y responder a las acusaciones.
Anteriormente, el juez Ramírez había
retirado el cargo de delito grave por corrupción de menores en contra
del padre Aguilar, un cargo que habría conllevado una condena más larga.
"Los exámenes psicológicos de las
supuestas víctimas no mostraron señales de abuso sexual", dijo.
Sin embargo, eso no fue lo que la
psicóloga de la policía, Bibiana Rojas, escribió en su reporte, cuya
copia obra en poder del Morning News. Tras interrogar al hijo de
González el 20 de diciembre de 1997, Rojas determinó que "secuelas de
experiencias traumáticas severas de índole sexual" estaban presentes.
El juez Ramírez dijo que los agentes
del ministerio público nunca le entregaron el reporte. El investigador a
cargo del caso no pudo ser entrevistado.
Los cuatro niños no fueron las únicas
víctimas, dijo González. Ella dijo que habló con una docena de madres
que le pidieron que retirara las acusaciones en contra del padre
Aguilar, aún después de contarle que sus propios hijos habían sido
abusados.
Un funcionario de la diócesis de
Tehuacán dijo que el padre Aguilar había abusado a unos 60 niños, según
González. Ella dijo que el reverendo Teodoro Lima le dijo esto al
explicarle porqué la iglesia no le podía pagar el costo de tratamiento
psicológico de su hijo.
El padre Lima, abordado por el Morning News, dijo que no recuerda esa conversación y declaró que el
padre Aguilar nunca regresó a Tehuacán después de irse a California.
El cardenal Rivera, ahora la figura
más prominente de la Iglesia Católica en México, ha mandado señales
conflictivas en cuanto al abuso sexual.
En el 2002, cuando varios obispos
prominentes criticaron sugerencias de que la iglesia debería entregar
sacerdotes acusados a la policía, el cardenal los regañó: "Cuando
suceden estos abusos criminales, dentro o fuera de la iglesia, por
supuesto que deben ser denunciados a las autoridades correspondientes y
se debe hacer justicia". Esa declaración se dio en un sermón televisado.
Pero él también le dijo a la
publicación católica italiana 30 Giorni en el 2002 que "según yo
sé, no se ha documentado ningún reporte" a las autoridades mexicanas
sobre algún sacerdote que abuse sexualmente de niños.
Mientras tanto, las protestas sobre el
caso Aguilar han llegado hasta el presidente mexicano Vicente Fox.
En una carta al presidente fechada en
julio de 2003, la senadora federal, Dianne Feinstein, Demócrata de
California, se quejó que el sacerdote había quedado libre por que "los
procuradores mexicanos no presentaron el caso a tiempo para que fuera
enjuiciado".
El caso del padre Aguilar fue uno de
los varios que ella mencionó como evidencia de que México no estaba
rastreando agresivamente a personas acusadas de cruzar la frontera,
huyendo, tras cometer delitos en California. Fox jamás respondió,
manifestó la oficina de Feinstein. Los asesores de Fox no respondieron a
las peticiones de The Dallas Morning News de que comentaran al
respecto.
En Los Ángeles, el cardenal Mahony se
representa como un reformador que no tolera los abusos sexuales.
Demandas civiles en proceso, las cuales él disputa, sostienen que él
encubrió abusos por parte de varios sacerdotes y otros religiosos.
Unos 250 clérigos han sido acusados de
tocar sexualmente a menores en la Arquidiócesis de Los Ángeles en los
pasados 75 años, aunque muchos han sido dados a conocer en público solo
en el último año.
"Lo extraordinario del caso de Aguilar
es que muestra lo dramático que es el movimiento de abusadores sexuales,
dentro de la iglesia católica, dijo Raymond Boucher, cuyo bufete de
abogados representa a tres de las presuntas víctimas del Padre Aguilar y
a cientos de otros denunciantes " "harán lo que sea legal o no para
proteger a los sacerdotes"
Mahony maniobra en los juzgados para
que los archivos de personal religioso no llegue a manos de fiscales y
abogados de los quejosos, argumentando el derecho a la privacidad.
"Su resistencia ha hecho 'poco para
mejorar la reputación de la iglesia en los Estados Unidos en cuanto a
transparencia y cooperación'", de acuerdo con un reporte reciente sobre
las diócesis americanas comisionado por los obispos estadounidenses.
El recuerdo del padre Aguilar aún
atormenta a los cuatro niños de Tehuacán quienes lo acusan de abuso.
Hace poco se le permitió a uno que se
mudara de nuevo a la casa de sus padres bajo la condición de que jamás
hablara del abuso. Otro, ahora de 21 años, emigró ilegalmente a Carolina
del Norte. El hijo de Catalina Cortez se mudó a Guadalajara.
El hijo de González también se ha
marchado, después de sufrir de demasiadas burlas de niños y residentes
del pueblo. Él ahora tiene 19 años, y su madre dice que conoce su
paradero exacto.
"Todo el caso ha sido bastante
olvidado por aquí", dijo. "Pero nuestro hijo no va a olvidar. Y nosotros
tampoco".
En cuanto a Aguilar, él ha trabajado
en al menos cinco diócesis mexicanas después de partir de Los Ángeles.
Mientras el caso de Tehuacán estaba pendiente, él volvió a sus deberes
parroquiales en la Ciudad de México bajo el cardenal Rivera antes de
mudarse a un puesto en la catedral de la diócesis de Ciudad Lázaro
Cárdenas, según documentos y entrevistas.
En años recientes, el padre Aguilar
también ha trabajado extraoficialmente en las diócesis de Puebla y
Cuernavaca.
"Algunos de mis colegas sacerdotes me
han ofrecido la caridad de dejarme vivir con ellos", dijo, agregando que
aún pertenece formalmente a la diócesis de Tehuacán.
"No paso mucho tempo en un solo
lugar".
El reportero Brooks Egerton reportó
desde el sur de California y Dallas; el reportero Brendan M. Case
reportó desde la Ciudad de México y el estado cercano de Puebla. El
asistente de noticias Javier García contribuyó a este reportaje.
Con ayuda de líderes eclesiásticos,
Nicolás Rivera ha escapado a cargos de abuso sexual
"Al Día",
martes 22 de junio, página
1-A
Sacerdote por encima de
la ley
Por BROOKS EGERTON y
BRENDAN M. CASE / The Dallas Morning News
Líderes eclesiásticos
de ambos lados de la frontera México-Estados Unidos han ayudado al
reverendo Nicolás Aguilar a escapar de los cargos de abuso sexual de
menores. El sistema judicial mexicano también ha jugado un papel en el
asunto. A continuación, algunos eventos claves en la historia del padre
Aguilar, que niega cualquier acto indebido. Todos estos lugares, salvo
Los Ángeles, se encuentran en México.
1976: El padre Aguilar
se convierte en el sacerdote de la Parroquia de San Sebastián en
Cuacnopalan.
1986: Él es brutalmente
golpeado en una residencia parroquial. La policía sospecha de uno o más
de los muchos jóvenes visitantes del rectorado, pero el sacerdote pide
que el caso no vaya a juicio.
1987: El padre Aguilar
es transferido a la Arquidiócesis de Los Ángeles por el obispo de
Tehuacán, Norberto Rivera. Él trabaja en dos parroquias y abusa al menos
de 26 muchachos en nueve meses, concluye posteriormente la policía.
1988: El padre Aguilar
huye a México. Él le dice a las autoridades de la Arquidiócesis de Los
Ángeles que se está yendo, pero ellos no alertan a la policía. El
cardenal de Los Ángeles, Roger Mahony y el obispo Rivera, intercambian
cartas sobre el escándalo. Autoridades de Los Ángeles refieren sus casos
a juicio en México, donde las autoridades los dejan dilatar.
1995: El sacerdote
trabaja en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la ciudad de México.
El obispo Rivera se convierte en cardenal de la arquidiócesis. Un juez
mexicano desecha los casos de Los Ángeles por ser muy antiguos.
1997: El padre Aguilar
trabaja en la parroquia de San Nicolás Tolentino en Tehuacán. Un caso
penal comienza luego de que cuatro muchachos le dicen a la policía que
él abusó sexualmente de ellos.
1999: El padre Aguilar
trabaja en San Miguel Arcángel, ciudad de México.
2000-01: El sacerdote
trabaja en la catedral de la Diócesis de Ciudad Lázaro Cárdenas.
2003: El padre Aguilar
es condenado por un cargo menor de abuso sexual en los casos de 1997; él
sigue libre mientras su condena es apelada. Otros cargos han sido
desestimados.
2004: Una corte
defiende la condena pero decide que el delito es muy antiguo para
sancionarlo. El padre Aguilar celebra misa ocasionalmente en la
Arquidiócesis de Puebla y la Diócesis de Cuernavaca.
"Al Día",
martes 22 de junio, página
10-A
FUENTES:
Investigación de The Dallas Morning News; documentos judiciales
mexicanos; documentos de la Iglesia Católica.
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