La
Canonización de Juan Diego:
Estrategia del Vaticano para fortalecer
el guadalupanismo y Revitalizar el fervor popular.
Entrevista
al Profesor Elio Masferrer.
Víctor Ronquillo.
|
Aunque todos
son católicos, la geografía, pertenencia étnica, tradiciones o el culto
hacia nuevos santos han terminado por diferenciarlos y convertirlos en una
compleja familia. Los
catolicismos mexicanos son muchos y responden a las más diversas tipologías,
según las expresiones de su culto y la ideología que los sustenta. Desde la
época colonial, el sincretismo caracteriza a los muchos catolicismos que hoy
se extienden desde el sur (los tradicionalistas chamulas) hasta el norte,
asimilados a la práctica del catolicismo del otro lado con su singular ética
y culto de influencia protestante. Éstos y todos los catolicismos caben en
los expansivos límites de una institución con 2 mil años de vigencia y que
espera vivir e influir por lo menos otros 2 mil. La
tipología de las distintas expresiones del catolicismo mexicano tiene origen
lo mismo en su ubicación geográfica, que en su culto. Un amplio horizonte de
expresiones religiosas. Por el número de sus creyentes, según el más
reciente censo más de 80 millones, la Iglesia católica mexicana es la
segunda en importancia para el Vaticano. “Los
católicos de la franja fronteriza con Estados Unidos están muy influidos por
la religión civil norteamericana. Sus prácticas están vinculadas al modo de
ser católico en Estados Unidos, que está muy influido por el protestantismo.
Los católicos de Veracruz, tienen influencias europeas en sus prácticas y
los mochos de El Bajío están muy influidos por la Contrarreforma europea.
Aquí hay un dato muy importante, dos tercios de los obispos y los sacerdotes
son originarios de El Bajío, es decir las elites religiosas mexicanas
provienen de El Bajío.” El
Concilio Vaticano II, con la opción preferencial por los pobres, el
reconocimiento de las formas culturales en las que se expresa la fe de los
distintos pueblos, el abandono de una posición de iglesia de Estado y su aval
al Espíritu Santo, según Masferrer, da sustento a la ideología que
predomina en la Iglesia católica mexicana de hoy. Dentro
de la tipología de los catolicismos mexicanos cabe por último el de los católicos
carismáticos, otro producto del Concilio Vaticano II, “creen en el Espíritu
Santo y en los dones de curación y profecía. Los carismáticos le permiten a
la Iglesia católica un diálogo o si se quiere, una confrontación con los
pentecostales evangélicos”, señala Masferrer. Entre
la Teología de la Liberación y la llamada Teología de la Prosperidad, con
su opción preferencial por los ricos a quienes literalmente se considera
elegidos de Dios, no hay una confrontación, en la Iglesia católica hay lugar
para todos. “Unos van por la autopista en un carro último modelo y los
otros por la carretera federal, recorriendo brechas”, apunta Masferrer. Los
santos del cielo nacional Si
bien oficialmente 85 por ciento del total de la población de nuestro país es
católica, de acuerdo con investigaciones de campo realizadas por la Escuela
Nacional de Antropología e Historia (ENAH) sólo entre 5 y 8 por ciento puede
considerarse fervorosa y militante. El 25 por ciento es practicante y más del
60 por ciento ve a la iglesia como una agencia de servicios religiosos, útil
para bautizos, primeras comuniones y bodas. A
la Iglesia católica mexicana también la definen sus peregrinaciones y sus
fiestas. “A cada capillita le llega su fiestecita”, dice el dicho y es
cierto. Cuando
a Carmen Saucedo, autora del libro Historias de santos mexicanos,
recientemente publicado, se le pregunta sobre cuáles son los santos más
significativos en el cielo nacional, responde: “San Felipe de Jesús fue un
motivo de orgullo nacional para los mexicanos. La figura de San Felipe
adquiere una enorme importancia de orgullo criollo, nacional, inclusive se le
pone sobre el águila y el nopal en el escudo nacional. Aunque fue beatificado
a principios del siglo XVII, se le llamaba santo desde antes, fue el pueblo
quien lo canonizó. San Felipe de Jesús es el santo patrono de quienes
vivimos en el DF, aunque su fiesta, el 5 de febrero, está tan olvidada como
la Constitución”. Un
lugar estelar en la galería de santos mexicanos lo ocupan: “Los mártires
de la cristiada de la persecución religiosa —dice Saucedo—. Algunos de
ellos son muy famosos localmente, como el padre Cristóbal Magallanes. Eran
hombres santos, eran sacerdotes entregados a su feligresía. Representaban una
fuerza moral para un pueblo que no era escuchado por el gobierno En todo el
occidente de México son muy importantes, aunque a nivel nacional apenas los
estemos conociendo”. A
finales de 1997, se reunieron por primera vez en el Vaticano los obispos de
los países de habla inglesa con los latinoamericanos en el Sínodo de las Américas.
En América se encuentra más de la mitad de los católicos del mundo y este
continente es la fuente más sustantiva de recursos materiales y humanos para
la Iglesia católica. Esta reunión tuvo como finalidad desarrollar una
estrategia para la Iglesia católica a nivel continental. Para
Jorge Erdely, la próxima canonización de Juan Diego ocupa un lugar
preponderante dentro de esta estrategia. “Se
busca el fortalecimiento de símbolos populares para reavivar el fervor
popular que se ha ido perdiendo en Latinoamérica —dice—; es parte de una
estrategia de fortalecimiento de símbolos que viene concatenada con todas las
canonizaciones, muchísimas más que quizá que en los últimos 500 años, que
ha hecho el papa Juan Pablo II y la presente administración del Vaticano.” Antes
que Juan Diego llegaron a los altares 25 mártires, caídos durante la guerra
Cristera. Los
santos laicos En
el imaginario mexicano, después de la Virgen de Guadalupe el santo con mayor
capacidad para gestionar milagros es San Judas Tadeo, patrono de las causas
imposibles. Juan Diego es sólo un emisario, del que hasta la fecha los
feligreses esperan poco en materia de milagros. La
presencia de los santos laicos es mayor y su devoción existe más allá de
los límites establecidos por la liturgia católica. “En
su mayoría responden a necesidad de orden de salud —dice Carmen Saucedo—
son curanderos principalmente, Teresa de Cabora, Pedrito Jaramillo, El Niño
Fidencio, se desarrollan en medios rurales y donde hay poco control de la
Iglesia.” Dos
santos laicos responden a una nueva realidad, Jesús Malverde, el santo de los
narcos recibe en su capilla en Culiacán, las peticiones para lograr con éxito
los “viajes” desde la sierra hasta el otro lado de la frontera. Juan
Soldado es el santo de los migrantes, muchos se llevan de su tumba en el
cementerio de Tijuana un poco de tierra para que los guíe hasta el otro lado,
donde la guardarán como reliquia del santo y del México distante. Malverde
tiene el rostro de Pedro Infante, fue un moderno Robin Hood, del que cuenta su
leyenda fue colgado en vida por las autoridades. En su capilla se celebra con
música de banda sus milagros. Por todas partes se extiende una galería de
retablos donde si se lee con cuidado puede encontrarse una epopeya del narco
mexicano contado a través de las historias vividas por las infanterías de
los grandes cárteles.
|
Fuente: Revista Milenio Número: 253
Fecha: 29 de julio de 2002
Sección: En Portada
Página: 18-19
Por: Víctor Ronquillo
Título Original: Católicos en nuestro país Un retablo de muchos colores