DE LA CANONIZACIÓN DE JUAN DIEGO A EL CRIMEN DE EL PADRE AMARO: LOS USOS Y ABUSOS

Juan Carlos Romero Puga*

La controversia acerca de la historicidad del indio Juan Diego, cuya canonización fue fervorosamente impulsada por un sector de la Iglesia Católica mexicana, fue finiquitada finalmente el 31 de julio pasado con el pronunciamiento, largamente esperado por ese sector, de Juan Pablo II, quien anciano y enfermo, viajó por quinta vez a México. En ese marco, resulta interesante no sólo la revisión de los sucesos que se dieron en los meses anteriores a la declaración de Juan Diego santo, sino también de los varios escenarios que mostraron y el papel decisivo que en su momento desempeñaron los medios de comunicación mexicanos en torno al suceso.

La relevancia de la canonización para la mayoría de los medios de circulación nacional que han visto con seriedad el fenómeno, está en el debate reciente entre los llamados aparicionistas y antiaparicionistas, de acuerdo con su posición en torno al milagro guadalupano del Tepeyac, y de acuerdo con los documentos más recientes sobre el aparente hecho. Debe destacarse aquí la innegable aportación que en ese aspecto hicieron la revista Proceso, el mensuario Nexos, así como importantes colaboradores editoriales de La Jornada y El Universal, en la ciudad de México.

LA SACUDIDA DE IXTUS
Justamente, a un medio de comunicación se debe la publicación del documento más importante en esta historia. En el invierno de 1995, el entonces abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg, fue ampliamente entrevistado por una revista publicada en la ciudad de Cuernavaca, dirigida por el jesuita Javier Sicilia. Poco conocida más allá de su ámbito de influencia, Ixtus1 reprodujo declaraciones de Schulenburg, entre las cuales destacó que Juan Diego "es un símbolo, no una realidad".

Entonces, la entrevista no trascendió lo suficiente para crear escándalo alguno. Fue hasta 1996 que la revista italiana 30 Giorni condujo a uno de los episodios más lamentables protagonizados por la jerarquía católica mexicana, tras reproducir en sus páginas la entrevista realizada por Ixtus al que a la postre sería el último abad de la Basílica. Encabezada por el cardenal Norberto Rivera Carrera, quien declaró excomulgados ipso facto a aquellos que se negaran a aceptar el milagro guadalupano como dogma de fe, una campaña de linchamiento moral fue puesta en marcha. La vida de lujos y las veleidades de monseñor Schulenburg fueron exhibidas por todos los medios, azuzando contra su figura el odium plebis (odio del pueblo) y obligándolo a dejar el cargo que había desempeñado por 33 años en el santuario más importante del país. Sobre lo que en 1996 sucedió, el propio Sicilia manifestaría: "La imbecilidad, el amarillismo periodístico y la política antievangélica de algunos sectores de la Iglesia me provocan asco".2

Pero la última línea no estaba aún escrita. Seis años después, Guillermo Schulenburg volvió a conmover a las altas esferas de la Iglesia Católica de nuestro país. Una filtración desde el propio Vaticano volvió a desatar una asonada, atizada directamente por los interesados en que el indio del Tepeyac subiera a los altares. Esta vez, Andrea Tornelli dio a conocer en el diario italiano Il Giornale una carta del ex-abad de la Basílica, al secretario de Estado del Vaticano, Angelo Sodano, en la que trataba de advertirle sobre el error y el ridículo que significaría para la Iglesia la canonización de Juan Diego.

La carta, filtrada por personajes con interés en el hundimiento del ex abad, no estaba escrita a título personal, sino que contenía las firmas de Carlos Warnhotz, ex arcipreste de la Basílica de Guadalupe; Manuel Olimón, historiador y catedrático de la Universidad Pontificia de México, y Esteban Martínez, ex director de la biblioteca de la Basílica, quienes suscribían:

"La existencia del indio Juan Diego no ha sido demostrada, podríamos obtener muchas firmas de eclesiásticos preparados, así como de laicos intelectuales que avalan esta carta, pero no queremos provocar un inútil escándalo, simplemente queremos evitar que disminuya la credibilidad de nuestra Iglesia".

Warnhotz, hombre de edad avanzada, cabe decir, fue echado de la casa sacerdotal del santuario de Guadalupe por el cardenal Norberto Rivera

EL MILAGRO INDUCIDO
La segunda semana de enero de 2002, el diario Reforma presentó una nota que para muchos pasó inadvertida. Esperanza Silva de Barragán y su hijo Juan José, a quien Juan Diego habría salvado la vida tras caer de una altura de diez metros —milagro que finalmente le valdría a Juan Diego ser nombrado santo—, habían decidido mudar su residencia a Estados Unidos, ya que, según su declaración, los únicos beneficiados con el "milagro" habían sido las autoridades eclesiásticas.

Según Esperanza Silva, Homero Hernández Illescas, miembro del Centro de Estudios Guadalupanos (CEG), fue el médico que atendió a su hijo y quien la indujo a realizar la rogativa al indio del Tepeyac cuando Juan José se hallaba hospitalizado. Asimismo, fue él quien la encauzó con los postuladores de la causa de Juan Diego. Casualmente, mientras se intentaba acreditar su caso, Juan José tuvo trabajo y una beca del CEG, pero una vez que se probó la causa el apoyo se acabó.

Luis González de Alba expuso su "duda razonable" en torno al hecho en el número de marzo de 2002 de la revista Nexos, donde asentó: "Sólo silencio ha seguido a las pruebas de que el doctor Homero Hernández, del CEG, tenía un 10% de probabilidades de embaucar a todo México con un milagro: el paciente podía sanar, con o sin intervención médica, con o sin intervención divina, porque sanan de manera espontánea 10 de cada 100 cráneos rotos. El médico apostó y ganó. Nada perdía: si el paciente hubiera muerto no habría sido prueba en contra de la existencia de Juan Diego; si el azar y la buena salud del muchacho lo sanaban, ya tenía el milagro para la canonización. Así es la lógica que fabrica los ‘milagros’"

Una vez más, de la misma manera en que se hizo en 1996, la descalificación al ex abad no había llegado por su postura antiaparicionista. Nuevamente, a Schulenburg se le reprochó la vida de lujos que durante 33 años tuvo como abad de la Basílica sin creer en el milagro guadalupano. Según la lógica, si hubiese creído, habría tenido derecho a vivir como ha vivido y no se habrían hecho públicos datos confidenciales sobre su vida. "El acoso de los medios —abundaba González de Alba— se ha vertido, una vez más, contra el abad Guillermo Schulenburg. Ninguna televisora, ningún diario nos muestra las casa del arzobispo Norberto Rivera ni nos informa cuántos autos tiene".

Al realizar su interpretación personal, el especialista Bernardo Barranco consideró que detrás de esta "falsa polémica" no estaba la existencia de Juan Diego, sino la apropiación de lo que el indio representa para la Iglesia y para la sociedad. "Hay intereses comerciales y políticos en los medios por la representación simbólica de Juan Diego", escribió.

"¿Y EL ESTADO LAICO?"
El intelectual mexicano Carlos Monsiváis observaba hacia 1996 que "nadie dispone ya del ‘monopolio de las almas’. Hay, sí, un catolicismo mayoritario, y un guadalupanismo profundo que no será desplazado. Pero este guadalupanismo, aun en las zonas de máxima intolerancia, se ve obligado a convivir con otros credos. Ya hoy lo guadalupano no es sinónimo forzoso de lo mexicano".3

No obstante, las minorías religiosas en el país se encuentran lejos de hallar en los medios de comunicación las expresiones y los espacios que la Iglesia Católica ocupa, en particular durante los viajes que el papa Wojtyla ha hecho al país.

Ejemplo de ello son las reflexiones que tras la segunda visita de Juan Pablo II hicieron los Testigos de Jehová mediante sus publicaciones, elaborando un discurso contestatario a las expresiones que con motivo de la visita se hicieron en los medios de comunicación. Para ello la organización rescató el testimonio del periódico estadounidense National Catholic Reporter, en el que aparecía el titular: "El Papa pasó por delante de los mexicanos pobres a 50 kilómetros por hora". Y afirmaba: "Muchos [...] aguantaron horas de lluvia tan sólo para ver de forma muy breve el papamóvil, que pasó por delante a 50 kilómetros por hora". De la misma manera se hacía referencia a las crónicas del diario mexicano La Jornada que detallaba: "Dentro de la basílica se veían trajes y vestidos lujosos. Fuera, millares de pobres estaban arrodillados bajo la lluvia". Los Testigos de Jehová añadían que "aunque (Juan Pablo II) habló con políticos y hombres de negocios, no dialogó de forma directa con los obreros y los campesinos".

No obstante, la principal preocupación de la Iglesia católica en México es la recuperación de parte del poder y el prestigio que perdió hace casi ciento cincuenta años [...] Otras religiones observan con recelo y sin intervenir el flirteo de la Iglesia católica con el gobierno, mientras se preguntan si una mayor libertad para la Iglesia católica redundará en mayores prerrogativas para las demás confesiones.
Tanto el clero como los propagandistas católicos tratan de sacar provecho de este apoyo público a la visita del Papa. El señor Alamilla Arteaga, presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales, afirmó: "Este hecho, de la visita papal, es un plebiscito nacional. Y, plebiscito nacional quiere decir una movilización espontánea masiva, multitudinaria, para apoyar un anhelo [...], anhelo de todo un pueblo, de todo un pueblo, porque ya sabemos que la comunidad católica es el grupo humano mayoritario del país".

  Evangelización y temor a las sectas

Durante su estancia en México, el Papa enfatizó el tema de la evangelización. De hecho, uno de los propósitos de su visita fue el de dar un ímpetu renovado a la Iglesia mexicana, "una sacudida en plan espiritual", como lo expresó el delegado apostólico Girolamo Prigione. El 6 de mayo, día de su llegada, Juan Pablo II dijo en un discurso [...] "Tampoco tenéis que prestar menos atención al problema de los ‘nuevos grupos religiosos’, que están sembrando confusión entre los fieles [...]. Sus métodos, recursos económicos y la insistencia de su proselitismo ejercen gran atracción sobre todo en los que emigran del campo a la ciudad. Sin embargo, no podemos olvidar que muchas veces su éxito se debe a la tibieza e indiferencia de los hijos de la Iglesia que no están a la altura de la misión evangelizadora, con el débil testimonio que aportan a un vivir cristiano consecuente".
 
¿Cómo trató el Papa de hacer volver a los que han abandonado la Iglesia? ¿Animándoles a estudiar la Biblia? En el discurso que pronunció en Villahermosa exhortó: "¡Volved al seno de la Iglesia, vuestra Madre! La Virgen de Guadalupe, con su ‘mirada compasiva’, ha anhelado presentaros a su Hijo". Así que, en lugar de utilizar la atracción de la Palabra de Dios, recurrió al sentimentalismo religioso en un vano intento de recuperar a los católicos perdidos.4

Además de la crítica de grupos como los Testigos, otros sectores presentes en la prensa mexicana han mostrado su abierta preocupación ante declaraciones como la de "se necesita no tener madre para ser protestante", vertida por el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, así como ante las exhibiciones públicas que de su "fe" ha hecho el presidente Vicente Fox, cuya esposa, afirma el especialista Bernardo Barranco, formó parte del Regnum Christi, brazo laico de los Legionarios de Cristo, por medio de la cual los Legionarios están logrando penetrar en los altos círculos del actual gobierno.

Así, queda en la memoria el mitin del entonces candidato presidencial realizado, en León, Guanajuato, durante septiembre de 1999, cuando recibió un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe, el cual anunció que llevaría por delante, como hiciera Miguel Hidalgo al inicio de la guerra de Independencia. La ley se lo prohibía, sin embargo, Fox desafió: "Me hacen los mandados. Nadie me puede impedir llevar la imagen de la Virgen en mi campaña".

Del mismo modo, el día de su toma de posesión, acudió a la Basílica de Guadalupe, en un hecho que el propio Fox sabía que sería cubierto por todos los medios, para recibir la comunión, mientras que horas más tarde, en un acto público, recibió un crucifijo de manos de una de sus hijas, actos que fueron vistos con buenos ojos por sectores que festejaban la abierta religiosidad del presidente.

En su reciente visita para canonizar a Juan Diego, no sólo se dedicaron espacios de hasta cuatro horas continuas en las diferentes televisoras para cubrir los recorridos de Juan Pablo II —las cuales incluyeron tomas detalladas del avión de Aeroméxico que lo llevaría de regreso a Roma, inmóvil sobre la pista—, sino que el propio presidente Fox se despojó de su investidura de jefe de Estado para asumirse como el primer católico del país y besar el anillo papal en la recepción del pontífice, lo cual originó serias reflexiones en espacios como el programa Círculo rojo, de Televisa, donde se abordó el tema de la laicidad y las razones históricas que obligaron a la separación entre la Iglesia y el Estado, ambos aspectos soslayados por el mandatario mexicano.

El tratamiento de algunos medios como el diario La Jornada, quien en su edición del 31 de julio publicó la fotografía del presidente al momento del acto reverencial y las palabras "¿Y el Estado laico?", reflejan el descontento o bien el impacto que tuvo el acontecimiento entre algunos sectores sociales. En su edición del día siguiente el mismo diario publicó la reflexión de Bernardo Barranco:

Durante la ceremonia de acogida al Papa en el hangar presidencial, Fox cerró su intervención dando la bienvenida al pontífice a nombre de ese pueblo al que había calificado de católico. El Presidente no puede dejar de lado a más de 12 por ciento de la población que se declara no católica... El beso al anillo papal es un gesto simbólico de reconocimiento y de sumisión, propio de un fiel católico, extraño en un presidente de la República. Nuevas formas, provocadoras, a las que debemos acostumbrarnos o repensar, debatir y dialogar sobre los límites del Ejecutivo en materia religiosa. Pareciera que al Presidente ya se le olvidaron las controversias en torno al aborto que se dieron en Guanajuato poco antes de que tomara el poder; o los cuestionados arrebatos católicos de su secretario del trabajo, Carlos Abascal; o de sus segundas nupcias, que inflamaron los fueros eclesiásticos. México no es de los católicos, ni los católicos son México: el Presidente debe comprender que sus arrebatos pueden provocar intolerancias, intransigencias y exclusiones.

Empero, uno de los textos más contundentes fue escrito en las propias páginas de La Jornada, por Carlos Martínez García, luego de que Vicente Fox asegurara haber terminado con una larga simulación de los políticos católicos que escondían su fe.

Pero como lo que le importaba a Fox era que millones de mexicanos y mexicanas lo vieran dejando evidencia de su catolicismo, el mandatario mexicano en función de solícito creyente se arrodilló como si estuviera en misa y no representando a un Estado laico.

Hizo como jefe de Estado lo que no pudo hacer como simple ciudadano y creyente católico en el acto más importante al que vino Juan Pablo II, la canonización de Juan Diego. En esta ceremonia el estricto marco de lo religiosamente correcto no iba a permitir, como no lo permitió, que Vicente Fox pudiera acercarse al Papa y hacer lo mismo que hizo en la recepción del martes. Mucho menos comulgar, ya que en su calidad de divorciado le está vedado este sacramento a él y a su esposa actual. La Iglesia católica protegió bien sus dominios, en cambio Fox arrastró a la institución presidencial en su desmedido afán de satisfacer su preferencia religiosa.

Es simulación sacar a relucir el pluralismo de creencias religiosas que hay en México, y al mismo tiempo apoyar con recursos financieros y humanos del Estado mexicano sólo a una de esas creencias, que por muy mayoritaria que sea tendría que sacar a flote la visita de su máximo jerarca de la misma forma en que otras asociaciones religiosas lo hacen: con sus propias fuerzas, personal y recursos monetarios... Parece que para él mayor libertad religiosa significa favorecer sin tapujos a la Iglesia católica, sumándose con ello a la campaña permanente que esta institución sostiene contra los feligreses de otras asociaciones religiosas a las que peyorativamente sigue llamando sectas.

¿De qué forma desde Los Pinos podrían negarse a la lista de reivindicaciones que tiene el Episcopado mexicano, si la pareja presidencial está apurada para que conspicuos clérigos tengan éxito en sus cabildeos y logren la anuencia de Roma para que puedan contraer sus anheladas nupcias ante un sacerdote?

Por su lado, la noche del 1 de agosto, el presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), Arturo Farela Gutiérrez, entregó al secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, una carta en la que expresó "extrañamiento y dolor" por la actitud mostrada por el presidente de la República. Al hablar con un diario de circulación nacional, el líder evangélico consideró que Fox "abrió una herida que se había cerrado y que costó al país el derramamiento de sangre miles de mexicanos".

LA COBERTURA TELEVISIVA
Poco puede decirse de la aportación de los medios electrónicos, en particular de la televisión, durante los actos alrededor de la canonización de Juan Diego. Con excepción del espacio noticioso nocturno de Canal 40 y el programa Círculo rojo, espacios donde se dedicaron minutos valiosos al análisis y el impacto de la visita, la cobertura de las grandes cadenas televisivas, Televisa y TV Azteca, se caracterizó por sus crónicas llenas de emocionalismo y adjetivos ("No exagero; este hombre irradia luz": Hania Novel dixit), contextualizadas por comentarios de sacerdotes5 y de personajes del espectáculo como la cantante Lucero, quien adquiriera notoriedad en los últimos años como conductora del Teletón, un acto asistencialista que se lleva a cabo cada año para recaudar fondos en beneficio de niños minusválidos, y al encabezar "Las mañanitas" que año con año, el 12 de diciembre, se cantan ante la imagen de la Virgen de Guadalupe.6

En lo referente a la prensa escrita, con excepción de algunos diarios de circulación reducida y medios como la revista Vértigo (vinculada a TV Azteca), la cual colocó en su portada la frase "México, siempre fiel", los diarios nacionales y los semanarios más importantes presentaron una visión más equilibrada, centrada en comentarios de especialistas como Roberto Blancarte, Bernardo Barranco y Elio Masferrer.

Por ejemplo, Blancarte, investigador del Colegio de México, publicó en la revista Cambio un análisis sobre el poder público y la Iglesia en un artículo de dos páginas donde advertía: "Lo único novedoso en esta visita será la presencia ‘a título personal’, del presidente Fox en la ceremonia de canonización de Juan Diego. Una presencia que por más que se diga, viola el espíritu del artículo 25 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, el cual establece que los funcionarios federales, estatales y municipales no deberán asistir ‘con carácter oficial’ a ningún acto religioso de culto público. Sería interesante saber en qué momento Vicente Fox dejará de ser el presidente de la República para pasar a ser un simple ciudadano que acude a la ceremonia de canonización. Lo peor de todo es que al llevar a cabo este acto, al parecer inocuo, el presidente no estará realmente haciendo ningún cambio trascendente en materia de libertad religiosa, pero sí dejará la semilla de posibles conflictos alrededor del principio histórico de la separación entre el Estado y las iglesias".

Mención aparte merece el trabajo de la revista Proceso, que, de manera provocadora, tituló "Santo a fuerzas" su portada del domingo 28 de julio. Esta publicación, no sólo presentó amplios reportajes sobre la indiferencia de la mayoría de los 12 millones de indígenas del país ante la canonización de un Juan Diego con "facciones presumiblemente europeas" o la de los mártires cajonos, considerados incluso como "traidores" de su raza, sino que publicó una amplia entrevista con uno de los restauradores de la imagen original de la Virgen de Guadalupe, el cual afirmaría haber trabajado sobre la obra de un artista y no de ningún milagro.

En el plano editorial, sin duda se aportó material importante a la discusión. La aparición de volúmenes como La Virgen de Guadalupe: imagen y tradición, de David A. Brading, o La búsqueda de Juan Diego, de Manuel Olimón Velasco, se constituyeron como parte de la contraargumentación, desde el punto de vista histórico, de textos como Juan Diego, el águila que habla, de Norberto Rivera Carrera, donde el autor compadece a los antiaparicionistas por su posición frente al milagro guadalupano.

ENTRE LA CENSURA Y EL PADRE AMARO
En medio de este escenario, ante el peligro de que los segmentos más conservadores de la Iglesia la consideraran una provocación, los productores de El crimen del padre Amaro, película homónima de una novela del portugués José María Eça de Queiroz, la cual oportunamente refiere un caso de efebofilia que involucra a un sacerdote, se vieron obligados a aplazar la exhibición del filme, teniendo que limitar su publicidad al nombre de los actores participantes sobre un fondo negro. Pese a que la película no había sido vista aún, grupos católicos iniciaron una campaña, vía internet,7 para pedir a la Secretaría de Gobernación su intervención para impedir la proyección en salas comerciales.

Diarios como La Jornada reprodujeron declaraciones de la jerarquía católica en torno al tema:

...el vicepresidente de la CEM y obispo de la diócesis de León, Guanajuato, José Guadalupe Martín Rábago, consideró que la película del cineasta mexicano tiene la intención de "prolongar" el desprestigio de la Iglesia católica, mientras el vocero de la diócesis, José Luis Mesa, se manifestó por que las autoridades prohíban todo espectáculo que atente contra la moral y las buenas costumbres, como "la película, que no he visto".8

Sin embargo, las voces contra la exhibición de la película no fueron del todo aisladas. Más allá del calificativo de "basura" que grupos como la Unión Nacional de Padres de Familia usaron, funcionarios federales como el senador, Diego Fernández de Cevallos, y el Secretario del Trabajo, Carlos Abascal Carranza —quien ocupó en el pasado primeras planas por su censura moral a obras de Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez—, se manifestaron contra el contenido del largometraje.

Misas de desagravio se celebraron en varias ciudades. Jóvenes católicos se apostaron en las entradas de los cines, llevando camisetas con la imagen guadalupana que recurrían al chantaje rústico: "Si me amas... tú eliges". La campaña de calificativos —la más grande en años—, encabezada por el Grupo Próvida y su ex líder nacional, Jorge Serrano Limón, llevaría a millones de mexicanos a las salas de cine, haciendo del largometraje mexicano el de mayor número de copias distribuidas en la historia del cine nacional.

INTOLERANCIA AL AMPARO DE LA RED
Éste no fue el único caso de aparente presión. El 8 de abril los célebres Helguera y Hernández, moneros colaboradores de la revista Milenio publicaron una sátira de la (próxima en ese entonces) visita del jefe máximo de la Iglesia Católica:

Con la misma superproducción que ha presentado en los más grandes escenarios del mundo, Juan Pablo II, el Rey del Pop, llegará a México para que presenciemos su megashow, el cual tendrá lugar en la Basílica Colisseum, con el derroche tecnológico sin igual que lo ha mantenido en lo más alto del firmamento del espectáculo.

Este espectáculo es uno de los más esperados del año y en él habrá una magna escenografía, audio, video y juegos pirotécnicos.

El legendario intérprete presentará en México su nueva superproducción "Juan Diego Superstar", con su primer sencillo "Juan Diego y la Virgencita, juntos son dinamita".

La Banda "Mochos", integrada por Norberto Rivera, Juan Sandoval Íñiguez y Onésimo Cepeda, abrirá el espectáculo.

A continuación, dos ilustraciones fueron publicadas con sus respectivos textos.

 "‘J.D. Superstar’ es la más reciente producción que será presentada en México con el patrocinio de Organizaciones Nacionales Eclesiásticas, Sociedad de Inversión Monetaria. (O.N.E.S.I.MO.)"

"El Rey del Pop quiere tanto a nuestro país, que cada vez le es más fácil besar nuestro suelo".

La respuesta de un grupo presuntamente agraviado con la publicación fue una campaña vía internet para realizar un boicot contra todas las publicaciones y medios propiedad del grupo regiomontano Multimedios, editor de Milenio, lo cual ocasionó que el vínculo relacionado con el trabajo de Hernández y Helguera estuviera bloqueado durante días en la página web de la revista.

VACÍO INFORMATIVO PARA UN "GUÍA DE LA JUVENTUD"
Asimismo, pese a que en su antesala en Toronto, Canadá, Juan Pablo II condenó los casos de abuso sexual cometidos por sacerdotes y reconoció que estos crímenes llenan al Vaticano de "una profunda tristeza y vergüenza", en México, el tema de las denuncias por paidofilia en contra del fundador y líder de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel desapareció de los medios.

Sin embargo, el lunes 29, el programa México Nuevo Siglo, transmitido por la señal de Televisa, dirigido por el historiador Enrique Krauze, no sólo presentó los puntos de vista del Fernando M. González del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, de Javier Sicilia, el padre Manuel Olimón y el politólogo Manuel Canto Chac en torno al papel de la Iglesia en México, sino que hizo una revisión de los trabajos realizados por Canal 40 y Círculo rojo, en 1997 y abril de 2002, respectivamente, en torno a las presuntas debilidades de Maciel.

La prensa extranjera decidió, por el contrario de un amplio conjunto de medios nacionales, realizar un enfoque notablemente distinto. Veinticuatro horas antes del arribo de Karol Wojtyla a México, CNN en Español se prefiguró como la más clara excepción de los espacios informativos al tratar el escándalo del líder de los Legionarios, orientación que compartieron el rotativo británico The Times y el diario estadounidense St. Petersburg Times,9 los cuales contrastan los testimonios que hablan de una "doble vida" de Maciel consistente en exhibir una férrea devoción durante el día, mientras por la tarde llevaba jóvenes, "algunas veces dos al mismo tiempo", a su cama, alegando una dispensación de Pío XII para poder llevarlo a cabo, con el reconocimiento del papa Juan Pablo II por su lealtad al Vaticano y como "guía eficaz de la juventud".

En la prensa escrita mexicana, pocos hicieron la diferencia. El miércoles 31 de julio, la periodista Carmen Aristegui dedicó su columna, en el diario El Universal, al mea culpa papal y al asunto del padre Maciel. La parte más significativa de su texto no estuvo tanto en el recuento de hechos como en el remate del mismo, el cual constituía una respuesta al mensaje de Juan Pablo II en Canadá y a los defensores de Maciel Degollado: "Vergüenza y tristeza no son suficientes. Justicia es la palabra".

Ciro Gómez Leyva, sin embargo, advertía bien lo que pasaría en torno a tan difícil tema, en su columna de ese mismo miércoles, en Milenio Diario:

El papa, además, no tendría por qué meterse en problemas en un país donde la crisis de las acusaciones contra sacerdotes pederastas apenas se comentó durante un par de semanas de abril, para luego volverse a arrumbar en el ropero de los asuntos espinosos, molestos y de mal gusto.

El padre Marcial Maciel y otros religiosos sobre quienes sigue pesando la sospecha pueden estar tranquilos. Lo que el papa tenía que decir sobre abuso sexual lo dijo ya en Toronto.

Y así fue.


1 Ixtus, No. 15, Invierno de 1995.
2 Proceso, No. 1319, 10 de febrero de 2002.
3 Proceso, No. 1018, 6 de mayo de 1996.
4 ¡Despertad!, 8 de noviembre de 1990.
5 Entre los colaboradores de TV Azteca destacaron Fidel González y José Luis Guerrero, miembro de la comisión histórica y postulador de la causa de Juan Diego, respectivamente, ambos juez y parte en el proceso.
6 En 1995, TV Azteca promovió y se involucró activamente en una peregrinación a la Basílica de Guadalupe que tenía como objetivo condenar los acuerdos adoptados por la ONU en la IV Conferencia de la Mujer, en Beijing, la despenalización del aborto, el reconocimiento de familias de homosexuales con derecho a adoptar y la información sobre anticonceptivos y sexo seguro desde la edad preadolescente.
7 El sitio en cuestión se encuentra en la dirección www.lacartita.org.
8 La Jornada, 29 de Julio de 2002.
9 El diario español El País dio también una destacada cobertura del arribo de Juan Pablo II a México y la canonización de Juan Diego. Su corresponsal en México, Juan Jesús Aznárez, hace énfasis en el acto de sumisión del presidente Fox en un texto titulado “Las contradicciones de un estado laico” (El País, 1 de agosto de 2002).

*Juan Carlos Romero Puga estudió la licenciatura en Periodismo y Comunicación Colectiva en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Acatlán por la UNAM. Ha Trabajado para medios de comunicación como el seminario Milenio, así como para el noticiario CNI Noticias, de Canal 40.