EL YA BASTA DE LAS MONJAS

Rodrigo Vega

Víctimas de abusos, violaciones y discriminación, a los cuales el Vaticano enfrenta con un silencio cómplice, comunidades de religiosas en México y en el mundo reclaman sus derechos dentro de la Iglesia católica y denuncian, una vez más, las vilezas sexuales de los sacerdotes contra ellas.

Hartas de los constantes atropellos a sus derechos humanos -que van desde ser utilizadas como simples "sirvientas", hasta sufrir violaciones sexuales de sus superiores religiosos-, las monjas mexicanas empiezan a integrarse a un gran movimiento internacional de protesta que no sólo pide castigo para los sacerdotes violadores, sino también exige que, dentro de la Iglesia, las mujeres tengan iguales derechos que los hombres.

A través de sus organizaciones mundiales -como la Federación Internacional de Monjas o la Coalición de Monjas Americanas-, las religiosas ya organizan sus propios "sínodos" y encuentros internacionales para exponer sus demandas al Vaticano: alto a los abusos sexuales en su contra, crear un ombudsman religioso, celibato opcional, ejercer sus preferencias lésbicas, ser sacerdotisas y obispas...

Esta inusitada rebelión de las religiosas ya provoca choques con el Vaticano, como el ocurrido en junio de 2002, cuando siete monjas fueron ordenadas sacerdotisas por el arzobispo argentino Rómulo Braschi. El Vaticano inmediatamente desconoció la ordenación y las excomulgó.

Todo esto coincide con la exhibición, en México, de la película En el nombre de Dios, en la cual se revelan los maltratos, los abusos, incluyendo los sexuales, y las vejaciones que miles de mujeres -huérfanas, madres solteras y jóvenes violadas- sufrieron por la congregación católica de las Hermanas de la Magdalena en Irlanda, desde los setenta hasta mediados de los ochenta.

La exmonja mexicana Pilar Sánchez Rivera, una de las más destacadas impulsoras de los cambios, revela: "Contra ese abuso de poder y centralismo eclesiástico, está irrumpiendo un cambio dentro de la Iglesia, en el que muchas congregaciones de religiosas llevan la delantera. Por ejemplo, ya no conciben al cuerpo como enemigo del alma. Tienen nuevas propuestas. Por eso surgió la teología feminista, que los teólogos han ido asimilando".

Entusiasmada, cuenta que, incluso, hay sacerdotes, obispos y "teólogos famosos" que también impulsan esos cambios, al grado de que en algunas parroquias ya se invita a las religiosas a participar activamente en la celebración de misas, formalmente reservadas para los sacerdotes.

"Hay sacerdotes en México que nos apoyan. En otros países, algún obispo o cardenal. Algunos lo reconocen públicamente, otros no", dice.

Y agrega: "A las mujeres nos está negado acceder al sacerdocio. La participación en actividades rituales, ministeriales y administrativas es sólo para unos cuantos. Aquí también quedan excluidos los hombres casados y los homosexuales. Esta centralización es un abuso".

Religiosa franciscana durante 12 años y ahora dedicada a defender los derechos humanos de las mujeres católicas, Pilar Sánchez señala que son frecuentes en México los abusos sexuales de sacerdotes contra las monjas.

"En México, ha habido abusos y violaciones sexuales contra nuestras religiosas. Sin embargo, a muchas de ellas las forma un obispo o un sacerdote, por lo que están muy sujetas al control jerárquico y no denuncian. Aquí todavía no existe, pues, una cultura de la denuncia."

-Hasta el momento, ¿ninguna monja ha puesto alguna denuncia formal contra algún sacerdote violador?

-¡Nada! No ha habido denuncias ante las autoridades del gobierno, ni penales ni civiles. Aunque creo que, en alguna ocasión, se interpuso una denuncia civil en algún lugar del sureste. Pero no prosperó.

-¿Pero sí las ha habido ante los tribunales eclesiásticos?

-Dentro de la Iglesia lo que ocurre es que, simple y llanamente, la religiosa soporta sola su gran pena y su sentimiento de culpa. O bien, puede acudir a contárselo a su superiora. ¡Y hasta ahí! A través de los talleres en los que participo, van saliendo estas historias de vida. De pronto, alguna religiosa se acerca y confiesa: "Cuando era novicia, fui abusada sexualmente por algún sacerdote"... cosas así.

En México, los dos centros de derechos humanos que atienden a este tipo de víctimas, el Departamento de Investigaciones Sobre Abusos Religiosos (DIAR) y el Instituto Cristiano de México (ICM), tienen registrados muy pocos casos de atropellos a religiosas.

Raymundo Meza, director jurídico del DIAR, comenta: "Nosotros, actualmente sólo manejamos los casos de dos monjas en el Distrito Federal, que fueron seducidas por sus superiores jerárquicos. Están muy dañadas psicológicamente. Obviamente que no puedo mencionar sus nombres. Son las únicas denuncias que tenemos de este tipo".

-¿A qué atribuye la renuencia de las monjas a denunciar?

-El mismo hecho de vestir los hábitos es un gran obstáculo para luchar contra la jerarquía. Hay un aspecto psicológico que las inhibe. Para la Iglesia, las monjas son una especie de sirvientas, cuya función es obedecer. Lo curioso es que muchas de ellas abandonan la vida monacal, y hasta entonces dejan su inhibición y se transforman en abiertas defensoras de los derechos humanos, como sucedió con la religiosa dominica Digna Ochoa.

El nuncio seductor

Raymundo Meza cuenta que, en 1996, el DIAR llevó el caso de siete monjas del convento de las Carmelitas Descalzas de Santa María de la Fe, en Ciudad del Carmen, Campeche. Estas religiosas se quejaban de los malos tratos de su superiora, María Josefina de Jesús Apango López, quien además se negó a apoyarlas médicamente, cuando varias de ellas resultaron con graves quemaduras al explotar un tanque de gas. Aparte, denunciaban abusos sexuales solapados por su superiora.

Las monjas pusieron su queja ante su entonces superior provincial, Bernardo Chehaibar, y ante el obispo de Campeche, José Luis Amezcua Melgoza. Al no recibir respuesta, enviaron una carta a Roma, dirigida al padre general de los Carmelitas Descalzos, Camilo Maccise, quien les respondió el 16 de julio de 1996, mediante una carta -en poder de Proceso-, en la que les decía que sólo a "nivel local" se podía "estudiar el caso", y que con la "gracia y protección" de la Virgen saldrían de "todas las dificultades". Ante eso, las monjas optaron por abandonar el convento.

Raymundo Meza comenta: "El DIAR les brindó atención psicológica y las apoyó en sus demandas laborales, puesto que querían una indemnización. Pero nada pudimos hacer, ya que el noviciado voluntario y todas esas cosas hicieron muy endeble nuestra demanda laboral. Los abusos quedaron impunes".

Por su parte, el Centro de Investigaciones del ICM logró documentar otro caso que, a mediados de los noventa, sólo se ventiló en los altos círculos eclesiásticos: los abusos sexuales que Jerónimo Prigione, entonces nuncio apostólico en México, cometía con la hermana Alma Zamora, de la congregación Hijas de la Pureza de la Virgen María, con sede en la ciudad de Aguascalientes.

El investigador Jorge Erdely, autor del libro Pastores que abusan y director académico del ICM, relata que monjas de esa congregación se encargaban del quehacer doméstico de la nunciatura -labores de limpieza y cocina, cuidar las mascotas de Prigione...-, y entre ellas se encontraba Alma Zamora, a la que Prigione escogió como concubina.

Prosigue Erdely: "En 1994, la congregación efectuó una dinámica grupal a la que llamó 'ejercicios de discernimiento', que dirigió el entonces seminarista jesuita Juan Ricardo Herrera Valenciano. Ahí se analizaron los conflictos de conciencia provocados por el concubinato de Prigione y Alma Zamora, por lo que las religiosas decidieron retirarse del servicio personal del nuncio. Y así se lo hicieron saber. Pero Prigione, aferrado, no las quiso dejar ir y las amenazó con disolverles la congregación, que entonces contaba con 300 religiosas y tenía presencia, sobre todo, en el norte del país".

Prigione logró, incluso, que se les hiciera una visita apostólica, dirigida por el obispo Emilio Berlié Belaunzarán, para inspeccionar si la espiritualidad y ortodoxia de las monjas se apegaba a los lineamientos vaticanos.

Así, las monjas fueron sometidas a "interrogatorios inquisitoriales", por lo que algunas sufrieron crisis nerviosas y fueron hospitalizadas. El Vaticano, a través de la Congregación para Institutos Religiosos y de Vida Consagrada, también intervino y, en 1995, dio un fallo fulminante: mientras Prigione estuviera en funciones en México, las Hijas de la Pureza de la Virgen María deberían servirle sin chistar.

"De ese modo, las monjas tuvieron que acatar las órdenes del Vaticano y seguir sometidas a los caprichos del nuncio", comenta Erdely, doctor en filosofía y teología por la Universidad de Oxford.

-¿Y qué pasó con la hermana Alma Zamora?

-¡Qué iba a pasar! Contra su voluntad, siguió siendo la concubina de Prigione, hasta que dejó de ser nuncio. El Vaticano, prácticamente, le había concedido derecho de pernada. Este caso ejemplifica a la perfección lo que es el abuso de poder que aplasta a las religiosas.

Marcela Lagarde, en su libro Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, menciona más casos y abunda sobre los mecanismos psicológicos que sojuzgan a las religiosas, cuya identidad se finca en "la renuncia". Señala que "el pacto entre la monja y Dios no es un pacto, sino una atadura. Es la aceptación de la servidumbre". Menciona que, ante la represión erótica, sólo queda "el lesbianismo como único y último recurso". Y el convento -dice- "tiene mucho de serrallo".

El complot del silencio

Pilar Sánchez pone su propio caso como ejemplo: "Yo sé lo que es el poder de una sotana. A los siete años de edad, cuando estudiaba en una escuela de religiosas, fui abusada por un diácono".

Cuenta que, pese a esta experiencia traumática, decidió ser franciscana misionera de María. Estudió en Roma. Fue misionera en Perú, en donde participó en la reforma educativa. Regresó a México para dirigir el Instituto Tepeyac, de León, Guanajuato. Finalmente, decidió colgar los hábitos por parecerle "castrante" la vida religiosa.

Actualmente, imparte talleres, diplomados y conferencias en varios países; colabora con algunas organizaciones de derechos humanos, como Católicas por el Derecho a Decidir, donde es consultora externa... A sus 58 años, mantiene constante comunicación con monjas de todo el mundo.

-¿Qué clase de abuso padecen más frecuentemente las religiosas?

-¡El abuso de autoridad! Esa centralización de la verdad absoluta, de la infalibilidad, de la iluminación y el considerar a la deidad dentro del género masculino les ha dado el poder a los hombres, erosionando la autoestima de las mujeres. Todo eso se llama abuso. La única defensa que tenemos es nuestra voz interna, nuestra conciencia. Queremos desmontar esa fuerza negativa e ir creando una reforma en la Iglesia.

Un documento revelador -indica- precipitó la organización y las protestas de las religiosas a nivel mundial: en 1994, la monja Maureen O'Donohue, integrante de Médicas Misioneras de María, inició una investigación en la que descubrió que el hostigamiento sexual y la violación de religiosas era una práctica común realizada por sacerdotes. Y envió un informe al Vaticano para que castigara a los violadores.

Al año siguiente, en 1995, concluyó la investigación. Los resultados del informe O'Donohue eran alarmantes. Los abusos contra religiosas se extendían a 23 países. Salió a relucir la gran cantidad de monjas embarazadas que, por lo mismo, eran expulsadas de sus congregaciones. Las hubo infectadas de sida u obligadas a abortar. Incluso se documentó el caso de un sacerdote que embarazó a una monja y la llevó a abortar, ahí perdió la vida y el sacerdote todavía ofició la misa en su funeral.

Dice Pilar Sánchez: "El informe recogió testimonios y pruebas médicas, datos verificables. No fue una fantasía".

-¿El Vaticano castigó a los culpables?

-No, hasta el momento no ha hecho nada, sólo ha cambiado geográficamente a sus delincuentes, por lo que los abusos continúan. Ante nuestras denuncias, el Vaticano instauró el complot del silencio. Después de 1994, volvió a entregársele el informe en 1998, a través de Joaquín Navarro Valls, vocero del Vaticano, y del cardenal Joseph Ratzinger, a cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ellos dieron el acuse de recibo.

-¿Qué medidas están tomando ante el silencio del Vaticano?

-El año pasado, presentamos el expediente formal ante la ONU, ojalá y este organismo internacional pueda hacer algo. Pedimos, entre otras cosas, que las monjas expulsadas sean reinstaladas en sus comunidades religiosas, atención médica para las infectadas de sida, apoyo legal y económico para los hijos de quienes sufrieron la maternidad impuesta. Inclusive, ya comienza a surgir la propuesta de que se instale un ombudsman religioso.

Apoyadas por varias organizaciones civiles, las religiosas realizan actualmente, en todo el mundo, la campaña Rendición de Cuentas, mediante la que siguen presionando al Vaticano para que informe sobre los atropellos de sus sacerdotes y, en los hechos, sea congruente con el discurso evangélico. También crearon el Observatorio Eclesiástico, una red de vigilancia que da seguimiento a los abusos de la jerarquía.

Varias congregaciones de religiosas mexicanas ya se han sumado a esta creciente movilización internacional: Misioneras Guadalupanas, Religiosas del Verbo Encarnado, Misioneras Eucarísticas Franciscanas, Congregación de Jesús y María, Misioneras Hijas del Calvario, Congregación Inmaculada Concepción de Castres, Misioneras Hijas de San José...

Según estadísticas de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México -organismo que aglutina a todas las congregaciones católicas del país-, en México actualmente existen 35 mil miembros de estas congregaciones. La gran mayoría, 70%, son mujeres. De manera que hay alrededor de 24 mil 500 monjas.

Y si se compara con el número de sacerdotes diocesanos, unos 14 mil, la cantidad de monjas también resulta muy superior. Las hay de "vida activa" y "contemplativa". Estas últimas viven completamente consagradas a la oración.

"Las religiosas de vida contemplativa padecen todavía más la represión. Yo estuve varias veces con ellas, muchas son como muertas en vida", dice Pilar Sánchez.

Cambios incipientes

Al igual que un gran número de sacerdotes, comenta que muchas monjas proponen el celibato opcional: "También entre las religiosas existe esa corriente de pensamiento. Sería fabuloso que mujeres casadas y con hijos pudieran ser monjas, lo mismo las que han enviudado. Hay muchas religiosas que se casan con sacerdotes y, por tal motivo, dejan trunca su vida eclesiástica. No debería ser así. La experiencia matrimonial hace más humanas a las mujeres.

"Por lo pronto, ya se están dando cambios dentro de la Iglesia. Ya no existe tanto temor al cuerpo, aquella idea de que el cuerpo enajena y es enemigo del alma. Los llamados noviciados ecuménicos, que nutren a nuestras religiosas con experiencias de otros países, han sido fabulosos, pues abren sus expectativas, dándoles una visión más progresista de las cosas."

-En la Iglesia hay un movimiento llamado Otras Ovejas, que pugna por la unión entre sacerdotes homosexuales. ¿Existe un movimiento similar entre las religiosas lesbianas?

-Sí, por supuesto. Incluso, ya existen comunidades de religiosas, en donde, sin verlas como algo pecaminoso, se dan experiencias de vida lésbica compartida. ¡Claro! Esto no quiere decir que todas sean lesbianas, sino que existen dos o tres parejas que sí lo son. Así, se instaura una reglamentación interna para que estas parejas sean respetadas, vivan en fidelidad y se expresen hacia la feligresía.

"Estas experiencias, realizadas sobre todo en Estados Unidos y Europa, surgen para evitar las deserciones en los conventos, pues de pronto se acercaba una religiosa y le confesaba a la superiora: 'estoy pecando, lo mejor será irme'. Por eso, progresivamente, se está abriendo ese espacio, para ver qué tan benéfico resulta para la vida de la comunidad."

-¿En los conventos de México ya se permiten las parejas de lesbianas?

-Supe que aquí se hicieron estos experimentos, pero con una mentalidad muy gringa que no se ajustó a la idiosincrasia de las religiosas y de nuestro pueblo. No funcionaron. Sin embargo, en este momento hay una reivindicación del Evangelio en el aspecto de no excluir. Las lesbianas, las madres solteras y las divorciadas son lo que La Biblia llamaba samaritanas. Así como los leprosos de aquel tiempo son hoy los infectados de sida. La Iglesia debe abrirles los brazos.

Principalmente mediante dos organizaciones, la Federación Internacional de Monjas y la Coalición de Monjas Americanas, las religiosas realizan reuniones y sínodos.

Abunda Pilar Sánchez: "Hace dos años, por ejemplo, realizamos en Roma un 'sínodo sombra', paralelo al sínodo de obispos. Participamos gente de 72 países y nuestra agenda se la hicimos llegar al Papa Juan Pablo II".

Y apenas a principios de este mes -del 5 al 10 de agosto-, en Barcelona, España, se efectuó el II Sínodo Europeo de Mujeres. Ahí volvieron a debatirse dos viejas peticiones: que las monjas puedan ser sacerdotisas y obispas.

Ante la negativa vaticana por conceder iguales derechos a las mujeres, el 29 de junio de 2002, siete monjas -cuatro alemanas, dos austriacas y una estadunidense- desafiaron a las autoridades y fueron ordenadas sacerdotisas por el arzobispo argentino Rómulo Brashi.

La insólita ordenación sacerdotal se llevó a cabo en un barco, en el río Danubio. Bajo estrictas medidas de seguridad, a la ceremonia asistieron 200 invitados, entre ellos teólogos y teólogas.

El cardenal Ratzinger pidió a las mujeres que se retractaran y pidieran perdón "por el disgusto ocasionado a los creyentes". De no hacerlo, las excomulgaría. De Brashi es un arzobispo casado y ya estaba excomulgado.

"No conocemos ninguna constitución divina que diga que los hombres pueden ser sacerdotes y las mujeres no. La excomunión no puede ser utilizada contra nosotras", fue la respuesta de las religiosas.

 

Fuente: Proceso.com.mx
Tema: EL YA BASTA DE LAS MONJAS
Autor: Rodrigo Vera
Fecha: 18-Ago-2003