Se alejan católicos del confesionario

Leticia Sánchez

Los sacerdotes se pueden pasar varias horas en el confesionario con la luz roja encendida sin que ninguna "oveja descarriada" acuda a solicitar el perdón de sus pecados.

"Son pocos los católicos que se confiesan, y no hay razón para que los fieles no cumplan con esta responsabilidad religiosa, cuando bastan cinco minutos para que un católico diga sus pecados al sacerdote y éste le otorgue la absolución y el consuelo", dice Pedro Tapia, provicario episcopal y coordinador de las celebraciones litúrgicas de la Basílica de Guadalupe, el santuario mariano más visitado del mundo.

El problema es que el 80 por ciento de los fieles, al menos los que acuden a la Basílica de Guadalupe, no sabe confesarse y confunde el sentido de este sacramento, añade; muchos católicos acuden al sacerdote para solicitar asesoría psicológica y hasta legal, más que para buscar ayuda espiritual.

Los católicos en México no cumplen ni viven cabalmente su fe, porque no saben medir la gravedad de sus pecados, asegura el Padre Sergio Román Ramos, de la Parroquia de la Merced Divina Institución.

Esta situación no es privativa de este país. El Papa Juan Pablo II ha tenido que aclarar que la confesión, estipulada de forma obligatoria desde el Concilio Lateranense de 1215, no es un acto de terapia psicológica, sino un sacramento que tiene por objeto que el católico sienta paz espiritual y serenidad.

Cuestión de Enfoque

Algunas personas creen que se puede comulgar sin haberse confesado, porque durante la misa el sacerdote otorga una absolución general. Sin embargo, el Papa ha señalado que esta práctica es indebida, ya que para obtener el perdón de los pecados y estar en gracia con Dios debe mediar la confesión.

La Carta Apostólica "Misericordia Dei" señala que los párrocos y rectores de los templos tienen la obligación de reactivar el proceso de la confesión, absolución y penitencia.

Sin embargo, Jorge Ederly, director académico del Centro de Investigaciones del Instituto Cristiano de México, cuestiona que la intención del clero sea sólo ayudar a los fieles.

"La Iglesia desea controlar la conciencia de sus miembros por medio de la confesión, pues está enterada de la apatía y el descontento que se percibe al interior, ya que diariamente 12 mil *de sus fieles abandonan las filas del catolicismo, tan sólo en América Latina", señala.

"Al reforzar sus antiguos dogmas, como el de la confesión, la Iglesia intenta enterarse de lo que sucede entre sus fieles, con el objeto de evitar que se difundan los agravios cometidos, como los protagonizados por el clero en Estados Unidos, y proteger así la imagen de la institución", destaca el teólogo.



Confunden el Objetivo

La mayoría de los católicos no saben confesarse, asevera Tapia, también Obispo de la Arquidiócesis de México.

"Por errores de formación, generalmente utilizan al sacerdote como orientador, consejero, pedagogo y hasta psicólogo, cuando ese no es su papel", señala.

El padre italiano Elio Monteleone, confesor de la Basílica Santa María Mayore, en Roma, advierte que la confesión no es una varita mágica que resuelva los problemas existenciales de los fieles.

"A esta Basílica, una de las cuatro más importantes de Roma, viene gente de diversas partes del mundo a confesarse en todos los idiomas, aprovechan para platicarnos de sus problemas con los hijos, con el marido o de los conflictos que tienen con sus vecinos o en sus trabajos", refiere.

Por lo que el sacerdote resulta ser un amigo más que confesor, sostiene.

Ya en 1680, Pedro Galindo, en su "Manual del Confesor", se quejaba de que los penitentes comenzaban sus confesiones con largos preámbulos que ocasionaban la "pérdida de tiempo" del sacerdote, según se relata en el libro "Sexualidad en el confesionario", de Stephen Haliczer.



Los pecados

Se reconocen dos tipos de pecados: los veniales, que son ofensas pequeñas como mentiras, falta de respeto al prójimo o hacer gastos superfluos; y los mortales, que implican acciones más graves, explica Román Ramos.

De acuerdo con la ley de la Iglesia, la confesión es necesaria cuando un individuo ha cometido un pecado mortal, por ejemplo: matar, robar, impedir la concepción en el acto sexual, emborracharse, no ir a misa en domingo o callar un pecado grave durante la confesión.

El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica señala que también deben confesarse los pecados sociales, tales como no pagar un salario justo a sus trabajadores, evadir impuestos o atentar contra la ecología.

Los clérigos aseveran que estos pecados se incrementan ante la crisis de valores que se vive.



Católicos a Medias


El que los católicos no cumplan al pie de la letra con uno de los siete sacramentos, significa que protagonizan un cierto abandono de su fe, opina Ederly.

"Son católicos culturalmente, pero no ideológicamente; es decir, practican algunos ritos como son el bautismo, van incluso a las bodas, pero no profesan al pie de la letra la doctrina de la fe, como la confesión", apunta el doctor en Filosofía por la Universidad de Newport, California.

La Iglesia tiene graves problemas pastorales para atender a sus fieles y evangelizarlos, sostiene el investigador social, y al no estar en contacto directo con su fe, muchos de ellos abandonan las filas para adherirse a otras religiones, no es gratuito que México ocupe el segundo lugar a nivel mundial en la presencia de mormones y de Testigos de Jehová.

La visión de la Iglesia es que el número de fieles que cumple y vive cabalmente su fe católica es una minoría, aun cuando el 90 por ciento de los mexicanos ha sido bautizado.

La mayoría de los católicos se conforman con tener una religiosidad popular y cumplir de vez en cuando con las prácticas oficiales de la Iglesia, señala el Padre Román.


*  Por una omisión tipográfica en el original aparece solo 12, pero la cifra es de 12 mil. Se confirmó la información con el entrevistado y se verificó con cifras de la Comisión Pontificia para América Latina, organismo dependiente del Vaticano.

 

Fuente: Periódico Reforma
Fecha: 22 de junio de 2002
Sección: Cultura en Vida! salud, educación y religión
Página: 4C
Por: Leticia Sánchez