Prefacio del autor

Dr. Jorge Erdely

Si pudiera resumir en dos palabras la atmósfera del filme La Pasión de Cristo, elegiría del latín, mysterium y del griego clásico, pathos.

Pathos, con referencia a aquella antigua retórica aristotélica que apelaba a las emociones del público con fines persuasivos. Mysterium, por otra parte, en su acepción más sencilla, de donde nos llega al español misterio: un secreto incomprensible, inaccesible a la razón.

Mel Gibson, productor y director de La Pasión, visualizó trasmitir a través de su épica algo mucho más elevado y trascendente: nada menos que la experiencia del mysterium tremendum et fascinans que describe el autor Rudolf Otto en su clásico La idea de lo sagrado [1] . No todo el mundo estará de acuerdo, pero si aplicamos el axioma el medio es el mensaje, del filósofo de la publicidad Marshall McLuhan [2] , podremos entender la contradicción entre la popularidad sin precedente del filme, y su inevitable fracaso en intentar trasmitir a su público una experiencia con lo divino a ocho dólares por boleto.

Quizás el error de cálculo de Gibson tiene sus raíces en sus creencias religiosas personales. En el prólogo al libro The Passion, el icono de Hollywood deja ver un poco de la filosofía que le dio forma a su película.

      Pienso en ella como contemplativa, en el sentido que uno es empujado a recordar en una manera espiritual, la cual no puede ser articulada, sino sólo experimentada [3] .

El resultado de soslayar la razón humana y usar un formato cinematográfico de alto impacto emocional para intentar conectar a su audiencia con una experiencia sagrada e inefable es, inevitablemente, pathos —sentimiento—.

Y misterio a secas.

Cuando una experiencia con lo sagrado no puede ser articulada con palabras —otra categoría fenomenológica de Rudolf Otto— es entonces ineffabilis. Pero esa incapacidad para expresar la percepción de lo divino no es debida a la falta de comprensión racional de la misma, sino a la ausencia de vocablos para expresarla adecuadamente.

Y es aquí donde el productor de cine y el filósofo alemán de la religión toman, naturalmente, caminos opuestos. Gibson se basa en la metafísica medieval de San Anselmo para representar la muerte de Cristo y se apoya para su guión en los místicos. Tiene influencias de Grignon de Montfort, de la monja agustina Ana Catarina Emmerick y del papa Benedicto X. Además de hacer un ensamble de los evangelios sinópticos y el de San Juan, se inspira en tradiciones contemplativas como el via crucis y, sobre todo, en dogmas preconciliares tridentinos.

Por todo ello, el mysterium deviene pronto en misticismo, en su sentido más reduccionista. Misticismo de raíz medieval.

El pathos queda sin cambio, pero el misterio que anima la trama de La Pasión está lejos de ser tremendum, y menos aun fascinans. Lo avasallador en el filme es el impacto sobre las emociones del público. El entramado de símbolos e imágenes yuxtapuestas entra fácil después.

Históricamente, el misticismo católico es de desarrollo bastante tardío. Más de cuatrocientos años lo separan de los tiempos en que vivió Jesús de Nazaret. Sus orígenes se remontan al ascetismo del siglo V d.C. en adelante. La naturaleza intrínseca del misticismo de cepa ascética es el subjetivismo extremo, y en su versión medieval más tosca, exalta la marginación del raciocinio. Otto, en cambio, fue el gran filósofo de la experiencia espiritual del siglo XX. Pero para él, Cristo es, antes que nada,  Logos.

Más aun, aunque la experiencia de lo divino sea ineffabilis, Otto tiene palabras de cautela para el neófito, o para quien se apresura a sacar conclusiones de sus textos luego de una lectura superficial, minimizando la importancia de la razón en la experiencia espiritual. En su prólogo a la primera edición en inglés de su clásico, escrito en  Marburgo en 1923, habla críticamente acerca de aquellos que están demasiado dispuestos a “evadir el arduo deber de clarificar sus ideas y arraigar sus convicciones sobre la base del pensamiento coherente”.

Más adelante añade:

Nadie debería involucrarse con el tema del ‘Numen ineffabile’ si no ha dedicado antes serio y asiduo estudio a la ‘Ratio aeterna’ [4] .

Es una pena que Mel Gibson no haya seguido esa ruta antes de embarcarse en una producción tan ambiciosa como La Pasión de Cristo.

Hacer comparaciones entre el pensamiento religioso del actor de Hollywood y un intelectual como Rudolf Otto, puede parecer injusto, o aun profanidad. No lo negamos. El problema es que Gibson, como lo muestran sus declaraciones públicas, ha pretendido hacer mucho más que un filme. Si lo leemos con atención, el propósito explícito del dueño de Icon Productions, es que millones de personas experimenten la crucifixión de Cristo en un plano espiritual, a través de una producción de alta calidad artística que quedará como un punto de referencia digital para la historia. Es innegable que Gibson tiene un concepto elevado de su misión artística y talentos teológicos. Y del celuloide como medio idóneo para lograr tales objetivos. Dado que su meta es comunicar una vivencia sacra, el marco conceptual de Rudolf Otto es bastante apropiado para examinar su pretensión.

Otto sabía que en cuestiones teológicas y espirituales hay una suerte de ley del péndulo: el racionalismo árido hace que las personas eventualmente corran al extremo del misticismo subjetivista, y viceversa. Sus palabras de cautela son, pues, pertinentes para examinar una película como la de Mel Gibson, quien al margen de su derecho a plasmar en una obra de arte sus creencias personales, ha publicitado y promovido La Pasión como una cinta basada en el Evangelio, cuando en realidad es una peculiar simbiosis hermenéutica, promocionada al más puro estilo de Hollywood.

Jesucristo es el centro del filme, por supuesto. Pero después de haber asistido a dos presentaciones privadas de La Pasión y recibir varias peticiones para expresar mi opinión al respecto, creo que es necesario un breve manual de discernimiento, o guía del consumidor, para el público. El espectador promedio no suele estar al tanto de las sutilezas teológicas y del controversial manejo de símbolos e imágenes que películas como las de Mel Gibson presentan, sin ser explícitas al respecto. Este ensayo analítico se enfoca, por ende, en contextos y contenidos para inteligir los símbolos y el código  de comunicación que se va entretejiendo con la audiencia desde los inicios de la película, hasta llegar a su clímax.

Dada la naturaleza de la publicidad que Marshall McLuhan codificó en sus silogismos sobre los medios, es inevitable que ante fenómenos publicitarios de la magnitud de La Pasión, una cantidad considerable de espectadores carezca de elementos necesarios para entender lo que realmente se está comunicando y cuáles son sus posibles efectos.

La sociedad contemporánea que el filósofo de la tecnología Neil Postman caracterizó como el imperio de la imagen que relega al logos, vive en una suerte de cautividad cultural. Las fuerzas de la publicidad y el mercado restringen su capacidad de analizar fenómenos mediados por dichas ideologías. Sin hacer análisis informados de contextos y contenidos, la cautividad cultural sólo se perpetúa, aun cuando se nos presentan símbolos liberadores.

Enfoquémonos por un momento en una de las principales fuentes de publicidad de La Pasión de Gibson. Un hecho particular resalta prominente: ninguna película de la historia contemporánea ha contado con tal respaldo y aprobación del Vaticano. La jerarquía de Roma, habitualmente cautelosa en sus posiciones públicas, ha ido más allá del nihil obstat y el imprimatur. El logotipo de Icon Productions Inc., la empresa de Mel Gibson que realizó el exitoso filme, bien podría substituirse con el escudo del Vaticano para ejemplificar el grado de apoyo oficial que ha recibido. Este inusual e irrestricto respaldo, como se verá en este análisis, debe tener importantes razones.

En forma resumida, la Pasión cuenta al menos con tres características que la hacen una película única:

·        Es una producción e iniciativa cinematográfica de quien es considerado una leyenda en Hollywood y en la cultura pop estadounidense.

·        No sólo cuenta con inusuales apoyos publicitarios de altos oficiales del Vaticano, sino, además, de prominentes líderes evangélicos protestantes estadounidenses.

·        Es un éxito de cartelera que ha devenido en un fenómeno cultural, religioso y financiero, sin precedentes en la historia fílmica.

Entender el momento histórico que se eligió para su producción y estreno es parte crucial del contexto necesario para interpretar el filme. Desde una perspectiva socio-religiosa, ese contexto es la fuerte crisis de credibilidad que atraviesa el catolicismo en los Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo. La crisis se originó por causa de los múltiples y resonados escándalos de numerosos sacerdotes paidófilos que han sido hallados culpables de abusar sexualmente a menores de edad de su propia fe, con la complicidad —o encubrimiento tácito— de sus obispos. Esta crisis ha tenido ecos en muchos otros países del mundo, generando un impacto importante en las percepciones de la feligresía católica a tres niveles.

La primera percepción es una pérdida de estatus del sacerdote como  mediador legítimo de la gracia de Dios. Otra, es una disminución de la credibilidad en la Iglesia como institución divinamente establecida. El resultado ha sido reminiscente de las famosas polémicas de San Agustín de Hipona con  los donatistas, quienes argumentaban que los sacramentos administrados por sacerdotes que vivían en pecado, no eran válidos. En vez de tomar medidas eficaces para reformar la escandalosa conducta de muchos miembros del clero en el norte de África, Agustín de Hipona formuló en su defensa la doctrina del opus operatum de la gracia en los sacramentos. La premisa esencial de la explicación agustiniana era que ningún sacramento perdía eficacia, independientemente del tipo de vida que llevara el sacerdote que los administrara.

La crisis actual del catolicismo estadounidense por el encubrimiento de la paidofilia clerical, parece haber llegado un paso más allá de la controversia donatista, a terrenos muy peligrosos para la jerarquía. La magnitud y largo tiempo del encubrimiento, la cantidad de sacerdotes pederastas, y el número de obispos implicados, ha provocado que muchos católicos examinen sus más profundas creencias. Este es el tercer nivel. En el epicentro del poder hegemónico mundial, innumerables católicos hoy cuestionan desde el dogma de la infalibilidad papal hasta el supuesto estatus de la jerarquía como mediadora divina. Más preocupante para el Vaticano es aun que sea cuestionada la validez de sacramentos que son el cimiento de todo el culto católico. No debe culparse a los feligreses por ello.

Las mayorías católicas saben poco de controversias donatistas y tecnicismos como ex opere operato, pero su sentido común les dice que debe existir una congruencia esencial entre el decir y el hacer de los sacerdotes y obispos ordenados por Roma. En forma natural, vinculan los sacramentos a aquellos que los administran. Las imágenes de curas paidófilos violando niños después de comulgar, o seduciendo menores en el confesionario, o teniendo relaciones tras el altar, ha dañado las nociones de sacralidad de la eucaristía, la confesión y otros sacramentos.

En otras palabras, la escandalosa conducta de un sector importante del clero, terminó poniendo en entredicho para muchos feligreses católicos la sacralidad de la comunión, centro de la misa y clímax del culto, al ver la forma profana en que dichos sacerdotes explotaban su simbolismo para obtener poder y usarlo en provecho propio destruyendo vidas inocentes. Es difícil imaginar una encarnación del mal más vívida. Una de las reacciones de sectores cultos de laicos ante la crisis en zonas residenciales de Los Angeles, California, ha sido peculiarmente estadounidense: sencillamente han dejado de dar dinero a su iglesia. Otros más, han dejado de comulgar y asistir a misa. Se trata de expresiones de protesta pero también de crisis de fe.

En este escenario, la película de Mel Gibson es una obra maestra de la yuxtaposición de imágenes y símbolos culturales para resacralizar la hostia, vía fast-track, a nivel popular, y, por asociación, volver a dignificar el oficio sacerdotal, eje jerárquico indispensable de la autoridad eclesiástica.

Finalmente, los medios de comunicación fueron el instrumento que propició la desacralización del sacerdocio en Estados Unidos al cubrir los escándalos generados en distintas diócesis. La cinematografía y la publicidad mediática, eficaces creadoras de percepciones para las masas, son ahora el vehículo para revertir el daño a la imagen institucional, y de paso avivar el fervor popular.

La imagen institucional de la Iglesia Católica se construye en torno al sacramento de la comunión. Y a la jerarquía como custodia única del poder para trasformarlo en el cuerpo y la sangre misma de Cristo que comunica gracia divina a los creyentes de manera inexplicable, misteriosa.

Una pieza más del rompecabezas nos ayuda a entender mejor la importancia crucial de  La Pasión para el Vaticano. Se trata de otro dato de contexto que llega con precisión histórica cronométrica. Difícilmente puede considerarse una coincidencia que justo en el momento de máximo impacto mediático del filme de Gibson, el Vaticano, a través de la Congregación para el Culto Divino, haya promulgado el pasado viernes 23 de abril el importante documento Redemptionis Sacramentum. El texto de 70 páginas, basado en la encíclica papal Ecclesia de Eucaristía [5] , contiene una serie de estrictas directrices litúrgicas con respecto a la hostia consagrada. Casi en cada uno de sus puntos sustantivos, el texto refuerza el misterio de la doctrina de la transubstanciación, la separación entre clero y laicos, y el ministerio de los sacerdotes como mediadores únicos de las gracias sacramentales. A continuación cito tres extractos, traducidos al español, que son ilustrativos.

·        “Los vasos sagrados, que están destinados a recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor, se deben fabricar, estrictamente, conforme a las normas de la tradición y de los libros litúrgicos” [6] . Capítulo V [117]

·        “No se permita al comulgante mojar por sí mismo la hostia en el cáliz ni recibir en la mano la hostia mojada” [7] . Capítulo IV [104]

·        “No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz consagrado ‘por sí mismos...’” [8] .  Capítulo IV [94]

El mensaje en Redemptionis Sacramentum es inequívoco: se subraya que el pan y el vino consagrados son realmente la sangre y el cuerpo de Jesucristo. Se sostiene que sólo una elite especial tiene el poder de hacer partícipe al pueblo, pueblo indigno de tocar con sus manos las especies del pan y el vino. Ese, en esencia, es el mensaje de Redemptionis Sacramentum, y embona de manera idónea con el misterioso imaginario del clímax en La Pasión según Gibson.

Este es, pues, parte del contexto indispensable en que se gesta la película. En el breve ensayo que presento a los lectores, analizo con detalle el discurso del filme, procurando proveer de información especializada, no siempre de fácil acceso al público, y perspectivas analíticas para descifrar la simbología y trama real de La Pasión.

No está por demás concluir este prefacio haciendo la distinción semántica más básica. Puede no ser obvia para parte de la audiencia antes (o después) de ver el filme. La palabra pasión en español tiene más de un significado. El de uso coloquial más común describe sentimientos intensos de diversa índole, como afecto o afición por algo o alguien. El sustantivo “apasionamiento” es útil para ejemplificarlo. No es a esa acepción que se refiere el término pasión en relación con las últimas horas que desembocaron en la crucifixión de Cristo. La palabra en ese contexto, se refiere exclusivamente a experimentar sufrimiento, de ninguna manera al gusto mórbido por el mismo.

 

Jorge Erdely

Oxford, U.K., mayo de 2004

 

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[1] Rudolf Otto, The Idea of the Holy: An Inquiry into the non-rational factor in the idea of the divine and its relation to the rational. Second Edition. Oxford: Oxford University Press, 1958.

[2] Marshall McLuhan. Understanding Media. New York: Signet Books, 1964.

[3] Mel Gibson, en el prólogo de The Passion. Wheaton, IL: Tyndale House Publishers, 2004.

[4] Rudolf Otto. Op. cit.

[5] Juan Pablo II. ECCLESIA DE EUCARISTÍA: Sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia. Ciudad del Vaticano, 17 de abril de 2003.

[6] REDEMPTIONIS SACRAMENTUM: Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía. Ciudad del Vaticano: Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, 23 de abril de 2004.

[7] Ídem.

[8] Ídem.