La Canonización de Juan Diego:
Estrategia del Vaticano para fortalecer el guadalupanismo
y Revitalizar el fervor popular

Entrevista al Profesor Elio Masferrer

Víctor Ronquillo

Aunque todos son católicos, la geografía, pertenencia étnica, tradiciones o el culto hacia nuevos santos han terminado por diferenciarlos y convertirlos en una compleja familia.

Los catolicismos mexicanos son muchos y responden a las más diversas tipologías, según las expresiones de su culto y la ideología que los sustenta. Desde la época colonial, el sincretismo caracteriza a los muchos catolicismos que hoy se extienden desde el sur (los tradicionalistas chamulas) hasta el norte, asimilados a la práctica del catolicismo del otro lado con su singular ética y culto de influencia protestante. Éstos y todos los catolicismos caben en los expansivos límites de una institución con 2 mil años de vigencia y que espera vivir e influir por lo menos otros 2 mil.

A los catolicismos mexicanos los define el culto mariano, la fuerte presencia de la madre en advocaciones tan determinantes en el imaginario religioso como la Virgen de Guadalupe y la Virgen de San Juan de los Lagos. Todo mexicano es guadalupano hasta que se demuestre lo contrario:

“El guadalupanismo intenta ser manejado por la jerarquía católica, como un elemento que define a la identidad nacional. Es una estrategia que han seguido las religiones, digamos de estado en algunos países y en otros países las religiones mayoritarias. Se busca definir la identidad nacional a través de la creencia o la veneración a un símbolo. Quien no se une a esas expresiones de fervor popular, puede ser excluido, no es católico ni es nacionalista”, dice Jorge Erdely, investigador en teología, quien está estudiando un posdoctorado en la Universidad de Oxford y es autor de varios libros, entre ellos Pastores que abusan.

La tipología de las distintas expresiones del catolicismo mexicano tiene origen lo mismo en su ubicación geográfica, que en su culto. Un amplio horizonte de expresiones religiosas. Por el número de sus creyentes, según el más reciente censo más de 80 millones, la Iglesia católica mexicana es la segunda en importancia para el Vaticano.

El antropólogo Elio Masferrer, presidente de la Asociación Mexicana para el Estudio de las Religiones, ha elaborado una tipología de los catolicismos mexicanos.

“Los católicos de la franja fronteriza con Estados Unidos están muy influidos por la religión civil norteamericana. Sus prácticas están vinculadas al modo de ser católico en Estados Unidos, que está muy influido por el protestantismo. Los católicos de Veracruz, tienen influencias europeas en sus prácticas y los mochos de El Bajío están muy influidos por la Contrarreforma europea. Aquí hay un dato muy importante, dos tercios de los obispos y los sacerdotes son originarios de El Bajío, es decir las elites religiosas mexicanas provienen de El Bajío.”

El Concilio Vaticano II, con la opción preferencial por los pobres, el reconocimiento de las formas culturales en las que se expresa la fe de los distintos pueblos, el abandono de una posición de iglesia de Estado y su aval al Espíritu Santo, según Masferrer, da sustento a la ideología que predomina en la Iglesia católica mexicana de hoy.

“Otro tipo de católicos, son los católicos étnicos —dice Masferrer—. Cada grupo indígena tiene una lectura étnica desde su visión del mundo del catolicismo. Frente a esos indígenas en las regiones interétnicas, están los católicos mestizos, que en Chiapas son Los Coletos o los ladinos, con un catolicismo de supremacía racial. ”

Para la Iglesia católica lo que importa es el número de fieles, la universalidad se mide en términos numéricos, lo mismo que de influencia económica y política por lo que no importa la definición espiritual, sino el número de feligreses con el que se cuenta. Por ello es que la iglesia de los Altos de Chiapas sigue representando un capital simbólico para la Iglesia católica, dice Masferrer.

Dentro de la tipología de los catolicismos mexicanos cabe por último el de los católicos carismáticos, otro producto del Concilio Vaticano II, “creen en el Espíritu Santo y en los dones de curación y profecía. Los carismáticos le permiten a la Iglesia católica un diálogo o si se quiere, una confrontación con los pentecostales evangélicos”, señala Masferrer.

Entre la Teología de la Liberación y la llamada Teología de la Prosperidad, con su opción preferencial por los ricos a quienes literalmente se considera elegidos de Dios, no hay una confrontación, en la Iglesia católica hay lugar para todos. “Unos van por la autopista en un carro último modelo y los otros por la carretera federal, recorriendo brechas”, apunta Masferrer.

 

Los santos del cielo nacional

Si bien oficialmente 85 por ciento del total de la población de nuestro país es católica, de acuerdo con investigaciones de campo realizadas por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) sólo entre 5 y 8 por ciento puede considerarse fervorosa y militante. El 25 por ciento es practicante y más del 60 por ciento ve a la iglesia como una agencia de servicios religiosos, útil para bautizos, primeras comuniones y bodas.

A la Iglesia católica mexicana también la definen sus peregrinaciones y sus fiestas. “A cada capillita le llega su fiestecita”, dice el dicho y es cierto.

Cuando a Carmen Saucedo, autora del libro Historias de santos mexicanos, recientemente publicado, se le pregunta sobre cuáles son los santos más significativos en el cielo nacional, responde: “San Felipe de Jesús fue un motivo de orgullo nacional para los mexicanos. La figura de San Felipe adquiere una enorme importancia de orgullo criollo, nacional, inclusive se le pone sobre el águila y el nopal en el escudo nacional. Aunque fue beatificado a principios del siglo XVII, se le llamaba santo desde antes, fue el pueblo quien lo canonizó. San Felipe de Jesús es el santo patrono de quienes vivimos en el DF, aunque su fiesta, el 5 de febrero, está tan olvidada como la Constitución”.

Un lugar estelar en la galería de santos mexicanos lo ocupan: “Los mártires de la cristiada de la persecución religiosa —dice Saucedo—. Algunos de ellos son muy famosos localmente, como el padre Cristóbal Magallanes. Eran hombres santos, eran sacerdotes entregados a su feligresía. Representaban una fuerza moral para un pueblo que no era escuchado por el gobierno En todo el occidente de México son muy importantes, aunque a nivel nacional apenas los estemos conociendo”.

A finales de 1997, se reunieron por primera vez en el Vaticano los obispos de los países de habla inglesa con los latinoamericanos en el Sínodo de las Américas. En América se encuentra más de la mitad de los católicos del mundo y este continente es la fuente más sustantiva de recursos materiales y humanos para la Iglesia católica. Esta reunión tuvo como finalidad desarrollar una estrategia para la Iglesia católica a nivel continental.

Para Jorge Erdely, la próxima canonización de Juan Diego ocupa un lugar preponderante dentro de esta estrategia.

“Se busca el fortalecimiento de símbolos populares para reavivar el fervor popular que se ha ido perdiendo en Latinoamérica —dice—; es parte de una estrategia de fortalecimiento de símbolos que viene concatenada con todas las canonizaciones, muchísimas más que quizá que en los últimos 500 años, que ha hecho el papa Juan Pablo II y la presente administración del Vaticano.”

Antes que Juan Diego llegaron a los altares 25 mártires, caídos durante la guerra Cristera.

Los juegos del poder religioso y los símbolos son en extremo sutiles. Masferrer reflexiona: “En realidad para la Iglesia era prioritario canonizar a los 25 mártires de la cristiada y de hecho fueron canonizados antes de la elección del 2000. Para mí, simbólicamente la Iglesia dijo entonces éstos son nuestros hombres, éstos nuestros modelos. En realidad la canonización de Juan Diego era una estrategia de la Teología de la Prosperidad, la opción preferencial por los ricos para poner un santo light, un santo del periodo colonial, que no fuera conflictivo con el Estado mexicano”.

 

Los santos laicos

En el imaginario mexicano, después de la Virgen de Guadalupe el santo con mayor capacidad para gestionar milagros es San Judas Tadeo, patrono de las causas imposibles. Juan Diego es sólo un emisario, del que hasta la fecha los feligreses esperan poco en materia de milagros.

La presencia de los santos laicos es mayor y su devoción existe más allá de los límites establecidos por la liturgia católica.

“En su mayoría responden a necesidad de orden de salud —dice Carmen Saucedo— son curanderos principalmente, Teresa de Cabora, Pedrito Jaramillo, El Niño Fidencio, se desarrollan en medios rurales y donde hay poco control de la Iglesia.”

Dos santos laicos responden a una nueva realidad, Jesús Malverde, el santo de los narcos recibe en su capilla en Culiacán, las peticiones para lograr con éxito los “viajes” desde la sierra hasta el otro lado de la frontera. Juan Soldado es el santo de los migrantes, muchos se llevan de su tumba en el cementerio de Tijuana un poco de tierra para que los guíe hasta el otro lado, donde la guardarán como reliquia del santo y del México distante.

Malverde tiene el rostro de Pedro Infante, fue un moderno Robin Hood, del que cuenta su leyenda fue colgado en vida por las autoridades. En su capilla se celebra con música de banda sus milagros. Por todas partes se extiende una galería de retablos donde si se lee con cuidado puede encontrarse una epopeya del narco mexicano contado a través de las historias vividas por las infanterías de los grandes cárteles.

A Juan Soldado lo van a ver a su pequeña capilla en el panteón de Tijuana quienes buscan la vida del otro lado. Se trata de otra víctima de la injusticia, un soldado acusado de un crimen que no cometió condenado a la ley fuga. Otro mártir al estilo mexicano.

 

Fuente: Revista Milenio Número: 253
Fecha: 29 de julio de 2002
Sección: En Portada
Página: 18-19
Título Original: Católicos en nuestro país  Un retablo de muchos colores