DEMANDA A CARDENAL POR VENTA FRAUDULENTA

Rodrigo Vera

El 9 de febrero de este año, la vida cambió para la empresaria María Teresa Herrera. Y también para el rector de la Basílica de Guadalupe y para el cardenal Norberto Rivera Carrera. Ese día, Proceso publicó los detalles de un contrato para la comercialización de la imagen de la Guadalupana. Un gran negocio se vino abajo. Ahora, María Teresa Herrera decidió revelar el trasfondo de aquel contrato y cómo las autoridades eclesiásticas la traicionaron hasta prácticamente acabar con ella...

A mí, el cardenal Rivera Carrera y el rector de la Basílica de Guadalupe, monseñor Diego Monroy, me hicieron un fraude. ¡Me llevaron a la quiebra! Y me trataron de la forma más déspota y maligna que se pueda imaginar. Pero no permitiré que quede impune el fraude", asegura la empresaria María Teresa Herrera Fedyk, a quien los prelados le habían cedido, en exclusividad, los derechos para explotar comercialmente la imagen de la Virgen de Guadalupe a nivel internacional.

Hoy, a un año de la última visita del Papa Juan Pablo II a México y de la canonización de Juan Diego, el cardenal y el rector no quieren saber nada de su todavía socia comercial, a quien le cierran las puertas de sus oficinas, pese a que siguen vigentes los contratos establecidos con ella.

"Ya no tengo encuentros con ellos. El cardenal ha llegado al extremo de declarar que no me conoce, que ni siquiera tenía idea de que existían esos contratos. ¡Qué gran mentira! Él estuvo 100% al tanto de todo y nos reunimos muchísimas veces", dice Herrera Fedyk.

-¿Piensa demandarlos penalmente?

-¡Por supuesto! En este momento estoy buscando un abogado, alguien con la fortaleza suficiente para pelear contra esos mentirosos. Si no lo encuentro en México, lo buscaré en Estados Unidos.

-¿Qué cargos les imputará?

-Los demandaré por fraude; también, por daños y perjuicios, pues tuve que cancelar muchos proyectos. Hasta vendí mi empresa y mi casa porque me dejaron en la ruina. Y, para colmo, me entero de que, previamente, la Basílica de Guadalupe ya había firmado otros contratos que anulaban los míos. Nunca me lo dijeron. Actuaron con todo el dolo y la mala fe del mundo. Llevaré mi queja hasta el Vaticano. Esto está peor que el Fobaproa.

-¿A cuánto ascienden las pérdidas económicas de usted?

-Mínimo a unos 250 millones de dólares. Pero además sufro un daño moral que es mil veces peor. Las mentiras de esas personas, en el sentido de que no me conocen y de que sus acuerdos conmigo eran sólo un 'contrato-proyecto', me pusieron como si fuera el demonio personificado, una mujer perversa. Esto ocasionó mi divorcio y otros serios problemas familiares; así mismo, que muchas de mis amistades se hayan alejado. Nadie querrá tener tratos conmigo debido a estos antecedentes. ¡Prácticamente me asesinaron!

Relata que la comercialización de la guadalupana iba muy bien. Por medio de su empresa Viotran, que luego pasó a llamarse Venerare, Herrera Fedyk había firmado con Diego Monroy tres contratos para dicho fin.

En el primero, firmado en octubre de 2001 y vigente hasta 2006, a Viotran se le da la "exclusividad" para distribuir "certificados de bendiciones guadalupanas" y vender "artículos religiosos" entre la comunidad hispana que radica en Estados Unidos.

En el segundo, de marzo de 2002, Viotran compra, en 12.5 millones de dólares, la "exclusividad" para comercializar mundialmente las imágenes de la guadalupana y de San Juan Diego, así como el logotipo de la última visita de Juan Pablo II a México.

El último contrato, de abril del mismo año, es básicamente una modificación del segundo, por lo que lo inválida. Lo firmó Venerare y no Viotran; se le quita la "exclusividad" a la empresa y desaparece el nombre de Rivera Carrera, pues antes se le comprometía a bendecir los artículos religiosos distribuidos por Viotran, con sede en Orlando, Florida.

Así, de acuerdo con la empresaria, los contratos vigentes son el primero y el tercero.

 

El gran proyecto

Añade Herrera Fedyk que, a finales del año pasado y principios de éste, ella, Diego Monroy y el cardenal Rivera todavía trabajaban conjuntamente para lanzar en Estados Unidos los proyectos llamados Benefactor Guadalupano (BG) y Ayuda a tu Madre Amorosa (AMA), que básicamente consistían en recabar, entre la población latina, limosnas a gran escala.

En estos proyectos, abunda, participarían destacadamente tres grandes empresas trasnacionales: Sony Music, dedicada a la industria del espectáculo; Money Gram, a la transferencia de dinero, y Telemundo, cadena de televisión.

Y, en menor medida, se negociaba la participación de otras trasnacionales dedicadas a distintos rubros, como Coca-Cola, Pepsi, Jumex, Kellogg's, Ford, Volkswagen, General Motors, Wal Mart, Costco... También intervendrían las principales ligas deportivas estadunidenses: National Basketball Association (NBA), National Football League (NFL) y Major League Soccer (MLS).

Las presentaciones de Benefactor Guadalupano y AMA se realizarían en los principales estadios de las ciudades con mayor población latina: Los Ángeles, Nueva York, Chicago, San Antonio, Houston y Miami.

Relata Herrera Fedyk: "De acuerdo con nuestra estrategia de mercadotecnia, en estos estadios realizaríamos, durante cinco años, una especie de misas-baile, amenizadas por los cantantes de Sony Music, mientras que Telemundo y Money Gram se encargarían de vender el boletaje. El primer acto lo teníamos programado para mayo de este año, en el Estadio Olímpico de Los Ángeles".

-¿Por qué empezar en Estados Unidos y no en México?

-Porque si empezábamos en México, los partidos políticos y los detractores sociales nos iban a crear una cantidad de problemas. Esto nos lo advirtieron nuestros asesores.

-¿Cuánto pensaban recaudar la basílica y su empresa por estas misas-baile en Estados Unidos?

-Calculábamos cerrar este año con 100 millones de dólares en utilidades. Para empezar, tan sólo en el estadio de Los Ángeles, con cupo para 112 mil personas, pensábamos obtener unos 23 millones de dólares. Monseñor Monroy y el cardenal Rivera estaban encantados con todo ese proyecto elaborado por mí.

"Aunque, para esas fechas, ya me había descapitalizado. Y nos faltaban unos 2 millones de dólares para los pagos iniciales. De manera que, a través del abogado José Antonio González Fernández, ofrecí incorporarse como inversionistas a los empresarios Carlos Slim, Emilio Azcárraga Jean y Olegario Vázquez Raña. Ellos podrían aportar el dinero faltante. Pero estaban negados; decían que no querían meterse en negocios con la Iglesia.

"Me extrañó mucho su actitud, pues Televisa hace un negocio redondo con la transmisión de algunas misas en la basílica. Mientras que Vázquez Raña tiene concesión en las criptas guadalupanas. Carlos Slim, por su parte, aporta la mayor parte del dinero para las visitas papales... ¿Cómo que no querían, pues, esos tratos con la Iglesia?"

En esos negocios andaban metidos la empresaria y los prelados, cuando, en su edición del 9 de febrero último, Proceso hizo público el contrato de marzo de 2002. Y entrevistó a algunos especialistas, según los cuales la basílica no puede vender los derechos exclusivos para explotar comercialmente la imagen guadalupana, puesto que pertenece a todo el pueblo de México. Es también delito de simonía, dijeron los peritos en asuntos de la Iglesia.

Herrera Fedyk agrega: "A partir de ese número de Proceso, las cosas empezaron a cambiar. Quedé sorprendida por esa filtración del contrato, puesto que, aparte de mí, solamente lo tenía la basílica, y bien resguardado en una bóveda. De inmediato, comenzaron a solicitarme entrevistas hasta los diarios extranjeros, como el New York Times, el Washington Post y el Miami Herald. Tenía a los medios encima. Pero monseñor Diego Monroy me suplicaba, me rogaba que, por favor, no diera ninguna declaración, y mucho menos a Proceso. Argumentaba que se le haría daño al pueblo de México. Guardé silencio.

"Realmente no estaba muy preocupada, pues tenía la certeza de que monseñor Monroy y el cardenal Rivera darían la cara, defenderían el contrato y me apoyarían en todo. En vez de hacerlo, la Arquidiócesis de México dijo que era sólo un proyecto de contrato y el cardenal aseguró que ni siquiera me conocía. ¡Fue bestial!"

 

Empresa en ruinas

La empresaria se refiere al comunicado que, el 11 de febrero, emitió el entonces vocero de la arquidiócesis, Alfonso Navarro, señalando que el documento era "solamente un contrato-proyecto firmado por ambas entidades, mismo que fue nulificado por convenio expreso de las mismas". Recalcaba que "no existe relación alguna o contrato con vigencia legal entre la Basílica de Guadalupe y la empresa Viotran", por lo que la información de Proceso era "absolutamente falsa".

Por su parte, al término de su homilía en la Catedral Metropolitana, el domingo 16, un desdeñoso Rivera Carrera aseguraba a los medios que no tenía ninguna relación con Herrera Fedyk, aunque creía haberla visto "durante una comida que se realizó hace mucho tiempo". Sí, tal vez alguien se la presentó.

Y se desligaba totalmente del contrato: "Nunca he tenido ningún trato, ningún convenio con nadie... No tengo nada que ver con eso, en absoluto".

Esta sola declaración del cardenal fue la catástrofe para la empresaria. Significaba que la Iglesia le daba la espalda, que el apetecible negocio se esfumaba. Cuenta Herrera Fedyk que sus socios en Estados Unidos entendieron la señal del cardenal y se alejaron de ella. Sus deudores dejaron de pagarle. Dimitió el director que había puesto en Venerare. Renunciaron también sus empleados... Tuvo que deshacerse de la empresa en ruinas.

"Todos huyeron, espantados como ratas. Y me quedé sola, en la quiebra", murmura Herrera Fedyk.

-¿El cardenal mintió? ¿Él realmente estaba enterado de los contratos?

-Estuvo al tanto de todo, al ciento por ciento. Monseñor Diego Monroy es su subalterno y como tal siempre lo mantuvo informado, no hacía nada sin la aprobación del cardenal. Es más, el encargado de las finanzas de la arquidiócesis, el obispo Marcelino Hernández Rodríguez, también conocía en detalle los contratos.

-La basílica también depende del Episcopado Mexicano. ¿Éste estuvo al tanto de los contratos comerciales? ¿El Vaticano también lo supo?

-Lo ignoro. No lo sé. Mis contratos los realicé con la Basílica de Guadalupe como asociación religiosa. Me entregaron el acta constitutiva de la asociación religiosa, en la que se dice que el rector tiene todos los poderes, que es el dueño de la pelota y de la cancha. Lo demás no era asunto mío.

 

El complot

-¿Cómo eran sus encuentros con el cardenal Rivera? ¿Dónde se reunía con él?

Herrera Fedyk abre una carpeta y saca un manojo de fotografías que desparrama sobre la mesa. En ellas -casi siempre entre floreros y manteles blancos- aparecen la empresaria y el cardenal. También sonríen a la cámara Diego Monroy y el obispo Marcelino Hernández.

Y responde: "Muchísimas veces me reuní con el cardenal: en la presentación de la Plaza Mariana, en las fiestas de Las Rosas y en varias comidas, como las que se hacen en la basílica los días 12 de diciembre. Éstas son comidas pantagruélicas en las que abundan la champaña, el whisky, el cognac, el vodka, el vino blanco...

"Antes de la última visita del Papa, quien vino para canonizar a Juan Diego, comíamos en el restaurante de La Hacienda de los Morales y hacíamos planes para la visita papal. El cardenal me preguntó: 'María Teresa, ¿qué se te ocurre para la ceremonia de canonización?'. Le respondí que, como la misa estaba programada en una amplia explanada de Texcoco, sería bueno que uniformáramos a los millones de asistentes: a una mitad le pondríamos ponchos y gorros amarillos, y a la otra mitad de color blanco para que así, en las tomas panorámicas, se viera la bandera amarilla y blanca del Vaticano.

"Y nos pusimos a trabajar. Le hablamos a la Ford, a la Chrysler y a la Coca-Cola para que nos apoyaran con los ponchos y los gorros. Pero luego vinieron enviados del Vaticano y dijeron: 'El Papa se nos muere con el salitre de Texcoco'. Y se cambió la ceremonia a la basílica. Luego, el obispo Marcelino Hernández me citó a un desayuno urgente. Ahí me dijo que le parara porque habían cambiado los planes.

"Todavía en la comida del 12 de diciembre último, el cardenal compartió la mesa conmigo; con Christian Martell, la esposa del gobernador Miguel Alemán Velasco; con Olegario Vázquez Raña y su esposa; con el arquitecto Javier Sordo Madaleno, quien está a cargo del proyecto de la Plaza Mariana... Es, pues, una mentira el que no me conoce."

-¿Continúa viendo al rector y al cardenal Rivera?

-No tengo ya encuentros con ellos. La última vez que vi a Monroy, le dije: 'Monseñor, ya me asesinaron. Por qué no me da una cantidad simbólica para resarcirme un poco del terrible golpe que ustedes me dieron'. Le pedí sólo 3 millones de dólares. 'Fíjate que no tengo dinero', me respondió. 'Pues entonces pídale al cardenal'. Y él decía: '¡Uhh!, olvídate, el cardenal me pide prestado a mí'. He intentado hablar con el cardenal para que ponga orden en todo esto. Pero nada, me dicen que está muy ocupado.

Para colmo, se queja, en medio del escándalo apareció el impresor Othón Corona. Con documentos en mano, Othón argumenta que, desde antes de firmarse los contratos con Viotran, la basílica le cedió a él los derechos de comercialización de la guadalupana. Por tanto, él es legítimo propietario (Proceso 1380).

"A Othón lo conozco desde hace años. Juntos hemos participado en varias reuniones de trabajo y nos hemos visto en muchos eventos sociales. Jamás me dijo: 'Oiga, señora, aquí está mi contrato, no se meta en esto'. Me parece extraño que hasta ahora lo haga", comenta Herrera Fedyk.

-Othón también se ostenta como el autor de la imagen digitalizada de la guadalupana, que usted comercializó sin su permiso.

-Eso es falso. La digitalización es de Ludwig Iven, fotógrafo descendiente de alemanes radicado en Cuernavaca. Incluso está registrada en derechos de autor. La foto no pertenece a Othón Corona, quien además es un empresario que está en quiebra desde hace cinco años.

Herrera Fedyk supone que la repentina aparición del impresor forma parte de "un complot" contra ella, urdido por el cardenal Rivera con el fin de desplazarla del jugoso negocio guadalupano: "Othón Corona es compadre del cardenal. Ambos son amigos entrañables. ¿No le parece raro que hasta ahora me ataque?".

-Pero él también planea demandar al cardenal, e incluso exhibe su contrato, firmado antes que los suyos. ¿Qué mejor prueba?

-Todo eso es parte de un escándalo fabricado. Y estoy segura de que, si se analiza con métodos científicos, se puede probar que el contrato de Othón se hizo recientemente, que es un fraude más. Pienso que la basílica filtró primero mi contrato y ya después fabricó el de Othón. Juntaron la hojarasca y le prendieron fuego. Todo es parte de un complot en mi contra.

-¿Con qué objeto?

-Mire, yo fui a abrirles los ojos al cardenal y a monseñor Monroy. Mi proyecto comercial les dio un panorama que antes no tenían. Les fui a decir cómo se vende, cómo se hacen las estrategias y los estudios de mercado, dónde está el público consumidor. Les puse el know how, el pavo sobre la mesa. Seguramente ellos dijeron: 'Ahorita nos deshacemos de esta mujer. La llevamos a la quiebra, esperamos un tiempo y lanzamos su proyecto, pero ya nosotros solos'. Eso es lo que intentan.

 

Fuente: Proceso.com.mx
Tema: Demanda a cardenal por venta fraudulenta

Autor: Rodrigo Vera
Fecha: 10-Ago-2003