SUICIDIOS COLECTIVOS: RITUALES DEL
NUEVO MILENIO
Dr. Jorge Erdely
Prefacio del
Autor a la Segunda Edición
Al escribir este prefacio a la segunda
edición de Suicidios Colectivos, están todavía frescas en la
memoria de la opinión pública las escenas de la toma del Teatro de Moscú
por un comando suicida de separatistas chechenos apoyados en un discurso
religioso dionisiaco. Impreso ha quedado también el trágico desenlace,
con un alto costo de vidas, tanto de rehenes como de insurgentes. En el
plano global, el drama de Moscú fue antecedido, como es sabido, por los
sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, y más
recientemente, por los atentados contra dos centros nocturnos en Bali,
Indonesia, por parte de presuntos extremistas islámicos, en los que el
saldo oficial fue de más de 180 muertos, en su mayoría turistas
australianos.
Previo a dicho suceso, este mismo año,
comandos suicidas de facciones religiosas atacaron el Parlamento de la
India, a la par que hechos de similar naturaleza intensifican las
tensiones de dicho país con Pakistán, por el conflicto sobre Cachemira.
La globalización
del terrorismo suicida con componentes religiosos se torna cada día en
una realidad ominosa y creciente desde Medio Oriente a Nueva York y de
Moscú a la India. La institucionalización de la autoinmolación como rito
divino alcanza nuevas dimensiones y trascendencia y plantea retos y
preguntas para las ciencias de la conducta. En el amanecer del nuevo
milenio, las ideologías religiosas se transforman simultáneamente en
tecnologías de guerra y en rituales salvíficos.
Es en este contexto de radicalizaciones
religiosas que presento a los lectores la segunda edición aumentada de
la obra que nos ocupa. Como se anticipó en el prefacio a la primera
edición, la parte medular de este estudio fue publicada en CIENCIA ergo
sum, revista multidisciplinaria de la Universidad Autónoma del Estado de
México*. Posteriormente, una
versión ampliada fue presentada y discutida con antropólogos y
sociólogos de varios países en el simposio sobre nuevos movimientos
religiosos del VIII Congreso Latinoamericano sobre Religión y Etnicidad,
realizado en Padua, Italia, el 2 de julio de 2000.
La Revista Académica para el Estudio de
las Religiones publicó dicha versión, incorporando, además de las notas
de pie de página y reflexiones del congreso de Italia, dos apéndices
pertinentes para actualizar y documentar el polémico caso de Waco y
David Koresh, en particular su dimensión militar y la controversia sobre
el desempeño del FBI.
La mayor parte de la ampliación, sin
embargo, la ocupó el trágico evento de Kanungú, Uganda, y la
autoinmolación-homicidio de alrededor de mil seguidores del Movimiento
para la Restauración de los Diez Mandamientos. Este suceso recibió
relativamente poca atención en el mundo Occidental a pesar de ser, hasta
la fecha, el suicidio ritual contemporáneo más grande.
Es este trabajo, revisado y
actualizado, el que se presenta en esta edición.
Dada la complejidad del fenómeno de los
suicidios colectivos por motivos religiosos, y dada también la creciente
difuminación entre las fronteras de los ámbitos políticos y religiosos,
es razonable descartar para este estudio los modelos analíticos
anquilosados y unidisciplinarios. Mi formación profesional inicial es en
el campo de las ciencias biológicas, la psicología y las ciencias
biomédicas, disciplinas todas que tratan desde diferentes ángulos el
comportamiento humano. Del área de la humanidades, tomo como
herramientas de investigación los métodos cualitativos clásicos y el
análisis filológico y de discurso.
El enfoque analítico del libro es
obviamente interdisciplinario, y examina los suicidios colectivos desde
la sociobiología y la psicofisiología con atención especial al estudio
filosófico de contenidos teológicos, símbolos y ritos. La investigación
etnográfica, de estudios de caso, e histórica, se utiliza en gran parte
para recabar y examinar información.
La tesis central de este libro parte de
la observación de elementos comunes en agrupaciones religiosas muy
diversas y distintas entre sí, que han cometido suicidios masivos
religiosos y/o actos de violencia sectaria organizada contra la
sociedad. Algunos casos de terrorismo serían ejemplos pertinentes, pero
de ninguna manera la observación se limita a un solo fenómeno. La
discusión es de naturaleza primordialmente teórica y su objetivo es
inteligir los mecanismos que hacen realidad sucesos como éstos para,
como exige el quehacer científico, poder anticiparlos*.
No ha sido por falta de espacio que me
abstenido de incorporar y responder en este prefacio a algunas críticas
bienintencionadas de colegas a este trabajo. Soy de la opinión que una
crítica impresa, para ser tomada en serio, además de articularse de
manera comprensible debe, o impugnar la tesis central, o la metodología,
o señalar errores factuales.
La esencia del trabajo, como es sabido,
ha sido publicada en dos revistas científicas habiendo pasado las
respectivas revisiones de los comités editoriales. Aunque eso no hace
infalible a ninguna investigación, dichos procedimientos existen para
establecer estándares de calidad en la producción y divulgación de
trabajos académicos. Es de esperarse que una refutación o crítica seria,
sin que sea necesariamente conclusiva, no tendrá problemas para ser
publicada en cualquiera de las varias revistas especializadas que tratan
estos temas en distintos idiomas.
Creo que de esta manera, no sólo se
enriquece el diálogo académico, sino que los autores nos comprometemos,
en público y por escrito, con los resultados de nuestras
investigaciones, lo mismo que con nuestras refutaciones. Pienso que esto
es particularmente apropiado cuando se trata de temas que involucran la
vida y los derechos humanos de muchas personas.
Jorge Erdely
Ciudad de México, octubre de 2002.
De Guyana a
Uganda
El suicidio colectivo como rito es un
fenómeno religioso reciente que hizo su aparición en la recta final del
siglo XX. Dicho fenómeno, aunado a sucesos muy peculiares de terrorismo
sectario apocalíptico, ha ido aumentando en frecuencia y notoriedad
desde 1978. Aparte de un alud de trabajos descriptivos, se han
realizado pocas investigaciones de enfoque teórico que intenten explicar
las causas de dicho fenómeno. Algunos investigadores sociales se han visto paralizados por la
complejidad del fenómeno. Otros han sido intimidados por los riesgos
inherentes que trae consigo el estudiar a fondo agrupaciones
totalitarias y agresivas que no toleran la crítica. Dichos sistemas totales, para usar el concepto
de Goffman,
suelen tener mecanismos bien
establecidos para disuadir investigaciones independientes —no
importa qué tan serias y objetivas—, cuyos resultados pudiesen dañar su
imagen institucional y estorbar sus proyectos. Como las sociólogas Renée
de la Torre (México) y Lourdes Argüelles (Estados Unidos) lo han
experimentado en carne propia, acceder a la información necesaria cuando
se estudia a determinadas minorías religiosas puede ser un asunto no
solamente extremadamente difícil, sino además riesgoso. Así lo
documenta también Masferrer en su disertación doctoral sobre política y
religión en México.
Por su parte, Mullins registra las dificultades que puede haber para entrevistar a fuentes
primarias con información relevante
que permitan contrastar las versiones institucionales. Cuando el
grupo Verdad Suprema en Japón intentó desencadenar el apocalipsis
profetizado por su líder, detonando bombas en el metro de Tokio, ya
llevaba asesinadas 78 personas entre miembros, disidentes, familiares y
críticos de la secta.
Beit-Hallahmi toca otro punto importante cuando aborda el tema de la
integridad académica en la investigación de los Nuevos Movimientos
Religiosos: algunos investigadores han asumido como cruzada personal la
defensa a ultranza de minorías religiosas específicas, ignorando o aun
justificando la existencia de actividades delictivas o violaciones a los
derechos humanos en su interior.
Algunos de ellos especialistas han sido severamente criticados por la
comunidad académica internacional incluso por recibir, en forma encubierta, subsidios de
los grupos que estudian. Kent y Krebs, investigadores del Departamento de Sociología de la
Universidad de Alberta, confirman esta tendencia.
Se trata básicamente de estudios hechos a pedido para favorecer la
imagen de esas agrupaciones. En otras palabras, es propaganda, no
investigación científica.
El resultado de todo esto ha sido una
increíble escasez de hipótesis de trabajo para un tema de tanta
trascendencia como el de los suicidios colectivos religiosos. En México,
las opiniones a título personal y las especulaciones han abundado, por
lo general, sin ser sustentadas con un mínimo de trabajo de campo o una
revisión, aunque sea sumaria, de literatura relacionada. Es de notarse
también que un reducido grupo de investigadores de la religión parece
vivir en un estado de negación con respecto a este tema. Sencillamente,
los suicidios masivos, al parecer, no existen para ellos o “no pueden
ocurrir en México”. El estudio científico, sin embargo, no tiene nada
que ver con cuestiones como las
anteriores. Al contrario, la meta de la investigación científica
de cualquier fenómeno es comprenderlo y explicarlo. El objetivo de este
análisis es presentar, en estricto quehacer científico, una tesis para
explicar las causas de los suicidios colectivos rituales que se han
venido sucediendo en las últimas décadas.
Uno de ellos, en particular, tiende a confirmar la tesis central de
esta investigación.
Un caso
reciente
Se trata de la tragedia de Uganda, poco examinada en Occidente, en donde
más de mil integrantes de un grupo aparicionista escindido de la Iglesia
Católica, protagonizaron el suicidio-homicidio colectivo ritual más
grande de la historia contemporánea.
El suceso sobrepasó el conocido caso de Jim Jones, en Guyana, y parece
haber cumplido simbólicamente un ciclo histórico de terrorismo
apocalíptico. Casi simultáneamente, mientras aun corria el año 2000, se
culmino una nueva y controversial
investigación ordenada por el gobierno estadounidense sobre el
caso de los davidianos de David Koresh, en Waco, Texas. Se han incluido dos secciones al final
para actualizar a los lectores.
Al momento de escribir este análisis no
existen aún estudios terminados sobre el caso de Uganda y el Movimiento
para la Restauración de los Diez Mandamientos. Los investigadores que no
radicamos en África estamos temporalmente limitados a obtener nuestra
información de fuentes secundarias y eso hace que cualquier análisis sea
necesariamente preliminar. Hay, asimismo, pocas fuentes primarias
relevantes disponibles. Esto no es inusual si se consideran tres
factores: uno, que el Movimiento para la Restauración de los Diez
Mandamientos realizaba sus actividades con un alto grado de secrecía,
pues la cúpula estaba involucrada en
actos criminales; dos, que mucho material fue destruido a
propósito; tres, que muy pocos de los ex integrantes sobrevivieron. Muy
pocos vecinos, conocidos, familiares de las víctimas o testigos de las
actividades de la secta, han estado dispuestos a aportar información
amplia y detallada. La razón es más que evidente. Una organización que
cuenta con el poderío para llevar a cabo la desaparición sistemática de
cientos de disidentes sin que una nación entera lo note y sin tener
fugas de información debe haber tenido características bastante
peculiares. Uganda, una nación que ha sufrido dictaduras como la de
Idi-Amín con sus horrores, aún no sale de su shock y la gente que tuvo
relación con la secta sigue presa del temor. A pesar de esto, la
información de las fuentes secundarias y unas cuantas primarias, aunada
a la evidencia circunstancial del caso, aportan suficientes datos para
saber qué pasó el 17 de marzo del 2000.
El
Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos
El Movimiento para la Restauración de
los Diez Mandamientos (MPRDDM) surgió en 1978 como una versión
más de los grupos carismáticos que reclaman tener visiones de la Virgen
María y eventualmente se convirtió en una escisión de la Iglesia
Católica Romana de Uganda. Sus líderes más visibles eran Credonia
Mwerinde, el sacerdote Dominic Kataribaabo y Joseph Kibwetere. Teológicamente, el grupo,
que llegó a reclamar una
membresía de cinco mil miembros, tenía una fuerte identificación con las tradiciones místicas y ascéticas del catolicismo histórico.
Asimismo, incorporaba elementos sincréticos propios de la cultura y
mitos populares de Uganda.
Entre los signos más evidentes del ascetismo están las prácticas
cotidianas a que se sujetaban los miembros del movimiento: una sola comida al
día, largas jornadas de trabajo, abstinencia sexual absoluta,
privación del sueño y prohibiciones para hablar, comunicándose por
períodos sólo a través de gestos y señales. Obtener la membresía en el
Movimiento para La Restauración de los Diez Mandamientos implicaba
renunciar a las comodidades terrenales y donar el dinero a los líderes.
El elemento místico es más prominente
aún: el grupo era esencialmente aparicionista y se guiaba por supuestas visiones donde la Virgen
María daba mensajes directos a sus principales líderes, algunos
de los cuales también funcionaban como oráculos vivos en otras
categorías.
Liderazgo
del grupo aparicionista
Los dirigentes más prominentes eran el
sacerdote D. Kataribaabo, quien tenía una maestría en Estudios
Religiosos por la Universidad Jesuita de Loyola-Marymount
en Los Angeles, Estados Unidos. Kataribaabo no estaba
excomulgado de la Iglesia Católica, como publicaron muchos medios de
comunicación, sino que tenía una suspensión a divinis, término
técnico para referirse a que su obispo lo había disciplinado para que no
oficiara como sacerdote hasta que se resolvieran sus diferencias
doctrinales. Joseph Kibwetere, quien era conocido como el profeta de la
organización, era un laico activo con historial médico de crisis
maniaco-depresivas. Había sido también un político reconocido. Su
expediente clínico en el Hospital Psiquiátrico Butabika, en Kampala,
capital de Uganda, menciona que en 1998 estuvo internado, por última
vez, por esta causa. Kibwetere era uno de los principales videntes de la
secta.
Credonia Mwerinde había sido una mujer
conocida por su vida promiscua. Hasta su ingreso al MPRDDM había sido
dueña de una cantina en Kanungu, la cual administraba con gran éxito.
Algunas monjas y otros sacerdotes también formaban parte del liderazgo,
pero el consenso es que las tres personas antes descritas tenían la
preeminencia, con un rol especial que se le adscribe a Mwerinde, como la
más influyente de los tres. Es importante tener en mente la estructura
de este liderazgo, pues es lo que se puede llamar un liderazgo
mesiánico colectivo que en la práctica opera ante los seguidores
como una misma entidad representativa de la divinidad.
Infierno en
Kanungu
Con motivo del advenimiento del año
2000, los líderes del MPRDDM hicieron una predicción. El mundo acabaría
el 31 de diciembre de 1999. Al no cumplirse esto, se fijó como nueva
fecha el 17 de marzo del año 2000, pero en esta ocasión se le dio un
nuevo giro a la predicción: no se trataría del fin del mundo solamente, sino que la Virgen
misma descendería al encuentro de los fieles del MPRDDM para
llevarlos de su templo al cielo, como recompensa por haber seguido sus
instrucciones dictadas a los videntes. La tarde del 17 de marzo,
alrededor de 530 miembros provenientes de distintas regiones de Uganda,
incluidos al menos 78 niños, se dieron cita en el templo principal de la
organización y cerraron con tablas las ventanas y las puertas desde
adentro. Después de algunas horas de cantar himnos religiosos, los
vecinos escucharon un fuerte ruido y se percataron de que salían llamas
del templo. Todos murieron en el interior en pocos minutos.
¿Suicidio u
homicidio?
La confusión entre las versiones
iniciales de que el hecho se trató de un suicidio colectivo por motivos
religiosos, y la posición posterior,
motivada políticamente, del gobierno de Uganda en relación con
que realmente había sido un homicidio, se puede dilucidar simplemente
atendiendo a los hechos objetivos. Existe consenso entre los
investigadores de que en sí misma la reunión de ese día no sólo era
religiosa, sino tenían un carácter excepcional para los integrantes de
la secta. Muchos habían viajado largas distancias desde el interior del
país para estar allí a tiempo. En los días previos fue notorio que
habían ido a despedirse de amigos y familiares por distintas villas y
poblados, anunciando su partida de este mundo y dando un último mensaje
proselitista. También vendieron sus posesiones, o las remataron a
mitad de precio. Lo que no se pudo vender, se quemó en una fogata un día
antes del suicidio. También se realizó un banquete de tres días, en el
cual se consumieron tres bueyes y una gran cantidad de refrescos. El
banquete tiene un valor simbólico muy especial si se considera el
carácter ascético del MPRDDM. Los feligreses se vistieron de togas
especiales blancas y de otros colores antes de entrar en el templo, el
cual era considerado a la sazón, la sede del movimiento.
Elementos
rituales presentes
Los elementos
rituales que están presentes sustentan esta tesis: cuando entraron a ese templo a celebrar un culto de varias
horas, los miembros de la secta estaban convencidos de que la Virgen se
les aparecería para llevarlos al paraíso. Sólo así escaparían del fin
del mundo que estaba por sobrevenir
casi simultáneamente. En tipología teológica, el templo se
habría convertido en una suerte de “arca de la salvación”; sólo los que
entraran allí se salvarían y el resto de la humanidad perecería. En
similitud con Génesis 7:16, incluso hay un momento en que la “puerta del
arca” se cierra en forma definitiva. Esto viene a ser representado por
el sellamiento de accesos al templo desde adentro.
Dado lo anterior, la pregunta se centra
entonces en si los miembros sabían o no el medio —muerte por
incineración— por el cual tendrían acceso al paraíso, o en este caso, si
creían que la Virgen utilizaría ese medio para cumplir dicho propósito.
La evidencia es contundente en el
sentido de que la gran mayoría de
adultos sí lo sabía. He aquí las razones:
El día de la predicción
Es un hecho comprobado en la escena de los hechos que lo que se quemó
fue esencialmente la gente. El local, incluso objetos relativamente
cercanos sufrieron daños de una naturaleza distinta a la de los cuerpos
o ninguno en lo absoluto. En otras palabras, se quemaron las personas.
No hubo un incendio del templo, sino de la gente. Reportes de los
vecinos y los posteriores peritajes
de la policía de Uganda, confirmaron que sólo se utilizó gasolina como
combustible. La hipótesis inicial de que al combustible había
sido añadido ácido sulfúrico para producir una mezcla explosiva, fue
eventualmente descartada por los peritajes químicos. En otras palabras,
los integrantes del MPRDDM no murieron víctimas de una explosión
planeada secretamente por los líderes. Independientemente de la
confirmación de los peritajes sería extraño pensar en bombas de
capacidad tan selectiva que destruyen sólo seres humanos y no objetos
flamables que estaban allí cerca.
La única explicación coherente para un
escenario como el que se describe es una. La gente se roció de combustible o permitió que otros los
rociaran. Es difícil imaginar que adultos empapados de gasolina
junto con sus niños no supieran de qué se trataba el asunto. El simple
olor de tal cantidad de combustible en un local encerrado y un elemental
instinto de supervivencia hubiesen
sido suficiente advertencia para que la multitud simplemente
saliera despavorida del templo desde el inicio de los rociamientos. Unas
cuantas tablas de madera en las ventanas y las mismas puertas cerradas
con llave hubieran cedido fácilmente ante la presión de un tumulto de
cientos de personas presas del pánico. Es obvio también que si los
dirigentes hubiesen pensado que la gran mayoría de la gente iba a querer
escapar, hubieran recurrido a medidas de seguridad más eficaces. Jim
Jones, por ejemplo, sabía que una parte de sus seguidores se negaría a
autoinmolarse bebiendo cianuro. Para ello recurrió a dos cosas: una
guardia armada con metralletas y el aislamiento en la selva de Guyana,
que presumiblemente prevendría tanto huidas como ayuda oportuna del
exterior. El suicidio colectivo de Jonestown duró varias horas al
interior de la selva, pero el de Kanungu sólo unos cuantos minutos en
plena ciudad.
Las ventanas cerradas con tablas por
dentro del templo del MPRDDM pudieron haber tenido quizás la intención
de detener a algún feligrés que cambiara de parecer a última hora y,
seguramente, la de prevenir alguna
intervención del exterior, en especial las miradas de curiosos,
sobre todo en los momentos previos a la conflagración.
El fuego de la purificación
No sabemos si los
dirigentes del MPRDDM prometieron o no a sus seguidores una autoinmolación sin dolor, pero hay
antecedentes interesantes del pensamiento mágico que prevalece en
ciertos grupos mesiánicos de Uganda. Por ejemplo el llamado “Holy Spirit Movement”, una
guerrilla religiosa sectaria que peleó contra el gobierno federal de
Uganda durante años, prometía a sus seguidores que no sufrirían daño
alguno de las balas de los fusiles enemigos si se untaban un aceite
mágico. Cientos murieron por esa creencia en ataques suicidas. Por la misma razón, no es
ilógica la explicación de que los pocos cuerpos apiñados
alrededor de las salidas del templo del MPRDDM intentaron huir como
simple reacción del sistema adrenérgico, al sentir el dolor del fuego y
no porque fueran sorprendidos por el incendio. El dictamen
forense final indica como causa de la muerte de todos los participantes
en el culto del 17 de marzo, shock neurogénico por quemaduras.
La naturaleza ritual del suicidio de
Kanungu se confirma con sugestivas frases suicidas encontradas en los
salones de clase en el mismo complejo donde ocurrió la tragedia. El
fuerte énfasis de la escatología sectaria en el fuego y sus inherentes
significados simbólicos como
elemento de purificación en la teología católica del purgatorio,
añaden sustento a esta posición.
El caso de Uganda fue por lo tanto un
evento típico de suicidio colectivo como ceremonia religiosa de paso a
otra dimensión de la existencia. El elemento del homicidio en los
sucesos del 17 de marzo se restringe esencialmente al caso de los
menores de edad que perecieron en el templo. No se trató de unos cuantos
líderes que engañaron a medio millar de incautos, sino de un TPS
(trastorno psicótico compartido), transmitido por los dirigentes a la
feligresía a través de mecanismos específicos.
Los disidentes: fuera del Arca de
la Salvación
El epílogo del
caso de Uganda está lejos de escribirse y las investigaciones aún continúan.
Como es del dominio público, la segunda parte de la tragedia se
desarrolló en los meses previos al suicidio ritual, pero se descubrió hasta después. A la
fecha, se han encontrado alrededor de 500 personas más asesinadas
por la secta del MPRDDM, todas en fosas comunes dentro de propiedades
del grupo y en algunas de las casas de los líderes. Este hallazgo
duplicó la cifra de personas muertas, y añadió cientos de niños y
mujeres a los conteos oficiales.
Cálculos conservadores ubican el total alrededor de mil. Es
evidente que, por su naturaleza y magnitud numérica, los sucesos de
Uganda rebasan en muchos sentidos a la tragedia de Jim Jones, en Guyana.
¿un nuevo paradigma de terror
apocalíptico?
Varias características seguramente harán del caso del MPRDDM el nuevo
paradigma para estudiar sectas destructivas y sus dinámicas internas.
Mucho menos sofisticada que Verdad Suprema y menos dependiente de
tecnología e imperios financieros para lograr sus propósitos, MPRDDM
logró llevar a cabo un plan brutal y sistemático de eliminación masiva
de disidentes y familiares de las víctimas que se aventuraban a pedir
información sobre su paradero. En el proceso, cultivaron, a la vista de
todos, plantas para extraer poderosos venenos, cavaron fosas comunes y
las llenaron de cientos de cadáveres, sin tener un solo caso efectivo de
deserción ni motivar denuncias de las comunidades donde vivían. Las
implicaciones que esto tiene en términos de secrecía, uso del miedo como arma para controlar, coptación de
autoridades gubernamentales, apología del delito e inhibición del
juicio crítico mediante técnicas de manipulación, son difíciles de
describir y seguramente serán objeto de muchos estudios en el futuro.
Hipótesis sobre la génesis del
conflicto
No todos los disidentes de MPRDDM murieron por envenenamiento. Cierto número
fue asesinado a golpes, otro más fue estrangulado, mientras el
resto falleció por heridas de arma blanca. La mayoría eran mujeres y
niños. Sobre la génesis de esta segunda parte de la tragedia de Uganda, hay varias hipótesis. Las que han
obtenido más consenso son dos:
1) Al no cumplirse la predicción del fin del mundo, el 31 de diciembre
del 2000, muchos integrantes solicitaron, desilusionados, la devolución
de sus bienes y propiedades que habían donado a los líderes. Algunos
habrían amenazado con iniciar acciones legales.
2) Después de la fallida predicción, se gestó una disidencia al interior que intentó
descalificar al liderazgo con base en la falta de precisión
profética. Estas hipótesis no son mutuamente excluyentes. Cualquiera que
haya sido la razón, la respuesta del liderazgo del MPRDDM y sus
cómplices fue rápida, eficaz y bien planeada. Es probable que muchos de
los adultos que después participaron en el suicidio religioso del 17 de
marzo, hayan sido cómplices de la eliminación de los disidentes y demás
víctimas. Matar a 500 personas a lo largo de varios meses y sepultarlas
en fosas comunes en forma discreta, no pudo haber sido llevado a cabo
por unos cuantos líderes, menos aún pasar inadvertido para el grueso de
la comunidad religiosa.
Un escenario familiar
Una mirada retrospectiva al culto de Kibwetere y Mwerinde evidencia
elementos siempre presentes en las sectas destructivas más notorias de
los últimos treinta años. Son prominentes el liderazgo mesiánico y las
demandas de obediencia incondicional. Como argumento más adelante en mi
tesis, estos factores son indispensables para que pueda existir
potencialidad suicida. Están allí también la ritualización del suicidio
como ceremonia escapista, la secrecía y los nexos políticos que detienen
las investigaciones, así como el factor económico como punto importante
en la dinámica sectaria, la aplicación sistemática de técnicas para
inhibir el juicio crítico de los seguidores, y diversas actividades
ilícitas paralelas en donde destaca, aunque no en todos los casos, la eliminación de disidentes.
A continuación se presenta una breve descripción de casos relevantes que
abarcan el periodo histórico de Jonestown a Uganda, y el subsecuente análisis interdisciplinario de las causas de los suicidios colectivos rituales.
Casos prominentes: mesías
modernos
El pasado 18 de noviembre se cumplió el vigésimo cuarto aniversario del
suicidio colectivo de casi mil personas en Jonestown, Guyana. Esa
fatídica tarde, cientos de personas incluidos niños, obedecieron la
orden del reverendo Jim Jones de beber cianuro de potasio disuelto en
refresco. Aquellos que se negaron fueron asesinados por la guardia
paramilitar de Jones. El resultado fue de 914 muertos de la secta Templo
del Pueblo, incluyendo al propio líder.
Jim Jones inauguró la era moderna de los suicidios rituales colectivos, mismos que se suscitaron con
mayor incidencia conforme se acercaba el fin de milenio. Quince años más tarde de los hechos de Guyana, el 19 de abril de 1993,
David Koresh, dirigente de los davidianos, se autoinmoló junto
con más de 80 seguidores. Semanas antes, Koresh y 528 de los suyos habían protagonizado un
enfrentamiento a tiros con la policía, el cual dejó seis agentes
federales y cuatro miembros de la secta muertos además de 20 heridos. El
lugar de los hechos fue el Rancho Monte Carmelo, en Waco, Texas.
Octubre de 1994. La sociedad esotérica secreta, conocida como Orden del
Templo Solar, sorprende a los analistas sociorreligiosos. Luc
Jouret, de profesión homeópata, efectúa junto con sus seguidores,
suicidios diferidos en Suiza y
Canadá. Cuarenta y ocho personas murieron en el primer país y desde entonces hasta la fecha se han añadido más de
dieciocho a la lista. Las investigaciones más recientes indican que no todos los casos fueron realmente suicidios.
Varios fueron homicidios y además se han documentado casos de
ejecuciones de disidentes ocurridas previamente.
La Orden del Templo Solar
Un año antes de que iniciaran los sucesos de La Orden del Templo Solar,
precisamente en el mes de noviembre,
las autoridades locales de Ucrania impidieron el suicidio,
públicamente anunciado, de los seguidores de Marina Tsvigun, quien
afirmaba ser la encarnación de Jesucristo. Para prevenir la tragedia,
las autoridades arrestaron en Kiev a 779 de sus seguidores, incluida la
lideresa, quien fue puesta en prisión. El culto a Marina Tsvigun, quien se hace llamar también María Devi Christ, tenia alrededor de 150 mil seguidores distribuidos en distintos
países de la desaparecida Unión
Soviética. El grupo es conocido como La Fraternidad Blanca.
Los efectos de la influencia social de distintos líderes religiosos con
personalidad mesiánica no se restringen a inducir suicidios colectivos o
a ordenar la desaparición de disidentes. En muchas ocasiones, la misma
violencia que se genera al interior de dichas comunidades religiosas, es
canalizada para incitar actos de violencia irracional contra los de
afuera.
Un ejemplo de esto es lo que sucedió la mañana del 20 de marzo de 1995, en Tokio,
Japón. Shoko Asahara, gurú de la comuna neo-budista Aum
Shinrikyo (Verdad Suprema), ordenó a sus seguidores colocar bombas
con gas Sarín neurotóxico para atacar a los usuarios de transporte del
metro. El atentado, cuidadosamente planeado para llevarse a cabo en las
horas de más afluencia, dejó como saldo doce muertos y más de seis mil
personas intoxicadas.
Seis semanas después, un error en el mecanismo de acción de otra bomba colocada por miembros de La Verdad Suprema en los andenes
del tren subterráneo, evitó una tragedia de proporciones
inimaginables. El artefacto explosivo, ubicado para ser
succionado por el sistema de ventilación, contenía una mezcla volátil de
cianuro e hidrógeno que, según los especialistas, hubiera terminado con
la vida de 20 mil personas casi instantáneamente. Fueron escasos minutos los que faltaron para
que el apocalipsis japonés que había predicho Shoko Asahara comenzara a
tener cumplimiento.
Como Kaplan y Marshall señalan en su investigación, vale la pena hacer notar que el terrorismo con armas químicas en la era
moderna no lo inauguró un grupo guerrillero con fines políticos, sino una secta destructiva.
El mes de mayo de 1981, el gurú Bhagwan Shree Rajneesh dejó su país
natal, la India, para establecer una enorme comuna en el estado de
Oregon, en Estados Unidos. Rajneesh, conocido también como el gurú del
sexo, había realizado previamente en su país experimentos con seres
humanos sin supervisión médica y muchas veces sin el consentimiento de
los mismos. Todos los participantes eran fervorosos adeptos de los sanyassines.
Las novedosas pseudoterapias religiosas New Age que aplicó el
gurú dejaron una larga lista de personas con trastornos que iban desde
psicosis inducidas hasta conductas suicidas. Existen documentadas
prácticas durante los inicios del
grupo, de violaciones tumultuarias como parte de sus ritos. Los
problemas legales que tuvieron en la India y que dieron lugar a que el
grupo tuviera que salir huyendo, no impidieron que los sanyassines de Bhagwan Rajneesh recibieran reconocimiento oficial como
religión por parte de las autoridades de Estados Unidos. Los sanyassines establecieron una comuna con varios miles de seguidores
cerca del poblado de Antelope, Oregon. A pesar de tener nexos
comprobados con el narcotráfico y la información de que se violaban los
derechos de los niños al negarles la educación, y de que muchos de los
mismos eran víctimas de abuso sexual al interior de la comuna, el
poderío económico de los sanyassines, aunado a una intrincada red
de complicidades políticas, impidió durante largo tiempo que sus
actividades fueran expuestas públicamente. A esto contribuyeron también
especialistas en manejo de imagen pública, renombrados bufetes jurídicos
y sobre todo, el estatus legal de religión que les otorgó el
gobierno.
Las autoridades federales de Estados Unidos nunca imaginaron el costo que
tendría el haber otorgado dicho reconocimiento. Al igual que en
el caso de La Verdad Suprema, a los sanyassines les resultó particularmente redituable la
estrategia de gritar “intolerancia religiosa” cada vez que los medios de
comunicación o grupos defensores de los derechos humanos denunciaban las
actividades ilícitas de la organización.
Finalmente, el procurador del estado de Oregon se vio forzado a
intervenir debido a que los sanyassines crearon un conflicto
político al tratar de adueñarse de puestos claves de la administración pública del condado, influyendo en las elecciones a través de la importación masiva de
desempleados, de fuera del estado a su comuna, a cambio de votos para
las elecciones. La maniobra fue denunciada por distintas organizaciones
ciudadanas y el FBI investigó las actividades de la secta. Eso lo llevó
a descubrir un complot de Rajneesh y sus seguidores para envenenar la
presa que abastecía de agua a la población de The Dalles, Oregon. El
plan se logró impedir, pero las investigaciones revelaron que
anteriormente el grupo había sembrado cultivos bacteriológicos de salmonella en distintos restaurantes de su condado sede para
castigar a los pobladores de Antelope por no comulgar con sus creencias y oponerse a su
proyecto político teocrático. El resultado fue de 700 intoxicados,
incluyendo niños.
Bhagwan Shree Rajneesh sólo se declaró culpable de dos de los once
cargos que se le imputaban. Después de todo, él no había depositado
directamente los cultivos de salmonella, y se esperaba una larga
y costosa batalla jurídica para lo cual contaba con un ejército de
abogados y millonarias cuentas bancarias. Finalmente se le sentenció a
diez años de cárcel y posteriormente fue deportado de Estados Unidos,
tras pagar una multa de 450 mil dólares. Los más de 90 Rolls Royce de
Rajneesh y el campo de entrenamiento paramilitar con decenas de rifles
AK-47 quedaron abandonados cuando, una vez más, sus seguidores tuvieron
que emigrar a otro país, esta vez bajo el liderazgo sustituto de Sheela,
la secretaria personal de Bhagwan.
Bhagwan Shree Rajneesh, el nombre del gurú, significa traducido al
español Señor Dios del Universo. Él afirmaba ser una
reencarnación divina.
Actualmente, distintos especialistas están monitoreando el surgimiento de otro culto religioso apocalíptico relativamente
desconocido: Jombola. Gestado en la empobrecida República
Africana de Sierra Leona, en un contexto de intensa crisis
sociopolítica, Jombola es dirigido por el místico Pa Kujah, quien junto
con sus seguidores ha asesinado a 30 personas en sólo doce meses en el
nombre del pensamiento mágico.
La Puerta del Cielo: el caso de
Heaven’s Gate
Antes del comienzo del nuevo milenio, el caso más reciente (1997) de
suicidio colectivo por motivos religiosos que había atraído
poderosamente la atención de la opinión pública y de los medios de
comunicación, fue el que involucró a 39 seguidores de Heaven’s Gate, un reducido grupo religioso clasificado
como un movimiento sincrético.
Marshall Applewhite, maestro de música con una particular atracción por
los ovnis y fundador de Puerta del
Cielo, afirmaba ser un
extraterrestre encarnado: específicamente E.T., el mítico
personaje de la película de Steven Spielberg. Para otros de sus
seguidores era Jesucristo mismo.
Applewhite y el resto de sus discípulos dejaron de existir entre el 24 y
el 27 de marzo de 1997, después de ingerir una mezcla de Fenobarbital
con Vodka. Cuando esto no bastó para terminar con sus vidas, se
recurrió al suicidio asistido por medio de la asfixia, colocando bolsas
de plástico sobre el rostro de algunos de los participantes.
Al final se les encontró en sus respectivas camas. Los cadáveres de
hombres y mujeres de apariencia andrógina, todos vestidos de negro, con cortes similares de pelo
y cubiertos con un paño en forma de diamante de color púrpura.
El rito final de los integrantes del grupo Puerta del Cielo tenía como
objetivo, según su marco doctrinal, libertarlos de sus cuerpos, para
poder unirse a una nave espacial que, de acuerdo con su líder, venía
detrás de la caída del cometa Hale-Bopp, visible en esos días desde la
Tierra.
Los anteriores son algunos de los eventos de suicidio colectivo ritual
que por sus características han llamado más la atención de
investigadores sociales, medios de comunicación y opinión pública en las
últimas dos décadas. No han sido los únicos. México y Corea del Sur, por
ejemplo, han sido escenarios de este tipo de eventos aunque a menor
escala.
Por su parte, los casos de La Verdad Suprema y los sanyassines de
Bhagwan Rajneesh, son ejemplos de organizaciones religiosas que realizan actos de violencia a gran
escala contra la sociedad en general o contra aquellos sectores de la
misma que perciben como obstáculos
para la propagación de determinadas creencias, o simplemente para
cumplir predicciones apocalípticas. Otro caso relativamente reciente que
está en la mesa de discusión es el de Timothy McVeigh, autor del bombazo
al edificio de oficinas federales en Oklahoma, el 19 de abril de 1995.
El atentado se llevó a cabo como
represalia, precisamente durante el segundo aniversario de la
confrontación de la policía estadounidense con los davidianos de Waco, y
dejó un saldo de 168 víctimas, incluyendo niños, McVeigh era simpatizante de milicias fundamentalistas de extrema
derecha.
Una variante atípica del fenómeno
del suicidio
El análisis de los casos anteriores desde una perspectiva
interdisciplinaria, arroja como resultado datos que aportan claves
importantes para tener una mejor
comprensión del fenómeno del suicidio colectivo por motivos religiosos;
particularmente, de su vinculación con los liderazgos mesiánicos.
Lo primero que salta a la vista al examinar dichos sucesos, es que
estamos ante una variante bastante compleja del fenómeno social del
suicidio.
Según la ciencia médica, la causa de suicidio que tiene primer lugar en
incidencia en todo el mundo es la depresión clínica,
la cual es a su vez de etiología multifactorial. Hechos como los de Jim Jones en Guyana o los suicidios de Puerta del
Cielo difícilmente podrían encuadrar en dicha categoría. Es
difícil imaginarse, en cuanto a causas se refiere, que 900 seres
humanos, cada uno de ellos complejo en sí mismo, coincidieran en
presentar al mismo tiempo los síntomas clínicos de una depresión del
mismo grado y encausarlos, todos en el mismo día, en un acto suicida que
además coincidiera en la forma de llevarlo a cabo. Esto sería un
absurdo.
Masada: ¿un antecedente
histórico?
Los suicidios colectivos religiosos tampoco corresponden con un patrón de comportamiento histórico fácil de identificar.
Un hecho como el de Masada podría aparentar tener como motivación
principal la religiosa, pero no podemos soslayar que se dio en un
contexto de guerra y prolongado asedio. Quitarse la vida antes de caer en manos de un adversario particularmente
cruel como lo fue en su época el ejército romano, era una práctica común
que tenía como objetivo evitar las torturas y vejaciones que acompañaba
el ser capturado, hecho que finalmente culminaría, muy probablemente, en
ejecuciones particularmente cruentas o en la venta de los prisioneros
como esclavos. Suicidios como los de Masada ocurrieron también por
razones similares, en los tiempos de las Cruzadas en hogares
musulmanes. Los mismos no sólo pudieron haber sido motivados
exclusivamente por el miedo al sufrimiento. Algunas culturas de Medio
Oriente tienen un muy particular sentido de dignidad personal y honor.
En algunos casos, la muerte es preferible a la deshonra.
Cualesquiera que hayan sido las motivaciones, una cosa es cierta, no se
puede asegurar con base en los datos históricos que la motivación
religiosa predominara ni mucho menos que se tratara de un rito. No
existen bases para clasificar el caso de Masada como un suicidio
religioso.
Distinciones importantes
Suicidios individuales que involucran motivaciones religiosas, se han presentado en distintos sistemas de creencias en
diferentes épocas. Ejemplos de esto son los monjes tibetanos y budistas
que se prenden fuego en actos políticos de protesta. También están los kamikazes japoneses de la Segunda Guerra Mundial y los
terroristas palestinos contemporáneos de Hamas y grupos afines. Hechos
como éstos, sin embargo, no suelen ser grupales, menos aún masivos, y se
entremezclan las motivaciones políticas en contextos muy concretos
(guerras u ocupación por ejemplo). Esto los separa de aquellos que se
analizan en este estudio, aunque es notoria una tendencia reciente a
borrar dichas fronteras. Esto ultimo introduce una variable mas a un
tema de por si complejo.
Por otro lado, al definir el fenómeno del suicidio, se deben hacer las
debidas distinciones con aquellos actos en los que personas arriesgan su
vida en el cumplimiento de lo que consideran un deber religioso.
Por ejemplo, misioneros de diversas organizaciones que se exponen, con
conocimiento de causa, a probables enfermedades o peligros en lugares
inhóspitos para propagar sus creencias o brindar ayuda humanitaria. En
estos casos la muerte no es buscada como un fin; tampoco es deseada,
sino que los involucrados actúan siguiendo sus convicciones a pesar de los riesgos. De manera similar, los soldados cumplen con deberes
patrióticos a pesar de los peligros, sin que por ello se considere
suicida su conducta. Lo mismo ocurre con los activistas de derechos
humanos, luchadores políticos y sociales que, aun a sabiendas de que su
vida puede correr peligro, no abandonan las causas por las que luchan.
Aquí caben también los competidores en deportes de alto riesgo.
Un análisis psicológico cuidadoso de éstos y otros ejemplos puede demostrar fácilmente
que dichas personas suelen además esperar escapar de la
muerte, y si se llegan a habituar a esa idea, sería más como
mecanismo de defensa, por librarse del miedo a la misma, que
porque estén realmente resignados a ella. En los casos de individuos con
creencias religiosas, entra además sin lugar a dudas, el elemento de la
fe. Allí es común que se esperen no sólo circunstancias
favorables dentro del margen de la probabilidad, sino aun circunstancias providenciales, o sea intervenciones de cualesquiera de las deidades en
que se crea. Este mecanismo suele motivar a individuos de una u
otra religión a enfrentar peligros reales de muerte, teniendo fuertes
expectativas de ser librados para seguir adelante con su labor.
En aquellos eventos en los cuales la muerte se percibe como un suceso
altamente probable o aun inminente, y no se abandona la conducta que
pudiese conducir a la misma, los actores pueden estar imbuidos por la
idea de que en caso de que ésta sobreviniera, la pérdida de sus vidas
traería un beneficio importante a posteriori (libertad a la
patria, una sociedad más justa, etcétera). A pesar de los riesgos en que
se puede incurrir con un esquema ideológico de esta naturaleza, dicha
conducta no se clasifica tampoco como suicida. Correr riesgos es
distinto a terminar con la existencia propia. El correr riesgos da
siempre cabida a la posibilidad de la esperanza de que para
lograr un objetivo determinado, no se tenga necesariamente que llegar al
momento actual de la muerte. El suicidio, por el contrario, implica una
acción dirigida a terminar con la vida propia.
Finalmente, se deben hacer las debidas distinciones, con aquellos actos de heroísmo en que seres humanos arriesgan la vida
para salvar la de otros. El instinto de protección, la falta de tiempo
para reflexionar sobre un riesgo en situaciones de peligro, y toda la
gama de reacciones que provocan las descargas de cortisol y adrenalina
en el sistema nervioso central, eximen este tipo de acciones del
calificativo de suicidas, sobre todo cuando consideramos que la
intencionalidad del acto es la de ayudar a quien se encuentra en
peligro, no la de quitarse la vida.
Definiendo el concepto de Suicidio Colectivo Ritual
Con base en las consideraciones anteriores se puede afirmar que casos
como los de Waco, Guyana, y la Orden del Templo Solar no
encuadran en las formas ni se explican por las causas clásicas que
acompañan a las conductas suicidas comunes. Estamos pues, ante un
comportamiento de etiología distinta, característico de la era
postmoderna.
El término de suicidio colectivo ritual es adecuado para
referirse a los suicidios masivos que tienen una motivación preeminentemente
religiosa: aquellos casos en los cuales el suicidio se practica y
acepta por los participantes de una organización religiosa como un rito
esencial incorporado en su sistema de creencias. Así, los 39
integrantes de la secta Puerta del Cielo se quitan la vida como parte
de un ritual que, según su ideología, les permitiría alcanzar una
nave espacial que para ellos significaba el ser librados, entre otras
cosas, de su propio cuerpo y de las tentaciones de este mundo.
Los miembros de la Orden del Templo Solar se autoinmolaron como
parte de un rito de alto contenido simbólico que incluía el fuego porque
habían abrazado la idea de que sólo así podrían llegar al planeta
Sirius.
Jim Jones, por su parte, no desarrolló inicialmente un sistema de
creencias que incluyera un rito tal. Sin embargo, la obediencia ciega e
incuestionable a sus órdenes sí era parte esencial de su ideología. Como
elemento de su sistema de valores, la obediencia absoluta a cualquier
indicación suya era prácticamente una condición salvífica. Lo mismo sucedía con los davidianos. Ambos terminaron generando eventualmente una ideología religiosa
suicida.
Muy similar en cuanto a incorporar la obediencia incondicional como parte central de
su doctrina religiosa fue Shoko Asahara, fundador de La Verdad
Suprema en Japón. Como se ha dicho antes, este último caso se ha incluido en este estudio
a pesar de no haber inducido a un suicidio colectivo, para mostrar que
los mecanismos que generan violencia autodestructiva en una comunidad
religiosa, son los mismos que pueden generar violencia a gran escala
contra la sociedad. El estudio del profesor Robert J. Lifton sobre Aum Shinrikyo expone detalladamente los peligros que este y otros
grupos de estructura e ideología similar representan en términos de
actos terroristas a gran escala. Particularmente perturbadores son los escenarios que anticipa Lifton al
observar las radicalizaciones, fanatismo y secrecia de gurus
totalitarios con pequeños pero eficientes ejércitos de incondicionales a
su servicio. El uso de armas bacteriológicas, radiológicas, y químicas
para llevar a cabo cruzadas apocalípticas por parte de agrupaciones
extremas, muestra Lifton, ha dejado de ser un escenario de ficción. La
Verdad Suprema, después de todo, inaugura la era del terrorismo
religioso con armas químicas, luego de fallidos intentos con agentes
bacteriológicos.
Análisis
El suicidio colectivo ritual es un evento atípico desde el punto
de vista histórico y sociológico. Hizo su aparición y aumento en
incidencia según se acercaba el fin del siglo XX. Este fenómeno y los casos ya mencionados de terrorismo sectario
no son sucesos propios de una determinada cultura o grupo étnico.
Personas de muy diversas razas y trasfondos culturales han participado
en ellos. Dichos casos tampoco son privativos de un determinado país, pues han
ocurrido en naciones tan distintas como Francia, Suiza, Canadá, Guyana,
México, Estados Unidos, Sierra Leona y Japón.
Mitos y falacias
Este mosaico de culturas echa por tierra una hipótesis que ha sido
divulgada en forma irresponsable por líderes políticos y algunos
investigadores en nuestro país. Dicha tesis, publicitada en medios de
comunicación y espacios académicos a raíz del suicidio de los
integrantes de Heaven´s Gate, sostiene lo siguiente: Que los suicidios colectivos rituales ocurren solamente en sociedades
altamente modernizadas. Estas declaraciones son palpablemente contrarias a los datos que revela
una revisión, aunque sea superficial, de la casuística sobre este tema.
Guyana, Sierra Leona y México difícilmente podrían ser clasificados así.
El caso de Heaven´s Gate, en California, y previamente el de la Orden del Templo Solar, también echaron por tierra otro mito
popular.
El mismo afirma que las sectas destructivas tienen éxito en su
proselitismo principalmente por el enfoque de sus actividades, al
reclutar personas provenientes de sectores socioeconómicos marginados.
También aduce que estos estratos son los más proclives al fanatismo.
Dicha presuposición es falsa, pues los datos indican claramente que los
integrantes de un culto suicida pueden provenir de cualquier estrato socioeconómico y nivel intelectual.
Los seguidores de Marshall Applewhite eran adultos, exitosos financieramente, en una sociedad altamente competitiva como la
americana,
esto presupone una buena dosis de capacitación técnica, disciplina y
conocimientos prácticos. Nada de eso impidió que atentaran contra su vida. Aum
Shinrikyo reclutó graduados de las mejores escuelas de Japón,
incluyendo a brillantes científicos. Algunos de ellos podrían ser catalogados como verdaderos genios. Ni su preparación, ni su inteligencia evitaron que participaran
en acciones criminales ordenadas por el líder de su agrupación. Sus
desarrollados intelectos fueron tan sólo herramientas para intentar
llevar a cabo el sueño del gurú de desencadenar un apocalipsis y poder
cumplir así sus propias predicciones. Recuérdese también que Christian
Bonet, un afamado psicoterapeuta suizo, se suicidó en 1995 con otros
integrantes de la Orden del Templo Solar, en Francia.
Los trabajos de Lifton, Hochman y Langone, han demostrado
científicamente que es posible utilizar técnicas coercitivas de
manipulación psicológica e influencia social que pueden inhibir el
juicio crítico y los procesos
normales de razonamiento en una colectividad religiosa y un
régimen totalitario. Singer y Clark, por su parte, han demostrado clínicamente las técnicas
que inducen estados disociativos en miembros de sectas.
Esto termina de derrumbar la falacia anteriormente mencionada y al mismo
tiempo aporta una base científica para explicar por qué personas cultas
e inteligentes pueden llegar a participar en suicidios rituales o en
actos de terrorismo religioso inducido.
Rango de edades
La autoinmolación por razones religiosas no respeta edades. Marshall
Applewhite tenía 65 años y sus seguidores fluctuaban entre los 20 y los
72.
Entre los davidianos predominaban los adultos jóvenes y aunque en
Waco también murieron niños, poco se sabe acerca de qué tan
voluntariamente lo hicieron. En el caso particular de Jonestown, en Guyana, existen declaraciones
grabadas previas al suicidio colectivo, en donde menores de edad
manifestaban su decisión de morir si Jim Jones así lo creía conveniente.
La hipersugestibilidad en menores de edad es un hecho clínicamente
demostrado.
Trasfondo religioso
El trasfondo religioso de los participantes en suicidios colectivos
rituales o actos de terrorismo religioso contra la sociedad, ha sido tan
variado como las distintas ideologías que se fundieron para dar lugar a
cada uno de dichos movimientos. Razones de espacio nos impiden ocuparnos
de esto en detalle, sin embargo, para los propósitos de este estudio es
conveniente tener al menos un panorama general del perfil de las
agrupaciones más relevantes que se han mencionado.
A continuación una síntesis al respecto.
|
Clasificación |
Fundamentalista Para-Cristiano |
Pseudo-Cristiano Sincrético. |
Esotérico-Sincrético |
|
Creencias
Distintivas |
Sincretismo entre doctrinas clásicas del Adventismo del Séptimo Día
y los oráculos personales del líder. Eclecticismo selectivo entre
doctrinas antinominianas y ascéticas. Se sacralizó la poligamia en
el liderazgo. |
Sincretismo entre Carismatismo–Pentecostal y doctrinas marxistas.
Después evolucionó hacia el politeísmo. |
Esoterismo, ocultismo y misticismo combinados con ciencia ficción. |
|
Líder Principal |
David Koresh (Nombre real: Vernon Howell) |
Rev. Jim Jones |
Luc Jouret / Dimambro |
|
Nombre del Grupo
Religioso |
Rama Davidiana de los Adventistas del 7° día. |
Templo del Pueblo |
Orden del Templo Solar |
|
Clasificación |
Sincretismo Hinduista-Nueva Era |
Budista-Hinduista |
Platillista-Gnóstica |
|
Creencias
Distintivas |
Hinduismo,
Reencarnacionismo
Misticismo oriental
Combinados con conceptos New Age. |
Budismo. Creencias hinduistas panteístas con culto de adoración a
Brahma-Shiva (deidad femenina hindú que representa la destrucción). |
Ciencia Ficción
Dualismo Gnóstico
Ascetismo
|
|
Líder Principal |
Bhagwan Shree Rajneesh |
Shoko Asahara |
Marshall Applewhite |
|
Nombre del Grupo
Religioso |
Sanyassines |
Aum Shinrikyo |
Puerta del Cielo |
Síntesis
Al sintetizar la información hasta aquí revisada, tenemos que el suicidio colectivo ritual, como se ha definido en este trabajo, es
un suceso que aparece y crece en las últimas décadas del siglo XX. Como
patología social no tiene antecedentes históricos, y las similitudes que
pudiéramos encontrar con otros eventos son sólo superficiales y de etiología
distinta. Los suicidios colectivos rituales se han suscitado independientemente del estrato socioeconómico y
cultural de los participantes, han ocurrido en distintos países e
involucrado a hombres, mujeres y niños de diferentes razas, trasfondos
religiosos, escolaridad y edades, de todos los niveles intelectuales.
Los líderes religiosos, aunados a los sistemas de creencias en que se
generaron las dinámicas que llevaron a estos hechos, encuadran en
diferentes clasificaciones. Se ha tratado en general de grupos
eclécticos: en unos predominaban las doctrinas New Age; en otros, las
budistas, las esotéricas e incluso las paracristianas. En ocasiones
fueron sistemas sincréticos altamente diversificados que no encuadran en
las clasificaciones más comunes que nos ofrecen las distintas
disciplinas que estudian el campo religioso. Esto no descarta la
posibilidad de que el fenómeno estudiado pudiera presentarse en grupos
religiosos menos heterodoxos, o en los llamados institucionalizados
(algunos de hecho lo eran). El profesor Carlos Garma, de la Universidad Autónoma Metropolitana, ha
argumentado públicamente al menos en una ocasión que los
suicidios colectivos no pueden ocurrir sino en movimientos religiosos
que aún no están
institucionalizados. Dicha hipótesis es contraria a la
casuística. El Templo del Pueblo, de Jim Jones, era para cualquier estándar un
movimiento institucionalizado, lo mismo que La Verdad Suprema en
Japón.
La ideología del suicidio
ritual: un acercamiento a las causas
La razón por la que no se puede limitar este fenómeno exclusivamente a
grupos religiosos como los antes mencionados es ésta: la causa
subyacente de los suicidios rituales no se encuentra en sí en los
sistemas de creencias que se sincretizan para formar sectas como el
Templo del Pueblo o La Verdad Suprema. Las corrientes ortodoxas de hinduismo,
budismo, esoterismo y cristianismo no incluyen como parte de su
credo y liturgia un rito de tal naturaleza y de hecho algunos de sus principios se oponen al
suicidio. La causa se encuentra más bien en tres factores
específicos relacionados entre sí que han estado presentes sin excepción
en todos los suicidios colectivos estudiados. Los mismos se han hallado
igualmente en los casos de terrorismo urbano que llevaron a cabo Verdad
Suprema y los sanyassines. Dichos factores trascienden
los distintos sistemas de creencia en que operan, de tal manera que se
pueden considerar la causa común. Son lo que podríamos llamar la ideología del suicidio colectivo ritual. Esta tríada puede
estar barnizada exteriormente de budismo, gnosticismo, New Age o
cristianismo, pero en sí, no es ninguna de estas creencias ni ninguna
combinación de las mismas, sino el producto de una manipulación
selectiva de sus principios para intentar justificar serias
psicopatologías del liderazgo.
De la observación del fenómeno de autoinmolación colectiva inducida por
ideas religiosas y de los casos de Aum y Rajneesh, se establece que
independientemente del grupo de que se trate, siempre han estado
presentes los siguientes elementos indispensables para consumar los
hechos.
Primero: un líder mesiánico, en el sentido restrictivo del concepto.
Segundo: una colectividad de personas dispuestas a obedecer a ese líder
en forma ciega e incondicional.
Tercero: un hecho desencadenante.
En otras palabras, nunca han ocurrido suicidios rituales colectivos sin
que hayan estado presentes en forma
clara estos tres factores. Esto, independientemente de la
presencia o ausencia de otras variables.
Para hacer un acercamiento objetivo al tema es vital tener definiciones
conceptuales precisas de cada uno de los factores causales y comprender
sus respectivas interrelaciones. Sólo de esta manera se pueden inteligir
las causas de los suicidios colectivos rituales y, en su caso,
diseñar estrategias para intentar prevenir la pérdida inútil de vidas
humanas.
Definiendo el concepto de liderazgo mesiánico
El uso laxo que frecuentemente se hace del término líder mesiánico en nuestra cultura ha hecho que el concepto se
preste a interpretaciones ambiguas. Así, se habla de líderes políticos
con discursos “mesiánicos”, cuando éstos promueven un proyecto político
que consideran el único viable para solucionar una determinada
situación. “En este partido político no caben los mesianismos”, puede
ser interpretado como una crítica a un dirigente que, proyectando una
imagen fuerte de liderazgo, comienza a sobresalir entre los demás. No es
en este sentido informal, en el que debemos entender el concepto de líder mesiánico para los propósitos de este estudio. Más bien, como
se mencionó anteriormente, necesitamos definir el sentido lingüístico restrictivo del término.
Para ello es necesario analizarlo etimológicamente, en su
contexto histórico original, dándole pleno valor a su significado
histórico y simbólico.
Desarrollo y aplicación del concepto
lingüístico de Mesías
La palabra Mesías proviene del hebreo mashiac. Significa
literalmente ungido. Según la raíz verbal de dicha palabra, Mesías es “aquél sobre el cual es derramado aceite”. Este concepto tenía desde tiempos antiguos, un profundo
significado simbólico entre los hebreos, que fueron quienes
transmitieron a la cultura occidental el vocablo. El mismo traía
originalmente consigo la idea de ser apartado, consagrado, para realizar una encomienda por disposición divina. El término Mesías se aplicaba
en la era antiguo testamentaria a los reyes, a los sacerdotes del
linaje aarónico, y a los profetas. Una implicación directa del uso que
se le daba al vocablo era la de ser distinguido como un individuo especial.
En resumen, el concepto hebreo de hace tres mil años siempre tuvo
implícito un triple significado. Uno: una misión o encomienda divina,
especifica que cumplir. Dos: ser considerada una persona
especialmente señalada, favorecida por Dios para llevar a cabo dicha
tarea. Tres: la idea de estar apartado, en un sentido ritual de
consagración, de los demás seres humanos, para tal misión.
Como puede apreciarse hasta aquí, el término Mesías o Ungido no se aplicaba en
general, en forma exclusivista a una sola persona, sino más bien
a ciertas elites (sacerdotes, reyes o profetas).
Sin embargo, paralelamente se fue desarrollando un sentido totalmente
restrictivo del término en lo que se denomina teológicamente, profecía mesiánica. Así, textos históricos como el Talmud y las
Escrituras Hebreas hablaban no sólo de distintos ungidos, sino de El Ungido o El Mesías que habría de venir. Diversos pasajes del texto sacro de Israel, así como las interpretaciones rabínicas en años
posteriores consignadas en la Mishna, aplicaron el término el Mesías a una sola persona: al que Dios enviaría para
salvar a Israel. Además de este uso exclusivista y de su distinción con el concepto más
amplio, las interpretaciones de distintas escuelas a través de la
historia añadieron, basados en el estudio de los textos anteriores, aún
más dimensiones al significado. Dicha persona sería de origen divino; es
más, sería Dios mismo en cuerpo humano y por lo tanto poseería un sinnúmero de poderes sobrenaturales que
incluirían el otorgar salud milagrosamente, conocimientos
suprasensoriales y dispensar perdón de pecados. El Mesías venidero, según las doctrinas rabínicas, no sería un
ungido más; sería el salvador en exclusiva y englobaría todas las características del concepto hebreo
hasta aquí explicadas. Sería también un gobernante en el ámbito político.
En los inicios de la Era Común, hace aproximadamente dos mil años, estas características le fueron atribuidas por muchas
personas en Judea, Galilea y Samaria a Jesús de Nazaret. Sus seguidores
vieron en él el cumplimiento de la
profecía mesiánica de las Escrituras Hebreas. Esto fue lo que dio origen al cristianismo. El título El Cristo (del griego Ho Christos) es el equivalente lingüístico del
concepto hebreo de El Mesías (Ha Mashiach).
Fue precisamente en esta época de la historia cuando el significado del
concepto Mesías se empezó a consolidar y se restringió aún más su
uso. El cristianismo, por razones obvias, comenzó a usarlo en forma
exclusiva para referirse a Jesús de Nazaret como redentor único, indispensable para la salvación de las almas (véase la teología juanina en Juan 5 y Juan 14:6). Desde entonces, y
con algunas aportaciones de la teología paulina, el término Christos alcanzó su definición restrictiva completa. Conforme se expandió el
cristianismo en el Imperio Romano y posteriormente su influencia alcanzó
la mayor parte de la cultura occidental, el vocablo se latinizó y
prácticamente quedó restringido su uso para referirse a Jesucristo.
En lenguaje moderno, un Mesías o líder mesiánico en el
sentido filológico correcto, es alguien a quien se le atribuyen las características
anteriormente mencionadas. Haciendo un breve sumario, son las
siguientes:
1. Una persona especial.
2. Visión y encomienda divinamente determinadas para cumplir
en este mundo.
3. Escogido de entre otros seres humanos para llevarla a
cabo.
4. Esta misión es salvífica, redentora, y abarca el ámbito
espiritual (la otra vida) y el material (sociedad y política).
5. Nadie más la puede llevar a cabo (exclusivista).
6. Es un ser humano, pero al mismo tiempo es considerado divino.
7. Tiene poderes sobrenaturales para curar, iluminar el alma, dar
vida eterna, perdonar pecados, salvar a la humanidad, etc.
8. Su existencia y actividades son indispensables para lograr
lo anterior.
Las anteriores son las características mínimas para clasificar a un
individuo como líder con pretensiones mesiánicas, al menos en un sentido
religioso. Sólo se deben sumar dos características más que nos aporta la
historia de Jesús.
9. Fue incomprendido.
10. Fue injustamente perseguido.
Un líder religioso que es percibido por otros como poseedor de todas las
anteriores características, puede ser considerado mesiánico.
Un ser humano que reclame tener esos atributos es un líder con pretensiones mesiánicas
independientemente de que se agrupe o no en torno a él un grupo
de seguidores. En contraste, un líder social o caudillo político que
encabece un proyecto que considere o proponga como el único o más viable
en determinadas circunstancias, no clasifica como líder mesiánico.
Tampoco entran aquí aquellos líderes religiosos como los sacerdotes católicos y
ortodoxos, ministros protestantes, guías espirituales esotéricos
y otros.
Recapitulando, la existencia de un líder mesiánico es la primera
constante observable en todos los suicidios colectivos rituales y
en muchos casos de terrorismo sectario. Éste es el primer factor de
riesgo.
Segundo factor: obediencia
incondicional
El segundo factor indispensable para que ocurra un suicidio colectivo
ritual es la existencia de una colectividad dispuesta a obedecer de
manera incondicional a su líder religioso. Ésta es la otra
variable presente en todos los casos hasta ahora estudiados. La
naturaleza sine qua non de este factor para que se genere un
suicidio colectivo es tan evidente que no se requiere de mayor
explicación. Tan sólo debemos recordar que las muertes de Jonestown,
Waco, Rancho Santa Fe y la Orden del
Templo Solar, ocurrieron como consecuencia de que una orden dada
por un dirigente espiritual fue obedecida. Lo mismo se puede
decir del ataque al metro en Japón que realizó La Verdad Suprema.
En este contexto, la obediencia incondicional se define como una
disposición continua, en la que una comunidad religiosa está dispuesta a
someterse a los dictados de su liderazgo, independientemente de la
naturaleza del contenido de los mismos. Existen sólidas investigaciones
acerca de las distintas técnicas psicofisiológicas de persuasión e
influencia social que pueden llevar a seres humanos, independientemente
de su coeficiente intelectual y cultura, a una condición tal. No nos detendremos a analizar a profundidad el cómo, pues, ya existen
suficientes estudios enfocados a ello, sino más bien repararemos en el
hecho observable que siempre es uno
y el mismo: obediencia incondicional.
Distinción entre la obediencia
incondicional y la obediencia condicionada
La obediencia incondicional debe distinguirse de otras formas de
sumisión y control social que llevan implícitas en sí mismas límites, condiciones y mecanismos internos de regulación.
El Estado, la familia y aquellos individuos que son considerados en
determinados grupos sociales como autoridades religiosas, interactúan
con las personas con base en patrones de autoridad y obediencia. Sin
embargo, ésta acostumbra ser una obediencia condicionada a factores como
la razonabilidad de las demandas, la credibilidad, la autoridad moral y el grado de poder que de dichas
instituciones se percibe que emana. Aunque el Estado, la Familia, la
escuela y las jerarquías religiosas piden obediencia, sus facultades
están acotadas por normas y leyes. Ésta es, pues, una obediencia condicionada y acotada.
La naturaleza de la obediencia incondicional es totalmente distinta. En
ésta, no hay normas ni leyes que delimiten las demandas de las
autoridades sobre las personas. La única condición que opera es la
credibilidad y el grado de poder que se percibe que emana del liderazgo.
En el ámbito religioso estos dos factores son extremadamente subjetivos.
La obediencia incondicional es un requerimiento clásico en los sistemas
totalitarios. El poder de los mismos, en términos de influencia social y
psicológica, es muchísimo mayor cuando se trata de instituciones religiosas dirigidas por quienes son
considerados Mesías. Las razones que sustentan esto son obvias.
Cuando una comunidad realmente percibe a un individuo como Mesías, para ella, su poder y autoridad trasciende por mucho al de
cualquier institución social, llámese Estado, familia, o aun religión.
El impacto que tiene en la mente y la conducta humana adscribirle valor absoluto a un determinado principio percibido como divino, fue
descrito por William James en términos como éstos:
Sin embargo, cuando creemos que Dios está ahí, y que él es uno de los
demandantes, la perspectiva infinita se abre... Los ideales se vuelven
imperativos, y nos empiezan a hablar con una nueva objetividad y
significado.
Una comunidad ve en el líder mesiánico un poder ilimitado del que
a menudo depende, según cree, su bienestar o castigo eterno, y del cual
pueden provenir maldiciones y bendiciones temporales, y aun daño en el
futuro de familiares y generaciones venideras. La felicidad, la
seguridad eterna y temporal de la persona y sus seres queridos pueden
estar en juego cuando se trata de desafiar la autoridad de un Mesías.
Tal amplitud y trascendencia de poderes no se puede comparar con los
limitados alcances del que ejercen otras autoridades sociales. De allí
que el grado proporcional de influencia psicológica esté dado en
relación directa con el grado de poder percibido por los seguidores de un líder mesiánico. Y
a poderes omnipotentes, miedos y admiraciones, servilismos y
confianzas, de la misma magnitud.
Una vez que una persona o comunidad ha decidido obedecer
incondicionalmente a un líder religioso con estas características, está
prácticamente a merced de los dictados arbitrarios de una autoridad sin
límite. Todo dependerá entonces de hasta dónde o hacia dónde el
dirigente desee llevar a las personas.
Obediencia ciega y acrítica
La obediencia incondicional puede o no, acompañarse de obediencia acrítica, aunque es un hecho que suelen ir de la mano.
Puede existir la obediencia incondicional y estar motivada por alguna
razón hasta cierto punto comprensible desde la perspectiva religiosa del
adepto a una secta. Marshall Applewhite sostuvo una serie de silogismos
que sonaban convincentes para sus seguidores, con el fin de inducirlos a
acciones como la inhibición de su sexualidad a través de la castración,
el homicidio y finalmente la autoinmolación.
Contextualizado en la dinámica interna que vivía este grupo antes de
suicidarse, los argumentos de su líder les parecían razonables y sonaban
convincentes, independientemente de que partieran de premisas falsas.
Una nave espacial tripulada por seres extraterrestres pasaba cerca de la
tierra en esos momentos para llevarles a la felicidad eterna. La única
manera de llegar a ella era dejar atrás sus “envases” (lenguaje técnico
de Heaven’s Gate para referirse al cuerpo humano). La forma de dejar
esos envases era quitarse la vida a través de un complejo rito
simbólico. Applewhite explicó, dio la indicación y fue obedecido por
aquellos que lo consideraban un dios encarnado. La felicidad futura y el
ser librados del sufrimiento que para ellos conllevaba el poseer un
cuerpo, fueron algunas de las motivaciones de los integrantes de
Heaven’s Gate para quitarse la vida.
Dicho de otra manera, hay un tipo de obediencia incondicional que suele
ir acompañada de una argumentación y hay otra que no.
La obediencia incondicional y además acrítica se da cuando las personas deciden obedecer, dejando de utilizar su
razonamiento para evaluar el contenido de las indicaciones que reciben.
Una condición similar se ha definido en el ámbito de la psiquiatría
médica como obediencia automática y es considerada como un
síntoma clínico grave de patología mental.
En el caso particular de las sectas con perfil totalitario, los procesos de
razonamiento de los integrantes están, en cuanto se refiere a
evaluar órdenes de su líder, severamente disminuidos o suspendidos. Esta condición es bastante específica y no necesariamente aplicable a
otras esferas de la vida de estas personas, aunque en ocasiones sí las
afecta.
Al no analizar la naturaleza de lo que se les pide, las personas se
encuentran en una posición de completa vulnerabilidad, ya que ni
siquiera es necesaria una argumentación, aunque sea torcida, para
convencerlas de la conveniencia de hacer, o dejar de hacer lo que el
líder diga.
Es obedecer lo que sea, sin cuestionar, sin analizar, y
ahorrándole de paso al líder religioso el trabajo de intentar justificar
sus órdenes e indicaciones. Es obedecer, independientemente del código
de ética del individuo, de las normas de sociedad que lo rodea o de la
religión que dice profesar. En palabras de un seguidor de Aum Shinrikyo, la voluntad del gurú es la ley.
No es necesario enfatizar el peligro que corre una comunidad al llegar a
una condición tal de sumisión. Innegable es también que la misma deja a
la autoridad religiosa en
inmejorables condiciones de ejercer control absoluto para
explotar a sus seguidores a voluntad.
Psicología del control absoluto
de la voluntad
Las investigaciones psiquiátricas del eminente Dr. Robert Lifton y
Margaret Singer, profesora clínica emerita de la Universidad de California, Berkeley,
sobre las metodologías poco éticas para influir la conducta
social, demuestran que éstas crean condiciones adecuadas para que
distintos liderazgos puedan controlar la conducta de otros seres
humanos. En el caso particular que estamos analizando, el factor miedo y el
concepto de mesianismo se
interrelacionan y potencian mutuamente para poner en marcha
determinados mecanismos psicofisiológicos e inhibir los procesos
normales de razonamiento y las facultades de juicio crítico de las
personas, volviéndolas especialmente susceptibles a la manipulación y al
control.
A grandes rasgos, uno de los mecanismos que provoca esto es el siguiente. El
primer paso (brevemente esbozado en páginas anteriores) es que
exista un grupo social que acepte las pretensiones mesiánicas de un
líder religioso. Esto genera como consecuencia lógica que se perciba a
dicha persona como la deidad misma o, en su defecto, como un
representante en exclusiva de origen divino. En ese momento, la
totalidad de los atributos simbólicos del concepto de deidad son
transferidos al líder por el grupo de creyentes (entre ellos la idea de
autoridad absoluta, y de normar en forma infalible principios de
bien y mal).
De ahora en adelante el código ético y los preceptos de conducta los
determinará el dirigente como una autoridad absoluta e incuestionable,
creando un sistema de valores total que estará por encima y a
menudo en contradicción con las leyes civiles, los preceptos de la
religión que el líder diga representar (si es el caso) y aun de la
conciencia misma de los individuos. Existe una nueva ley: los
dictados del líder. No importa qué tan caprichosos, arbitrarios,
dañinos o contradictorios sean, éstos serán percibidos como de origen
divino, con toda la fuerza que esto implica en la psique del ser humano.
Esta nueva ley tiene en otros casos, una naturaleza distinta a lo
que regularmente interpretamos como ley, pues no requiere ser
consistente y puede cambiar de día a día o de momento a momento, sin que
necesariamente requiera una justificación y sin que el líder corra el
riesgo de perder credibilidad.
Investigaciones sobre los escritos internos del mormonismo. La Iglesia
de la Unificación del reverendo Moon, y la Sociedad Watch Tower de los
Testigos de Jehová pueden ayudar a entender mejor este fenómeno. En
dichas organizaciones, sus fundadores y/o dirigentes han exigido a sus
fieles a través de la historia obediencia incondicional y a veces
acrítica. Veamos algunos ejemplos:
“Si su líder le ordena hacer algo, hágalo. No es asunto suyo determinar
si es correcto o incorrecto”.
Heber C. Kimball, líder mormón.
“Mantenga su mirada sobre el presidente de la iglesia. Si alguna vez
dice que haga algo, y está equivocado, y usted lo hace, el Señor le
bendecirá por ello”.
Ezra Taft Benson, apóstol de los mormones.
“Yo soy vuestro cerebro. Toda persona y toda congregación que se oponga
a la Iglesia de la Unificación decaerá gradualmente y finalmente
desaparecerá”
Sun Myung Moon
“Si vamos a caminar en la luz de la verdad, no sólo debemos reconocer a
Jehová como nuestro Padre, sino a su organización como nuestra madre.
Hoy también, Dios requiere obediencia, honor y respeto de sus hijos.
Estos deben someterse no sólo al Dios viviente, sino igualmente, también a
su organización.”
Testigos de Jehová
Acompañada de la solicitud de obediencia incondicional y a veces acrítica, algunos líderes sectarios suelen añadir, como en el
caso del reverendo Moon citado arriba, amenazas de destrucción contra
los que no sigan sus indicaciones. Los siguientes ejemplos de apóstoles
históricos del mormonismo hablan por sí mismos:
“No se puede hablar mal de los ungidos del Señor y retener el Espíritu
Santo en el corazón”.
“Cuando nuestros líderes hablan, la reflexión ya ha sido hecha. Cuando
proponen un plan es el plan de Dios. Cuando señalan el camino no hay
ningún otro que sea seguro. Cuando indican la dirección debería ser el
fin de toda controversia. Dios no obra de otra manera. Pensar que así
pudiera ser, y no arrepentirse de inmediato, puede costar la propia fe,
puede destruir el propio testimonio, y hacer de la persona un extraño en
el reino de Dios”.
Es característico también que los líderes mesiánicos establezcan, implícita o explícitamente, reglas para evitar que su
conducta sea evaluada por sus seguidores. La idea es crear un espacio de
libertad absoluta para maniobrar a voluntad al inculcar en la mente de
sus seguidores que por su posición de dirigentes ellos se encuentran más
allá de todo parámetro ético.
Por lo general, este adoctrinamiento es phobocéntrico como se
puede constatar en los ejemplos anteriores.
El miedo como
factor psicológico de control
Los seguidores de grupos con filosofías como éstas vivirán como
consecuencia en una atmósfera continua de temor a no obedecer las
órdenes, a romper las prohibiciones, o simplemente a analizar
la conducta del gurú en turno. El temor a las represalias celestiales
penderá sobre sus conciencias como una espada de Damocles en todo
tiempo. Se temerá aun en pensar en la posibilidad de cuestionar la
conducta personal del líder religioso. Esto no es sólo la consecuencia natural de percibir al líder como Mesías, y por ende no
querer cuestionar a la deidad (o arriesgarse a cometer semejante osadía).
Este tipo de liderazgos suele instrumentar técnicas bien estudiadas para
desalentar cualquier actitud crítica hacia sus enseñanzas y/o estilos de
vida. Con esto, la atmósfera de temor en dichas comunidades religiosas tenderá
a aumentar.
Una característica muy particular de estos sistemas es el hecho de que
los líderes mesiánicos tienden a redefinir radicalmente los
esquemas éticos de la sociedad para adaptarlos a sus intereses
personales. Es frecuente inclusive que inviertan los mismos, con todo lo que esto implica.
Dependiendo de la radicalidad de las nuevas demandas de los líderes
mesiánicos, el grado de conflicto de conciencia que a su vez se
generará en los seguidores será mayor. Éste a su vez será otro factor para generar un estado de estrés permanente. Cualquier ser humano sujeto por algún tiempo a tensiones
de esta índole, pronto sufrirá de fatiga crónica. Si el conflicto de
conciencia se induce en forma brusca y es de determinada magnitud, puede
provocar un síndrome de stress postraumático, condición que afecta el
balance de serotonina a nivel
cerebral y las funciones mentales.
El estrés sobre del sistema nervioso, sobre todo cuando ha sido
provocado por romper el código ético en la conciencia del ser humano, agota los
sistemas energéticos. Todo esto interfiere directamente con las funciones cerebrales,
particularmente inhibiendo los procesos de razonamiento y provocando alteraciones neurovegetativas.
Las frecuentes descargas de cortisol y adrenalina traen como
consecuencia bajas inmediatas en los niveles sanguíneos de glucosa; la glucosa es imprescindible para el buen funcionamiento
cerebral. Aunque los niveles de glucosa sanguínea tienden a normalizarse
después de una descarga de adrenalina, esto toma tiempo. Si los ciclos
se repiten, esto aumentará la fatiga. Si el estrés es constante y de
determinada magnitud, esto puede generar síntomas psicóticos que impidan
hacer valoraciones correctas de la realidad externa. Si se toma en
cuenta que estará influida por procesos grupales de regresión, una
colectividad en esas circunstancias puede ser considerada como
funcionalmente psicótica.
A esto se pueden añadir, según sea el caso, los efectos de estados
inducidos de disociación y euforia, la deprivación de sueño, dietas
hipoproteicas con contenido deficiente de vitaminas de complejo B, y
técnicas de hiperventilación que disminuyen los niveles de dióxido de
carbono en la sangre con la consiguiente disminución del flujo sanguíneo
cerebral, o cualquier combinación de las anteriores.
La inhibición fisiológica de los procesos de razonamiento favorece la
sugestibilidad, disminuye la capacidad de tomar decisiones en forma
lógica, y hace propensas a las personas a actuar en forma irracional.
Todo este cuadro favorece el control del individuo y crea condiciones
idóneas para que otras personas manipulen su comportamiento. En una
atmósfera como la anteriormente descrita, cualquier grupo de personas
entrará en una función B (beta) que impide pensar. Esto es, su conducta
será gobernada entonces esencialmente por afectos y acciones impulsivas
y no por ideas racionales. En tal caso, seguirá sin cuestionar cualquier
instrucción que se le dé.
Qué determina la potencialidad suicida
La obediencia incondicional y un líder religioso con pretensiones
mesiánicas son el binomio siempre observable en los suicidios colectivos
rituales. Mientras un sinnúmero de variables puede estar o no presente, la existencia de este
binomio es imprescindible. No ha habido un solo caso documentado
de suicidio colectivo ritual sin él. Por lo anterior, todo sistema
religioso en que se identifiquen ambos factores es potencialmente suicida.
La potencialidad en este caso se define como un indicador de que las condiciones están dadas para que el suicidio
colectivo pueda ocurrir.
Dado que se requiere de la presencia de ambos factores para hablar de potencialidad, se sobreentiende que si uno o los dos están ausentes,
ésta aún no existe. Tener claro este principio es indispensable para
prever escenarios y en su caso diseñar estrategias para intentar
prevenir dichos sucesos.
Con todo lo anterior, existe una obvia diferencia entre la potencialidad
de que un suceso ocurra y el hecho consumado en sí. La potencialidad no
debe de confundirse con la predicción. Los académicos que no
comprenden la distinción entre estos conceptos necesitan repasar sus
apuntes de metodología de la investigación.
Tercer factor: el factor
desencadenante
En el terreno de los suicidios colectivos, la diferencia entre un grupo religioso potencialmente suicida que consuma el
hecho y otro que no lo ha ejecutado, radica en un tercer factor: el factor desencadenante.
La observación establece que existen grupos religiosos que reúnen las condiciones para ser clasificados como potencialmente
suicidas, pero que no han consumado el hecho. El
que ocurra esto último dependerá en estos casos de que se
presente o no el tercer factor. Este hecho desencadenante puede ser
producto de una experiencia mística, de una confrontación con la sociedad (real o imaginaria) o de
cualquier otra variable. Siempre, sin embargo, consistirá
en una indicación dada por el líder.
Examínense los casos de Jim Jones, en Guyana, y de David Koresh, en
Waco, Texas. Analícese el de la Puerta del Cielo. Pasaron años antes de que se suscitaran los suicidios colectivos; sin embargo, desde
el día en que apareció el binomio líder mesiánico y gente dispuesta a
obedecer incondicionalmente, las semillas de la tragedia ya estaban
allí. En el caso de Marshall Applewhite el factor desencadenante tardó 22 años en presentarse,
con Koresh fueron 9 años y con Jim Jones, 13.
Es aquí donde está equivocada la hipótesis de la investigadora Renée de
la Torre al sugerir que se requeriría primero de un discurso inductivo
por parte del líder principal para considerar a la iglesia La Luz del
Mundo como potencialmente suicida. Dado que existe abundante evidencia de que el binomio líder mesiánico-obediencia incondicional está presente desde hace tiempo en dicha organización, la confusión de conceptos es evidente en esta postura, pues el requisito
que se busca corresponde al hecho desencadenante, no a los dos
factores que se necesitan para considerar a un grupo religioso como
potencialmente suicida.
El discurso al que De la Torre se refiere, se debe considerar más bien parte del factor desencadenante, el cual puede hacer su
aparición de un día a otro, sin necesidad de mayor elaboración y, mucho
menos, de estar accesible a los investigadores sociales.
En realidad las investigaciones de De la Torre acerca del discurso en La
Luz del Mundo aunado a otros estudios al respecto, ayudan a esclarecer
además del carácter autoritario de la organización, el mesianismo de su
líder principal y su clasificación como un sistema total, según el
concepto de Irwin Goffman.
En otras palabras, dichos estudios realmente ayudan a confirmar la potencialidad suicida en La Luz del Mundo, cuando se examinan en el
marco teórico correcto y en el contexto de la información disponible a
los investigadores desde 1996.
El prescindir de un enfoque interdisciplinario para intentar comprender
fenómenos complejos como el suicidio colectivo motivado por causas
religiosas, ha sido, entre otras, la causa que De la Torre y otros
investigadores no hayan podido llegar a conclusiones válidas al evaluar
el tema de la potencialidad suicida en La Luz del Mundo en el
contexto de la polémica que suscitaron las declaraciones de algunos de sus integrantes en el
marco del suceso de la Puerta del Cielo. Dichos integrantes de La Luz
del Mundo declararon estar dispuestos a suicidarse en caso de que su
máximo líder, Samuel Joaquín, se los llegara a pedir.
El anterior es un ejemplo de cómo una metodología deficiente puede ocasionar que el investigador social, en vez de
adelantarse a los sucesos y aportar hipótesis para intentar prever escenarios futuros, se quede esperando a que aparezca un factor, que de estar presente, ya
hubiera generado una tragedia.
El suicidio colectivo ritual: la
culminación de un proceso
Los sistemas de creencias que utilizan métodos para inhibir el juicio
crítico de sus seguidores, pueden ser identificados cuando están moviéndose en dirección del suicidio colectivo. Un indicador
puede ser estudiado en los casos de Waco, Guyana y Rancho Santa
Fe, en donde la obediencia incondicional del grupo era puesta
a prueba gradualmente. En estos tres casos se exigía que se
confirmara en los hechos la decisión implícita de obedecer en
todo al líder. Para ello se demandaban muestras visibles cada vez más radicales de dicha disposición.
Como evidencia de la rendición total de los seguidores a sus designios,
David Koresh logró dos cosas que llaman poderosamente la atención. Una
de ellas fue el convencer a sus discípulos de que para él era lícito
tener relaciones sexuales con varias mujeres de la secta al mismo
tiempo. Padres, madres y familias enteras accedieron a entregar aun a
sus propias hijas, (adolescentes o prepúberes) para complacerle.
La gran mayoría de los davidianos nunca objetaron estos hechos, incluidos los padres
de las jovencitas. Tampoco ellas mismas. Este hecho es
significativo, ya que la sociedad americana, en particular la del estado
de Texas tiene, si no conceptos homogéneos en cuanto a valores, al menos
leyes y algunos principios comunes que tienden a rechazar este tipo de
conductas.
El caso de La Luz del Mundo
Una situación con similitudes sorprendentes se ha dado en el caso de La
Luz del Mundo en México, en el seno
de una cultura machista y de valores tradicionalistas, como la
jalisciense. En “Un estudio psicoanalítico sobre la relación
líder-feligresía en La Luz del Mundo”, el Dr. Mascareñas Ruiz, catedrático de psiquiatría de la
Universidad Autónoma de Nuevo León, reporta el establecimiento de ritos
internos, en los cuales menores de edad y jóvenes solteras son objeto de
violaciones y abuso sexual, por parte del máximo líder de la agrupación,
Samuel Joaquín Flores. La naturaleza ritual de estas prácticas, que en la mayoría de los casos
están restringidas a la elite conocida como “los incondicionales”, ha
sido confirmada por la doctora Sylvia Marcos, especialista en Psicología
de la Religión por la Universidad de Harvard y profesora de genero y
religiones en Claremont Graduate School en California.
Como en el caso de Waco, la práctica de dichos abusos, ha sido no sólo
aceptada pasivamente, sino considerada una bendición divina por padres y
familiares de algunas de las víctimas.
Los ritos al interior de La Luz del Mundo, al igual que el caso de Jim
Jones y Shoko Asahara, han incluido
también la intimidación y la presunta eliminación de disidentes
críticos de la organización. Uno de los casos de tortura ritual mejor documentado en nuestro país es
precisamente el de Moisés Padilla Iñiguez, quien fue secuestrado en 1998
después de que se publicara una
entrevista con él en la Revista Académica para el
Estudio de las Religiones. En la misma, Padilla, ex miembro de La
Luz del Mundo, narra el abuso sexual de que fue objeto por parte de
Samuel Joaquín cuando era menor de edad. La argumentación religiosa que
le fue dada es similar a la que utilizaron David Koresh y Jim Jones para
violar los derechos humanos de sus
fieles. Inmediatamente después de la publicación de la entrevista,
Padilla Íñiguez fue secuestrado fuera de su casa en Guadalajara. Fue
hallado al otro día desnudo y al borde de la muerte con una pérdida de
dos litros de sangre, producto de múltiples heridas que le fueron
producidas durante un elaborado rito de tortura. Previamente a este suceso Padilla había sido objeto de dos golpizas en
las cuales se le advirtió que se abstuviera de hablar contra el “Varón
de Dios”. Moisés Padilla vive hoy asilado en el extranjero. Su madre y otros
familiares pertenecen aún a La Luz del Mundo y apoyan públicamente al
líder.
Waco:
poligamia y castidad
Los anteriores son ejemplos de cómo la subcultura creada por el binomio líder mesiánico-colectividad sumisa total, modifica en
forma rápida e importante la conducta de un grupo social,
independientemente de los valores de la cultura en que se desenvuelve.
En el caso de Waco constituyen también una demostración de la
disposición real a obedecer cualquier orden que provenga
del líder. En condiciones normales, los padres de familia estarían
dispuestos a oponerse a alguien que deseara abusar sexualmente de sus
hijas e hijos menores de edad. Se
sentirían ofendidos al recibir una propuesta semejante, y
agraviados de conocer que han sido objeto de violación. Sería atípico
encontrar padres en la cultura texana que independientemente de su
religión, no ofrecieran algún tipo de resistencia (legal, argumentativa,
física) antes de resignarse a dejar a sus hijas prepúberes formar parte
de un harem. Aun en el caso de una situación forzada, sería todavía más
difícil convencerlos de que el acto es éticamente correcto y
religiosamente grato a Dios.
Sin embargo, David Koresh logró hacer todo esto y más. Y es que como
indican los estudios de la Dra. Singer, en la dinámica interna de una
secta de esas características, los koreshes son percibidos como
poseedores de un poder superior al de la fuerza física, al de las armas
o aun al de la capacidad de privar de la vida a un ser humano. Su poder es percibido por sus seguidores como una realidad trascendente
y omnipotente.
Un segundo logro importante del líder de los davidianos, fue el
solicitar y lograr que todo sus seguidores se abstuvieran de tener
relaciones sexuales con sus
legítimos cónyuges o con cualquier otra persona. Compárese esto con la profunda problemática existente en el
sacerdocio católico romano del clero regular en el que los integrantes
del mismo, aun haciendo un voto juramentado de carácter sagrado para
ellos, tienen altos índices de actividad sexual, la cual se desborda
frecuentemente en actos ilícitos según el derecho canónico, y criminales
según las leyes de la mayoría de los países. Tal es el caso también del protestantismo en Estados Unidos, que aunque
promulga una moralidad estricta, no ha evitado que los índices de
relaciones sexuales prematrimoniales entre sus feligreses vayan a la
alza o que frecuentemente se rompa el precepto de castidad o fidelidad
conyugal por parte de ministros evangélicos.
En contraste, el quebrantamiento a las normas establecidas no era común
en los grupos de Koresh o de Jim Jones. Allí, el sistema total
controlaba en forma absoluta lo más íntimo del ser humano con resultados
asombrosos.
Control de la
conciencia y sustitución de sistemas de valores
De hecho, mente y voluntad estaban bajo tal grado de influencia en
dichos grupos, que los conceptos clásicos de bien y mal podían cambiar de un día a otro y ser aceptados en general, sin
cuestionamientos.
El matrimonio y la familia eran valores sociales apreciados por
integrantes del Templo del Pueblo. Un día, Jim Jones decretó la
disolución de todos los matrimonios. De ahí en adelante, para los habitantes de Jonestown era pecaminoso el
sostener relaciones íntimas entre
esposos. La comunidad simplemente aceptó de inmediato el nuevo valor. Por su parte, el homosexualismo y la infidelidad conyugal eran consideradas en el
mismo grupo, conductas prohibidas. Jim Jones, sin embargo, practicaba ambas y su comportamiento fue
aceptado y hasta sacralizado por los que las conocían.
Es precisamente esta capacidad de cambiar y sustituir los valores de un
grupo social en forma tan rápida y radical, aunada a la sumisión
incondicional a cualesquiera preceptos que los líderes mesiánicos decidan decretar, lo que hace
extremadamente peligrosas a este tipo de subculturas.
Soslayar por razones políticas el impacto de estos factores fue la razón
por la cual científicos sociales y autoridades gubernamentales que
tenían conocimiento de las anomalías que en dichas sectas ocurrían, no
se adelantaron a los acontecimientos, y por ende fallaron en
prevenirlos, teniendo ante sus ojos elementos suficientes para hacerlo.
Conclusiones
Los suicidios colectivos rituales son el resultado de un proceso. La obediencia
incondicional de los seguidores de un autoproclamado Mesías puede medirse objetivamente a través de hechos observables como
los mencionados hasta aquí. Acciones como aprobar que seres queridos sean objeto de abusos sexuales o
someterse gozosamente a procedimientos contra natura (caso de la
castración voluntaria de algunos seguidores de Applewhite), la existencia de
comunidades religiosas que cambian en forma súbita y acrítica de
valores a capricho de un dirigente religioso, han sido el preludio en
todos y cada uno de los casos de suicidio colectivo ritual conocidos hasta ahora. Sin embargo, el proceso que lleva al desenlace
final es de duración variable y es difícil determinar el momento exacto
en que ocurrirá.
Lo cierto es que una vez dadas las condiciones que establecen la
potencialidad suicida de un grupo religioso, en cualquier instante se
puede generar el factor desencadenante y el suicidio se llevará a
cabo. La totalidad del proceso puede tardar años o unas
cuantas horas. Pero una vez que se ha puesto en marcha, la vida de
muchos seres humanos, incluidos niños, dependerá entonces de una sola
cosa: la aparición del factor desencadenante. Y éste a su vez
dependerá de lo que suceda en la mente de un solo individuo: el líder
mesiánico.
Un sinnúmero de variables exógenas y endógenas, de índole ética, social,
cultural, política, religiosa y de salud, pueden influir, pero al final
todo dependerá de una indicación: la del dirigente religioso.
Tomando en cuenta que la psiquiatría médica clasifica invariablemente a
los líderes con pretensiones mesiánicas como individuos con complejas
patologías mentales, el asunto se vuelve todavía más
delicado. Los diagnósticos más comunes en que encuadran
este tipo de personalidades son los trastornos delirantes con delusión de grandeza y el narcisismo maligno. Ambos son desequilibrios de la mente que involucran delirios paranoides
de persecución. La pérdida de contacto con la realidad es característica del primero; la
conducta sociopática lo es del segundo.
En resumen, la vida de toda una comunidad que se halla inmersa en una
situación tal se encuentra en estos casos pendiendo únicamente de la
decisión de una mente patológica e inestable. Una alucinación auditiva o visual, un delirio paranoide ante
un enemigo inexistente, el
afán de exaltación desmedida, a través de inmortalizar su memoria o simplemente un
capricho, un desequilibrio hormonal o un error de exegética,
pueden ocasionar que se dé la fatídica indicación. Ésta, proveniente de
quien es percibido por sus seguidores como un ser divino, de inmediato
se convierte en un imperativo absoluto que da lugar a un suicidio
colectivo.
El hecho de que ocurra una autoinmolación masiva inducida por un ser
humano es en sí un tema que naturalmente llama la atención de
investigadores de diferentes disciplinas. Este tipo de hechos atrae la
atención y no sin razón, de la opinión pública y de los medios de
comunicación por el peligro que representa para la sociedad. Es
explicable que sean los suicidios rituales, sucesos que generen tanta atención. Su novedad, su
relativamente repentina aparición en el escenario sociorreligioso de fin
de siglo, las extrañas mezclas ideológicas que los provocan, la figura
misteriosa de los autoproclamados Mesías que siempre va ligada
con sus vidas secretas, por lo general plagada de escándalos y conductas
contradictorias, son sólo algunos de
los factores que hacen que sean considerados más noticia que, por
ejemplo, el caso de un niño de ocho años que muere porque sus padres le
impiden una transfusión de sangre por causa de sus creencias religiosas.
Es obvio que los peligros más comunes de seguir a liderazgos con
pretensiones mesiánicas no están de ninguna manera circunscritos al suicidio colectivo ritual.
Por lo mismo, no debe circunscribirse el estudio de las comunidades con estas tendencias
a ese solo fenómeno como si se tratara del único problema
asociado. Sin embargo, tampoco debemos minimizarlo y mucho menos
ignorarlo. Todo indica que se trata de una patología social que ha
llegado para quedarse como lo indica su aumento en incidencia. Lo
anterior reclama mayor investigación científica en este campo para
diseñar estrategias efectivas para prevenir la pérdida inútil de vidas
humanas. Particularmente, estrategias educativas para informar a la
sociedad acerca de los peligros que representan los sistemas religiosos
que utilizan técnicas de manipulación psicofisiológica para inhibir el
juicio crítico. Dado que invariablemente las agrupaciones que han
generado suicidios colectivos y actos de terrorismo se han amparado bajo
el lema de la tolerancia religiosa para realizar actividades ilícitas,
se hace necesario también abrir una discusión académica sobre este tema
para establecer qué criterios deben regular la actividad religiosa
cuando ésta se ejerce al margen de la ley o violando los derechos
humanos.
Apéndice A
Waco: ¿suicidio o conspiración
gubernamental?
Notas actualizadas sobre el caso de David Koresh
En su libro A
Documentary History of Religion in America since 1865,
Edwin S. Gaustad afirma inequívocamente que lo que ocurrió el 19 de
abril de 1993, en Waco, Texas, fue un suicidio masivo inducido por David
Koresh. La posición del Dr. Gaustad, profesor emérito de Historia de la
Religión de la Universidad de California, ha sido compartida por muchos
especialistas en la materia. Sin embargo, dudas sobre el origen del
incendio que terminó con la vida de Koresh y 85 de sus seguidores
comenzaron a generarse casi inmediatamente después de la tragedia,
especialmente por la forma en que el FBI manejó el caso. El asunto se
complicó más aún por factores propios del sistema político y jurídico
norteamericano. Demandas de los familiares de las víctimas contra el
gobierno para obtener compensaciones monetarias, críticas de
republicanos y demócratas contra la procuradora de Justicia, Janet Reno,
y el factor de las milicias religiosas y el poderoso lobby de la industria armamentista en Estados Unidos, ayudaron a que se
generara un clima de confusión que alentó todo tipo de teorías
conspirativas. En diferentes versiones, estas hipótesis argumentaban que
más que un suicidio masivo, los habitantes del Rancho Monte Carmelo
habían sido objeto de un plan del gobierno federal para asesinarlos por
haber repelido a tiros la incursión de agentes federales que pretendían
ejecutar una orden de arresto, por acopio de armas, contra Koresh. La
discusión se polarizó y naturalmente atrajo lo mismo a periodistas que a
investigadores de la religión. Durante los últimos años,
sin embargo, se han aportado nuevas informaciones que auguran no sólo el
final jurídico del caso de los davidianos,
sino el fin de la polémica en su dimensión académica. El nombramiento de un comisionado especial
independiente para reabrir el caso y examinar detalladamente qué fue lo
que pasó el 19 de abril de 1993, y su subsecuente informe emitido el 21
de julio del 2000, no acabarán del todo con las especulaciones. Serán
importantes, sin embargo, para evaluar más objetivamente el caso, pues
la nueva información disponible derriba una serie de mitos que rodeaban
el suceso de los davidianos y en cierta forma ha contribuido a despolitizar el caso.
Quizás el error fundamental al examinar Waco, fue la adopción casi
inmediata de una posición maniquea entre los investigadores. Una falacia
lógica de falsa disyuntiva se percibe como el origen de este error. En
un lado estaban los exoneradores a ultranza de Koresh y los davidianos.
En el otro, la posición contraria. En medio, sin embargo, estuvo siempre
un cúmulo de evidencia objetiva accesible, y hoy más que nunca, a los
investigadores de la religión. La más relevante, y que por motivos de
espacio es necesario resumir, es la siguiente:
1) Los davidianos habían desarrollado una elaborada teología apocalíptica que incluía la
idea de morir a manos de las fuerzas gubernamentales de Estados Unidos
en una confrontación armada. Esto es central para entender Waco y ningún
análisis serio puede omitir este punto.
2) La doctrina de Koresh incluía la creencia de que resucitarían
como seres de fuego para vencer a las fuerzas enemigas.
3) Esta visión escatológica era central para la cohesión interna de grupo y el punto
climático de la existencia del mismo. Para ese momento habían vivido y se preparaban
diariamente con adoctrinamiento y entrenamiento paramilitar.
4) En el reporte del 21 de julio de 2000, el jurista y ex senador John C. Danforth,
comisionado independiente para la investigación del caso, se
confirma que fueron los davidianos quienes prendieron fuego al complejo del Rancho Monte Carmelo, el 19 de
abril de 1993.
5) Los peritajes de los médicos forenses determinaron que las causas
primarias de la muerte de 21 seguidores de David Koresh, el día del
incendio, fueron autoinfligidas por arma de fuego o arma blanca (un
caso). El resto murió como consecuencia directa del incendio.
6) Se ha confirmado en el reporte del comisionado independiente, la
posición de que el día del incendio, el FBI nunca disparó contra los davidianos.
Los hallazgos del reporte de John Danforth fueron corroborados en
esencia por el juez de Distrito, Walter S. Smith. El 20 de septiembre de
este año, después de un largo proceso legal, Smith dictaminó contra las
demandas de los familiares de los davidianos,
sustentando la tesis de que se trató de un suicidio.
7) David Koresh se consideraba a sí mismo y se presentaba ante sus
seguidores como el Mesías y había construido un sistema totalitario con bastante control sobre la
conducta de sus seguidores.
La evidencia anterior es conclusiva en el sentido de que el caso de Waco
fue en efecto, un suicidio masivo organizado por David Koresh como parte
de un rito religioso. Al igual que en otros casos notables similares,
hubo un componente homicida, pues había menores de edad a quienes se
impidió salir y algunos incluso recibieron impactos de bala por parte de
los mismos davidianos.
Esta conclusión no exonera de responsabilidad ni al FBI ni a otras
agencias federales estadounidenses por la forma en que manejaron el
conflicto sectario, ni pretende hacerlo. La torpeza e irresponsabilidad
principal estriba en haber intentado ejecutar una orden de aprehensión
contra Koresh a sabiendas de que había decenas de niños en el rancho y
que los davidianos estaban bien armados y entrenados. La evidencia indica que Koresh pudo
haber sido arrestado en forma discreta en cualquiera de sus incursiones
fuera del Rancho Monte Carmelo, pero aun así se decidió poner en peligro
la vida de las familias que integraban la comuna y la de los mismos
agentes federales que resultaron muertos en el primer tiroteo.
David Koresh por su parte, tenía años de incurrir en diversos ilícitos
como corrupción de menores y abuso sexual de niñas. Asimismo, seguía
acumulando un impresionante arsenal de armas del cual se adjunta una
lista al final (véase apéndice B). El mismo incluía ametralladoras AK-47
con lanzagranadas, decenas de fusiles y pistolas de alto calibre, miles
de cartuchos y granadas de fragmentación. Que ocurrió un suicidio
colectivo como rito es un hecho. Que su comisión fue probablemente
acelerada por la impericia del manejo gubernamental, es también verdad.
Pero Koresh no estaba jugando al entrenar a sus paramilitares
sectarios. Él sabía que estaba cometiendo ilícitos y que tarde o
temprano habría una confrontación. Waco es el ejemplo de la clásica
profecía autocumplida. Es también una muestra del daño que puede causar
el no entender las dinámicas internas de un grupo totalitario dirigido
por un líder mesiánico.
Bibliografía Selecta del apéndice A
Chryssides, George D. “New Religions: A Defense of Intolerance?”. Faith
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Wessinger, Catherine (Comp.) Millennialism, Persecution and Violence:
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Apéndice B
Lista de armas decomisadas a
David Koresh y los davidianos
A continuación se reproduce un
resumen del armamento y equipo militar de Koresh y los davidianos.
El arsenal fue decomisado por el Texas Department of Public Safety e
incluye entre otras cosas ametralladoras AK-47 y M-16, granadas de
fragmentación, pistolas de alto calibre, silenciadores y cientos de
miles de cartuchos para arma de fuego. El reporte, fechado el 13 de
julio de 1995, incluye el análisis del laboratorio del FBI de los tipos
de granadas y componentes especiales para la fabricación y tráfico de
armas. Una buena parte de la información es de naturaleza técnica.
ILLEGAL WEAPONS
RECOVERED
Machine guns
The FBI
determined that 46 semiautomatic firearms had been modified to fire in
full automatic mode: 22 M-16 Type Rifles 20 AK-47 Type Rifles 2 Heckler
and Koch SP-89 2 M-1 1/ Nine.
The
FBI also determined that two AR-15 lower receivers had been modified to
fire in full automatic mode.
Silencers: 21 Sound suppressors or silencers Hand Grenades 4 Live M-21
Practice Hand Grenades.
The possession of
lawfully manufactured machineguns, silencers, or grenades requires the
owner to register the weapon with the Bureau of Alcohol, Tobacco &
Firearms. None of the compound's residents were registered to own such a
weapon, therefore it would have been illegal for them to possess these
weapons.
TOTAL WEAPONS
RECOVERED (Including Weapons Mentioned on Previous Page).
FIREARMS Rifles
and Rifle Components 61 M-16 Type and 2 M-16 Lower
Receivers 61
AK-47 Type 34 AR-15 Type and 2 AR-15 Lower Receivers 13
Shotguns --12
gauge 11 7.62MM FN FAL Type 10 Mini-14 Type 7 37rnm.
Flare Gun/
Launcher Type 6.30 Carbine Calber US Carbine, Model Ml 6 Assorted
Rifles 5
M-11/Nine 5 M-14 Type 3 Galil 2 Heckler and Koch SP-89 1 Air
Rifle 1 Heckler
and Koch MP-5 1 Sten submachine gun.
Pistols and
Revolvers 23 Beretta 13 Glock 8 Assorted Revolvers 6 Safari Arms 6
Assorted Pistols 5 Sig Sauer 5 Walther 2 Taurus.
EXPLOSIVES
Hand Grenades 4
Live M-21 Practice Hand Grenades 400+ Modified M-21 Practice Hand
Grenade bodies; the bodies of these had been threaded and plugged but
lacked a main charge or fusing system. 11 M-69 Practice Hand Grenades;
the bodies of these grenades exhibited indications of attempted
modifications. 219 Grenade Safety Pins 243 Grenade Safety Levers
Rifle Grenades
200+ Inert M31 Practice Rifle Grenades.
FIREARMS
ACCESSORIES AND PARTS
Silencers: 21
Sound suppressors or silencers.
Flash
Suppressors: 18 Flash Suppressors.
Firearms Barrels.
17 M-16/AR-15 Type (5.56n~~in) 8 M-16/AR-15 Type (9mm caliber) 3
M-16IAR-15 Type (.45 ACP caliber) 1 M-16IAR-15 Type (5.56mm) 2 Ruger. 22
Caliber 1 M-60 machine gun 112 Gauge Shotgun 1 Taurus, Model 92, 9mm
pistol barrel 1 Sig Sauer 9mm pistol barrel.
Pistol Slides 1
Sig Sauer Model.
Revolver Parts
1.38 Special caliber cylinder.
Bolt Carriers 39
M-16 24 AR-IS 2 MP-5 2 AK-47 1 FAL 1 Unknown.
Bolts 15 AK-47
7.22 LR conversion 3 M-16/AR-15 1 FN FAL (1).
Bolt Assernblies
3 M-11!Nine 2 M-16 1 AR-iS 1 MAC-lO 1 Shotgun.
Recoil Springs
and Guides 3 Glock 2 Sig Sauer 1 Beretta 1 M-11 1 Nine.
Stripper Clips 29
Stripper Clips.
Accessories 6.22
LR Caliber Conversion Kits.
Hammers 31 AK-47
18 M-16 12 AR-iS 4 M-11/Nine 2 Sig Sauer 1 Beretta.
Hammer Springs 3
AK-47.
Buffer/ Recoil
Springs 36 M-161 AR-iS 4 AK-47.
Selector Switches
9 M-16 3 AR-iS 1 Unknown.
Sears 1
M-11/Nine.
Auto Sears 8
AK-47 4 M-16 1 FN FAL.
Auto Sear Springs
12 AK-47.
Disconnects 7
AK-47 1 M-16.
Trigger/Trigger
Mechanisms/Trigger Housings 17 M-16 6 AR-15 3 M-60 3
M-1 1/ Nine 2
MP-5 2 Sten 1 AK-47 1 Heckler & Koch 1 M-14 1 Smith &
Wesson.
1 Beretta 1
Shotgun.
Ammunition
Magazines 289 7.62 x 39mm AK-47 Type 248 .223/5~56mm
M-16/ AW15 Type
108 Sten Gun Type 88.308 Caliber FN FAL Type 72 M-14
Type 61 Beretta
Model Type 92 58.308 Caliber of Unknown Type 28 Ruger
Mini-14 Type
22.22 Caliber 17 UZÍ Type 16 USAS-12 Type 13.45 Caliber
11 Glock 11 MP-5
11 Sig Sauer P226/ P228 9 Unknown Type 7.308 Caliber
Galil Type 6
Walther PPK 5 9mm Unknown Type 4.50 Caliber 3.30 Caliber
U.S. Carbine
3.380 Auto Caliber 2 9rnm Smith & Wesson 1 AK-74 Type 1
Grendel.
Ammunition
Containers 220 Metal Boxes (Various Calibers) 15 Wooden
Boxes (Various
Calibers). 4 Buckets (Various Calibers). 1 Cardboard Boxes
(Various
Calibers).
Magazine Springs
360 M-16/AR-15 42 FN FAL .308 Caliber Type 35 AK-47 28
9mm Magazine
Springs of Unknown Type 15 Unknown 10 M-14 6 M-1
Carbine 3.
.50 Caliber 1
Mini-14 Magazine 1 Glock.
These lists do
not include dozens of other items recovered from the Compound such as
dust covers, extractors, front and rear sights, gun cleaning equipment,
bolt release levers, compensators, .50 caliber belt links and numerous
other parts.
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