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Cómo Identificar una Secta
Secta. A menudo escuchamos esta evocativa palabra.Sin embargo, se
conocen poco sus orígenes y uso histórico,
pese a la forma en que se suele utilizar por
el
establishment
en diversas partes del mundo para descalificar
a minorías religiosas. Secta es también un
adjetivo temido, particularmente por transnacionales
religiosas de reciente creación con comportamientos
delictivos y pésimos récords de derechos humanos.
Por todo esto, es un término polémico Algunos
intelectuales pugnan por censurar su uso; otros, en cambio, proponen un
uso responsable con modelos analíticos claros.
Inmersos en una sociedad cada vez más plural y
globalizada en la que somos bombardeados con
propuestas proselitistas desde distintos ángulos, surge
la pregunta cada vez más frecuente. ¿Es posible contar
con parámetros serios para identificar una secta?
El Dr. Jorge Erdely, reconocido experto
internacional en este tema, nos presenta un
estudio académico en lenguaje accesible que no
esquiva tratar los aspectos controversiales.
En este libro el lector encontrara los puntos clave y
los últimos avances científicos para identificar a las
sectas, tal y como se utilizan hoy en día en disciplinas
como la medicina, la sociología, la teología y la
psiquiatría.
Cómo
Identificar
una
Secta
Dr. Jorge Erdely
PUBLICACIONES PARA EL ESTUDIO CIENTÍFICO
DE LAS RELIGIONES
Ciudad de México
CONTENIDO
PREFACIO
4
CAPÍTULO UNO
Polémicas y extremismo religioso
12
CAPÍTULO
DOS
15
¿Qué es una secta?:
definiciones científicas
CAPÍTULO TRES
33
Proyecto Megiddo:
nuevas leyes y milenarismo
CAPÍTULO
CUATRO
39
Sectas destructivas:
defendiendo lo indefendible
CONCLUSIONES
47
BIBLIOGRAFÍA
49
Cómo
identificar una secta
© 2002, Jorge Erdely
© 2002, PUBLICACIONES PARA EL ESTUDIO
CIENTÍFICO DE LAS RELIGIONES
Apartado postal 138, Bosques de Echegaray
Estado de México, C.P. 53311 México.
E-mail: raer_mx@yahoo.com.mx
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reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o
procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático,
así como la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o
préstamo público.
ISBN 970-92771-5-4
Impreso en México
La palabra incómoda: prefacio del autor
Secta. A menudo
escuchamos esta evocativa palabra. Sin embargo, se conocen poco sus
orígenes y uso histórico, a pesar de que suele ser utilizada por el
establishment en diversas partes del mundo para descalificar a
minorías religiosas. Secta es también un adjetivo temido,
particularmente por transnacionales religiosas de reciente creación con
comportamientos delictivos y pésimos récords de derechos humanos. Por
todo esto, es un termino polémico. Algunos intelectuales y líderes de
opinión pugnan por censurar su uso. Otros, en cambio, proponen un uso
responsable con modelos analíticos claros.
Inmersos en una
sociedad cada vez más plural y globalizada en la que somos bombardeados
con propuestas proselitistas desde distintos ángulos, surge la pregunta
cada vez más frecuente. ¿Es posible contar con parámetros claros para
identificar una secta?
En este libro el
lector encontrará los puntos clave, de acuerdo con los últimos avances
científicos, para identificar a las sectas, tal y como se utilizan hoy
en día en disciplinas como la medicina, la sociología, la teología, la
psiquiatría, y la psicología clínica. El texto está basado en una
ponencia presentada por el que escribe estas líneas, en la Escuela
Nacional de Antropología e Historia
a la que asistieron investigadores sociales, personal docente, alumnos y
autoridades gubernamentales. La presentación incluyó videos y
diapositivas para ilustrar algunos ejemplos extremos de lo que se conoce
como sectas destructivas. Por razones obvias, dicho material no
se reproduce aquí, aunque he hecho un esfuerzo conciso por plasmar algo
equivalente en la introducción.
Una versión de
este ensayo se publicó en la Revista Académica para el Estudio de las
Religiones a finales de 1997, y tuvo muy buena acogida. La idea de
ponerlo al alcance del público ahora como monografía surgió como
alternativa a la de seguir duplicando separatas del artículo en
cuestión, para responder a la demanda de información.
Naturalmente, de
1997 a la fecha se han dado importantes avances en el ámbito mundial de
la investigación del fenómeno de las sectas. No sólo han ocurrido nuevos
eventos trágicos de extremismo que arrojan nueva luz sobre las dinámicas
de dichas agrupaciones; también se han pasado importantes legislaciones
al respecto en países europeos y se han descubierto oscuros nexos
económicos entre algunos académicos, famosos por defender poderosos
grupos religiosos explotativos, y estos últimos. Asimismo, se han
publicado trabajos muy relevantes sobre el tema de la manipulación en
agrupaciones totalitarias —tal es el caso del libro publicado en 1999
por el Dr. Robert Jay Lifton, una obra de referencia imprescindible— y
se han discutido y redimensionado antiguas polémicas, así como otras no
tan viejas.
De todo esto he
tomado —dentro de los límites que permite el concepto editorial de este
trabajo— información relevante y reflexiones para enriquecer el texto y
actualizar a los lectores de habla hispana.
El tema de las
religiones en general, y el de las sectas destructivas en particular, es
una realidad cada vez más significativa en el mundo contemporáneo. La
globalización religiosa y su efecto concomitante al favorecer la
pluralidad religiosa y el multiculturalismo, tienden, por un lado, a
crear rechazo y recelo ante lo nuevo y diferente, lo cual genera
intolerancias ancladas en prejuicios y falta de información. De allí la
importancia de utilizar responsablemente términos como secta. Por otra
parte, la corrupción y la cultura de la impunidad prevalecientes en la
mayor parte de Latinoamérica, crean condiciones idóneas para el
florecimiento de organizaciones religiosas —algunas de ellas muy
sofisticadas y a menudo con historiales delictivos— que aprovechando la
libertad de creencias, explotan y violan los derechos humanos de sus
adeptos. En la globalización, pues, coexisten dos realidades antitéticas
paralelas: el aumento de la intolerancia y el aumento de los abusos
religiosos por parte de organizaciones de carácter coercitivo. Esto hace
peculiarmente importante el contar tanto con leyes que protejan la
libertad de creencia, así como con marcos analíticos y definiciones
claras para identificar grupos religiosos destructivos que violan los
derechos humanos.
Jorge Erdely
Ciudad de
México, noviembre de 2002.
Capítulo uno
Polémicas y Extremismo Religioso
Introducción
En
1978, la opinión pública mundial fue sacudida por el reporte del
suicidio colectivo de 914 personas
en Jonestown, Guyana. Todos eran seguidores del reverendo Jim
Jones, quien también se autoinmoló. Desde entonces se ha observado una
mayor frecuencia de acontecimientos de este tipo o parecidos.
En
marzo de 1993, más de 80 personas se suicidaron junto con David Koresh,
en Waco, Texas, por motivos religiosos (Gaustad, 1993:629). En 1994, el
grupo esotérico La Orden del Templo Solar sorprendió a los analistas
sociorreligiosos al efectuar varios suicidios diferidos en Suiza y
Francia. Todos los participantes eran seguidores del homeópata europeo
Luc Jouret. Cuarenta y ocho murieron en el primero de los sucesos y
otros más posteriormente.
En
el mes de noviembre de ese mismo año, las autoridades de Ucrania
impidieron el suicidio colectivo de los seguidores de Marina
Tsvygun, quien afirmaba ser la
reencarnación de Cristo. Fueron arrestadas 779 personas en Kiev.
El culto tenía en ese entonces 150 mil seguidores en la ex Unión
Soviética y se llama La Fraternidad Blanca.
terror religioso
El
20 de marzo de 1995, en Tokio, Japón, Shoko Asahara ordenó a sus
seguidores de la secta La Verdad Suprema, colocar bombas con gas sarín
neurotóxico en el sistema de transporte del metro. El resultado: más de
cinco mil intoxicados y doce personas muertas. Seis semanas más tarde,
los mismos adeptos de La Verdad Suprema (Aum Shinrikyo en
japonés) perpetraron un nuevo atentado terrorista en otra estación.
Afortunadamente, hubo un retraso en el mecanismo de la bomba y ésta pudo
ser desactivada a tiempo. De no haber sucedido esto, la mezcla de
cianuro e hidrógeno que contenía el artefacto explosivo hubiera privado
de la vida en minutos a aproximadamente 20 mil usuarios del tren
subterráneo.
Los
anteriores, son ejemplos claros de lo que son y hacen algunas sectas
destructivas extremistas a nivel internacional, las cuales han
llamado la atención de especialistas y medios de comunicación por igual.
Sin embargo, a pesar de su popularidad, representan tan sólo la punta
del iceberg. Solamente en la Unión Americana algunos analistas calculan
que existen tres mil grupos que pueden ser clasificados como sectas
destructivas (Hassan, 1997). Cabe señalar que no todas tienen la
capacidad para provocar actos masivos de terrorismo como los que realizó
La Verdad Suprema, o propósitos de inducir suicidios colectivos como lo
hizo Jim Jones. Hoy por hoy, la violación, el abuso sexual de menores,
el daño patrimonial a través del fraude organizado y la inducción de
distintas enfermedades mentales son algunas de las prácticas más comunes
en que día a día incurren cientos de grupos religiosos y pseudo
científicos que forman parte de una
nueva patología social.
la necesidad de un marco de concientización para la sociedad
Dicha problemática, que según todos lo indicadores confiables llegó para
quedarse y tiende a crecer y a volverse más compleja, hace necesario
tener un marco de clasificación y metodología de análisis para
concientizar adecuadamente a la sociedad acerca de la existencia de esta
innegable realidad. El conocer las diferentes definiciones que se
manejan en este campo evitará que la sociedad, especialmente los medios
de comunicación, los líderes de opinión, y académicos poco
familiarizados con el tema, caigan en el extremo de catalogar
ligeramente como secta a cualquier agrupación, generando a
su alrededor un clima de intolerancia, rechazo y hostilidad.
Esto
debe ser especialmente tomado en cuenta, ya que tradicionalmente la
palabra secta tiene una connotación peyorativa en el sentido de
herejía ideológica o heterodoxia doctrinal (esto según la perspectiva de
una u otra mayoría religiosa y dependiendo del país que se trate). Sin
embargo, la carga semántica negativa de la palabra secta no sólo
se ha hecho más fuerte, sino cualitativamente distinta, a partir de
1978, año en que ocurrió el ya citado suicidio colectivo encabezado por
Jim Jones, en Guyana. Desde entonces, la opinión pública mundial comenzó
a percibir el significado de la palabra secta como una agrupación
antisocial, siniestra, de conducta fanática y peligrosa.
Es pues así, que hoy en día el concepto de secta trae a la
memoria de millones de personas, no sólo la noción de disidencia
religiosa doctrinal, tampoco el concepto más neutral de facción,
sino, sobre todo, y conforme pasa el tiempo, la idea anteriormente
descrita.
¿minorías religiosas o sectas?
En
este contexto, el calificar como secta a un grupo social conlleva
una responsabilidad ética importante, responsabilidad que no se puede
descargar pertinentemente sin un marco analítico correcto, ni repitiendo
acríticamente los epítetos y nombres que otros dicen sin entender
realmente de lo que se habla. En otras palabras, ¿por qué clasificar, o
llamar sectarias a unas organizaciones sí y a otras no? ¿Porque
lo dice la mayoría? ¿Porque se les llama así en la televisión o en la
radio? ¿Porque lo dice el cura, el pastor, el intelectual de moda, o
una u otra institución que estudia el campo sociorreligioso? El
periodista, el analista, el profesionista, el padre de familia que llama
secta a un grupo simplemente porque oyó a alguien más
clasificarlo así, no sólo actúa en forma irresponsable y poco ética,
sino que se convierte, en ocasiones, en títere de intereses oscuros, en
cómplice pasivo, quizás, de antagonismos religiosos cuya profundidad no
conoce, o de los intentos de estructuras de poder por monopolizar las
conciencias a través de la descalificación a priori de otras
opciones de espiritualidad.
¿nuevos movimientos religiosos?
Otro
extremo en el que se evitará caer al tener un conocimiento preciso de
las definiciones en este campo, es el de intentar eliminar del
lenguaje común el término secta, o en su caso autocensurarse en
cuanto a su uso. Hoy en día, algunas corrientes ideológicas proponen
precisamente esto, y demandan que se utilice exclusivamente el
término Nuevos Movimientos Religiosos para referirse a
cualesquiera organizaciones minoritarias, independientemente de que
constituyan o no un peligro verificable para la sociedad.
preocupación por la intolerancia
Algunos de los proponentes de la eliminación del término secta
del lenguaje académico y de los medios de comunicación, se hallan
preocupados por encontrar un término neutral, que no implique juicios de
valor sobre las creencias de uno u otro grupo, ya que esto puede
estigmatizarlos socialmente. La preocupación es ciertamente loable, ya
que religiones mayoritarias en diferentes partes del mundo, utilizan
como arma la palabra secta para descalificar por igual a minorías
religiosas de toda índole, por el sólo hecho de no conformarse a los
dogmas populares o de las religiones de Estado. Esto sucede hoy, por
ejemplo, en países islámicos, y ocurrió antaño en Inglaterra cuando la
Iglesia oficial, la Anglicana, persiguió a los cuáqueros. El abuso en el
uso del término secta, ciertamente puede crear un clima de
desconfianza, difamación y hasta de agresión en contra de
personas que pertenecen a minorías
religiosas. Más adelante se detallarán otras consecuencias.
Sin
embargo, y por más noble que sea la intención, los líderes de opinión,
especialmente algunos sociólogos, que pugnan, a veces histéricamente,
porque se elimine la palabra secta del ámbito de las
clasificaciones, cometen en sus planteamientos, errores elementales.
Primeramente, pasan por alto que, aunque la palabra ha sido por mucho
tiempo sinónimo de heterodoxia intelectual, esta interpretación del
concepto se ha restringido cada vez más a los ámbitos religiosos. La
realidad es que la sociedad occidental en general, percibe cada vez más
el término secta, como representativo de conductas antisociales
realizadas por organizaciones engañosas que fomentan el fanatismo
irracional y espiritualizan el delito.
secta: ¿disidencia ideológica o conducta antisocial?
En
otras palabras, la sociedad, cada vez más secularizada y mediatizada,
identifica frecuentemente la idea de secta con organizaciones
como La Verdad Suprema o Koresh y compañía, más que con Wycliffe y sus
lolardos, o bien —desde el punto de vista de la presente
administración del Vaticano—con Leonardo Boff y sus propuestas
teológicas liberacionistas. Visto de esta manera, el énfasis está sobre
todo en el extremismo y en la conducta antisocial, aunque se considere
que en muchos casos ésta tenga una motivante religiosa. En este
contexto, antropólogos, sociólogos, psicólogos clínicos y especialistas
médicos, han aportado al campo del conocimiento científico
definiciones claras y actuales de lo
que constituye o no una secta, acompañadas de criterios
rigurosos para su clasificación.
A
continuación exponemos esquemáticamente las principales definiciones del
término secta con un breve análisis de cada una.
Capítulo dos
¿Qué
es una Secta?: Definiciones Científicas
i. definición lingüística
De
acuerdo con una definición estrictamente lingüística, la palabra
secta (del latín secta) quiere decir “Doctrina enseñada
por un maestro y seguida por sus adeptos. Particularmente la doctrina y
el conjunto de sus adeptos” (Moliner, 1988: 1121).
Ésta
es una definición que por general y literalista prácticamente se utiliza
muy poco, ya que es demasiado amplia, pues cataloga como secta a
cualquier ideología, política, social, religiosa, filosófica, etc.,
junto con sus seguidores. Ésta podría incluir, por ejemplo, a cualquier
religión, partido político, o partidarios de la filosofía de Kant, Marx
o el psicoanálisis de Freud.
ii. definición histórico-lingüística
Secta: “Doctrina religiosa (y sus adeptos), que se aparta de la
tradicional u oficial”. (Moliner, 1988: 1121).
Ésta es una definición lingüística de uso cultural que se desarrolló a
través de la historia de la civilización occidental. Se hizo
especialmente popular con el dominio cultural del catolicismo romano en
Occidente, y en el Oriente con la Iglesia Ortodoxa.
Conforme el tiempo pasó y la cristiandad llegó a ser dominante en el
mundo occidental, la palabra
adquirió una carga peyorativa fuerte: los heréticos, los perversos
doctrinales, los enemigos de la ortodoxia confesional
establecida, eran denominados secta. De hecho, la etimología griega
haíresis, de la cual deriva originalmente el concepto a las
lenguas romances, tiene relación con las nociones de herejía y de
facción.
criterios arbitrarios
Esta
definición es, evidentemente, muy limitada, pues se enfoca
exclusivamente en el aspecto religioso y constituye un criterio
relativamente arbitrario para hacer clasificaciones, pues como se vio,
según la definición de uso cultural, secta es: “Una doctrina
religiosa (y sus adeptos) que se apartan de lo tradicional u oficial”.
Así, todo lo que no sea religión mayoritaria o popular, se considerará
secta, dependiendo de la cultura y su tradición religiosa, o de
la religión oficial reconocida por el Estado, dependiendo del país,
región, y aun de la época. Algunos ejemplos de esto son los siguientes:
hay países islámicos en los que las minorías religiosas son en ocasiones
catalogadas como sectas. En Rusia, los católicos romanos son
llamados así por algunos sectores de la Iglesia Ortodoxa. En
Inglaterra, los puritanos y los cuáqueros fueron considerados sectas en
siglos pasados por la Iglesia Anglicana. En países budistas e
hinduistas, las religiones distintas se llegan a considerar y denominar
sectas.
En
esta definición, se transfiere completa a las minorías religiosas que se
etiquetan así la connotación negativa que dicho término ha acumulado a
través de la historia. Recordemos, sin embargo, que el valor simbólico
negativo de la palabra secta, actualmente, abarca no sólo la idea
de “error doctrinal”, sino sobre todo, desde hace poco más de dos
décadas, se asocia a grupos de conducta peligrosa y
antisocial.
el uso de la palabra
secta
como arma
En
este contexto, la palabra secta se usa como arma para
descalificar a priori a “los otros”, los de ideología religiosa
diferente, indistintamente de que su trayectoria social sea inocua o
hasta positiva. Asimismo, se utiliza
como falacia de etiqueta, y coloca un estigma que fomenta
la intolerancia religiosa, y evita a las religiones tradicionales
mayoritarias —o de Estado— el trabajo de refutar con argumentaciones
serias, las posturas ideológicas de otros grupos que tienen el mismo
derecho de ejercer la libertad de creencia y propagar sus propuestas.
Esta
definición histórico-cultural es la más utilizada en México, a nivel
popular y en la mayoría de los medios de comunicación. Su uso es
fomentado especialmente por sectores intolerantes de la jerarquía
católica y ha sido, en buena medida, asimilada pasivamente por la
sociedad.
Aquí
cabe señalar que el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, que
representa la posición oficial del Vaticano actualmente, no califica
como sectas a las grandes religiones históricas como el budismo, el
judaísmo o el Islam. Las llama “religiones no cristianas”. Tampoco
denomina sectas a las iglesias
Protestante, Anglicana u Ortodoxa Oriental. Los antes llamados herejes
y sectarios, pasaron
posteriormente a ser “los hermanos separados” y hoy el Vaticano,
en aras del esfuerzo ecuménico, los denomina simplemente iglesias y
cristianos (Catecismo de la Iglesia Católica:195-202)
.
iii. definición teológica
El
doctor en religiones comparadas, W. Martín propuso la siguiente acepción
teológica de la palabra secta. “Una secta es un grupo de
personas polarizadas alrededor de la interpretación particular que
alguien hace de la Biblia, que incurre en grandes desviaciones con
respecto a las doctrinas primordiales de la fe cristiana...”
(McDowell, 1988:11).
Ésta es una definición
utilizada sobre todo en el ámbito cristiano nominal. Toma como punto de
referencia para hacer clasificaciones las bases teológicas de las
creencias. No considera la antigüedad ni la cantidad de miembros, ni el
reconocimiento oficial que en un país determinado pudiera tener una
organización religiosa.
pros y contras
La
definición teológica es válida como instrumento de crítica dentro
del ámbito religioso y denominacional y tiene pautas académicas y
doctrinales bien definidas para hacer clasificaciones precisas. También
provee un mecanismo legítimo para alertar a las personas acerca de
grupos religiosos que se autodenominan cristianos, sólo para ganar
aceptación social y hacer prosélitos, mientras que ideológicamente no se
apegan a las doctrinas cristianas históricas, e incluso inculcan ideas
totalmente contrarias.
Estrategias de proselitismo como éstas son definitivamente objetables.
Si se analizan con cuidado, son éticamente equivalentes al fraude a
través de una especie de usurpación de personalidad. Esto viola
el derecho al que tiene cualquier persona a la información, para poder
decidir en condiciones equitativas su postura ante una determinada
propuesta religiosa.
el mormonismo: un ejemplo de proselitismo poco etico
Veamos por ejemplo el caso del mormonismo, una religión que al presente
ha corregido conductas sociales peligrosas que practicó a nivel cupular
en sus inicios (adulterio poligámico legalizado, fraude, sedición e
incitación al terrorismo, entre otros ejemplos). A pesar de dichos
cambios, el mormonismo aún se adhiere a formas poco éticas de
proselitismo al ostentarse como una religión cristiana. Una de las
creencias básicas del mormonismo es el politeísmo mientras que, en
cualquiera de sus variantes, el cristianismo es esencialmente
monoteísta. El mormonismo es realmente una religión sincretista que
incorpora elementos clásicos del espiritismo, ocultismo y politeísmo
envueltos con una nomenclatura cristianizada.
El
mormonismo, como cualquier otra religión, tiene libertad para difundir
sus creencias, pero al mismo tiempo la gente tiene derecho a
saber, antes de decidir ingresar a dicha religión, cuáles son sus
creencias reales, incluida la historia de la organización (esta
última suele ser ocultada o maquillada cuidadosamente especialmente en
lo referente a las relaciones adultero-polígamas de su fundador, Joseph
Smith, con más de 80 mujeres, algunas de ellas esposas de sus
seguidores). El mormonismo tiene la libertad de difundir sus creencias,
sin embargo, otros sectores sociales tienen derecho a la libertad de
expresión para criticar el ocultamiento deliberado de información y el
hecho de que esta religión trate de obtener aceptación social utilizando
una fachada cristiana, cuando en realidad promueve una religión
politeísta. Aquí es importante remarcar que la libertad de creencia no
ampara contra la crítica pública cuando se engaña deliberadamente a la
sociedad. Junto con la libertad de creencia, coexisten también la
libertad de expresión y el derecho a la información.
Éste
es sólo un ejemplo de la aplicación académica de la definición teológica
de secta, y parte de la ética que justifica su uso como
instrumento de crítica en el ámbito religioso.
iv. definición socio-jurídica
El
investigador español José Rodríguez, quien ha sido asesor sobre el tema
de las sectas para diversas comisiones de gobiernos europeos, ha
definido así el concepto, retomando el término secta destructiva
que acuñó el psicólogo social hispano Álvaro Rodríguez:
“Una Secta Destructiva (SD) será todo aquel grupo que en su dinámica de
captación y/o adoctrinamiento, utilice técnicas de persuasión coercitiva
que propicien:
·
“La
destrucción (desestructuración) de la personalidad previa del adepto o
la dañen severamente.
·
“El
que, por su dinámica vital, ocasione la destrucción total o severa de
los lazos afectivos y de comunicación afectiva del sectario con su
entorno social habitual y consigo mismo.
·
“Y,
por último, el que su dinámica de funcionamiento le lleve a destruir, o
conculcar, derechos jurídicos inalienables en un estado de derecho”
(Rodríguez, 1989:31).
Esta
definición toma como punto de referencia para su clasificación la
conducta social. Hace énfasis muy particularmente en aquellos
comportamientos grupales que dañan a la sociedad, que violan los
derechos humanos y que destruyen a la persona que es captada por una
organización. Una secta es, según la definición sociológica de
Rodríguez, cualquier organización que propicie esto, independientemente
de su ideología, antigüedad, popularidad o número de miembros.
Esta
definición tiene la ventaja de que no se circunscribe al ámbito
religioso, pues abarca incluso a subgrupos políticos,
psicoterapéuticos, pseudo científicos, culturales, etcétera.
La
distinción destructiva, añadida al vocablo de secta, puede
ayudar a diferenciar a aquellos grupos que encuadran, por ejemplo, en
las definiciones teológicas, pero que no muestran una conducta
antisocial o peligrosa, de aquellas organizaciones que sí lo hacen.
el sectarismo: ¿un problema de adicción?
Rodríguez, quien ha sido profesor de sectarismo en la maestría de
adicción a las drogas que auspicia la Universidad Complutense de Madrid,
hace un fuerte énfasis en factores como el entorno social y la
susceptibilidad individual para explicar la captación y dependencia
sectaria (Rodríguez, 2000). De hecho, equipara la pertenencia a sectas
destructivas con patologías sociales como la adicción a las drogas y el
alcoholismo. Para Rodríguez,
el papel de las estrategias coercitivas y explotativas de la secta
destructiva, per se, no juegan un papel tan relevante como en los
análisis de los psicólogos clínicos y sociales más reconocidos.
v. definiciones de la psicología social
Michael Langone, doctor en Psicología Clínica y editor de una de las más
prestigiadas revistas científicas que estudian el fenómeno de las
sectas, define así el concepto que analizamos:
“Secta es un grupo o movimiento, que exhibe una devoción excesiva a una
persona, idea o cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación
para persuadir y controlar (a sus adeptos); diseñadas para lograr las
metas del líder del grupo; trayendo como consecuencias actuales o
posibles, el daño a sus miembros, a los familiares de ellos o a la
sociedad en general”
(Langone, 1988:1).
Langone añade después:
“Dado que la capacidad para explotar a otros seres humanos es universal,
cualquier grupo puede llegar a convertirse en una secta. Sin embargo, la
mayoría de las organizaciones institucionalizadas y socialmente
aceptadas, tienen mecanismos de auto-regulación que restringen el
desarrollo de grupúsculos sectarios”
(Langone, ibíd.).
ventajas de esta definición
Esta definición toma como punto principal de referencia la conducta
psicosocial (no las bases teológicas, la tradición o la
aceptación oficial del Estado, etc.). Es un concepto similar al
netamente sociológico y tiene las siguientes ventajas.
·
Es
amplia. Estudia cualquier tipo de organización social, no sólo
las religiosas, y analiza particularmente los mecanismos psicológicos de
manipulación grupal que utiliza una organización para reclutar y
mantener su membresía.
·
Clasifica con base en hechos observables y comprobables.
·
Responsabiliza a las organizaciones de su manera de interactuar con la
sociedad y ofrece simultáneamente la oportunidad de que un determinado
grupo corrija su conducta y se adapte socialmente, retirándose de tal
clasificación, si hace los cambios necesarios.
·
Elimina la posibilidad de que un grupo se escude en la ortodoxia de su
credo, en la cantidad de sus miembros o en su trayectoria histórica,
para cometer ilícitos.
daño y manipulación: perspectivas
El
concepto del Dr. Langone considera en particular el daño, potencial o
actual, que se causa a los individuos al involucrarse en una
organización determinada (en otras palabras, lleva implícita la noción
de secta destructiva).
La
existencia o no de la explotación, de la falta de ética y transparencia
al proselitar, los mecanismos internos de autorregulación y la presencia
de técnicas psicofisiológicas de manipulación, son las variables que se
examinen a fondo antes de catalogar como secta o cult (en
inglés) a una organización.
Aunada a su marco metodológico de análisis, ésta es una de las
definiciones seculares más respetadas en el ámbito de los investigadores
internacionales; sin embargo, tiene algunos puntos débiles, por ejemplo:
·
Puede resultar difícil definir qué es una devoción excesiva.
·
Se
necesita conocer muy bien y aplicar rigurosamente sus criterios
de análisis para no etiquetar injustamente a una organización como
secta.
·
Los
parámetros son muy técnicos y especializados, y por lo tanto poco
accesibles para la mayoría de las personas, incluso profesionistas.
steve hassan: el enfoque empírico
Steve Hassan, maestro en psicología por el Cambridge College, fue
miembro de los moonies por mucho tiempo. Actualmente tiene años
de experiencia como asesor internacional y consejero sobre el tema de
las sectas destructivas.
Hassan combina elementos empíricos, que provienen de su pasada vivencia
en la secta Moon, su amplia experiencia en tratar pacientes provenientes
de movimientos religiosos extremistas, y criterios de las ciencias
sociales y la psicología clínica para definir como secta destructiva a
cualquier grupo (religioso o no) que utilice técnicas de control
psicológico para suprimir la personalidad e inhibir el juicio crítico y
la libertad de decisión. Establece cuatro criterios para detectar la
manipulación mental.
1)
Control de la conducta.
2)
Control de la información
(tanto de aquella que las personas tienen derecho a saber antes de
ingresar a un grupo, como de información “del exterior”.
3)
Control de las ideas.
4)
Control de las emociones (Hassan 1997:2).
vi. aportaciones de la psicología clínica
Por
su parte, la Dra. Margaret Singer, psicóloga clínica y profesora emérita
de la Universidad de California en Berkley, nos ofrece una definición
bastante similar a la de Langone. La misma se basa también en el
comportamiento, no en las creencias de un grupo. En su obra
clásica, analiza seis puntos bastante sofisticados para definir las
técnicas de persuasión psicofisiológica que utilizan las sectas (Ofshe
y Singer, 1986).
Una
aportación nueva y valiosa de la Dra. Singer es que la secta en sí es
constituida básicamente por la estructura jerárquica y de poder de la
organización, no necesariamente por los adeptos o miembros regulares
en sí.
vii. definiciones de la ciencia médica
El
Dr. Robert Lifton, eminente psiquiatra y sociólogo, definió en su obra
La reforma del pensamiento y la psicología del totalitarismo ocho
criterios para detectar los legendarios lavados de cerebro que
inmortalizaron algunos filmes de guerra. Su investigación inicial se
basa en las técnicas utilizadas sobre los presos políticos durante el
régimen dictatorial de Mao, en China, para convertirlos bajo coerción a
la ideología comunista (Lifton, 1989).
Actualmente, muchos médicos, psicólogos clínicos y sociólogos, toman
estos criterios como referencia para identificar si un grupo religioso o
de otra índole, instrumenta medidas coercitivas para manipular la
conducta de sus adeptos a través de una estrategia graduada de “reforma
de pensamiento”. La utilización de estas técnicas de coerción
psicológica constituye para muchos especialistas, hoy en día, el
criterio clave para llamar secta a una determinada agrupación.
Secta, esto es, desde la perspectiva de la sociología médica.
los ocho criterios de lifton
A
continuación se enumeran, resumen y ejemplifican los criterios del Dr.
Lifton, aplicados al ámbito de las agrupaciones religiosas:
1.
Control de la atmósfera social y de la comunicación humana.
Esto implica coartar la comunicación entre los seres humanos a
los que se desea controlar. Incluye
obstaculizar la comunicación del individuo consigo mismo
(por ejemplo, al evitar que éste cuente con tiempo libre para la
reflexión personal).
2.
Manipulación mística.
Se construyen premeditada-mente atmósferas
“espirituales” que parecen espontáneas, pero que en realidad son
artificiales y están planeadas y estudiadas para producir un
efecto. La gente interpreta este efecto como una “experiencia
espiritual”, al ignorar que fue una situación prefabricada.
3.
Redefinir el lenguaje.
Controlar las palabras sirve para controlar las ideas de las personas.
Se adoctrina con conceptos simplistas. Por ejemplo, clichés
que tienden a desalentar más que alentar el uso de la razón. (V.g.
“nadie puede utilizar su razón para alcanzar la iluminación”; “Sólo
los elegidos pueden entender lo que sucede al interior de nuestra
agrupación”).
4.
La doctrina es más importante que la persona.
No importa lo que un ser humano esté experimentando en la realidad,
la creencia en el dogma es lo más importante. La creencia del grupo
rebasa la conciencia individual y la integridad, en cuanto a
comprobar resultados. Un ejemplo se da cuando algún grupo proclama que
Dios ha realizado milagros de sanidad, pero se niega a hacer las
verificaciones científicas pertinentes. Puede ser, incluso, que una
persona esté gravemente enferma y se asegure que no importa lo que se
vea, ya está sana. Es más importante sostener el dogma que el
bienestar de las personas y atender a lo que indica la realidad.
5.
La
ciencia sagrada.
Doctrina con el absoluto científico y moral. El dogma es incuestionable.
6.
El
culto a la confesión.
Manipulación de la confesión pública para
romper los límites
personales. Restricciones o prohibiciones a la privacía personal. Por
ejemplo, la confesión de faltas o problemas tiene usos y limitaciones
bien definidas tanto en el ámbito terapéutico como en el eclesiástico.
En este caso, se abusa de su uso para denigrar y controlar a las
personas a través de la información obtenida. Se intenta borrar la
individualidad para controlar a las personas en masa.
7.
Demandas de pureza inalcanzables.
Estándar inalcanzable de perfección
para crear culpabilidad y vergüenza
en los adeptos. La gente es castigada y enseñada a autocastigarse
por no llegar a un ideal que de inicio es imposible alcanzar.
8.
La
dispensación de la existencia.
El grupo decide quién tiene derecho a existir y quién no. No hay ninguna
alternativa legítima, sino sólo el pertenecer a esa organización en
particular. En regímenes gubernamentales totalitarios, esta idea es lo
que “justifica” la ejecución de disidentes políticos.
Los
anteriores mecanismos de manipulación tienen efectos bien estudiados,
tanto psicológicos como en la bioquímica cerebral, para crear estados de
inhibición del razonamiento y alta sugestibilidad para controlar la
conducta de individuos y comunidades.
Robert Jay Lifton,
probablemente el especialista más importante en manipulación y grupos
totalitarios hoy en día, ha confirmado la validez de su modelo de
“reforma del pensamiento” para estudiar grupos religiosos. En 1999,
publicó un amplio análisis sobre la secta japonesa La Verdad Suprema, un
libro científico rigurosamente investigado sobre sectarismos radicales y
sus peligros para un mundo globalizado. De acuerdo con sus conclusiones,
lo que llama guruísmo —el endiosamiento explícito o implícito de
un líder religioso— es una constante, además del autoritarismo y los
ocho criterios ya descritos, en movimientos sectarios contemporáneos
extremistas y violentos. El libro del profesor Lifton, Destroying the
World to Save it: Aum Shinrikyo, Apocaliptic Violence, and the New
Global Terrorism, se plantea una definición equivalente a secta
destructiva basada en esos parámetros. Así, se clasifica como
cult a cualquier agrupación religiosa:
a)
Cuyo líder
esté en un estado práctico de “endiosamiento”.
b)
Que
practique los ocho criterios de reforma del pensamiento.
c)
Que explote
a sus seguidores.
El contenido y
ortodoxia doctrinal quedan al margen como criterios valorativos según
estos parámetros.
aportes
de la psiquiatría.
El
Dr. John Hochman, profesor de psiquiatría de la Escuela de Medicina de
la Universidad de California en Los Ángeles, publicó en 1990 los
resultados de sus investigaciones, en los cuales ofrece una definición
sobre sectas. Retomando el concepto central de Lifton, añade: “Las
sectas son grupos que utilizan métodos de ‘Reforma del Pensamiento’ para
reclutar y controlar a sus miembros
y que utilizan como herramienta una tríada”
(Hochman, 1990:180).
Los
tres puntos de la tríada que define lo que es una secta para Hochman
son:
|
El milagro. |
Pensamiento mágico alrededor del dirigente y/o
actividades del liderazgo.
|
|
El misterio. |
La secrecía, que oculta la práctica, creencias reales y agenda del
grupo.
|
Por ejemplo, Shoko Asahara, gurú de La Verdad Suprema, en Japón,
ofrecía cursos de yoga para reclutar miembros, pero jamás les decía que
su verdadero fin era la formación de guerrilleros religiosos para
llevar a cabo actos terroristas apocalípticos. Para lograr esto sujetaba
a la gente a un conjunto de técnicas psicofisiológicas de control, sin
que ésta tuviera conocimiento.
|
La autoridad. |
Un régimen autoritario y absolutista que utiliza a las personas para
suplir las necesidades del grupo. |
la tríada sinérgica
Cuando esta tríada se encuentra presente en un grupo, religioso o de
otra índole, sus componentes ejercen un efecto sinérgico; esto
es, cada elemento refuerza al otro en forma recíproca para crear una
atmósfera extremadamente peligrosa que puede desembocar en daños a los
procesos de funcionamiento en la mente de las personas, con sus
consecuentes efectos en la salud en general. El Dr. Hochman considera
que para clasificar a una organización como secta desde la perspectiva
médica psiquiátrica, es indispensable que reúnan los tres
puntos anteriormente resumidos.
Una
de las aportaciones más significativas del estudio de Hochman es la
importancia que juega la secrecía para poder manipular la psique
colectiva. En la secrecía del misterio hay un ocultamiento
deliberado de información que la gente tiene derecho a conocer para
determinar, de manera libre, a qué tipo de agrupación está ingresando.
Cuando existe secrecía, se deteriora la percepción de los seguidores
adoctrinados acerca de la realidad y verdadera naturaleza del grupo.
Esto los vuelve particularmente vulnerables.
En
este caso, la gente no presta su consentimiento a participar en la
organización con pleno conocimiento. Es víctima de una especie de
fraude en el cual se convierte en sujeto de técnicas que alteran la
bioquímica cerebral para inhibir su razonamiento crítico y volverla
pasiva y susceptible de ser explotada y dañada.
Finalmente, no podemos soslayar la reflexión médica de Hochman en el
sentido de que las sectas destructivas presentan un
problema de salud pública por el impacto social que tienen. La
definición de Hochman sobre lo que constituye una secta, trasciende aun
el ámbito médico, para enriquecer la ética jurídica. Analícese la
frase consentimiento con pleno conocimiento y se llegará a la
conclusión de que el espíritu mismo de este principio es el que, al ser
violado, da lugar a la tipificación del delito de fraude en cualquier
estado de derecho.
Capítulo tres
Proyecto Megiddo: Nuevas Leyes y Milenarismo
Una
observación interesante de John Hochman en los años noventa fue que
conforme se acercase el fin de siglo y de milenio en el año 2000, el
número de sectas destructivas iría en aumento, especialmente las de
corte religioso. La casuística vindicó eventualmente esta proyección
(Erdely, 2000:67-80).
Según el Dr. Hochman esto ocurriría no sólo como consecuencia de
misticismos apocalípticos, sino especialmente por el deterioro
general de la sociedad (Hochman, 1990:179-187). La llegada del año 2000,
consecuentemente, no provocó una disminución de frecuencia en la
aparición de sectas destructivas. De hecho, la tragedia sectaria más
grande de la era moderna se registró en Uganda, después del 31 de
enero de 1999. El 17 de marzo del año 2000 murieron en un
suicidio-homicidio ritual en Kanungu, aproximadamente mil integrantes
del Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos.
Posteriormente, se halló que previo al suicidio habían sido asesinados
por el liderazgo de la secta y sus cómplices, más de 500 disidentes
desilusionados.
La cifra total sobrepasó los mil muertos, rebasando así la tragedia de
Guyana y Jim Jones, en 1978 (Erdely, 2001: 117-128).
el pretexto del apocalipsis
Aunque es cierto que la tragedia de Uganda se dio en un contexto
escatológico apocalíptico, es importante notar que diferentes
organizaciones religiosas tienen distintas maneras de interpretar el
calendario cósmico y pueden ser bastante arbitrarias al respecto. La
Verdad Suprema no necesitó esperar al año 2000 para intentar
desencadenar el fin del mundo profetizado por su líder Shoko Asahara.
Realizó sus ataques terroristas en pleno 1995. Por otro lado, se
anticipó que la llegada del nuevo milenio podía ser un factor importante
que propiciaría actos de fanatismo. Tanto así, que gobiernos de Europa,
Canadá y Estados Unidos desarrollaron investigaciones especiales y
planes de contingencia para prevenir actos de violencia a gran escala
por grupos religiosos extremistas. El Proyecto Megiddo del FBI y el
reporte de inteligencia Doomsday Religious Movements de Canadá,
en 1999, fueron expresiones de esa preocupación.
Coincidimos, sin embargo, con Hochman, sin soslayar la influencia de los
factores milenaristas, en que el deterioro de las estructuras sociales
de la cultura occidental, es un factor mucho más determinante para la
multiplicación y fortalecimiento de las sectas destructivas.
nuevas leyes en francia y bélgica para prevenir la explotación sectaria
El
Parlamento Europeo y los gobiernos de Francia y Bélgica, por su parte,
se adelantaron a estos acontecimientos mucho antes. Investigaciones y
reportes parlamentarios desde los años ochenta, observaron escenarios en
los que grupos religiosos totalitarios y extremistas irían refinando
estrategias de explotación que infringían los derechos humanos de sus
seguidores y obtenían ventaja de sus vulnerabilidades.
La
creación de legislaciones de esa naturaleza por parte de países con una
amplia tradición de defensa de los derechos humanos y las libertades
individuales, presupone un análisis cuidadoso de casuística y
criminalidad que justifican jurídicamente el establecimiento de leyes
que criminalizan específicamente la explotación sectaria. La aprobación
de leyes como estas tiene implícita también otro mensaje: el panorama,
en la era post-fin de milenio se vislumbra poco halagador pues se
prevé un aumento creciente de sectas destructivas, algunas cada vez más
extremistas y poderosas. México es un ejemplo de este aumento, en este
caso vinculado más a causas sociológicas como la corrupción, que al
milenarismo (Alemán, 2000).
El
carácter irracional y arbitrario de los grupos religiosos totalitarios
no requiere necesariamente de fechas con algún significado para
desencadenar actos autodestructivos y/o de agresión organizada contra la
sociedad. El pretexto escatológico siempre se puede inventar. Así lo
demuestra el caso de Heaven’s Gate o las varias veces que la cúpula de
los Testigos de Jehová ha hecho fallidas predicciones del fin del mundo
en el último siglo para aumentar su membresía y recibir más donativos.
Las condiciones de deterioro social que menciona Hochman, la crisis de
paradigmas ideológicos, y en el caso de Latinoamérica, los altos índices
de corrupción, impunidad y falta de respeto a los derechos humanos, son
elementos que garantizan que el fenómeno de las sectas destructivas ha
llegado para quedarse e irá en aumento, tanto en frecuencia como en
comportamientos extremos.
Lo
anterior es confirmado a su vez por la relevancia que el tema de las
sectas ha tomado. En Latinoamérica estos asuntos ocupan cada vez más
espacios en los medios de comunicación. En vista de esto, es
imprescindible contar con marcos analíticos serios para comprender lo
que constituye o no una secta y entender sus dinámicas internas.
Los
criterios de investigación deben ser lo más rigurosos posibles y han de
tener siempre en cuenta que agrupaciones pueden ser clasificadas como
secta desde diferentes perspectivas, con distintos propósitos, todos
legítimos. Por ejemplo, los Testigos de Jehová son considerados una
secta por el cristianismo nominal, desde el punto de vista teológico,
por inculcar dogmas que atacan doctrinas cristianas (Vg. la deidad
de Jesucristo). Al mismo tiempo, sociológicamente, se les
considera una secta por impedir, con métodos coercitivos, la transfusión
de sangre a sus adeptos (incluidos menores de edad), lo cual genera
muertes innecesarias cada año y viola el principio IV de la Declaración
de la ONU sobre los Derechos del Niño.
El
mundo de hoy es una sociedad que comienza, cada vez más, a pedir
cuentas, y exige que todas las instituciones sean transparentes en sus
fines y métodos de trabajo. Las organizaciones religiosas no están
exentas de rendir cuentas claras, al igual que cualquier otra
institución.
Capítulo cuatro
Sectas
Destructivas:
Defendiendo lo Indefendible
Dejando de lado por las causas que en su momento se expusieron, la
definición lingüística por literalista y la de uso cultural
por arbitraria, y acotando a su propio ámbito las definiciones
teológicas, tenemos que los criterios médicos, sociológicos y de los
psicólogos clínicos nos ofrecen parámetros bien definidos para hacer
clasificaciones y analizar este tema con bases científicas. Estas
definiciones, y los marcos analíticos que las acompañan, también se
complementan, y a su vez hacen posible el poner en marcha estrategias
educativas para concientizar a la sociedad acerca de la existencia y
naturaleza de las sectas destructivas. Asimismo, estas
definiciones aportan conocimientos al ámbito jurídico a fin de
perfeccionar leyes para que se proteja a la sociedad de organizaciones
criminales, religiosas y de otra índole, (pseudoterapéuticas sería un
ejemplo). La resolución del Parlamento Europeo en 1984, para proteger a
los ciudadanos de su jurisdicción de las sectas destructivas es un buen
ejemplo de cuánto tiempo se lleva estudiando esta problemática en otros
países (Cultic Studies Journal, 1986:275-277).
Por
otra parte, las definiciones teológicas pueden ser herramientas para la
educación en el ámbito familiar y eclesiástico, con el fin de prevenir
que las personas sean objeto de tácticas proselitistas poco éticas o
fraudulentas.
¿censura en nombre de la libertad?
Una
definición bien aplicada de lo que constituye una secta destructiva es
instrumento útil para prevenir a la sociedad al referirse a grupos con
conducta peligrosa o delictiva, que se amparan o utilizan las creencias
religiosas para violar las leyes y dañar a otros seres humanos. Este uso
del lenguaje es congruente con la aplicación sociolingüística de
calificativos como “mafia”, “crimen organizado”, “la delincuencia”,
“funcionarios corruptos” y otros, a determinados grupos, para
distinguirlos del resto de la sociedad con el fin de alertar a los demás
acerca de la naturaleza reprochable de sus actividades.
Así
contextualizado, y aplicado a organizaciones que bajo engaños y mediante
el uso de pretextos de cualesquiera creencias religiosas, son
comprobablemente nocivas, el uso de la terminología secta destructiva,
es legítimo, necesario y útil.
Líderes de opinión como Massimo Introvigne, en Italia, e investigadores
como el Dr. Shupe, en Estados Unidos, o Patricia Fortuny y Roberto
Blancarte, en México, han promovido la idea de utilizar un término libre
de juicios de valor sobre las creencias (Nuevos Movimientos
Religiosos) para denominar a grupos minoritarios y/o de reciente
creación. Dicha postura pasa por alto, entre otras cosas, que todas las
sociedades civilizadas requieren necesariamente, adjetivos que contengan
juicios de valor acerca del comportamiento de individuos y
organizaciones independientemente de su orientación ideológica. Muchos
adjetivos del lenguaje español tendrían que dejarse fuera de circulación
si esto no fuera así, pues muchas palabras existen con el solo objetivo
de calificar el carácter y la conducta de individuos y grupos.
Ni
la censura del lenguaje ni la eliminación de conceptos socialmente
útiles son solución al abuso que se ha hecho del uso del término
secta, pues pronto se crearían otros términos que
sustituirían a los primeros. Tal es el caso de lo que sucederá con la
inviable propuesta de sustituir el término sectas por Nuevos
Movimientos Religiosos. Sencillamente, en un futuro la carga
peyorativa y simbólica del concepto de secta se transferirá
entera al de Nuevos Movimientos Religiosos y lo sustituiría en la
praxis como adjetivo calificativo. Un problema adyacente es el que al
estandarizar el nombre de Nuevos Movimientos Religiosos a
todas las minorías o grupos de reciente creación, ocurrirá que aquellos
que aunque con creencias peculiares, no constituyen un peligro social,
estarán en el mismo saco con los de conducta delictiva. Así, tendrán que
cargar con las cuentas pendientes y pésimos antecedentes de los Jim
Jones, los Shoko Asahara y grupos satanistas asesinos como los de
Charles Manson. Al fin y al cabo todos se considerarían Nuevos
Movimientos Religiosos. Esto, obviamente, es poco equitativo para
las minorías o nuevas opciones que desean construir su reputación con
base en su propia actuación, y se seguirá prestando para provocar
confusión y generar intolerancia contra ellos. Al mismo tiempo, los
beneficiados serán precisamente los conocidos grupos de comprobada
conducta antisocial y explotativa que evitarán el nombre de sectas,
comenzando así a limpiar su imagen pública sin necesidad de corregir su
conducta. Simultáneamente quedarán parapetados entre muchos otros
grupos, mediante el uso de la clásica falacia de transferencia,
para absorber la credibilidad que otras organizaciones pudieran
construir con base en sus propios méritos, al mismo tiempo que
intentarán diluir entre muchos la pésima reputación que se han ganado a
pulso.
Los
sociólogos que intentan imponer una “censura en nombre de la tolerancia”
para eliminar el concepto de secta y sustituirlo por Nuevo
Movimiento Religioso, deben añadir a sus buenas intenciones de
evitar la discriminación religiosa, una medida de reflexión cuidadosa
antes de promover propuestas como éstas, pues precisamente lo que
intentan evitar, es lo que terminarán logrando, amén de fomentar la
impunidad de aquellas sectas destructivas que ya violan la ley y los
derechos humanos.
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