SECTAS DESTRUCTIVAS: UN
ANÁLISIS CIENTÍFICO
Dr Jorge Erdely, Editor.
©2003,
PUBLICACIONES PARA EL ESTUDIO
CIENTÍFICO
DE LAS RELIGIONES
______________________________________
Índice
Prefacio del editor
Agradecimientos
Capítulo Uno
Sectas Destructivas: Definiciones y Metodología de
Análisis.
Dr. Jorge Erdely
Capítulo Dos
Milagro, Misterio y Autoridad: El Triángulo del
Adoctrinamiento Sectario.
Dr.
John Hochman
Capítulo Tres
Sectas Contemporáneas, Imagen Utópica, Realidad Infernal.
Dr. Louis Jolyon West
Capítulo Cuatro
Trastorno por Estrés Postraumático
en Víctimas de Sectas Religiosas Destructivas.
Dr. Jorge de la Peña
Capítulo Cinco
Iglesias, sectas y nuevos movimientos religiosos
Dr.
Elio Masferrer
Capítulo Seis
Las sectas y los jóvenes: estrategias de proselitismo y grupos de
riesgo.
Dra. Margaret Thaler Singer
Capítulo Siete
La importancia de la investigación científica en el ámbito de las sectas
Dr. Michael D. Langone
Capítulo Ocho
veinticuatro Años Después de
Jim Jones y Guyana: ¿Qué hemos
aprendido?
Dr. César
Mascareñas
___________________________________________________
Prefacio del editor
El título
de éste libro refleja con fidelidad lo que el lector encontrará en sus
páginas —y de cierta manera, lo que no hallará—. Su publicación responde
a un deseo de contribuir a llenar un vacío de información, en lengua
española, sobre las sectas contemporáneas, vistas desde la perspectiva
de la investigación en las ciencias médicas y de la conducta humana. Por
ello, los textos que se presentan en esta edición se enfocan en las
dimensiones analíticas, más que en las aristas exóticas y las
etnografías extensas de organizaciones sectarias en particular.
Al estudiar el fenómeno que nos ocupa, es notorio que uno de los
principales puntos de convergencia entre connotados especialistas de
distintas disciplinas, es su esfuerzo por centrar la atención de la
investigación científica en la praxis o conducta de las
organizaciones conocidas como sectas. Entre la variada gama de
comportamientos que se presentan en dichas organizaciones, los de mayor
impacto social son aquellos que derivan en daño cuantificable a las
personas y en violaciones a los derechos humanos. De allí, pues, la
primera parte del título de este libro: Sectas destructivas.
La naturaleza polémica del término secta, las ideas que evoca en
el imaginario colectivo del mundo hispanohablante, el abuso y la
ignorancia con que a menudo se utiliza, su capacidad para estigmatizar y
provocar intolerancia, y por otra parte la necesidad de contar con
términos que describan adecuadamente realidades sociales, hacen
necesario que una parte considerable de este libro se dedique a explorar
diferentes definiciones y criterios metodológicos en los que éstas se
basan. Dicho quehacer, que al lector poco familiarizado con este tema
podría parecerle quizás árido, es, en realidad, todo lo contrario. Las
distinciones semánticas son cruciales para entender la materia, y los
marcos teóricos que utilizan diferentes disciplinas para estudiar a las
sectas contienen una riqueza conceptual imprescindible para acercarse
inteligentemente al fenómeno y profundizar más allá de la opinión de
gacetilla.
El resto del contenido de este libro lo ocupan temas relacionados
e insoslayables: modelos analíticos contemporáneos, métodos de
investigación, aspectos clínicos, estadísticas y contextos culturales,
por mencionar algunos.
Dadas su complejidad y amplitud, el tratamiento de la temática de las
sectas destructivas como un todo, debe ser necesariamente introductorio.
Y éste es precisamente uno de los propósitos de nuestro texto: poner al
lector de habla hispana en contacto con ensayos y trabajos de
investigación básicos, realizados por autores contemporáneos reconocidos
—algunos traducidos a nuestro idioma por primera vez—, y en ese trayecto
abrir una panorámica conceptual y factual de los ámbitos de la
investigación que faciliten acceder, de manera informada, a más
conocimiento, dependiendo de los intereses y/o necesidades particulares
del lector.
El artículo del profesor John Hochman, publicado originalmente en inglés
en Psychiatric Annals, ha venido a convertirse en un clásico para
entender los mecanismos de coerción que ejercen las agrupaciones
religiosas totalitarias. Su enfoque en “Milagro, misterio y autoridad”[i]
subraya la necesidad del quehacer interdisciplinario para entender
fenómenos complejos como los procesos de adoctrinamiento en sectas
destructivas. Hochman, psiquiatra, hace una ampliación del modelo de
análisis de Heller para estudiar sistemas políticos totalitarios. Su
objetivo es definir lo que es realmente una secta e inteligir los
procesos estructurales de manipulación de información a su interior.
Hochman es exigente. Para él, no cualquier organización califica como
secta. En su búsqueda de los elementos que constituyen una, hace
distinciones críticas entre subculturas, organizaciones diversas y
grupos con tendencias sectarias hasta llegar a su meta. Y a su arribo,
nos ofrece un ejemplo extremo y paradigmático como poderosa ilustración
de su tesis: Jim Jones y El Templo del Pueblo.
El análisis de Hochman es profundo pero su presentación clara y
sencilla. Su modelo analítico es una síntesis de teoría política y
psiquiatría. El autor define sus conceptos con precisión y es
categórico, pero está lejos de creerse infalible. El hecho de que —a
semejanza del legendario neuropsiquiatra Louis J. West— acuda fuera de
su disciplina y de las limitaciones del organicismo para tratar de
entender lo que ocurre al interior de una secta, refleja más bien
humildad académica. Esa actitud contrasta con el arrogante reduccionismo
maniqueo de quienes pretender hacer de la propia disciplina el
observatorio sine qua non del Universo. Así, en “Milagro,
misterio y autoridad” Hochman acude a la teoría política y a la
psicología, pero también a la literatura —en este caso a Dostoyevsky—,
buscando comprender un fenómeno complejo. El autor piensa y se arriesga:
se equivoca con respecto a Gorbachov, acierta al prever un incremento
de sectarismo apocalíptico y violento, pero sobre todo, articula un
modelo analítico coherente que ayuda a entender el enigmático hechizo
con que la secta logra cautivar a sus adeptos.
El Dr. Louis J. West se formó en la misma disciplina que Hochman: las
ciencias médicas y la psiquiatría. Sin embargo, los separan en edad
varias décadas y la consiguiente experiencia clínica. Eso explica en
parte la diferencia en estilo y contenido entre los ensayos que
reproduzco de ambos. El profesor West, prolífico autor e investigador en
ámbitos tan variados como los efectos de las drogas en la mente humana y
los programas de coerción ideológica contra prisioneros de guerra, no
trata en su ensayo ni de mecanismos psicológicos ni clasificaciones. Eso
lo ha hecho ya en un cúmulo de trabajos publicados a lo largo de más de
dos décadas. Una de sus aportaciones teóricas más significativas y
conocidas es la tesis de la pseudo identidad[ii].
Para West, cuando una persona es sujeta a un proceso de técnicas
coercitivas de reforma del pensamiento, el resultado es la formación de
una pseudo identidad por mecanismos disociativos, la cual se mantiene
sólo en tanto que el síndrome de dependencia, miedo y engaño (DDD, por
sus siglas en inglés), persista. En el ámbito del totalitarismo
político, el ejemplo clásico es el del prisionero de guerra que es
forzado a aceptar la ideología rival. La “conversión” es sólo aparente y
desaparece luego de un tiempo al cambiar a un entorno distinto. El
célebre caso de Patricia Hearst sería un ejemplo paradigmático para
West.
Pero cuando West escribió Sectas, imagen utópica, realidad infernal
[iii],
su interés era enunciar las distintas fuerzas y entidades sociales que
se coluden para propiciar un clima de impunidad para que organizaciones
religiosas delictivas —o simplemente nocivas— operen sin rendir cuentas
a los ciudadanos. Esta preocupación es congruente con la larga
trayectoria del Dr. Louis J. West como defensor de los derechos humanos,
la democracia, y las libertades civiles. Miembro de la liberal ACLU[iv],
West fue el primer psiquiatra blanco de su país que colaboró para
terminar con el apartheid en Sudáfrica, viajando para atestiguar
en favor de varios presos negros. Eventualmente llegaría a ser el
legendario experto forense seleccionado por las cortes estadounidenses
para examinar al asesino de Lee Harvey Oswald, Jack Rudy, y a Patricia
Hearst, la joven secuestrada por el Ejército de Liberación Simbionés —un
grupo guerrillero sectario—, y quien finalmente se convirtió en
asaltante de bancos en favor de la causa de sus captores, renegando de
la sociedad opulenta en la que fue criada.
Mucho del valor del trabajo del Dr. West en su estudio de las sectas
destructivas se debió en gran parte a su particular perspectiva
diacrónica y privilegiada ubicación geográfica. West tuvo la oportunidad
de realizar sus investigaciones a través de casi cuarenta años. Comenzó
en los Estados Unidos precisamente durante los sesenta y setenta, en
medio del primer boom de grupos extremistas. En ese entonces, las
sectas más controversiales eran la agresiva Dianética, los Hare Krishna
—acusados en aquel entonces de posesión de armas y tráfico de
drogas—; los moonies, aún en su versión comunal; los Niños de
Dios, que reclutaban adeptos a través de la prostitución sagrada, y
otros igualmente polémicos.
Cuando West escribió para The Center Magazine el ensayo que se
reproduce aquí traducido al español, era ya, además de académico y
activista, un intelectual connotado. The Center Magazine fue por
muchos años la prestigiosa publicación del Center for the Study of
Democratic Institutions, un lugar de intenso diálogo y discusión
interdisciplinaria, dependiente de la Universidad de California, para la
promoción de las libertades y la democracia. Por allí desfilaron a
través de los años personalidades como el activista por los derechos de
los trabajadores agrícolas, César Chávez; el psicólogo Adler, y Aldoux
Huxley.
West, el psiquiatra, el experto en estrés postraumático y colaborador de
la Enciclopedia Británica escribió, pues, este texto, como
intelectual, cuando se hallaba en el pináculo de su carrera. Para ese
entonces, era director del Instituto de Neuropsiquiatría, así como del
Departamento de Psiquiatría, en la Escuela de Medicina de la Universidad
de California, Los Ángeles, aunque siete años después se retiraría. Así
que plasmó su ensayo con el desenfado del intelectual. En el se dedica a
exhibir complicidades. West critica a los políticos y a la política, a
los medios, a los juristas y a los jueces de su época, a la sociedad
pasiva, a los intelectuales de escritorio que sin haber hecho estudios
de campo sobre las sectas ni tener experiencia clínica con víctimas,
defienden por esnobismo ideológico, en nombre de la libertad, a
organizaciones que a su amparo cometen delitos y esclavizan cuerpos y
mentes. Y critica, sobre todo, a las grandes iglesias y denominaciones
de su país, las cuales, paradójicamente, se alían por estrategia con los
intereses de las sectas destructivas para impedir que se pasen leyes que
pudieran afectar la confidencialidad de los manejos financieros de
cualquier entidad llamada religiosa.
Y en esto West, con los anteojos del visionario, se anticipó al papel
crucial que jugaría el dinero, el manejo de los fondos por los grandes
consorcios religiosos internacionales, en el nuevo milenio, categoría y
fenómeno que engloba hoy lo mismo temas tan variados como los acuerdos
legaloides de la Iglesia Católica para comprar silencio de víctimas de
sacerdotes pederastas en Estados Unidos, que el financiamiento global de
grupos extremistas como Al-Qaeda y las millonarias inversiones de la
secta Moon en Latinoamérica.
Elio Masferrer, antropólogo e investigador, es un especialista en
religión y política que casi no requiere de presentación para los
lectores latinoamericanos. Su labor es reconocida en países como México,
Perú y Argentina, donde, asimismo, ha realizado estudios en antropología
e historia. El aporte del Dr. Masferrer a este volumen es un texto que
combina perspectivas de autores clásicos de la sociología de la religión
como Weber, Niebuhr y Troeltsch, con autores contemporáneos como
Campiche y Mayer. El análisis[v]
inicia con el examen de la influencia y esfuerzos de la jerarquía
católica por definir para la sociedad el concepto de secta
y perpetuar estereotipos y teorías conspirativas, para mantener su
hegemonía política y cultural ante el avance del pluralismo religioso en
Latinoamérica. De allí, el autor revisa tipologías
histórico-sociológicas y explora el tema de los Nuevos Movimientos
Religiosos. Además de su larga experiencia como etnólogo, el profesor
Masferrer incorpora conceptos de investigadores como Marion Aubrée, en
Brasil, y otros autores latinoamericanos. Con ello, permite una
necesaria contextualización cultural del fenómeno de las sectas. El
artículo de Masferrer, quien es presidente de la Asociación
Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, representa, en aras
de la perspectiva multidisciplinar de este libro, a la antropología.
Jorge De la Peña, médico y profesor de psicología social, es otro autor
latinoamericano cuya amplia experiencia clínica con refugiados,
exiliados políticos, y posteriormente con ex miembros de sectas, le ha
llevado a remarcar la importancia de estudiar mejor la entidad
nosológica denominada trastorno por estrés postraumático, síndrome que
se presenta a menudo en pacientes provenientes de ambos ámbitos. Su
artículo hace una presentación accesible de las características de dicho
trastorno y distinciones críticas para el diagnóstico diferencial. Trata
asimismo con las características psicológicas de los liderazgos
sectarios que pueden inducir esas y otras patologías. De particular
interés para los especialistas clínicos, así como para los estudiosos
del ámbito de la salud pública, son las implicaciones de la trasmisión
de psicosis vía relaciones estructurales líder-feligresía a través de
cuadros como el trastorno psicótico compartido. El Dr. De la Peña es
miembro activo de Amnistía Internacional y consultor del Instituto
Internacional de Derechos Humanos de la ONU.
El Dr. César Mascareñas, coautor junto con De la Peña de un reciente
trabajo científico sobre fanatismo religioso y neurobioquímica,
complementa la dimensión clínica con una puntual entrevista exclusiva
con la profesora Margaret Singer[vi],
cuya presentación corre a cargo de él mismo en el capítulo
correspondiente. Singer no es socióloga, sino psicóloga. Ha entrevistado
y aún brindado tratamiento a miles ex miembros de sectas, incluidas
algunas de carácter extremista como El Templo del Pueblo, en Guyana, y
Heaven’s Gate. Por ello, es la suya, la voz de alguien que ha combinado
la formación teórica en su disciplina y la docencia como profesora
emérita de la Universidad de California en Berkeley, con una amplia
experiencia clínica. La empatía, que es a menudo signo de genuina
vocación, la hace ser intensamente práctica en su enfoque. Este
refrescante rasgo aflora no sólo en la entrevista con Mascareñas, sino
también en otro artículo de Singer que he titulado “Las sectas y los
jóvenes”, traducción de un capítulo sobre el tema, rescatado de un libro
de texto médico: Comprehensive Adolescent Health Care
[vii].
Colega de profesión de la Dra. Singer es Michael D. Langone, editor por
muchos años del Cultic Studies Journal
[viii].
Ambas, la naturaleza de su labor al frente de una prestigiada revista
especializada con un distinguido comité editorial, y su interés por los
aspectos teóricos de la investigación, hacen que Langone, pionero en
este ámbito, sea técnico en su presentación. Esto, sin embargo, no
significa que sea menos claro si se lee con atención.
El capítulo del Dr. Langone presenta cuidadosamente los distintos retos
que hay para conducir investigación científicamente válida en el ámbito
de las sectas, y para interpretar lo que se publica al respecto como tal[ix].
Langone expone asuntos como los prejuicios y la subjetividad del
investigador, los estudios amañados de origen, el romántico lobby
pro sectas coercitivas, que se financia con recursos de las mismas sin
informar al público, hasta problemas con los métodos de muestreo y el
diseño adecuado de instrumentos de medición en el campo del estudio
cuantitativo. El artículo permite al lector de literatura científica
sobre sectas —especialista o no— vislumbrar lo que a menudo ocurre tras
bambalinas en el ámbito académico. “No todo lo que brilla es oro”, reza
el antiguo adagio popular. Así, no todo lo que se etiqueta como
investigación científica lo es y, a menudo, aun lectores con formación
profesional fallan en detectar errores metodológicos elementales que
invalidan lo mismo conclusiones que información factual. Considero que
serán de particular interés para los lectores varias de las estadísticas
que presenta Langone —y los
contrastes entre ellas— sobre frecuencia, tipo y magnitud de daño a
personas en sectas, así como las muchas referencias bibliográficas del
artículo.
Termino este prefacio con una breve semblanza del artículo de mi autoría
que he incluido como primer capítulo en este libro. Como se ha
mencionado en una edición previa del mismo, publicada por separado, la
esencia es una ponencia que presenté sobre el tema en la Escuela
Nacional de Antropología de Historia (ENAH), el 25 de septiembre de
1997, en la ciudad de México.
Una versión se publicó dos meses después en una revista especializada[x]
y ésa, a su vez, se revisó, actualizó y amplió para publicarse en el
volumen que nos ocupa. Los objetivos de dicho texto continúan siendo los
mismos: a) plantear la naturaleza polisémica del término secta,
cuando se define según distintas disciplinas, organizaciones y autores;
b) contrastar esa naturaleza con las percepciones populares unívocas en
Occidente, construidas en gran parte por los medios de comunicación, y
c) la pertinencia o no de utilizar el término secta y algunas
propuestas a favor y en contra. Ésta es, de manera somera, la parte
correspondiente a definiciones. En la sección sobre modelos
analíticos, la meta es presentar en forma sintética las tesis de autores
contemporáneos de orientación crítica cuyas aportaciones a la discusión
son reconocidas. Lifton, Hochman, Singer, Rodríguez, por mencionar
algunos. En particular, estimo relevante —por ser un investigador
sobresaliente poco leído en el mundo de habla hispana— atender a los
criterios de Lifton. Los resultados de varias décadas de estudio,
incluido un punto importante de su último y actual libro Destroying
the World to Save It[xi]
se incluyen y ejemplifican, haciendo un considerable esfuerzo de
concisión.
El resto de mi trabajo se compone del análisis de las metodologías en un
marco propositivo sobre el uso del término secta en nuestra
sociedad, y los ámbitos en que distintas definiciones del mismo pueden
ser válidas.
El contexto en que toda esta información es ofrecida al lector incluye
una actualización de aspectos jurídicos y controversias académicas en
que el dinámico mundo de las sectas destructivas se desenvuelve, y del
cual no todos los lectores están informados. Al respecto, considero que
el artículo de Masferrer que se incluye en este volumen puede ser
particularmente útil para complementar otras dimensiones del contexto,
en especial, las políticas y económicas.
El tema de las religiones, en general, y el de las sectas destructivas,
en particular, es una realidad cada vez más significativa en el mundo
contemporáneo. La globalización religiosa y su efecto concomitante de
favorecer la pluralidad y el multiculturalismo, tienden, por un lado, a
crear rechazo y recelo ante lo nuevo y diferente. Esto genera
intolerancias ancladas en prejuicios, proteccionismos y falta de
información. De allí la importancia de utilizar responsablemente
términos como secta. Por otra parte, la corrupción y la cultura
de la impunidad prevalecientes en la mayor parte de Latinoamérica crean
condiciones idóneas para el florecimiento de organizaciones religiosas
—algunas de ellas sofisticadas y a menudo con historiales delictivos—
que, amparándose en la libertad de creencias, explotan y violan los
derechos humanos de un número considerable de personas. En la
globalización, pues, coexisten dos realidades antitéticas paralelas: el
aumento de la intolerancia y el aumento del abuso religioso por parte de
organizaciones de carácter explotativo. Esto hace peculiarmente
importante el contar con esquemas equilibrados que defiendan la libertad
de creencias, así como con marcos analíticos y definiciones claras para
identificar grupos religiosos destructivos. Los tales, son, después de
todo, parte de la sociedad y no pueden estar al margen de rendir cuentas
por sus actividades ni pueden pretender sustraerse al escrutinio
público.
Jorge Erdely
Ciudad de México, enero de 2003.
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notas
[i]
John Hochman, en Psychiatric Annals. 20 (4); abril 1990, pp.
179-187.
[ii]
Louis Jolyon West, Paul R. Martin. “Pseudo-Identity and the
Treatment of Personality Change in Victims of Captivity and Cults”.
Cultic Studies Journal. 13 (2); 1996, pp. 125-152.
[iii]
Louis Jolyon West. “Contemporary Cults: Utopian Image, Infernal
Reality”. The Center Magazine.
15 (2); marzo/abril 1982, pp.
10-13.
[iv]
Siglas en inglés de la American Civil Liberties Union.
[v]
Se
trata de una versión revisada y ampliada del artículo: “Iglesias y
nuevos movimientos religiosos: un esfuerzo por aclarar la
confusión”. Revista Académica para el Estudio de las Religiones.
I; 1997, pp. 25-37.
[vi]
Edición revisada. Véase: César Mascareñas. “Veintidós años después
de Jim Jones y Guyana: ¿qué hemos aprendido?”. Revista Académica
para el Estudio de las Religiones. III; 2000, pp. 195-206.
[vii]
El título
del original
es
Sects,
en Friedman S.B., Fisher M., y Schongerg S.K. St. Louis, Missouri:
Quality Medical Publishing, 1992.
[viii]
Ahora Cultic Studies Review.
[ix] Este
trabajo es una edición traducida y adaptada de la ponencia del Dr.
Langone en el II Congreso Internacional sobre Grupos Totalitarios y
Sectarismo (Barcelona, España, 23-24 de abril, 1993).
[x] Jorge
Erdely. “Sectas Destructivas: definiciones y metodología de
análisis”. Revista Académica para el Estudio de las Religiones.
I; 1997, pp. 1-23.
[xi]
Robert Jay Lifton. Destroying
the World to Save it: Aum Shinrikyo, Apocaliptic Violence, and the
New Global Terrorism. New York: Metropolitan, 1999.
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_________________________________________________________________
Agradecimientos
Publicaciones para el Estudio Científico de las Religiones desea
expresar su agradecimiento a los respectivos autores y casas
editoriales, por permitirnos reproducir los artículos, ponencias y
capítulos de libros —algunos en forma revisada y traducidos al español—
que aparecen en este volumen.
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Capítulo uno
Sectas destructivas: definiciones y metodología de
análisis
Dr. Jorge Erdely
introducción
En 1978, la opinión pública
mundial fue sacudida por el reporte del suicidio
colectivo de 914 personas en
Jonestown, Guyana. Todos eran seguidores del reverendo Jim
Jones, quien también se autoinmoló. Desde entonces se ha observado una
mayor frecuencia de acontecimientos de este tipo o parecidos.
En marzo de 1993, más de 80
personas se suicidaron junto con David Koresh, en Waco, Texas, por
motivos religiosos (Gaustad, 1993:629). En 1994, el grupo esotérico La
Orden del Templo Solar sorprendió a los analistas sociorreligiosos al
efectuar varios suicidios diferidos en Suiza y Francia. Todos los
participantes eran seguidores del homeópata europeo Luc Jouret.
Cuarenta y ocho murieron en el primero de los sucesos y otros más
posteriormente.
En el mes de noviembre de ese
mismo año, las autoridades de Ucrania impidieron el suicidio colectivo
de los seguidores de Marina
Tsvygun, quien afirmaba ser la reencarnación de Cristo. Fueron
arrestadas 779 personas en Kiev. El culto tenía en ese entonces
150 mil seguidores en la ex Unión Soviética y se llama La Fraternidad
Blanca.
terror religioso
El 20 de marzo de 1995, en Tokio,
Japón, Shoko Asahara ordenó a sus seguidores de la secta La Verdad
Suprema, colocar bombas con gas sarín neurotóxico en el sistema de
transporte del metro. El resultado: más de cinco mil intoxicados y
doce personas muertas. Seis semanas más tarde, los mismos adeptos de
La Verdad Suprema (Aum Shinrikyo en japonés) perpetraron un nuevo
atentado terrorista en otra estación. Afortunadamente hubo un retraso
en el mecanismo de la bomba y ésta pudo ser desactivada a tiempo. De
no haber sucedido esto, la mezcla de cianuro e hidrógeno que contenía
el artefacto explosivo hubiera privado de la vida en minutos a
aproximadamente 20 mil usuarios del tren subterráneo.
Los anteriores, son ejemplos
claros de lo que son y hacen algunas sectas destructivas
extremistas a nivel internacional, las cuales han llamado la atención
de especialistas y medios de comunicación por igual. Sin embargo, a
pesar de su popularidad, representan tan sólo la punta del iceberg.
Solamente en la Unión Americana algunos analistas calculan que existen
tres mil grupos que pueden ser clasificados como sectas
destructivas (Hassan, 1997). Cabe señalar que no todas tienen la
capacidad para provocar actos masivos de terrorismo como los que
realizó La Verdad Suprema, o propósitos de inducir suicidios
colectivos como lo hizo Jim Jones. Hoy por hoy, la violación, el
abuso sexual de menores, el daño patrimonial a través del fraude
organizado y la inducción de distintas enfermedades mentales son
algunas de las prácticas más comunes en que día a día incurren cientos
de grupos religiosos y pseudo
científicos que forman parte de una nueva patología social.
la necesidad de un marco de concientización para la
sociedad
Dicha problemática, que según
todos lo indicadores confiables llegó para quedarse y tiende a crecer
y a volverse más compleja, hace necesario tener un marco de
clasificación y metodología de análisis para concientizar
adecuadamente a la sociedad acerca de la existencia de esta innegable
realidad. El conocer las diferentes definiciones que se manejan en
este campo evitará que la sociedad, especialmente los medios de
comunicación, los líderes de opinión, y académicos poco
familiarizados con el tema, caigan en el extremo de catalogar
ligeramente como secta a cualquier agrupación, generando
a su alrededor un clima de intolerancia, rechazo y hostilidad.
Esto debe ser especialmente tomado
en cuenta, ya que tradicionalmente la palabra secta tiene una
connotación peyorativa en el sentido de herejía ideológica o
heterodoxia doctrinal (esto según la perspectiva de una u otra mayoría
religiosa y dependiendo del país que se trate). Sin embargo, la carga
semántica negativa de la palabra secta no sólo se ha hecho más
fuerte, sino cualitativamente distinta, a partir de 1978, año en que
ocurrió el ya citado suicidio colectivo encabezado por Jim Jones en
Guyana. Desde entonces, la opinión pública mundial comenzó a percibir
el significado de la palabra secta como una agrupación
antisocial, siniestra, de conducta fanática y peligrosa.
Es pues así, que hoy en día el concepto de secta trae a la
memoria de millones de personas, no sólo la noción de disidencia
religiosa doctrinal, tampoco el concepto más neutral de facción,
sino, sobre todo, y conforme pasa el tiempo, la idea anteriormente
descrita.
¿minorías religiosas o sectas?
En este contexto, el calificar
como secta a un grupo social conlleva una responsabilidad ética
importante, responsabilidad que no se puede descargar pertinentemente
sin un marco analítico correcto, ni repitiendo acríticamente los
epítetos y nombres que otros dicen sin entender realmente de lo que se
habla. En otras palabras, ¿por qué clasificar, o llamar sectarias
a unas organizaciones sí y a otras no? ¿Porque lo dice la mayoría?
¿Porque se les llama así en la televisión o en la radio? ¿Porque lo
dice el cura, el pastor, el intelectual de moda, o una u otra
institución que estudia el campo sociorreligioso? El periodista, el
analista, el profesionista, el padre de familia que llama secta
a un grupo simplemente porque oyó a alguien más clasificarlo así, no
sólo actúa en forma irresponsable y poco ética, sino que se convierte,
en ocasiones, en títere de intereses oscuros, en cómplice pasivo,
quizás, de antagonismos religiosos cuya profundidad no conoce, o de
los intentos de estructuras de poder por monopolizar las conciencias a
través de la descalificación a priori de otras opciones de
espiritualidad.
¿nuevos movimientos religiosos?
Otro extremo en el que se evitará
caer al tener un conocimiento preciso de las definiciones en este
campo, es el de intentar eliminar del lenguaje común el término
secta, o en su caso autocensurarse en cuanto a su uso. Hoy en
día, algunas corrientes ideológicas proponen precisamente esto, y
demandan que se utilice exclusivamente el término Nuevos
Movimientos Religiosos para referirse a cualesquiera
organizaciones minoritarias, independientemente de que constituyan o
no un peligro verificable para la sociedad.
preocupación por la intolerancia
Algunos de los proponentes de la
eliminación del término secta del lenguaje académico y
de los medios de comunicación, se hallan preocupados por encontrar un
término neutral, que no implique juicios de valor sobre las creencias
de uno u otro grupo, ya que esto puede estigmatizarlos socialmente. La
preocupación es ciertamente loable, ya que religiones mayoritarias en
diferentes partes del mundo, utilizan como arma la palabra secta
para descalificar por igual a minorías religiosas de toda índole, por
el sólo hecho de no conformarse a los dogmas populares o de las
religiones de Estado. Esto sucede hoy, por ejemplo, en países
islámicos, y ocurrió antaño en Inglaterra cuando la Iglesia oficial,
la Anglicana, persiguió a los cuáqueros. El abuso en el uso del
término secta, ciertamente puede crear un clima de
desconfianza, difamación y hasta de agresión en contra de
personas que pertenecen a minorías
religiosas. Más adelante se detallarán otras consecuencias.
Sin embargo, y por más noble que
sea la intención, los líderes de opinión, especialmente algunos
sociólogos, que pugnan, a veces histéricamente, porque se elimine la
palabra secta del ámbito de las clasificaciones, cometen en sus
planteamientos, errores elementales.
Primeramente, pasan por alto que,
aunque la palabra ha sido por mucho tiempo sinónimo de heterodoxia
intelectual, esta interpretación del concepto se ha restringido cada
vez más a los ámbitos religiosos. La realidad es que la sociedad
occidental en general, percibe cada vez más el término secta,
como representativo de conductas antisociales realizadas por
organizaciones engañosas que fomentan el fanatismo irracional y
espiritualizan el delito.
secta: ¿disidencia ideológica o conducta antisocial?
En otras palabras, la sociedad,
cada vez más secularizada y mediatizada, identifica frecuentemente la
idea de secta con organizaciones como La Verdad Suprema o
Koresh y compañía, más que con Wycliffe y sus lolardos, o bien
—desde el punto de vista de la presente administración del
Vaticano—con Leonardo Boff y sus propuestas teológicas
liberacionistas. Visto de esta manera, el énfasis está sobre todo en
el extremismo y en la conducta antisocial, aunque se considere que en
muchos casos ésta tenga una motivante religiosa. En este contexto,
antropólogos, sociólogos, psicólogos clínicos y especialistas médicos,
han aportado al campo del conocimiento científico
definiciones claras y actuales de
lo que constituye o no una secta, acompañadas de
criterios rigurosos para su clasificación.
A continuación exponemos
esquemáticamente las principales definiciones del término secta
con un breve análisis de cada una.
definiciones y metodología de análisis
i. definición lingüística
De acuerdo con una definición
estrictamente lingüística, la palabra secta (del latín secta)
quiere decir “Doctrina enseñada por un maestro y seguida por sus
adeptos. Particularmente la doctrina y el conjunto de sus adeptos”
(Moliner, 1988: 1121).
Ésta es una definición que por
general y literalista prácticamente se utiliza muy poco, ya que es
demasiado amplia, pues cataloga como secta a cualquier ideología,
política, social, religiosa, filosófica, etc., junto con sus
seguidores. Ésta podría incluir, por ejemplo, a cualquier religión,
partido político, o partidarios de la filosofía de Kant, Marx o el
psicoanálisis de Freud.
ii. definición histórico-lingüística
Secta: “Doctrina religiosa (y
sus adeptos), que se aparta de la tradicional u oficial”.
(Moliner, 1988: 1121).
Ésta es una definición lingüística
de uso cultural que se desarrolló a través de la historia de la
civilización occidental. Se hizo especialmente popular con el dominio
cultural del Catolicismo Romano en Occidente, y en el Oriente con la
Iglesia Ortodoxa.
Conforme el tiempo pasó y la
cristiandad llegó a ser dominante en el mundo occidental, la palabra
adquirió una carga peyorativa
fuerte: los heréticos, los perversos doctrinales, los
enemigos de la ortodoxia confesional establecida, eran denominados
secta. De hecho, la etimología griega haíresis, de la cual
deriva originalmente el concepto a las lenguas romances, tiene
relación con las nociones de herejía y de facción.
criterios arbitrarios
Esta definición es, evidentemente,
muy limitada, pues se enfoca exclusivamente en el aspecto religioso y
constituye un criterio relativamente arbitrario para hacer
clasificaciones, pues como se vio, según la definición de uso
cultural, secta es: “Una doctrina religiosa (y sus adeptos) que se
apartan de lo tradicional u oficial”. Así, todo lo que no sea
religión mayoritaria o popular, se considerará secta,
dependiendo de la cultura y su tradición religiosa. O de la religión
oficial reconocida por el Estado, dependiendo del país, región, y aun
de la época. Algunos ejemplos de esto son los siguientes: hay países
islámicos en los que las minorías religiosas son en ocasiones
catalogadas como sectas. En Rusia, los católicos romanos son
llamados así por algunos sectores de la Iglesia Ortodoxa. En
Inglaterra, los puritanos y los cuáqueros fueron considerados
sectas en siglos pasados por la Iglesia Anglicana. En países
budistas e hinduistas, las religiones distintas se llegan a considerar
y denominar sectas.
En esta definición, se transfiere
completa a las minorías religiosas que se etiquetan así la connotación
negativa que dicho término ha acumulado a través de la historia.
Recordemos, sin embargo, que el valor simbólico negativo de la palabra
secta, actualmente, abarca no sólo la idea de “error doctrinal”
sino sobre todo, desde hace poco más de dos décadas, se asocia
a grupos de conducta peligrosa y antisocial.
el uso de la palabra
secta
como arma
En este contexto, la palabra
secta se usa como arma para descalificar a priori a
“los otros”, los de ideología religiosa diferente, indistintamente de
que su trayectoria social sea inocua o hasta
positiva. Asimismo, se utiliza como
falacia de etiqueta, y coloca un estigma que fomenta
la intolerancia religiosa, y evita a las religiones tradicionales
mayoritarias —o de Estado— el trabajo de refutar con argumentaciones
serias, las posturas ideológicas de otros grupos que tienen el mismo
derecho de ejercer la libertad de creencia y propagar sus propuestas.
Esta definición histórico-cultural
es la más utilizada en México, a nivel popular y en la mayoría de los
medios de comunicación. Su uso es fomentado especialmente por sectores
intolerantes de la jerarquía católica y ha sido, en buena medida,
asimilada pasivamente por la sociedad.
Aquí cabe señalar que el nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, que representa la posición
oficial del Vaticano actualmente, no califica como sectas a las
grandes religiones históricas como el budismo, el judaísmo o el Islam.
Las llama “religiones no cristianas”. Tampoco denomina sectas a las
iglesias Protestante, Anglicana u
Ortodoxa Oriental. Los antes llamados herejes y sectarios,
pasaron posteriormente a ser “los
hermanos separados” y hoy el Vaticano, en aras del esfuerzo
ecuménico, los denomina simplemente iglesias y cristianos (Catecismo
de la Iglesia Católica:195-202)
.
iii. definición teológica
El doctor en Religiones
Comparadas, W. Martín propuso la siguiente acepción teológica de la
palabra secta. “Una secta es un grupo de personas polarizadas
alrededor de la interpretación particular que alguien hace de la
Biblia, que incurre en grandes desviaciones con respecto a las
doctrinas primordiales de la fe cristiana...” (McDowell, 1988:11).
Ésta
es una definición utilizada sobre todo en el ámbito cristiano nominal.
Toma como punto de referencia para hacer clasificaciones las bases
teológicas de las creencias. No considera la antigüedad ni la cantidad
de miembros, ni el reconocimiento oficial que en un país determinado
pudiera tener una organización religiosa.
pros y contras
La definición teológica es válida
como instrumento de crítica dentro del ámbito religioso y
denominacional y tiene pautas académicas y doctrinales bien definidas
para hacer clasificaciones precisas. También provee un mecanismo
legítimo para alertar a las personas acerca de grupos religiosos que
se autodenominan cristianos, sólo para ganar aceptación social y hacer
prosélitos, mientras que ideológicamente no se apegan a las doctrinas
cristianas históricas, e inclusive inculcan ideas totalmente
contrarias.
Estrategias de proselitismo
como éstas son definitivamente objetables. Si se analizan con cuidado,
son éticamente equivalentes al fraude a través de una especie de
usurpación de personalidad. Esto viola el derecho al que tiene
cualquier persona a la información, para poder decidir en condiciones
equitativas su postura ante una determinada propuesta religiosa.
el mormonismo: un ejemplo de proselitismo
poco etico
Veamos por ejemplo el caso del
mormonismo, una religión que al presente ha corregido conductas
sociales peligrosas que practicó a nivel cupular en sus inicios
(adulterio poligámico legalizado, fraude, sedición e incitación al
terrorismo, entre otros ejemplos). A pesar de dichos cambios, el
mormonismo aún se adhiere a formas poco éticas de proselitismo al
ostentarse como una religión cristiana. Una de las creencias básicas
del mormonismo es el politeísmo mientras que, en cualquiera de sus
variantes, el cristianismo es esencialmente monoteísta. El mormonismo
es realmente una religión sincretista que incorpora elementos clásicos
del espiritismo, ocultismo y politeísmo envueltos con una nomenclatura
cristianizada.
El mormonismo, como cualquier otra
religión, tiene libertad para difundir sus creencias, pero al mismo
tiempo la gente tiene derecho a saber, antes de decidir
ingresar a dicha religión, cuáles son sus creencias reales,
incluida la historia de la organización (esta última suele ser
ocultada o maquillada cuidadosamente especialmente en lo referente a
las relaciones adultero-polígamas de su fundador, Joseph Smith, con
más de 80 mujeres, algunas de ellas esposas de sus seguidores). El
mormonismo tiene la libertad de difundir sus creencias, sin embargo,
otros sectores sociales tienen derecho a la libertad de expresión para
criticar el ocultamiento deliberado de información y el hecho de que
esta religión trate de obtener aceptación social utilizando una
fachada cristiana, cuando en realidad promueve una religión
politeísta. Aquí es importante remarcar que la libertad de creencia no
ampara contra la crítica pública cuando se engaña deliberadamente a la
sociedad. Junto con la libertad de creencia, coexisten también la
libertad de expresión y el derecho a la información.
Éste es sólo un ejemplo de la
aplicación académica de la definición teológica de secta, y parte de
la ética que justifica su uso como instrumento de crítica en el ámbito
religioso.
iv. definición socio-jurídica
El investigador español José
Rodríguez, quien ha sido asesor sobre el tema de las sectas para
diversas comisiones de gobiernos europeos, ha definido así el
concepto, retomando el término secta destructiva que acuñó el
psicólogo social hispano Álvaro Rodríguez:
“Una Secta Destructiva (SD)
será todo aquel grupo que en su dinámica de captación y/o
adoctrinamiento, utilice técnicas de persuasión coercitiva que
propicien:
·
“La destrucción
(desestructuración) de la personalidad previa del adepto o la dañen
severamente.
·
“El que, por su
dinámica vital, ocasione la destrucción total o severa de los lazos
afectivos y de comunicación afectiva del sectario con su entorno
social habitual y consigo mismo.
·
“Y, por último,
el que su dinámica de funcionamiento le lleve a destruir, o conculcar,
derechos jurídicos inalienables en un estado de derecho”
(Rodríguez, 1989:31).
Esta definición toma como punto de
referencia para su clasificación la conducta social. Hace énfasis muy
particularmente en aquellos comportamientos grupales que dañan a la
sociedad, que violan los derechos humanos y que destruyen a la persona
que es captada por una organización. Una secta es, según la definición
sociológica de Rodríguez, cualquier organización que propicie esto,
independientemente de su ideología, antigüedad, popularidad o número
de miembros.
Esta definición tiene la ventaja
de que no se circunscribe al ámbito religioso, pues abarca
incluso a subgrupos políticos, psicoterapéuticos, pseudo científicos,
culturales, etcétera.
La distinción destructiva,
añadida al vocablo de sectas, puede ayudar a diferenciar a
aquellos grupos que encuadran, por ejemplo, en las definiciones
teológicas, pero que no muestran una conducta antisocial o
peligrosa, de aquellas organizaciones que sí lo hacen.
el sectarismo: ¿un problema de adicción?
Rodríguez, quien ha sido profesor
de sectarismo en la maestría de adicción a las drogas que auspicia la
Universidad Complutense de Madrid, hace un fuerte énfasis en factores
como el entorno social y la susceptibilidad individual para explicar
la captación y dependencia sectaria (Rodríguez, 2000). De hecho,
equipara la pertenencia a sectas destructivas con patologías sociales
como la adicción a las drogas y el alcoholismo. Para Rodríguez,
el papel de las estrategias coercitivas y explotativas de la secta
destructiva per se no juegan un papel tan relevante como en los
análisis de los psicólogos clínicos y sociales más reconocidos.
v. definiciones de la psicología social
Michael Langone, doctor en
Psicología Clínica y editor de una de las más prestigiadas revistas
científicas que estudian el fenómeno de las sectas, define así el
concepto que analizamos:
“Secta es un grupo o
movimiento, que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o
cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y
controlar (a sus adeptos); diseñadas para lograr las metas del líder
del grupo; trayendo como consecuencias actuales o posibles, el daño a
sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general”
(Langone, 1988:1).
Langone añade después:
“Dado que la capacidad para
explotar a otros seres humanos es universal, cualquier grupo puede
llegar a convertirse en una secta. Sin embargo, la mayoría de las
organizaciones institucionalizadas y socialmente aceptadas, tienen
mecanismos de auto-regulación que restringen el desarrollo de
grupúsculos sectarios”
(Langone, ibíd.).
ventajas de esta definición
Esta definición toma como punto
principal de referencia la conducta psicosocial (no las
bases teológicas, la tradición, o la aceptación oficial del Estado,
etc.). Es un concepto similar al netamente sociológico y tiene las
siguientes ventajas.
·
Es amplia. Estudia
cualquier tipo de organización social, no sólo las religiosas, y
analiza particularmente los mecanismos psicológicos de manipulación
grupal que utiliza una organización para reclutar y mantener su
membresía.
·
Clasifica con base en hechos
observables y comprobables.
·
Responsabiliza a las
organizaciones de su manera de interactuar con la sociedad y ofrece
simultáneamente la oportunidad de que un determinado grupo corrija su
conducta y se adapte socialmente, retirándose de tal clasificación, si
hace los cambios necesarios.
·
Elimina la posibilidad de que un
grupo se escude en la ortodoxia de su credo, en la cantidad de sus
miembros o en su trayectoria histórica, para cometer ilícitos.
daño y manipulación: perspectivas
El concepto del Dr. Langone
considera en particular el daño, potencial o actual, que se causa a
los individuos al involucrarse en una organización determinada (en
otras palabras, lleva implícita la noción de secta destructiva).
La existencia o no de la
explotación, de la falta de ética y transparencia al proselitar, los
mecanismos internos de autorregulación y la presencia de técnicas
psicofisiológicas de manipulación, son las variables que se examinen a
fondo antes de catalogar como secta o cult (en inglés) a una
organización.
Aunada a su marco metodológico de
análisis, ésta es una de las definiciones seculares más respetadas en
el ámbito de los investigadores internacionales; sin embargo, tiene
algunos puntos débiles, por ejemplo:
·
Puede resultar difícil definir qué
es una devoción excesiva.
·
Se necesita conocer muy
bien y aplicar rigurosamente sus criterios de análisis para no
etiquetar injustamente a una organización como secta.
·
Los parámetros son muy técnicos y
especializados, y por lo tanto poco accesibles para la mayoría de las
personas, incluso profesionistas.
steve hassan: el enfoque empírico
Steve Hassan, maestro en
psicología por el Cambridge College, fue miembro de los moonies
por mucho tiempo. Actualmente tiene años de experiencia como asesor
internacional y consejero sobre el tema de las sectas destructivas.
Hassan combina elementos
empíricos, que provienen de su pasada vivencia en la secta Moon, su
amplia experiencia en tratar pacientes provenientes de movimientos
religiosos extremistas, y criterios de las ciencias sociales y la
psicología clínica para definir como secta destructiva a cualquier
grupo (religioso o no) que utilice técnicas de control psicológico
para suprimir la personalidad e inhibir el juicio crítico y la
libertad de decisión. Establece cuatro criterios para detectar la
manipulación mental.
1)
Control de la
conducta.
2)
Control de la
información
(tanto de aquella que las personas tienen derecho a saber antes de
ingresar a un grupo, como de información “del exterior”.
3)
Control de las
ideas.
4) Control de las emociones
(Hassan 1997:2).
vi. aportaciones de la psicología clínica
Por su parte, la Dra. Margaret
Singer, psicóloga clínica y profesora emérita de la Universidad de
California en Berkley, nos ofrece una definición bastante similar a la
de Langone. La misma se basa también en el comportamiento, no
en las creencias de un grupo. En su obra clásica, analiza seis
puntos bastante sofisticados para definir las técnicas de persuasión
psicofisiológica que utilizan las sectas (Ofshe y Singer, 1986).
Una aportación nueva y valiosa de
la Dra. Singer es que la secta en sí es constituida básicamente por
la estructura jerárquica y de poder de la organización, no
necesariamente por los adeptos o miembros regulares en sí.
vii. definiciones de la ciencia médica
El Dr. Robert Lifton, eminente
psiquiatra y sociólogo, definió en su obra La reforma del
pensamiento y la psicología del totalitarismo ocho criterios para
detectar los legendarios lavados de cerebro que inmortalizaron
algunos filmes de guerra. Su investigación inicial se basa en las
técnicas utilizadas sobre los presos políticos durante el régimen
dictatorial de Mao, en China, para convertirlos bajo coerción a la
ideología comunista (Lifton, 1989).
Actualmente, muchos médicos,
psicólogos clínicos y sociólogos, toman estos criterios como
referencia para identificar si un grupo religioso o de otra índole,
instrumenta medidas coercitivas para manipular la conducta de sus
adeptos a través de una estrategia graduada de “reforma de
pensamiento”. La utilización de estas técnicas de coerción
psicológica constituye para muchos especialistas, hoy en día, el
criterio clave para llamar secta a una determinada agrupación.
Secta, esto es, desde la perspectiva de la sociología médica.
los ocho criterios de lifton
A continuación se enumeran,
resumen y ejemplifican los criterios del Dr. Lifton, aplicados al
ámbito de las agrupaciones religiosas:
1.
Control de la
atmósfera social y de la comunicación humana.
Esto implica coartar la comunicación entre los seres humanos a
los que se desea controlar. Incluye
obstaculizar la comunicación del individuo consigo mismo
(por ejemplo, al evitar que éste cuente con tiempo libre para la
reflexión personal).
2.
Manipulación mística.
Se construyen premeditada-mente atmósferas
“espirituales” que parecen
espontáneas, pero que en realidad son artificiales y están
planeadas y estudiadas para producir un efecto. La gente
interpreta este efecto como una “experiencia espiritual”, al
ignorar que fue una situación prefabricada.
3.
Redefinir el
lenguaje.
Controlar las palabras sirve para controlar las ideas de las personas.
Se adoctrina con conceptos simplistas. Por ejemplo, clichés
que tienden a desalentar más que alentar el uso de la razón. (V.g.
“nadie puede utilizar su razón para alcanzar la iluminación”;
“Sólo los elegidos pueden entender lo que sucede al interior de
nuestra agrupación”).
4.
La doctrina es más importante que la persona.
No importa lo que un ser humano esté experimentando en
la realidad, la
creencia en el dogma es lo más importante. La creencia del grupo
rebasa la conciencia individual y la integridad, en cuanto a
comprobar resultados. Un ejemplo se da cuando algún grupo proclama que
Dios ha realizado milagros de sanidad, pero se niega a hacer las
verificaciones científicas pertinentes. Puede ser, incluso, que
una persona esté gravemente enferma y se asegure que no importa lo que
se vea, ya está sana. Es más importante sostener el dogma que
el bienestar de las personas y atender a lo que indica la realidad.
5.
La ciencia
sagrada.
Doctrina con el absoluto científico y moral. El dogma es
incuestionable.
6.
El culto a la
confesión.
Manipulación de la confesión pública para
romper los límites
personales. Restricciones o prohibiciones a la privacía personal.
Por ejemplo, la confesión de faltas o problemas tiene usos y
limitaciones bien definidas tanto en el ámbito terapéutico como en el
eclesiástico. En este caso, se abusa de su uso para denigrar y
controlar a las personas a través de la información obtenida. Se
intenta borrar la individualidad para controlar a las personas en
masa.
7.
Demandas de pureza inalcanzables.
Estándar inalcanzable de perfección
para crear culpabilidad y vergüenza
en los adeptos. La gente es castigada y enseñada a
autocastigarse por no llegar a un ideal que de inicio es imposible
alcanzar.
8.
La dispensación
de la existencia.
El grupo decide quién tiene derecho a existir y quién no. No hay
ninguna alternativa legítima, sino sólo el pertenecer a esa
organización en particular. En regímenes gubernamentales totalitarios,
esta idea es lo que “justifica” la ejecución de disidentes políticos.
Los
anteriores mecanismos de manipulación tienen efectos bien estudiados,
tanto psicológicos como en la bioquímica cerebral, para crear estados
de inhibición del razonamiento y alta sugestibilidad para controlar la
conducta de individuos y comunidades.
Robert Jay Lifton, probablemente el especialista más
importante en manipulación y grupos totalitarios hoy en día, ha
confirmado la validez de su modelo de “reforma del pensamiento” para
estudiar grupos religiosos. En 1999, publicó un amplio análisis sobre
la secta japonesa La Verdad Suprema, un libro científico rigurosamente
investigado sobre sectarismos radicales y sus peligros para un mundo
globalizado. De acuerdo con sus conclusiones, lo que llama guruísmo
—el endiosamiento explícito o implícito de un líder religioso— es
una constante, además del autoritarismo y los ocho criterios ya
descritos, en movimientos sectarios contemporáneos extremistas y
violentos. El libro del profesor Lifton, Destroying the World to
Save it: Aum Shinrikyo, Apocaliptic Violence, and the New Global
Terrorism, se plantea una definición equivalente a secta
destructiva basada en esos parámetros. Así, se clasifica como
cult a cualquier agrupación religiosa:
a)
Cuyo líder esté en un estado práctico de
“endiosamiento”.
b)
Que practique los ocho criterios de
reforma del pensamiento.
c)
Que explote a sus seguidores.
El contenido y ortodoxia doctrinal quedan al margen
como criterios valorativos según estos parámetros.
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