SECTAS DESTRUCTIVAS: UN
ANÁLISIS CIENTÍFICO
Dr Jorge Erdely, Editor.
©2003,
PUBLICACIONES PARA EL ESTUDIO
CIENTÍFICO
DE LAS RELIGIONES
______________________________________
Índice
Prefacio del editor
Agradecimientos
Capítulo Uno
Sectas Destructivas: Definiciones y Metodología de
Análisis.
Dr. Jorge Erdely
Capítulo Dos
Milagro, Misterio y Autoridad: El Triángulo del
Adoctrinamiento Sectario.
Dr.
John Hochman
Capítulo Tres
Sectas Contemporáneas, Imagen Utópica, Realidad Infernal.
Dr. Louis Jolyon West
Capítulo Cuatro
Trastorno por Estrés Postraumático
en Víctimas de Sectas Religiosas Destructivas.
Dr. Jorge de la Peña
Capítulo Cinco
Iglesias, sectas y nuevos movimientos religiosos
Dr.
Elio Masferrer
Capítulo Seis
Las sectas y los jóvenes: estrategias de proselitismo y grupos de
riesgo.
Dra. Margaret Thaler Singer
Capítulo Siete
La importancia de la investigación científica en el ámbito de las sectas
Dr. Michael D. Langone
Capítulo Ocho
veinticuatro Años Después de
Jim Jones y Guyana: ¿Qué hemos
aprendido?
Dr. César
Mascareñas
___________________________________________________
Prefacio del editor
El título
de éste libro refleja con fidelidad lo que el lector encontrará en sus
páginas —y de cierta manera, lo que no hallará—. Su publicación responde
a un deseo de contribuir a llenar un vacío de información, en lengua
española, sobre las sectas contemporáneas, vistas desde la perspectiva
de la investigación en las ciencias médicas y de la conducta humana. Por
ello, los textos que se presentan en esta edición se enfocan en las
dimensiones analíticas, más que en las aristas exóticas y las
etnografías extensas de organizaciones sectarias en particular.
Al estudiar el fenómeno que nos ocupa, es notorio que uno de los
principales puntos de convergencia entre connotados especialistas de
distintas disciplinas, es su esfuerzo por centrar la atención de la
investigación científica en la praxis o conducta de las
organizaciones conocidas como sectas. Entre la variada gama de
comportamientos que se presentan en dichas organizaciones, los de mayor
impacto social son aquellos que derivan en daño cuantificable a las
personas y en violaciones a los derechos humanos. De allí, pues, la
primera parte del título de este libro: Sectas destructivas.
La naturaleza polémica del término secta, las ideas que evoca en
el imaginario colectivo del mundo hispanohablante, el abuso y la
ignorancia con que a menudo se utiliza, su capacidad para estigmatizar y
provocar intolerancia, y por otra parte la necesidad de contar con
términos que describan adecuadamente realidades sociales, hacen
necesario que una parte considerable de este libro se dedique a explorar
diferentes definiciones y criterios metodológicos en los que éstas se
basan. Dicho quehacer, que al lector poco familiarizado con este tema
podría parecerle quizás árido, es, en realidad, todo lo contrario. Las
distinciones semánticas son cruciales para entender la materia, y los
marcos teóricos que utilizan diferentes disciplinas para estudiar a las
sectas contienen una riqueza conceptual imprescindible para acercarse
inteligentemente al fenómeno y profundizar más allá de la opinión de
gacetilla.
El resto del contenido de este libro lo ocupan temas relacionados
e insoslayables: modelos analíticos contemporáneos, métodos de
investigación, aspectos clínicos, estadísticas y contextos culturales,
por mencionar algunos.
Dadas su complejidad y amplitud, el tratamiento de la temática de las
sectas destructivas como un todo, debe ser necesariamente introductorio.
Y éste es precisamente uno de los propósitos de nuestro texto: poner al
lector de habla hispana en contacto con ensayos y trabajos de
investigación básicos, realizados por autores contemporáneos reconocidos
—algunos traducidos a nuestro idioma por primera vez—, y en ese trayecto
abrir una panorámica conceptual y factual de los ámbitos de la
investigación que faciliten acceder, de manera informada, a más
conocimiento, dependiendo de los intereses y/o necesidades particulares
del lector.
El artículo del profesor John Hochman, publicado originalmente en inglés
en Psychiatric Annals, ha venido a convertirse en un clásico para
entender los mecanismos de coerción que ejercen las agrupaciones
religiosas totalitarias. Su enfoque en “Milagro, misterio y autoridad”[i]
subraya la necesidad del quehacer interdisciplinario para entender
fenómenos complejos como los procesos de adoctrinamiento en sectas
destructivas. Hochman, psiquiatra, hace una ampliación del modelo de
análisis de Heller para estudiar sistemas políticos totalitarios. Su
objetivo es definir lo que es realmente una secta e inteligir los
procesos estructurales de manipulación de información a su interior.
Hochman es exigente. Para él, no cualquier organización califica como
secta. En su búsqueda de los elementos que constituyen una, hace
distinciones críticas entre subculturas, organizaciones diversas y
grupos con tendencias sectarias hasta llegar a su meta. Y a su arribo,
nos ofrece un ejemplo extremo y paradigmático como poderosa ilustración
de su tesis: Jim Jones y El Templo del Pueblo.
El análisis de Hochman es profundo pero su presentación clara y
sencilla. Su modelo analítico es una síntesis de teoría política y
psiquiatría. El autor define sus conceptos con precisión y es
categórico, pero está lejos de creerse infalible. El hecho de que —a
semejanza del legendario neuropsiquiatra Louis J. West— acuda fuera de
su disciplina y de las limitaciones del organicismo para tratar de
entender lo que ocurre al interior de una secta, refleja más bien
humildad académica. Esa actitud contrasta con el arrogante reduccionismo
maniqueo de quienes pretender hacer de la propia disciplina el
observatorio sine qua non del Universo. Así, en “Milagro,
misterio y autoridad” Hochman acude a la teoría política y a la
psicología, pero también a la literatura —en este caso a Dostoyevsky—,
buscando comprender un fenómeno complejo. El autor piensa y se arriesga:
se equivoca con respecto a Gorbachov, acierta al prever un incremento
de sectarismo apocalíptico y violento, pero sobre todo, articula un
modelo analítico coherente que ayuda a entender el enigmático hechizo
con que la secta logra cautivar a sus adeptos.
El Dr. Louis J. West se formó en la misma disciplina que Hochman: las
ciencias médicas y la psiquiatría. Sin embargo, los separan en edad
varias décadas y la consiguiente experiencia clínica. Eso explica en
parte la diferencia en estilo y contenido entre los ensayos que
reproduzco de ambos. El profesor West, prolífico autor e investigador en
ámbitos tan variados como los efectos de las drogas en la mente humana y
los programas de coerción ideológica contra prisioneros de guerra, no
trata en su ensayo ni de mecanismos psicológicos ni clasificaciones. Eso
lo ha hecho ya en un cúmulo de trabajos publicados a lo largo de más de
dos décadas. Una de sus aportaciones teóricas más significativas y
conocidas es la tesis de la pseudo identidad[ii].
Para West, cuando una persona es sujeta a un proceso de técnicas
coercitivas de reforma del pensamiento, el resultado es la formación de
una pseudo identidad por mecanismos disociativos, la cual se mantiene
sólo en tanto que el síndrome de dependencia, miedo y engaño (DDD, por
sus siglas en inglés), persista. En el ámbito del totalitarismo
político, el ejemplo clásico es el del prisionero de guerra que es
forzado a aceptar la ideología rival. La “conversión” es sólo aparente y
desaparece luego de un tiempo al cambiar a un entorno distinto. El
célebre caso de Patricia Hearst sería un ejemplo paradigmático para
West.
Pero cuando West escribió Sectas, imagen utópica, realidad infernal
[iii],
su interés era enunciar las distintas fuerzas y entidades sociales que
se coluden para propiciar un clima de impunidad para que organizaciones
religiosas delictivas —o simplemente nocivas— operen sin rendir cuentas
a los ciudadanos. Esta preocupación es congruente con la larga
trayectoria del Dr. Louis J. West como defensor de los derechos humanos,
la democracia, y las libertades civiles. Miembro de la liberal ACLU[iv],
West fue el primer psiquiatra blanco de su país que colaboró para
terminar con el apartheid en Sudáfrica, viajando para atestiguar
en favor de varios presos negros. Eventualmente llegaría a ser el
legendario experto forense seleccionado por las cortes estadounidenses
para examinar al asesino de Lee Harvey Oswald, Jack Rudy, y a Patricia
Hearst, la joven secuestrada por el Ejército de Liberación Simbionés —un
grupo guerrillero sectario—, y quien finalmente se convirtió en
asaltante de bancos en favor de la causa de sus captores, renegando de
la sociedad opulenta en la que fue criada.
Mucho del valor del trabajo del Dr. West en su estudio de las sectas
destructivas se debió en gran parte a su particular perspectiva
diacrónica y privilegiada ubicación geográfica. West tuvo la oportunidad
de realizar sus investigaciones a través de casi cuarenta años. Comenzó
en los Estados Unidos precisamente durante los sesenta y setenta, en
medio del primer boom de grupos extremistas. En ese entonces, las
sectas más controversiales eran la agresiva Dianética, los Hare Krishna
—acusados en aquel entonces de posesión de armas y tráfico de
drogas—; los moonies, aún en su versión comunal; los Niños de
Dios, que reclutaban adeptos a través de la prostitución sagrada, y
otros igualmente polémicos.
Cuando West escribió para The Center Magazine el ensayo que se
reproduce aquí traducido al español, era ya, además de académico y
activista, un intelectual connotado. The Center Magazine fue por
muchos años la prestigiosa publicación del Center for the Study of
Democratic Institutions, un lugar de intenso diálogo y discusión
interdisciplinaria, dependiente de la Universidad de California, para la
promoción de las libertades y la democracia. Por allí desfilaron a
través de los años personalidades como el activista por los derechos de
los trabajadores agrícolas, César Chávez; el psicólogo Adler, y Aldoux
Huxley.
West, el psiquiatra, el experto en estrés postraumático y colaborador de
la Enciclopedia Británica escribió, pues, este texto, como
intelectual, cuando se hallaba en el pináculo de su carrera. Para ese
entonces, era director del Instituto de Neuropsiquiatría, así como del
Departamento de Psiquiatría, en la Escuela de Medicina de la Universidad
de California, Los Ángeles, aunque siete años después se retiraría. Así
que plasmó su ensayo con el desenfado del intelectual. En el se dedica a
exhibir complicidades. West critica a los políticos y a la política, a
los medios, a los juristas y a los jueces de su época, a la sociedad
pasiva, a los intelectuales de escritorio que sin haber hecho estudios
de campo sobre las sectas ni tener experiencia clínica con víctimas,
defienden por esnobismo ideológico, en nombre de la libertad, a
organizaciones que a su amparo cometen delitos y esclavizan cuerpos y
mentes. Y critica, sobre todo, a las grandes iglesias y denominaciones
de su país, las cuales, paradójicamente, se alían por estrategia con los
intereses de las sectas destructivas para impedir que se pasen leyes que
pudieran afectar la confidencialidad de los manejos financieros de
cualquier entidad llamada religiosa.
Y en esto West, con los anteojos del visionario, se anticipó al papel
crucial que jugaría el dinero, el manejo de los fondos por los grandes
consorcios religiosos internacionales, en el nuevo milenio, categoría y
fenómeno que engloba hoy lo mismo temas tan variados como los acuerdos
legaloides de la Iglesia Católica para comprar silencio de víctimas de
sacerdotes pederastas en Estados Unidos, que el financiamiento global de
grupos extremistas como Al-Qaeda y las millonarias inversiones de la
secta Moon en Latinoamérica.
Elio Masferrer, antropólogo e investigador, es un especialista en
religión y política que casi no requiere de presentación para los
lectores latinoamericanos. Su labor es reconocida en países como México,
Perú y Argentina, donde, asimismo, ha realizado estudios en antropología
e historia. El aporte del Dr. Masferrer a este volumen es un texto que
combina perspectivas de autores clásicos de la sociología de la religión
como Weber, Niebuhr y Troeltsch, con autores contemporáneos como
Campiche y Mayer. El análisis[v]
inicia con el examen de la influencia y esfuerzos de la jerarquía
católica por definir para la sociedad el concepto de secta
y perpetuar estereotipos y teorías conspirativas, para mantener su
hegemonía política y cultural ante el avance del pluralismo religioso en
Latinoamérica. De allí, el autor revisa tipologías
histórico-sociológicas y explora el tema de los Nuevos Movimientos
Religiosos. Además de su larga experiencia como etnólogo, el profesor
Masferrer incorpora conceptos de investigadores como Marion Aubrée, en
Brasil, y otros autores latinoamericanos. Con ello, permite una
necesaria contextualización cultural del fenómeno de las sectas. El
artículo de Masferrer, quien es presidente de la Asociación
Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, representa, en aras
de la perspectiva multidisciplinar de este libro, a la antropología.
Jorge De la Peña, médico y profesor de psicología social, es otro autor
latinoamericano cuya amplia experiencia clínica con refugiados,
exiliados políticos, y posteriormente con ex miembros de sectas, le ha
llevado a remarcar la importancia de estudiar mejor la entidad
nosológica denominada trastorno por estrés postraumático, síndrome que
se presenta a menudo en pacientes provenientes de ambos ámbitos. Su
artículo hace una presentación accesible de las características de dicho
trastorno y distinciones críticas para el diagnóstico diferencial. Trata
asimismo con las características psicológicas de los liderazgos
sectarios que pueden inducir esas y otras patologías. De particular
interés para los especialistas clínicos, así como para los estudiosos
del ámbito de la salud pública, son las implicaciones de la trasmisión
de psicosis vía relaciones estructurales líder-feligresía a través de
cuadros como el trastorno psicótico compartido. El Dr. De la Peña es
miembro activo de Amnistía Internacional y consultor del Instituto
Internacional de Derechos Humanos de la ONU.
El Dr. César Mascareñas, coautor junto con De la Peña de un reciente
trabajo científico sobre fanatismo religioso y neurobioquímica,
complementa la dimensión clínica con una puntual entrevista exclusiva
con la profesora Margaret Singer[vi],
cuya presentación corre a cargo de él mismo en el capítulo
correspondiente. Singer no es socióloga, sino psicóloga. Ha entrevistado
y aún brindado tratamiento a miles ex miembros de sectas, incluidas
algunas de carácter extremista como El Templo del Pueblo, en Guyana, y
Heaven’s Gate. Por ello, es la suya, la voz de alguien que ha combinado
la formación teórica en su disciplina y la docencia como profesora
emérita de la Universidad de California en Berkeley, con una amplia
experiencia clínica. La empatía, que es a menudo signo de genuina
vocación, la hace ser intensamente práctica en su enfoque. Este
refrescante rasgo aflora no sólo en la entrevista con Mascareñas, sino
también en otro artículo de Singer que he titulado “Las sectas y los
jóvenes”, traducción de un capítulo sobre el tema, rescatado de un libro
de texto médico: Comprehensive Adolescent Health Care
[vii].
Colega de profesión de la Dra. Singer es Michael D. Langone, editor por
muchos años del Cultic Studies Journal
[viii].
Ambas, la naturaleza de su labor al frente de una prestigiada revista
especializada con un distinguido comité editorial, y su interés por los
aspectos teóricos de la investigación, hacen que Langone, pionero en
este ámbito, sea técnico en su presentación. Esto, sin embargo, no
significa que sea menos claro si se lee con atención.
El capítulo del Dr. Langone presenta cuidadosamente los distintos retos
que hay para conducir investigación científicamente válida en el ámbito
de las sectas, y para interpretar lo que se publica al respecto como tal[ix].
Langone expone asuntos como los prejuicios y la subjetividad del
investigador, los estudios amañados de origen, el romántico lobby
pro sectas coercitivas, que se financia con recursos de las mismas sin
informar al público, hasta problemas con los métodos de muestreo y el
diseño adecuado de instrumentos de medición en el campo del estudio
cuantitativo. El artículo permite al lector de literatura científica
sobre sectas —especialista o no— vislumbrar lo que a menudo ocurre tras
bambalinas en el ámbito académico. “No todo lo que brilla es oro”, reza
el antiguo adagio popular. Así, no todo lo que se etiqueta como
investigación científica lo es y, a menudo, aun lectores con formación
profesional fallan en detectar errores metodológicos elementales que
invalidan lo mismo conclusiones que información factual. Considero que
serán de particular interés para los lectores varias de las estadísticas
que presenta Langone —y los
contrastes entre ellas— sobre frecuencia, tipo y magnitud de daño a
personas en sectas, así como las muchas referencias bibliográficas del
artículo.
Termino este prefacio con una breve semblanza del artículo de mi autoría
que he incluido como primer capítulo en este libro. Como se ha
mencionado en una edición previa del mismo, publicada por separado, la
esencia es una ponencia que presenté sobre el tema en la Escuela
Nacional de Antropología de Historia (ENAH), el 25 de septiembre de
1997, en la ciudad de México.
Una versión se publicó dos meses después en una revista especializada[x]
y ésa, a su vez, se revisó, actualizó y amplió para publicarse en el
volumen que nos ocupa. Los objetivos de dicho texto continúan siendo los
mismos: a) plantear la naturaleza polisémica del término secta,
cuando se define según distintas disciplinas, organizaciones y autores;
b) contrastar esa naturaleza con las percepciones populares unívocas en
Occidente, construidas en gran parte por los medios de comunicación, y
c) la pertinencia o no de utilizar el término secta y algunas
propuestas a favor y en contra. Ésta es, de manera somera, la parte
correspondiente a definiciones. En la sección sobre modelos
analíticos, la meta es presentar en forma sintética las tesis de autores
contemporáneos de orientación crítica cuyas aportaciones a la discusión
son reconocidas. Lifton, Hochman, Singer, Rodríguez, por mencionar
algunos. En particular, estimo relevante —por ser un investigador
sobresaliente poco leído en el mundo de habla hispana— atender a los
criterios de Lifton. Los resultados de varias décadas de estudio,
incluido un punto importante de su último y actual libro Destroying
the World to Save It[xi]
se incluyen y ejemplifican, haciendo un considerable esfuerzo de
concisión.
El resto de mi trabajo se compone del análisis de las metodologías en un
marco propositivo sobre el uso del término secta en nuestra
sociedad, y los ámbitos en que distintas definiciones del mismo pueden
ser válidas.
El contexto en que toda esta información es ofrecida al lector incluye
una actualización de aspectos jurídicos y controversias académicas en
que el dinámico mundo de las sectas destructivas se desenvuelve, y del
cual no todos los lectores están informados. Al respecto, considero que
el artículo de Masferrer que se incluye en este volumen puede ser
particularmente útil para complementar otras dimensiones del contexto,
en especial, las políticas y económicas.
El tema de las religiones, en general, y el de las sectas destructivas,
en particular, es una realidad cada vez más significativa en el mundo
contemporáneo. La globalización religiosa y su efecto concomitante de
favorecer la pluralidad y el multiculturalismo, tienden, por un lado, a
crear rechazo y recelo ante lo nuevo y diferente. Esto genera
intolerancias ancladas en prejuicios, proteccionismos y falta de
información. De allí la importancia de utilizar responsablemente
términos como secta. Por otra parte, la corrupción y la cultura
de la impunidad prevalecientes en la mayor parte de Latinoamérica crean
condiciones idóneas para el florecimiento de organizaciones religiosas
—algunas de ellas sofisticadas y a menudo con historiales delictivos—
que, amparándose en la libertad de creencias, explotan y violan los
derechos humanos de un número considerable de personas. En la
globalización, pues, coexisten dos realidades antitéticas paralelas: el
aumento de la intolerancia y el aumento del abuso religioso por parte de
organizaciones de carácter explotativo. Esto hace peculiarmente
importante el contar con esquemas equilibrados que defiendan la libertad
de creencias, así como con marcos analíticos y definiciones claras para
identificar grupos religiosos destructivos. Los tales, son, después de
todo, parte de la sociedad y no pueden estar al margen de rendir cuentas
por sus actividades ni pueden pretender sustraerse al escrutinio
público.
Jorge Erdely
Ciudad de México, enero de 2003.
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notas
[i]
John Hochman, en Psychiatric Annals. 20 (4); abril 1990, pp.
179-187.
[ii]
Louis Jolyon West, Paul R. Martin. “Pseudo-Identity and the
Treatment of Personality Change in Victims of Captivity and Cults”.
Cultic Studies Journal. 13 (2); 1996, pp. 125-152.
[iii]
Louis Jolyon West. “Contemporary Cults: Utopian Image, Infernal
Reality”. The Center Magazine.
15 (2); marzo/abril 1982, pp.
10-13.
[iv]
Siglas en inglés de la American Civil Liberties Union.
[v]
Se
trata de una versión revisada y ampliada del artículo: “Iglesias y
nuevos movimientos religiosos: un esfuerzo por aclarar la
confusión”. Revista Académica para el Estudio de las Religiones.
I; 1997, pp. 25-37.
[vi]
Edición revisada. Véase: César Mascareñas. “Veintidós años después
de Jim Jones y Guyana: ¿qué hemos aprendido?”. Revista Académica
para el Estudio de las Religiones. III; 2000, pp. 195-206.
[vii]
El título
del original
es
Sects,
en Friedman S.B., Fisher M., y Schongerg S.K. St. Louis, Missouri:
Quality Medical Publishing, 1992.
[viii]
Ahora Cultic Studies Review.
[ix] Este
trabajo es una edición traducida y adaptada de la ponencia del Dr.
Langone en el II Congreso Internacional sobre Grupos Totalitarios y
Sectarismo (Barcelona, España, 23-24 de abril, 1993).
[x] Jorge
Erdely. “Sectas Destructivas: definiciones y metodología de
análisis”. Revista Académica para el Estudio de las Religiones.
I; 1997, pp. 1-23.
[xi]
Robert Jay Lifton. Destroying
the World to Save it: Aum Shinrikyo, Apocaliptic Violence, and the
New Global Terrorism. New York: Metropolitan, 1999.
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_________________________________________________________________
Agradecimientos
Publicaciones para el Estudio Científico de las Religiones desea
expresar su agradecimiento a los respectivos autores y casas
editoriales, por permitirnos reproducir los artículos, ponencias y
capítulos de libros —algunos en forma revisada y traducidos al español—
que aparecen en este volumen.
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Capítulo uno
Sectas destructivas: definiciones y metodología de
análisis
Dr. Jorge Erdely
introducción
En 1978, la opinión pública
mundial fue sacudida por el reporte del suicidio
colectivo de 914 personas en
Jonestown, Guyana. Todos eran seguidores del reverendo Jim
Jones, quien también se autoinmoló. Desde entonces se ha observado una
mayor frecuencia de acontecimientos de este tipo o parecidos.
En marzo de 1993, más de 80
personas se suicidaron junto con David Koresh, en Waco, Texas, por
motivos religiosos (Gaustad, 1993:629). En 1994, el grupo esotérico La
Orden del Templo Solar sorprendió a los analistas sociorreligiosos al
efectuar varios suicidios diferidos en Suiza y Francia. Todos los
participantes eran seguidores del homeópata europeo Luc Jouret.
Cuarenta y ocho murieron en el primero de los sucesos y otros más
posteriormente.
En el mes de noviembre de ese
mismo año, las autoridades de Ucrania impidieron el suicidio colectivo
de los seguidores de Marina
Tsvygun, quien afirmaba ser la reencarnación de Cristo. Fueron
arrestadas 779 personas en Kiev. El culto tenía en ese entonces
150 mil seguidores en la ex Unión Soviética y se llama La Fraternidad
Blanca.
terror religioso
El 20 de marzo de 1995, en Tokio,
Japón, Shoko Asahara ordenó a sus seguidores de la secta La Verdad
Suprema, colocar bombas con gas sarín neurotóxico en el sistema de
transporte del metro. El resultado: más de cinco mil intoxicados y
doce personas muertas. Seis semanas más tarde, los mismos adeptos de
La Verdad Suprema (Aum Shinrikyo en japonés) perpetraron un nuevo
atentado terrorista en otra estación. Afortunadamente hubo un retraso
en el mecanismo de la bomba y ésta pudo ser desactivada a tiempo. De
no haber sucedido esto, la mezcla de cianuro e hidrógeno que contenía
el artefacto explosivo hubiera privado de la vida en minutos a
aproximadamente 20 mil usuarios del tren subterráneo.
Los anteriores, son ejemplos
claros de lo que son y hacen algunas sectas destructivas
extremistas a nivel internacional, las cuales han llamado la atención
de especialistas y medios de comunicación por igual. Sin embargo, a
pesar de su popularidad, representan tan sólo la punta del iceberg.
Solamente en la Unión Americana algunos analistas calculan que existen
tres mil grupos que pueden ser clasificados como sectas
destructivas (Hassan, 1997). Cabe señalar que no todas tienen la
capacidad para provocar actos masivos de terrorismo como los que
realizó La Verdad Suprema, o propósitos de inducir suicidios
colectivos como lo hizo Jim Jones. Hoy por hoy, la violación, el
abuso sexual de menores, el daño patrimonial a través del fraude
organizado y la inducción de distintas enfermedades mentales son
algunas de las prácticas más comunes en que día a día incurren cientos
de grupos religiosos y pseudo
científicos que forman parte de una nueva patología social.
la necesidad de un marco de concientización para la
sociedad
Dicha problemática, que según
todos lo indicadores confiables llegó para quedarse y tiende a crecer
y a volverse más compleja, hace necesario tener un marco de
clasificación y metodología de análisis para concientizar
adecuadamente a la sociedad acerca de la existencia de esta innegable
realidad. El conocer las diferentes definiciones que se manejan en
este campo evitará que la sociedad, especialmente los medios de
comunicación, los líderes de opinión, y académicos poco
familiarizados con el tema, caigan en el extremo de catalogar
ligeramente como secta a cualquier agrupación, generando
a su alrededor un clima de intolerancia, rechazo y hostilidad.
Esto debe ser especialmente tomado
en cuenta, ya que tradicionalmente la palabra secta tiene una
connotación peyorativa en el sentido de herejía ideológica o
heterodoxia doctrinal (esto según la perspectiva de una u otra mayoría
religiosa y dependiendo del país que se trate). Sin embargo, la carga
semántica negativa de la palabra secta no sólo se ha hecho más
fuerte, sino cualitativamente distinta, a partir de 1978, año en que
ocurrió el ya citado suicidio colectivo encabezado por Jim Jones en
Guyana. Desde entonces, la opinión pública mundial comenzó a percibir
el significado de la palabra secta como una agrupación
antisocial, siniestra, de conducta fanática y peligrosa.
Es pues así, que hoy en día el concepto de secta trae a la
memoria de millones de personas, no sólo la noción de disidencia
religiosa doctrinal, tampoco el concepto más neutral de facción,
sino, sobre todo, y conforme pasa el tiempo, la idea anteriormente
descrita.
¿minorías religiosas o sectas?
En este contexto, el calificar
como secta a un grupo social conlleva una responsabilidad ética
importante, responsabilidad que no se puede descargar pertinentemente
sin un marco analítico correcto, ni repitiendo acríticamente los
epítetos y nombres que otros dicen sin entender realmente de lo que se
habla. En otras palabras, ¿por qué clasificar, o llamar sectarias
a unas organizaciones sí y a otras no? ¿Porque lo dice la mayoría?
¿Porque se les llama así en la televisión o en la radio? ¿Porque lo
dice el cura, el pastor, el intelectual de moda, o una u otra
institución que estudia el campo sociorreligioso? El periodista, el
analista, el profesionista, el padre de familia que llama secta
a un grupo simplemente porque oyó a alguien más clasificarlo así, no
sólo actúa en forma irresponsable y poco ética, sino que se convierte,
en ocasiones, en títere de intereses oscuros, en cómplice pasivo,
quizás, de antagonismos religiosos cuya profundidad no conoce, o de
los intentos de estructuras de poder por monopolizar las conciencias a
través de la descalificación a priori de otras opciones de
espiritualidad.
¿nuevos movimientos religiosos?
Otro extremo en el que se evitará
caer al tener un conocimiento preciso de las definiciones en este
campo, es el de intentar eliminar del lenguaje común el término
secta, o en su caso autocensurarse en cuanto a su uso. Hoy en
día, algunas corrientes ideológicas proponen precisamente esto, y
demandan que se utilice exclusivamente el término Nuevos
Movimientos Religiosos para referirse a cualesquiera
organizaciones minoritarias, independientemente de que constituyan o
no un peligro verificable para la sociedad.
preocupación por la intolerancia
Algunos de los proponentes de la
eliminación del término secta del lenguaje académico y
de los medios de comunicación, se hallan preocupados por encontrar un
término neutral, que no implique juicios de valor sobre las creencias
de uno u otro grupo, ya que esto puede estigmatizarlos socialmente. La
preocupación es ciertamente loable, ya que religiones mayoritarias en
diferentes partes del mundo, utilizan como arma la palabra secta
para descalificar por igual a minorías religiosas de toda índole, por
el sólo hecho de no conformarse a los dogmas populares o de las
religiones de Estado. Esto sucede hoy, por ejemplo, en países
islámicos, y ocurrió antaño en Inglaterra cuando la Iglesia oficial,
la Anglicana, persiguió a los cuáqueros. El abuso en el uso del
término secta, ciertamente puede crear un clima de
desconfianza, difamación y hasta de agresión en contra de
personas que pertenecen a minorías
religiosas. Más adelante se detallarán otras consecuencias.
Sin embargo, y por más noble que
sea la intención, los líderes de opinión, especialmente algunos
sociólogos, que pugnan, a veces histéricamente, porque se elimine la
palabra secta del ámbito de las clasificaciones, cometen en sus
planteamientos, errores elementales.
Primeramente, pasan por alto que,
aunque la palabra ha sido por mucho tiempo sinónimo de heterodoxia
intelectual, esta interpretación del concepto se ha restringido cada
vez más a los ámbitos religiosos. La realidad es que la sociedad
occidental en general, percibe cada vez más el término secta,
como representativo de conductas antisociales realizadas por
organizaciones engañosas que fomentan el fanatismo irracional y
espiritualizan el delito.
secta: ¿disidencia ideológica o conducta antisocial?
En otras palabras, la sociedad,
cada vez más secularizada y mediatizada, identifica frecuentemente la
idea de secta con organizaciones como La Verdad Suprema o
Koresh y compañía, más que con Wycliffe y sus lolardos, o bien
—desde el punto de vista de la presente administración del
Vaticano—con Leonardo Boff y sus propuestas teológicas
liberacionistas. Visto de esta manera, el énfasis está sobre todo en
el extremismo y en la conducta antisocial, aunque se considere que en
muchos casos ésta tenga una motivante religiosa. En este contexto,
antropólogos, sociólogos, psicólogos clínicos y especialistas médicos,
han aportado al campo del conocimiento científico
definiciones claras y actuales de
lo que constituye o no una secta, acompañadas de
criterios rigurosos para su clasificación.
A continuación exponemos
esquemáticamente las principales definiciones del término secta
con un breve análisis de cada una.
definiciones y metodología de análisis
i. definición lingüística
De acuerdo con una definición
estrictamente lingüística, la palabra secta (del latín secta)
quiere decir “Doctrina enseñada por un maestro y seguida por sus
adeptos. Particularmente la doctrina y el conjunto de sus adeptos”
(Moliner, 1988: 1121).
Ésta es una definición que por
general y literalista prácticamente se utiliza muy poco, ya que es
demasiado amplia, pues cataloga como secta a cualquier ideología,
política, social, religiosa, filosófica, etc., junto con sus
seguidores. Ésta podría incluir, por ejemplo, a cualquier religión,
partido político, o partidarios de la filosofía de Kant, Marx o el
psicoanálisis de Freud.
ii. definición histórico-lingüística
Secta: “Doctrina religiosa (y
sus adeptos), que se aparta de la tradicional u oficial”.
(Moliner, 1988: 1121).
Ésta es una definición lingüística
de uso cultural que se desarrolló a través de la historia de la
civilización occidental. Se hizo especialmente popular con el dominio
cultural del Catolicismo Romano en Occidente, y en el Oriente con la
Iglesia Ortodoxa.
Conforme el tiempo pasó y la
cristiandad llegó a ser dominante en el mundo occidental, la palabra
adquirió una carga peyorativa
fuerte: los heréticos, los perversos doctrinales, los
enemigos de la ortodoxia confesional establecida, eran denominados
secta. De hecho, la etimología griega haíresis, de la cual
deriva originalmente el concepto a las lenguas romances, tiene
relación con las nociones de herejía y de facción.
criterios arbitrarios
Esta definición es, evidentemente,
muy limitada, pues se enfoca exclusivamente en el aspecto religioso y
constituye un criterio relativamente arbitrario para hacer
clasificaciones, pues como se vio, según la definición de uso
cultural, secta es: “Una doctrina religiosa (y sus adeptos) que se
apartan de lo tradicional u oficial”. Así, todo lo que no sea
religión mayoritaria o popular, se considerará secta,
dependiendo de la cultura y su tradición religiosa. O de la religión
oficial reconocida por el Estado, dependiendo del país, región, y aun
de la época. Algunos ejemplos de esto son los siguientes: hay países
islámicos en los que las minorías religiosas son en ocasiones
catalogadas como sectas. En Rusia, los católicos romanos son
llamados así por algunos sectores de la Iglesia Ortodoxa. En
Inglaterra, los puritanos y los cuáqueros fueron considerados
sectas en siglos pasados por la Iglesia Anglicana. En países
budistas e hinduistas, las religiones distintas se llegan a considerar
y denominar sectas.
En esta definición, se transfiere
completa a las minorías religiosas que se etiquetan así la connotación
negativa que dicho término ha acumulado a través de la historia.
Recordemos, sin embargo, que el valor simbólico negativo de la palabra
secta, actualmente, abarca no sólo la idea de “error doctrinal”
sino sobre todo, desde hace poco más de dos décadas, se asocia
a grupos de conducta peligrosa y antisocial.
el uso de la palabra
secta
como arma
En este contexto, la palabra
secta se usa como arma para descalificar a priori a
“los otros”, los de ideología religiosa diferente, indistintamente de
que su trayectoria social sea inocua o hasta
positiva. Asimismo, se utiliza como
falacia de etiqueta, y coloca un estigma que fomenta
la intolerancia religiosa, y evita a las religiones tradicionales
mayoritarias —o de Estado— el trabajo de refutar con argumentaciones
serias, las posturas ideológicas de otros grupos que tienen el mismo
derecho de ejercer la libertad de creencia y propagar sus propuestas.
Esta definición histórico-cultural
es la más utilizada en México, a nivel popular y en la mayoría de los
medios de comunicación. Su uso es fomentado especialmente por sectores
intolerantes de la jerarquía católica y ha sido, en buena medida,
asimilada pasivamente por la sociedad.
Aquí cabe señalar que el nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica, que representa la posición
oficial del Vaticano actualmente, no califica como sectas a las
grandes religiones históricas como el budismo, el judaísmo o el Islam.
Las llama “religiones no cristianas”. Tampoco denomina sectas a las
iglesias Protestante, Anglicana u
Ortodoxa Oriental. Los antes llamados herejes y sectarios,
pasaron posteriormente a ser “los
hermanos separados” y hoy el Vaticano, en aras del esfuerzo
ecuménico, los denomina simplemente iglesias y cristianos (Catecismo
de la Iglesia Católica:195-202)
.
iii. definición teológica
El doctor en Religiones
Comparadas, W. Martín propuso la siguiente acepción teológica de la
palabra secta. “Una secta es un grupo de personas polarizadas
alrededor de la interpretación particular que alguien hace de la
Biblia, que incurre en grandes desviaciones con respecto a las
doctrinas primordiales de la fe cristiana...” (McDowell, 1988:11).
Ésta
es una definición utilizada sobre todo en el ámbito cristiano nominal.
Toma como punto de referencia para hacer clasificaciones las bases
teológicas de las creencias. No considera la antigüedad ni la cantidad
de miembros, ni el reconocimiento oficial que en un país determinado
pudiera tener una organización religiosa.
pros y contras
La definición teológica es válida
como instrumento de crítica dentro del ámbito religioso y
denominacional y tiene pautas académicas y doctrinales bien definidas
para hacer clasificaciones precisas. También provee un mecanismo
legítimo para alertar a las personas acerca de grupos religiosos que
se autodenominan cristianos, sólo para ganar aceptación social y hacer
prosélitos, mientras que ideológicamente no se apegan a las doctrinas
cristianas históricas, e inclusive inculcan ideas totalmente
contrarias.
Estrategias de proselitismo
como éstas son definitivamente objetables. Si se analizan con cuidado,
son éticamente equivalentes al fraude a través de una especie de
usurpación de personalidad. Esto viola el derecho al que tiene
cualquier persona a la información, para poder decidir en condiciones
equitativas su postura ante una determinada propuesta religiosa.
el mormonismo: un ejemplo de proselitismo
poco etico
Veamos por ejemplo el caso del
mormonismo, una religión que al presente ha corregido conductas
sociales peligrosas que practicó a nivel cupular en sus inicios
(adulterio poligámico legalizado, fraude, sedición e incitación al
terrorismo, entre otros ejemplos). A pesar de dichos cambios, el
mormonismo aún se adhiere a formas poco éticas de proselitismo al
ostentarse como una religión cristiana. Una de las creencias básicas
del mormonismo es el politeísmo mientras que, en cualquiera de sus
variantes, el cristianismo es esencialmente monoteísta. El mormonismo
es realmente una religión sincretista que incorpora elementos clásicos
del espiritismo, ocultismo y politeísmo envueltos con una nomenclatura
cristianizada.
El mormonismo, como cualquier otra
religión, tiene libertad para difundir sus creencias, pero al mismo
tiempo la gente tiene derecho a saber, antes de decidir
ingresar a dicha religión, cuáles son sus creencias reales,
incluida la historia de la organización (esta última suele ser
ocultada o maquillada cuidadosamente especialmente en lo referente a
las relaciones adultero-polígamas de su fundador, Joseph Smith, con
más de 80 mujeres, algunas de ellas esposas de sus seguidores). El
mormonismo tiene la libertad de difundir sus creencias, sin embargo,
otros sectores sociales tienen derecho a la libertad de expresión para
criticar el ocultamiento deliberado de información y el hecho de que
esta religión trate de obtener aceptación social utilizando una
fachada cristiana, cuando en realidad promueve una religión
politeísta. Aquí es importante remarcar que la libertad de creencia no
ampara contra la crítica pública cuando se engaña deliberadamente a la
sociedad. Junto con la libertad de creencia, coexisten también la
libertad de expresión y el derecho a la información.
Éste es sólo un ejemplo de la
aplicación académica de la definición teológica de secta, y parte de
la ética que justifica su uso como instrumento de crítica en el ámbito
religioso.
iv. definición socio-jurídica
El investigador español José
Rodríguez, quien ha sido asesor sobre el tema de las sectas para
diversas comisiones de gobiernos europeos, ha definido así el
concepto, retomando el término secta destructiva que acuñó el
psicólogo social hispano Álvaro Rodríguez:
“Una Secta Destructiva (SD)
será todo aquel grupo que en su dinámica de captación y/o
adoctrinamiento, utilice técnicas de persuasión coercitiva que
propicien:
·
“La destrucción
(desestructuración) de la personalidad previa del adepto o la dañen
severamente.
·
“El que, por su
dinámica vital, ocasione la destrucción total o severa de los lazos
afectivos y de comunicación afectiva del sectario con su entorno
social habitual y consigo mismo.
·
“Y, por último,
el que su dinámica de funcionamiento le lleve a destruir, o conculcar,
derechos jurídicos inalienables en un estado de derecho”
(Rodríguez, 1989:31).
Esta definición toma como punto de
referencia para su clasificación la conducta social. Hace énfasis muy
particularmente en aquellos comportamientos grupales que dañan a la
sociedad, que violan los derechos humanos y que destruyen a la persona
que es captada por una organización. Una secta es, según la definición
sociológica de Rodríguez, cualquier organización que propicie esto,
independientemente de su ideología, antigüedad, popularidad o número
de miembros.
Esta definición tiene la ventaja
de que no se circunscribe al ámbito religioso, pues abarca
incluso a subgrupos políticos, psicoterapéuticos, pseudo científicos,
culturales, etcétera.
La distinción destructiva,
añadida al vocablo de sectas, puede ayudar a diferenciar a
aquellos grupos que encuadran, por ejemplo, en las definiciones
teológicas, pero que no muestran una conducta antisocial o
peligrosa, de aquellas organizaciones que sí lo hacen.
el sectarismo: ¿un problema de adicción?
Rodríguez, quien ha sido profesor
de sectarismo en la maestría de adicción a las drogas que auspicia la
Universidad Complutense de Madrid, hace un fuerte énfasis en factores
como el entorno social y la susceptibilidad individual para explicar
la captación y dependencia sectaria (Rodríguez, 2000). De hecho,
equipara la pertenencia a sectas destructivas con patologías sociales
como la adicción a las drogas y el alcoholismo. Para Rodríguez,
el papel de las estrategias coercitivas y explotativas de la secta
destructiva per se no juegan un papel tan relevante como en los
análisis de los psicólogos clínicos y sociales más reconocidos.
v. definiciones de la psicología social
Michael Langone, doctor en
Psicología Clínica y editor de una de las más prestigiadas revistas
científicas que estudian el fenómeno de las sectas, define así el
concepto que analizamos:
“Secta es un grupo o
movimiento, que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o
cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y
controlar (a sus adeptos); diseñadas para lograr las metas del líder
del grupo; trayendo como consecuencias actuales o posibles, el daño a
sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general”
(Langone, 1988:1).
Langone añade después:
“Dado que la capacidad para
explotar a otros seres humanos es universal, cualquier grupo puede
llegar a convertirse en una secta. Sin embargo, la mayoría de las
organizaciones institucionalizadas y socialmente aceptadas, tienen
mecanismos de auto-regulación que restringen el desarrollo de
grupúsculos sectarios”
(Langone, ibíd.).
ventajas de esta definición
Esta definición toma como punto
principal de referencia la conducta psicosocial (no las
bases teológicas, la tradición, o la aceptación oficial del Estado,
etc.). Es un concepto similar al netamente sociológico y tiene las
siguientes ventajas.
·
Es amplia. Estudia
cualquier tipo de organización social, no sólo las religiosas, y
analiza particularmente los mecanismos psicológicos de manipulación
grupal que utiliza una organización para reclutar y mantener su
membresía.
·
Clasifica con base en hechos
observables y comprobables.
·
Responsabiliza a las
organizaciones de su manera de interactuar con la sociedad y ofrece
simultáneamente la oportunidad de que un determinado grupo corrija su
conducta y se adapte socialmente, retirándose de tal clasificación, si
hace los cambios necesarios.
·
Elimina la posibilidad de que un
grupo se escude en la ortodoxia de su credo, en la cantidad de sus
miembros o en su trayectoria histórica, para cometer ilícitos.
daño y manipulación: perspectivas
El concepto del Dr. Langone
considera en particular el daño, potencial o actual, que se causa a
los individuos al involucrarse en una organización determinada (en
otras palabras, lleva implícita la noción de secta destructiva).
La existencia o no de la
explotación, de la falta de ética y transparencia al proselitar, los
mecanismos internos de autorregulación y la presencia de técnicas
psicofisiológicas de manipulación, son las variables que se examinen a
fondo antes de catalogar como secta o cult (en inglés) a una
organización.
Aunada a su marco metodológico de
análisis, ésta es una de las definiciones seculares más respetadas en
el ámbito de los investigadores internacionales; sin embargo, tiene
algunos puntos débiles, por ejemplo:
·
Puede resultar difícil definir qué
es una devoción excesiva.
·
Se necesita conocer muy
bien y aplicar rigurosamente sus criterios de análisis para no
etiquetar injustamente a una organización como secta.
·
Los parámetros son muy técnicos y
especializados, y por lo tanto poco accesibles para la mayoría de las
personas, incluso profesionistas.
steve hassan: el enfoque empírico
Steve Hassan, maestro en
psicología por el Cambridge College, fue miembro de los moonies
por mucho tiempo. Actualmente tiene años de experiencia como asesor
internacional y consejero sobre el tema de las sectas destructivas.
Hassan combina elementos
empíricos, que provienen de su pasada vivencia en la secta Moon, su
amplia experiencia en tratar pacientes provenientes de movimientos
religiosos extremistas, y criterios de las ciencias sociales y la
psicología clínica para definir como secta destructiva a cualquier
grupo (religioso o no) que utilice técnicas de control psicológico
para suprimir la personalidad e inhibir el juicio crítico y la
libertad de decisión. Establece cuatro criterios para detectar la
manipulación mental.
1)
Control de la
conducta.
2)
Control de la
información
(tanto de aquella que las personas tienen derecho a saber antes de
ingresar a un grupo, como de información “del exterior”.
3)
Control de las
ideas.
4) Control de las emociones
(Hassan 1997:2).
vi. aportaciones de la psicología clínica
Por su parte, la Dra. Margaret
Singer, psicóloga clínica y profesora emérita de la Universidad de
California en Berkley, nos ofrece una definición bastante similar a la
de Langone. La misma se basa también en el comportamiento, no
en las creencias de un grupo. En su obra clásica, analiza seis
puntos bastante sofisticados para definir las técnicas de persuasión
psicofisiológica que utilizan las sectas (Ofshe y Singer, 1986).
Una aportación nueva y valiosa de
la Dra. Singer es que la secta en sí es constituida básicamente por
la estructura jerárquica y de poder de la organización, no
necesariamente por los adeptos o miembros regulares en sí.
vii. definiciones de la ciencia médica
El Dr. Robert Lifton, eminente
psiquiatra y sociólogo, definió en su obra La reforma del
pensamiento y la psicología del totalitarismo ocho criterios para
detectar los legendarios lavados de cerebro que inmortalizaron
algunos filmes de guerra. Su investigación inicial se basa en las
técnicas utilizadas sobre los presos políticos durante el régimen
dictatorial de Mao, en China, para convertirlos bajo coerción a la
ideología comunista (Lifton, 1989).
Actualmente, muchos médicos,
psicólogos clínicos y sociólogos, toman estos criterios como
referencia para identificar si un grupo religioso o de otra índole,
instrumenta medidas coercitivas para manipular la conducta de sus
adeptos a través de una estrategia graduada de “reforma de
pensamiento”. La utilización de estas técnicas de coerción
psicológica constituye para muchos especialistas, hoy en día, el
criterio clave para llamar secta a una determinada agrupación.
Secta, esto es, desde la perspectiva de la sociología médica.
los ocho criterios de lifton
A continuación se enumeran,
resumen y ejemplifican los criterios del Dr. Lifton, aplicados al
ámbito de las agrupaciones religiosas:
1.
Control de la
atmósfera social y de la comunicación humana.
Esto implica coartar la comunicación entre los seres humanos a
los que se desea controlar. Incluye
obstaculizar la comunicación del individuo consigo mismo
(por ejemplo, al evitar que éste cuente con tiempo libre para la
reflexión personal).
2.
Manipulación mística.
Se construyen premeditada-mente atmósferas
“espirituales” que parecen
espontáneas, pero que en realidad son artificiales y están
planeadas y estudiadas para producir un efecto. La gente
interpreta este efecto como una “experiencia espiritual”, al
ignorar que fue una situación prefabricada.
3.
Redefinir el
lenguaje.
Controlar las palabras sirve para controlar las ideas de las personas.
Se adoctrina con conceptos simplistas. Por ejemplo, clichés
que tienden a desalentar más que alentar el uso de la razón. (V.g.
“nadie puede utilizar su razón para alcanzar la iluminación”;
“Sólo los elegidos pueden entender lo que sucede al interior de
nuestra agrupación”).
4.
La doctrina es más importante que la persona.
No importa lo que un ser humano esté experimentando en
la realidad, la
creencia en el dogma es lo más importante. La creencia del grupo
rebasa la conciencia individual y la integridad, en cuanto a
comprobar resultados. Un ejemplo se da cuando algún grupo proclama que
Dios ha realizado milagros de sanidad, pero se niega a hacer las
verificaciones científicas pertinentes. Puede ser, incluso, que
una persona esté gravemente enferma y se asegure que no importa lo que
se vea, ya está sana. Es más importante sostener el dogma que
el bienestar de las personas y atender a lo que indica la realidad.
5.
La ciencia
sagrada.
Doctrina con el absoluto científico y moral. El dogma es
incuestionable.
6.
El culto a la
confesión.
Manipulación de la confesión pública para
romper los límites
personales. Restricciones o prohibiciones a la privacía personal.
Por ejemplo, la confesión de faltas o problemas tiene usos y
limitaciones bien definidas tanto en el ámbito terapéutico como en el
eclesiástico. En este caso, se abusa de su uso para denigrar y
controlar a las personas a través de la información obtenida. Se
intenta borrar la individualidad para controlar a las personas en
masa.
7.
Demandas de pureza inalcanzables.
Estándar inalcanzable de perfección
para crear culpabilidad y vergüenza
en los adeptos. La gente es castigada y enseñada a
autocastigarse por no llegar a un ideal que de inicio es imposible
alcanzar.
8.
La dispensación
de la existencia.
El grupo decide quién tiene derecho a existir y quién no. No hay
ninguna alternativa legítima, sino sólo el pertenecer a esa
organización en particular. En regímenes gubernamentales totalitarios,
esta idea es lo que “justifica” la ejecución de disidentes políticos.
Los
anteriores mecanismos de manipulación tienen efectos bien estudiados,
tanto psicológicos como en la bioquímica cerebral, para crear estados
de inhibición del razonamiento y alta sugestibilidad para controlar la
conducta de individuos y comunidades.
Robert Jay Lifton, probablemente el especialista más
importante en manipulación y grupos totalitarios hoy en día, ha
confirmado la validez de su modelo de “reforma del pensamiento” para
estudiar grupos religiosos. En 1999, publicó un amplio análisis sobre
la secta japonesa La Verdad Suprema, un libro científico rigurosamente
investigado sobre sectarismos radicales y sus peligros para un mundo
globalizado. De acuerdo con sus conclusiones, lo que llama guruísmo
—el endiosamiento explícito o implícito de un líder religioso— es
una constante, además del autoritarismo y los ocho criterios ya
descritos, en movimientos sectarios contemporáneos extremistas y
violentos. El libro del profesor Lifton, Destroying the World to
Save it: Aum Shinrikyo, Apocaliptic Violence, and the New Global
Terrorism, se plantea una definición equivalente a secta
destructiva basada en esos parámetros. Así, se clasifica como
cult a cualquier agrupación religiosa:
a)
Cuyo líder esté en un estado práctico de
“endiosamiento”.
b)
Que practique los ocho criterios de
reforma del pensamiento.
c)
Que explote a sus seguidores.
El contenido y ortodoxia doctrinal quedan al margen
como criterios valorativos según estos parámetros.
aportes de la psiquiatría.
El Dr. John Hochman, profesor de
psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de California
en Los Ángeles, publicó en 1990 los resultados de sus investigaciones
y ofrece una definición sobre sectas. Retomando el concepto central de
Lifton, añade: “Las sectas son grupos que utilizan métodos de
‘Reforma del Pensamiento’ para reclutar y controlar a
sus miembros y que utilizan como
herramienta una tríada”
(Hochman, 1990:180).
Los tres puntos de la tríada que
define lo que es una secta para Hochman son:
|
El Milagro. |
Pensamiento mágico alrededor del dirigente y/o
actividades del liderazgo.
|
|
El Misterio. |
La secrecía que oculta la
práctica, creencias reales y agenda del grupo.
|
Por
ejemplo, Shoko Asahara, gurú de La Verdad Suprema, en Japón,
ofrecía cursos de yoga para reclutar miembros, pero jamás les decía
que su verdadero fin era la formación de guerrilleros religiosos
para llevar a cabo actos terroristas apocalípticos. Para lograr esto
sujetaba a la gente a un conjunto de técnicas psicofisiológicas de
control sin que ésta tuviera conocimiento.
|
La Autoridad. |
Un régimen autoritario y
absolutista que utiliza a las personas para suplir las
necesidades del grupo. |
la tríada sinérgica
Cuando esta tríada se encuentra
presente en un grupo, religioso o de otra índole, sus componentes
ejercen un efecto sinérgico; esto es, cada elemento refuerza al
otro en forma recíproca para crear una atmósfera extremadamente
peligrosa que puede desembocar en daños a los procesos de
funcionamiento en la mente de las personas, con sus consecuentes
efectos en la salud en general. El Dr. Hochman considera que para
clasificar a una organización como secta desde la perspectiva médica
psiquiátrica, es indispensable que reúnan los tres puntos
anteriormente resumidos.
Una de las aportaciones más
significativas del estudio de Hochman es la importancia que juega
la secrecía para poder manipular la psique colectiva. En la
secrecía del misterio hay un ocultamiento deliberado de
información que la gente tiene derecho a conocer para determinar, de
manera libre, a qué tipo de agrupación está ingresando. Cuando existe
secrecía, se deteriora la percepción de los seguidores adoctrinados
acerca de la realidad y verdadera naturaleza del grupo. Esto los
vuelve particularmente vulnerables.
En este caso, la gente no presta
su consentimiento a participar en la organización con pleno
conocimiento. Es víctima de una especie de fraude en el cual se
convierte en sujeto de técnicas que alteran la bioquímica cerebral
para inhibir su razonamiento crítico y volverla pasiva y susceptible
de ser explotada y dañada.
Finalmente, no podemos soslayar la
reflexión médica de Hochman en el sentido de que las sectas
destructivas presentan un problema de salud pública por el impacto
social que tienen. La definición de Hochman sobre lo que constituye
una secta, trasciende aun el ámbito médico, para enriquecer la
ética jurídica. Analícese la frase consentimiento con pleno
conocimiento y se llegará a la conclusión de que el espíritu mismo
de este principio es el que, al ser violado, da lugar a la
tipificación del delito de fraude en cualquier estado de derecho.
¿van en aumento las sectas destructivas?
Una observación interesante de
John Hochman en los años noventa fue que conforme se acercase el fin
de siglo y de milenio en el año 2000, el número de sectas
destructivas iría en aumento, especialmente las de corte
religioso. La casuística vindicó eventualmente esta proyección
(Erdely, 2000:67-80).
Según el Dr. Hochman esto ocurriría no sólo como consecuencia de
misticismos apocalípticos, sino especialmente por el deterioro
general de la sociedad (Hochman, 1990:179-187). La llegada del año
2000, consecuentemente, no provocó una disminución de
frecuencia en la aparición de sectas destructivas. De hecho, la
tragedia sectaria más grande de la era moderna se registró en Uganda,
después del 31 de enero de 1999. El 17 de marzo del año 2000
murieron en un suicidio-homicidio ritual en Kanungu, aproximadamente
mil integrantes del Movimiento para la Restauración de los Diez
Mandamientos. Posteriormente, se halló que previo al suicidio habían
sido asesinados por el liderazgo de la secta y sus cómplices, más de
500 disidentes desilusionados.
La cifra total sobrepasó los mil muertos, rebasando así la tragedia de
Guyana y Jim Jones, en 1978 (Erdely, 2001: 117-128).
el pretexto del apocalipsis
Aunque es cierto que la tragedia
de Uganda se dio en un contexto escatológico apocalíptico, es
importante notar que diferentes organizaciones religiosas tienen
distintas maneras de interpretar el calendario cósmico y pueden ser
bastante arbitrarias al respecto. La Verdad Suprema no necesitó
esperar al año 2000 para intentar desencadenar el fin del mundo
profetizado por su líder Shoko Asahara. Realizó sus ataques
terroristas en pleno 1995. Por otro lado, se anticipó que la llegada
del nuevo milenio podía ser un factor importante que propiciaría actos
de fanatismo. Tanto así, que gobiernos de Europa, Canadá y Estados
Unidos desarrollaron investigaciones especiales y planes de
contingencia para prevenir actos de violencia a gran escala por grupos
religiosos extremistas. El Proyecto Megiddo del FBI y el reporte de
inteligencia Doomsday Religious Movements de Canadá, en 1999,
fueron expresiones de esa preocupación.
Coincidimos, sin embargo, con
Hochman, sin soslayar la influencia de los factores milenaristas, en
que el deterioro de las estructuras sociales de la cultura occidental,
es un factor mucho más determinante para la multiplicación y
fortalecimiento de las sectas destructivas.
nuevas leyes en francia y bélgica para prevenir la explotación
sectaria
El Parlamento Europeo y los
gobiernos de Francia y Bélgica, por su parte, se adelantaron a estos
acontecimientos mucho antes. Investigaciones y reportes parlamentarios
desde los años ochenta, observaron escenarios en los que grupos
religiosos totalitarios y extremistas irían refinando estrategias de
explotación que infringían los derechos humanos de sus seguidores y
obtenían ventaja de sus vulnerabilidades.
La creación de legislaciones de
esa naturaleza por parte de países con una amplia tradición de defensa
de los derechos humanos y las libertades individuales, presupone un
análisis cuidadoso de casuística y criminalidad que justifican
jurídicamente el establecimiento de leyes que criminalizan
específicamente la explotación sectaria. La aprobación de leyes como
estas tiene implícita también otro mensaje: el panorama, en la era
post-fin de milenio se vislumbra poco halagador pues se prevé un
aumento creciente de sectas destructivas, algunas cada vez más
extremistas y poderosas. México es un ejemplo de este aumento, en este
caso vinculado más a causas sociológicas como la corrupción, que al
milenarismo (Alemán, 2000).
El carácter irracional y
arbitrario de los grupos religiosos totalitarios no requiere
necesariamente de fechas con algún significado para desencadenar actos
autodestructivos y/o de agresión organizada contra la sociedad. El
pretexto escatológico siempre se puede inventar. Así lo demuestra el
caso de Heaven’s Gate o las varias veces que la cúpula de los Testigos
de Jehová ha hecho fallidas predicciones del fin del mundo en el
último siglo para aumentar su membresía y recibir más donativos. Las
condiciones de deterioro social que menciona Hochman, la crisis de
paradigmas ideológicos, y en el caso de Latinoamérica, los altos
índices de corrupción, impunidad y falta de respeto a los derechos
humanos, son elementos que garantizan que el fenómeno de las sectas
destructivas ha llegado para quedarse e irá en aumento, tanto en
frecuencia como en comportamientos extremos.
Lo anterior es confirmado a su vez
por la relevancia que el tema de las sectas ha tomado. En
Latinoamérica estos asuntos ocupan cada vez más espacios en los medios
de comunicación. En vista de esto, es imprescindible contar con marcos
analíticos serios para comprender lo que constituye o no una secta
y entender sus dinámicas internas.
Los criterios de investigación
deben ser lo más rigurosos posibles y han de tener siempre en cuenta
que agrupaciones pueden ser clasificadas como secta desde diferentes
perspectivas, con distintos propósitos, todos legítimos. Por ejemplo,
los Testigos de Jehová son considerados una secta por el cristianismo
nominal, desde el punto de vista teológico, por inculcar dogmas
que atacan doctrinas cristianas (Vg. la deidad de Jesucristo).
Al mismo tiempo, sociológicamente, se les considera una secta
por impedir, con métodos coercitivos, la transfusión de sangre a sus
adeptos (incluidos menores de edad), lo cual genera muertes
innecesarias cada año y viola el principio IV de la Declaración de la
ONU sobre los Derechos del Niño.
El mundo de hoy es una sociedad
que comienza, cada vez más, a pedir cuentas, y exige que todas las
instituciones sean transparentes en sus fines y métodos de trabajo.
Las organizaciones religiosas no están exentas de rendir cuentas
claras, al igual que cualquier otra institución.
conclusiones y propuestas
Dejando de lado por las causas que
en su momento se expusieron, la definición lingüística por
literalista y la de uso cultural por arbitraria, y acotando a
su propio ámbito las definiciones teológicas, tenemos que los
criterios médicos, sociológicos y de los psicólogos clínicos nos
ofrecen parámetros bien definidos para hacer clasificaciones y
analizar este tema con bases científicas. Estas definiciones, y los
marcos analíticos que las acompañan, también se complementan, y a su
vez hacen posible el poner en marcha estrategias educativas para
concientizar a la sociedad acerca de la existencia y naturaleza de las
sectas destructivas. Asimismo, estas definiciones aportan
conocimientos al ámbito jurídico a fin de perfeccionar leyes para que
se proteja a la sociedad de organizaciones criminales, religiosas y de
otra índole, (pseudoterapéuticas sería un ejemplo). La resolución del
Parlamento Europeo en 1984, para proteger a los ciudadanos de su
jurisdicción de las sectas destructivas es un buen ejemplo de cuánto
tiempo se lleva estudiando esta problemática en otros países (Cultic
Studies Journal, 1986:275-277).
Por otra parte, las definiciones
teológicas pueden ser herramientas para la educación en el ámbito
familiar y eclesiástico, con el fin de prevenir que las personas sean
objeto de tácticas proselitistas poco éticas o fraudulentas.
¿censura en nombre de la libertad?
Una definición bien aplicada de lo
que constituye una secta destructiva es instrumento útil para
prevenir a la sociedad al referirse a grupos con conducta peligrosa o
delictiva, que se amparan o utilizan las creencias religiosas para
violar las leyes y dañar a otros seres humanos. Este uso del lenguaje
es congruente con la aplicación sociolingüística de calificativos como
“mafia”, “crimen organizado”, “la delincuencia”, “funcionarios
corruptos” y otros, a determinados grupos, para distinguirlos del
resto de la sociedad con el fin de alertar a los demás acerca de la
naturaleza reprochable de sus actividades.
Así contextualizado, y aplicado a
organizaciones que bajo engaños y mediante el uso de pretextos de
cualesquiera creencias religiosas, son comprobablemente nocivas, el
uso de la terminología secta destructiva, es legítimo,
necesario y útil.
Líderes de opinión como Massimo
Introvigne, en Italia, e investigadores como el Dr. Shupe, en Estados
Unidos, o Patricia Fortuny y Roberto Blancarte, en México, han
promovido la idea de utilizar un término libre de juicios de valor
sobre las creencias (Nuevos Movimientos Religiosos) para
denominar a grupos minoritarios y/o de reciente creación. Dicha
postura pasa por alto, entre otras cosas, que todas las sociedades
civilizadas requieren necesariamente, adjetivos que contengan juicios
de valor acerca del comportamiento de individuos y
organizaciones independientemente de su orientación ideológica. Muchos
adjetivos del lenguaje español tendrían que dejarse fuera de
circulación si esto no fuera así, pues muchas palabras existen con el
solo objetivo de calificar el carácter y la conducta de individuos y
grupos.
Ni la censura del lenguaje ni la
eliminación de conceptos socialmente útiles son solución al abuso
que se ha hecho del uso del término secta, pues pronto se
crearían otros términos que sustituirían a los primeros. Tal es el
caso de lo que sucederá con la inviable propuesta de sustituir
sectas por Nuevos Movimientos Religiosos. Sencillamente,
en un futuro la carga peyorativa y simbólica del concepto de secta
se transferirá entera al de Nuevos Movimientos Religiosos y
lo sustituiría en la praxis como adjetivo calificativo. Un problema
adyacente es el que al estandarizar el nombre de Nuevos
Movimientos Religiosos a todas las minorías o grupos de reciente
creación, ocurrirá que aquellos que aunque con creencias peculiares,
no constituyen un peligro social, estarán en el mismo saco con los de
conducta delictiva. Así, tendrán que cargar con las cuentas pendientes
y pésimos antecedentes de los Jim Jones, los Shoko Asahara y grupos
satanistas asesinos como los de Charles Manson. Al fin y al cabo
todos se considerarían Nuevos Movimientos Religiosos. Esto,
obviamente, es poco equitativo para las minorías o nuevas opciones que
desean construir su reputación con base en su propia actuación, y se
seguirá prestando para provocar confusión y generar intolerancia
contra ellos. Al mismo tiempo, los beneficiados serán precisamente los
conocidos grupos de comprobada conducta antisocial y explotativa que
evitarán el nombre de sectas, comenzando así a limpiar su
imagen pública sin necesidad de corregir su conducta. Simultáneamente
quedarán parapetados entre muchos otros grupos, mediante el uso de la
clásica falacia de transferencia, para absorber la credibilidad
que otras organizaciones pudieran construir con base en sus propios
méritos, al mismo tiempo que intentarán diluir entre muchos la pésima
reputación que se han ganado a pulso.
Los sociólogos que intentan
imponer una “censura en nombre de la tolerancia” para eliminar el
concepto de secta y sustituirlo por Nuevo Movimiento
Religioso, deben añadir a sus buenas intenciones de evitar la
discriminación religiosa, una medida de reflexión cuidadosa antes de
promover propuestas como éstas, pues precisamente lo que intentan
evitar, es lo que terminarán logrando, amén de fomentar la impunidad
de aquellas sectas destructivas que ya violan la ley y los derechos
humanos.
estándar filosófico o científico
El argumento más plausible que
podrían esgrimir para instrumentar esta propuesta sería decir que los
lexemas para describir a determinados grupos sociales nunca deben
hacer juicios de valor en cuanto a la legalidad o resultados
de su conducta. En tal caso, se estaría fomentando la anarquía a
través del relativismo ético, proveyendo de un parapeto ideal a grupos
criminales a expensas de la seguridad de la sociedad, la cual tiene
derecho a estar informada acerca del carácter y antecedentes de
cualquier institución —religiosa o no— que sea nociva y que presente
sus propuestas sin transparencia, violando el derecho a la
información.
Finalmente, quienes afirman que
siempre es incorrecto, erróneo o nocivo el utilizar el término
secta, ya están haciendo un juicio de valor, basados en un código
de ética con conceptos fijos de bien y mal. ¿En dónde queda allí el
relativismo moral? Es bastante relativo.
La incongruencia se evidenciaría
aún más si los apologistas de las sectas destructivas
argumentaran que en todo caso no saben si sería correcto o no llamar a
los grupos sectas o Nuevos Movimientos Religiosos. Pero
quien no tiene parámetros éticos definidos, ¿cómo puede señalar que es
impropio usar un vocablo?
Como vemos, detrás de algunos —que
no de todos— de los que proponen estandarizar el nombre
Nuevos Movimientos Religiosos para referirse a todos los
grupos religiosos no mayoritarios de reciente creación,
independientemente de su conducta social, parecen estar disfrazadas
posiciones más bien filosóficas que científicas. Dejando de lado las
intencionalidades, sólo una ideología basada en el relativo
relativismo ético, acompañada de una buena dosis de romanticismo,
puede hacer que se oscurezca a tal grado el raciocinio como para
proponer una medida inequitativa y absurda que intenta combatir la
intolerancia mientras genera impunidad y más intolerancia, además de
no prever la inviabilidad a futuro de una propuesta formulada tan a la
ligera.
la propuesta del dr. masferrer
Si de verdad se busca un término
“neutral” para referirse a minorías religiosas, la propuesta del
antropólogo Elio Masferrer parece mucho más acertada. El Dr.
Masferrer, profesor e investigador de la Escuela Nacional de
Antropología e Historia, en la ciudad de México, utiliza el término
genérico “sistemas de creencias” (Masferrer, 2000). El
término anterior, aunado a la frase “minorías religiosas”, cuando se
desea enfatizar la dimensión cuantitativa en relación a las
estructuras religiosas dominantes, es mucho más adecuado que el
impreciso y problemático Nuevos Movimientos Religiosos.
¿Investigadores sociales
en la nómina de las sectas?
El intento por sustituir Nuevos
Movimientos Religiosos por secta está apoyado, entre otros
factores, por un poderoso lobby, financiado por organizaciones
sectarias internacionales como los moonies, La Luz del Mundo y
otros. Es una estrategia para tratar de “limpiar imagen” a través de
censurar la libertad de expresión y el derecho a la información. Una
maniobra clásica de los sistemas totalitarios. Simultáneamente, los
científicos sociales que utilizan el término secta para
referirse a minorías religiosas que explotan, violan o comenten abusos
sexuales en el nombre de Dios, son calificados por los apologistas de
sectas destructivas —cuyo propósito es desacreditarlos— como
“intolerantes”. Es un hecho bien documentado que mediante fuertes
cantidades de dinero, promesas de proporcionar acceso a información
exclusiva y viajes de lujo con todo pagado, organizaciones como éstas
han influido en algunos investigadores para que los ayuden a quitarse
“el estigma de secta”, logrando que se les defienda en público y se
les apoye en maniobras clásicas de victimización (Beit-Hallami, 1997).
Este fenómeno ocurre sobre todo en
el ámbito de la academia y de la opinión pública. Intelectuales,
publicistas e investigadores vinculados sentimental o económicamente
(o ambos), a sectas destructivas pretenden descalificar a quienes
utilizan el término secta, con diversos argumentos. Cuando el
apologista de las sectas resulta ser además un académico influyente, o
cuando son varios, se trata de crear una atmósfera de presión hacia
investigadores jóvenes y líderes de opinión menos informados. La idea
es hacer ver que está pasado de moda o “que es políticamente
incorrecto” o “poco serio” el utilizar la palabra secta por
razones ya anteriormente refutadas. El propósito es crear
conformidad intelectual y limitar la discusión por medio de la
presión grupal y la descalificación. En contraste con la posición
maniquea de los apologistas de las sectas, Masferrer ha comentado
acertadamente más de una vez que “la tolerancia religiosa no se
construye afirmando acríticamente que todas las minorías religiosas
son buenas”.
defendiendo lo indefendible
Lamentablemente y por razones
comprensibles, muchos líderes de opinión e intelectuales no están al
tanto de los vínculos económicos entre sectas destructivas e
investigadores de la religión, y se pueden prestar involuntariamente a
campañas de lavado de imagen institucional. Esta situación es
altamente lesiva para los intereses de la sociedad, de la academia
misma, y en especial de los feligreses sectarios que son objeto de
crímenes y diversas violaciones a los derechos humanos. Si el
movimiento del reverendo Sung Myung Moon desea dejar de ser
clasificado como secta destructiva por psiquiatras, sociólogos y
psicólogos, debe comenzar por hacer explícitos sus bien documentados
nexos con dictadores militares de Sudamérica, la venta de armas, y
asumir responsabilidades por la base explotativa sobre la cual
construyó su imperio financiero mundial. Debe también establecer
mecanismos de rendición de cuentas y clarificar innumerables denuncias
de abusos a los derechos humanos y clarificar sus finanzas turbias. Si
los líderes de la Luz del Mundo, en México, no desean seguir siendo el
paradigma por excelencia de una secta destructiva, necesitan reconocer
y cesar los abusos sexuales rituales contra niñas que su máximo líder,
Samuel Joaquín, ha institucionalizado y sacralizado con la complicidad
de un nutrido grupo de colaboradores. Asimismo, los Testigos de Jehová
necesitarían hacer las modificaciones dogmáticas necesarias para que
dejen de morir menores de edad en su agrupación por obstaculizar y
prohibir las transfusiones de sangre, y cambiar su estructura de
gobierno autoritaria, entre otras cosas.
Retomando el punto acerca de la
preocupación por promover un término neutral sin carga negativa, con
el fin de disminuir la intolerancia que se genera al catalogar a
determinadas agrupaciones como sectas, el calificativo secta
destructiva puede servir, como se ha visto, para distinguir a las
organizaciones religiosas delictivas o violatorias de los derechos
humanos, independiente-mente de su doctrina, de las que son vistas
como heterodoxas en cuanto a creencias, pero que no constituyen un
peligro para la sociedad. Nuevos Movimientos Religiosos (cuando
en verdad lo son)
para catalogar a los últimos, y sectas destructivas para
distinguir a los primeros, es una alternativa viable y útil en el
campo sociológico y médico, mientras que en el ámbito teológico se
deben hacer puntualmente las debidas distinciones. La heterodoxia
confesional no es equivalente a conducta antisocial o delictiva. Al
usar una definición teológica es importante aclarar siempre el
contexto religioso de dicha definición, sus propósitos y limitaciones.
El esquema anteriormente propuesto contribuye a promover la tolerancia
religiosa y el pluralismo sin violar la libertad de expresión.
Asimismo, respeta el derecho a la información mientras reconoce la
existencia de grupos religiosos explotativos y delictivos que no
tienen por qué ser calificados con términos “neutrales” mientras no
modifiquen conductas destructivas y violatorias de los derechos
humanos.
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Capítulo dos
Milagro,
misterio y autoridad:
el
triángulo del adoctrinamiento sectario
Dr. John Hochman
Hay tres fuerzas, las tres únicas fuerzas capaces de conquistar y
esclavizar para siempre las conciencias de estos débiles rebeldes para
lograr su propia felicidad. Éstas son: el milagro, el misterio y la
autoridad.
F. Dostoyevsky en “Los Hermanos Karamazov”
Las sectas prometen salvación. En
vez de aburrimiento, prometen metas nobles y amplias. En vez de
angustia existencial, certeza y organización. En vez de soledad, una
comunidad. En vez de impotencia, solidaridad dirigida por líderes que
todo lo saben.
¿Demasiado bueno para ser verdad?
En 1978, 912 hombres, mujeres y niños murieron en El Templo del Pueblo
en un suicidio-asesinato, que fue la culminación de ensayos previos.
En 1984, el Parlamento Europeo, en su Resolución Cottrel, exhortó a
los países miembros a reunir información acerca de las sectas como un
principio para desarrollar “formas de asegurar protección efectiva a
los ciudadanos de la Comunidad”1. En 1987, el Knesset de
Israel emitió un reporte de 500 páginas sobre las sectas2.
sectas contemporáneas: ¿por qué ahora?
Las sectas florecen cuando los
valores tradicionales y las estructuras de una sociedad se han
debilitado3. Los años sesenta engendraron una contracultura
que logró hacer parecer romántico el uso de las drogas, las
revoluciones en general (particularmente la revolución sexual) y el
restringirse a vivir en comunas. Conforme los niños de la posguerra
iban entrando a la adolescencia, la tasa de natalidad en Estados
Unidos cayó, en tanto que la tasa de divorcios y de suicidios de
adolescentes empezó a incrementarse.
Durante los años ochenta, la
contracultura logró aceptación social, continuó el uso de la droga (ya
sin tintes románticos), ahora a nivel de preparatoria. La revolución
sexual se legitimó a través de la legislación y la educación del “sexo
seguro”. La gente perdió interés en la familia: se casaban menos y más
tarde, cohabitaban más sin casarse, y hubo incremento en la tasa de
nacimientos fuera del matrimonio4.
Las sociedades de Europa
Occidental con tendencias similares han sido distinguidas por la
actividad sectaria. Alemania Occidental está en una fase de
crecimiento negativo de población, y el cohabitar, teniendo hijos
fuera del matrimonio, va a la alza notoriamente en Suecia.
qué quieren las sectas
Las sectas quieren riqueza y poder
para su liderazgo, y que esto les sea suplido a través de los
miembros.
La
riqueza puede incluir:
·
Transferencias de dinero en
efectivo, propiedades, automóviles, etc.
·
Ganancias por la explotación del
trabajo de los miembros en negocios que son propiedad de la secta.
·
Fondos recaudados por medio de
engaños a parientes y a otros que no son miembros.
El
poder puede incluir:
·
Manipulación de todas las
relaciones, de trabajo o de estudio, para que las personas únicamente
sirvan a las necesidades de la secta.
·
La asignación de ciudad y país de
residencia.
·
El regular los embarazos y favores
sexuales de los adeptos.
·
Controles ideológicos y de
comportamiento por medio de confrontaciones en grupo, castigo físico o
amenazas de expulsión.
·
Limitar las oportunidades de los
miembros para dormir, seguir intereses individuales o simplemente de
reflexionar.
Los líderes exhortan a los
miembros a hacer prosélitos; es predecible que más miembros significan
más riqueza y más poder para los líderes.
lo que las sectas no quieren
Las sectas no están interesadas en
el altruismo como un imperativo moral. La mayoría tiene una ética
egoísta para beneficiar a la organización y al liderazgo en
particular. La realización individual es irrelevante. La actividad
pseudoaltruista ayuda a construir la imagen pública de los grupos.
Las sectas no quieren tener gastos
elevados. Los miembros en los negocios de las sectas pueden estar mal
pagados o sin sueldo, trabajar en ambientes insalubres o pueden no
tener provisión para gastos médicos.
Ninguna secta quiere que sus
funciones internas sean conocidas públicamente, aunque algunas sectas
sofisticadas pueden buscar el favor de los medios de comunicación o
aun pueden hacer uso de consultores de relaciones públicas y agencias
de publicidad para manejar su imagen.
Las sectas no quieren ser llamadas
“sectas”. Así que, en este artículo se propone una definición para
aclarar la discusión.
las sectas y la “reforma del pensamiento”:
definiciones y estudios
Las sectas son grupos que usan el
método de “Reforma del Pensamiento” para reclutar y controlar a los
miembros, haciendo uso de las siguientes herramientas:
·
El Milagro.
Ideología que imputa poder milagroso a los líderes y/o a sus
actividades.
·
El Misterio.
Secrecía que oscurece las prácticas y creencias reales de la
organización.
·
La Autoridad.
Demandas sobre el tiempo, talentos, cuerpos o propiedades de los
miembros para cubrir las necesidades del grupo.
La “Reforma del Pensamiento” es
una forma de adoctrinamiento sumamente eficiente que se logra cuando
la secrecía deteriora la percepción de los seguidores adoctrinados
acerca de lo que está pasando y en lo que se están convirtiendo. Por
lo tanto, no existe el consentimiento con pleno conocimiento.
Lavado de cerebro o control psicológico son términos
populares para denominar el método de “Reforma del Pensamiento”.
“el gran inquisidor” de dostoyevsky
Dostoyevsky, en su novela Los
hermanos Karamazov, incluye un capítulo titulado “El Gran
Inquisidor” en el que presenta una imagen de la esclavitud psicológica
masiva. Este capítulo contiene un poema, en el cual Jesús regresa
durante la Inquisición española y es encarcelado por el Gran
Inquisidor. El Inquisidor le informa a Jesús que la humanidad ha sido
incapaz de tolerar la libertad, así que la libertad se ha “terminado y
acabado para bien” para que los hombres puedan ser “felices”.
…hoy el pueblo está más
convencido que nunca de que tienen la libertad perfecta, sin embargo
han traído su libertad a nosotros y la han dejado humildemente a
nuestros pies.
El “misterio” es que el Inquisidor
y su equipo, en lo secreto, son ateos sin ningún interés en los
milagros. La Inquisición también quemará a Jesús, y nadie protestará;
así de grande es su autoridad.
Muchos escritores han comentado
sobre este capítulo5 que ha sido publicado
independientemente de la novela6. Yo lo veo como una
extraordinaria profecía del totalitarismo del siglo XX.
el estudio de lifton sobre la reforma del pensamiento
Robert Lifton7 publicó
los resultados de una extensa investigación sobre los “lavados de
cerebro” maoístas posteriores a la Guerra Civil en
China. El gobierno comunista
encerró ciudadanos “contrarrevolucionarios” y residentes no
chinos en “centros de reeducación”. Los internos eran obligados a
escribir una y otra vez autobiografías para documentar “crímenes” de
los cuales podían o no haber sido acusados aún; pasaban por largos
interrogatorios, escrutinio de compañeros, destacamentos de trabajo,
grupos compulsivos de discusión ideológica y ejercicios. Las
condiciones mejoraban si los mentores ideológicos decidían que habían
adoptado sinceramente los puntos de vista “correctos”; pero si se
aferraban a sus puntos de vista “reaccionarios”, el malestar físico y
la crítica escudriñadora a la que eran sometidos se incrementaba. La
doctrina comunista se presentaba como una “ciencia sagrada” a través
de la “manipulación mística” en un ambiente pseudoespontáneo
controlado.
Después de salir, muchos
prisioneros adoptaban la visión del mundo de sus captores. Apoyaban el
comunismo con recién adquirida vergüenza por “haber explotado a la
gente” anteriormente. Sin embargo, al dejar China, la mayoría perdió
su entusiasmo por el comunismo; decidieron que eran inocentes de los
crímenes de los que habían aprendido a sentirse culpables y regresaron
a las creencias que tenían antes de ser “reeducados”.
la perspectiva de heller
Mikhael Heller, un historiador y
emigrante soviético, ve al comunismo como una psicología de masas8.
Menciona a Lifton como el único psiquiatra que ha contribuido en esta
área:
Lifton llama la atención sobre
un hecho de importancia excepcional: el efecto del “lavado de cerebro”
y sus métodos, lo sienten aún los que él llama “resistentes
aparentes”, aquellos que parecen no sucumbir a la intoxicación... Este
tratamiento intensivo de la mentalidad humana es especialmente
efectivo porque se lleva a cabo en el territorio cerrado de un país
aislado del resto del mundo por fronteras estrictamente vigiladas... A
pesar de que, de acuerdo con las estadísticas, la población soviética
se ha vuelto culta... los propagandistas y los activistas siguen
leyendo artículos del periódico, en voz alta, en las fábricas a la
hora de la comida... Solamente en 1979 fueron impartidos más de 26
millones de discursos a audiencias que totalizaron mil 200 millones
de personas. Los conferencistas-agitadores son entrenados en cursos
especiales, en universidades marxistas-leninistas, y dan sus pláticas
en lugares de trabajo y aun en las casas de la gente... Los
acostumbrados comentarios de cliché acerca de lo inescrutable que es
la Unión Soviética, siguen llenando páginas de monografías históricas
y de novelas policiacas, de memorándums políticos y de análisis
económicos. Como regla, estos estudios ignoran el asunto crucial sobre
la formación del
‘homo sovieticus ’, un
nuevo tipo de hombre que ha transformado el sistema soviético (creado
por él y para él) en un fenómeno sin precedente en la historia del
mundo.
Heller encuentra escasa la
literatura psicológica sobre el adoctrinamiento de masas y se vuelve a
las percepciones de la literatura —Orwell, Zemyatin y Dostoyevsky—.
Describe características del juicio del Gran Inquisidor dentro del
estado soviético, usando la tríada del milagro, el misterio y la
autoridad:
·
Milagro.
Crear un Hombre Nuevo (homo sovieticus) con base en la
“ciencia” del marxismo-leninismo (imagínese que los trabajos de Lyndon
Johnson se declararán “científicos”).
·
Misterio.
La obsesión por lo secreto, limitar el acceso a las bibliotecas,
esconder las estadísticas o falsificarlas, no informar sobre noticias
significativas.
·
Autoridad.
Poder centralizado del Estado, fronteras cerradas y la casi total
destrucción de ideologías políticas y religiosas competidoras.
Heller descarta la glasnot
como un truco político para aumentar el poder. Al permitir la
discusión sobre problemas, tales como la escasez, que ya son
mundialmente conocidos (pero que no se discuten por miedo), Gorbachov
desacredita a sus rivales políticos.
el milagro, el misterio y la autoridad en las sectas
contemporáneas
Privar a lo rutinario de lo
“natural” y de lo “común” para producir una atmósfera de temor, está
implícito en la ideología de todas las sectas. Los líderes pueden
profetizar, ser maestros de la desmaterialización, comunicarse con los
muertos, poseer fuerza sobrehumana o tener una inteligencia sin
precedentes. Los grupos que ofrecen transformaciones se comprometen a
cambiarle a uno la vida en sólo unos días. Los seguidores de la secta
política de Lyndon LaRouche lo ven como el único líder que puede
entender en forma infalible los eventos mundiales y percibir
conspiraciones ocultas. Los terapeutas (no siempre con licencia) que
han encontrado la mejor teoría y la psicoterapia infalible, dirigen
sectas de psicoterapia —¡esto es un milagro verdaderamente!9
En los años setenta, las sectas
capitalizaron la contracultura, enfatizando las experiencias
trascendentales, la acción social y la vida comunal. Hoy algunas
sectas ofrecen “iluminación instantánea”, en tanto que otras oscurecen
la doctrina espiritual para atraer a las mentes seculares que están en
búsqueda del automejoramiento.
A la gente que gusta de atesorar
secretos, el misterio le puede parecer emocionante o
gratificante, especialmente si esto se hace para lograr “un propósito
más alto”. Las sectas están plagadas de secretos. La secrecía, al
reclutar, esconde los aspectos poco atractivos de la rutina de la
secta. Los grupos que pretenden llevar a cabo campañas contra el
comunismo o contra el hambre en el mundo, pueden canalizar a un buen
número de posibles miembros a una secta. Pueden prometer protección,
consejería contra la drogadicción, oportunidades de actuar en política
o consultoría administrativa para grandes empresas o para pequeñas
oficinas dentales.
Los sistemas de creencias pueden
desalentar o prohibir la discusión abierta sobre cualquier duda que
puedan tener los miembros, ya sean recientes o antiguos. Los miembros
deben tener pleno conocimiento del recién iniciado, aparentemente para
no dañar su progreso espiritual. La secrecía se magnifica si hay
batallas reales o imaginarias con “enemigos” que no sean miembros. La
secrecía puede ocultar la explotación sexual o los excesos financieros
de sus líderes. Los miembros pueden temer hacer críticas del grupo. Es
por eso que los miembros pasan mucho tiempo viviendo y trabajando
juntos, pero sorprendentemente saben muy poco de los pensamientos y
los sentimientos los unos de los otros.
La secrecía permite que la
moralidad banal de las sectas se deteriore, pero las sectas desean
mantenerla a toda costa. Synanon perfeccionó el arte de amenazar a los
medios de comunicación con demandas por difamación para prevenir la
publicidad adversa10. Jim Jones llevó a sus seguidores a
trasladarse a Guyana cuando le fue imposible acallar la publicación de
un artículo, en una revista local, titulado “En el Interior de El
Templo del Pueblo” (New West Magazine. Agosto 1, 1977).
La supuesta gran capacidad
intelectual, espiritual, o aun poderes físicos de un líder, pueden
racionalizar doctrinas y caprichos para hacer presa de los seguidores.
Aun cuando muchos líderes son inteligentes y elocuentes, a menudo sus
biografías y habilidades están infladas.
El castigo corporal público
(especialmente en niños), la humillación y la confesión pueden
volverse rutina. Algunos grupos han hecho uso del terrorismo contra
los que no son miembros, lo que sirve para recordarle a los miembros
la autoridad del liderazgo. Si los miembros han perdido contacto
previamente con la familia o con amigos anteriores, se pueden volver
muy fuertes las amenazas de expulsión o aislamiento.
La ideología de la secta puede
atribuir todo el sufrimiento personal a no hacer, a no entender o
incluso a una duda fortuita sobre las infalibles enseñanzas de la
secta. Lifton le llama a esto “la doctrina por encima de la persona”.
la presencia de uno o dos elementos
el milagro
Adivinos y lectores del
horóscopo. Los
que leen los horóscopos y los adivinos simplemente aconsejan, pero no
tratan de controlar la vida de sus clientes.
Aprendices espiritualistas.
Los aprendices espiritualistas invocan rituales mágicos, tratando de
controlar la atmosfera. Algunos se juntan para intercambiar libros
sobre cuestiones espirituales o para estudiar acerca de los cristales,
pero sin una estructura autoritaria o secreta.
el misterio
Sociedades secretas.
Estos grupos tienen ritos privados. El prestigio en la jerarquía de
estos grupos no se ve acompañado por el control sobre la vida de los
subordinados.
Magos profesionales.
Los magos guardan sus
secretos, que producen juegos de manos de increíble habilidad, pero no
“milagros”.
la autoridad
Organizaciones militares.
Estos grupos les informan a sus reclutas que van a pasar por un
enérgico entrenamiento básico; por ejemplo, antes de ser adoctrinados
en la Marina, los reclutas ya saben que van a pasar por un ejercicio
tenaz, dormirán poco y serán humillados verbalmente.
Hospitales psiquiátricos.
Estas organizaciones pueden tratar temporalmente a pacientes en contra
de su voluntad; esto se documenta y se hace bajo la supervisión de las
autoridades civiles.
el milagro y la autoridad
Cultos religiosos de alta
intensidad/subgrupos.
Estos grupos se perciben a veces como raros, fanáticos, o “sectarios”
por su ánimo autoritario para mantener las normas del grupo que
resultan en comportamientos muy diferentes a las normas seculares.
Los miembros se pueden
involucrar en frecuentes oraciones, en utilizar formas diferentes
de vestido y de alimentación, en participar de estados de conciencia
alterados, en honrar a un líder vivo o en vivir en comunidades
separatistas. Sin embargo, estos grupos carecen de la secrecía de las
sectas, los miembros potenciales o los curiosos pueden libremente
aprender acerca de sus doctrinas y sus prácticas; a los nuevos
miembros no se les anima a romper lazos con sus familias o a
desaparecer sin dejar dirección anterior. Los líderes tampoco obtienen
beneficios materiales o sexuales de las actividades de los miembros.
Estados autoritarios islámicos.
Estos grupos no se esfuerzan en ocultar
su dependencia a sus interpretaciones del Corán, por lo tanto, no
encierran ningún engaño.
Iglesias y sinagogas liberales.
Estos grupos aducen un nivel menor de lo milagroso y de la autoridad,
hacen un llamado mayor a la conciencia y animan a los miembros a
participar en clubes comunitarios y en ayuda social.
Grupos de autoayuda.
Estos grupos enseñan
acerca de “un poder superior”, pero limitan su autoridad a ayudar a
los miembros a controlar sus excesos. Los miembros estudian la vida de
los fundadores como modelos positivos a seguir, no como hombres
milagrosos. Algunos miembros asisten a reuniones abiertas, incluso
diario; sin embargo, esto no es un requerimiento del grupo.
el misterio y la autoridad
La corrupción política encubierta.
La corrupción política encubierta se puede depurar
cuando la secrecía se rompe por el escrutinio de los medios de
comunicación o por denunciantes.
Dictaduras autoritarias.
Este tipo de dictaduras carece de una ideología cósmica y por lo tanto
tolera actividades intelectuales y religiosas independientes, siempre
y cuando no desafíen directamente el poder del régimen.
Bandas criminales organizadas.
Estos grupos racionalizan su conducta
sin acudir a un sistema de creencia transcendental. Tan es así, que
algunos terroristas y zares de la droga o algunos miembros de
pandillas juveniles pueden aspirar a “legitimar” su vida una vez que
hayan acumulado suficiente riqueza. En contraste, las sectas se pueden
involucrar en actividades criminales para servir a un “ideal superior”
y pueden hacer que los idealistas rompan la ley en el nombre de un
“truco trascendental” o de un “engaño celestial”.
el milagro y el misterio
Los
sanadores por fe.
Los “sanadores por fe” exhortan, conjuran o simplemente defraudan.
Muchos hacen giras solicitando pequeñas contribuciones de muchos
espectadores pasivos. Sin embargo, muchos establecen organizaciones
tipo secta y promueven la dependencia a largo plazo de costosos
“tratamientos alternativos” y asustan a sus miembros para que no
busquen ayuda médica convencional.
Las para-Iglesias de los
tele-evangelistas.
Estos
grupos usan los medios masivos de comunicación, el sentimiento
religioso y supuestas sanidades para persuadir a legiones de
seguidores a dar dinero, a veces en grandes cantidades. El ministerio
de Jim y Tammy Baker amasó una fortuna de manera fraudulenta. Este
tipo de grupos está interesado principalmente en obtener donativos.
la tríada en acción: el templo del pueblo
El
Templo del Pueblo empezó como iglesia cristiana pero evolucionó hasta
adorar exclusivamente a Jim Jones. Su prestigio como fuente de
milagros estaba basado en su carisma, su habilidad verbal, su ingenio
y su falta de integridad; cualidades todas éstas de sociópatas
altamente funcionales. Espías e
informantes apoyaban el espejismo de que él contaba con
conocimientos sobrenaturales sobre las vidas personales de sus
seguidores. Disponía de trucos especiales para diagnosticar y luego
“curar el cáncer”. Aislado en la selva de Guyana, sin que nadie le
contradijera, se mostraba como si fuera el receptáculo de la sabiduría
requerida para salvar a sus seguidores de un mundo hostil.
el misterio de la secrecía
El
esmero en las relaciones públicas convencía a la gente de fuera de que
Jones era todavía cristiano, mucho después de haberse convertido en un
autoproclamado semidiós que predicaba el marxismo a su rebaño. Los
miembros monitoreaban a los curiosos que iban al servicio del domingo
y echaban fuera a los que hacían demasiadas preguntas. Enfermeras
guardaban el secreto de las falsas sanidades, en las que mollejas de
animales servían como “cánceres” exorcizados. Los financieros del
grupo monitoreaban las cuentas secretas en bancos suizos. La gente de
fuera no se daba cuenta de las privaciones y golpizas que sufrían
miembros. El arresto de Jones por drogarse en el baño de hombres de un
cine pornográfico en Los Ángeles fue encubierto y los registros de la
corte, desaparecidos. Los miembros de El Templo del Pueblo emigraron
secretamente a Guyana. Los funcionarios estadounidenses que visitaron
Jonestown vieron escenas de gozo, previamente ensayadas, y mesas con
abundancia; no había periódicos, y solamente había una estación de
radio bajo el control de Jones. Los continuos ensayos para un suicidio
masivo eran un secreto.
el abuso de la autoridad
La
unidad familiar fue socavada; los hijos entregaban informes sobre sus
padres, los padres entregaban a sus hijos a otras familias
(supuestamente para romper las barreras raciales) y Jones citaba a
mujeres casadas en su propia alcoba. Jones se convirtió en el “padre”
de todos. Los miembros escribían gran cantidad de cartas a políticos,
firmadas con nombres tomados de directorios telefónicos; los
políticos, engañados de que Jones tenía una enorme cantidad de
seguidores, se congraciaban vilmente con él, lo cual apuntalaba su
autoridad sobre sus seguidores.
efectos sinergísticos de la tríada sobre el templo del
pueblo
La
gente no se levanta una mañana y decide rendir su independencia y
perderse en la intriga hipócrita de una secta. Los elementos de la
tríada, cuando se presentan juntos (ver Figura I), producen un efecto
sinérgico en el que cada uno refuerza el poder del otro para cautivar
a la gente.
Figura I
el milagro refuerza el misterio
Los
miembros eran engañados constantemente para lograr
un fin más elevado,
hacer “la voluntad del padre”. No se podía esperar que los de fuera
entendieran esto.
el misterio refuerza el milagro
Las
enfermeras de Jones no revelaban los “efectos especiales” que usaban
en las falsas curaciones de cáncer; los miembros de su sistema de
inteligencia guardaban en secreto sus trabajos para mantener el engaño
de que Jones era poseedor de percepciones extrasensoriales.
el milagro refuerza la autoridad
Los
trucos mágicos reforzaban la pretensión de Jones de poseer poderes
especiales para guiar la vida de sus seguidores. Los convencía de que
la CIA estaba obsesionada en destruir El Templo del Pueblo (por la
razón de que era extraordinario); esto producía una mentalidad de
“fortaleza sitiada” entre los miembros.
la autoridad refuerza el milagro
A
diferencia del cuento del traje nuevo del emperador, los niños que
osaban hablar eran sometidos a castigos corporales públicamente. No se
toleraban expresiones públicas o privadas de escepticismo. El control
de la información que tenía Jones en Jonestown impedía que los
seguidores comprobaran la realidad.
la autoridad refuerza el misterio
El que
rompía la secrecía, aunque fuera por un momento, se arriesgaba a
recibir un castigo. A los residentes de Jonestown les estaba prohibido
escribir cartas o informar a los visitantes acerca de las duras
condiciones, las privaciones o los ensayos de suicidio.
el misterio refuerza la autoridad
El
control de la información salvaguardaba la autoridad de Jones. Si los
miembros se hubieran sentido libres para hablar de las manipulaciones
y de la hipocresía que presenciaban, o si hubiera sido publicado el
arresto de Jones por faltas a la moral, su prestigio se hubiera hecho
añicos.
“no somos una secta”
A
ningún grupo le gusta ser llamado secta. Algunos grupos ignoran ser
llamados así; otros, lanzan ataques personales contra sus críticos.
Otros tienen un trato más suave y explican que ellos son una nueva
religión incomprendida como lo fueron los mártires cristianos en Roma.
Sin embargo, los primeros cristianos hicieron totalmente transparentes
sus escrituras y sus prácticas a los conversos potenciales. Cuando
fueron perseguidos, los cristianos no recurrieron a reclutar con
engaños; tan sólo practicaron su culto temporalmente en secreto.
Algunas
sectas insinúan que su impopularidad refleja prejuicios locales contra
los grupos minoritarios. En ocasiones esto puede ser verdad, pero
ignoran la entendible censura a las actividades sectarias que son
ilegales u objetables.
Conforme a la definición presentada en este artículo, una secta puede
operar con miembros que viven en la comunidad, que usan ropa normal y
que tienen trabajos normales. Sin embargo, un examen más minucioso
mostraría que tales miembros están haciendo prosélitos o recaudando
fondos obsesivamente. Ellos estarían sistemáticamente falseando la
naturaleza de sus actividades y las actividades de su grupo a los que
no son miembros, o podrían no estar totalmente conscientes de la
naturaleza del grupo al cual están consagrados.
tendencias futuras
Las
sectas están activas a lo largo de toda nuestra “aldea global”, a
excepción de algunos tranquilos remansos y en los Estados comunistas
que, hasta hace poco, reprimían a las organizaciones que pudieran
competir con la actividad del partido. Con el poder del Partido
Comunista debilitándose en la Unión Soviética y en Europa Central, las
sectas subterráneas podrán empezar a hacer prosélitos abiertamente.
Mientras la sociedad estadounidense continúa en estado de
descomposición, las sectas evolucionan, pero no están desapareciendo.
Las actividades llamativas como las bodas colectivas o costumbres
extrañas no son enfatizadas; esto ha llevado a algunos a la conclusión
errónea de que las sectas han desaparecido.
La
ansiedad por la competencia en el mundo de los negocios puede
continuar alentando a los grupos parapeto que prometen ayudar a la
moral y a la productividad de los trabajadores a través de “sesiones
de capacitación” o de unos “cursos” especiales. Con el año 2000 ya no
muy lejano, las sectas milenaristas seguramente harán su aparición.
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Capítulo tres
Sectas
contemporáneas:
imagen utópica, realidad infernal
Dr.
Louis Jolyon West
Dos
diferentes tipos de imágenes públicas encajan con las organizaciones
religiosas que llamamos sectas. Una imagen muy común es la utópica. La
imagen utópica sugiere la aparición de un sectarismo espiritual nuevo
y saludable. Masas de peregrinos que después de una búsqueda de
significado, verdad y autorrealización, han encontrado un grupo de
espíritus afines. Bajo la benigna guía de algún profeta, gurú, maestro
o patriarca divinamente inspirado, se ocupan en vivir felices para
siempre. Esta felicidad es ocasionalmente perturbada sólo por los
recuerdos de una sociedad condenada que han dejado atrás, que
generalmente incluye a la mayoría de sus familiares (aunque en algunas
sectas, como la de El Templo del Pueblo, familias enteras son
engañadas). Pueden también ser perturbados por intromisiones
injustificadas de familiares ignorantes y mal intencionados y por sus
monstruosos agentes llamados desprogramadores.
Afortunadamente —desde este punto de
vista— la riqueza y el poder de las sectas son suficientes para
nulificar los planes de estos intrusos. En contra de los esfuerzos de
las familias y de los desprogramadores, pueden entrar en batalla los
talentos de costosos abogados, el compañerismo de grupos afines, otras
sectas, los medios de comunicación, las cortes, la Unión Americana de
Libertades Civiles (ACLU), las leyes del país, la mayor parte de la
comunidad académica y el frente común de la mayoría de las religiones
organizadas, las cuales, sin tomar en cuenta las diferencias que
puedan tener con una u otra secta, hacen causa común con ellas cuando
se emite alguna ley, por ejemplo, en el estado de California.
La imagen opuesta de las sectas, la
imagen infernal, evoca el espíritu de Dante Alighieri y su visión del
infierno del siglo XIV. En ésta vemos un lugar donde hombres, mujeres
y niños están ligados a un amo satánico. Confiaron en él en los
momentos de mayor felicidad, creyendo en sus promesas; después se
hundieron más y más, por etapas imperceptibles, en la profundidad de
su poder, entregando sus posesiones, sus niños, y aun sus mismas
almas, a su propósito misterioso. Con Dante, seguimos a estas
víctimas a un lugar distante donde, como él mismo lo describe, quejas,
lamentos y gemidos estrepitosos resuenan a través del ambiente sin
estrellas, de tal manera que nos hacen llorar. Escuchamos palabras de
dolor, tonos de ira, voces altas y enronquecidas, y con éstas, el
sonido de manos alborotando, todo girando en esa atmósfera para
siempre, como la arena en un torbellino. Sobre los susurros de los
condenados se escucha la voz de un niño que dice: “Yo moriré por
ti, papá”. Es una grabación del suicidio colectivo en Jonestown.
Yo me involucré en el estudio de
las sectas como resultado de mis investigaciones anteriores sobre las
drogas alucinógenas, las cuales me condujeron sucesivamente al Haight-Ashbury,
al movimiento contracultural y a las diversas revueltas de los años
sesenta. Desde entonces he seguido a algunos de mis sujetos de estudio
desde las veredas de Haight hasta las comunas del condado de
Mendocino, y posteriormente a los ejércitos de Sun Myung Moon. Mi
perspectiva de las sectas no es ni utópica ni infernal. Es, eso
espero, objetiva y científica. Para mantenerme apartado, en ocasiones
he tenido que emplear todo el entrenamiento y la experiencia que he
acumulado durante treinta y dos años de practicar la psiquiatría. Un
observador completamente desligado tendría que ser de otro planeta.
Se ha estimado que existen cerca de
2 mil 500 sectas en los Estado Unidos. La mayoría de ellas podrían
llamarse religiosas; no obstante, también existen sectas
psicoterapéuticas, sectas de adoradores de Satanás, sectas de
platillos voladores, sectas políticas, y otras.
Las sectas por lo general tienen:
(1) un líder fuerte o carismático con una estructura de poder de algún
tipo; (2) un manifiesto, libro, doctrina, o código que, como lo
interpreta el liderazgo, gobierna el comportamiento de los miembros a
través de diversas reglas y disposiciones, y (3) una marcada frontera
que define claramente quién está dentro, quién está afuera, y quién
puede pasar en cualquiera de las dos direcciones.
Las comunas difieren de las sectas
en cada una de estas consideraciones. Son simplemente la continuación
del movimiento de la contracultura. Pero las sectas representan una
reacción cíclica, vista de tiempo en tiempo a través de la historia,
en las sociedades en gran turbulencia. Existieron muchas sectas
durante la decadencia y la caída del Imperio Romano y muchas otras en
Europa durante la Revolución Industrial. También existieron muchas
sectas en Estados Unidos durante la expansión hacia el oeste
—cincuenta sociedades utópicas bien estudiadas tan sólo en California
de 1850 a 1950.
La mayoría de las sectas
contemporáneas son lo mismo de antes, sólo que con tecnología moderna
añadida. En ese sentido, son tan parecidas a las sectas religiosas de
la era medieval como lo serían las guerras nucleares a las batallas
con arcos y flechas.
Durante los años que he
observado el crecimiento y la evolución de las sectas en Estados
Unidos, iniciando con la Dianética en 1950, una enorme cantidad de
datos ha sido recolectada. Trataré de resumir algunas de mis
conclusiones más convincentes.
Las posturas de muchas
sectas amenazan significativamente la libertad personal y el bienestar
de sus miembros. A pesar del incremento en la evidencia de una
variedad de delitos cometidos en el nombre de la religión o de otras
creencias, estas amenazas son en un grado considerable encubiertas,
minimizadas y oscurecidas, y la sociedad ha dado la espalda al
problema. La información se ha ido acumulando sobre algunos escándalos
relacionados con sectas, sobre refugiados de sectas, familiares y
amigos de víctimas de éstas y algunas pocas investigaciones directas.
Es difícil obtener datos porque las sectas engañan sistemáticamente al
público, ocultan información, hostigan a los críticos, e intimidan y
dominan a sus miembros, todo, con el fin de impedir el libre flujo de
la información. Yo mismo he sido amenazado muchas veces, tanto con
sufrir daño físico como con acciones legales.
A pesar de tales
hostigamientos, los datos actuales son suficientes para convencer a
cualquier persona razonable que las sectas constituyen un tema social
importante. Hoy en día, muchas personas están muertas, moribundas,
enfermas, inválidas, discapacitadas o se desarrollan inadecuadamente
como individuos, como consecuencia de su involucramiento con sectas
religiosas en este país. Son explotadas, sus vidas han sido engullidas
y, prácticamente, nadie está haciendo nada al respecto. En los últimos
quince años, personas relacionadas con varias sectas en Estados Unidos
han asesinado a un informador gubernamental, hostigado a ex miembros e
investigadores, intentado extorsionar a familiares, acumulado
depósitos de armas, representado falsamente los verdaderos propósitos
de su grupo, recibido pagos ilegales de desempleo por aseguradoras,
infiltrado oficinas gubernamentales y robado documentos, golpeado,
violado, asesinado, matado de hambre y torturado a miembros
—incluyendo niños—, obligado a sus miembros a ejercer la prostitución
y alentado la actividad sexual entre adultos y niños, enviado a un
niño de nueve años incomunicado al desierto por varios meses, negado
ayuda médica a miembros en diversas condiciones, incluyendo atención
durante el parto, hostigado e intimidado a miembros que intentaron
dejar el grupo, creado en los miembros sentimientos de repudio en
contra de sus familias, impuesto restricciones dietéticas impropias y
tensión en los miembros, inducido a miembros a cometer abortos, a
casarse con extraños e incluso, claro, a cometer suicidio. Todos los
hechos de esta larga lista han sido documentados.
Pero a pesar de todo
esto, encontramos que hay muchos apologistas de las sectas. Estos
apologistas, cuyas motivaciones son diversas o mezcladas,
indudablemente contribuyen a colocar un manto de respetabilidad sobre
estas organizaciones, detrás del cual suceden cosas extrañas y
horribles. Algunos de estos panegiristas parecen estar motivados por
impulsos románticos, proyectando hacia las sectas algunas de sus
propias esperanzas de una reforma religiosa, de un renacimiento
espiritual, un rechazo al materialismo, e inclusive de escapar de los
peligros de la era termonuclear. Otros, toman una postura más bien de
apariencia pragmática, encogiéndose de hombros ante cualquier abuso
que las sectas hayan realizado sobre la base de que cualquier medida
en contra de éstas podría violar la libertad religiosa según se
garantiza en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estado
Unidos.
Otros apologistas incluso
parecen haber sido engañados con éxito por los líderes carismáticos de
algunas sectas o por sus representantes. Unos declaran que han
visitado alguna secta y que han quedado impresionados por lo que
observaron. Otros conocen a alguien que era un desastre antes de
volverse miembro de una secta y ahora parece transformado hasta el
punto de la beatitud.
Muchos de estos
defensores son filósofos de escritorio —e incluyo a algunos de mis
colegas académicos bajo este título— que nunca han visto los efectos
destructivos de estas organizaciones, pero les gusta participar en el
“ajedrez” intelectual. Otros tienen algún contacto con miembros
cuidadosamente seleccionados de sectas, pero nunca han visto los
crudos procedimientos de éstas o las devastadoras consecuencias a
largo plazo para muchas víctimas y sus familias.
Un buen número de
profesionistas de la salud mental y científicos del comportamiento
sirve en las filas de los defensores a ultranza de las sectas. La
mayoría tiene poco conocimiento directo del fenómeno. Su tendencia es
la de asumir que aquellos que entran a estas organizaciones han sido
arrastrados hacia ellas, quizás como escape de una mala situación
familiar, en una búsqueda para encontrar descanso de los síntomas de
su propia psicopatología, o incluso para encontrar un oasis de paz en
medio de la violencia de una tierra corrompida y de la tensión
emocional de nuestras ciudades y de la era nuclear. Algunos de mis
colegas creen sinceramente que hasta la más extraña de las sectas
puede servir para un propósito terapéutico y funcionar como taller de
refugio para jóvenes neuróticos o esquizoides, o personas que de otra
manera serían drogadictos o algo peor.
La doctora que ha
observado al mayor número de refugiados provenientes de sectas es la
Dra. Margaret Thaler Singer, de la Universidad de California en
Berkeley, una psicóloga clínica que ha tratado a más de seiscientos ex
miembros de sectas. Recientemente, Singer expuso un análisis
meticuloso y matemático de algunos de los estudios realizados por
profesionistas de la salud mental que simpatizan con ella, para
mostrar que la gran mayoría de ellos está probablemente incapacitada
por los sesgos inherentes en la orientación psiquiátrica tradicional.
Al examinar a los miembros de las sectas o a sus familias para
observar qué problemas hay en ellos, tal orientación pasa por alto las
poderosas técnicas que las sectas aplican para asegurar una buena
provisión de materia prima humana para los molinos de su poder: la
persuasión coercitiva, las dinámicas de grupo, las demandas
circunstanciales, la hipnosis, y la tensión como herramientas para
inducir a la sumisión.
En Estados Unidos, la
cobertura de los medios de comunicación sobre las sectas ha sido por
demás sucia. Existen unas pocas excepciones: el exposé de
Synanon por Point Reyes Light, el cual ganó el premio Pulitzer para
los editores; un fragmento en el programa televisivo 60 Minutes,
y dos fragmentos en el Reader’s Digest sobre Cienciología.
Salvo que sean encarados con una tragedia o escándalo mayor, los
periódicos rara vez se aventuran dentro de este campo de combate. Las
razones son claras. Los medios de comunicación son en gran parte
aventuras comerciales y su negocio se ve amenazado fácilmente por
pérdidas en la publicidad, boicots o demandas legales. Aún más
importante, los editores tienden a sacar las manos de temas como la
religión a menos que haya algo que sea realmente noticia. Una matanza
de 913 personas, eso sí es noticia. Poner una serpiente de cascabel en
el buzón de alguien, es una nota menos importante. Que se enjuicie
nuevamente a Ted Patrick o incluso que vaya a la cárcel, no estoy
seguro de que apareciera en el periódico. La reciente tortura y
asesinato de un informante gubernamental de 17 años infiltrado en una
secta, prácticamente no recibió cobertura en los periódicos.
Cuando los medios de
comunicación denominan a la explotación sistemática de la gente como
una religión,, las sectas se protegen brillantemente del poder
de la prensa. También, si una nota sobre el tema no se encuentra en la
sección sobre religión, no aparece en otra parte del periódico. Y,
¿quién lee la página sobre religión?
La sección religiosa en
la mayoría de los periódicos tiene la intención de aumentar y
estimular el interés en la religión y de complacer a los practicantes
de religiones de que la versión de sus actividades tendrá cobertura.
Los editores de las secciones de religión no hacen investigación
periodística y no tienen deseos de publicar cosas que pudieran ofender
a alguien. Y como regla no lo hacen.
Por lo que respecta a la
televisión y la radio, no hay cobertura sobre noticias religiosas de
qué hablar a menos que alguien dispare en contra del papa o que la
Catedral de Cristal sea dedicada o que Phil Donahue invierta escasos
momentos entrevistando a los familiares de una víctima de alguna secta
al mismo tiempo que un profesor de sociología presenta una refutación.
Por lo general, los
individuos que buscan a los medios de comunicación para denunciar una
experiencia personal en una secta presentan testimoniales cortos. Un
gran exposé televisivo de la comuna en Jonestown, Guyana, listo
para salir al aire un mes antes de la visita fatal del congresista Leo
Ryan, fue silenciado por los ejecutivos de la National Broadcasting
Company (NBC), después de que fueron hostigados y amenazados con
demandas por difamación. Una escritora, Paulette Cooper, escribió una
excelente denuncia de las actividades de la Cienciología, pero el
texto fue retirado por los publicistas y la vida de la autora fue casi
destruida por lo que la Cienciología llamó “operación espanto”.
Los legisladores y las
cortes también han fallado con relación a las sectas. Los encargados
de la justicia criminal han tratado de investigarlas, pero
frecuentemente se encuentran con obstáculos legales. Dado el cúmulo de
evidencias que va en aumento sobre las actividades depredadoras de
sectas, resumidas en la lista mencionada anteriormente, ¿dónde están
las nuevas leyes que esperamos de un sistema legal saludable? ¿Dónde
están las comisiones de investigación y las audiencias acerca de si se
necesitan y deben implementar esas leyes? ¿Dónde están, en los
cincuenta estados de nuestro país y en la jurisdicción federal? ¿Dónde
están los debates públicos?
En 1974, se realizó una
investigación completa sobre los Niños de Dios por parte del ilustre
Louis J. Lefkowitz, procurador general del estado de Nueva York. Una
gran cantidad de pruebas fue descubierta acerca de las técnicas
coercitivas utilizadas por el grupo para intimidar y, virtualmente,
esclavizar a sus miembros. Sin embargo, el reporte concluyó que no se
podía tomar ninguna acción directa debido a la protección
constitucional de la Primera Enmienda constitucional. ¿Dónde están los
jueces cuya perspectiva de la Constitución sea la de investigar si la
Primera Enmienda tenía realmente la intención de proveer inmunidad
para artistas estafadores, para crueles traficantes del poder,
maniacos homicidas, o para cualquiera que decidiera decir “yo soy un
ministro”? Como lo mencionara un expositor sobre la interpretación del
Departamento de Justicia en el caso Estados Unidos contra Ballard, si
una persona es suficientemente psicótica como para tener delirios,
pero suficientemente inteligente para elegir temas religiosos, queda
inmune a la intervención de la sociedad en este país.
Quizás una explicación
parcial del rol de las leyes como compañeras pasivas de las sectas se
pueda encontrar en los esfuerzos organizados por las sectas para
intimidar y desacreditar a los legisladores que tratan de actuar. Por
ejemplo, la Iglesia de la Cienciología organizó una operación secreta
en contra del ex procurador general de California. También aplastó un
proyecto de ley, en Florida, diseñado para regular las prácticas
psicológicas, e inició una cacería contra el alcalde de Clearwater,
Florida, quien era un crítico del grupo cuando no ejercía su cargo. La
monografía publicada por Richard Delgado en la revista especializada
Southern California Law Review, nos da una clara interpretación
de la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos como un
principio para la protección del pueblo, no de las
organizaciones que abusan de él. Delgado sugiere solicitar el
consentimiento informado de las personas que son reclutadas e ingresan
a un grupo, esperando que sea de una forma, pero que resulta ser de
otra totalmente diferente. Este texto fue dejado dentro del lago de la
literatura legal hace cinco años sin prestársele mucha atención. Entre
los académicos ha sido objeto de cierta discusión y la gran mayoría lo
ha criticado. La profesión legal no ha hecho nada al respecto. Así,
cuando las personas invocan “la Primera Enmienda constitucional”, el
telón se cierra, la discusión termina, y los abusos continúan.
Todos los estados de la
Unión Americana tienen leyes que permiten el establecimiento de la
tutela o custodia, lo cual podría proporcionar el medio legal para
crear un “período de enfriamiento” para aquellas personas que han sido
reclutadas en las sectas, si es que llegase a existir alguien que se
interesara lo suficiente para sacarlo de la secta y exponerlo a otras
ideas por un par de semanas. La mayoría de las leyes está estructurada
en términos tan restrictivos que no puede ser utilizada para este
propósito, pero cuando los padres toman la ley en sus manos para
rescatar a un hijo de una secta y se les viene una acción penal en
contra, la defensa por necesidad —el argumento de que su
acción fue necesaria para prevenir un daño mayor— por lo general tiene
éxito. Generalmente es exitosa porque los veredictos son realizados
por jurados formados por gente promedio, que está más cerca que los
jueces del sentido común humano en tal situación.
Pregúntese usted mismo
qué hubiera hecho si un miembro de su familia hubiera sido miembro de
El Templo del Pueblo y tuviera buenas razones para sospechar lo que
estaba pasando o lo que pudiera pasarle. ¿Qué tan lejos iría para
sacarlo fuera de la secta antes de que fuera demasiado tarde? ¿Cuántos
riesgos estaría dispuesto a tomar? Si después de haberlo rescatado, la
ACLU,
el FBI y el procurador general, todos cooperaran para llevarlo a
juicio por secuestro o algún otro cargo, sería reconfortante saber que
las probabilidades son que un jurado que pensara como usted lo pusiera
en libertad.
El gobierno británico no
tuvo miedo de aceptar el reto del tema Iglesia-Estado. Un fallo
reciente a favor del Daily Mail contra la Iglesia de la
Unificación por las calumnias de la organización a dicho periódico,
ofrece esperanza de que quizás la jurisprudencia estadounidense pueda
eventualmente iniciar un curso de acción legal.
Yo fui un miembro de la
ACLU por años, pero muchos de nosotros que éramos antiguos admiradores
de este organismo hemos estado preocupados por su aparente tendencia a
favor de las sectas en el contexto de este debate. Cuando se fundó la
ACLU, una de sus más importantes cualidades era la de ser una entidad
cuya orientación legal estaba separada del sistema legal establecido.
No obstante, parece que al menos un destacado procurador nacional que
frecuentemente testifica a favor de la ACLU es también con frecuencia
un consejero legal privado, pagado por varias sectas, incluido el
grupo de los Hare Krishna. La ACLU no ha emprendido ninguna
investigación valiente o de avanzada sobre el creciente cuerpo de
demandas y quejas contra sectas que privan a un gran número de
personas de sus libertades fundamentales. Es verdaderamente extraño
para un antiguo liberal como yo ver a la ACLU caer a ese nivel.
Pero paradójicamente, los
aliados más extraños de las sectas son las religiones establecidas. El
primer esfuerzo importante de las iglesias de California para influir
en las leyes relativas a las sectas, en los meses subsecuentes a la
masacre en Guyana de muchos ciudadanos californianos, fue la de
suprimir la facultad legal de instancias gubernamentales que podían
investigar a personas como Jim Jones. La propuesta legislativa fue
conocida como el Estatuto Petris, y muchas organizaciones
religiosas respetables se tomaron muchas molestias para introducirla
en la Legislatura, llevando a un experto legal de la Universidad de
Harvard y a un ejecutivo del Concilio Nacional de Iglesias para
declarar en favor de ella.
¿Cuál fue el resultado
del Estatuto Petris? Éste es un ejemplo: cuando se encontraron armas
de fuego en posesión de miembros de los Hare Krishna en 1981, dicha
ley hizo imposible que los investigadores revisaran si estas armas
habían sido adquiridas con dinero recaudado en colectas en el
aeropuerto. ¿Por qué? Porque el estatuto dice que los negocios
fiscales de las Iglesias son inviolables. De esta manera, una vez que
las sectas han puesto las manos sobre su dinero, pueden hacer lo que
quieran con él. Ninguna oficina del gobierno ni ninguna otra persona
tienen derecho a investigar.
El senador Robert Dole
sostuvo audiencias sobre el tema de las sectas en Washington hace
algunos años, posteriormente a la masacre de Jonestown. Los
representantes del Concilio Nacional de Iglesias, de la Iglesia
Bautista, de la Iglesia Episcopal, de la Iglesia Unificada de Cristo,
de la ACLU, y de la Iglesia de la Unificación (los moonies)
hablaron todos a favor de la libertad de las sectas para hacer casi
cualquier cosa bajo el nombre de actividades religiosas. Sólo
hubo unas pocas voces que disintieron. El año pasado, cerca de
trescientos expertos en las relaciones Iglesia-Estado se reunieron en
Washington D.C., para solicitar menos gobierno en el ámbito de
lo religioso.
Pero algunos pocos grupos
religiosos se han dado cuenta de la naturaleza nefasta de las sectas.
Por ejemplo, el Concilio de Iglesias de Nueva York denegó la admisión
de la Iglesia de la Unificación a dicha asociación y algunas
agrupaciones judías han tratado de promover la educación pública sobre
el tema de las sectas. Pero en su mayoría, las religiones establecidas
respetables se han unido en una causa común con las sectas en relación
con los grandes temas que conciernen a la sociedad. Para el observador
externo parece que las Iglesias han sido singularmente pusilánimes en
el tema de las sectas. Han estado más a favor de ayudarlas que de
estorbarlas por lo que son —una perversión del significado de la
religión, tanto como la charlatanería es una perversión del
significado del juramento hipocrático de los médicos.
La diferencia entre las
religiones establecidas y los nuevos grupos religiosos no es difícil
de hacerse; sin embargo, éste es un argumento común para evadir el
tema. Presumiblemente, las religiones son creadas para el bien de sus
miembros. Las sectas, por otro lado, parece que existen para el
beneficio de sus líderes. El principal motivo para que las
organizaciones religiosas respetables estén del lado de las sectas
parece ser el dinero. Todos están temerosos de que el gobierno pueda
obtener el poder para ver lo que se está haciendo con el dinero de las
organizaciones religiosas; el siguiente paso pudiera ser el cobro de
impuestos sobre las propiedades de la Iglesia. Antes de arriesgarse a
sufrir tal catástrofe, las religiones respetables por todo el país
están haciendo causa común con los muchos Jim Jones que andan por ahí.
No comentare cómo sucedió
que en nuestra sociedad estas instituciones se volvieron singulares
compañeras de cama de las sectas. Pero espero que el interés público
acerca de este tema vaya en aumento conforme las sectas sigan
provocando más muertes y más pérdidas. Quizás algunos personajes
poderosos o legisladores importantes pierdan a algún miembro de su
familia en las sectas antes de que hagamos algo. Yo espero que el
cambio venga antes.
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Capítulo cuatro
Trastorno por estrés postraumático
en víctimas de sectas religiosas
Dr. Jorge de la Peña
El cielo lo
abandonamos a los gorriones y a los ángeles.
Heine, Deutschland
introducción
El presente ensayo trata de ilustrar al lector sobre
las características clínicas del trastorno conocido como estrés
postraumático (conocido también como PTSD por sus siglas en inglés),
el cual es padecido frecuentemente por víctimas de sectas religiosas
destructivas. Asimismo se abordarán en forma general las
características patológicas que pueden tener los líderes de este tipo
de agrupaciones, haciendo un breve análisis de la secta como una
minoría activa.
Para tal efecto, he
dividido el trabajo en dos grandes apartados.
Primero explicaré de manera general lo referente al
trastorno por estrés postraumático, para posteriormente explorar los
aspectos psicológicos de los sujetos víctimas de la secta, la
personalidad del líder de la secta, y finalmente la secta misma como
minoría activa.
el trastorno por estrés postraumático
El trastorno por
estrés postraumático, es un evento de gran importancia
para las disciplinas psi, es
decir, la psicología, la psiquiatría y el psicoanálisis. Es
precisamente esta última la que toma la iniciativa para su estudio.
Fue en la posguerra de principios de siglo cuando Sigmund Freud,
fundador del psicoanálisis, se percató de los trastornos
psicopatológicos sufridos por los soldados que regresaban del campo de
batalla. Éstos se caracterizaban por crisis de angustia constantes,
ansiedad, recuerdos y sueños
reiterativos del suceso traumático, etcétera. Esta enfermedad era
denominada entonces como “neurosis de guerra”. Gracias a sus
estudios, el médico vienés
descubrió las pulsiones, a partir de la clásica compulsión, la
repetición característica de estos cuadros en particular.
Por otro lado, el concepto de estrés postraumático
surge sólo después de que Seyle explica el estrés como un fenómeno de
adaptación del organismo que bajo
determinadas circunstancias puede volverse patológico. Pero no
es sino posterior a la Guerra del Golfo Pérsico y como consecuencia de
los grandes estragos que la guerra de Vietnam dejó en la
psique de los soldados involucrados
en ella y que repercutieron grandemente en la sociedad
norteamericana, que se comienza a estudiar más a fondo este cuadro
nosológico.
En los tiempos
actuales, la exposición a hechos traumáticos es frecuente.
La dinámica de la vida moderna propicia situaciones de peligro
prácticamente en cualquier momento y lugar. Se ha creído erróneamente
que este problema compete sólo al sujeto que lo sufre. Por decirlo de
algún modo el afectado debe ser aquel que es golpeado o vejado, sin
embargo se ha reportado que también
aquellos sujetos que observan al que es traumatizado
resultan víctimas. Así, podríamos
decir que no sólo el que es asaltado se trauma,
sino también el que lo observa; no
sólo el que sufre un accidente automovilístico
se trauma, sino también el que lo
presencia. Podemos entonces diversificar las causales del
estrés postraumático: amenazas, asaltos, torturas, persecuciones,
desastres naturales, violencia intrafamiliar, maltrato, etc.
Durante la antes mencionada Guerra del Golfo Pérsico se
detectaron espectadores de noticieros de televisión traumatizados por
las escenas de guerra observadas.
Los programas televisivos
que exaltan la criminalidad afectan psicológicamente. La misma
inseguridad pública es traumatizante.
Dentro del contexto ya planteado, es importante
entonces definir el concepto de trastorno por estrés postraumático.
Cito textualmente a Kaplan: “Para que un paciente reciba el
diagnóstico de trastorno por estrés postraumático debe haber
experimentado una situación con una repercusión emocional de gran
magnitud, que sería traumática para cualquier persona. Estos traumas
incluyen experiencias de combate,
catástrofes naturales, asaltos, violaciones y accidentes serios (por
ej., accidentes de automóvil
o incendios). El trastorno por estrés postraumático consiste
en: 1) la reexperimentación del suceso a través de sueños o imágenes;
2) la evitación (sic) persistente de cualquier cosa que
recuerde el suceso traumático y respuesta embotada a estos estímulos,
y 3) un estado de hiperalerta. Los síntomas que se asocian con
frecuencia son la depresión, la ansiedad y las alteraciones cognitivas
(p. ej., la falta de concentración).
En la cuarta edición del
Diagnostic and Statistical Manual of Mental Health
(DSM IV), la duración mínima de los síntomas del trastorno por estrés
postraumático es de un mes”.
“El DSM IV introduce un diagnóstico nuevo, el trastorno
por estrés agudo, para aquellos pacientes en los cuales los síntomas
aparecen en el transcurso de cuatro semanas siguientes al suceso
traumático, y en los cuales los síntomas duran de dos o tres días, a
cuatro semanas”1.
Tal vez sería repetitivo describir los criterios
clínicos del diagnóstico del
padecimiento, desglosados, tal como los describe el mencionado
DSM IV. Para tal efecto remitiría yo al lector al documento disponible
en cualquier biblioteca. Considero que la definición de Kaplan cumple
con las expectativas que me he
planteado para el presente ensayo.
Lo importante es en todo caso que
se entienda el concepto y se comprenda la magnitud del mismo.
Estudios recientes han incursionado en el complejo
ámbito de la psicobiología
descubriendo que el trauma psíquico puede ser tan impactante
que altere los mecanismos neurobioquímicos de secreción de
catecolaminas, es decir de
neurotransmisores como la norepinefrina,
aunque frecuentemente concurren
diversidad de estas sustancias agravando aún más el cuadro. El
trauma psíquico altera también el eje hipotálamo
—hipófisis— adrenérgico,
con la consecuente alteración hormonal y, finalmente, la
producción de substancias opiáceas. Esto quiere decir que la
sintomatología del cuadro puede ser grave y ocasionar estados de
disociación si no es tratado a tiempo. Muchas veces, las alteraciones
se manifiestan algún tiempo después
de ocurrido el trauma, dado que intervienen mecanismos
psíquicos de defensa que, por decirlo así, enmascaran el
cuadro. Es importante mencionar que la personalidad previa, la etapa
de la vida, la significación personal que en este caso la
víctima dé al hecho traumático,
serán factores importantes para determinar la intensidad de los
síntomas y la futura recuperación
del paciente. Es decir, el niño o el adolescente responden
diferente que el adulto o el anciano; lo que para unos puede ser muy
dañino, para otros no, y la reacción será diferente en una
personalidad madura que en una inmadura. La detección temprana de la
enfermedad y el tratamiento adecuado a tiempo, son claves para el
pronóstico de esta enfermedad.
Como se puede ver,
este padecimiento, es una enfermedad de actualidad;
las características de nuestra vida con el advenimiento de la
modernidad, hacen que la violencia se sofistique, dando rienda suelta
al instinto que ya no puede ser totalmente controlado por la instancia cultural.
Ciertamente, el hombre se manifiesta en desacuerdo con las normas
sociales que le impone la cultura, como bien lo señalaba Freud en 1930,
dados los mecanismos de represión del deseo que la sociedad impone
para la buena convivencia; sin
embargo lo que yo llamaría deshumanización de la sociedad, ha
permitido la aparición de males contemporáneos de
difícil control. Fenómenos sociales
tales como la gran inseguridad pública, la prostitución
infantil, la creciente violencia intrafamiliar, la farmacodependencia
a drogas sintéticas de gran poder adictivo y el consecuente tráfico de
éstas, son sólo algunas patologías de nuestro tiempo contra las cuales
tenemos que luchar.
Dentro de este marco
de patologías sociales y traumas psíquicos, podríamos señalar una
situación, que por su trascendencia merece un
análisis aparte. Me
refiero a las víctimas de las sectas religiosas destructivas,
tan abundantes en esta época.
Esta problemática
debe ser analizada desde diversas perspectivas
para su mejor entendimiento, a saber:
1.- Desde la del sujeto que es víctima de la secta.
2.- Desde la del líder sectario.
3.- Desde la perspectiva de la secta misma como
comunidad.
1.- la víctima de la secta
Como anteriormente se ha mencionado, vivimos un tiempo
de deshumanización colectiva debido
al ritmo de la vida actual. Las condiciones sociales de
carencia de dinero, alimentación, vivienda, trabajo, salud, amor,
bienestar, placer, etc., motivan al individuo a buscar un porqué para
vivir. En psicoanálisis, diríamos que esa energía libidinal, que esa
pulsión de vida no encuentra cauce, anda sin rumbo y por principio
natural habrá que encontrarle camino. Cuántas veces no amanecemos con
miedo, con preocupación por el devenir. Muchas veces se dice: “Cuando
salgo de casa y me despido de mi familia, no sé si sea la última vez,
no sé si regresaré”. Esta incertidumbre por la vida, esta carencia,
este sujeto en necesidad busca
irremediablemente su plenitud, su paz interna, su tranquilidad.
En pocas palabras, el sujeto busca encontrar a alguien o a
algo que le dé seguridad. La
misma imposibilidad de satisfacer necesidades básicas, mueve al hombre
a recurrir a la religión. Ese vacío existencial se llena las más de
las veces a través de la religión. Aristóteles hablaba ya del “hombre
político”. Asimismo podríamos hablar, y con mayor razón del “hombre
religioso”. Este hombre religioso no es nuevo. Como todos sabemos,
la sociedad se fundó gracias a la religión; la religión fue la
primera instancia que trató de poner
orden a las cosas, y lo logró, aunque en muchas ocasiones se
pagó un precio muy alto.
La religión como una
ilusión, es el planteamiento psicoanalítico.
La religión como una ilusión del bienestar total al que
aspiramos todos. Los hombres
persiguen un fin, la paz total que da la muerte, pero la muerte
genera miedo, la metamorfosis
entonces surge a partir del imaginario paraíso a donde todos
iremos después de muertos y por lo tanto a la paz y el bienestar
total. La ilusión mueve al sujeto a hacer cosas. La religión
es un buen vehículo para tal
efecto. Intrínsecamente, en la psique humana podría haber un
apartado religioso que motiva o exige al hombre creer en algo o en
alguien. Es necesario creer para existir. Conclusión: si no
creemos, luego entonces no
existimos. En este tiempo, esa necesidad de creer se acrecienta
y el hombre acude entonces al pensamiento religioso.
2.- el líder sectario
La consistencia de un grupo depende en gran medida del
líder del
mismo. Es más, le dará la posibilidad de mantenerse y
cumplir los
objetivos trazados. La influencia que este personaje tenga por sobre
los demás es importantísima y
delicada dado que una enajenación o sumisión ante tal sujeto se
puede dar a tal grado que pueda disociar la mente de sus dependientes.
Esto es frecuente en algunas sectas religiosas destructivas y con
lideres con características de personalidad paranoica.
De acuerdo con mi
experiencia clínica, un gran
número de líderes de sectas
destructivas
padece la enfermedad, o al menos presenta en su personalidad rasgos
paranoicos. Es pertinente entonces hablar de paranoia.
Hablar de paranoia es hablar de alienación. El enfermo
delirante, es el clásico alienado
que la historia de la enfermedad mental nos refiere. El término delirio, proviene del latín delirare, que
significa “salir del surco”, por lo tanto, delirio, delirium,
es igual a una desviación, a salir fuera del sentido común, fuera de
un cauce, fuera de la realidad 2.
Henri Ey, psiquiatra
francés ya fallecido y creador de una gran
escuela, considera a la paranoia como una psicosis
delirante crónica, y la incluye junto con la esquizofrenia,
diferenciándola de esta última en función de su carácter demencial y
disociativo:
Psicosis delirantes crónicas
·
Psicosis
esquizofrénica
·
Parafrenia o delirios fantásticos
·
Paranoia
o delirios sistematizados
·
Psicosis
alucinatoria crónica
No incursionaré en la descripción clínica que este
autor hace de la esquizofrenia, limitándome solamente a las entidades
no disociativas ni demenciales como son la parafrenia, la paranoia y
la psicosis alucinatoria crónica. De éstas me referiré
particularmente a la paranoia.
Henri Ey refiere que
respecto a la historia personal del paciente
existen modos de conducta extraños o extravagantes, y
pasa a describir
a continuación una serie de manifestaciones clínicas
que transcribo al calce:
·
Excentricidades
·
Conductas
sociales desadaptadas
·
Aislamiento
·
Actos
disociativos
·
Persecución
·
Prejuicios o celos
La
temática delirante es fantástica, desconcertante y adaptativa.
La paranoia es
llamada también “delirio crónico sistematizado”, se caracteriza por la
creación de un sistema delirante coherente que forma
parte integrante de la propia
personalidad del paciente. En la personalidad previa del mismo,
existen ciertas tendencias narcisistas y egocéntricas más
hipersusceptibilidad y desconfianza y tendencia a proyectar sobre los
demás aquello que su Yo no acepta. Existen “aclaraciones” que
justifican
las creencias. Asimismo, diversos tipos de delirios conforman la
paranoia:
·
Delirio de interpretación
Se caracteriza por la necesidad de interpretar todo en relación con el
sistema delirante, haciendo por ello que la vida del paciente pierda
toda su espontaneidad natural.
·
Delirio de reivindicación
Se caracteriza por la creación de un sistema delirante
a partir de algún fracaso del que
el paciente ha salido realmente perjudicado. A partir de este
momento el sujeto lucha contra las instituciones.
·
Delirios pasionales
Delirio de celos.
Se construye sobre
un carácter paranoico. El paciente crea un
personaje sobre el cual dirige una
animadversión de tal manera que de la simple sospecha de
infidelidad atribuida a su pareja pasa a la permanente vigilancia y
acoso.
Delirio erotomaniaco.
Se construye sobre personalidad histérica. El paciente
se cree amado por otra persona, siempre se encuentra en una posición
superior a todos.
Delirio sensitivo de relación.
Se construye sobre personalidad insegura e
hipersensible. Son cuadros con matiz depresivo y con problemas de
relación 3.
Goldman caracteriza al delirio por:
a)
Su
contenido temático (de persecución, de tener pecados, de tener poderes
o habilidades especiales).
b)
Su
grado de realismo o inverosimilitud.
c)
Su
consistencia interna (las creencias del paciente pueden
ser explicadas de
manera que los demás puedan entenderlas).
El enfermo paranoide es un paciente cuyo delirio es la
manifestación más prominente o la única enfermedad. Esto, debido a que
aparece de manera muy intacta la personalidad 4.
Goldman nos indica que los trastornos delirantes no tienen una
causa orgánica
conocida y están caracterizados por las creencias delirantes
persistentes. Las emociones y la conducta exhibida son comprensibles
en el contexto de estas creencias.
Las alucinaciones pueden estar presentes,
pero
no son persistentes y
no son parte prominente del cuadro clínico
5.
Asimismo, considera
seis tipos de temas delirantes predominantes:
1.- Erotomanía
2.- De grandeza
3.- Celoso
4.- Persecutorio
5.- Somático
6.- De otro tipo
En función del tipo de delirio, su característica
principal es que el discurso es
coherente y puede ser creído. La edad de inicio se da aproximadamente
a los 40 años y su aparición puede ser precipitada por un evento
importante (pérdida de posición social, pérdida de trabajo, etc.).
En relación con este
padecimiento y en función de nuestro tema, es
importante mencionar una variedad de evento psicótico
muy común y realmente poco explorado: el trastorno psicótico
compartido, mejor conocido como folie á deux. En éste, un
paciente presenta síntomas psicóticos después de mantener una relación
prolongada con otra persona psicótica. Kaplan, nos habla inclusive de
folie á trois, folie á quatre, folie á cinq, y así
sucesivamente. Reporta el caso de una familia completa que incluía a
doce personas (folie á douze). El mismo autor nos habla de
folie imposée, folie simultanée y folie communiqué, en los
cuales, como bien se entiende, están involucradas en la psicosis más
de una persona, influenciadas por un protagonista, que bien puede ser
el líder de la secta. El trastorno tiene fundamentalmente una base
psicosocial, (...) el miembro dominante tiene un trastorno psicótico
previo (...) esta persona suele ser
mayor, más inteligente y mejor educada; posee unos rasgos de
personalidad más fuertes que la persona sumisa, que suele
depender de la dominante. La relación entre las dos personas, aunque
de dependencia, también puede caracterizarse por ambivalencia, con
sentimientos profundos de amor y
odio (...) cosa (el odio) que la persona sumisa considera
intolerable, y que a menudo hace
que introyecte esa hostilidad y aparezcan cuadros depresivos, y
a veces, el suicidio. (...) Los síntomas psicóticos de la persona
dominante se desarrollan en la persona sumisa a
través de un proceso de
identificación. Adoptando estos síntomas psicóticos, la persona
sumisa se gana el reconocimiento de la persona dominante 6.
Esta gran influencia, esta locura
compartida, comprometida, encadenante, explica en parte el
porqué de la dominación de la secta, pero la secta como grupo activo
también juega un papel en el fenómeno.
3.- la secta como minoría activa
“Hay situaciones con mucho poder y poca influencia
(situaciones autoritarias) y situaciones con mucha influencia y poco
poder (la de las minorías activas). Aunque se puedan prever
situaciones de gran poder o mucha influencia (las de las elites
religiosas o ideológicas) y de poco
poder y poca influencia (la de los grupos marginados) ” 7.
Ésta es la paradoja en la que Silverio Barriga basa la
introducción al ya clásico texto de Sergei Moscovici (1981) sobre la
psicología de las minorías activas.
Es Moscovici, quien se encarga de desmitificar a las
masas.
Las masas eran de acuerdo a algunos, la fuente del
poder en una sociedad; “el poder de
las masas” se suele decir. Este autor, aporta al conocimiento humano
el concepto de minoría activa, entendiéndose por ésta a aquel pequeño
grupo, que gracias a su gran influencia social, tiene la capacidad
de transformar radicalmente la
conducta humana. Ya en el párrafo anterior señalábamos la
paradoja de Barriga, haciendo notar fundamentalmente
dos elementos: la influencia social y el poder. Pero el punto central de
esta disertación realmente se enfocaría a partir de la
definición de a lo que la influencia social se refiere.
De acuerdo con
González–Anleo, se debe entender por influencia
social tanto la
capacidad de un individuo de modificar el comportamiento
de otro sin recurrir a la fuerza, como la transformación observable en
el comportamiento de un miembro de un grupo cuando interactúa con otro
u otros o con el grupo en su conjunto 8. A decir de
Moscovici, la influencia social se convierte en genuino factor de
cambio cuando la minoría influye en la mayoría sólo por su estilo de
conducta 9.
Lo anteriormente expuesto puede ser suficiente para
explicarnos de alguna manera el fenómeno tan actual de las sectas
religiosas destructivas y su gran influencia en el otro.
Las sectas se manejan a partir de dos elementos; por un
lado, el líder, y por otro, el aparato —por así llamarlo— de gobierno,
es decir, un pequeño grupo de allegados que comparten los mismos
intereses. El líder y el pequeño grupo conforman lo que conocemos ya
como una minoría activa. Esta minoría tiene el poder de influir
socialmente a una gran cantidad de individuos en tanto que a partir de
un comportamiento consistente, crea conflicto y duda entre los
miembros de la mayoría y los conduce a reexaminar y reevaluar su propia postura, cognitiva o
valorativa. Esto quiere decir que algunos grupos que eran
ignorados por el aparato social por su baja “peligrosidad” a partir de
este principio adquieren fuerza
social. Éstos se han convertido en grupos que poseen un propio
código social y que además proponen innovación y cambio.
Los desviantes en la psicología de
las minorías activas, llegan a engendrar su propia nomia
10. Las sectas, a través de estos pequeños grupos, tienen
como función asegurar su inserción
en la sociedad. Poco a poco, gracias a esto, al carisma o a la
psicosis del líder y a la vulnerabilidad de los individuos, la secta penetra irremediablemente.
conclusión
Los seres vivos
somos seres maleables. Los árboles y las flores, los
animales, pensantes
o no, son susceptibles de cambiar. Estamos expuestos a las
inclemencias de la naturaleza y nos sometemos a ella, la sociedad nos
controla y reprime nuestros deseos
por el bien de todos. Las circunstancias
existenciales a través de las cuales
se camina a lo largo de la vida, la adolescencia, la madurez,
la vejez, la soledad de este tiempo de masas informes,
despersonalizadas, crean sujetos ávidos de un motivo por vivir. El
hombre, ser de contrastes, vive al día ante la posibilidad de ser
infectado por algún virus, su mente se trastoca con facilidad y es
frágil, vulnerable. El ser humano puede ser destructivo, indolente. Esta
dicotomía es lo que
fundamentalmente nos caracteriza. Somos víctimas de la violencia
humana.
El trastorno por
estrés postraumático es una entidad clínica de
reciente aparición, aunque ciertamente a principios de
siglo, como ya se mencionó, Freud introdujo el concepto de neurosis de
guerra. No fue sino hasta prácticamente la década pasada que se trató
de entender esta enfermedad. Esto explica el desconocimiento popular
de la misma y por lo tanto del
abordaje terapéutico adecuado. El trastorno por estrés postraumático
es una lesión psíquica de gran envergadura: una alteración grave de la
neurobioquímica cerebral se presenta y puede llegar a tener funestas
consecuencias. No se trata
solamente, como se pregonaba antes y se pregona
todavía en algunos medios, de “dejar
que se resuelva el duelo”.
El trauma puede ser tan violento que lleve al sujeto a la muerte por
suicidio o que su vida sea un tormento de recuerdos, una
angustia presente por un hecho que no pasa y que está allí. La
farmacopea actual nos dota de un arsenal de medicamentos que, usados
prudentemente y bajo estricto control médico, puede proporcionar una
cura total al individuo que ha sido víctima de violencia. El pronóstico social por el mal manejo de
estos casos se puede ver en los actos dramáticos protagonizados
por veteranos de guerra en Estados
Unidos, por mencionar sólo un ejemplo.
El sujeto, por otro lado y dadas
sus características, está expuesto a un tipo de
violencia sutil que va creciendo:
el de las sectas destructivas. Sus líderes, las más de las
veces, son individuos enfermos de poder y grandiosidad, que
creen ser poseedores de mágicos
poderes. Se hallan por todos lados.
La paranoia es una enfermedad que
no se cree. No se cree que un individuo tal pueda ser un
enfermo mental con una capacidad de convencer a
los otros de sus poderes y su
benevolencia. Este tipo de individuos se
encuentra en los lugares más
insólitos. En grandes empresas, en instituciones
gubernamentales donde desempeñan puestos importantes y tienen bajo
su mando gran cantidad de recursos
humanos que sufren las consecuencias
de su patología y que por miedo a
perder el trabajo se someten a sus dictados.
Hay sectas religiosas destructivas que a partir de
ejercer el poder de convencimiento,
victimiza a sus adeptos, sometiéndolos
a los más horribles tormentos que
ser alguno pueda experimentar. Torturas, trabajos forzados y
abusos sexuales, son sólo algunos de los ejemplos que
puedo dar con
base en la experiencia profesional de años de tratar y curar a víctimas
del trauma religioso. La
impunidad de que suelen gozar los líderes sectarios nos impide muchas
veces concluir nuestra labor clínica.
La religión ciertamente forma parte de nuestro entorno
y no se trata de anularla, sino de
estar alerta a aquellos que ante la
necesidad innata de creer en algo o
en alguien, acuden a ciertos grupos sin imaginarse lo que
sucederá. La organización misma de la secta debe ser otro foco de
alarma, dado que a partir de esta minoría activa se puede establecer
un control social difícil de
disolver, que se adentre en las instancias gubernamentales.
En resumen, algunas sectas religiosas destructivas, son
minorías activas, dirigidas por un líder carismático, las más de las
veces con una estructura de personalidad paranoica, que aprovechándose
de la susceptibilidad y la necesidad de los individuos de creer, los
convence de ingresar a su organización para después abusar de su buena
disposición, dañándolos física y psíquicamente, ocasionando daños que
si no son tratados oportuna y adecuadamente pueden ser fatales,
y que involucran no sólo la vida del individuo, sino la de la sociedad
entera.
Referencias
Bibliográficas.
1.- Kaplan,
Harold, Sinopsis de psiquiatría, Ed. Salvat, p. 622
2.- Seva,
Antonio, Psiquiatría clínica, Espaxs, p. 372
3.-
Ey, Henri, Traité des hallucinations, Masson, p. 743
4.- Goldman, Howard, Psiquiatría general, El manual moderno,
p. 332
5.-
Goldman, Howard, op. cit., p. 333
6.- Kaplan, Harold, op. cit., p. 505
7.-
Moscovici, Serge, Psicología de las minorías activas, Ed.
Morata, pp. 17–8
8.- Moscovici,
Serge, op. cit., p. 12
9.-
Ibídem,
p. 12
10.-
Ibídem,
p. 24
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Capítulo cinco
Iglesias, sectas o nuevos movimientos religiosos
Dr. Elio Masferrer
introducción
En 1916, las iglesias protestantes
europeas y norteamericanas que hacían trabajo misionero se reunieron
en Panamá para coordinar acciones y discutir la necesidad de hacer
trabajo misionero en un continente que ya había sido evangelizado por
la Iglesia Católica. Como resultado de dicho congreso se cambió el
término protestante, comprensible en Europa y Estados Unidos,
por evangélico, menos connotado y más propositivo; también
acordaron continuar el trabajo misionero en América Latina pues
consideraban que ésta no estaba adecuadamente cristianizada. En este
contexto, cuando los investigadores nos referimos a las Iglesias
históricas, pensamos en anglicanos o episcopales,
luteranos y calvinistas o reformados, y cuando
hablamos de disidencias históricas, nos referimos a
metodistas, Ejército de Salvación, bautistas, puritanos, cuáqueros
y otras. Éstas son las Iglesias disidentes, fundadas después de la
consolidación de las históricas como religiones de Estado y que
en su mayoría participaron de la fundación de Estados Unidos (Bloom,
1994).
El problema con el que tropieza el
investigador es que estas categorías son de difícil aplicación en
América Latina, pues estas iglesias y sus disidencias se transforman
en este nuevo contexto histórico y cultural.
Habitualmente la palabra secta
tiene tantas connotaciones en el habla tanto popular como académica,
que se torna un término demasiado connotado e incluso impreciso. E.
Royston Pike en su conocido Diccionario de religiones plantea
que Iglesia es el conjunto de todos los cristianos, o que puede
denominar a una Iglesia particular. Destaca que viene del griego
ekklesia o “asamblea”, mientras que el término inglés church,
el escocés kirk y el alemán kirche provienen del
griego kyriakon, “perteneciente al Señor”.
Secta
proviene del latín secare, “cortar”, y significa:
“Denominación, sección o grupo de fieles que se han separado del
cuerpo principal”. Esta dicotomía presenta varios problemas; el
principal es que en todos los casos el observador se coloca desde un
principio de autoridad y no parte de una posición objetiva. Desde esta
perspectiva lingüística no peyorativa, las sectas podrían considerarse
una iglesia, parte de ella o la auténtica iglesia, y el
cristianismo podría considerarse una secta judía.
perspectivas de la iglesia católica
El Diccionario católico de
términos y doctrinas religiosas, escrito por dos sacerdotes
católicos y aprobado por el obispo de Torreón, Coahuila, es muy
interesante, pues en él los autores expresan su posición con tanta
claridad que consideran innecesarias mayores explicaciones. Al definir
la palabra iglesia, explican la necesidad de esclarecer cuál es
la verdadera Iglesia de Cristo. Consideran que, sólo en la Iglesia
Católica Romana se halla “la organización que Cristo quiso darle a su
Iglesia: la suprema potestad de jurisdicción y de magisterio en el
papa y los obispos, y la potestad de santificar que se realiza a
través de los sacramentos”. Recalcan que “en ninguna de las demás
Iglesias llamadas cristianas encontramos esta triple potestad” (Havers
y Bricio Torres: 1985:92). Por su parte, llaman secta: “no a
las grandes iglesias que se separaron de Roma en el siglo XVI,
llamadas protestantes, ni mucho menos a la respetable Iglesia
Ortodoxa Oriental, sino a esa multitud de grupos religiosos que se
separaron precisamente del protestantismo, que se formaron a fines del
siglo XVIII y a mitad del siglo XIX, y a las que se han apartado de la
Iglesia Anglicana; a ese mundo de iglesias libres,
cristianas, interdenominacionales, etc. Se proponen
describirlas para que “nuestros hermanos católicos sepan distinguirlas
y, por consiguiente, rechazarlas” (1985:181). Los autores diferencian
también a las sectas gnósticas y a las que
exaltan el sentimentalismo.
la hipótesis conspirativa. las sectas como “agentes del
imperialismo”
Para el Diccionario católico de
términos y doctrinas religiosas, las sectas son reduccionistas,
fundamentalistas, salvacionistas, insisten en el poco o ningún valor
de las cosas del mundo, son pietistas (exageradas manifestaciones de
piedad en contra de la razón), emocionales, en lo moral son
inflexibles, rigoristas y puritanas, hacen propaganda sobre las
curaciones milagrosas y recurren a la psicosis colectiva, se mantienen
además en constante y fuerte oposición a la Iglesia Católica. Havers y
Bricio Torres consideran que se sostienen por fondos provenientes de
Estados Unidos y no vacilan en vincularlos con servicios de espionaje
o con organizaciones interesadas en el control natal (1985:184).
Asimismo, confían en que la suspensión de los vínculos financieros que
asumen, haría regresar a sus adeptos al seno de la Iglesia Católica.
Agregan una lista de sectas que incluye a La Luz del Mundo, la Iglesia
de la Unificación (Moon), Los Niños de Dios-La Familia, El Castillo
del Rey, la Sociedad Internacional para la Conciencia del Krishna,
Misión de la Luz Divina, Meditación Trascendental,
Dianética-Cienciología y las Iglesias Libres.
buscando una definición científica
En esta sección no formularemos
una nueva definición de secta, sino que, por el contrario,
plantearemos los problemas de designación con los que se encuentra un
investigador. Nos parece interesante la discusión que propone Manuel
Marzal (1988), que sintetizaremos para tener una primer aproximación
al problema. Luego analizaremos las posiciones de Roland Campiche
(1987) y de otros autores europeos como Jean-François Mayer (1987),
sobre el concepto de Nuevos Movimientos Religiosos.
las sociologías institucionales
La definición clásica de Weber que
designaba a Iglesia como comunidad de creyentes y a secta como
comunidad de elegidos ha sido criticada, pues implica de alguna
manera un juicio de valor, la sutil diferencia entre creyentes
y elegidos. Troeltsch relaciona secta e Iglesia con sus formas
de articulación con la sociedad, en esta perspectiva la Iglesia
“estabiliza y determina el orden social y al hacer esto se hace
dependiente de las clases altas y su desarrollo. Las sectas, por otro
lado, están conectadas con las clases bajas o, por lo menos, con
aquellos elementos de la sociedad opuestos al Estado y a la sociedad”
(1960:331). Este autor propone tres tipos de formas organizativas:
Iglesia, secta y grupo místico. La Iglesia tiene a su cargo la
salvación de las masas y puede adaptarse al mundo. La secta es una
sociedad voluntaria, más estricta, formada por renacidos que se
preparan para la venida del Reino de Dios. Grupo místico es
aquél donde “la transformación del mundo de las ideas se materializa
en un culto y doctrina formal y en una experiencia puramente formal e
interna” (1960:993).
Esta dicotomía secta-Iglesia, que
puede ser operativa para Europa, no lo es necesariamente para Estados
Unidos, donde la constitución de la nación se dio sobre la base de un
estado teísta pero no clerical ni con religión de Estado, pues
precisamente la gran mayoría de los protagonistas de la guerra de
independencia norteamericana eran miembros de minorías religiosas, que
tuvieron que emigrar a América. Prácticamente expulsados de sus
países, la lealtad con sus monarcas, en particular Su Majestad
británica, era mínima, si no es que nula. Las minorías en este nuevo
contexto perdieron su estructura en tanto tales, de alguna manera se
coaligaron y fundaron un Estado de nuevo tipo, una república federal,
sin religión de Estado, que implicaba un acuerdo histórico
entre las distintas minorías e Iglesias, una renuncia expresa a tratar
de imponer la hegemonía de alguna de ellas.
los estados unidos y el nacimiento del
denominacionalismo
En términos prácticos, los
distintos grupos, cuyos feligreses fundaron la Unión Americana,
renunciaron a uno de los elementos claves de Troeltsch, el que implica
participar de la estructura del Estado. La tolerancia mutua llevó a
las distintas expresiones religiosas a asumir que todas eran parte de
la Iglesia fundada por Cristo, esta renuncia de todos a aspirar a que
alguno de ellos fuera la verdadera Iglesia los llevó a asumirse
como partes del todo, mutuamente necesarias,
pero no indispensables; la diferencia estaría en los
nombres que adoptarían las distintas expresiones del todo, en
esta perspectiva surge el concepto de denominación, un término
intermedio, en el que las diferentes organizaciones se sienten
articuladas, solidarias y no antagónicas. Podríamos decir que la
religión civil americana es un denominador común que configura las
distintas religiones en términos de la cultura y el modo de vida
norteamericano. A su vez, es un proceso mediante el cual el
establishment coopta las disidencias religiosas articulándolas con
los objetivos históricos del Estado.
niebuhr y el sectarismo
Asimismo, y en esta perspectiva
histórico religiosa, para Niebuhr, el sectarismo estricto se
transforma por el desarrollo de un clero más refinado, un culto más
sobrio y menos emocional: “Cualquiera que sea la línea evolutiva
seguida, toda secta que sobrevive a su primera generación deriva hacia
la posición de una confesión más, y se va pareciendo a los grupos que
en su principio combatió” (Scharf, 1974:163). Bryan Wilson (1970)
plantea que las sectas son agrupaciones voluntarias a las cuales se
ingresa por una prueba de méritos, lo cual produce un fuerte
sentido de identidad, se asignan un acceso especial y exclusivo a las
verdades sobrenaturales, comportándose como una elite; al ser
voluntarias, tienen una vida muy intensa y cuentan con sistemas de
control social estrictos para controlar a sus propias disidencias; no
rechazan la ortodoxia, sino que la reinterpretan. Marzal sintetiza a
Wilson para quien la secta tendría los siguientes rasgos:
“Voluntariedad, exclusivismo, méritos, autoidentificación, estatus de
elite, expulsión, conciencia y legitimación (Marzal, 1988:380). Wilson
elabora una tipología a partir del concepto de salvación. Los
ortodoxos aceptan la cultura vigente y los medios proporcionados por
el sistema oficial; por el contrario, las sectas definen “sus
necesidades de salvación como un salvarse del mal que aparece en el
mundo. Cómo será otorgada esa salvación, y cómo y cuándo actúa, son
puntos que difieren considerablemente de unas sectas a otras. Existe
un número determinado de modos de tasar a ese mundo del que se busca
la liberación y de responder a él” (1970:37). Sobre esta base, Marzal
elabora una tipología que nos parece importante:
los criterios de marzal
Las sectas tenderían a compensar
el mal, superarlo o eliminarlo. Las que intentan compensar el mal
serían las sectas conversionistas (cambio de sí mismo, Vg.
pentecostales), transformistas (cambio del mundo por Dios, Vg.
Testigos de Jehová), introversionistas (huir de corrupción del mundo,
Vg. movimientos monásticos). Las sectas que intentan superar el
mal serían las manipulacionistas (salvan el mundo con “técnicas”
religiosas, Vg. Dianética), taumatúrgicas (salvar el mundo por
“milagros” de Dios, Vg. Metafísica Cristiana o Ciencia
Cristiana). Las sectas que desean eliminar el mal serían las
reformistas (salvación racional por motivos religiosos, Vg.
cuáqueros actuales) o utópicas (salvan el mundo con comunitarismo de
base religiosa, Vg. tolstoianos). Wilson presenta la
posibilidad de sectas de orientación múltiple (Vg. mormones) o
que pasan de una tendencia a otra. Marzal termina reflexionando que la
Iglesia Católica acepta prácticamente todas las metas arriba
enunciadas, pero que “no se constituyen dichas metas en orientación
fundamental, como lo hacen las sectas. Esta unilateralidad es la gran
fuerza y —paradójicamente— la gran debilidad de las sectas frente al
catolicismo. (Marzal, 1988:382)
tres categorizaciones de iglesia
Marzal divide el campo religioso
en las áreas populares de la sociedad limeña, en que realiza sus
estudios, en tres grandes sectores: la Iglesia cultural, la
Iglesia popular y las Nuevas Iglesias. La Iglesia cultural
está formada por aquellos que recurren a la cultura religiosa
campesina o tradicional y la recrean en las ciudades, un elemento
estratégico es la fiesta. La Iglesia popular está formada por
aquéllos que aplican el Concilio Vaticano II y las conferencias
episcopales latinoamericanas; manejan un enfoque teológico basado en
la teología de la liberación, redescubren la Biblia, plantean un
ritual distinto a los tradicionales o campesinos y proponen un
compromiso ético político. Las Nuevas Iglesias están formadas por los
integrantes de las confesiones no católicas (Marzal, 1988:20-21). Es
evidente que no incluye a otros sectores del catolicismo como una
Iglesia Conservadora, pues está investigando en una barriada popular
de Lima, Perú.
En su estudio de casos, Marzal
divide las Nuevas Iglesias en: evangélicas (Presbiteriana, Bautista y
Alianza Cristiana y Misionera), pentecostales (I. de Dios de la
Profecía, Asambleas de Dios, I.M. Esmirna Pentecostés,
pentecostales independientes) y escatológicas, que plantean la
inminencia del fin del mundo (Adventista, Testigos de Jehová, y
mormones).
sectas o nuevos movimientos religiosos
(nmr). una
conceptualización histórico-genética
Un aporte interesante que fue
discutido en el Primer Congreso Latinoamericano sobre Religión y
Etnicidad (México 1987), es el de Campiche (1987), quien considera que
las sectas son disidencias de las religiones establecidas, mientras
que los NMR son desviaciones de las culturas religiosas establecidas y
son producto de transformaciones en el campo religioso. Los NMR son
respuestas a las crisis culturales y sociales, mientras que las sectas
enfrentarían a las crisis sociales. Los NMR surgirían después de la
Segunda Guerra Mundial (1945-1960) como parte de la contracultura. En
el contexto occidental, representan “una manifestación de
ultracristianismo, extracristianismo o bien que sobrepasa el
cristianismo en un proceso sincrético. Y eso, a la inversa de las
sectas”. “Se trataría entonces de una religiosidad o de una religión
paralela (...) o de una religiosidad que sale del marco estricto de la
familia de las religiones abrahámicas”(1987:9-10).
Las características de los NMR se
podrían sintetizar, según Barker, “por su proliferación y su
propensión a combinar elementos opuestos presentes en otras religiones
y a reorganizar prioridades enraizadas en otras tradiciones
religiosas”, su novedad sería mas retórica que doctrinal. Beckford le
agrega otros elementos, “el carácter particularmente especializado de
sus ideas y de sus prácticas, la participación alta de laicos, la
capacidad de traducir la espiritualidad en acciones prácticas diarias”
repensando y readecuando “la relación entre lo espiritual y lo
material”. A esto se le agregaría “una clientela que transita con
gusto de un grupo a otro”. Stark y Brinbrigde le agregan la capacidad
de atraer población “que proviene de sectores sociales no religiosos”
Glock y Bellah “explican el auge
de los NMR por la respuesta que ofrecen al relativismo que resulta de
la desintegración de la ética. En esta sociedad no sólo no se sabe lo
que es justo, pero aún más, uno ya no está en la capacidad de hacer lo
justo” (Vg. el absolutismo moral de Moon). Según estos autores,
en Estados Unidos “el rechazo del utilitarismo y de su legitimación
favorece los NMR orientalistas, los cuales ofrecen una aculturación,
en relación con los sistemas de valores dominantes”.
Wallis los explica “como una
reacción a la desinstitucionalización de la identidad individual como
consecuencia de la primacía otorgada a la racionalización y a la
eficacia en nuestras sociedades y a la desaparición de la comunidad” (Vg.
Hare Krishna, Niños de Dios, Cienciología). Para Brinbrigde y Stark
serían una respuesta a la secularización. Beckford señala que los NMR
serían entonces una suerte de laboratorio social y cultural donde se
“ensayan y expresan ideas, sentimientos y relaciones sociales”.
Nuestro autor termina planteando las dificultades epistemológicas que
acarrean los NMR y propone “evitar llamar religiosos a todos los
intentos de dar sentido a la existencia o de legitimar los
comportamientos individuales y sociales”. Termina asumiendo
provisoriamente la definición de Dobbelaere para quien la religión es
“un sistema unificado de prácticas relativas a una realidad
supra-empírica, trascendente, que une a todos los que se adhieren a
ella en una sola comunidad moral” (Campiche, 1987:1-18).
la clasificación de mayer
Jean-François Mayer, otro
especialista suizo, profundiza aún más; hace una distinción entre
Testigos de Jehová o mormones, quienes provienen del cristianismo
occidental, y los grupos recientemente surgidos que tienen “gran
visibilidad”, no tanto por su número, sino “en razón de la apariencia
física de sus miembros, de prácticas insólitas, de controversias o
simplemente de su novedad y que nuclean a movimientos muy distintos
por su teología. En Alemania han sido designados como
Jugendreligionen (religiones de la juventud), término muy poco
satisfactorio científicamente, pues los adherentes envejecen y no
necesariamente defeccionan. De acuerdo a Mayer, en los países de habla
inglesa se emplea cult para referirse a “una nueva religión en
sus inicios, un grupo poco estructurado reagrupado alrededor de un
líder carismático”. Esto se aplica también a los Nuevos Movimientos
Religiosos, diferenciándolos de sect que se emplea para las
divisiones de grandes religiones. Sect es una escisión y
cult una innovación (Mayer, 1987:21). En esta perspectiva, el
desarrollo de los Nuevos Movimientos Religiosos se daría en el
contexto de una religiosidad difusa y paralela a las ortodoxias
existentes, que “produce una reevaluación de las viejas ideas y de los
antiguos sistemas, es probable que los NMR no sean más que la punta
emergente de iceberg: a largo plazo, el desarrollo y la popularización
de esa religiosidad difusa será, mucho más que los NMR, un factor
determinante en la modelación de la futura fisonomía de los países
occidentales” (Mayer, 1987:22).
hacia una clasificación de
nuevos movimientos religiosos
Este autor, al igual que Campiche,
considera como NMR a “grupos nacidos durante la época contemporánea,
implantados en su mayoría en Occidente después de 1945”, que proponen
experiencias espirituales no cristianas o sincréticas. Excluye de esta
clasificación a los representantes de las grandes religiones
tradicionales establecidas en Occidente y a las disidencias
cristianas, con la excepción de movimientos que reclaman formar parte
del cristianismo y que incluyen a la vez importantes aportaciones de
otro origen (Vg. Moon y la Iglesia de la Unificación). Un NMR
no constituye necesariamente una nueva religión “Soka Gakkai o la
Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna arraigan entre
tradiciones mucho más antiguas” (Mayer, 1987:25). Sobre esta base se
intenta hacer una clasificación de familias de NMR:
movimientos neo-hinduistas
1.- Movimientos originarios de la
India: Mayer comenta que la diversidad es muy grande, coloca en un
extremo a los Hare Krishna que enseñan una práctica espiritual con
acentos devocionales y con un modelo védico, basado en las antiguas
Escrituras Sagradas; y en otro extremo, sin clasificarlo como
hinduista, está Bhagwan Shree Rajneesh, una religión ecléctica y que
trastorna los valores tradicionales, con una gran libertad sexual y un
conjunto de comportamientos provocadores y escandalosos. Coloca en
medio a Siddha-Yoga, Ananda Marga, Sathya Sai baba, Sahaja Yoga y el
Brama Kumaris; todos estos grupos tienen como elemento central el guía
espiritual, el gurú a quien se le presta más obediencia y
sumisión que a la misma organización.
movimientos de origen oriental
2.- Movimientos originarios del
Lejano Oriente: Japón y Corea tienen organizaciones budistas como Soka
Gakkai. También existen lecturas orientales del cristianismo, Oomoto,
Sekai Kyusei Kyo (Iglesia de la Mesianidad Mundial) y Mahikari. En
Corea, la más conocida es la Iglesia de la Unificación de Sun Myung
Moon. Estas religiones tienen en común su organización en torno a un
líder carismático y proponen la construcción de un Nuevo Tiempo.
derivaciones del islam
3.- Movimientos de origen
islámico: la mayoría está influida por el sufismo, una forma esotérica
y mística del Islam. (Vg. La Nación del Islam, dirigida por
Louis Farrakhan en Estados Unidos).
grupos esotéricos-ocultistas
4.- Movimientos de origen oculto
esotérico, muchos tienen acercamientos gnósticos: la antroposofía, los
Rosacruces, Fraternidad Blanca Universal, Sserulanda Nsulo Y´obulamu
Spiritual Foundation y el Movimiento del Graal, la Escuela Arcane y la
Nueva Era (New Age).
“platillistas” y cultos de ovnilatría
5.- Movimientos enfocados en el
culto a los “objetos voladores no identificados” y/o “encuentros del
tercer tipo”. Ted Peters distingue cuatro elementos de estos
movimientos: trascendencia (objetos llegados desde arriba),
omnisciencia (los extraterrestres saben todo),
perfección (los extraterrestres son de una civilización muy
avanzada) y redención (vienen a salvar a la humanidad del
peligro que corre por sus problemas).
movimientos psicorreligiosos
6.- Movimientos de tendencias
psicológicas. “Se da un desliz creciente hacia lo espiritual en el
movimiento del potencial humano”. Cienciología, es el más estructurado
de estos grupos (Mayer, 1987: 26-29).
Los NMR son religiones de la
“experiencia y el desarrollo personal; no se trata sólo de aceptar
intelectualmente una doctrina, (sino que es) una manera de introducir
un mundo nuevo y regenerado, donde uno participa de la transformación
más amplia cambiándose a sí mismo” (Ibíd.: 31, paréntesis añadido).
conclusiones: creyentes, consumidores de lo sagrado y
multirreligiosidad
En nuestra exposición hemos
hablado fundamen-talmente de las instituciones religiosas, de los
sistemas organizacionales que se abocan a la reproducción de lo
sagrado y de sus especialistas, pero deliberadamente hemos omitido
incluir a los feligreses. Éstos, en su inmensa mayoría, no conocen
teología y se adscriben a una iglesia o religión mediante su
participación en ritos y ceremonias, desde sus prácticas y consumos.
Su cambio religioso está en función de la eficacia del sistema
simbólico en su cotidianidad, por ello es probable que no tenga
mayor problema en transitar por diversas religiones e instituciones en
función de sus necesidades. El creyente puede leer un horóscopo chino
u otro derivado del zoroastrismo, puede hacerse una limpia
tanto étnica americana como esotérica occidental, quizá solicite una
lectura de tarot si tiene ciertos problemas, aunque más tarde bautice
a sus hijos y se case en un templo católico. Los evangélicos no
encuentran mayores problemas en participar de las actividades de
distintas denominaciones o de acciones interdenominacionales. Los que
están interesados en ceremonias emotivas puede ser que transiten desde
actividades de los carismáticos católicos, pentecostales,
neopentecostales o cultos afroamericanos. Los de la Nueva Era
asistirán con gusto a ceremonias neobudistas, neohinduistas
o nativistas americanas y realizarán actividades de defensa
ecológica desde su perspectiva. Si uno suma los participantes de actos
religiosos por separado, es probable que la sumatoria sea mayor que la
población censada del país, esto, debido a los fenómenos de
multirreligiosidad. Los feligreses, pues, ya no son borregos
del rebaño, sino que pretenden ser actores maduros que escogen,
seleccionan, combinan, evalúan y deciden sus preferencias religiosas.
Su participación reconoce responsabilidades diferentes, los
evangélicos reclaman el sacerdocio universal de los creyentes,
mientras que el catolicismo asigna diferentes responsabilidades y
jerarquías a clérigos y laicos.
El
futuro de los llamados Nuevos Movimientos Religiosos aún es motivo de
controversia entre los especialistas. Por sus características
expresarían procesos de secularización en los cuales se escogen
opciones religiosas como productos de mercado o, por el contrario,
representan procesos de retorno o de fortalecimiento de lo religioso
como fenómeno cultural. Queda planteada también la interrogante sobre
el destino de los NMR: disolverse con el tiempo, transformarse en
denominaciones y en nuevas iglesias —como propone Marzal— o mantenerse
permanentemente en un equilibrio inestable.
bibliografía
BLOOM, Harold:
La religión en los Estados Unidos. El surgimiento de la nación
postcristiana. FCE, México, D.F., 1994.
CAMPICHE, Roland
J.: “Sectas y nuevos movimientos religiosos, divergencias y
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Nueva, México, D.F., 1987.
HAVERS, Guillermo
Ma. y Bricio TORRES, SJ: Directorio católico de términos y
doctrinas religiosas. Obra Nacional de la Buena Prensa, México,
D.F., 1985.
MARZAL, Manuel M:
Los caminos religiosos de los inmigrantes en la Gran Lima. P.
Universidad Católica del Perú. Lima, 1988.
MAYER, Jean-François:
“El mundo de los nuevos movimientos religiosos”. En Cristianismo y
sociedad XXV/3 n.93. pp. 21-36. Tierra Nueva, México, D.F., 1987.
SCHARF, Betty R.:
El estudio sociológico de la Religión. Seix Barral, Barcelona,
1984.
TROELTSCH, Ernest:
The Social Teaching of the Christian Churches, Harper and Row
Publishers, New York, 1960 (1911).
WILSON, Bryan:
Sociología de las sectas religiosas.
Guadarrama, Madrid, 1970.
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CAPITULO SEIS
Las sectas y los jóvenes:
estrategias de proselitismo y grupos de riesgo
Dra. Margaret Thaler Singer
La proliferación de las sectas empezó a finales de los
años sesenta, pero no fue sino hasta el trágico suicidio/asesinato de
913 ciudadanos norteamericanos, en Guyana, en el año de 1978, que la
gente empezó a dirigir su atención a la tremenda influencia que los
líderes de las sectas pueden tener sobre sus seguidores[i],[ii].
A partir de entonces, infinidad de familias en los Estados Unidos y en
otros lugares han tenido que lidiar con el problema que se suscita
cuando un miembro de la familia se involucra en una secta.
La
primera oleada en los Estados Unidos tendió a reclutar jóvenes entre
los 18 y 25 años de edad. La mayoría de ellas eran sectas religiosas.
En poco tiempo, la variedad de sectas aumentó y el rango de edad en
las personas reclutadas se amplió. Entonces las familias empezaron a
buscar la ayuda de profesionistas, ministros y educadores para poder
hacer frente al fenómeno. Las primeras sectas que florecieron entre
finales de los sesenta y principios de los setenta tenían una
tendencia religiosa; debido a esto, algunas personas piensan
erróneamente que todas las sectas son de carácter religioso. Sin
embargo, hay sectas políticas, sectas psicológicas, grupos que viven
en comunas que se convierten en sectas, sectas de ovnis, sectas de
mujeres liberales separatistas, y sectas de dietas, de salud,
filosóficas, y sectas satánicas, sólo por mencionar algunas.
inquietudes de la opinión pública
Las inquietudes de la opinión pública se han
concentrado hasta el momento en las actividades de reclutamiento, en
los cambios aparentes de personalidad reportados como resultado de la
afiliación a la secta, y en el conocimiento que tiene el público en
general sobre reportes de abusos contra niños, muertes, crímenes
extraños y actos de terrorismo asociados a las sectas[iii].
Además de esto, los padres de familia se han preocupado por los “años
perdidos” que los jóvenes han pasado en algunos de estos grupos.
Como cualquier otra organización, cada secta debe
ser evaluada por su conducta. Las mismas varían desde grupos
relativamente benignos, hasta otros cuyos antecedentes están repletos
de actividades ilegales, incluido el asesinato. Como cada grupo es
considerado en forma individual, la atención debe concentrarse en su
conducta y comportamiento, no en sus creencias. La Primera Enmienda de
la Constitución de Estados Unidos protege de manera absoluta la
libertad de creencia, pero permite que la conducta de todos los
ciudadanos y grupos quede abierta al escrutinio público y a los
requerimientos de la ley[iv].
El fenómeno sectario ha sido estudiado desde
distintos puntos de vista teológicos, sociológicos, psicológicos y
legales; sin embargo, una de las visiones globales más acertadas ha
sido dada por un médico que analizó las sectas desde el punto de vista
de la salud pública[v].
Las peticiones de asesoría a médicos y otros
profesionales, no se limitan a querer saber qué hacer cuando los
jóvenes y adolescentes han ingresado a sectas. Generalmente, cuando
una persona deja una secta pero tiene a sus hijos y a su pareja aún
dentro del grupo, ese individuo puede buscar consulta legal, médica, y
psicológica sobre sus derechos con respecto a sus hijos. Los abuelos
también pueden estar preocupados por el bienestar de sus nietos cuando
están siendo educados en sectas; y finalmente, hay hijos adultos que a
menudo buscan ayuda sobre qué hacer cuando sus padres ancianos fueron
proselitados por sectas. Debido a lo amplio y complejo de los temas
involucrados cuando se habla de este fenómeno, nos concentraremos a
continuación en el área de los jóvenes.
mitos:
¿qué tipo de persona ingresa a una secta?
Se calcula que en Estados Unidos, entre 1972 y 1992,
veinte millones de personas se involucraron en una u otra de las cinco
mil sectas, o grupos sectarios contemporáneos reportados en este país.
Todas estas agrupaciones fluctúan entre aquellos constituidos por una
docena de miembros o menos, hasta los grandes grupos internacionales
que afirman tener millones de adeptos.
Mucha gente piensa erróneamente que los jóvenes
que ingresan a sectas son inadaptados, psicológicamente hablando; que
son producto de familias disfuncionales o desintegradas, o que, de
motu proprio, buscaban ya una secta como a la que eventualmente se
unieron. Estos mitos no han sido confirmados por las investigaciones
sobre el tema y parecen estar relacionados con una tendencia común a
culpar a las víctimas. Esta actitud, por lo tanto, da lugar a que
mucha gente evite reflexionar con responsabilidad acerca de las sectas
—cómo se forman, cómo operan, su impacto en las personas, en las
familias y en la sociedad— culpando simplemente a los que se afilian a
las sectas (o a sus familias), por ser débiles de carácter o por tener
problemas patológicos. Muchos padres creen a la vez que, de alguna
manera, ellos deben ser los culpables de que su hijo se haya unido a
la secta; este sentimiento de culpa es a menudo la causa por la cual
no buscan ayuda. Sin embargo, las familias que están en esta situación
necesitan ayuda de personas u organismos que tengan conocimiento sobre
cómo operan las sectas en general; y en lo particular, necesitan
información acerca del grupo específico al que ha ingresado el miembro
de la familia. Grupos de personas que fueron miembros de sectas,
organizaciones de asesoría a padres de familia, y profesionistas con
conocimiento del tema, pueden generalmente proveer información,
material escrito y ayuda.
Las investigaciones indican que aproximadamente
dos terceras partes de los adultos jóvenes que se han unido a sectas
han salido de familias normales y habían demostrado un comportamiento
adecuado a su edad hasta el momento de ingresar a la secta. De la
tercera parte restante, sólo el 6% tenía problemas psicológicos
importantes antes de unirse a una secta. El resto de aquellos con
problemas, sufrían de depresiones diagnosticables relacionadas con
alguna pérdida personal (Vg. la muerte de un familiar,
frustración por no haber conseguido la admisión a la universidad de su
preferencia o algún romance que terminó) o estaban luchando con
conflictos en su carrera, o con problemas sexuales relacionados con la
edad.
Algunos mitos incluyen la idea de que las
personas escogen libremente involucrarse en las sectas y que son
felices y están satisfechas al respecto. Los estudios indican que la
mayoría de las sectas cuenta con estrategias para influir fuertemente
en la gente y así inducirla a ingresar. Más aún, muchas veces existe
una desilusión general relacionada con el reclutamiento. Quizás el
nuevo adepto no estaba plenamente informado de qué implicaba hacerse
miembro. Los apologistas de las sectas
tienden a presentar teorías respecto de “aquellas personas que
buscan”, pero ignoran los enérgicos esfuerzos de las sectas para hacer
prosélitos.
Después de ingresar a una secta, los nuevos
miembros son expuestos a técnicas que se centran en la influencia
social y psicológica, diseñadas para cambiar su comportamiento,
conducta y actitudes externas para conformarlos a las que benefician
las metas del grupo, sin que el bienestar y los planes de vida de los
miembros sean tomados en cuenta[vi].
La mayoría de las sectas aplica lo que los
investigadores han denominado “programas coordinados de influencia
coercitiva y de control de comportamiento”[vii].
Otros términos como reforma del pensamiento, persuasión
coercitiva y lavado de cerebro, han sido usados para
describir la variedad de técnicas sociales y psicológicas que se usan
para inducir a cambios substanciales en creencias u opinión. Estos
programas diseñados para influir, resultan a menudo efectivos para
producir conformidad de conducta y pensamiento. Una meta obvia en la
mayoría de las sectas es enseñar a sus miembros a evitar la crítica y
los sentimientos negativos, para que así la opinión pública y los
miembros potenciales vean solamente aspectos positivos y entusiasmo
por el grupo. Diferir de este patrón de comportamiento puede causar
ostracismo, presión social para amoldarse y la pérdida de prestigio en
el grupo.
Generalmente, las personas que han sido miembros de este tipo de
agrupaciones revelan que su intención al ingresar era sólo buscar
compañía y la oportunidad de hacer algo que los beneficiara a ellos y
a la humanidad. Dicen con frecuencia que no estaban buscando
específicamente a la secta a la cual se unieron y que no pretendían
afiliarse a la misma de por vida. Más bien, fueron presionados de
manera activa y/o con engaños. Pronto se encontraron inmersos en el
grupo, fueron cortando lentamente con su pasado y con sus familias, y
llegaron a depender totalmente del grupo.
miembros
potenciales
Podría considerarse que casi cualquier persona es un
miembro potencial de una secta durante un período vulnerable de su
vida. Las investigaciones muestran que no hay un tipo de persona
particularmente propensa a unirse a las sectas. Tampoco el pertenecer
a una implica una condición psicopatológica previa. Más bien,
cualquiera que pasa por un periodo de vulnerabilidad en su vida (v.g.
un periodo de transición, o de sentido de pérdida, o periodos de
soledad) queda expuesto a su persuasión e influencia. Aunque el
período de vulnerabilidad sea transitorio, si un miembro de una secta
se aparece y con destreza e insistencia emplea señuelos sencillos y
procedimientos de control, durante ese lapso el individuo puede ser
influido fácilmente. Las depresiones leves a moderadas son la causa
más frecuente de vulnerabilidad para los engaños de las sectas. Cuando
un joven está deprimido por alguna decepción reciente, una pérdida o
algún fracaso, el ofrecimiento que hace el miembro de la secta de un
grupo que aceptará a la persona incondicionalmente — una manera
supuestamente positiva y sencilla de mejorarse a sí mismo, y los
medios para ayudar a la humanidad—, lo hace especialmente propenso a
ser atraído en ese momento, más que en cualquier otro.
el factor
estrés
Otro tipo de vulnerabilidad se desarrolla cuando un
joven se empieza a sentir abrumado por la cantidad de elecciones
complejas que tiene que hacer en su adolescencia, al inicio de su edad
adulta. Además de esas decisiones personales que tienen que tomar,
muchos adolescentes están tratando de asirse de valores, creencias y
propósitos. Las numerosas decisiones que tiene que tomar un
adolescente, lo ambigua que es la vida en esa edad, lo complejo del
mundo y la cantidad de conflictos asociados a la vida diaria, pueden
ser abrumadores. Muchos ex miembros de sectas informan que ciertas
clases que tomaron en preparatoria o al principio de la carrera,
contribuyeron en gran medida a su confusión. Generalmente describen
clases, algunos maestros y algunas experiencias que sintieron, que les
quitaron la estabilidad sobre sus puntos de vista sobre el mundo. Como
consecuencia, sintieron necesidad de encontrar con quién afiliarse y
mecanismos sencillos que ayudaran a que su vida funcionara. Se sentían
literalmente en un laberinto con tantos asuntos y estaban asustados
por la complejidad de las que parecían interminables decisiones que
debían tomar. Luego, sin habérselo propuesto, se encontraron inmersos
en un grupo que ofrecía caminos sencillos y “garantizados”. En
ocasiones, a los jóvenes les fue entregada una invitación o un volante
en la calle o en la universidad, o alguien se les acercó en el colegio
para que asistieran a una reunión. En poco tiempo fueron inducidos a
ingresar a algún tipo de secta.
Otra forma de proselitismo juvenil se da en los
campamentos y conferencias sobre los supuestos beneficios de la
meditación fundamentada científicamente, lo cual pronto los conduce a
afiliarse a alguna secta. Otros jóvenes son abordados directamente y
se les invita a asistir a algún evento atractivo para personas de su
edad. Una secta muy grande tiene una banda de rock que está de gira
por todo el país y sirve de atracción en grandes centros comerciales y
en lugares con concentraciones masivas de personas. Allí, miembros de
la secta se acercan personalmente e invitan a las personas a su centro
de operaciones en la localidad. Otros jóvenes son reclutados mientras
van camino a casa, o aun en el extranjero. Esto sucede porque están en
un estado de transición multiforme, y dicha condición aumenta la
apertura para ser persuadidos o influenciados.
estrategias de persuasión
Las sectas buscan personas amistosas, obedientes,
altruistas y maleables porque son fáciles de persuadir y de manejar. A
las sectas no les interesan los jóvenes recalcitrantes, desobedientes
y egoístas; esta clase de individuos es muy difícil de moldear a los
controles estrictos y a las disciplinas tan rigurosas de estas
organizaciones, que usan el sentimiento de culpa y la presión social
como sus principales métodos de control.
Los jóvenes duros, insolentes, egoístas, o los
que tienen una cultura callejera, son difíciles de cambiar; no confían
en los demás o sencillamente no se dejan llevar por la insistencia ni
por los ofrecimientos de alguien. Estos jóvenes han sido tratados
duramente por la vida y no confían en la gente que trata de influir en
ellos, por lo tanto no son proclives a la complacencia. Desconfían de
las ofertas de compañerismo instantáneo, del vivir en grupo, del
trabajo de apariencia altruista y del sentido de seguridad. Es
probable que estos jóvenes hayan sido engañados, que hayan
experimentado el trajín callejero o el ser estafados en empleos;
perciben por experiencia que las personas que se les acercan con
propuestas tienen una doble intención, una superficial y una
escondida. Pero el individuo confiado, y aquél con una vida protegida,
es más fácil que responda sin hacer las reflexiones críticas adecuadas
sobre qué puede estar detrás de los ofrecimientos y aseveraciones de
la gente.
Algunas de las sectas más grandes tienen manuales
para hacer proselitismo en los cuales describen diferentes tipos de
personas y cómo establecer confrontaciones para reclutar. Los miembros
de las sectas están entrenados en métodos de persuasión para acercarse
a miembros potenciales. Algunos de estos grupos asignan personas para
reclutar en secundarias y preparatorias, en las residencias y fuera de
las oficinas de consejería de las universidades. La venta del proyecto
sectario se hace con métodos de persuasión bien calculados. Estas
prácticas de reclutamiento contradicen el mito de que la gente se une
libremente a las sectas.
Por ejemplo, existe una secta numerosa que para
engañar a la gente ofrece pruebas gratis de personalidad para aprender
a comunicarse mejor. Nadie obtiene nunca un resultado aceptable; en
cambio, a cada participante se le dice que tiene una tremenda
necesidad de ayuda y que sólo esa organización en particular la puede
proveer, y que sin tal ayuda la estabilidad psicológica del individuo
empeorará. En este punto, el joven “comprador” no se da cuenta que
está uniéndose a una religión. Hay otros grupos más abiertos respecto
a su esencia, pero no proveen suficiente información de lo que hay en
el fondo. Realmente, la mayoría de las personas que se unen a sectas
tiene muy poco conocimiento de lo que le va a suceder una vez que
ingrese. Es raro que un miembro nuevo dé su consentimiento basado en
una información completa. Más bien, el individuo generalmente está
consintiendo ingresar como una respuesta emocional a las tácticas
persuasivas.
ingresando a la secta
En las sectas, las personas son expuestas gradualmente
a una serie de conferencias, de eventos y de experiencias que paso a
paso las alienan de su pasado. Eventualmente, llegarán a aceptar la
idea de que su familia y su pasado han sido “malos”. Llegarán a pensar
que para sobrevivir y para ayudar al mundo, deben entregar su vida al
líder sectario, el cual posee conocimientos, talentos y una misión
especial en la vida.
Usualmente, los nuevos miembros cambian de un
modo tan gradual que no lo notan. Sin embargo, eventualmente, ya no
visitan ni le escriben a su familia ni a sus amigos. Pueden abandonar
la escuela, o ésta puede ser relegada a tal punto que se vuelve
imposible seguir adelante con las labores escolares, pues las
actividades de la secta ocupan todo su tiempo.
mantras y
manipulación de conflictos
Cuando uno crece es casi imposible no tener
sentimientos encontrados acerca de nuestros padres. Aun los padres más
amorosos han tenido enfrentamientos con sus hijos adolescentes que
dejan sentimientos de enojo que se recuerdan, y hay padres con hábitos
o peculiaridades que pueden ser agravantes. Las sectas cultivan estas
ambivalencias normales.
Por ejemplo, hay una secta grande que hace que
sus miembros se vuelvan vegetarianos, que usen ropa de colores claros
y que adopten ciertas formas rítmicas de cantar. Pronto, a los nuevos
miembros se les enseña a referirse a sus padres como “los padres que
comen carne y que usan ropas impías” (rojas, amarillas y negras), que
“intelectualizan” y no son “iluminados”. Los miembros nuevos de la
secta empiezan a romper vínculos con la gente que come carne, que usa
ropa de colores oscuros, evitan los pensamientos críticos y reflexivos
acerca del grupo (no “intelectualizan”) y ocupan su mente casi todo el
tiempo en sus cánticos internos.
efectos
en el núcleo familiar
Rara vez se habla de los hermanos de los miembros de
las sectas; sin embargo, se deben tener en mente cuando un doctor o
cualquier otro consultor trabaja con una familia. A menudo, los
hermanos se ven involucrados en una representación del tipo del “hijo
pródigo”. Los hijos le quieren decir a los padres, “¿Por qué no me
haces caso? ¿Por qué todo el tiempo y el cariño son para el que está
en la secta?”
Muchas veces, los hermanos están enojados y
desilusionados con el miembro de la secta. Por lo general, no se dan
cuenta de los engaños que se asocian con el reclutamiento de la secta,
de la fuerte presión social y psicológica que tienen que soportar los
miembros mientras están en dicho grupo, ni del temor que se les
inculca respecto a abandonarlo. Los hermanos traen a la memoria
recuerdos de infancia de desilusiones y enojos hacia el individuo
reclutado, e internamente viven la injusticia que parece estar
transpirando. Están en la escuela, en el trabajo, ayudando a la
familia y, sin embargo, los padres centran casi toda su atención en
haber perdido un hijo en una secta. Mucho bien se podría hacer si los
padres pudieran recibir consulta profesional para que entendieran los
resentimientos ocultos que abrigan los hermanos por la atención
excesiva que recibe el miembro de la familia ausente que está en una
secta.
Algunas sectas arreglan matrimonios entre los
miembros, a veces con propósitos de emigrar, o para tener un control
más estricto sobre los miembros por parte del líder, quien tiene el
poder de formar parejas. Cuando nacen los hijos y un miembro de la
pareja deja la secta y el otro se queda, sale a colación el tema de la
custodia por parte del grupo. Se han registrado muchos casos en que el
padre que abandonó la secta, busca ayuda legal para asegurar los
derechos de visita y custodia, con el fin de lograr algún control
sobre la educación, salud y cuidados del hijo o hijos que se quedaron
en la agrupación. Los médicos que en tales ocasiones son a menudo
consultados, deben tener un conocimiento sólido acerca de las
prácticas de las sectas, porque algunos grupos tienen “respuestas”
escritas que los padres que están en la secta dan a los de afuera.
Estas respuestas hacen que las prácticas de la secta parezcan
diferentes de lo que realmente son.
El crecimiento de las sectas y sus efectos sobre
los jóvenes, la familia, la vida, y en ciertas áreas políticas y
económicas en las dos últimas décadas, han atraído la atención de la
opinión pública. Sin embargo, no es sino hasta hace poco que los
ciudadanos han tomado conocimiento de su impacto en nuestra sociedad.
Algunas sectas han crecido tanto, y son tan ricas, que sus posesiones
afectan los impuestos locales, ya que una gran cantidad de las
propiedades de la secta está exenta de impuestos.
información y asesoría
profesional
Hasta hace pocos años, los profesionistas de la salud,
los ministros religiosos, los educadores, y las familias, tenían pocos
lugares o personas a quien consultar sobre cómo tratar asuntos
relacionados con sectas. Pero actualmente hay muchos ex miembros de
sectas y muchas organizaciones que pueden dar asesoría y ayuda a
profesionistas y familias. Las fuentes citadas al final de este
capítulo pueden ser útiles a cualquiera que esté buscando información
sobre el tema. The American Family Foundation publica la revista
especializada Cultic Studies Journal
y otros materiales sobre sectas. También puede canalizar a doctores y
a otros profesionales, con ex miembros de sectas en todo el país.
Ellos pueden proveer información y ayuda directa a las familias de
jóvenes que han ingresado a alguna organización sectaria. Las
familias, los profesionistas de la salud y otros, pueden también
encontrar personas en sus propias localidades que les pueden apoyar
con información acerca de las sectas y los procedimientos que
utilizan, así como ponerlos en contacto con familias que tienen
parientes en dichas agrupaciones.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
[1]
Wooden, K. The Children of Jonestown. New York: McGraw-Hill,
1981.
2
Reiterman T, Jacobs JR. The Untold Story of the Rev. Jim Jones and
His People. New York: EP Dutton, 1982.
3
Ofshe R, Singer MT. “Atacks on Peripheral versus Central Elements of
Self and the Impact of Thought Reforming Techniques”. Cultic
Studies Journal 3: pp. 3-24, 1986.
4
Andres R, Lane JR. Cults and Consequences: The Definitive Handbook.
Los Angeles: Jewish Federation Council of Greater Los Angeles, 1988.
5
West LJ. “Persuasive Techniques in Contemporary Cults”.
En Galanter M.
(Ed.)
Cults and New Religious Movements.
Washington, D.C.: American Psychiatric Press, 1989, pp. 165-192.
6
Hassan S. Combatting Cult Mind Control. Rochester: Park Street
Press, 1988.
7
Singer MT, Ofshe R. "Thought Reform Programs and the Production of
Psychiatric Casualties". Psychiatric Annals 20, pp.188-193,
1990.
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Capitulo siete
LA
IMPORTANCIA DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
EN EL ÁMBITO DE LAS SECTAS
Dr. Michael D. Langone
introducción
¿Qué es la investigación y
por qué nos tomamos el trabajo de llevarla a cabo? Según la novena
edición del Webster’s New Collegiate Dictionary (l983, p. 1002),
una investigación es “la recopilación de información sobre un tema
particular”, “la búsqueda o exploración estudiosa, especialmente la
investigación o experimentación orientada al descubrimiento e
interpretación de hechos, la revisión de teorías aceptadas o de leyes
nuevas o revisadas”. Aunque los investigadores profesionales prefieren
poner mayor énfasis en la segunda parte de esta definición, la
naturaleza multidisciplinaria y el desarrollo reciente de estudios sobre
cults (sectas coercitivas)
sugiere la necesidad de no perder de vista la definición más amplia. Por
lo tanto, los especialistas religiosos que estudian los textos de grupos
sectarios coercitivos, los psicólogos clínicos, los sociólogos o
antropólogos que guardan registros de sus observaciones sobre adeptos y
sobre sus familias, así como los investigadores que utilizan exámenes
psicológicos y estadísticas, pueden contribuir a un mayor conocimiento
de este ámbito.
Estos
profesionales llevan a cabo investigaciones por cuenta propia y por
solicitud de otros especialistas, porque sus métodos sistemáticos y
disciplinados proporcionan respuestas más creíbles que las que ofrecen
otras opiniones menos informadas. Sin embargo, la sutilidad y la
complejidad de las variadas metodologías de los investigadores
profesionales hacen que sea muy difícil realizar una investigación
realmente definitiva. Como consecuencia, las cuestiones clave sobre un
tema concreto pueden no llegar a tener una respuesta completa, incluso
después de años enteros de investigación. Eso es lo que ocurre en gran
parte en el estudio de las sectas coercitivas. Hemos aprendido
mucho, pero aún quedan bastantes aspectos por entender.
En esta exposición me voy a limitar a distinguir entre
sectas coercitivas y “nuevos” movimientos, ya sean nuevos movimientos
religiosos, corrientes psico-terapéuticas innovadoras o nuevos
movimientos políticos. Las sectas coercitivas se caracterizan por la
inducción o exacerbación sistemática de la dependencia psicológica en un
contexto de manipulación orientada hacia la explotación. Los movimientos
no coercitivos son relativamente no manipuladores, no
explotadores y respetuosos de la autonomía individual.
Limitaciones de espacio impiden realizar aquí una
revisión multidisciplinaria de todo este tema, por ello me enfoco en el
estudio psicológico de dos áreas especialmente preocupantes para quienes
trabajamos con víctimas de sectas coercitivas: la frecuencia y la
magnitud del daño que ocasionan a las personas. Antes de abordar estos
puntos, explicaré algunas cuestiones metodológicas a considerar, al
evaluar los reportes que se publican sobre este fenómeno.
cuestiones
metodológicas relevantes
Al considerar la relación
dinámica existente entre grupos sectarios coercitivos y la sociedad, en
cualquier momento se pueden identificar, para efectos de investigación,
varios grupos sectarios coercitivos con distintos tipos de subgrupos.
Por ello, la comparación de estudios e investigaciones sobre grupos
sectarios coercitivos, incluyendo los que se analizan en este artículo,
es riesgosa. La situación es en cierta medida análoga a la de la
investigación de las psicopatologías antes de que existieran las
clasificaciones diagnósticas actuales, que aunque más precisas y
operativas, distan mucho de ser definitivas.
Aunque
se han realizado varias propuestas para hacer más funcional el concepto
de sectas coercitivas o cults (Andersen, l985; Ash, l984;
Langone, l989), ninguna de ellas ha sido llevada a la práctica, y este
término sigue caracterizándose por su gran ambigüedad. Sin embargo, si
no sacamos el mayor provecho posible de lo que tenemos, renunciamos a la
posibilidad de avanzar.
el muestreo en la
investigación sobre sectas coercitivas
La volatilidad del concepto
de sectas coercitivas exige una atención especial a la
generalización de los estudios de investigación. Un estudio que abarque
a personas de grupos muy diferentes, por ejemplo, puede incluir sujetos
de grupos que no son realmente cults o, por el contrario, puede
incluir a una mayoría de sujetos de grupos más destructivos o
controvertidos. En cualquier caso, la aplicación de los hallazgos de un
estudio concreto al grupo amplio de población de adeptos de sectas
coercitivas (SC), ofrecería las aristas más interesantes.
Incluso
si se limita la capacidad de generalización (por ejemplo, aplicando los
hallazgos de un estudio a sólo un grupo), pueden presentarse problemas
de muestreo. Es raro cuando los investigadores pueden obtener muestras
al azar de un grupo. Las agrupaciones que suelen tener muchas
localizaciones geográficas (v.g., los templos de Hare Krishna)
pueden variar mucho de un lugar a otro. Las muestras que proceden de la
investigación clínica tienden a incluir un número desproporcionado de
adeptos o ex adeptos con ansiedad.
Otra
limitación en la toma de muestras de ex adeptos, consiste en las
dificultades a las que se enfrentan los investigadores a la hora de
encontrar sujetos para el análisis. Knight (l986), por ejemplo, sólo
pudo localizar a 20 de los 60 ex miembros del Centro para la Terapia de
los Sentimientos. Considerando la tendencia de las personas con
trastornos graves a experimentar “depresiones”, es muy posible que los
ex adeptos más angustiados sean los que tengan menos probabilidad de
atraer la atención de los investigadores.
Los
estudios que han requerido la cooperación de grupos sectarios
coercitivos, incluso en casos publicados, a veces revelan posibles
desviaciones en sus muestreos. En la mayoría de los estudios de Galanter
sobre la Iglesia de la Unificación, por ejemplo, se consiguió
virtualmente una cooperación completa, mientras que Gaines, Wilson,
Redican y Baffi (l984) no llegaron a recibir ni una sola respuesta a los
cien cuestionarios que enviaron por correo a miembros activos de grupos
sectarios coercitivos. Esta disparidad genera cuestionamientos sobre las
motivaciones, y por extensión, sobre la veracidad de estudios sobre
grupos de sujetos oficialmente aprobados por una SC. Estas dudas
aumentan si se considera que los porcentajes de colaboración por parte
de los sujetos estudiados pueden variar mucho. El estudio de Galanter
sobre los moonies (Galanter, l983), por ejemplo, contó con el
cien por ciento de cooperación en una reunión organizada por la Iglesia
de la Unificación. Sin embargo, en su estudio de seguimiento de
moonies casados (Galanter, l986), sólo el 66% completó el
cuestionario de investigación. Aunque se trataba de un cuestionario
enviado por correo (por lo que cabía esperar un porcentaje menor de
cooperación), es posible que un número desproporcionado de quienes no
llenaron el cuestionario hubiera tenido una experiencia negativa y que,
al ser miembros dedicados de la Iglesia de la Unificación, no se
mostraran dispuestos a reconocerlo, ni siquiera ante sí mismos. De aquí
que se limitaran a no contestar el cuestionario. Estas sutilezas
metodológicas pueden ser soslayadas fácilmente por los estudiosos de
campo de las sectas coercitivas.
Ungerleider y Wellisch (l979) reconocen abiertamente la cuestión de las
motivaciones subjetivas, aunque no le atribuyen tanta importancia como
otros:
“Sin embargo, indicamos que, si así se nos pedía,
estaríamos dispuestos a presentar nuestros hallazgos en un juicio. De
todas formas, nunca llegó a ser requerido. Eso fue lo que motivó a
muchos adeptos a cooperar con nosotros. Los que no estuvieron durante
mucho tiempo en una secta coercitiva, colaboraron sobre todo por su
deseo de ampliar sus conocimientos sobre el tema. Es importante tener en
cuenta que no prometimos a los adeptos que nuestros hallazgos serían
positivos o útiles para ellos” (p. 279).
Muchos
de los sujetos de estas investigaciones, obviamente, deseaban parecer
“normales” (lo que constituye un hallazgo del investigador) para ayudar
a sus grupos en procesos judiciales que estaban involucrados. Los
elevados niveles en la escala de respuestas falseadas en los estudios
que se utilizaron (el MMPI)
generan aún más dudas sobre la credibilidad de los hallazgos de estos
estudios. Más aún, Ash (l984) indica que quienes presentan trastornos
disociativos suelen mostrar “normalidad” en las pruebas objetivas, pero
muestran psicopatología en las proyectivas, como ocurre en los dos
únicos estudios sobre grupos sectarios coercitivos que han utilizado
pruebas proyectivas (Dutsch & Miller, l983; Spiro, l982). Por su parte,
Levine y Salter (l976) ni siquiera administraron tests psicológicos:
“No se administraron tests formales a los adeptos,
aunque eso entraba en el objetivo inicial (...) este plan se abandonó
porque los adeptos desconfiaban mucho de los tests, de quienes los
administraban, así como de la sociedad en general en lo que se refiere a
nuestras actitudes respecto a ellos (temían ser descubiertos)”
(p. 412).
La
credibilidad de un grupo de población tal, queda necesariamente
disminuida por los temores tan fuertes a participar en una investigación
científica.
la recabación de
datos
Los cuestionarios y
exámenes psicológicos. Cuando se utilizan para
estudiar a los adeptos de SC, estos métodos tienen las siguientes
ventajas: 1) todos los sujetos están expuestos al mismo “estímulo”; 2)
son fáciles y relativamente económicas de administrar; 3) permiten la
recabación de datos cuantificables; 4) algunos tests psicológicos han
pasado por investigaciones muy complejas, y muchas de ellas proporcionan
normas estandarizadas para que los sujetos de estudio puedan ser
comparados.
Los
cuestionarios y los tests psicológicos tienen las siguientes
desventajas: 1) muchos son retrospectivos y, por lo tanto, las
respuestas pueden reflejar recuerdos inexactos; 2) son medidas sobre
información proporcionada por el sujeto mismo y, por lo tanto, las
respuestas pueden reflejar variables psicológicas que inclinan a los
sujetos a responder de forma imprecisa; 3) a menudo no detectan
variables sutiles, como pueden ser las motivaciones ambivalentes; 4) es
posible que no midan realmente lo que pretenden medir (sobre todo si los
sujetos no han sido sometidos a pruebas psicométricas rigurosas).
Entrevistas. Éstas pueden ser estructuradas y
no estructuradas. Las primeras pueden tener todas las ventajas de los
cuestionarios y de los exámenes psicológicos (existen tests de
entrevistas estandarizados, por ejemplo el Hopkins Symptom Check List),
a la vez que tienen una mayor flexibilidad y proporcionan información no
verbal registrada por los entrevistadores, los cuales pueden variar algo
sus protocolos para ajustarse a las circunstancias.
Las
entrevistas semiestructuradas o no estructuradas, aunque no son tan
fáciles de cuantificar como las estructuradas, ofrecen la gran ventaja
de tener mayor flexibilidad, pero a costa de una menor precisión y
control, así como de mayores distorsiones generadas por el
entrevistador. Las entrevistas no estructuradas suelen ser más
apropiadas para una investigación de tipo exploratorio.
Cuando
las entrevistas incluyen datos retrospectivos, la probabilidad de
distorsiones aumenta de forma evidente. Pero un entrevistador
experimentado puede reducir el impacto de este factor y conseguir
información no accesible mediante medidas “de papel y lápiz”.
Estudios de caso clínico: El estudio de caso
clínico es, en cierta forma, una variedad de entrevista con ciertas
características distintivas. Su principal ventaja sobre otros tipos de
entrevistas es que permite una comprensión más amplia y profunda de la
psicología del paciente/sujeto de estudio. Esto resulta de la duración
de la psicoterapia y del grado de confianza entre el terapeuta y el
paciente/sujeto. En ocasiones, este método es el más efectivo para
obtener información útil porque, por ejemplo, se puede saber tan poco
sobre un tema que sea imposible desarrollar entrevistas, tests o
cuestionarios realmente efectivos.
Puede
considerarse que el fenómeno de las sectas coercitivas entra en esta
categoría. Si las acusaciones de engaño contra las SC son ciertas, los
entrevistadores o los investigadores que se limitan a utilizar medidas
“de lápiz y papel” pueden verse confundidos. Los investigadores
clínicos, especialmente cuando trabajan con varios adeptos de SC que no
se conocen entre sí, pueden ser más efectivos a la hora de observar la
“personalidad” grupal que los sujetos tienden a adoptar. Aunque quizás
su trabajo no arroje la luz necesaria sobre aspectos de frecuencia (pues
sus muestras presentan necesariamente una desviación hacia el sector que
necesita ayuda), sí ayudan a entender los procesos que dañan a los
adeptos a grupos sectarios coercitivos.
Los
métodos clínicos de investigación son también los más apropiados para el
trabajo forense sobre posible daño físico. Estas situaciones exigen la
opinión de un experto sobre cómo han afectado a una persona los procesos
específicos de un grupo concreto. Otros métodos de estudio pueden
resultar útiles para llegar a conclusiones generalizadas (por ejemplo,
la frecuencia de daño a miembros de una secta coercitiva específica),
pero no pueden contribuir de forma significativa a contestar a la
pregunta de si el entorno de una SC específica ha dañado a una persona
determinada. Realmente, parece poco probable que las investigaciones
experimentales de procesos de persuasión extrema puedan llegar a arrojar
luz sobre el fenómeno de la conversión inducida, porque hay limitantes
éticas que impiden llevar a cabo ese tipo de investigación. Muchos de
los experimentos pioneros sobre la influencia social (p. ej. Milgram,
l974) no serían posibles hoy en día debido a un entorno ético más
restrictivo en lo referente a la investigación con seres humanos.
Observación natural: La observación natural de
un grupo sectario coercitivo puede ser breve o extensa, y estructurada o
no estructurada. La observación extensa no estructurada (por ejemplo, la
observación participante) introduce a los investigadores a las
actividades diarias de un grupo. Por lo tanto, este método debería
facilitar “la penetración dentro de las fronteras que los adeptos
levantan para guardar los secretos de familia” (Balch, l985, p. 32). Sin
embargo, los observadores de un grupo, aunque pueden estar en mejor
posición que los psicoterapeutas para entender los procesos del mismo,
quizás no estén bien posicionados para comprender los procesos
psicológicos individuales. Es más, “el (los) sistema(s) de
conceptualización de los investigadores puede(n) afectar de forma
significativa su percepción, descripción e interpretación del fenómeno
estudiado” (Langone & Clark, 1985, p. 96), tanto como la
contratransferencia puede afectar el análisis clínico de un caso de
psicoterapia. Balch (l985) describe este proceso en su propia
investigación:
"Luego de volver de una secta de OVNIS, di varias
charlas sobre dicho grupo, en las que intentaba desmontar ciertas ideas
erróneas favorecidas por los medios de comunicación, sobre todo las
referidas al tema del control de la mente. Mis descripciones se
centraban en los aspectos voluntarios de la pertenencia al grupo e
ignoraba casi por completo las formas que tenían Bo y Peep de utilizar
la dinámica de grupo para generar conformidad. No fue sino hasta después
de un tiempo, luego de entrevistar a algunos desertores y de reflexionar
sobre los modelos reflejados en mis notas de campo, que empecé a
apreciar las sutilezas de la presión social establecida al interior del
grupo. Entonces, con una mayor perspectiva, me di cuenta de que mis
esfuerzos por defender a la secta coercitiva de cargos infundados, me
habían conducido a tergiversar mis descripciones, realizando informes
selectivos” (p. 33).
Otros
procedimientos de observación más estructurados, como los empleados por
investigadores de terapia conductista, ayudarían a reducir las
distorsiones causadas por el marco interpretativo del observador. Aunque
ya se ha realizado una propuesta para utilizar este tipo de métodos
(Langone, l989), hasta el momento no se han llevado a cabo estudios que
los utilicen. Resulta evidente que necesitamos protocolos de observación
que sean sensibles a las sutilezas psicológicas y capaces de penetrar en
la personalidad del grupo.
métodos
estadísticos y de medición
Los métodos estadísticos
utilizados para la investigación sociológica y de la conducta humana
varían desde los más simples y sinceros a los más misteriosos. A veces,
un estudio excelente requiere métodos simples (v.g. una
comparación t de medias). En otras ocasiones, un estudio mal concebido
puede obscurecer sus deficiencias confundiendo al lector con métodos
estadísticos complejos. A menudo debe llevarse a cabo un trabajo
gigantesco para determinar qué métodos son los apropiados para un
estudio concreto, y es necesario prestar una gran atención a detalles
sutiles de la metodología. Gonzalez (l986) da un ejemplo al respecto en
una crítica realizada a uno de los estudios de Galanter:
”El mayor hallazgo de Galanter es que los adeptos ‘experimentan
realmente una reducción de su bienestar psicológico al cabo de mucho
tiempo de unirse a la secta coercitiva’ (p. 1579). Sin embargo, basa su
observación en una comparación entre los adeptos a la Iglesia de la
Unificación que llevan mucho tiempo (N=237) analizados en un estudio
(Galanter et al., l979) y las personas que se unieron a esta iglesia
después de un taller de 21 días de duración (N=9) procedentes de otro
estudio (Galanter, M., l980). Por lo tanto, Galanter está comparando
medias procedentes de muestras cuyos tamaños mantienen una relación
1/25. Con una diferencia tan grande en N, debería haberse realizado una
prueba F para valorar si la prueba t seguía teniendo validez, pero ésta
no se llevó a cabo. También resulta interesante observar la profunda
diferencia en la varianza entre los dos grupos comparados: para el grupo
mayor (N=237), se calculó una varianza de 289, mientras que el grupo
menor (N=9), la varianza calculada fue de 400. Cuando la muestra mayor
tiene una varianza menor, la probabilidad de encontrar datos
estadísticamente significativos aumenta considerablemente, quizás hasta
el nivel de significación unilateral. El valor t quizás no habría
resultado significativo si no hubiera existido una diferencia tan grande
entre el volumen de las muestras y sus varianzas” (pp. 30-31).
posibles
distorsiones generadas por el investigador
La polémica relacionada con
el fenómeno de las sectas coercitivas está originada, en gran parte,
porque las cuestiones preocupantes se centran en tres temas ante los
cuales los seres humanos, incluidos los científicos, pueden tener
respuestas muy emocionales: la religión, la política (en su sentido más
amplio) y la autonomía psicológica. Las críticas dirigidas contra las SC
implican que: a) es más fácil influir sobre la mente humana de lo
que la gente quiere admitir (autonomía psicológica); b) algunos grupos
religiosos (y psicoterapéuticos y políticos) pueden ser corruptos y
destructivos (religión); c) hay que defender el status quo, sean
cuales sean sus defectos, contra la depredación de las sectas
coercitivas (política). Las emociones que generan estas cuestiones
pueden afectar los esfuerzos de los investigadores de formas muy
diferentes.
La
sutileza del prejuicio. Hay una anécdota
divertida que ilustra este punto. Cuando el Dr. Clark y yo revisábamos
una conferencia presentada en una de las pocas reuniones en las que han
participado investigadores “a favor” y “en contra” de las sectas
coercitivas (Langone & Clark, l985), recibimos una comunicación del
organizador de la conferencia, el cual estaba editando los textos de la
reunión. Intentando presentar algunos de los puntos metodológicos
descritos anteriormente, habíamos escrito:
“Si bien estas reacciones emocionales son
comprensibles, los profesionales deberían intentar estar por encima de
las emociones (aunque evidentemente es más fácil decirlo que hacerlo) y,
al menos, escuchar realmente a aquellos con quienes no están de
acuerdo”.
El
editor cambió considerablemente el significado de esta frase añadiendo
“de la salud mental” a “profesionales”, lo que implica que sólo los
ignorantes profesionales de la salud mental sucumben a las reacciones
emocionales y a los prejuicios. Por supuesto, protestamos enérgicamente
y se eliminó el añadido del editor. Sin embargo, gran parte del trabajo
de investigación actual se caracteriza por este tipo de artimañas.
errores comunes
No escuchar la posición
contraria: Este tipo de intrusión de los
prejuicios en el proceso de investigación en el ámbito de las sectas
coercitivas hace que sea difícil para los eruditos, como observamos el
Dr. Clark y yo, “escuchar realmente a las personas con quienes no están
de acuerdo”. Yo, por ejemplo, estoy fatigado de leer octavillas de los
“anti-anti-sectarios” que afirman que todos los críticos de sectas
coercitivas y explotativas, independientemente de su afiliación
académica, se subscriben a una caricatura del concepto del lavado de
cerebro. Schuller (l983) ha criticado fuertemente a los
‘pro-sectarios’ que aceptan esta visión del lavado de cerebro:
“La noción de Bromley y de Shupe sobre la coerción no
va más allá del uso de la tortura y de las amenazas violentas, por lo
que resultaría raro que algún día se condenara a alguien por
manipulación injustificada del comportamiento humano. Han construido un
argumento falso que atribuyen a los críticos de las sectas coercitivas y
que es fácilmente refutable (…) A menos que se deba al uso de violencia
física, suponen que el 'libre albedrío' opera de forma intacta. Si se
trabaja con nociones tan absolutas, se llegan a ignorar distinciones
obvias (por ejemplo cuando un reclutador de los Moonies o un vendedor de
automóviles usados está utilizando el engaño, la culpa o los argumentos
forzados en su método de venta) y a construir rompecabezas muy exóticos.
Por ejemplo, Bromley y Shupe especulan sobre la masacre revolucionaria
de Jonestown en la cual ‘Jones persuadió a sus seguidores adultos, sin
utilizar las armas, de que tomaran cianuro. Presumiblemente, entonces
actuaron libremente’. ¡Si no se utilizan las armas, todo lo que queda es
pura libertad!” (Shuller,
l983, pp. 9-10).
Algunos
académicos y organizaciones “pro sectas coercitivas” parecen haberse
entretenido mucho atacando una y otra vez este argumento falsificado.
Pero las posiciones que mis colegas y yo hemos propuesto desde hace años
son, me atrevería a decir, más matizadas (véase Singer, Temerlin, &
Langone, l990 para una formulación reciente de los procesos sectarios de
coerción que a menudo se denominan lavado de cerebro). Los
ataques repetidos contra esta visión caricaturesca del lavado de
cerebro socavan el tratamiento clínico adecuado de los ex adeptos y
de sus familias porque los especialistas clínicos y los que sólo conocen
este punto de vista tienen muchas probabilidades de caer en la actitud
contraproducente de culpar a la víctima. Con esto no pretendemos afirmar
que los adeptos no juegan un papel en sus propias conversiones. Una
formulación anterior de la posición articulada conjuntamente con mis
colegas (Clark, Langone, Schecter & Daly, l981) ponía especial énfasis
en una perspectiva persona-situación sobre las conversiones a las
sectas coercitivas. Margaret Singer afirma en un artículo publicado
en Psychology Today frecuentemente citado (Singer, 1979) que
“muchos se han unido a estas ‘nuevas sectas religiosas coercitivas’
durante periodos de depresión y de confusión” (p. 72). Sin embargo, no
debe subestimarse la capacidad que tiene el entorno de la secta
coercitiva para persuadir y controlar a los adeptos y a los neófitos.
Como indica Singer (l987), la persuasión puede abrirse camino a través
de la razón, de la coacción o de los subterfugios. El poder de los
entornos sectarios no proviene de la coacción física simple de la ya
citada caricatura del lavado de cerebro, ni siquiera de los
procesos mucho más sofisticados de reforma del pensamiento de los
prisioneros de guerra (PDG), a veces denominada síndrome DDD:
debilidad, dependencia y temor —debility, dependency & dread, en inglés—
(Farber, Harlow, & West, l956). Su poder se basa en el subterfugio que
induce y mantiene la dependencia, o sea, un “nuevo” síndrome DDD:
engaño, dependencia y temor —deception, dependency & dread,
en inglés.
argumentos
ad hominem
El problema de
malinterpretar o de no entender con quién se disiente, es, en el campo
forense, más delicado que en cualquier otro. Durante los últimos quince
años, distintos profesionales han desempeñado papeles centrales como
testigos expertos en casos legales de juicios por daños psicológicos en
los que ex adeptos de SC se enfrentaban a sus antiguos grupos. Muchos de
esos casos dependen del testimonio sobre persuasión coercitiva o reforma
del pensamiento. Muchos de los que se oponen a la presencia de estos
testigos expertos parecen temer que los éxitos legales en esa área estén
amenazando la libertad religiosa. Por otro lado, los críticos de las
sectas coercitivas creen que estos éxitos limitarían el abuso
psicológico perpetrado por grupos que son, y seguirán siendo,
considerablemente libres.
Aunque
esta cuestión incluye emitir juicios con los cuales distintas personas
pueden no estar de acuerdo, la naturaleza de la oposición del sistema
legal parece, sobre todo en el campo a favor de las SC, haberse
traspasado al campo de la investigación, donde tiene influencia sobre
los métodos y conclusiones de los investigadores. La experiencia de la
Dra. Margaret Singer, preeminente experta como testigo en casos por daño
psicológico, resulta ilustrativa. La Dra. Singer se ha visto sujeta a lo
que, en mi opinión, podría interpretarse como una campaña de “asesinato
de carácter”. Ella fue injustamente acusada de violación de la ética en
su testimonio forense pero la American Psycological Association
desestimó los cargos. A continuación, una serie de informes, que parecen
haber sido instigado por apologistas de las sectas coercitivas, la
acusaron injustamente de ser una renegada científica y de utilizar
conceptos rechazados por “la comunidad científica”. En resumen, fue
falsamente acusada de dar apoyo a la caricatura del lavado de cerebro
descrita anteriormente. Sin embargo, cuando muchos psicólogos y
psiquiatras respetados acudieron en su defensa, y cuando se señaló que
su trabajo había aparecido en pilares tan importantes de la ortodoxia
médica como el Merck Manual of Diagnosis and Treatment (Singer,
l987) y el Comprehensive Texbook of Psychiatry (West & Singer,
l980), los ataques cambiaron de dirección. Más recientemente, quizás por
la credibilidad de sus publicaciones, los apologistas de las sectas
coercitivas parecen haber cambiado de objetivo en sus estrategias.
Generalizaciones y exageraciones: Las
distorsiones descritas anteriormente magnifican la tendencia frecuente a
la generalización excesiva. En algunos casos, como se ha comentado
anteriormente, este hecho puede estar relacionado con la toma de
muestras no representativas para un estudio. Pero en otras ocasiones
puede tener que ver con informes selectivos. Algunos
investigadores pro sectas coercitivas, por ejemplo, parecen desestimar
todos los efectos dañinos atribuidos a estas agrupaciones, etiquetando
los testimonios de ex adeptos como “cuentos de atrocidades” (Bromley &
Shupe, l981). Sin embargo, parece que aceptan los informes de quienes
siguen siendo miembros de sectas coercitivas sin pasarlos por el cedazo
de la crítica, y llegan a la conclusión de que absolutamente todas las
sectas coercitivas son positivas y que cumplen con una función similar a
la de la psicoterapia (Kilbourne & Richardson, l984). El investigador
Balch (l985), aunque no comulga con la posición anti sectas coercitivas,
parte de lo publicado por Bromley y Shupe para disfrazar el lado más
sórdido de las SC:
“Si bien valoro su esfuerzo por contrarrestar la
impresión de que las sectas coercitivas son de alguna manera
especialmente diferenciadas y peligrosas, me pregunto si Woodward y
Bernstein habrían llegado alguna vez a descubrir el caso Watergate si
hubieran utilizado con el gobierno el enfoque que Bromley y Shupe
utilizan para investigar a las sectas coercitivas”
(p. 26).
Al
igual que los académicos pro sectas coercitivas pueden negar que dichas
organizaciones produzcan daño a sus miembros, las posiciones “anti
sectas coercitivas” pueden negar que estos grupos tengan efectos
beneficiosos, o al menos que no produzcan daño. Aunque algunos expertos
han razonado de forma convincente y sobre bases teóricas que todos los
miembros de sectas bona fide se ven hasta cierto punto afectados
negativamente (Ash, l984), la variedad de sectas coercitivas, así como
de reacciones individuales, la experiencia clínica y ciertos estudios de
investigación (como Galanter, l989) hacen que me incline a afirmar que
el daño psicológico no es universal en las sectas coercitivas, aunque
puede ser bastante frecuente e incluso normativo. Desafortunadamente,
algunos críticos de las sectas coercitivas no reconocen esto
explícitamente, sino que generalizan en exceso a partir de su propio
trabajo, en el cual han encontrado que el daño es frecuente.
la frecuencia:
¿qué tantas personas se unen a sectas coercitivas?
Parece ser que la mayoría
de las sectas coercitivas son reducidas y cuentan con apenas unos
centenares de miembros. Sin embargo, algunas tienen decenas de miles de
adeptos y un poder financiero formidable.
Zimbardo y Hartley (l985), en su encuesta por muestreo aleatorio de mil
estudiantes de enseñanza secundaria del área de la bahía de San
Francisco, descubrieron que el 3% de los estudiantes afirmaba ser
miembro de alguna secta coercitiva, y que el 54% de ellos había
tenido al menos un contacto con algún reclutador. Bloomgarden y Langone
(1984) realizaron un informe según el cual el 3 y el 1.5% de los
estudiantes de dos barrios de Boston, afirmaba ser miembro de una SC.
Bird y Reimer (l982), en entrevistas a poblaciones adultas de San
Francisco y Montreal, descubrieron que aproximadamente el 20% de los
adultos había participado en “movimientos de nuevas religiones o
pararreligiosos”, aunque más del 70% de las participaciones eran
transitorias. Otro dato de este estudio, y Lottick (l993), sugieren que
aproximadamente el 2% de la población estadounidense ha participado en
grupos que a menudo se consideran “sectarios”. Por lo tanto, parece
razonable considerar que al menos cuatro millones de estadounidenses han
estado en “grupos sectarios coercitivos”.
Sin
embargo, como dice West (l990, p.137), “las sectas coercitivas
pueden operar con éxito porque en un momento determinado la mayoría de
sus miembros no sabe todavía que están siendo explotados, o no pueden
expresar este conocimiento por inseguridad, vergüenza o miedo”.
cuantificando el
daño
Teniendo presentes las
limitaciones metodológicas comentadas líneas atrás, quiero tocar el
punto siguiente: ¿qué nos dicen las publicaciones especializadas
respecto a los daños que ocasionan las sectas coercitivas a sus
miembros?
Algunas
investigaciones sugieren que el nivel de daño asociado a las SC
religiosas puede ser menor de lo que indican los informes clínicos, al
menos en lo que respecta a algunos grupos. Levine y Salter (l976) y
Levine (l984) descubrieron pocas evidencias de deterioro en entrevistas
estructuradas realizadas a más de cien adeptos a sectas coercitivas,
aunque ambos autores observaron un cierto “carácter repentino y brusco
en el cambio” (p. 415). Ross (l983), quien administró una batería de
pruebas entre las que incluía el MMPI a 42 adeptos de Hare Krishna, en
Melbourne, Australia, informó que todas las “puntuaciones y hallazgos se
encontraban dentro de la gama normal, aunque los adeptos mostraban un
ligero deterioro de su salud mental (medido en el MMPI) después de l.5
años en el movimiento, y una ligera mejoría después de tres años de
pertenencia al grupo” (p. 416). Ungerleider y Wellisch (l979), quienes
entrevistaron e hicieron pruebas a 50 adeptos o ex adeptos a sectas
coercitivas, no descubrieron “evidencias de locura ni de enfermedad
mental en el sentido legal” (p. 279), aunque, como ya hemos comentado
anteriormente, los miembros presentaban altos niveles de mentiras en sus
respuestas según el MMPI. En estudios sobre la Iglesia de la Unificación
(Galanter, 1983), los investigadores descubrieron mejoras en el
bienestar según declaraciones de los adeptos, de los cuales
aproximadamente una tercera parte había recibido tratamiento por
trastornos mentales antes de unirse al grupo. Otis (l985) examinó datos
de una encuesta realizada a dos mil miembros de Meditación Trascendental
(MT) en l971. Quienes habían dejado la secta coercitiva presentaban un
nivel considerablemente menor de efectos adversos que los meditadores
con experiencia, y el “número y la gravedad de las quejas estaban
directamente relacionados con la duración de la meditación” (p. 41).
Existía un modelo consistente de efectos adversos, entre los cuales
estaban la ansiedad, la confusión, la frustración y la depresión. Los
“datos generan dudas serias sobre la naturaleza inocua de la MT” (p.
46).
conductas sexuales
y maltrato
Antiguos miembros de una
“SC de psicoterapia” (Knight, l986) afirmaron que habían tenido
relaciones sexuales con alguno de los terapeutas (25% de los sujetos),
que les habían sido asignados compañeros sexuales (32%), que dormían
menos de seis horas al día (59%), que recibían empujones y golpes
durante las sesiones terapéutica al menos de forma ocasional (82%), que
recibían malos tratos al menos de forma ocasional (78%), y que sufrían
abuso verbal (97%). Estos sujetos, el 86% de los cuales se sentía dañado
por la experiencia, también afirmaban haber sufrido depresión (50%) e
interrupción de la menstruación (32%).
En
Conway et al. (1986), los ex miembros afirmaban haber sufrido las
siguientes experiencias durante su estancia en distintas sectas
coercitivas: relaciones sexuales con los líderes (5% en general, pero
60% en la secta Los Niños de Dios), trastornos menstruales (22%) y
castigos físicos (20%). Conway y Siegelman (l982) afirman en su informe
que ex adeptos estudiados experimentaban sensaciones como de “flotar”
(52% de los sujetos), pesadillas (40%), amnesia (21%), alucinaciones y
espejismos (14%), incapacidad para romper los ritmos mentales de los
cánticos (35%), explosiones violentas de ira (14%) y tendencias suicidas
o autodestructivas (21%).
Galanter (l983) estudió sesenta y seis casos de ex adeptos de la Iglesia
de la Unificación de Moon, los cuales, según las estadísticas de Barker
(l983), deberían representar aproximadamente la mitad del número total
de miembros. Galanter afirma que “la gran mayoría (89%) tenía la
sensación de ‘haber sacado cosas positivas’ de su estancia en la SC”,
aunque un porcentaje ligeramente inferior (61%) creía que el “Reverendo
Moon tenía un impacto negativo sobre los adeptos”, y sólo una ligera
mayoría (53%) creía que los “miembros actuales deberían abandonar la
Iglesia de la Unificación” (p. 985). Galanter también descubrió que el
36% de los que respondieron a la entrevista indicaba la existencia de
“problemas emocionales graves en algún momento después de abandonar la
secta coercitiva”; el 24% había “buscado ayuda profesional para sus
problemas emocionales” después de salir del grupo; y el 3% (es decir,
dos entrevistados) habían sido hospitalizados por este tipo de problemas
durante ese intervalo (p. 985). Esos hallazgos tenían consistencia con
informes clínicos aparecidos durante los años setenta y principio de los
ochenta. Sin embargo, es interesante señalar que Galanter se inclinaba a
veces a darle un “giro” positivo a sus hallazgos, incluso hasta decidió
escribir que “sólo (énfasis añadido) una ligera mayoría (53%)
creía que los ‘adeptos actuales deberían abandonar la Iglesia de la
Unificación’”. Estamos ante un porcentaje bastante grande si
consideramos que, de acuerdo con las investigaciones clínicas y un
sinfín de informes de ex adeptos, los miembros de la Iglesia de la
Unificación son adoctrinados para asumir que la Iglesia siempre tiene
razón y que, si no están de acuerdo, estarán siempre equivocados. Así,
Langone et al. (texto en preparación) han descubierto que la
supresión del derecho a disentir es una de las cinco características más
importantes de las sectas coercitivas. Por lo tanto, los índices de daño
utilizados por Galanter, aunque son indirectos y no pequeños,
probablemente son una subestimación.
El
estudio mencionado anteriormente (Langone et al., en preparación)
presenta un cuadro aún más negativo de la experiencia en sectas
coercitivas. El 88% de los sujetos estudiados considera que su grupo era
dañino (37%) o muy dañino (51%). Durante un tiempo medio de seis a siete
años de pertenencia al grupo, el 11% de los sujetos estudiados afirmó
haber sufrido abuso sexual. El 68% de los sujetos conoce a una media de
28 ex adeptos que no se ha puesto en contacto con fuentes de ayuda. Por
lo tanto, aproximadamente 5 mil 500 personas conocidas por esos sujetos
no han buscado ayuda, y sin embargo, el 30% cree que “todos o casi
todos” sus amigos o conocidos, tuvieron dificultades para reajustar su
vida después de pertenecer al grupo. El 21% consideraba que la “mayoría”
había tenido dificultades, el 4% que la “mitad”, el 13% que “algunos”,
el 6% contestó “casi nadie”, y el 25% no estaba seguro.
niveles elevados
de ansiedad
Martín, Langone, Dole, &
Wiltrout (l992) utilizaron varios instrumentos, incluidos el Millon
Clinical Multiaxial Inventory (MCMI) para valorar el estado psicológico
de 111 ex adeptos de SC. Estos investigadores afirman que:
“Esta muestra de ex adeptos se caracteriza por
presentar niveles anómalos de ansiedad en varios escalas de síntomas
clínicos y de personalidad. De las personas que completaron el MCMI-I,
el 89% presentaba BR's (‘Base Rates’… indica la presencia de algún
trastorno) de 75 o más en, al menos, una de las primeras ocho escalas.
Además, 106 personas de un total de 111 (95%) que completaron el MCMI en
el Momento I presentaban al menos una puntuación BR en una de las
escalas del MCMI. La idea de que este grupo de población formado por ex
adeptos sufre realmente ansiedad se ve reforzada por una puntuación
media de 102 en el HSCL (Hopkins Symptom Check List), en la cual se
considera que puntuaciones de 100 son indicativas de la necesidad de
atención psiquiátrica. Es más, estos ex adeptos presentaban una media de
72 en la SBS-HP [ Staff Burnout Scale] que indica ‘desgaste personal’ y
más de una desviación estándar sobre la media de la muestra de Martín
(l983) sobre trabajadores paraeclesiásticos”
(pp. 231,234).
Yeakley
(l988) administró a 835 miembros de la Iglesia de Cristo (Movimiento de
Boston, abreviado BCC) el Myers-Briggs Type Indicator (MBTI), un
instrumento psicológico que clasifica a la gente según el sistema de
tipos de Carl Jung. Las distintas personas pueden diferenciarse según la
forma en que tienden a percibir (algunas más orientadas por los
sentidos, otras más orientadas por la intuición), la forma de juzgar
(guiada por el razonamiento versus guiada por los sentimientos),
y por sus actitudes básicas (extraversión versus introversión).
Isabel Myers y Katherine Briggs, quienes desarrollaron el MBTI,
añadieron una nueva dimensión a la tipología de Jung: la forma preferida
por la persona a orientarse hacia el mundo exterior. Esta orientación
puede ser de juicio o de percepción. Por lo tanto, el MBTI produce 16
tipos de personalidad, basados en las permutaciones de esas variables.
Yeakley pidió a los sujetos del estudio que respondieran a las preguntas
del MBTI tal y como creían que las habrían respondido cinco años antes
de su conversión, tal y como lo sentían en el momento de realizar la
prueba, y tal y como creían que las responderían después de cinco años
más de permanencia en la BCC. El estudio descubrió que “una gran mayoría
de los de adeptos de la Iglesia de Cristo de Boston cambiaba de
puntuaciones de tipo psicológico en las versiones de pasado, presente y
futuro del MBTI” (p. 34) y que los “cambios observados en las
puntuaciones de tipo psicológico no se debían al azar, dado que se
producía una clara convergencia en un único tipo”(p. 35). El tipo hacia
el que convergían los adeptos era al del líder del grupo. Las
comparaciones realizadas con adeptos a denominaciones de la corriente
principal no presentaban convergencia, pero ésta sí ocurría en adeptos
de otros “grupos sectarios coercitivos”, aunque hacia tipos diferentes
de aquél en el que convergían los miembros de la BCC. Yeakley concluye
que “existe una dinámica de grupo operativa en toda congregación que
influye en sus miembros para que cambien de personalidad para ajustarse
a la norma del grupo”(p. 37). Aunque este estudio no examina
directamente las observaciones clínicas que afirman que las
personalidades de los adeptos a sectas coercitivas se doblegan, por
decirlo de alguna manera, para encajar en el grupo.
análisis y
conclusiones
Las observaciones clínicas
(Ash, l985; Clark, l979; Langone, l991) e investigaciones (Galanter,
l989; Langone et al., en preparación) sugieren que la gente se
une a las sectas coercitivas mientras está pasando por periodos
de estrés y de transición, cuando está más abierta a lo que el grupo
tiene que decir. Aproximadamente uno de cada tres adeptos ha sufrido
trastornos psicológicos antes de entrar en la SC, como lo demuestra el
hecho de haber recibido asesoramiento o psicoterapia antes de la
experiencia en el grupo (con cifras que varían desde el 7% hasta el 62%
de los sujetos representados en ocho estudios [Barker, l984; Galanter
et al., l979; Galanter & Buckley, l978; Knight, l986; Spero, l982;
Schawartz, l986; Sirkin & Grellong, l988]). Sin embargo, parece que la
mayoría estaba formada por personas relativamente normales antes de
ingresar a la agrupación.
Algunos
estudios citados anteriormente (Levine, l984; Ross, l983; Ungerleider &
Wellisch, l979) descubrieron que los adeptos a sectas coercitivas
obtienen puntuaciones situadas entre los valores considerados normales
para los tests psicológicos o las entrevistas psiquiátricas. Galanter
(l983) encontró un cierto mejoramiento en el bienestar general de los
adeptos, lo cual atribuyó a una base psicobiológica de “efecto
aliviante” en los “grupos carismáticos”. Wright (l987) y Skonord (l983)
descubrieron que el abandonar un “grupo sectario” es muy difícil por la
presión psicológica, un hallazgo que resulta consistente con las
observaciones clínicas. Es muy evidente, como se ha comentado
anteriormente, la ansiedad psicológica que se produce cuando la gente
abandona los “grupos sectarios coercitivos”. Y sin embargo, la mayoría
acaba abandonando el grupo. ¿Por qué? Si eran infelices antes de entrar
en él, si aumentaron su felicidad al pertenecer al grupo, si recibieron
presiones para quedarse, de todas formas se fueron y quedaron con
niveles más altos de ansiedad que antes de salir del grupo, ¿qué podría
haberles empujado a marcharse y a permanecer alejados de la SC?
una verdad
dolorosa es mejor que una mentira piadosa
La inevitable conclusión
parece ser que la experiencia en las sectas coercitivas no es lo que
parece (al menos para los grupos que consideran importante presentar un
“rostro feliz” ante la opinión pública), ni para los observadores
acríticos, ni para los adeptos bajo la influencia psicológica del grupo.
Los observadores críticos, empezando por Clark (l979) y Singer (l978),
parecen tener razón en su opinión de que mecanismos de defensa de
disociación ayudan a los miembros de sectas coercitivas a adaptarse a
las intensas y contradictorias demandas del entorno sectario. Mientras
los adeptos no se rebelan contra el control psicológico del grupo,
pueden parecer “normales”, al igual que una persona con un trastorno de
personalidad múltiple puede, algunas veces, parecer “normal”. Sin
embargo, esta aparente personalidad normal, como afirma West (l992), es
una pseudoidentidad. Cuando los adeptos a las sectas coercitivas dejan
los grupos, “se abren las compuertas” y sufren. Sin embargo, no suelen
regresar porque el sufrimiento que experimentan después de salir de la
SC es más genuino que la “felicidad” que experimentaban mientras
estuvieron en ella. Una verdad dolorosa es mejor que una mentira
piadosa.
______________________
Este trabajo es una edición
adaptada de la ponencia La investigación en el ámbito de las sectas,
del Dr. Michael Langone, presentada en el II Congreso Internacional
sobre Grupos Totalitarios y Sectarismo (Barcelona, España, 23 y 24 de
abril de l993).
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