inicio             biblioteca online             base de datos             libros             enlaces             lo nuevo             contáctanos

   

 

SECTAS DESTRUCTIVAS: UN

ANÁLISIS CIENTÍFICO

Dr Jorge Erdely, Editor.

 

 

©2003, PUBLICACIONES PARA EL ESTUDIO
            CIENT
ÍFICO DE LAS RELIGIONES

______________________________________

 

Índice

Prefacio del editor

Agradecimientos
                                                         

Capítulo Uno

Sectas Destructivas: Definiciones y Metodología de Análisis.

Dr. Jorge Erdely

           

Capítulo  Dos 

Milagro, Misterio y Autoridad: El Triángulo del Adoctrinamiento Sectario.
D
r. John Hochman
           

Capítulo Tres
Sectas Contemporáneas, Imagen Utópica, Realidad Infernal.

Dr. Louis Jolyon West
          

Capítulo Cuatro
Trastorno por Estrés Postraumático
en Víctimas de Sectas Religiosas Destructivas.
Dr. Jorge de la Peña
 

Capítulo Cinco

Iglesias, sectas y nuevos movimientos religiosos

Dr. Elio Masferrer

 

Capítulo Seis  
Las sectas y los jóvenes: estrategias de proselitismo y grupos de riesgo.

Dra. Margaret Thaler Singer
 

 

Capítulo Siete
La importancia de la investigación científica en el ámbito de las sectas

Dr. Michael D. Langone

 

Capítulo Ocho

veinticuatro Años Después de Jim Jones y Guyana: ¿Qué hemos aprendido?

Dr. César Mascareñas
 


___________________________________________________

Prefacio del editor

El título de éste libro refleja con fidelidad lo que el lector encontrará en sus páginas —y de cierta manera, lo que no hallará—. Su publicación responde a un deseo de contribuir a llenar un vacío de información, en lengua española, sobre las sectas contemporáneas, vistas desde la perspectiva de la investigación en las ciencias médicas y de la conducta humana. Por ello, los textos que se presentan en esta edición se enfocan en las dimensiones analíticas, más que en las aristas exóticas y las etnografías extensas de organizaciones sectarias en particular.      

      Al estudiar el fenómeno que nos ocupa, es notorio que uno de los principales puntos de convergencia entre connotados especialistas de distintas disciplinas, es su esfuerzo por centrar la atención de la investigación científica en la praxis o conducta de las organizaciones conocidas como sectas. Entre la variada gama de comportamientos que se presentan en dichas organizaciones, los de mayor impacto social son aquellos que derivan en daño cuantificable a las personas y en violaciones a los derechos humanos. De allí, pues, la primera parte del título de este libro: Sectas destructivas.

       La naturaleza polémica del término secta, las ideas que evoca en el imaginario colectivo del mundo hispanohablante, el abuso y la ignorancia con que a menudo se utiliza, su capacidad para estigmatizar y provocar intolerancia, y por otra parte la necesidad de contar con términos que describan adecuadamente realidades sociales, hacen necesario que una parte considerable de este libro se dedique a explorar diferentes definiciones y criterios metodológicos en los que éstas se basan. Dicho quehacer, que al lector poco familiarizado con este tema podría parecerle quizás árido, es, en realidad, todo lo contrario. Las distinciones semánticas son cruciales para entender la materia, y los marcos teóricos que utilizan diferentes disciplinas para estudiar a las sectas contienen una riqueza conceptual imprescindible para acercarse inteligentemente al fenómeno y profundizar más allá de la opinión de gacetilla.

            El resto del contenido de este libro lo ocupan temas relacionados e insoslayables: modelos analíticos contemporáneos, métodos de investigación, aspectos clínicos, estadísticas y contextos culturales, por mencionar algunos.

      Dadas su complejidad y amplitud, el tratamiento de la temática de las sectas destructivas como un todo, debe ser necesariamente introductorio. Y éste es precisamente uno de los propósitos de nuestro texto: poner al lector de habla hispana en contacto con ensayos y trabajos de investigación básicos, realizados por autores contemporáneos reconocidos —algunos traducidos a nuestro idioma por primera vez—, y en ese trayecto abrir una panorámica conceptual y factual de los ámbitos de la investigación que faciliten acceder, de manera informada, a más conocimiento, dependiendo de los intereses y/o necesidades particulares del lector.

       El artículo del profesor John Hochman, publicado originalmente en inglés en Psychiatric Annals, ha venido a convertirse en un clásico para entender los mecanismos de coerción que ejercen las agrupaciones religiosas totalitarias. Su enfoque en “Milagro, misterio y autoridad”[i] subraya la necesidad del quehacer interdisciplinario para entender fenómenos complejos como los procesos de adoctrinamiento en sectas destructivas. Hochman, psiquiatra, hace una ampliación del modelo de análisis de Heller para estudiar sistemas políticos totalitarios. Su objetivo es definir lo que es realmente una secta e inteligir los procesos estructurales de manipulación de información a su interior. Hochman es exigente. Para él, no cualquier organización califica como secta. En su búsqueda de los elementos que constituyen una, hace distinciones críticas entre subculturas, organizaciones diversas y grupos con tendencias sectarias hasta llegar a su meta. Y a su arribo, nos ofrece un ejemplo extremo y paradigmático como poderosa ilustración de su tesis: Jim Jones y El Templo del Pueblo.

      El análisis de Hochman es profundo pero su presentación clara y sencilla. Su modelo analítico es una síntesis de teoría política y psiquiatría. El autor define sus conceptos con precisión y es categórico, pero está lejos de creerse infalible. El hecho de que —a semejanza del legendario neuropsiquiatra Louis J. West— acuda fuera de su disciplina y de las limitaciones del organicismo para tratar de entender lo que ocurre al interior de una secta, refleja más bien humildad académica. Esa actitud contrasta con el arrogante reduccionismo maniqueo de quienes pretender hacer de la propia disciplina el observatorio sine qua non del Universo. Así, en “Milagro, misterio y autoridad” Hochman acude a la teoría política y a la psicología, pero también a la literatura —en este caso a Dostoyevsky—, buscando comprender un fenómeno complejo. El autor piensa y se arriesga: se equivoca con respecto a Gorbachov,  acierta al prever un incremento de sectarismo apocalíptico y violento, pero sobre todo, articula un modelo analítico coherente que ayuda a entender el enigmático hechizo con que la secta logra cautivar a sus adeptos.

       El Dr. Louis J. West se formó en la misma disciplina que Hochman: las ciencias médicas y la psiquiatría. Sin embargo, los separan en edad varias décadas y la consiguiente experiencia clínica. Eso explica en parte la diferencia en estilo y contenido entre los ensayos que reproduzco de ambos. El profesor West, prolífico autor e investigador en ámbitos tan variados como los efectos de las drogas en la mente humana y los programas de coerción ideológica contra prisioneros de guerra, no trata en su ensayo ni de mecanismos psicológicos ni clasificaciones. Eso lo ha hecho ya en un cúmulo de trabajos publicados a lo largo de más de dos décadas. Una de sus aportaciones teóricas más significativas y conocidas es la tesis de la pseudo identidad[ii]. Para West, cuando una persona es sujeta a un proceso de técnicas coercitivas de reforma del pensamiento, el resultado es la formación de una pseudo identidad por mecanismos disociativos, la cual se mantiene sólo en tanto que el síndrome de dependencia, miedo y engaño (DDD, por sus siglas en inglés),  persista. En el ámbito del totalitarismo político, el ejemplo clásico es el del prisionero de guerra que es forzado a aceptar la ideología rival. La “conversión” es sólo aparente y desaparece luego de un tiempo al cambiar a un entorno distinto. El célebre caso de Patricia Hearst sería un ejemplo paradigmático para West.

       Pero cuando West escribió Sectas, imagen utópica, realidad infernal [iii], su interés era enunciar las distintas fuerzas y entidades sociales que se coluden para propiciar un clima de impunidad para que organizaciones religiosas delictivas —o simplemente nocivas— operen sin rendir cuentas a los ciudadanos. Esta preocupación es congruente con la larga trayectoria del Dr. Louis J. West como defensor de los derechos humanos, la democracia, y las libertades civiles. Miembro de la liberal ACLU[iv], West fue el primer psiquiatra blanco de su país que colaboró para terminar con el apartheid  en Sudáfrica, viajando para atestiguar en favor de varios presos negros. Eventualmente llegaría a ser el legendario experto forense seleccionado por las cortes estadounidenses para examinar al asesino de Lee Harvey Oswald, Jack Rudy, y a Patricia Hearst, la joven secuestrada por el Ejército de Liberación Simbionés —un grupo guerrillero sectario—, y quien finalmente se convirtió en asaltante de bancos en favor de la causa de sus captores, renegando de la sociedad opulenta en la que fue criada.

      Mucho del valor del trabajo del Dr. West en su estudio de las sectas destructivas se debió en gran parte a su particular perspectiva diacrónica y privilegiada ubicación geográfica. West tuvo la oportunidad de realizar sus investigaciones a través de casi cuarenta años. Comenzó en los Estados Unidos precisamente durante los sesenta y setenta, en medio del primer boom de grupos extremistas. En ese entonces, las sectas más controversiales eran la agresiva Dianética, los Hare Krishna acusados en aquel entonces de posesión de armas y tráfico de drogas—; los moonies, aún en su versión comunal; los Niños de Dios, que reclutaban adeptos a través de la prostitución sagrada, y otros igualmente polémicos.

      Cuando West escribió para The Center Magazine el ensayo que se reproduce aquí traducido al español, era ya, además de académico y activista, un intelectual connotado. The Center Magazine fue por muchos años la prestigiosa publicación del Center for the Study of Democratic Institutions, un lugar de intenso diálogo y discusión interdisciplinaria, dependiente de la Universidad de California, para la promoción de las libertades y la democracia. Por allí desfilaron a través de los años personalidades como el activista por los derechos de los trabajadores agrícolas, César Chávez; el psicólogo Adler, y Aldoux Huxley.

       West, el psiquiatra, el experto en estrés postraumático y colaborador de la Enciclopedia Británica escribió, pues, este texto, como intelectual, cuando se hallaba en el pináculo de su carrera. Para ese entonces, era director del Instituto de Neuropsiquiatría, así como del Departamento de Psiquiatría, en la Escuela de Medicina de la Universidad de California, Los Ángeles, aunque siete años después se retiraría. Así que plasmó su ensayo con el desenfado del intelectual. En el se dedica a exhibir complicidades. West critica a los políticos y a la política, a los medios, a los juristas y a los jueces de su época, a la sociedad pasiva, a los intelectuales de escritorio que sin haber hecho estudios de campo sobre las sectas ni tener experiencia clínica con víctimas, defienden por esnobismo ideológico, en nombre de la libertad, a organizaciones que a su amparo cometen delitos y esclavizan cuerpos y mentes. Y critica, sobre todo, a las grandes iglesias y denominaciones de su país, las cuales, paradójicamente, se alían por estrategia con los intereses de las sectas destructivas para impedir que se pasen leyes que pudieran afectar la confidencialidad de los manejos financieros de cualquier entidad llamada religiosa.

       Y en esto West, con los anteojos del visionario, se anticipó al papel crucial que jugaría el dinero, el manejo de los fondos por los grandes consorcios religiosos internacionales, en el nuevo milenio, categoría y fenómeno que engloba hoy lo mismo temas tan variados como los acuerdos legaloides de la Iglesia Católica para comprar silencio de víctimas de sacerdotes pederastas en Estados Unidos, que el financiamiento global de grupos extremistas como Al-Qaeda y las millonarias inversiones de la secta Moon en Latinoamérica. 

      Elio Masferrer, antropólogo e investigador, es un especialista en religión y política que casi no requiere de presentación para los lectores latinoamericanos. Su labor es reconocida en países como México, Perú y Argentina, donde, asimismo, ha realizado estudios en antropología e historia. El aporte del Dr. Masferrer a este volumen es un texto que combina perspectivas de autores clásicos de la sociología de la religión como Weber, Niebuhr y Troeltsch, con autores contemporáneos como Campiche y Mayer. El análisis[v] inicia con el examen de la influencia y esfuerzos de la jerarquía católica por definir para la sociedad el concepto de secta y perpetuar estereotipos y teorías conspirativas, para mantener su hegemonía política y cultural ante el avance del pluralismo religioso en Latinoamérica. De allí, el autor revisa tipologías histórico-sociológicas y explora el tema de los Nuevos Movimientos Religiosos. Además de su larga experiencia como etnólogo, el profesor Masferrer incorpora conceptos de investigadores como Marion Aubrée, en Brasil, y otros autores latinoamericanos. Con ello, permite una necesaria contextualización cultural del fenómeno de las sectas. El artículo de Masferrer, quien es presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, representa, en aras de la perspectiva multidisciplinar de este libro, a la antropología.

       Jorge De la Peña, médico y profesor de psicología social, es otro autor latinoamericano cuya amplia experiencia clínica con refugiados, exiliados políticos, y posteriormente con ex miembros de  sectas, le ha llevado a remarcar la importancia de estudiar mejor la entidad nosológica denominada trastorno por estrés postraumático, síndrome que se presenta a menudo en pacientes provenientes de ambos ámbitos. Su artículo hace una presentación accesible de las características de dicho trastorno y distinciones críticas para el diagnóstico diferencial. Trata asimismo con las características psicológicas de los liderazgos sectarios que pueden inducir esas y otras patologías. De particular interés para los especialistas clínicos, así como para los estudiosos del ámbito de la salud pública, son las implicaciones de la trasmisión de psicosis vía relaciones estructurales líder-feligresía a través de cuadros como el trastorno psicótico compartido. El Dr. De la Peña es miembro activo de Amnistía Internacional y consultor del Instituto Internacional de Derechos Humanos de la ONU.

       El Dr. César Mascareñas, coautor junto con De la Peña de un reciente trabajo científico sobre fanatismo religioso y neurobioquímica, complementa la dimensión clínica con una puntual entrevista exclusiva con la profesora Margaret Singer[vi], cuya presentación corre a cargo de él mismo en el capítulo correspondiente. Singer no es socióloga, sino psicóloga. Ha entrevistado y aún brindado tratamiento a miles ex miembros de sectas, incluidas algunas de carácter extremista como El Templo del Pueblo, en Guyana, y Heaven’s Gate. Por ello, es la suya, la voz de alguien que ha combinado la formación teórica en su disciplina y la docencia como profesora emérita de la Universidad de California en Berkeley, con una amplia experiencia clínica. La empatía, que es a menudo signo de genuina vocación, la hace ser intensamente práctica en su enfoque. Este refrescante rasgo aflora no sólo en la entrevista con Mascareñas, sino también en otro artículo de Singer que he titulado “Las sectas y los jóvenes”, traducción de un capítulo sobre el tema, rescatado de un libro de texto médico: Comprehensive Adolescent Health Care [vii].

       Colega de profesión de la Dra. Singer es Michael D. Langone, editor por muchos años del Cultic Studies Journal [viii]. Ambas, la naturaleza de su labor al frente de una prestigiada revista especializada con un distinguido comité editorial, y su interés por los aspectos teóricos de la investigación, hacen que Langone, pionero en este ámbito, sea técnico en su presentación. Esto, sin embargo, no significa que sea menos claro si se lee con atención.

      El capítulo del Dr. Langone presenta cuidadosamente los distintos retos que hay para conducir investigación científicamente válida en el ámbito de las sectas, y para interpretar lo que se publica al respecto como tal[ix]. Langone expone asuntos como los prejuicios y la subjetividad del investigador, los estudios amañados de origen, el romántico lobby pro sectas coercitivas, que se financia con recursos de las mismas sin informar al público, hasta problemas con los métodos de muestreo y el diseño adecuado de instrumentos de medición en el campo del estudio cuantitativo. El artículo permite al lector de literatura científica sobre sectas —especialista o no— vislumbrar lo que a menudo ocurre tras bambalinas en el ámbito académico. “No todo lo que brilla es oro”, reza el antiguo adagio popular. Así, no todo lo que se etiqueta como investigación científica lo es y, a menudo, aun lectores con formación profesional fallan en detectar errores metodológicos elementales que invalidan lo mismo conclusiones que información factual. Considero que serán de particular interés para los lectores varias de las estadísticas que presenta Langone —y los contrastes entre ellas— sobre frecuencia, tipo y magnitud de daño a personas en sectas, así como las muchas referencias bibliográficas del artículo. 

      Termino este prefacio con una breve semblanza del artículo de mi autoría que he incluido como primer capítulo en este libro. Como se ha mencionado en una edición previa del mismo, publicada por separado, la esencia es una ponencia que presenté sobre el tema en la Escuela Nacional de Antropología de Historia (ENAH), el 25 de septiembre de 1997, en la ciudad de México.

      Una versión se publicó dos meses después en una revista especializada[x] y ésa, a su vez, se revisó, actualizó y amplió para publicarse en el volumen que nos ocupa. Los objetivos de dicho texto continúan siendo los mismos: a) plantear la naturaleza polisémica del término secta, cuando se define según distintas disciplinas, organizaciones y autores; b) contrastar esa naturaleza con las percepciones populares unívocas en Occidente, construidas en gran parte por los medios de comunicación, y c) la pertinencia o no de utilizar el término secta y algunas propuestas a favor y en contra. Ésta es, de manera somera, la parte correspondiente a definiciones. En la sección sobre modelos analíticos, la meta es presentar en forma sintética las tesis de autores contemporáneos de orientación crítica cuyas aportaciones a la discusión son reconocidas. Lifton, Hochman, Singer, Rodríguez, por mencionar algunos. En particular, estimo relevante —por ser un investigador sobresaliente poco leído en el mundo de habla hispana— atender a los criterios de Lifton. Los resultados de varias décadas de estudio, incluido un punto importante de su último y actual libro Destroying the World to Save It[xi] se incluyen y ejemplifican, haciendo un considerable esfuerzo de concisión.

      El resto de mi trabajo se compone del análisis de las metodologías en un marco propositivo sobre el uso del término secta en nuestra sociedad, y los ámbitos en que distintas definiciones del mismo pueden ser válidas.

      El contexto en que toda esta información es ofrecida al lector incluye una actualización de aspectos jurídicos y controversias académicas en que el dinámico mundo de las sectas destructivas se desenvuelve, y del cual no todos los lectores están informados. Al respecto, considero que el artículo de Masferrer que se incluye en este volumen puede ser particularmente útil para complementar otras dimensiones del contexto, en especial, las políticas y económicas.  

      El tema de las religiones, en general, y el de las sectas destructivas, en particular, es una realidad cada vez más significativa en el mundo contemporáneo. La globalización religiosa y su efecto concomitante de favorecer la pluralidad y el multiculturalismo, tienden, por un lado, a crear rechazo y recelo ante lo nuevo y diferente. Esto genera intolerancias ancladas en prejuicios, proteccionismos y falta de información. De allí la importancia de utilizar responsablemente términos como secta. Por otra parte, la corrupción y la cultura de la impunidad prevalecientes en la mayor parte de Latinoamérica crean condiciones idóneas para el florecimiento de organizaciones religiosas —algunas de ellas sofisticadas y a menudo con historiales delictivos— que, amparándose en la libertad de creencias, explotan y violan los derechos humanos de un número considerable de personas. En la globalización, pues, coexisten dos realidades antitéticas paralelas: el aumento de la intolerancia y el aumento del abuso religioso por parte de organizaciones de carácter explotativo. Esto hace peculiarmente importante el contar con esquemas equilibrados que defiendan la libertad de creencias, así como con marcos analíticos y definiciones claras para identificar grupos religiosos destructivos. Los tales, son, después de todo, parte de la sociedad y no pueden estar al margen de rendir cuentas por sus actividades ni pueden pretender sustraerse al escrutinio público.

       

Jorge Erdely 

Ciudad de México, enero de 2003.

  Regresar al índice


notas

 

[i] John Hochman, en Psychiatric Annals. 20 (4); abril 1990, pp. 179-187.
[ii]
Louis Jolyon West, Paul R. Martin. “Pseudo-Identity and the Treatment of Personality Change in Victims of Captivity and Cults”. Cultic Studies Journal. 13 (2); 1996, pp. 125-152.
[iii]
Louis Jolyon West. “Contemporary Cults: Utopian Image, Infernal Reality”. The Center Magazine. 15 (2); marzo/abril 1982, pp. 10-13.
[iv]
Siglas en inglés de la American Civil Liberties Union.
[v]
Se trata de una versión revisada y ampliada del artículo: “Iglesias y nuevos movimientos religiosos: un esfuerzo por aclarar la confusión”. Revista Académica para el Estudio de las Religiones. I; 1997, pp. 25-37.
[vi]
Edición revisada. Véase: César Mascareñas. “Veintidós años después de Jim Jones y Guyana: ¿qué hemos aprendido?”. Revista Académica para el Estudio de las Religiones. III; 2000, pp. 195-206.
[vii]
El título del original es Sects, en Friedman S.B., Fisher M., y Schongerg S.K. St. Louis, Missouri: Quality Medical Publishing, 1992.
[viii]
Ahora Cultic Studies Review.
[ix]
Este trabajo es una edición traducida y adaptada de la ponencia del Dr. Langone en el II Congreso Internacional sobre Grupos Totalitarios y Sectarismo (Barcelona, España, 23-24 de abril, 1993).
[x]
Jorge Erdely. “Sectas Destructivas: definiciones y metodología de análisis”. Revista Académica para el Estudio de las Religiones. I; 1997, pp. 1-23.
[xi]
Robert Jay Lifton. Destroying the World to Save it: Aum Shinrikyo, Apocaliptic Violence, and the New Global Terrorism. New York: Metropolitan, 1999.

 

Regresar al índice

_________________________________________________________________

Agradecimientos

 Publicaciones para el Estudio Científico de las Religiones desea expresar su agradecimiento a los respectivos autores y casas editoriales, por permitirnos reproducir los artículos, ponencias y capítulos de libros —algunos en forma revisada y traducidos al español— que aparecen en este volumen.


Regresar al índice

 

Capítulo uno 

Sectas destructivas: definiciones y metodología de análisis

                                                                                      Dr. Jorge Erdely

introducción

En 1978, la opinión pública mundial fue sacudida por el reporte del suicidio colectivo de 914 personas en Jonestown, Guyana. Todos eran seguidores del reverendo Jim Jones, quien también se autoinmoló. Desde entonces se ha observado una mayor frecuencia de acontecimientos de este tipo o parecidos.

En marzo de 1993, más de 80 personas se suicidaron junto con David Koresh, en Waco, Texas, por motivos religiosos (Gaustad, 1993:629). En 1994, el grupo esotérico La Orden del Templo Solar sorprendió a los analistas sociorreligiosos al efectuar varios suicidios diferidos en Suiza y Francia. Todos los participantes eran seguidores del homeópata europeo Luc Jouret. Cuarenta y ocho murieron en el primero de los sucesos y otros más posteriormente.

En el mes de noviembre de ese mismo año, las autoridades de Ucrania impidieron el suicidio colectivo de los seguidores de Marina Tsvygun, quien afirmaba ser la reencarnación de Cristo. Fueron arrestadas 779 personas en Kiev. El culto tenía en ese entonces 150 mil seguidores en la ex Unión Soviética y se llama La Fraternidad Blanca.

terror religioso

El 20 de marzo de 1995, en Tokio, Japón, Shoko Asahara ordenó a sus seguidores de la secta La Verdad Suprema, colocar bombas con gas sarín neurotóxico en el sistema de transporte del metro. El resultado: más de cinco mil intoxicados y doce personas muertas. Seis semanas más tarde, los mismos adeptos de La Verdad Suprema (Aum Shinrikyo en japonés) perpetraron un nuevo atentado terrorista en otra estación. Afortunadamente hubo un retraso en el mecanismo de la bomba y ésta pudo ser desactivada a tiempo. De no haber sucedido esto, la mezcla de cianuro e hidrógeno que contenía el artefacto explosivo hubiera privado de la vida en minutos a aproximadamente 20 mil usuarios del tren subterráneo.

Los anteriores, son ejemplos claros de lo que son y hacen algunas sectas destructivas extremistas a nivel internacional, las cuales han llamado la atención de especialistas y medios de comunicación por igual. Sin embargo, a pesar de su popularidad, representan tan sólo la punta del iceberg. Solamente en la Unión Americana algunos analistas calculan que existen tres mil grupos que pueden ser clasificados como sectas destructivas (Hassan, 1997). Cabe señalar que no todas tienen la capacidad para provocar actos masivos de terrorismo como los que realizó La Verdad Suprema, o propósitos de inducir suicidios colectivos como lo hizo Jim Jones.  Hoy por hoy, la violación, el abuso sexual de menores, el daño patrimonial a través del fraude organizado y la inducción de distintas enfermedades mentales son algunas de las prácticas más comunes en que día a día incurren cientos de grupos religiosos y pseudo científicos que forman parte de una nueva patología social.

 

 

la necesidad de un marco de concientización para la sociedad

Dicha problemática, que según todos lo indicadores confiables llegó para quedarse y tiende a crecer y a volverse más compleja, hace necesario tener un marco de clasificación y metodología de análisis para concientizar adecuadamente a la sociedad acerca de la existencia de esta innegable realidad. El conocer las diferentes definiciones que se manejan en este campo evitará que la sociedad, especialmente los medios de comunicación,  los líderes de opinión, y académicos poco familiarizados con el tema, caigan en el extremo de catalogar ligeramente como secta a cualquier agrupación, generando a su alrededor un clima de intolerancia, rechazo y hostilidad.

Esto debe ser especialmente tomado en cuenta, ya que tradicionalmente la palabra secta tiene una connotación peyorativa en el sentido de herejía ideológica o heterodoxia doctrinal (esto según la perspectiva de una u otra mayoría religiosa y dependiendo del país que se trate). Sin embargo, la carga semántica negativa de la palabra secta no sólo se ha hecho más fuerte, sino cualitativamente distinta, a partir de 1978, año en que ocurrió el ya citado suicidio colectivo encabezado por Jim Jones en Guyana. Desde entonces, la opinión pública mundial comenzó a percibir el significado de la palabra secta como una agrupación antisocial, siniestra, de conducta fanática y peligrosa. Es pues así, que hoy en día el concepto de secta trae a la memoria de millones de personas, no sólo la noción de disidencia religiosa doctrinal, tampoco el concepto más neutral de facción, sino, sobre todo, y conforme pasa el tiempo, la idea anteriormente descrita.

 

 

¿minorías religiosas o sectas?

En este contexto, el calificar como secta a un grupo social conlleva una responsabilidad ética importante, responsabilidad que no se puede descargar pertinentemente sin un marco analítico correcto, ni repitiendo acríticamente los epítetos y nombres que otros dicen sin entender realmente de lo que se habla.  En otras palabras, ¿por qué clasificar, o llamar sectarias a unas organizaciones sí y a otras no?  ¿Porque lo dice la mayoría? ¿Porque se les llama así en la televisión o en la radio?  ¿Porque lo dice el cura, el pastor, el intelectual de moda, o una u otra institución que estudia el campo sociorreligioso? El periodista, el analista, el profesionista, el padre de familia que llama secta a un grupo simplemente porque oyó a alguien más clasificarlo así, no sólo actúa en forma irresponsable y poco ética, sino que se convierte, en ocasiones, en títere de intereses oscuros, en cómplice pasivo, quizás, de antagonismos religiosos cuya profundidad no conoce, o de los intentos de estructuras de poder por monopolizar las conciencias a través de la descalificación a priori de otras opciones de espiritualidad.

 

 

¿nuevos movimientos religiosos?

 

Otro extremo en el que se evitará caer al tener un conocimiento preciso de las definiciones en este campo, es el de intentar eliminar del lenguaje común el término secta, o en su caso autocensurarse en cuanto a su uso.  Hoy en día, algunas corrientes ideológicas proponen precisamente esto, y demandan que se utilice exclusivamente el término Nuevos Movimientos Religiosos para referirse a cualesquiera organizaciones minoritarias, independientemente de que constituyan o no un peligro verificable para la sociedad[1].

preocupación por la intolerancia

Algunos de los proponentes de la eliminación del término secta del lenguaje académico y de los medios de comunicación, se hallan preocupados por encontrar un término neutral, que no implique juicios de valor sobre las creencias de uno u otro grupo, ya que esto puede estigmatizarlos socialmente. La preocupación es ciertamente loable, ya que religiones mayoritarias en diferentes partes del mundo, utilizan como arma la palabra secta para descalificar por igual a minorías religiosas de toda índole, por el sólo hecho de no conformarse a los dogmas populares o de las religiones de Estado. Esto sucede hoy, por ejemplo, en países islámicos, y ocurrió antaño en Inglaterra cuando la Iglesia oficial, la Anglicana, persiguió a los cuáqueros. El abuso en el uso del término secta, ciertamente puede crear un clima de desconfianza, difamación y hasta de agresión en contra de personas que pertenecen a minorías religiosas. Más adelante se detallarán otras consecuencias.

Sin embargo, y por más noble que sea la intención, los líderes de opinión, especialmente algunos sociólogos, que pugnan, a veces histéricamente, porque se elimine la palabra secta del ámbito de las clasificaciones, cometen en sus planteamientos, errores elementales.

Primeramente, pasan por alto que, aunque la palabra ha sido por mucho tiempo sinónimo de heterodoxia intelectual, esta interpretación del concepto se ha restringido cada vez más a los ámbitos religiosos. La realidad es que la sociedad occidental en general, percibe cada vez más el término secta, como representativo de conductas antisociales realizadas por organizaciones engañosas que fomentan el fanatismo irracional y espiritualizan el delito.

secta: ¿disidencia ideológica o conducta antisocial?

En otras palabras, la sociedad, cada vez más secularizada y mediatizada, identifica frecuentemente la idea de secta con organizaciones como La Verdad Suprema o Koresh y compañía, más que con Wycliffe y sus lolardos, o bien —desde el punto de vista de la presente administración del Vaticano—con Leonardo Boff y sus propuestas teológicas liberacionistas. Visto de esta manera, el énfasis está sobre todo en el extremismo y en la conducta antisocial, aunque se considere que en muchos casos ésta tenga una motivante religiosa. En este contexto, antropólogos, sociólogos, psicólogos clínicos y especialistas médicos, han aportado al campo del conocimiento científico definiciones claras y actuales de lo que constituye o no una secta, acompañadas de criterios rigurosos para su clasificación.

A continuación exponemos esquemáticamente las principales definiciones del término secta con un breve análisis de cada una.

 

 

definiciones y metodología de análisis

 

i.  definición lingüística

De acuerdo con una definición estrictamente lingüística, la palabra secta (del latín secta) quiere decir “Doctrina enseñada por un maestro y seguida por sus adeptos.  Particularmente la doctrina y el conjunto de sus adeptos” (Moliner, 1988: 1121).

Ésta es una definición que por general y literalista prácticamente se utiliza muy poco, ya que es demasiado amplia, pues cataloga como secta a cualquier ideología, política, social, religiosa, filosófica, etc., junto con sus seguidores. Ésta podría incluir, por ejemplo, a cualquier religión, partido político, o partidarios de la filosofía de Kant, Marx o el psicoanálisis de Freud.

ii.  definición histórico-lingüística

Secta: “Doctrina religiosa (y sus adeptos), que se aparta de la tradicional u oficial”. (Moliner, 1988: 1121).

 

Ésta es una definición lingüística de uso cultural que se desarrolló a través de la historia de la civilización occidental. Se hizo especialmente popular con el dominio cultural del Catolicismo Romano en Occidente, y en el Oriente con la Iglesia Ortodoxa.

Conforme el tiempo pasó y la cristiandad llegó a ser dominante en el mundo occidental, la palabra adquirió una carga peyorativa fuerte: los heréticos, los perversos doctrinales, los enemigos de la ortodoxia confesional establecida, eran denominados secta. De hecho, la etimología griega haíresis, de la cual deriva originalmente el concepto a las lenguas romances, tiene relación con las nociones de herejía y de facción.

criterios arbitrarios

Esta definición es, evidentemente, muy limitada, pues se enfoca exclusivamente en el aspecto religioso y constituye un criterio relativamente arbitrario para hacer clasificaciones, pues como se vio, según la definición de uso cultural, secta es: “Una doctrina religiosa (y sus adeptos) que se apartan de lo tradicional u oficial”.  Así, todo lo que no sea religión mayoritaria o popular, se considerará secta, dependiendo de la cultura y su tradición religiosa. O de la religión oficial reconocida por el Estado, dependiendo del país, región, y aun de la época. Algunos ejemplos de esto son los siguientes: hay países islámicos en los que las minorías religiosas son en ocasiones catalogadas como sectas. En Rusia, los católicos romanos son llamados así por algunos sectores de la Iglesia Ortodoxa.  En Inglaterra, los puritanos y los cuáqueros fueron considerados sectas en siglos pasados por la Iglesia Anglicana.  En países budistas e hinduistas, las religiones distintas se llegan a considerar y denominar sectas.

En esta definición, se transfiere completa a las minorías religiosas que se etiquetan así la connotación negativa que dicho término ha acumulado a través de la historia. Recordemos, sin embargo, que el valor simbólico negativo de la palabra secta, actualmente, abarca no sólo la idea de “error doctrinal” sino sobre todo, desde hace poco más de dos décadas, se asocia a grupos de conducta peligrosa y antisocial.

el uso de la palabra secta como arma

En este contexto, la palabra secta se usa como arma para descalificar a priori a “los otros”, los de ideología religiosa diferente, indistintamente de que su trayectoria social sea inocua o hasta positiva. Asimismo, se utiliza como falacia de etiqueta, y coloca un estigma que fomenta la intolerancia religiosa, y evita a las religiones tradicionales mayoritarias —o de Estado— el trabajo de refutar con argumentaciones serias, las posturas ideológicas de otros grupos que tienen el mismo derecho de ejercer la libertad de creencia y propagar sus propuestas.

 

Esta definición histórico-cultural es la más utilizada en México, a nivel popular y en la mayoría de los medios de comunicación. Su uso es fomentado especialmente por sectores intolerantes de la jerarquía católica y ha sido, en buena medida, asimilada pasivamente por la sociedad.

Aquí cabe señalar que el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, que representa la posición oficial del Vaticano actualmente, no califica como sectas a las grandes religiones históricas como el budismo, el judaísmo o el Islam. Las llama “religiones no cristianas”. Tampoco denomina sectas a las iglesias Protestante, Anglicana u Ortodoxa Oriental.  Los antes llamados herejes y sectarios, pasaron posteriormente a ser “los hermanos separados” y hoy el Vaticano, en aras del esfuerzo ecuménico, los denomina simplemente iglesias y cristianos (Catecismo de la Iglesia Católica:195-202) [2].

 

iii. definición teológica

El doctor en Religiones Comparadas, W. Martín propuso la siguiente acepción teológica de la palabra secta. “Una secta es un grupo de personas polarizadas alrededor de la interpretación particular que alguien hace de la Biblia, que incurre en grandes desviaciones con respecto a las doctrinas primordiales de la fe cristiana...” (McDowell, 1988:11).

Ésta es una definición utilizada sobre todo en el ámbito cristiano nominal. Toma como punto de referencia para hacer clasificaciones las bases teológicas de las creencias. No considera la antigüedad ni la cantidad de miembros, ni el reconocimiento oficial que en un país determinado pudiera tener una organización religiosa.

 

pros y contras

La definición teológica es válida como instrumento de crítica dentro del ámbito religioso y denominacional y tiene pautas académicas y doctrinales bien definidas para hacer clasificaciones precisas. También provee un mecanismo legítimo para alertar a las personas acerca de grupos religiosos que se autodenominan cristianos, sólo para ganar aceptación social y hacer prosélitos, mientras que ideológicamente no se apegan a las doctrinas cristianas históricas, e inclusive inculcan ideas totalmente contrarias.

   Estrategias de proselitismo como éstas son definitivamente objetables. Si se analizan con cuidado, son éticamente equivalentes al fraude a través de una especie de usurpación de personalidad. Esto viola el derecho al que tiene cualquier persona a la información, para poder decidir en condiciones equitativas su postura ante una determinada propuesta religiosa.

 

el mormonismo: un ejemplo de proselitismo

poco etico

 

Veamos por ejemplo el caso del mormonismo, una religión que al presente ha corregido conductas sociales peligrosas que practicó a nivel cupular en sus inicios (adulterio poligámico legalizado, fraude, sedición e incitación al terrorismo, entre otros ejemplos). A pesar de dichos cambios, el mormonismo aún se adhiere a formas poco éticas de proselitismo al ostentarse como una religión cristiana. Una de las creencias básicas del mormonismo es el politeísmo mientras que, en cualquiera de sus variantes, el cristianismo es esencialmente monoteísta. El mormonismo es realmente una religión sincretista que incorpora elementos clásicos del espiritismo, ocultismo y politeísmo envueltos con una nomenclatura cristianizada.

El mormonismo, como cualquier otra religión, tiene libertad para difundir sus creencias, pero al mismo tiempo la gente tiene derecho a saber, antes de decidir ingresar a dicha religión, cuáles son sus creencias reales, incluida la historia de la organización (esta última suele ser ocultada o maquillada cuidadosamente especialmente en lo referente a las relaciones adultero-polígamas de su fundador, Joseph Smith, con más de 80 mujeres, algunas de ellas esposas de sus seguidores). El mormonismo tiene la libertad de difundir sus creencias, sin embargo, otros sectores sociales tienen derecho a la libertad de expresión para criticar el ocultamiento deliberado de información y el hecho de que esta religión trate de obtener aceptación social utilizando una fachada cristiana, cuando en realidad promueve una religión politeísta. Aquí es importante remarcar que la libertad de creencia no ampara contra la crítica pública cuando se engaña deliberadamente a la sociedad. Junto con la libertad de creencia, coexisten también la libertad de expresión y el derecho a la información.

Éste es sólo un ejemplo de la aplicación académica de la definición teológica de secta, y parte de la ética que justifica su uso como instrumento de crítica en el ámbito religioso.

iv.   definición socio-jurídica

El investigador español José Rodríguez, quien ha sido asesor sobre el tema de las sectas para diversas comisiones de gobiernos europeos, ha definido así el concepto, retomando el término secta destructiva que acuñó el psicólogo social hispano Álvaro Rodríguez:

 

“Una Secta Destructiva (SD) será todo aquel grupo que en su dinámica de captación y/o adoctrinamiento, utilice técnicas de persuasión coercitiva que propicien:

 

·      “La destrucción (desestructuración) de la personalidad previa del adepto o la dañen severamente.

·      “El que, por su dinámica vital, ocasione la destrucción total o severa de los lazos afectivos y de comunicación afectiva del sectario con su entorno social habitual y consigo mismo.

·      “Y, por último, el que su dinámica de funcionamiento le lleve a destruir, o conculcar, derechos jurídicos inalienables en un estado de derecho” (Rodríguez, 1989:31).

 

Esta definición toma como punto de referencia para su clasificación la conducta social. Hace énfasis muy particularmente en aquellos comportamientos grupales que dañan a la sociedad, que violan los derechos humanos y que destruyen a la persona que es captada por una organización. Una secta es, según la definición sociológica de Rodríguez, cualquier organización que propicie esto, independientemente de su ideología, antigüedad, popularidad o número de miembros.

Esta definición tiene la ventaja de que no se circunscribe  al   ámbito   religioso,   pues  abarca  incluso a subgrupos políticos, psicoterapéuticos, pseudo científicos, culturales, etcétera.

La distinción destructiva, añadida al vocablo de sectas, puede ayudar a diferenciar a aquellos grupos que encuadran, por ejemplo, en las definiciones teológicas, pero que no muestran una conducta antisocial o peligrosa, de aquellas organizaciones que sí lo hacen.

 

 

el sectarismo: ¿un problema de adicción?

Rodríguez, quien ha sido profesor de sectarismo en la maestría de adicción a las drogas que auspicia la Universidad Complutense de Madrid, hace un fuerte énfasis en factores como el entorno social y la susceptibilidad individual para explicar la captación y dependencia sectaria (Rodríguez, 2000). De hecho, equipara la pertenencia a sectas destructivas con patologías sociales como la adicción a las drogas y el alcoholismo. Para Rodríguez[3], el papel de las estrategias coercitivas y explotativas de la secta destructiva per se no juegan un papel tan relevante como en los análisis de los psicólogos clínicos y sociales más reconocidos.

v.  definiciones de la psicología social

Michael Langone, doctor en Psicología Clínica y editor de una de las más prestigiadas revistas científicas que estudian el fenómeno de las sectas, define así el concepto que analizamos:

 

“Secta es un grupo o movimiento, que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y controlar (a sus adeptos); diseñadas para lograr las metas del líder del grupo; trayendo como consecuencias actuales o posibles, el daño a sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general” (Langone, 1988:1).

 

Langone añade después:

 

“Dado que la capacidad para explotar a otros seres humanos es universal, cualquier grupo puede llegar a convertirse en una secta. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones institucionalizadas y socialmente aceptadas, tienen mecanismos de auto-regulación que restringen el desarrollo de grupúsculos sectarios”  (Langone, ibíd.).

 

 

 

ventajas de esta definición

 

 

Esta definición toma como punto principal de referencia la conducta psicosocial (no las bases teológicas, la tradición, o la aceptación oficial del Estado, etc.). Es un concepto similar al netamente sociológico y tiene las siguientes ventajas.

 

·      Es amplia. Estudia cualquier tipo de organización social, no sólo las religiosas, y analiza particularmente los mecanismos psicológicos de manipulación grupal que utiliza una organización para reclutar y mantener su membresía.

·      Clasifica con base en hechos observables y comprobables.

·      Responsabiliza a las organizaciones de su manera de interactuar con la sociedad y ofrece simultáneamente la oportunidad de que un determinado grupo corrija su conducta y se adapte socialmente, retirándose de tal clasificación, si hace los cambios necesarios.

·      Elimina la posibilidad de que un grupo se escude en la ortodoxia de su credo, en la cantidad de sus miembros o en su trayectoria histórica, para cometer ilícitos.

 

 

daño y manipulación: perspectivas

El concepto del Dr. Langone considera en particular el daño, potencial o actual, que se causa a los individuos al involucrarse en una organización determinada (en otras palabras, lleva implícita la noción de secta destructiva).

La existencia o no de la explotación, de la falta de ética y transparencia al proselitar, los mecanismos internos de autorregulación y la presencia de técnicas psicofisiológicas de manipulación, son las variables que se examinen a fondo antes de catalogar como secta o cult (en inglés) a una organización.

Aunada a su marco metodológico de análisis, ésta es una de las definiciones seculares más respetadas en el ámbito de los investigadores internacionales; sin embargo, tiene algunos puntos débiles, por ejemplo:

·      Puede resultar difícil definir qué es una devoción excesiva.

·      Se necesita conocer muy bien y aplicar rigurosamente sus criterios de análisis para no etiquetar injustamente a una organización como secta.

·      Los parámetros son muy técnicos y especializados, y por lo tanto poco accesibles para la mayoría de las personas, incluso profesionistas.

 

steve hassan: el enfoque empírico

Steve Hassan, maestro en psicología por el Cambridge College, fue miembro de los moonies por mucho tiempo. Actualmente tiene años de experiencia como asesor internacional y consejero sobre el tema de las sectas destructivas.

Hassan combina elementos empíricos, que provienen de su pasada vivencia en la secta Moon, su amplia experiencia en tratar pacientes provenientes de movimientos religiosos extremistas, y criterios de las ciencias sociales y la psicología clínica para definir como secta destructiva a cualquier grupo (religioso o no) que utilice técnicas de control psicológico para suprimir la personalidad e inhibir el juicio crítico y la libertad de decisión. Establece cuatro criterios para detectar la manipulación mental.

 

1)      Control de la conducta.

2)      Control de la información (tanto de aquella que las personas tienen derecho a saber antes de ingresar a un grupo, como de información “del exterior”.

3)      Control de las ideas.  

4)  Control de las emociones (Hassan 1997:2).

vi. aportaciones de la psicología clínica

Por su parte, la Dra. Margaret Singer, psicóloga clínica y profesora emérita de la Universidad de California en Berkley, nos ofrece una definición bastante similar a la de Langone. La misma se basa también en el comportamiento, no en las creencias de un grupo. En su obra clásica, analiza seis puntos bastante sofisticados para definir las técnicas de persuasión psicofisiológica que utilizan las sectas  (Ofshe y Singer, 1986).

Una aportación nueva y valiosa de la Dra. Singer es que la secta en sí es constituida básicamente por la estructura jerárquica y de poder de la organización, no necesariamente por los adeptos o miembros regulares en sí.

 

vii.   definiciones de la ciencia médica

El Dr. Robert Lifton, eminente psiquiatra y sociólogo, definió en su obra La reforma del pensamiento y la psicología del totalitarismo ocho criterios para detectar los legendarios lavados de cerebro que inmortalizaron algunos filmes de guerra. Su investigación inicial se basa en las técnicas utilizadas sobre los presos políticos durante el régimen dictatorial de Mao, en China, para convertirlos bajo coerción a la ideología comunista (Lifton, 1989).

Actualmente, muchos médicos, psicólogos clínicos y sociólogos, toman estos criterios como referencia para identificar si un grupo religioso o de otra índole, instrumenta medidas coercitivas para manipular la conducta de sus adeptos a través de una estrategia graduada de “reforma de pensamiento”. La utilización de estas técnicas de coerción psicológica constituye para muchos especialistas, hoy en día, el criterio clave para llamar secta a una determinada agrupación. Secta, esto es, desde la perspectiva de la sociología médica.

los ocho criterios de lifton

A continuación se enumeran, resumen y ejemplifican los criterios del Dr. Lifton, aplicados al ámbito de las agrupaciones religiosas:

 

1.    Control de la atmósfera social y de la comunicación humana. Esto implica coartar la comunicación entre los seres humanos a los que se desea controlar. Incluye obstaculizar la comunicación del individuo consigo mismo (por ejemplo, al evitar que éste cuente con tiempo libre para la reflexión personal).

 

2.    Manipulación mística. Se construyen premeditada-mente atmósferas “espirituales” que parecen espontáneas, pero que en realidad son artificiales y están planeadas y estudiadas para producir un efecto. La gente interpreta este efecto como una “experiencia espiritual”, al ignorar que fue una situación prefabricada.

 

3.    Redefinir el lenguaje. Controlar las palabras sirve para controlar las ideas de las personas. Se adoctrina con conceptos simplistas. Por ejemplo, clichés que tienden a desalentar más que alentar el uso de la razón. (V.g. “nadie puede utilizar su razón para alcanzar la iluminación”; “Sólo los elegidos pueden entender lo que sucede al interior de nuestra agrupación”).

 

4.    La doctrina es más importante que la persona. No importa lo que un ser humano esté experimentando en la realidad, la creencia en el dogma es lo más importante. La creencia del grupo rebasa la conciencia individual y la integridad, en cuanto a comprobar resultados. Un ejemplo se da cuando algún grupo proclama que Dios ha realizado milagros de sanidad, pero se niega a hacer las verificaciones científicas pertinentes. Puede ser, incluso, que una persona esté gravemente enferma y se asegure que no importa lo que se vea, ya está sana. Es más importante sostener el dogma que el bienestar de las personas y atender a lo que indica la realidad.

 

5.    La ciencia sagrada. Doctrina con el absoluto científico y moral. El dogma es incuestionable.

 

6.    El culto a la confesión. Manipulación de la confesión pública para romper los límites personales.  Restricciones o prohibiciones a la privacía personal.  Por ejemplo, la confesión de faltas o problemas tiene usos y limitaciones bien definidas tanto en el ámbito terapéutico como en el eclesiástico. En este caso, se abusa de su uso para denigrar y controlar a las personas a través de la información obtenida. Se intenta borrar la individualidad para controlar a las personas en masa.

 

7.    Demandas de pureza inalcanzables. Estándar inalcanzable de perfección para crear culpabilidad y vergüenza en los adeptos. La gente es castigada y enseñada a autocastigarse por no llegar a un ideal que de inicio es imposible alcanzar.

 

8.    La dispensación de la existencia. El grupo decide quién tiene derecho a existir y quién no. No hay ninguna alternativa legítima, sino sólo el pertenecer a esa organización en particular. En regímenes gubernamentales totalitarios, esta idea es lo que “justifica” la ejecución de disidentes políticos.

 

Los anteriores mecanismos de manipulación tienen efectos bien estudiados, tanto psicológicos como en la bioquímica cerebral, para crear estados de inhibición del razonamiento y alta sugestibilidad para controlar la conducta de individuos y comunidades.

 

 

Robert Jay Lifton, probablemente el especialista más importante en manipulación y grupos totalitarios hoy en día, ha confirmado la validez de su modelo de “reforma del pensamiento” para estudiar grupos religiosos. En 1999, publicó un amplio análisis sobre la secta japonesa La Verdad Suprema, un libro científico rigurosamente investigado sobre sectarismos radicales y sus peligros para un mundo globalizado. De acuerdo con sus conclusiones, lo que llama guruísmo —el endiosamiento explícito o implícito de un líder religioso— es una constante, además del autoritarismo y los ocho criterios ya descritos, en movimientos sectarios contemporáneos extremistas y violentos. El libro del profesor Lifton, Destroying the World to Save it: Aum Shinrikyo, Apocaliptic Violence, and the New Global Terrorism, se plantea una definición equivalente a secta destructiva basada en esos parámetros. Así, se clasifica como cult a cualquier agrupación religiosa:

 

a)         Cuyo líder esté en un estado práctico de  “endiosamiento”[4].

b)        Que practique los ocho criterios de reforma del pensamiento.

c)         Que explote a sus seguidores.

 

El contenido y ortodoxia doctrinal quedan al margen como criterios valorativos según estos parámetros.