| Cante. Alabe.
Agite con vigor sus brazos hasta empaparse. Implore. Aférrese al
manto sagrado que todos los viernes pasará flotando a centímetros de
su cabeza. Llore, gruña o ruja. Repita "amén" con la furia colectiva
del caso, cada vez, hasta sentirse exánime. Enarbole las fotografías
o las prendas de sus enfermos, y conjure con ello al Mal, que
equivale, según este credo neoevangélico, a precariedad económica,
enfermedad y vacío. Vamos, desafíe al demonio. Apriete párpados y
quijadas, y cuando el pastor exclame, "¡Libéralo, señor Jesús!",
entorne los ojos, babee, vomite sin dejar de maldecir.
Naufrague en este mar patético
solemnizado por el piano. Hágalo como lo hacen miles de mexicanos
cada día. Y después participe en la puja, seleccione entre la vasta
gama de productos que tienen para venderle: agua del Jordán,
biblias, libros, aceite del huerto de Getsemaní; sermones y
alabanzas en discos compactos, jirones de la túnica de Jesús,
fragmentos de su tumba o astillas de su cruz. En tres palabras, si
puede, "Pare de Sufrir".
Inmerso en un escenario
monumental y posmoderno, todo neón, todo fulgor, se le propone un
viaje de casi dos horas, aeróbico, intenso y extenuante, guiado por
aquella consiga perentoria con la que el obispo Pablo Roberto
(pastor de la grey mexicana) planta cara a Satanás en un español
cuasi portugués difuso y seductor: "¡Manifiéstate! ¡Vamos! ¡En el
nombre de Jesucristo, manifiéstate! ¡Vamos!".
Bajo el estilizado emblema
corporativo rojo en forma de corazón, en cuyo fondo aparece calada
una paloma en vuelo, los prodigios del religious franchising manan
aquí a semejanza de hamburguesas, cosméticos, teléfonos móviles,
metanfetaminas reductivas o complejos comerciales homogéneos a los
que nos tiene habituados la globalización.
De Veracruz a Baja California,
a través del centro, el Bajío y el norte, cada viernes, por ejemplo,
usted dispone de alrededor de 40 templos espaciosos y pulcros (la
mitad fueron cines, teatros o salones sociales); cinco horarios, un
ejército de obreros uniformados a su servicio, y decenas de pastores
brasileños, para someterse a un exorcismo masivo de acuerdo con los
extravagantes cánones de la Iglesia Universal del Reino de Dios,
cuya denominación Pare de Sufrir nos es hoy tan familiar como
cualquier franquicia global.
Lo que ocurre en el interior
de esos templos níveos, el comunicador brasileño Arnaldo Jabor lo
describe así: "Centenas de miserables que no tienen ya nada, siendo
expoliados por otros miserables, los obreros, que pueden ascender a
pastores y tal vez a obispos, en una pirámide invertida de horrores,
como montones de frutas podridas entre la basura callejera" ("Obispo
Edir Macedo criou o Deus ejecutivo", en
geocities.com/cronistaarnaldo/).
En los cuernos de la globalización
Igreja Universal do Reino de Deus, Universal Church of the Kingdom
of God, Communauté Chrétienne du Saint-Esprit, Comunidad Cristiana
del Espíritu Santo, Oración Fuerte al Espíritu Santo o Pare de
Sufrir; el visionario detrás de esta holding de la fe, que después
de más de una década de persistencia toma solidez en México (llegó
en 1991), es Edir Macedo Bezerra, un magnate brasileño que, montado
en los cuernos de la globalización, a partir de 1986 gobierna su
imperio corporativo desde Brooklyn.
Es uno de los pastores
electrónicos que han florecido en Brasil al crear una gama de
opciones espirituales basadas en un determinado estatus social.
Están, por caso, la Asamblea de Dios, para las masas. La Iglesia
Sara Nossa Terra, para la élite política y mediática. La Asociación
del Evangelio Pleno, para la crema empresarial. Atletas de Cristo,
para los deportistas profesionales. Y la Iglesia Universal del Reino
de Dios, que apela a la abatida autoestima de las clases medias
urbanas, depauperadas por tres décadas de catástrofe económica
latinoamericana.
Para situar al bispo Macedo,
Valdemar Figueredo Filho, del Instituto Universitario de
Investigaciones de Río de Janeiro y quien publicará Entre el
escenario y el púlpito; religión, media y política , precisa:
"Entendemos por Iglesia evangélica múltiples denominaciones bien
distintas entre sí. Tenemos las que fueron implantadas en Brasil por
colonos (luteranos, anglicanos) y las que surgieron mediante el
trabajo misionero (bautistas, presbiterianos, metodistas). A
principios del siglo XX ganó fuerza en Estados Unidos el movimiento
pentecostal, que luego llegó a tierras brasileñas, sobresaliendo la
que hoy es la mayor denominación evangélica brasileña la Asamblea de
Dios".
Luego, "durante el siglo XX
muchos fueron los desdoblamientos que dieron lugar a la formación de
otras denominaciones evangélicas. Fueron surgiendo iglesias tanto de
las llamadas tradicionales como de las pentecostales", advierte
Figueredo Filho. "Conviene resaltar que estamos hablando de Brasil,
un país con dimensiones continentales, que tiene una historia
entrelazada a la de la Iglesia católica. Aquí la identidad cultural
está imbricada a la herencia de expresión religiosa cristiana, según
la concepción de la Iglesia católica. Cómo y por qué crecen los
evangélicos en Brasil es una cuestión sociológica de gran
importancia; ya no es suficiente el simplismo de que los evangélicos
crecieron por la ignorancia y la pobreza de las masas urbanas y
rurales.
"En todo caso, los datos
referentes a dicho crecimiento son reveladores: en 1990, había 13.2
millones de evangélicos, según cifras oficiales; pero, de acuerdo
con el censo demográfico de 2000, hoy son 26.16 millones. Y si
consideramos que en 1940 los evangélicos no llegaban ni a 3 por
ciento , podemos concluir que en Brasil vivimos una reforma
religiosa de grandes proporciones sociales".
Subastas de la fe
Entre prostitutas, travestis, chichifos,
vendedores ambulantes, niños de la calle, asaltantes, cocainómanos,
don nadie y policías. A un costado de la plaza de San Pablo, detrás
de la estación Pino Suárez del Metro. En uno de los rumbos más
sórdidos del centro histórico, se yergue la más joven de las 39
"direcciones de la felicidad" que posee la Iglesia Universal del
Reino de Dios en México. Es una accesoria con asientos para mil
personas. Aún huele a pintura y los afiches que cubren sus altas
vidrieras son nuevos. La clientela espiritual aún es magra, pero
todo está listo.
Toda una sucursal, que
incluye, sin duda, el mismo menú de servicios por día que las demás.
Lunes, "bendición económica". Martes, "oración de sanidad".
Miércoles, "reunión de los hijos de Dios". Jueves, "intercesión por
la familia". Viernes, "oración de limpia". Sábado, "casos
imposibles" y "terapia de amor". Domingo, "reunión del encuentro con
Dios" y "maravillas de Dios". Lo que sucede aquí está ocurriendo, el
mismo día, a la misma hora, de la misma manera, en el resto de los
38 templos esparcidos por el país.
Hoy es martes. Y, como se
anuncia por diversos medios (impresos, electrónicos, virtuales),
"los martes a las 7:30, 10:00, 16:00 y 19:00 horas", toca "oración
de sanidad". Aunque en mucha menos cantidad, a Pino Suárez llegan
feligreses recién atraídos en busca de lo mismo que quienes también
abarrotan el antiguo cine Leo, en Santa María la Ribera (DF); el
salón Diamante, en Chalco; los Cinemas Papanoas, en Ciudad
Nezahualcóyotl; el ex cine Agustín Lara y Toña La Negra, en el
Puerto de Veracruz; o el que dejó de ser Cinema 70, en Tijuana.
Todos buscan salud.
Pero en México la meca de Pare
de Sufrir es el ex teatro Silvia Pinal, en el núcleo de la Roma Sur,
donde ofician el obispo Pablo Roberto y un equipo de pastores
brasileños. Desde aquí se vigila que la Iglesia Universal del Reino
de Dios funcione como un cuerpo, según las normas mercadotécnicas
creadas por Bezerra a lo largo de 80 países (eso dice su ficha
biográfica en Arca Universal, portal de su propiedad).
Este martes, a las siete de la
noche, el Santuario de la Fe rebosa. Al frente domina un vitral con
motivos coloridos en torno de una cruz amarilla, custodiado por un
arco de medio punto y dos pares de columnas dóricas, al pie de las
cuales se hallan las aguas del bautisterio. Abajo, al centro del
escenario, el pastor oficiante dispone no más que de una tribuna, un
micrófono y, bueno, su adiestramiento para enfrentar con éxito la
cuarta pared. No lleva túnica, pues se antojaría anacrónico. Tiene
el estilo Macedo: aspecto de ejecutivo, con su camisa blanca,
corbata llamativa, reloj y un casquete mediano que le confiere un
aire de sobria jovialidad. A su derecha, el pianista marca el toque
a los episodios climáticos del ritual. Todo ocurre bajo la agobiante
luz amarilla y blanca de reflectores, a la vista solícita de unos 60
obreros situados a los cuatro costados del recinto.
Lo que este moderno redentor
tiene enfrente es su antítesis: un mar humano trémulo y dolorido.
Enfermos crónicos y terminales, ancianos desesperados, ciegos,
tuertos, cojos, mancos, deformes por accidentes o enfermedades,
mutantes, trastornados mentales e hipocondriacos han venido en pos
de consuelo y alivio. Se dejan conducir oprimiendo entre sus manos
crispadas una telilla empapada en "aceite del huerto de Getsemaní".
Al principio son 45 minutos de
cantos, alabanzas y rezos, guiadas por el orador, secundado por
aquellas huestes de parias. Pero el segmento esencial de la
ceremonia es la recolección del diezmo, donde lo más espectacular
cuando la hay es la subasta. Tres obreros se sitúan enfrente con un
saco de terciopelo rojo.
Sin abandonar su elocuencia,
el pastor dice que el programa de televisión nocturno en donde
difunden su credo es costoso y todo mundo debe colaborar. Recurre a
pasajes bíblicos. Y comienza llamando a depositar su diezmo sobre
los sacos de terciopelo a quienes en la sesión anterior recibieron
un sobre impreso después de comprometerse a aportar entre 2 mil y
500 pesos. En seguida, va anunciando biblias y CD para quienes
aporten de 500 a 20 pesos.
Como tallador profesional, el
oficiante empieza con 500 y varía la cifra, apenas perceptiblemente,
hasta descender a 20. En forma simultánea, va formándose al pie del
escenario, del lado izquierdo, una fila con quienes no tienen ni un
peso que dar. El pastor conmina a almas pías a comprar para
regalarles una biblia o un cd. Hasta que la singular subasta se
cierra otra vez al alza: "¡2 mil! ¿Quién quiere aportar, para la
próxima sesión, 2 mil pesos?"; y de nuevo, así hasta llegar a 200.
Los que aceptan reciben un sobre impreso que deberán entregar lleno
en la próxima ceremonia.
Hay sesiones en las que el
pastor no es tan condescendiente con quienes no pueden pagar su
diezmo y les exige relojes, teléfonos móviles y otras pertenencias.
Para asegurarse de que aquella feligresía no huirá, alude a las
"cadenas de oración": la oveja dejada de la mano de Dios debe acudir
por lo menos siete semanas consecutivas para sanar, ver sanar a un
ser querido, obtener un empleo, ganar más, comprarse un
departamento, prosperar; en suma, para ver obrar el milagro.
‘Marketing’ espiritual
Si las opciones (direcciones y horarios) que ofrece la corporación
multinacional del obispo Edir Macedo Bezerra en México son
insuficientes, hay una posibilidad ineludible. De lunes a domingo, a
partir de las 12:30 horas, Canal 4 de Televisa transmite Habla que
te escucho , conducido por el obispo Pablo Roberto. Se trata de un
infomercial "hecho para su corazón", en el que el jerarca en México
repite los sermones que se le escuchan cuando oficia en el Santuario
de la Fe, coloreados con el mismo tipo de testimonios que publica el
hebdomadario Pare de sufrir. Mediante enlaces, aparece
simultáneamente en Guadalajara, Monterrey, Puebla, Toluca, León,
Tijuana y Veracruz. En un formato semejante, de lunes a sábado, de
las 11 a las 12 de la noche, Pablo Roberto tiene un programa
radiofónico en el 590 y 1530 de AM.
Si hay quien no puede acudir a
las "direcciones de la felicidad", pero desea atenerse a su oferta,
esta iglesia le propone atender el programa cada noche y,
eventualmente, colocar fotografías o prendas de sus enfermos sobre
el aparato receptor. Todo un concepto en marketing espiritual.
En ¿A dónde va la religión?
(Sal Terrae, 1996, citado por Catholic.net), Miguel Pastorino
apunta: "Autolatina, la mayor empresa privada de Brasil, factura 337
millones de dólares al año, mientras que la Iglesia Universal del
Reino de Dios llega a facturar 950 millones de dólares, según la
revista brasileña Veja , en 1998. En menos de 20 años, Edir Macedo
convirtió un pequeño local alquilado de un barrio humilde de Río de
Janeiro en la más grande multinacional brasileña".
Virginia Garrard-Burnett, del
Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de
Texas-Austin, opina que esta Iglesia "se ha expandido tan
rápidamente en América Latina y otros sitios, debido en gran medida
a que tiene una noción muy clara del mercado religioso en el cual
opera (sigo la teoría promovida por académicos como Rodney Stara,
Andrew Chesnut y Alejandro Frigeiro, quienes sugieren que la
afiliación y el cambio religiosos pueden ser comprendidos mediante
el uso de la teoría económica de la opción racional). Esto quiere
decir que dondequiera que haya un mercado libre de la religión, la
gente selecciona bienes religiosos de acuerdo con sus propias
necesidades y preferencias".
En tal sentido, "esa Iglesia
es muy hábil al detectar las necesidades de un mercado específico.
Por ejemplo, en Brasil hace énfasis en los exorcismos y las
confrontaciones directas con deidades africanas de Umbanda y
Candomble. En Estados Unidos, donde lleva a cabo todos sus servicios
en español (excepto en congregaciones del noreste, donde abunda la
población de origen caribeño) y la mayoría de la gente son nuevos
inmigrantes, el énfasis primario radica en la teología de la
prosperidad (se santifica la búsqueda de riquezas y trata de ayudar
a la gente para enfrentar problemas inherentes a la experiencia del
inmigrante). En África, se concentra más bien en combatir a la
brujería y en la venganza de los ancestros iracundos. Así, esta
Iglesia está preparada y habilitada para adaptar su mensaje a
cualquier situación de mercado que encuentre, lo cual la torna
altamente competitiva".
El Universal
Lunes 17 de mayo de 2004
Nacion, página 2
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