| Frente al
moderno redentor está un mar humano trémulo y dolorido. La fuerza
del pastor radica en su credo neoevangélico, pero también en el
cobijo del imperio corporativo que apela a la abatida autoestima de
la grey.
Para contrarrestar el suplicio, en el ritual cante, alabe,
implore. Enarbole las fotografías o prendas de sus enfermos y con
ello conjure al Mal. Naufrague en ese mar patético, como lo hacen
miles de mexicanos cada día. Y después participe en la puja,
seleccione entre la vasta gama de productos que le ofrecen: agua del
Jordán, biblias, aceite del huerto de Getsemaní, jirones de la
túnica de Jesús, sermones en CD... En tres palabras, si puede, Pare
de Sufrir.
Son casi dos horas de ceremonia religiosa, cuya parte esencial es
la recolección del diezmo, donde lo más espectacular cuando la hay
es la subasta que ayudará a cubrir el "costoso" programa de
televisión nocturno donde se difunde el credo para un extenso
"mercado religioso".
Bajo el estilizado emblema corporativo rojo en forma de corazón,
en cuyo fondo aparece calada una paloma en vuelo, los prodigios del religious franchising manan, a semejanza de los productos
propios de la globalización.
En 80 países está presente la Iglesia Universal del Reino de Dios
y en México tiene 39 sucursales, con su equipo de pastores
importados de Brasil bajo el mando de su líder Edir Macedo Bezerra,
magnate que desde 1986 (y en México desde 1991) hizo florecer su
imperio con una gama de opciones espirituales que lo han llevado, en
menos de 20 años, a convertir un pequeño local alquilado en "la más
grande multinacional brasileña". |