García Icazbalceta,
católico devoto, se mostró renuente. Durante toda su carrera había procurado
mantenerse al margen de la antigua polémica entre aparicionistas y anti-aparicionistas.
El arzobispo insistió "pidiéndoselo como amigo y mandándoselo como prelado".
El historiador accedió aclarando que lo haría por obediencia, limitándose a
examinar desde el punto de vista científico las evidencias documentales y
dejando de lado las controversias teológicas y canónicas.
Cuando presentó sus resultados al arzobispo en un reporte confidencial,
jamás pensó que se divulgarían.
Viajando por el tiempo nos llega hasta hoy este importante documento que
examina la investigación del experto más reconocido en historia colonial
mexicana.
Sus conclusiones sobrias, concisas y equilibradas contrastan con el
apasionamiento y falta de rigor intelectual de muchos estudios
contemporáneos sobre la polémica de la canonización de Juan Diego.
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