Sombras en la Luz del Mundo

El destino de Las Vestales, un misterio vedado a fieles del "hermano Samuel"

• Una sociedad hermética capaz de proscribir y denunciar a los miembros de su feligresía

• Pornografía, ofrenda para el "Siervo de Dios"

 

Marco Lara Klahr
(Segunda y última parte)

 

Trazada en forma de estrella, acoge la colonia tapatía Hermosa Provincia, de los hermanos de la Luz del Mundo, una realidad aparte—incluyendo un ministerio de justicia. Adentro, negocios, servicios, viviendas, intimidades, conciencias y corazones pertenecen al sesentón hermano Samuel Joaquín. Y, ay de aquel descreído, porque, en principio, funciona un sistema de altavoces que puede ser letal: habitualmente lo utilizan para los avisos, pero, llegado el caso, sirve para denunciar a los "rebeldes", a los "usados de Satanás", que son quienes, por los más diversos motivos, dejaron de creer en el "Siervo del Señor", Samuel Joaquín, quien entonces los proscribe e incita a su feligresía contra ellos.

Leticia tiene hoy tiene 30 años y cinco hijos. Aún vive en Guadalajara, "pero lo más lejos que me es posible" de Hermosa Provincia. Cuando adolescente, recuerda, en plena calle, guardias de seguridad del líder golpeaban a un hombre. Su madre le dijo que nada se podía hacer. Ella, explica, no supo más de aquel sujeto. Pero Fernando Flores González, también ex miembro de la Luz del Mundo, la interrumpe y completa la imagen: "El hombre que Leticia vio fue Ignacio Castañeda Contreras, quien llegó a ser representante de la colonia y pastor, hasta que supo que Samuel Joaquín violaba niñas y se había enriquecido con los diezmos. Se dedicó a denunciarlo públicamente por las calles y dijeron que estaba loco, le pusieron una enfermera de planta y lo recluyeron en su casa. El 1º de agosto de 1981, después de la golpiza que ella recuerda, lo velaron. Dijeron que había muerto de pronto".

Muchas muertes ha habido que las autoridades no tienen la menor intención de aclarar. Por ejemplo, explica Fernando, "cuando colocaron la estructura del templo, gente que trabajaba en alguno de los pisos se desplomó". Para despistar, "se decía en el acta de defunción que fueron atropellados. Se trataba de evitar cualquier incidente que frenara la construcción".

 

Pornografía para el "Siervo del Señor"

En 1992, al conocer gracias a una pareja de ex miembros de La Luz del Mundo que Samuel Joaquín tenía la costumbre de abusar sexualmente y violar a adolescentes, Fernando Flores desesperó: "No podía hablar con mi esposa, era la persona menos indicada, porque ella, como yo, era del grupo de los incondicionales de Samuel Joaquín, y estaba adiestrada para denunciarme incluso a mí. Yo mismo, cuando ella no se levantaba a la oración de las cinco de la mañana, le reprochaba: ‘No seas floja, levántate, porque te voy a acusar con el Siervo de Dios’ ".

Al final, fuera de sí, se destapó: "Oye, ¿sabías que Samuel viola a niñas? ¿Tú lo sabías?" Por un momento, ella se quedó tranquila, sabía de qué hablaba su esposo y no le preocupó, hasta que le gritó: "Bapsi, nuestra hija —quien entonces tenía no más de nueve años—, está yendo a la Casa Real, ¿te gustaría que sufriera una experiencia como estas?"

Reaccionó la mujer y le contó una parte de su juventud que él, obviamente, ignoraba: "A los 18 años fue invitada a la Casa Real, donde empezaron a prepararme Haidé Avelar y Carmen Rodríguez, del grupo de las vestales. Me asignaron a la cocina. Tenía que servirle a los príncipes –así llaman a los hijos del líder.

"Un día, a varias muchachas nos llevaron en camioneta a un paseo a Puerto Vallarta. Al llegar, Haidé Avelar nos guió a Silvia Capulín Peña—actual esposa de un ministro— y a mí, a  una playa solitaria. Quería tomarnos fotos. Nos entregó un sombrero blanco, grande, y nos ordenó desnudarnos y posar". Cuando se resistieron, les advirtió: "Son fotos para el Santo de Israel. El ‘Siervo de Dios’ las va a ver, debe conocerlas".

Al domingo siguiente, cuando terminó el culto, ambas jóvenes se pararon frente a Samuel Joaquín para ofrendarle sus propias fotos. Las vio el hombre, quien complacido, sin dejar de mirar ya a las muchachas, ya a sus cuerpos desnudos fotografiados, se solazó en su trono: "Qué bien salieron, y qué delgadas".

Una experiencia más vivió la esposa de Fernando Flores: "Fuimos invitadas a la casa del pastor en Ajijic —pueblecito ribereño del lago de Chapala. Yo estaba nerviosa porque nunca había entrado. Me ordenaron subir a la recámara de Samuel Joaquín, donde Magdalena Bravo le leía una historia de Alejandro Magno, mientras las demás muchachas estaban con él en la cama, vestidas".

Carmen Rodríguez, otra de las vestales y anciana amante de Aarón Joaquín, el fundador de la Luz del Mundo, le pidió que se sentara a los pies del "Siervo del Señor", pero poco después éste le ordenó que se acostara a su lado: "Obedecí, pero me puse de espaldas. Sentí sus manos acariciando fuertemente mis senos".

Poco después, en 1982, Samuel Joaquín la casó con Fernando.

 

"Para sentirme cachorrito"

"Luz María —demandó, melifluo, Samuel Joaquín—, préstame a tu hermana para sentirme cachorrito". Y Luz María no tuvo inconveniente, de suerte que Isabel, su hermana menor quedó a disposición del rey.

"Antes de eso —refiere Isabel, quien hoy tiene 30 años— ya había estado en un espectáculo privado para el ‘Siervo de Dios’. Fui invitada a su casa a los 17 años. Mi trabajo era servirle en la mesa". En un cumpleaños de "El Varón de Dios", cierto 14 de febrero, las vestales le prepararon un "espectáculo privado", para lo cual seleccionaron a un grupo de jovencitas, entre quienes estaba Isabel. Prepararon durante días un baile hawaiano, compraron trajes, pero al llegar a la fiesta en la Casa Real (situada en Jericó 775), se enteraron de que debían bailar semidesnudas.

Las instrucciones eran: "Saludas con un beso al ‘Varón de Dios’, le pones un collar de flores y comienzas a bailar". En tal ocasión, para desinhibirla, las vestales embriagaron a Isabel, quien fue "manoseada por Samuel Joaquín; me dio unas mordidas horribles; me dejó todo el cuerpo marcado".

Haidé Avelar videograbó cada movimiento.

El 14 de febrero del año siguiente, prepararon otro "espectáculo privado", ahora con una danza árabe, y después de la ceremonia pública se fueron a la Casa Real: "Estábamos Magdalena Bravo, Haidé Avelar, leyendo en voz alta, y yo. Se me ordenó quitarme la ropa. El señor se acostó y le dieron un masaje". Fue cuando éste le pidió a Luz María prestada a su hermana menor, "para sentirme cachorrito": Me llevó una mano hasta su pene y en ese momento me dio un golpe fuerte, muy doloroso, en el rostro". Antes de todo, Carmen Rodríguez le dijo: "Es una bendición que tengas este acto con él. No te apenes, es un hombre como cualquiera y también tiene sus necesidades".

La última vez que el "Varón de Dios" abusó de ella fue en la Casa Real, de madrugada. Entre los hermanos de la Luz del Mundo no se permite tomar bebidas alcohólicas ni maquillarse, pero aquella vez Carmen Rodríguez las instruyó: "Píntense un poquito. Ahora que venga el ‘Siervo del Señor’ tienen que ser complacientes". Estaban Isabel —entrevistada— y María. Llegó metido en una bata, se acostó entre las dos: "Nos mordía duro, nos manoseaba y nos obligaba a tener sexo oral".

Al final, Samuel Joaquín corrió: se le hacía tarde para presidir la oración de las cinco de la mañana. "Ahora entendemos —dice Fernando Flores— por qué se levanta tan tarde y por qué sus constantes migrañas".

Isabel tiene más de siete años sin ver a su familia, que al saber esta historia respondió que era falsa y que estaba siendo "usada por el demonio". Cuando huyó de la congregación, su padre la sentenció: "Prefiero verte muerta que fuera de tu iglesia", y nunca más le dirigió la palabra.

 

Bañar al varón de dios

En mucho, Leticia y Belén seguían siendo niñas. Eran vecinas y algo compartían más hondo quizás que la religión: las dos fueron violadas por Samuel Joaquín. Entonces, Belén tenía 12 años. Leticia, con quien conversamos, 13, y cursaba el sexto año de primaria: "Me invitaron a la Casa Real para que aprendiera a bañar al ‘Siervo de Dios’ ". En aquella primera sesión vio que en el baño estaban el pastor y cinco mujeres, todos desnudos. En cuanto llegó le hicieron quitarse "toda la ropa".

Por esos tiempos la vestal Ana Medina le preguntó: ¿Qué tendrías tú de valor que pudieras regalarle al ‘Siervo de Dios’?": Marta le respondió: "Pues solo el escritorio que me dio mi papá". Ana Medina la hizo entender: "Ofréndale tu virginidad". Después de eso, que se supone era una forma de preparación "espiritual", la llevaron a la recámara principal de la Casa Real: "Samuel Joaquín me desnudó y se acostó conmigo. Quiso penetrarme. Le gritaba que me dolía". Al ver que el "Siervo del Señor" se impacientaba, Magdalena Padilla la acostó de un jalón y la sujetó durante el tiempo que duró la violación.

A los 14 años, Leticia se alejó para siempre, pero sabe "que en un psiquiátrico de Guadalajara está Eva Ambriz. Sé que la amarraron para azotarla mientras Samuel Joaquín la violaba".

 

La seguridad

Además de los incondicionales y las vestales, el "Siervo del Señor" tiene un cuerpo de seguridad de más de medio centenar de voluntarios seleccionados de entre sus ovejas. Algunos portan, sostiene Fernando Flores González, "armas de uso exclusivo del Ejército". Elementos de este mismo cuerpo, coinciden los cuatro entrevistados, están encargados, "con algunas de las vestales", de comprar la droga —no precisan de qué tipo— en las colonias aledañas "al Cerro del Cuatro", en Guadalajara, para las fiestas privadas.

 

Fuente:

Periódico: El Universal
Primera Plana
Miércoles 21 de mayo de 1997
México. D.F.