Silenciada Violación Ritual
 

La Luz del Mundo:
El Abuso Sexual como Rito Religioso

Sylvia Marcos
 

La mayoría de las religiones relega a las mujeres. Muchas explotan su trabajo y aun otras abusan de sus cuerpos y su sexualidad. Son diferentes niveles. Abusar de su trabajo y ponerlas a cocinar y limpiar cuando los sacerdotes se dedican a los sublimes ritos ceremoniales es una cosa. No permitirles el acceso a la formación teológica y/o académica es una forma de relego y marginalización. La explotación sexual, sin embargo, aparece como grotesca e inaudita si nos atenemos a las enseñanzas de las mismas. Tal es el caso de la Luz del Mundo, una congregación religiosa cuya sede se encuentra en la colonia "La hermosa provincia" en Guadalajara. Investigadoras acuciosas y respetadas (Patricia Fortuny y Renée de la Torre) han realizado estudios sobre dicho fenómeno religioso. Sin embargo, en sus monografías y reportes, un elemento está ausente: el abuso sexual como rito.

El abuso de púberes de ambos sexos (la gran mayoría son mujeres) es parte de una festividad ´religiosa´ efectuada por el líder máximo de tal agrupación, que se hace llamar Varón de Dios.

La Revista Académica para el Estudio de las Religiones acaba de publicar su primer tomo: La Luz del Mundo: un análisis multidisciplinario de la controversia religiosa que ha impactado a nuestro país. Contiene transcripciones de entrevistas a varias de estas mujeres abusadas sexualmente. "Samuel Joaquín es el líder máximo de la Iglesia de la Luz del Mundo. Cuando abusó de mí, antes de que yo cumpliera 14 años, no me atreví a confesarlo a mis padres, muy apegados a la congregación. Decidí dejar de ir a la iglesia, lo que me acarreó muchos problemas con mis padres. Cuando llegué a los 14 años, que es la edad en que presentan a las niñas a la iglesia, les dije a mis papás que ya no quería ir ahí", relata una ex integrante.

Las niñas empiezan por ser llevadas a dar masajes al Siervo de Dios. Otras veces tienen que bañarlo. Son dirigidas por mujeres mayores que las conminan a "darle lo de más valor que tienen", lo que significa su virginidad. Esto, les aseguran, será un gran honor para ellas. El hecho de que tales prácticas formen parte integral del culto, habla de la servilidad con que la feligresía acata las fantasías de su pastor y líder.

 

El torcido derecho patriarcal

¿Por qué se abusa prioritariamente de las adolescentes? Las religiones nunca están al margen de los valores y actitudes de la sociedad que las rodea. Los abusos sexuales en la Luz del Mundo reflejan, por lo menos en parte, los valores patriarcales de la sociedad en su conjunto. Es característico un ámbito familiar en el cual el padre de familia cree tener derechos irrestrictos. Además, los abusos perpetrados por esta figura paterna generalmente son encubiertos por el grupo familiar. Recuerdo lo que me decía la madre de una de mis pacientes violadas por su padre: "…son sus hijas y tiene derecho", como si se hablara de un derecho de "propiedad" sobre el cuerpo de las hijas.

Además, las mujeres hemos sido entrenadas en la subordinación, la obediencia y la pasividad. En el caso de la Luz del Mundo, esta educación para la sumisión se conjuga con la pertenencia a un grupo religioso autoritario; así, las mujeres de esa asociación son particularmente vulnerables al abuso. Es encomiable que tres mujeres y un hombre se hayan atrevido a denunciar su violación por el líder de la Luz del Mundo. Pero, ¿qué significado tienen estos abusos sexuales? En un manual de psicopatología, serían denominadas ‘perversiones sexuales’: abuso de niños, penetración coital forzada de adolescentes, caricias sadomasoquistas, penetración anal, sexo oral, prácticas voyeuristas; una colección de actividades delictuosas, no en sí mismas, sino porque son impuestas sin consentimiento, por el abuso de poder físico, psíquico y espiritual. Sobre todo sin criminales porque sus víctimas son seres inmaduros y dependientes.

¿Qué significado tienen -en el interior del grupo- los delitos perpetrados por el llamado Varón de Dios, Pastor o Rey?

Después de cada uno de estos abusos, se proporciona a la niña o al niño una explicación ‘espiritual’. Veamos unos extractos de las entrevistas: "Me decía que no me sintiera mal, que los hombres de Dios deben ser perfectos, que deben tener el amor total tanto de hombre como de mujer". "Él era como un ángel, no tenía sexo", "El no pecaba, asumía los pecados de todos los hermanos".

En "La Hermosa Provincia" las mujeres deben de ser recatadas, vestir de manga larga, ser respetuosas. ¿Cómo se explica que el líder religioso se arrogue tantas transgresiones a las mismas leyes morales por él impuestas? No podemos saberlo con certeza, ya que estas prácticas de violencia sexual ocurren en la clandestinidad. Sólo los ‘incondicionales’ están al tanto. Los padres y madres de las víctimas piensan que el Varón de Dios les hace un favor al seleccionar a sus hijos o hijas para el servicio íntimo del líder. A veces no creen a sus hijas cuando les reportan los abusos con los cuales han sido ‘gratificadas’. Las niñas que no aceptan estas prácticas de servicio, se ven obligadas a huir del hogar para escapar al abuso sexual ritual.

¿Qué tipo de creencia religiosa puede sustentar prácticas que atentan contra los derechos más elementales de la persona? No lo sabemos. Hasta el momento ninguno de los líderes ha expresado sus razones. En nuestra perspectiva, el abuso de mujeres, adolescentes, el uso de la fuerza física y emocional sólo dibujan un universo religioso que exacerba los valores abusivos patriarcales de la sociedad donde se inserta. "Yo ya no creo en las religiones, no creo en los líderes religiosos, todos explotan en cierta manera a las personas", expresa una de las víctimas.

Las religiones, para cumplir con su cometido de ennoblecer la condición humana, deberían incidir en corregir, no en exacerbar al extremo la injusticia de género prevalente en nuestras sociedades.

 

Fuente:

Título del original:  "La Sombría Luz del Poder Religioso"
Periódico: La Jornada
Sección: Suplemento Doble Jornada
Página 7
Lunes 2 de marzo de 1998
México, D.F.