UGANDA: LA TRAGEDIA DEL SIGLO.
SUICIDIO RITUAL EN UNA SECTA CATÓLICA APARICIONISTA
Dr. Jorge Erdely.
INTRODUCCIÓN
El suicidio
colectivo como rito es un fenómeno religioso novedoso que hizo su aparición en
la recta final del siglo XX. Dicho fenómeno, aunado a eventos muy peculiares de
terrorismo sectario apocalíptico, ha ido aumentando en frecuencia y notoriedad
desde 1978. Este estudio esta basado en una investigación más amplia que presenté el 2 de julio del 2000 en el VIII
Congreso Latinoamericano sobre Religión y Etnicidad, celebrado en Padua, Italia,
como parte del simposium sobre "Nuevos Movimientos Religiosos".
TERRORISMO
APOCALIPTICO EN UGANDA
La reciente
tragedia de Uganda, en donde más de mil integrantes de un grupo aparicionista
escindido de la Iglesia Católica protagonizaron el suicidio-homicidio colectivo
ritual más grande de la historia contemporánea, sobrepasó al clásico evento de
Jim Jones en Guyana. Sus características parecen haber cumplido simbólicamente
un ciclo histórico de terrorismo apocalíptico y abierto otro con perspectivas
más espeluznantes.
Al momento de escribir este análisis no existen aún estudios terminados sobre el
caso de Uganda y el Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos.
Los investigadores que no radicamos en África estamos temporalmente limitados a
obtener nuestra información de fuentes secundarias y eso hace que cualquier
análisis sea necesariamente preliminar. Hay asimismo pocas fuentes primarias
relevantes disponibles. Esto no es inusual si se consideran tres factores: uno,
que el Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos realizaba sus
actividades con un alto grado de secrecía, pues la cúpula estaba involucrada en
actos criminales: dos, que mucho material fue destruido a propósito; tres, que
muy pocos de los ex-integrantes sobrevivieron. Muy pocos vecinos, conocidos,
familiares de las víctimas, o testigos de las actividades de la secta han estado
dispuestos a aportar información amplia y detallada. La razón en más que
evidente. Una organización que cuenta con el poderío para llevar a cabo la
desaparición sistemática de cientos de disidentes sin que una nación entera lo
note y sin tener fugas de información debe haber tenido características bastante
peculiares. Uganda, una nación que ha sufrido dictaduras como la de Idi-Amín con
sus horrores, aún no sale de su shock y la gente que tuvo relación con la secta
sigue presa del temor. A pesar de esto, la información de las fuentes
secundarias y unas cuantas primarias, aunada a la evidencia circunstancial del
caso, aportan suficientes datos para saber qué pasó el 17 de marzo del 2000.
EL MOVIMIENTO
PARA LA RESTAURACIÓN DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS
El Movimiento
para la Restauración de los Diez Mandamientos (MPRDDM), surgió en 1978 como una
versión más de los grupos carismáticos que reclaman tener visiones de la Virgen
María y eventualmente se convirtió en una escisión de la Iglesia Católica Romana
de Uganda. Sus líderes más visibles eran Credonia Mwerinde, el sacerdote Dominic
Kataribaabo y Joseph Kibwetere. Teológicamente, el grupo, que llegó a reclamar
tener cinco mil miembros, tenía una fuerte identificación con las tradiciones
místicas y ascéticas del catolicismo histórico. Asimismo incorporaba elementos
sincréticos propios de la cultura y mitos populares de Uganda. Entre los signos
más evidentes del ascetismo están las prácticas cotidianas a que se sujetaban
los miembros del movimiento: una sola comida al día, largas jornadas de trabajo,
abstinencia sexual absoluta, privación del sueño y prohibiciones para hablar,
comunicándose por períodos sólo a través de signos manuales. Obtener la
membresía en el movimiento para La Restauración de los Diez Mandamientos
implicaba renunciar a las comodidades terrenales y donar el dinero a los
líderes.
El elemento
místico es más prominente aún: El grupo era esencialmente aparicionista y se
guiaba por supuestas visiones donde la Virgen María daba mensajes directos a sus
principales líderes, algunos de los cuales también funcionaban como oráculos
vivos en otras categorías.
LIDERAZGO DEL
GRUPO APARICIONISTA
Los dirigentes
más prominentes eran el sacerdote D. Kataribaabo quien tenía una maestría en
Estudios Religiosos por la Universidad Jesuita de Loyola-Marymount en los
Ángeles, Estados Unidos. Kataribaabo no estaba ex-comulgado de la Iglesia
Católica como publicaron muchos medios de comunicación, sino que tenía una
suspensión a divinis, término técnico para referirse a que su obispo lo había
disciplinado para que no oficiara como sacerdote hasta que se resolvieran sus
diferencias doctrinales. Joseph Kibwetere quien era conocido como el profeta de
la organización, era un laico activo con historial médico de crisis
maniaco-depresivas. Había sido también un político reconocido. Su expediente
clínico en el Hospital Psiquiátrico Butabika en Kampala, capital de Uganda,
menciona que estuvo internado por esta causa por última vez en 1998. Kibwetere
era uno de los principales videntes de la secta.
Credonia Mwerinde
había sido una mujer conocida por su vida promiscua. Hasta su ingreso al MPRDDM
había sido dueña de una cantina en Kanungu, la cual administraba con gran éxito.
Algunas monjas y otros sacerdotes también formaban parte del liderazgo, pero el
consenso es que las tres personas antes descritas tenían la preeminencia, con un
rol especial que se le adscribe a C. Mwerinde, como la más influyente de los
tres. Es importante tener en mente la estructura de este liderazgo, pues es lo
que se puede llamar un liderazgo mesiánico colectivo que en la práctica opera
ante los seguidores como una misma entidad representativa de la divinidad.
INFIERNO EN
KANUNGU
Con motivo del
advenimiento del año dos mil, los líderes del MPRDDM hicieron una predicción. El
mundo acabaría el 31 de diciembre de 1999. Al no cumplirse esto, se fijó como
nueva fecha el 17 de marzo del año 2000 pero en esta ocasión se le dio un nuevo
giro a la predicción: no se trataría del fin del mundo solamente, sino que la
Virgen misma descendería al encuentro de los fieles del MPRDDM para llevarlos de
su templo al cielo, como recompensa por haber seguido sus instrucciones dictadas
a los videntes. La tarde del 17 de marzo alrededor de 530 miembros provenientes
de distintas regiones de Uganda, incluidos al menos 78 niños, se dieron cita en
el templo principal de la organización y cerraron con tablas las ventanas y las
puertas desde adentro. Después de algunas horas de cantar himnos religiosos, los
vecinos escucharon un fuerte ruido y se percataron de que salían llamas del
templo. Todos murieron en el interior en pocos minutos.
¿SUICIDIO U
HOMICIDIO?
La confusión
entre las versiones iniciales de que se trató de un suicidio colectivo por
motivos religiosos, y la posición posterior motivada políticamente del Gobierno
de Uganda de que realmente había sido un homicidio, se puede dilucidar
simplemente atendiendo a los hechos objetivos. Existe consenso entre los
investigadores de que en sí misma la reunión de ese día no sólo era religiosa
sino tenían un carácter excepcional para los integrantes de la secta. Muchos
habían viajado largas distancias desde el interior del país para estar allí a
tiempo. En los días previos fue notorio que habían ido a despedirse de amigos y
familiares por distintas villas y poblados, anunciando su partida de este mundo
y dando un último mensaje proselitista. También vendieron sus posesiones, o las
remataron a mitad de precio. Lo que no se pudo vender se quemó en una fogata un
día antes del suicidio. También se realizó un banquete por tres días, en el cual
se consumieron tres bueyes y una gran cantidad de refrescos de soda. El banquete
tiene un valor simbólico muy especial si se considera el carácter ascético del
MPRDDM. Los feligreses se vistieron de togas especiales blancas y de otros
colores antes de entrar en el templo, el cual era considerado a la sazón, la
sede del movimiento.
ELEMENTOS
RITUALES PRESENTES
Los elementos
rituales que están presentes sustentan esta tesis: cuando entraron a ese templo
a celebrar un culto de varias horas, los miembros de la secta estaban
convencidos de que la Virgen se les aparecería para llevarlos al paraíso. Sólo
así escaparían del fin del mundo que estaba por sobrevenir casi simultáneamente.
En tipología teológica, el templo se habría convertido en una suerte de "arca de
la salvación"; sólo los que entraran allí se salvarían y el resto de la
humanidad perecería. En similitud con Génesis 7:16, incluso hay un momento en
que la "puerta del arca" se cierra en forma definitiva. Esto viene a ser
representado por el sellamiento de accesos al templo desde adentro.
Dado lo anterior, la pregunta se centra entonces en si los miembros sabían o no
el medio - muerte por incineración- por el cual tendrían acceso al paraíso, o en
este caso, si creían que la Virgen utilizaría ese medio para cumplir dicho
propósito.
La evidencia es
contundente en el sentido de que la gran mayoría de adultos sí lo sabía; he aquí
las razones:
EL DÍA DE LA
PREDICCIÓN
Es un hecho
comprobado en la escena de los hechos que lo que se quemó fue esencialmente la
gente. El local, incluso objetos relativamente cercanos sufrieron daños de una
naturaleza distinta a la de los cuerpos o ninguno en lo absoluto. En otras
palabras, se quemaron las personas. No hubo un incendio del templo, sino de la
gente. Reportes de los vecinos y los posteriores peritajes de la policía de
Uganda, confirmaron que sólo se utilizó gasolina como combustible. La hipótesis
inicial de que al combustible había sido añadido ácido sulfúrico para producir
una mezcla explosiva, fue eventualmente descartada por los peritajes químicos.
En otras palabras, los integrantes del MPRDDM no murieron víctimas de una
explosión planeada secretamente por los líderes. Independientemente de la
confirmación de los peritajes sería extraño pensar en bombas de capacidad tan
selectiva que destruyen sólo seres humanos y no objetos flamables que estaban
allí cerca.
La única explicación coherente para un escenario como el que se describe es una.
La gente se roció de combustible o permitió que otros los rociaran. Es difícil
imaginar que adultos empapados de gasolina junto con sus niños no supieran de
qué se trataba el asunto. El simple olor de tal cantidad de combustible en un
local encerrado y un elemental instinto de supervivencia hubiesen sido
suficiente advertencia para que la multitud simplemente saliera despavorida del
templo desde el inicio de los rociamientos. Unas cuantas tablas de madera en las
ventanas y las mismas puertas cerradas con llave hubieran cedido fácilmente ante
la presión de un tumulto de cientos de personas presas del pánico. Es obvio
también que si los dirigentes hubiesen pensado que la gran mayoría de la gente
iba a querer escapar, hubieran recurrido a medidas de seguridad más eficaces.
Jim Jones, por ejemplo, sabía que una parte de sus seguidores se negaría a
auto-inmolarse bebiendo cianuro. Para ello recurrió a dos cosas: una guardia
armada con metralletas y el aislamiento en la selva de Guyana, que
presumiblemente prevendría tanto huidas como ayuda oportuna del exterior. El
suicidio colectivo de Jonestown duró varias horas al interior de la selva, pero
el de Kanungu sólo unos cuantos minutos en plena ciudad.
Las ventanas
cerradas con tablas por dentro del templo del MPRDDM pudieron haber tenido
quizás la intención de detener a algún feligrés que cambiara de parecer a última
hora, y seguramente la de prevenir alguna intervención del exterior, en especial
las miradas de curiosos, sobre todo en los momentos previos a la conflagración.
EL FUEGO DE LA
PURIFICACIÓN
No sabemos si los
dirigentes del MPRDDM prometieron o no a sus seguidores una autoinmolación sin
dolor, pero hay antecedentes interesantes del pensamiento mágico que prevalece
en ciertos grupos mesiánicos de Uganda. Por ejemplo el llamado "Holy Spirit
Movement", una guerrilla religiosa sectaria que peleó contra el gobierno federal
de Uganda durante años, prometía a sus seguidores que no sufrirían daño alguno
de las balas de los fusiles enemigos si se untaban un aceite mágico. Cientos
murieron por esa creencia en ataques suicidas. Por la misma razón, no es ilógica
la explicación de que los pocos cuerpos apiñados alrededor de las salidas del
templo del MPRDDM intentaron huir como simple reacción del sistema adrenérgico
al sentir el dolor del fuego y no porque fueron sorprendidos por el incendio. El
dictamen forense final indica como la causa de la muerte de todos los
participantes en el culto del 17 de marzo, shock neurogénico por quemaduras.
La naturaleza
ritual del suicidio de Kanungu se confirma con sugestivas frases suicidas
encontradas en los salones de clase en el mismo complejo donde ocurrió la
tragedia. El fuerte énfasis de la escatología sectaria en el fuego y sus
inherentes significados simbólicos como elemento de purificación en la teología
católica del purgatorio, añaden sustento a esta posición.
El caso de Uganda
fue por lo tanto un evento típico de suicidio colectivo como ceremonia religiosa
de paso a otra dimensión de la existencia. El elemento del homicidio en los
sucesos del 17 de marzo se restringe esencialmente al caso de los menores de
edad que perecieron en el templo. No se trató de unos cuantos líderes que
engañaron a medio millar de incautos sino de un Trastorno Psicótico Compartido
transmitido por los dirigentes a la feligresía a través de mecanismos bien
definidos.
LOS DISIDENTES:
"FUERA DEL ARCA DE LA SALVACIÓN"
El epílogo del
caso de Uganda está lejos de escribirse y las investigaciones aún continúan.
Como es del dominio de la opinión pública, la segunda parte de la tragedia se
desarrolló en los meses previos al suicidio ritual pero se descubrió hasta
después. A la fecha, se han encontrado alrededor de 500 personas más asesinadas
por la secta del MPRDDM, todas en fosas comunes dentro de propiedades del grupo
y en algunas de las casas de los líderes. Este hallazgo duplicó la cifra de
personas muertas, y añadió cientos de niños y mujeres a los conteos oficiales.
Cálculos conservadores ubican el total alrededor de mil. Es evidente, que por su
naturaleza y magnitud numérica, los sucesos de Uganda rebasan en muchos sentidos
a la tragedia de Jim Jones en Guyana.
UGANDA: ¿UN
NUEVO PARADIGMA DE TERRORISMO SECTARIO?
Varias
características seguramente harán del caso del MPRDDM el nuevo paradigma para
estudiar sectas destructivas y sus dinámicas internas. Mucho menos sofísticada
que Verdad Suprema y menos dependiente de tecnología e imperios financieros para
lograr sus propósitos, MPRDDM logró llevar a cabo un plan brutal y sistemático
de eliminación masiva de disidentes y familiares de las víctimas que se
aventuraban a pedir información sobre su paradero. En el proceso cultivaron, a
la vista de todos, plantas para extraer poderosos venenos, cavaron fosas comunes
y las llenaron de cientos de cadáveres, sin tener un solo caso efectivo de
deserción o motivar denuncias de las comunidades donde vivían. Las implicaciones
que esto tiene en términos de secrecía, uso del miedo como arma para controlar,
coptación de autoridades gubernamentales, apología del delito e inhibición del
juicio crítico por técnicas de manipulación, son difíciles de describir y
seguramente serán objeto de muchos estudios en el futuro.
HIPÓTESIS SOBRE
EL GÉNESIS DEL CONFLICTO
No todos los
disidentes de MPRDDM murieron por envenenamiento. Un número fue asesinado a
golpes, otros más estrangulados y el resto por heridas de arma blanca. La
mayoría eran mujeres y niños. Sobre el génesis de esta segunda parte de la
tragedia de Uganda, hay varias hipótesis. Las que han obtenido más consenso son
dos:
1) Al no cumplirse la predicción del fin del mundo el 31 de diciembre del 2000,
muchos integrantes solicitaron, desilusionados, la devolución de sus bienes y
propiedades que habían donado a los líderes. Algunos habrían amenazado con
iniciar acciones legales.
2) Después de la fallida predicción se gestó una disidencia al interior que
intentó descalificar al liderazgo en base a la falta de precisión profética.
Estas hipótesis no son mutuamente excluyentes. Cualquiera haya sido la razón, la
respuesta del liderazgo del MPRDDM y sus cómplices fue rápida, eficaz y bien
planeada. Es probable que muchos de los adultos que después participaron en el
suicidio religioso del 17 de marzo, hayan sido cómplices de la eliminación de
los disidentes y demás víctimas. Matar a 500 personas a lo largo de varios meses
y sepultarlas en fosas comunes en forma discreta, no pudo haber sido llevado a
cabo por unos cuantos líderes, menos aún pasar desapercibido para el grueso de
la comunidad religiosa.
UN ESCENARIO
FAMILIAR
Una mirada
retrospectiva al culto de Kibwetere y Mwerinde evidencia los elementos siempre
presentes en las sectas destructivas más notorias de los últimos treinta años.
Son prominentes el liderazgo mesiánico y las demandas de obediencia
incondicional. Como argumento más adelante en mi tesis, estos factores son
indispensables para que pueda existir potencialidad suicida. Están allí también
la ritualización del suicidio como ceremonia escapista, la secrecía y los nexos
políticos que detienen las investigaciones, así como el factor económico como
punto importante en la dinámica sectaria, la aplicación sistemática de técnicas
para inhibir el juicio crítico de los seguidores, y diversas actividades
ilícitas paralelas en donde destaca, aunque no en todos los casos, la
eliminación de disidentes. Tanto la Orden del Templo Solar como la secta
japonesa Verdad Suprema y el Templo del Pueblo en Guyana, participaron en actos
sistemáticos de eliminación de disidentes antes de cometer respectivamente
suicidios masivos o ataques terroristas.
(Para mas sobre sectas y eliminación de disidentes véase el artículo del Dr.
Benjamin Beit-Hallahmi, profesor de Psicología en la Universidad de Haifa,
Israel, "Integrity and Suspicion in NMR Research". Su estudio está basado en la
investigación "Advocacy and Research on New Religios Movement" presentada en la
reunión anual de la Society for the Scientific Study of Religion, San Diego,
California 1997.)
BIBLIOGRAFÍA SELECTA
1 Goffman, Erving. Asylums:
Essays on the Social Situacion of Mental Patients and other Inmates. New York:
Anchor, 1961.
2 Mullins, M.R. "Aum Shinrikyo as an apocalyptic movement". En Millenium,
Messiashs and Mayhem. Editado por Robbins y S. Palmers. New York: Routledge,
1997.
3 Beit-Hallahmi, Benjamin. The Ilustrated Encyclopedia of Active New Religions,
Sects, and Cults. New York: Rosen publishing, 1998.
4 Behrend, Keike. La Guerre des Espirits en Ouganda: Le Movement du Saint-Esprit
d'Alice Lakwena. Paris: L´Harmattan, 1997.
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